Capítulo 4
El despacho del director del colegio siempre había sido asombroso y ahora que Mcgonagall de 87 años era directora no era la excepción, los cuadros de todos los directores seguían ahí como siempre, Severus Snape, al que reconoció de inmediato detuvo su charla con Phineas Nigellus y mostró una siniestra sonrisa.
–Me preguntaba cuanto tiempo tardarías en venir al despacho de la directora – dijo Snape.
–Me da gusto verte, Severus – dijo tranquilamente, Albus Dumbledore le miraba muy sonriente desde lo alto del respaldo de la silla de la directora.
–El señor Potter está aquí para mantener una charla conmigo – dijo firme Mcgonagall –no para saludar cual tal cosa a todos ustedes –
–No seas mal educada, Mine – dijo Armando Dippet –creí haberte enseñado buenos modales cuando eres una adolescente –
–Y yo creí haberles recordado que cuando la directora del colegio tiene visitas, son visitas privadas – dijo tajando y antes de que el retrato volviera a contestar dijo –no de su presencia más si de sus "curiosas" intervenciones –
–Que genio – dijo el mago con irritación.
– ¿Pudiste solucionar el problema con Hank y con Bane? – preguntó con interés Albus.
–Me ha costado casi nada, simplemente les advertí que no me detendría si había que echarlos del bosque de una forma un tanto violenta– algunos retratos soltaron gritos de asombro, otros miraron con severidad a Harry y Dumbledore solo sonrió.
–Tal como espere – le dijo Albus –yo habría intentando limar las perezas entre ambos y luego proponer una solución no tan intensa – hubo murmullos de aprobación.
–Desafortunadamente y espero no sonar grosero – le dijo –nunca es bueno esperar a que todos sean buenos profesor, hay que reconocer que la maldad es la maldad y aunque duela admitirlo, el mal es algo existente– Albus sonrió más abiertamente.
–Eso no lo esperaba – dijo, Mcgonagall se afino la garganta.
–Pasando a otros temas de mucho mayor importancia – interrumpió –lo mejor será que empecemos Potter – señalo un banco frente a su escritorio, Harry se sentó y ella hizo lo mismo del otro lado.
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Ginny caminaba tranquilamente por los pasillos que conducían al gran comedor, iba notablemente consternada y es que había tenido una discusión sumamente severa con Robert, su prometido; la pelea se había desatado porque alguien de la familia "Weasley", no intuía quien, había dicho que Harry Potter, actual profesor de Defesa, y Ginny Weasley, actual profesora de Encantamientos, habían sido novios diez años antes. Tal como se espero luego de ver la reacción de la ahora ex esposa de Harry Potter, Robert no tardaría en solicitar su dimisión como profesora o una explicación.
–Apártate Peeves – dio un movimiento con su varita y desvió un tintero hacia la pared –o juro que te lanzaré un hechizo para que te quedes inmóvil todo un mes –
Peeves se fue de ahí gritando palabrotas en contra de Ginny, pero a la pelirroja poco le importaba, ahora lo importante era solucionar el problema con su prometido o ya no habría boda, aunque la pregunta en al aire era, ¿realmente deseaba que eso sucedería?, es decir, quería a Robert, era un mago muy atento con ella y sumamente amoroso, pero aunque le doliese admitirlo su corazón solo estaba destinado a amar a una sola persona y esa era aquella que tanto sufrimiento le causaba en aquellos momentos. No había más que decir, la respuesta había llegado tal cual se había formulado la pregunta, ¿amas a Harry?
–Ginny Weasley – se escucho una voz pasiva desde la entrada del Gran Comedor.
– ¿Perdón? – miro a la mujer con expresión confusa.
– ¿No te acuerdas de mí? – le preguntó algo decepcionada.
–La verdad es que… – la miro más de cerca – ¿Susan Bones? –
–Al fin te acordaste – se acerco a ella y le dio un simple abrazo.
–Pero que haces aquí – le dijo cuando juntas comenzaban a entrar al comedor.
–Sé que sonará injusto para ti y para los demás, supe que Mcgonagall los tiene desde casi un mes aquí – decía –pero soy la nueva profesora de Transformaciones –
–De la que te has librado – le sonrió.
– ¿Es verdad que Potter es maestro de Defensa? – le preguntó cuando se sentaron una a lado de la otra en la mesa.
–Sí, así es – dijo con frialdad.
–Es extraño, estaba por ser nombrado jefe del cuartel de aurores, todo apuntaba a que hiciera grandes cosas en el Ministerio – se servía un poco de jugo –pero veo que la escuela de Dumbledore prevalece –
– ¿Perdón? – le miro con confusión nuevamente mientras se llevaba a la boca una uva.
–Dumbledore también se veía en grandes puestos en el Ministerio y terminó siendo director de Hogwarts – sonrió –mi tía siempre decía que admiraba aquella decisión de Albus, aunque no dejaba de decir que todo hubiese sido diferente sí… –
–Hola Susan – saludo Neville que llegaba hasta la mesa.
–Neville – dio una leve cabezada en forma de saludo –déjame adivinar, ¿herbología? – El moreno asintió enérgicamente mientras se dejaba caer en su silla, su rostro estaba enlodado y traía varios moretones en los brazos –esa téntacula… – decía por lo bajo.
–Me enteré que Lovegood también era profesora, ¿es eso cierto? – le preguntó de nuevo a Ginny que solo seguía comiendo uvas con desesperación.
–Ah, sí – dijo con distracción.
–Harry Potter – dijo la mujer, se puso de pie y fue a darle un abrazo al moreno que no dudo en devolverle el gesto. Ginny dejo de juguetear con el racimo de uvas y miro con detenimiento la escena.
– ¿Te cansaste de jugar a los espías? – Ginny se sorprendió de ver una sonrisa tan sincera en Potter.
–Puedo decir lo mismo de ti – dijo cuando nuevamente ella se sentó en su lugar, Harry hizo lo suyo en su lugar habitual frente a Ginny.
–Esta mañana Mcgonagall me ha informado que decidiste tomar el puesto de profesora de Transformaciones y le he dicho que es una excelente decisión – le guiño el ojo, Susan sonrió abiertamente y tomo su jugo –jamás pude averiguar cómo eras capaz de… –
–Oye Neville – dijo Ginny haciéndose notar – ¿dónde está Luna? – Harry dejo de hablar y comenzó a echarle salsa de tomate a unas patatas que se sirvió, Susan ya estaba engullendo un trozo de carne.
–Ha dicho que llegaría tarde a la comida – dijo tragándose la pieza de pan que masticaba –últimamente ha tenido problemas con algunas partes del bosque –
– ¿Sigue habiendo problemas con los hombres lobos y los centauros? – preguntó de pronto Harry interesado en la plática.
–No, para nada – dijo Neville sonriente –desde que hablaste con esos dos, las cosas han estado tranquilas – hubo un nuevo silencio mientras aquellos cuatro comían sus respectivos alimentos.
–Oye, supe que te divorciaste de Greengrass, ¿es cierto? – preguntó de pronto Susan, Harry bebió con tranquilidad su trago de jugo de calabaza y luego se afino la garganta.
–Diferencias irreconciliables – dijo sonriente, como si todo el mes dolorido por aquello de pronto se hubiese esfumado, Ginny alzó una ceja
–Entonces ahora eres un hombre libre y… – decía con una ligera insinuación o al menos cierta cabeza pelirroja así lo vio.
– ¿Qué problemas está teniendo Luna, Neville? – Ginny nuevamente interrumpió la plática entre aquellos dos y Neville fue pillado nuevamente comiendo pan.
–Es algo referente a los lugares donde planea hacer sus clases – tomó un poco de jugo –tiene problemas con el espacio y… –
– ¿Recuerdas la misión en Madrid? – Susan interrumpió a Neville, Harry asintió y luego aquellos dos se echaron a reír a carcajadas, Ginny miraba con inquietud a aquellos dos.
¿Porqué Harry Potter y Susan Bones se llevaban tan bien?, no es que estuviera celosa, para nada, era solo que le parecía muy extraño que aquellos dos se llevasen muy bien y con tanta confianza, ella sabía que estaba peleada con Harry y su relación de colegas era sumamente fría, pero con Bones, apenas y había llegado al colegio y ya se encontraba riendo a carcajadas con el que hasta hacia unos días consideraba un cubo de hielo andante.
– ¿Celosa? – dijeron, Ginny movió la cabeza de un lado a otro.
– ¿Perdón? – alzó una ceja, Luna se encontraba ya sentada a su lado, pero aquella pregunta había solo dirigida a ella pues nadie más prestaba atención, Potter seguía contando chiquilladas con esa Bones y…
–Entonces, ¿qué te parece si vienes a Gryffindor y te quedas en…? – decía Harry.
–Pues no pienses en darle la habitación de chicas – dijo Ginny de pronto –está misma noche regresaré al que era mi cuarto, he hablando con Mcgonagall y ella así lo desea – aquella era una mentira, lo admitía, solo esperaba no fuera desmentida.
– ¿Regresas a la torre de Gryffindor? – preguntó Luna con algo de diversión.
–Puedes compartir entonces habitación con… – decía Harry pero fue interrumpido.
–No, ni lo pienses – dijo la pelirroja con decisión –Susan puede quedarse en Hufflepuff, después de todo, ¿no estarías más cómoda en la que tú casa, Susan? –
–Entiendo – sonrió misteriosamente la profesora de transformaciones –pero tienes razón, me sentiría más cómoda en mi propia casa, Harry, gracias por la invitación –
–Bueno – se puso de pie el moreno y pudo vérsele una sonrisa divertida, todos lo notaron y cuando finalmente Luna iba a hacer un comentario Harry ya no estaba.
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Caminaba con detenimiento hacia la torre Ravenclaw, cómo había sido tan estúpida para mostrar ese despliegue de celos y por si fuera poco marcar de esa forma su territorio, ni siquiera había hablado con Mcgonagall al respecto de lo que aseguro era una instrucción de ella. Ahora nuevamente tendría que irse a vivir a la casa Gryffindor aunque solo faltaba poco, sería tan solo unos días para que al fin pudiera tomar posesión de su habitación en el que sería su despacho en el colegio. Repasaba mentalmente lo sucedido en la comida cuando sin darse cuenta cayó al suelo de golpe.
–Oye… – miraba con enojo a quien se había atravesado en su camino –Potter tú… –
–Disculpa, Ginny – el moreno haciendo gala de una cortesía insospechada, estiro su mano y la ayudo a levantarse –venía leyendo un libro y no me he dado cuenta que… –
– ¿Qué pretendes? – le dijo bruscamente – ¿ahora esto es una burla o algo así? –
–Si tú así lo deseas ver – le sonrió –yo solo te pido una disculpa por mi distracción y tu caída–se comenzó a ir de ahí pero la mano de la pelirroja la detuvo.
–Si esto es una disculpa – le dijo con determinación –la que debe disculparse soy yo – bajo la mirada.
– ¿Tú? – dijo con sorpresa.
–Así es, Harry – le contestó –fui sumamente grosera cuando pasabas por un momento muy intenso y… –
–Tú nunca necesitarás pedirme disculpas por algo Ginny – la interrumpió de pronto –y no permito discusión alguna – levanto la mano callándola al instante –aunque sinceramente no las quiero porque de alguna manera es una forma de que tú y yo estemos endeudados el uno con el otro –tomó su mano, le dio un sencillo beso y le guiño el ojo.
–Harry estás diciéndome que… –
–La contraseña del retrato es snitch, profesora Weasley –comenzó a irse –y no se olvide que la sala común aún está en reparaciones – dejo a Ginny ahí mirando de forma emblemática su mano y meditando sobre lo que acaba de suceder.
Cuando Harry se perdió en una esquina de aquel pasillo pudo darse cuenta que su corazón latía desbocado mientras tomaba de nuevo camino hacia la torre de Ravenclaw, la cual parecía más lejana que nunca aquel día, estaba como adolescente nerviosa por lo que acaba de suceder, en un acto tan simple, Harry Potter le había insinuado que la amaba, o al menos eso quería creer ella.
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Harry caminaba con intranquilidad, la verdad era que aún recordaba la plática con Mcgonagall y lo que acaba de suceder, vaya, era algo que no pensó podría atreverse a hacer y menos con aquella pelirroja. Las cosas habían mejorado mucho en tan solo unas horas para su persona, el terrible peso que cargaba por el problema con Daphne era asunto olvidado y haber dejado en claro todas sus ideas luego de aquella charla fue lo mejor.
–Pasando a otros temas de mucho mayor importancia – interrumpió –lo mejor será que empecemos Potter – señalo un banco frente a su escritorio, Harry se sentó y ella hizo lo mismo del otro lado.
– ¿Cuáles podrían ser esos temas de mayor importancia, profesora? –
–Weasley – dijo tajantemente y Harry bajo la mirada –como directora solo puedo decir que esa relación tan severa entre ambos es sumamente intrigante y si no dejan de comportarse así tendré que poner cartas en el asunto –
–Pero… –
–Pero como la mujer que se considera parte de tu familia, Potter – Harry pudo ver como la mujer le miraba con determinación –debo decirte que toda esta situación me preocupa y mucho –
– ¿Es sobre mi divorcio? – dijo con una sonrisa, agradecía que Mcgonagall se considerará parte de su familia, después de todo aquella mujer con severidad o sin ella, en realidad era una parte muy importante en su vida
–Así como también debo recordarte que odio cuando se hace el de la vista gorda, señor Potter – dijo con severidad –y sabe perfectamente a qué me refiero –
–No veo porque el asunto con Weasley… – decía de pronto.
–Señorita Weasley o profesora Weasley – le corrigió –no tiene usted porque ser tan descortés –
–Entiendo – dijo apretando los dientes –lo que quiero decir es que no veo porque el asunto con la señorita Weasley sea de mucha importancia, ella y yo tomamos caminos separados, después de todo –
–Por Merlín – meneo la cabeza – ¿usted me toma por una imbécil? –
–No, profesora no… –
–Usted sigue amando a la señorita Weasley y me dejo llamar Minerva Mcgonagall si me equivocó – dijo firme –este juego de enojos, groserías y despliegue de insolencia no son más que chiquilladas que uno hace cuando se está enamorado – sonrió misteriosamente –yo también fui una chiquilla alguna vez Potter y sé reconocer esas situaciones –
–Profesora yo… – decía con vergüenza.
– ¿La ama? – preguntó
–Yo… – esta vez miro a la directora frente a frente y ante la mirada de la mujer asintió con resignación.
– ¿Se considera una persona feliz? – Preguntó de nuevo y al ver como Harry agachaba la mirada continúo –usted es quien derroto al mago más poderoso de todos los tiempos con el arma más poderosa que puede existir en este mundo, ¿ya se le olvido? –
–El amor – dijo de pronto levantando su mirada, Albus Dumbledore sonreía de oreja a oreja mientras asentía.
–Derrotaste al señor oscuro gracias a que fuiste bendecido con un privilegio tan maravilloso como el amor, Potter – dijo Minerva –tus amigos, tus ganas de luchar por un mejor futuro, tu amor por la propia señorita Weasley, el amor a tu padrino, tus padres… –
–Yo… –
–Y ahora estás aquí dejándote vencer por un simple detalle – le miro con reproche –porque el que usted y Weasley estén separados no es más que un detalle que pudo arreglarse con un poco de esmero –
–Profesora eso no… –
–Ponga en orden sus ideas, balanceé sus sentimientos y pregúntese, ¿me merezco ser infeliz? – Le guiño el ojo.
–Pero es que son tantos rencores… tantas cosas que decir y… – explotó en un grito, Mcgonagall no se inmuto.
–Cuando el amor es verdadero, Potter, vive a través de los años, cambia conforme pasa el tiempo y en el camino crece, pero nunca desaparece – se puso de pié
–Pero yo… lo mío con Daphne, Ginny… – decía con rapidez mirando a Minerva colocarse su capa
–Lo que ha de ser será y el destino es como es– nuevamente le guiño el ojo y comenzó a irse – después de todo, ¿qué otra razón puede tener usted para vivir? –
–Muy buena esa, Mine, muy buena – dijo Armando Dippet dando algunos aplausos, Harry simplemente se quedo estático en su lugar mientras Dumbledore le animaba desde su cuadro.
No le quedaba ninguna duda, su destino, tal como le había dicho Minerva no era otro más que estar al lado de aquella pelirroja llamada Ginny Weasley y como supuso había sido el propio destino quien se encargo de enviar una carta pidiéndole ser maestro de Defensa, encerrarlo un mes en Hogwarts viviendo con aquella pelirroja, planear su divorcio de aquella que hizo la jugada para engañarlo e intentar modificarlo y finalmente, después de varios movimientos había logrado que estuviera ahí, pensando seriamente en lo que realmente deseaba y que no era otro más que correr hacia donde estaba Ginny, abrazarla y besarla como si su vida dependiera de ello.
–No cabe duda que jugar con el destino es sumamente peligroso – dijo meneando la cabeza negativamente.
–Muy peligroso, Potter – se escuchó una voz –tú que fuiste auror sabe perfectamente que nunca es bueno tentarlo si quiera un poco –
–Susan – dijo.
–Sí el destino es muy caprichoso – sonrió –el mundo de la magia lo es aún más, tanto como el que yo misma esté aquí –
– ¿Cómo…? –
–Recuerdas que fui parte del cuartel también – le recordó –sé perfectamente lo que está sucediendo aquí, hace falta ser una estúpida para no darse cuenta luego de todo lo acontecido en la hora de la comida –
– ¿Así que tu también…? –
–Por Merlín, Potter – le dijo mientras ambos comenzaban a caminar rumbo al patio –la mujer estaba realmente celosa, ¿no has visto como se puso? –
Continuará.
Avance del siguiente cap.
Es un poco fuerte hablando sensualmente… jejeje Advertencia.
Harry Potter miraba con intensidad el cuerpo que aparecía desnudo frente a él, se consideraba un hombre afortunado por volver a ver aquella figura en una condición así, admitía que se estaba comportando como adolescente al espiar desde la puerta del tocador como la figura de una cantarina Ginny Weasley pasaba por sus piernas una esponja lentamente, disfrutando de aquel contacto, su cabeza comenzó a girar y un deseo incontrolable de interrumpir aquel canto y meterse con la pelirroja a la bañera comenzó a invadirlo.
–Harry – tan ensimismado estaba en sus pensamientos que no se percato que Ginny Weasley, colorada hasta las orejas le miraba con indignación desde la bañera.
–Yo… – su color también era un rojo total.
– ¿Me estás espiando? – dijo alcanzando su toalla que estaba a varios palmos de la bañera y tapándose con vergüenza.
–Yo solo… la puerta estaba abierta y pensé que… – Ginny Weasley había dejado caer su toalla sensualmente y con una sonrisa picara comenzó a caminar hacia él.
–Es tiempo de que continuemos lo que alguna vez dejamos pendiente – la pelirroja llegó hasta él y comenzó a besarlo en el cuello.
–Ginny no… – la pelirroja ya se encontraba quitando la túnica del moreno y bajaba peligrosamente por su abdomen.
–Hazme el amor, Potter – Harry solo cerró los ojos y soltó un gemido de placer.
