SAMUELS CREEK, TEXAS

Bella Swan estaba en las sombras en la fiesta de cumpleaños, meciendo una copa de champagne y observando la pista de baile con una sensación de envidia.

La noche estaba avanzada. Lo bastante como para que los invitados estuvieran lo suficientemente ebrios como para relajarse y sentirse cachondos.

La gran cantidad de luces colores durazno y blanco, engarzadas alrededor del patio y de los jardines brillaban sobre las parejas en la pista de baile. Las altas farolas encendidas tenían luces tenues; la música era lenta y sensual. La tensión sexual en el aire había comenzado a crecer a lo largo de la noche, dejándose llevar por las corrientes de la música y tejiéndose a través de los cuerpos que se contoneaban lentamente.

Más allá, el agua de la piscina resplandecía con las luces, los jardines se extendían a su alrededor, absorbiéndola y haciéndola una parte del enorme paisaje natural, rocas planas y cantos rodados se extendían hacia arriba, hasta el punto donde el agua caía dentro de la piscina debajo del comedor.

El sonido del agua, la sensual vibración de la música y el calor de la noche se combinaban para crear una atmósfera muy favorable para el sexo, el sudor y los gemidos desinhibidos.

Ella los observaba… bueno, más puntualmente, observaba a una pareja. La alta y musculosa forma del hombre, blanco, de piel bronceada y de naturaleza arrogante. La confianza exudaba de cada poro de su cuerpo, de la misma forma que la fuerza y el poder parecía flotar a su alrededor como un aura invisible.

La mujer con la que estaba era tan hermosa como él guapo. Su cabello rojo fuego era un poco más oscuro que el de su compañero y caía hasta su nuca, enmarcando su cara con unos rizos sedosos. Suaves ojos miel levantaron la mirada hacia su compañero, y en su rostro, Bella podía ver la intención de tenerlo en su cama.

Sus dedos se apretaron en puños, la bronca comenzó a encresparse en su interior. Ella lo había observado durante trece años. Lo había amado de un modo u otro desde el día en que lo había conocido a la tierna edad de diez años.

Había soñado con bailar en sus brazos, ser sostenida en contra de él, y cada año lo había visto bailando con otra mujer. Cuando las luces bajaban, la noche comenzaba a avanzar y la música a inspirar sexo y calor, ella siempre se quedaba parada en el mismo lugar y observaba, año tras año, como él bailaba con alguien más.

Cada año se hacía más duro, cada año dolía más. Y cada año…

―¿Cuándo vas a hacer algo con respecto a esta situación, Bells? ―Avejentado y con voz chirriante, Carlisle le preguntó mientras se movía detrás de ella, el susurro de la silla de ruedas electrónica silenciado por el sonido de la música.

Volviéndose, resistió el deseo de morderse el labio inferior en un gesto que revelaría la tensión nerviosa que estaba comenzando a invadirla.

Cada año ocurría esto. Cada año observaba la misma escena, cada año era consciente del hecho que la mujer con la que bailaba también sería la mujer con quien se acostara. Y cada año, el dolor se instalaba más profundamente dentro de su corazón.

―¿De qué estás hablando, Carlisle? ―Ella intentó hacerse la tonta, usualmente eso le salía bastante bien.

Su padrastro no era un hombre fácil de engañar, sin embargo, y el hecho que él la había cuidado desde los diez años, le daba una ventaja para leer cada emoción y cada mentira que cruzaban su expresión.

La sonrisa que curvó sus labios no tuvo la alegría suficiente para respaldarla.

Su cara bronceada, avejentada, estaba marcada con líneas de tristeza y sin embargo, también de un conocimiento sombrío.

―¡Ah! Vamos, bebé, sabes que no me puedes engañar tan fácilmente. ―Él sacudió el dedo en su cara en tono de reprimenda mientras sus cejas entrecanas formaban una gran V―. Puedo ver en tus ojos a tu corazón rompiéndose, Bells.

Ella agachó la cabeza, volviéndola justo para vislumbrar a Edward, su hijo, con una sonrisa dibujándose en su cara por algo que la mujer en sus brazos susurró en su oído.

No podría quedarse aquí esta noche. No podría andar de arriba abajo por los pisos, no aquí mientras él le hacía el amor a esa perra toda la noche. Y observar su sonrisa presumida a la mañana siguiente, la conduciría a la violencia.

―Ah, carlisle, no es para tanto, ―suspiró mientras acomodaba su cabello pasándolo sobre su hombro por detrás de la oreja.

Ya no podía mirar más.

La mujer, Tanya Denali, la asistente personal que Edward había contratado el año pasado, había emprendido una campaña de seducción para meterlo en su cama desde el día en que la contrató.

Bella ya podía ver el considerable anillo de compromiso y traje de novia.

Sus muelas se apretaron con fuerza por la frustración de ese pensamiento.

―Has estado enamorada de él por siempre, ― dijo a sabiendas Carlisle. ―Estás muy cerca de él, tienes una ventaja que la mujer con quien él está bailando no tiene. Tanya no tiene una posibilidad, cariño, si una oportunidad es en realidad lo que ella quiere.

Bella se encogió de hombros sin hacer comentarios sobre Tanya. Carlisle siempre estaba haciendo esas declaraciones oblicuas en lo que concernía a la asistente de Edward.

―Me ve como a una hermana, ― finalmente dijo ella, con la pena apretándole el pecho. ― Sin importar cuánto intento obligarlo a verme como una mujer.

No era su hermana. Ella nunca lo había visto como un hermano. Desde que era adolescente, él la había tenido fascinada, llenando sus sueños y atormentándola con una repentina y adulta excitación que ahora era un amargo, caliente nudo en su estómago.

―Sabe que no eres su hermana, ―Carlisle le informó con voz tierna―. No te engañes, chica. Lleva tu culo a esa pista de baile y reclama a ese muchacho. Él no va a esperarte por siempre. Algunos hombres son testarudos y necesitan más de un indicio que otros. Y a veces Edward es el hombre más terco que conozco.

Ella tuvo un deseo demente de reírse.

―El hombre hace la cacería.

―No te engañes, ―le gruñó otra vez―. La hembra siempre hace la cacería, chica. Es simplemente que algunas hembras cazan al aire libre. ―Asintió con la cabeza hacia la mujer que estaba bailando con Edward―, y algunas mujeres cazan con una gracia más sutil. ―Su mirada fija regresó a ella―. Ten cuidado, sin embargo, de no ser demasiado condenadamente sutil.

¿Sutil? Si se atrevía a acercarse a él en ese momento, los humillaría a ambos suplicando su toque. Esa sería su idea de sutil. Y la destruiría contundentemente cuando él se marche dando media vuelta, o peor aún, se la quede mirando con piedad.

―El rechazo me mataría, ―ella dijo tristemente.― Lo siento, Carlisle, no lo puedo hacer. Y no puedo quedarme aquí esta noche mientras él lleva a esa mujer a su dormitorio. Me voy a casa.

Ella ni siquiera había conseguido darle a Edward su regalo de cumpleaños.

Lo había intentado. Había estado en su oficina, lista para sacarlo de su cartera, cuándo Tanya había entrado de pronto y sin invitación. Ese presente estaba todavía en su cartera, sólo que ahora estaba en su dormitorio en vez de en el de él.

―Tengo que irme, papá ―apoyándose cerca, lo besó en la frente suavemente―. Lo amo, pero no puedo quedarme aquí esta noche. No esta noche.

Se volvería loca. Terminaría entrando violentamente en el cuarto de Edward y arrancaría los rizos de Tanya de su cabeza. La bruja había estado confabulándose, manipulando, elaborando planes secretos y mintiendo por un año entero. Por lo que se veía, Tanya bien podría terminar exactamente donde ella quería estar.

Carlisle no se daba cuenta de eso. Edward tampoco, y a veces Bella se preguntaba si eran sus celos en vez de las fallas de Tanya lo que le daba esa percepción de ella. El hecho era que nunca le había gustado cualquier mujer con la que Edward había salido o dormido. Había encontrado fallas en todas y cada una y se había negado totalmente a ser algo más que fríamente educada con ellas.

Avanzó rápidamente por el costado del cuarto hasta alcanzar las puertas del salón de baile que estaban cerradas sólo a medias, Bella se deslizó a través de la abertura y rápidamente se dirigió hacia las escaleras.

Tenía muy poco que empacar. Podría estar en camino en una hora, directo al aeropuerto y de regreso a su pequeño departamento en Nueva York donde ella estaba asistiendo a la universidad.

Su padrastro había estado encargándose de ella desde la muerte de su madre poco después de que Bella cumplió los dieciséis años. Él no la había obligado a regresar con el padre que no la quería, o con la familia de su madre, quienes sólo habían estado interesados en el dinero que habrían recibido por cuidar de ella.

Él la había dejado hospedarse en el rancho, le había comprado su coche, sus ropas y había pagado las cuentas de su apartamento de la universidad con tal de que sus calificaciones fueran altas.

Le dio una pequeña mensualidad y la había hecho sentir que formaba parte de la familia.

Ella era familia en lo que le concernía, y él se lo decía a menudo, como si temiera que ella pudiera olvidarlo.

Ella podría ser familia, pero no llevaba su sangre, pensaba mientras abría la puerta de su dormitorio y daba un paso dentro de la estupenda comodidad del cuarto.

Pesados encajes caían en cascada del dosel de madera rodeando su cama, el suave color marfil antiguo prestando una elegancia a la cama extra grande en la que ella a menudo pasaba las horas yaciendo, fantaseando acerca de Edward.

Era un dormitorio hecho para una fantasía romántica. Los encajes rebalsándose del dosel de madera, la seda pesada y el edredón de encaje cubriendo la blanda almohada de plumas tenían apenas un indicio de rosa oscuro en el motivo floral esparcido sobre ella.

Los almohadones gruesos y mullidos, estaban apilados en la cabecera de la cama, más encaje rebalsándose de los lados de las fundas bordadas cuando ella los movió a los pies de su cama y se rindió con un suspiro cansado.

Estaba cansada. Había pasado la mayor parte de las últimas dos semanas preparándose para la fiesta de cumpleaños de Edward y haciendo lo imposible para asegurarse de que Tanya no metiera sus pequeñas patas sucias en su planificación.


Espero les haya gustado el primer capitulo, la historia promete... como siempre una pequeña complicación llamada TANYA pero nada que no se pueda solucionar verdad chicas? no hay nada mejor que pelear por nuestro hermoso Edward

saludos... simoneth

reviews?