Ufff. Nenas sé que me perdí discúlpenme… ando presentando parciales en la Univ.… si estudio… bueno aquí les dejo otro acercamiento de Bella y Edward… diosss está un poco subidito de tono… pero bueno eso es lo que hay chicas… gracias a todas las que leen este fic se los agradezco… actualizare pronto..

Espero sus comentarios...!

Simoneth!


Edward no se molestó en llamar a la puerta.

La abrió lentamente y entró, con la mirada recorriendo el cuarto, buscándola.

¿Qué demonios estaba haciendo?

No estaba solamente destruyendo a Bella, se estaba destruyendo a sí mismo y lo sabía.

Cerró la puerta sin hacer ruido, echó la cerradura y vio que su espalda se tensaba. Una clara señal de que sabía que él estaba allí.

—Hay días en que soy un bastardo total, —suspiró―. No porque quiera serlo, Bella, sino porque me asustas como la mierda. Y me haces sentir cosas que prefiero no sentir.

Acostada en la cama, aún de espaldas a la puerta, sabiendo que estaba enroscada sobre sí misma porque estaba llorando, le atravesó el corazón.

Todavía estaba vestida con el traje de baño, la parte posterior de sus sedosos muslos atrajeron su mirada, a pesar de que estaba haciendo todo lo posible para refrenar el hambre que sentía comenzar a arder dentro de él.

—Pasé la noche jodiendo contigo, seguro de que así podía arrancar el maldito hambre de mi sistema.

Vio cómo sus hombros temblaron cuando se le escapó un sollozo. Odiaba ese sonido. Odiaba el hecho de que ser él el motivo que lo provocaba.

Levantando las manos, comenzó a desabrocharse la camisa, quitándosela antes de quitarse las botas.

Dejó caer la camisa en el suelo junto a las botas antes de moverse por la habitación.

—Cuando me desperté esta mañana, estaba tan condenadamente duro como lo estuve cuando me di cuenta de que eras virgen.

Bella se dio vuelta poco a poco, su rostro humedecido rompía su corazón, sus ojos se abrieron por la sorpresa. Se volvió justo a tiempo para verlo quitarse sus ajustados pantalones vaqueros y el bóxer que llevaba debajo.

Y estaba tan duro como había dicho. Duro como el hierro. Grueso. Exigiendo liberación. Su polla latió con lujuria haciéndole recordar lo malditamente bueno que se sintió su coño. Como la seda caliente, perfecta, suave carne rodeándolo, absorbiéndolo adentro.

Envolviendo los dedos alrededor de la base, vio cómo su mirada cayó sobre la pesada carne y se pasó la lengua por las curvas de sus labios.

—Todo lo que he hecho fue sufrir por ti, —le susurró entonces. —Desde que tengo memoria, Edward, te he necesitado tan desesperadamente que a veces nada más importaba.

Ásperas lágrimas, dolorosas emociones que él habría querido negar que ella sintiera, su voz era como una caricia en contra de sus sentidos.

Ella lo había puesto duro por más años de los que él hubiera querido admitir. Definitivamente, más años de lo que hubiera querido que supiera.

— ¿Crees que yo no te he necesitado? —preguntó mientras caminaba junto a su cama y se quedaba mirándola―. Años, Bella. Me he pasado seis años mirándote, tan malditamente duro por ti que apenas podía sobrevivir a la necesidad. Apenas tenías dieciocho años y cada noche de mierda durante meses me estuve masturbando con tu imagen en mi mente.

Y a ella le gustaba esa idea. Le encantaba, si tomaba en cuenta la mirada de sus ojos.

—Edward... —susurró, un dejo de incertidumbre en su voz— ¿Entonces por qué…?

— ¿Por qué actúo como un hijo de puta? —preguntó mientras la miraba sentarse lentamente y acercarse a él antes de que su dedos se cerraran alrededor del duro eje. Sentada en el borde de la cama, con los labios casi, sólo casi a la altura de la cabeza hinchada de su polla, todo lo que Edward podía considerar era el pensamiento de sus labios rodeándolo, su lengua encrespándose alrededor de él. Todo lo que podía pensar era en cómo follar esos labios antes de llenarle la boca con su liberación.

— ¿Por qué? —Susurró ella con voz aturdida, su mirada casi hipnotizándolo con los labios entreabiertos.

—Porque las cosas que quiero hacerte, probablemente te hagan salir gritando, ―dijo entre dientes—. Una virgen debe ser cuidada, nena.

Pero ella estaba determinada a que no era necesario que la cuidara. Él vio ese conocimiento brillar en sus ojos, en la aventurera lengua que alcanzó su punta y lamió todo a lo ancho de la acampanada cresta de su polla, dando vida a una de sus más excitantes fantasías.

— ¡Ah, carajo! —Todo su cuerpo se tensó ante el calor y la sedosa humedad que parecía atacar a sus sentidos.

Una mano se movió rápidamente en la parte posterior de su cabeza antes de que pudiera retirarse, se deslizó en las pesadas matas de pelo castaño, apretándola, la mantuvo en su lugar mientras él sostenía la base de su pene.

Ella no sabía lo que estaba haciendo. No podía saber lo que estaba tentando, pero no estaba seguro de poder contenerse.

Mientras la miraba, luchando por retirarse sólo por un segundo, su lengua laboriosa volvió a salir, aplanándose contra la parte inferior de la cabeza de su polla y luego frotando.

Era como tener el calor derritiendo cada célula de su cuerpo. Debilitándolo como el infierno, un completo éxtasis energizante lo atravesó como una ráfaga y casi lo hizo derramar su semilla en ese momento.

En cambio, una pequeña cantidad de líquido pre-seminal escapó de la punta, la humedad llamó su atención al instante.

Edward nunca había visto nada tan erótico. Estaba seguro de que debía haber experimentado este mismo acto más de una vez en el pasado, pero el recuerdo de esos actos se desvaneció en su mente para ser reemplazado por nada más que esta visión, por este placer de su pequeña lengua caliente lamiendo la humedad mientras su expresión se transformaba en una de completo abandono sensual.

Él sabía a ciencia cierta que ninguna mujer se había entregado a él como ella lo hacía en este momento. Nunca había visto la completa entrega llenar los ojos de una mujer cuando lo tocaba, ni cuando él la tocaba.

Debería haber sabido que con Bella no sería como nada de lo que había experimentado nunca antes. Ella no era como otras mujeres que había conocido. Infiernos, nunca había conocido...

—Jódeme, Bells, nena, —gimió al sentirla envolver los dedos de ambas manos alrededor del ancho eje. Sus labios se separaron, el hambre brillaba en sus ojos y mientras él observaba, esperaba y perdía el aliento, sus labios cubrieron parte de la hinchada cabeza antes de que desapareciera en el interior.

Podría haberse venido en ese momento. Sus dedos se apretaron en el pelo cuando él aplicó presión hacia dentro, forzándola, alentándola a tomar más de su carne hasta que la cabeza de su polla desapareció por completo dentro de los límites calientes de su boca.

Era increíble.

Edward juró que nunca volvería a encontrar placer como este en cualquier otro lugar sobre la faz de la Tierra. Que no importaría cuánto lo buscara. No importaría dónde lo buscara. Él nunca iba a encontrar un placer como este otra vez, el placer que lo tenía gimiendo con la necesidad que sentía cuando su boca empezó a trabajar sobre la cabeza fuertemente congestionada.

Sensibilizada, dolorosamente hinchada, la gruesa carne latía con necesidad mientras el placer comenzaba a extenderse hacia todas sus terminaciones nerviosas.

Y no podía dejar de mirarla. Manteniendo el agarre sobre su pelo en su puño, manteniéndola en posición, viendo como bombeaba de a poco sus labios y sentía el apretón y la succión de su boca cada vez que regresaba.

Era todo lo que podía hacer para ir más despacio. Era todo lo que podía hacer para hacérselo fácil, empujar más allá de sus labios con golpes lentos y medidos. Poseyendo los confines dulces y calientes de su boca.

Era increíble. Era como el paraíso, el placer, y el éxtasis combinados para quemar a través de las barreras que podrían haber existido en su interior.

Hasta el momento, no había encontrado ni una sola. Bella lo tocaba como si hubiera nacido para ello.

—Así, nena, —gimió cuando ella apretó su lengua contra la parte inferior, una vez más e hizo ese pequeño roce sobre él. Infiernos, era terriblemente increíble―. Hermoso, nena, —gimió, su voz apenas reconocible cuando la lengua caliente jugueteó sobre la enorme cabeza de su polla y la acarició con necesidad primitiva―. Eso es, cariño, lame mi polla justo así.

Tuvo que apretar las piernas para permanecer donde estaba, para que ella no robara lo último de sus fuerzas y lo dejase debilitado, tirado a sus pies en el suelo.

Con cada succión de su boca, con cada hambriento gemido de sus labios, podía sentir sus testículos apretarse con más fuerza, sintiendo la necesidad de venirse, corriendo a través de sus sentidos.

No iba a durar mucho más. Podía sentir su liberación construyéndose, llegar a ese punto de no retorno en el que llenaría su boca con cada chorro caliente de su simiente, en lugar de llenar los límites exuberantes de su coño.

Retirarse era casi imposible. El placer era tan intenso, tan malditamente extremo.

Pero lo hizo, deslizándose entre sus labios, dejándola con un suspiro de nostalgia.

—Ven, nena, quítate esa ropa, —Sus dedos estaban en el nudo de la bata, desesperadamente lo desataron, sabiendo que si no entraba en ella pronto, se iba a volver loco por la necesidad.

La desnudó rápidamente. Esa pequeña bata cubría el diminuto material que ella llamaba traje de baño. No había más que un pequeño triángulo para cubrir el montículo de su coño y una fina tira que se deslizaba por la raja de su culo.

Era sexy como el infierno.

—Edward... —susurró su nombre cuando la empujó sobre la cama, acercándose a ella y empujando las rodillas entre sus muslos para separarlos.

La cabeza de su polla buscando a través de la caliente humedad de su coño, cuando presionaba en contra de los pliegues de carne hinchada mientras sus labios se encontraba con los suyos.

Esto era vivir.

Ese pensamiento le quemó la mente mientras la besaba con hambre voraz, incapaz de saciar las necesidades que corrían a través de él.

Esto era por lo que había vivido, sufrido y buscado durante tantos malditos años.

Había vivido por Bella.

Al sentir el fuerte calor y el hambre punzante que llenaba su polla, Bella se arqueó más cerca de él, levantando las piernas, doblando las rodillas para separar más sus muslos y estar más cerca de él.

Sus brazos la rodeaban, abrazándola a él y sus labios y lengua la acariciaron, difundiendo una ardiente, dolorosa necesidad que sólo se intensificó en el segundo en que sintió la punta roma de su polla abrirse camino dentro de ella.

No la tomó con suavidad. No lo quería suave. Quería que empujara duro, feroz, con placer-dolor quemándola, la necesidad se agolpaba en su sistema y la dejaba llorando, rogando por su liberación.

Y Edward no la defraudó.

Con un poderoso embiste de sus caderas, se enterró a no más de una pulgada en su interior, mientras ella gritaba en el beso que parecía que sólo alimentaba más la necesidad que se estaba librando entre ellos.

Cada embestida lo sepultaba en su interior más profundamente, extendiéndola más, mientras ella se arqueaba, retorciéndose debajo de él cuando cada golpe de la gruesa y fogosa carne a través de las desnudas terminaciones nerviosas, enviaba llamas de placer a través de su cuerpo.

Estaba deshaciéndose en sus brazos, podía sentirlo. Se estaba quemando por dentro y sintiéndose insegura de quién o qué ella sería cuando las llamas se calmaran.

Un grito bajo y desesperado salió de su boca cuando él rompió el beso, levantando su cabeza, con una oscura y brillante mirada hambrienta cuando la miró fijamente.

Cómo se las arregló para mantener los ojos abiertos con cada feroz embestida dentro de ella, no estaba segura. Todo lo que sabía era que las sensaciones eran tan increíbles, tan llenas de placer cercano al éxtasis, que ella no era más que una masa de torturado placer buscando la liberación.

Su clítoris palpitaba y quemaba, el dolor centrado en su interior era como una bestia arañando, luchando para escapar.

Sus caderas subían y bajaban junto a las de él mientras los sonidos de la húmeda carne golpeando junta empezaron a llenar el cuarto. Sus gemidos se convirtieron en una sinfonía de placer y la intensidad de la necesidad parecía convertirse en un ser vivo, una entidad vinculante entre ellos.

Mientras su mano le apretaba la cadera, cada embestida hacía estremecer más su interior, su ritmo se incrementó y las pesadas palpitaciones de la carne masculina añadían intensidad, y Bella sintió las sensaciones de repente estallar en éxtasis.

Su cuerpo tembló, arqueándose de nuevo, la sensación de su coño empezando a apretar y a experimentar espasmos alrededor del eje empujando duro y profundo dentro de ella, la empujaron sobre el borde de un infierno de sensaciones.

El placer se convirtió en puro y enceguecedor éxtasis. El nombre de él era una letanía de pura felicidad en los labios de ella cuando su cuerpo entró en erupción y explotó, apretando desesperadamente mientras los sentimientos emanaban de ella hasta que no sabía si iba a poder sobrevivir.

A medida que las explosiones la afectaban, sintió el impulso final y furioso de su polla un segundo antes de que Edward se tensara, y sintiera su semilla brotando dentro suyo, con un impulso mayor al de una bola de fuego de sensaciones que la superaban.

Ella estaba temblando, temblando en sus brazos mientras su vientre se apretaba, los músculos de su vagina ondulando alrededor de su pene. Su clítoris se puso tan sensible, tan ultra-sensible, que cada roce de su pelvis contra él enviaba espasmos de éxtasis a través suyo.

Ella era una masa de pura sensación. Una criatura cuyo único fin era el placer que le habían dado y el placer que le había dado a cambio.

Su único propósito era estar en sus brazos, para mantenerlo allí y amarlo….