hola chicas disculpen la tardanza, es que he tenidos contra tiempos pero aqui tienen el final de la historia...
Pronto estare subiendo una adpatacion nueva.
como dije en un principio la historia no es mia se llama EL UNICO, la autora es LORA LEIGH... Y porsupuesto los personajes de la saga no me pertecen son de la maginifca S. MEYER... gracias a todas por sus comentarios y seguirme en esta aventura...
besos
simoneth! desde venezuela
Debía haberse dormido. Bella podía entender cómo había ocurrido a pesar del hecho de que había caído en uno de los más profundos sueños que había conocido la noche anterior.
El agotamiento emocional, junto con un clímax tan intenso que sentía su pelo erizarse, podía hacerle eso a una mujer.
Lo que la sorprendió cuando se despertó fue encontrar a Edward todavía en la cama con ella.
En algún momento, se las había arreglado para meterlos debajo de la colcha. Había dejado el aire acondicionado, y a Bella le gustaba sentir el efecto del frío dormitorio y las cálidas mantas. Las habitaciones de abajo no tenían aire acondicionado, eran sobre todo la suite de Edward y algunas de las habitaciones del piso superior las que se mantenían por debajo de los doce grados.
Despertar abrazada cerca de él fue un respiro que necesitaba ante la intensidad de la batalla emocional que había estado luchando. El hecho de que edward tuviera todo, pero le pidiese que abandonara su casa, había sido suficiente para lanzarla a un arrebato de rabia, ira y dolor. Para aparecer de nuevo, minutos más tarde, y llevarla a un orgasmo que la dejó sin fuerza, era tan típico de el.
Él podría ser el hombre más irritante sobre la faz de la tierra cuando quería. Y el hecho de que aún estaba furioso con ella sobre el testamento nunca había sido más evidente que lo que lo fue momentos antes, cuando tenía todo pero le informó que ya no tenía una habitación en el rancho y que éste no era su hogar.
Eso o, como ella había imaginado antes, simplemente quería que se fuera.
Sin embargo, allí estaba él, durmiendo tan profundamente como había dormido ella, su pecho subía y bajaba perezosamente mientras la sostenía envuelta en sus brazos. Él la abrazó como si nunca tuviera la intención de permitir que se vaya. Como si no le hubiera roto el corazón un rato antes.
¿Qué se suponía que tenía que sentir? ¿Qué se suponía que debía hacer? No era como si ella pudiera leer su mente, y estaba absolutamente segura de que él no intentaría leer la suya por más tiempo.
¿Qué iba a hacer?
Mirando ahora la tenue habitación, ya que Edward había cerrado la pesada cortina de la ventana, trató de darle sentido y pensar cuál debía ser su próximo paso.
Había decidido que tal vez la mejor opción sería tratar de esperar los tres meses en silencio antes de regresar a casa. Ya había pedido tiempo en la escuela, así que no podía volver. Por mucho que la matara, al final de la estancia requerida, iba a por lo menos tener la satisfacción de tirarle la escritura de la finca en la cara.
Al menos, ese había sido su plan. Hasta que Edward había aparecido en su habitación y las palabras que habían salido de su boca la hicieron esperanzar.
Esperanza de que quisiera más de ella que solo las pocas veces que podía joderla antes de que la obligara insistentemente a salir por la puerta.
Una parte de ella seguía gritando que era su casa, que no era justo que él le pidiera que se fuera, o incluso que la echara.
—¿Qué estás pensando tan profundamente? —Había algo perezoso en su voz a pesar del acento profundo y la rugosidad depredadora.
Se quedó en silencio durante largos minutos, teniendo en cuenta la mejor forma de elegir sus palabras.
—¿Por qué quieres tanto que me vaya, Edward? —Preguntó.
No había manera de hacer la pregunta con cuidado ni de plantearla con más tacto.
—¿Es tan molesto cuidar de mí que quieres que me vaya del todo en lugar de tener que lidiar con mi presencia?
Se quedó en silencio, y ella necesitaba la respuesta a esa pregunta con desesperación.
—¿Me amas, Isabella?
La pregunta la sorprendió.
No se la esperaba y no tenía idea de por qué se lo preguntaba.
—Si no te has dado cuenta de eso, entonces no eres tan bueno en la lectura de las personas y situaciones como yo creía que lo eras, Eºdward, —le dijo en voz baja―. Te he amado durante tanto tiempo como puedo recordar.
No dudaba de haberse enamorado de él el verano que ella y su madre habían llegado al rancho, justo antes de que su madre se casara con Carlisle.
—¿Alguna vez has estado tan aterrorizada de perder algo, que simplemente te niegas a tenerlo? ¿Y de esa manera no tienes que lidiar con la pérdida?
—Tú, —susurró―. Sólo después que mamá murió.
Se había quedado lejos de él durante más de un año, evitándolo cada vez que había una posibilidad de que estuviera en la misma habitación.
—Recuerdo, —asintió él con la cabeza mientras su mano le acariciaba el pelo―. Perdí a mi madre cuando era joven. Ni bien me había acostumbrado al calor y a la aceptación de tu madre, ella se había ido también. Cuando papá murió, juré que nunca vería a nadie que amara separarse más de mí. La única manera de asegurarme de que no sucediera fue ponerte en mi contra. Para hacer que estuvieras tan enojada que me dejaras y te fueras.
Ella le devolvió la mirada con sorpresa.
—El testamento…
Dio una sacudida de cabeza.
—Sabía que mi padre se aseguraría de que fueras cuidada, nena. Se aseguró de que no pudieras venderlo, regalarlo ni controlarlo. Todavía es mío, nada ha cambiado eso. Y se aseguró de que siempre seas mía también. Sólo pensé que podía pasarlo por alto. Pensé que podría hacer que me aborrecieras, y entonces el hambre por ti que me estaba destruyendo, desaparecería.
—¿Funcionó? —le preguntó con un dejo de certeza arrogante.
Él rió ante eso.
—No, amor, no funcionó por mucho tiempo, ¿verdad? Cada vez que estás cerca, no quiero nada más que tocarte, abrazarte, mostrarte exactamente el hambre que me provocas y lo desesperado que me pongo por estar contigo.
Ella se incorporó lentamente. Tirando de la sábana alrededor de sus pechos mientras doblaba las piernas debajo de su cuerpo y lo miraba sombríamente.
—¿Qué quieres de mí? —preguntó finalmente, la necesidad de entender en qué punto se encontraba con él era casi tan imprescindible como la necesidad de su toque y la necesidad de su calor.
—Que nunca me dejes, —le dijo con una pequeña sonrisa—. Y sí, amor, entiendo exactamente cuán ingenuo es ese pedido.
—Yo nunca me iría por voluntad propia, Edward, —le dijo―. Desde que te conozco, te he amado de una manera u otra. Siempre has sido mi héroe. Siempre has sido el que me ha hecho querer soñar con un felices para siempre, a pesar de que creo que tú y papá Carlisle me enseñaron a creer que algunas cosas no son para siempre, sin un infierno de montón de trabajo.
Sus labios temblaron ante esto.
—Papá quería que supieras cómo cuidar de ti misma, Bella, pero también quería que seas libre para amar.
—¿Y tú eres libre para amar, edward?
Exhaló pesadamente. La expresión de su rostro era sombría y parecía que quizá era una pregunta que no quería responder.
—¿Cómo puedo ser libre para amar, Bella, cuando eres la dueña de mi corazón? ¿Cuando estás en cada aliento que he respirado durante demasiados años y en todos
los sueños que me han perseguido cuando cae la noche? Así que no, yo no soy libre para amar. Te amo demasiado como para que quede algo para alguien más.
La alegría estalló en su interior.
Una explosión de calor y emoción fuerte y dominante, se apoderó de ella, llenando los rincones oscuros que habían comenzado a crecer en su interior al pensar que él no la amaba. Que iba a perder todo lo que había soñado con tener, porque no podía amarla.
—Edward, —susurró.
Su mano se levantó para acomodar un mechón largo de cabello que le caía sobre los hombros.
—Conozco la verdadera naturaleza del testamento, —le dijo―. Sé a los extremos que estabas dispuesta a llegar para asegurar que no perdiera esta tierra, Bella. Nadie más lo habría hecho por mí. No hay nadie que yo conozca tan desinteresada como tú, que renunciara a lo que podría ascender a millones de dólares en el futuro con el fin de asegurar la herencia que ha permanecido en la familia Cullen.
—Pero, ¿cómo? —la confusión la colmó. ¿Lo había revelado de alguna manera?
Sus labios se curvaron con una sonrisa de suficiencia.
—Porque, nena, yo conocía a mi padre, y sé cómo trabajaba. Además, me dejó una carta también. Un abogado me la dio después de que todos los demás se fueron. Incluso el abogado no sabía lo que había escrito allí. —Le tocó la cara en un gesto gentil―. Él no quería que yo estuviese enojado contigo. Quería que yo viera y entendiera lo que estabas dispuesta a hacer para protegerme, porque me amabas. Y tú estabas dispuesta a hacerlo, ¿no? ¿Incluso pensando que te odiaba? Aún a sabiendas de que todo el mundo estaba tan enojado después de que los rumores sobre el testamento comenzaron a circular. Todavía ibas a cumplir sus deseos, hasta el punto en que regresaste aquí dispuesta a soportar la posibilidad de mi cólera durante tres meses completos.
—Es tu rancho, —le recordó―. Siempre lo ha sido.
—Y tú eres mi corazón. —La atrajo hacia él, llevando los labios a los suyos a medida que la miraba con ojos llenos de toda la emoción que había temido nunca volver a ver en ellos―. Te amo, Bella Swan, —le susurró contra sus labios.
—Y yo te amo a ti, Edward Cullen, —susurró ella―. Siempre me aseguraré de que sepas que eres mi único.
Y ante eso él tuvo que sonreír. Una sonrisa susurrada contra sus labios, llena de amor, de felicidad y de alegría.
—"Mi único" —repitió él en voz baja―. Esa fue la promesa que al primer Cullen le hizo su princesa Cheyenne cuando se casó con ella.
—
- Caarlisle me contó esa historia, —le recordó―. Y yo siempre la he recordado. Tú eres mi único, Edward. Y siempre lo serás.
—Como tú eres mía, —le prometió―. "Mi única", sólo mía.
El beso que compartieron afirmó la promesa, encerrándola en sus corazones y sellando sus almas.
El Único. El primero, el último, el único que el otro podría amar. El guardián de su corazón, el guardián de su amor, pero lo más importante, el único que siempre la querría, la apreciaría, protegería y cuidaría con el más frágil pero sin embargo más fuerte de los lazos.
El amor.
-FIN-
