Ja! Mi primer Oneshot de Hetalia. Amo el anime y a cada uno de sus personajes, es que todos son tan kawai de una y mil formas diferentes que atrapa *-*
Dedicado a la pareja UkUs, aunque es leve, porque hoy escuchando las noticias de que Inglaterra no suelta las Malvinas, pensé "Arthur se nos volvió sentimental"
Asi que salió esto. Espero que lo disfruten y cualquier cosa, ya sabe, reviews para criticas, comentarios y demás.
Disclaimer: Hetalia es de papa-himaruya, yo solamente los tome prestado.
Advertencias: Las islas son dos, Malvinas y Soledad, y como no tienen nombre, pues tome eso como uno.
El frio congelaba hasta sus huesos, no era para menos, ese invierno no era al que estaba acostumbrado en su casa. El viento aquí es salvaje, arañándole el rostro. en Inglaterra, la brisa es suave, delicada.
¿Que ya estaba viejo para eso? Quizás de años, el físico demostraba todo lo contrario.
Arthur! ¿Viniste a visitarnos? – los dos pequeños aparecieron de entre el montón de ovejas con las que andaban jugando, corriendo hacia sus brazos. El sonrió, correspondiendo el gesto de cariño, cerrando los ojos un instante, volviendo al recuerdo de siglos pasados, cuando el pisaba territorio americano solo para ser abrazado por ese pequeño de vivos ojos azules que decía extrañarlo, al que le cocinaba y no se quejaba del mal sabor de las comidas.
- lo siento por dejarlos tanto tiempo solos, tuve mucho trabajo – otra vez esas palabras salieron de su boca, no cambiaba mas. Malvinas, la pequeña de ojos castaños y cabello rubio le sonrió, mientras Soledad, su hermana menor, se aferraba al pequeño corderito que sostenía en sus manos, que de vez en cuando soltaba un ligero berreo.
De nuevo soplo el frio viento proveniente del helado océano antártico, despeinando a las niñas, las cuales soltaron una risa divertida.
El ingles no lo podía creer. Estaba a dos pasos de encerrarse en la casa y meterse en la chimenea prendida si era necesario para tener un poco de calor y ellas se reían con el frio.
No importa, ahora estas aquí y nos cocinaras verdad? – pregunto la mayor, la del rizo anti gravedad, tirando de la mano de su tímida hermana, acercándola a ella. Ahí estaba la diferencia. El estadounidense pocas veces se acordaba de su hermano, bueno, la realidad es que nunca lo hacía, mientras que Malvinas si la mantenía a su lado, protegiéndola, llevándola de paseo por las gélidas playas a recoger arena o simplemente a visitar a los isleños, quienes siempre tenían dulces para ambas. Quizás era la soledad del lugar, aislado de la sociedad de consumo, que se respiraba diferente. Arthur las vio correr hacia la casa y una sonrisa sincera se dejo ver en su atractivo rostro. Allí, se sentía a salvo, útil, necesitado. Había alguien que lo recibía al atardecer y mientras cocinaban le preguntaban cómo había estado, por el trabajo, que les contara mas sobre esos amigos suyos comúnmente llamados hadas, unicornios, conejos verdes que vuelan. nadie le insultaba ni molestaba.
Le recordaba a los tiempos en que Alfred le quería. En que era lo único bueno que tenia.
Arthur ven! – le llamaron y el volvió a la realidad. Volvió a sonreír, caminando a paso tranquilo hacia la casa de la colina, mientras el débil sol comenzaba a decaer en aquellas islas del polo sur. Nunca las dejaría ir, jamás se apartaría de ellas y estaba seguro que ellas no lo dejarían. Martin podía patalear todo lo que quisiera, podía ir a las naciones unidas con su superior y reclamarlas como suyas, mas él no cedería. Ya una vez inicio una guerra por sus niñas, podía hacer otra. Nunca mas le romperían el corazón, ni lo dejarían solo.
