Bueno chicas, Pochi-san vuelve con el segundo capítulo de Amor Intramuscular, tá dá!Me prometí que los subiría antes de empezar el instituto y así lo he hecho; aunque tengo que decir que no me convence demasiado por eso del OoC.
Isi-san, sé que tú te miras muy minuciosamente esto de las personalidades y pues decirte que esto es uno de mis puntos más problemáticos; espero que no te importe demasiado, sé que es un grave error que debo corregir pero para mí no es nada fácil.
Bueno, voy a dejar de lamentarme y os dejo con este capítulo, espero que lo disfrutéis tanto como a mí me ha costado escribirlo.
Anko Mitarashi, Kakashi Hatake, Kurenai Yuhi, Jiraya, Asuma Sarutobi, Gai, Yamato, Kimimaro, Tayuya y Yügao Uzuki pertenecen al baka de Masashi Kishimoto.
Hatori Fujisawa y Luigi me pertenecen a mí.
Disclaimer: Al final hay escena de lemmon.
La mañana amanecía con un sol radiante y con ganas de hacer pasar un día de calor bastante sofocante, típico del verano y sobre todo en el mes de Julio. En casa de la Mitarashi, la supuesta pareja ya estaba levantada des de muy temprano; por una parte, él se encontraba en la cocina desayunando un vaso de leche con algo más mientras que la pelimorada estaba en el baño.
—Desgraciado… – maldijo para sus adentros la pelivioleta con descaro y sin respeto por aquel que había dañado su rostro; aún así ya no podía volver atrás así que prefirió dejar sus pensamientos aparte y echarse agua fría para lavarse la cara y a la vez intentar aliviar aquel enrojecimiento que había aparecido en su mejilla ocasionando que el dolor disminuyera sutilmente.
Aunque el agua fría le relajaba el golpe, debía camuflarlo con algo para que no se viera así que decidió que sería buena idea pensarlo mientras se daba una ducha de agua para relajar su cuerpo. Dicho y hecho, empezó a desvestirse y a poner el pijama en el cubo de la ropa sucia para después meterse en la ducha y así poder calmar otros tantos moratones que tenía por la zona de las costillas y una diminuta zona de la espalda. Encendió el grifo y lo puso al tope de agua fría, cosa que le permitió notar rápidamente como cada gota de agua chocaba contra todo su cuerpo produciéndole una calma y tranquilidad sorprendente y, ya de paso la temperatura del agua ayudaba a disminuir lentamente el dolor que en ese momento le molestaba. Posteriormente se enjabonó todo el cuerpo con jabón de una fragancia bastante agradable y suave para después enjuagarse y, lentamente salir de esa fuente de tranquilidad; se enrolló en la toalla y con otra se la puso en la cabeza para secarse el pelo, pero en ese momento de paz interior entró, sin tocar la puerta, su odiado novio en el baño ya con el traje del trabajo puesto.
—Me voy a currar – comentó él secamente acercándose a ella y, bruscamente y con bordería, depositó un beso en la mejilla que el día anterior fue golpeada haciendo que una mueca de dolor apareciera escasos segundos en el rostro de la Mitarashi; después, éste, antes de salir del aseo, le dio una cachetada en el trasero ocasionando que la furia de la pelimorada aumentara por segundos, aunque era preferible no manifestarse demasiado ya de buena mañana puesto que podría sufrir graves consecuencias…otra vez.
—Por cierto… - empezó a hablar el Fujisawa antes de salir de la estancia para irse a trabajar – disimula el golpe de la mejilla con algo, vaya que te pregunten…y si por casualidad te preguntan, invéntate algo si no…ya sabes lo que pasará – amenazó él con el tono de voz autoritario y amenazante a la vez que salía de allí y dejaba a la pelimorada con las ganas de contestarle.
Ella simplemente, pero con pesadez, calló y no dijo ninguna palabra; aun así no le faltaron ganas de actuar, por lo que Anko cogió el bote de la crema hidratante y, con toda la rabia y fuerza que pudiera tener, lo estrelló contra la puerta del baño ocasionando que su respiración agitada, por culpa del comportamiento de su pareja, se calmara aunque la mirada de odio y repulsión que sentía hacia ese hombre no desaparecieron de su semblante.
Más tarde, se dirigió hasta su habitación y eligió una vestimenta que pudiera tapar los golpes, no era ni nada más ni nada menos que un vestido blanco de rayas azul oscuro, al estilo marinero, que le iba por sobre las rodillas a conjunto con unas sandalias esclavas(1) de color marrón chocolate; posteriormente volvió al baño y allí pudo ponerse un poco de maquillaje para camuflar aquel golpe que le atormentaba ya de buena mañana, pero aun así se notaba un poquito; después bajó hasta la cocina y allí desayunó un vaso de zumo de naranja con unas tortitas que había sacado del mueble que estaba justo arriba de la nevera.
Al terminar, recogió todo y una vez lista, salió de su casa con la esperanza de que le llamaran de la piscina municipal para comprobar si la habían aceptado para formar parte del personal de mantenimiento puesto que no se quería llevar otra bofetada por parte de Hatori al no haber conseguido un trabajo decente. Al principio iba a subirse en la moto y pasearse por la ciudad en ella pero las ganas de andar fue preferible así que sin pensárselo, revisó que todo estuviera bien cerrado y salió de allí encaminándose de esa manera hacia la avenida principal.
Una vez en la vía principal de la ciudad, la pelimorada iba dando un paseíllo sin prisas a la vez que miraba los escaparates de las tiendas por donde ella pasaba sin pensar en nada concretamente; tenía la mente totalmente en blanco cuando de repente notó como la musiquilla del móvil empezaba a sonar, ésta lo sacó del bolso y rápidamente observó en la pantalla de éste el número, pero al no saber quien le estaba llamando prefirió descolgarlo.
— ¿Quién es? – inquirió la pelivioleta con desconcierto al no saber quien le podía llamar por la mañana.
— ¿Anko? Soy Kakashi – respondió el peliplata al otro lado del teléfono con una felicidad sin igual al escuchar la voz de su "amiga".
— ¡Ah! Hola Kakashi, no te había reconocido – respondió ella con alegría en el cuerpo a la vez que se sonrojaba levemente y se colocaba muy coquetamente un mechón púrpura detrás de la oreja ya por acto reflejo al oír a su amor platónico.
—Oye, me preguntaba…si querías venir conmigo a comer – ofreció el Hatake como si nada a la pelimorada, ella se paró en seco en medio de la avenida mientras su sonrisa se ensanchaba a más no poder puesto que en ese mismo momento lo único que quería era ver a su queridísimo Kakashi – Si no tienes nada planeado… - añadió él al ver que la Mitarashi no contestaba.
—Estoy libre, solo dime dónde y a qué hora - respondió la pelivioleta con claridad y sin paños calientes(2) provocando que al Hatake se le apareciera una sonrisa de oreja a oreja de esta manera contentándolo como al que más al oír la contestación de ella.
—Que te parece en el italiano que hay cerca del parque a las 13:00h – propuso él suponiendo que sería el lugar y la hora perfecta, a esto que recibió una afirmación por parte de la chica desde el otro lado del teléfono.
—Bien, pues…nos vemos allí; por cierto… ¿Dónde está ese restaurante? – inquirió la ojicaramelo de sopetón ocasionando que la típica gotita anime aparecieran en el Hatake.
—Mm…que te parece si mejor nos vemos en la fuente que hay en el parque – aclaró el peliplata poniendo las cosas más fáciles a la Mitarashi.
—Mucho mejor…bueno, nos vemos luego – matizó ella despidiéndose de él con nostalgia pero aún así con una sonrisa que daba envidia y las mejillas más que sonrosadas.
—Adiós. – se despidió también el peliplata más contento que unas castañuelas al haber conseguido una cita con la mujer de sus sueños.
Con parsimonia colgó el teléfono y se encaminó con entusiasmo hacia la ducha a arreglarse para la cita esperada. Éste se desvistió y se metió en la ducha, empezó a enjabonarse su cabellera plateada cuando apareció la Mitarashi en su mente, el Hatake comenzó a pensar como sería su vida junto a su Anko; aquella mujer que lo traía loco desde párvulo hasta el día de hoy, ocasionando que su personalidad pasota y tranquila diera un giro de 360 ⁰ transformándolo en una persona cálida y risueña cuando estaba junto a ella. Sus caricias, sus palabras, sus besos…esos besos que deberían de estar prohibidos, lo embrujaban de tal manera que se dejaba llevar por la situación y dejar que ella hiciera lo que quisiera…que le hiciera lo que quisiera con tal de que siempre estuviera a su lado.
Seguía pensando en su pelivioleta cuando, sin darse cuenta, ya se había terminado de duchar y ya se estaba secando el pelo, más tarde se puso la ropa interior para después dirigirse a su habitación y elegir la ropa. Una vez allí, abrió el armario y empezó a rebuscar las prendas perfectas, pero ninguna le convencía "Un traje…demasiado formal" pensó él dejando el traje a un lado "Bermudas, me gustan pero…no me convencen" se torturaba mentalmente el peliplata mientras seguía buscando con impaciencia la vestimenta adecuada para la cita; y es que el Hatake en su vida había sido de esos que se complican la vida con la ropa para fardar de ella, pero esa era una ocasión especial y para colmo era con su Anko así que por mucho que le costara decidirse, debía atinar con las prendas adecuadas.
—Que me pongo…quiero impresionarla – pensaba él perdiendo las esperanzas mientras seguía buscando por su armario cuando de pronto descolgó una percha y en ella había unos vaqueros grises junto con un polo azul marino; tal era su desesperación que el peliplata ya pensaba que se le habían aparecido como por arte de magia, aun así le gustaba como quedaba el conjunto así que no se lo pensó más y empezó a vestirse.
—Perfecto – se alagó él mismo con orgullo pero de pronto notó como una presencia conocida entraba en su habitación – Scan, ¿qué haces aquí? – inquirió él al ver a su queridísimo perro entrar y sentarse junto en la puerta.
Si es que sería perfecto…vivir con su amada Anko en esa casa de campo vigilada por su fiel amigo Scan, sí, Scan es un husky siberiano adorable de color blanco y gris al que se enamora muy fácilmente de los niños (N/A). Un largo suspiro se le escapó al Hatake mientras se acercaba al perro y le acariciaba la cabeza para después volver al aseo y ponerse un poquito se colonia y acabar de peinarse, aunque al fin y al cabo siempre terminaba con el pelo alborotado.
Después de recogerlo todo se dirigió hasta la entrada de la casa y, con tranquilidad y sin prisas, cogió las llaves y la cartera, posteriormente miró si estaba todo en orden y ya sin preocupaciones obligó a Scan a salir de la casa; Kakashi se subió en el coche plateado cuando de pronto una idea se le cruzó por la cabeza así que con entusiasmo arrancó el coche y aceleró hasta desaparecer de allí puesto que no le quedaba mucho tiempo.
Al llegar a la ciudad, entró en un callejón donde siempre solía haber sitios donde aparcar sin problemas y, para su suerte, la floristería Yamanaka estaba justo enfrente de donde él había dejado el coche así que lo cerró y entró con parsimonia dentro de la floristería, dentro de ella ya se podía apreciar los diferentes aromas que emanaban las distintas flores.
— ¡Bienvenido a la floristería Yamanaka!, ¿Qué desea? – inquirió la joven de cabellera rubia recogida con una cola de caballo y con el flequillo que le tapaba uno de sus ojos azul cielo acercándose a él.
—Hola, buscaba… - se quedó pensativo el Hatake a la vez que se rascaba la nuca ya por acto reflejo a modo de "no tengo ni idea", expresión que la chica entendió a la perfección.
—Principiante en el amor, ¿eh? – Bromeó la rubia dándole un suave codazo en el brazo ocasionando que un leve sonrojo se apoderara de sus mejillas – No te preocupes, yo te ayudo – añadió ella decidida arreándole un leve golpecillo en la espalda. – A ver… ¿Qué tipo de flores le gustan? – inquirió la chica mientras echaba una ojeada por los ramos para empezar a buscar las posibles flores que harían de esa cita en una muy especial.
—…no lo sé – confesó el Hatake decepcionado de sí mismo al no saberlo a la vez que agachaba la cabeza en señal de culpabilidad.
— ¡No pasa nada! Ya encontraremos las flores perfectas…Romeo – bromeó ella dejando escapar una risilla inocentona dándole confianza al peliplata mientras seguía rebuscando entre los tiestos y ramos - ¡Ya sé! ¿Su color favorito? – añadió la Yamanaka volteando para ver al Hatake.
—El morado, por supuesto – aclaró él convencido al cien por cien a la vez que se rascaba otra vez la nuca mientras observaba con curiosidad la estancia: había tiestos de todos los tamaños, flores exóticas y no tan extrañas aunque todas desprendían un aroma bastante suave y agradable, las paredes de la floristería estaban decoradas con enredaderas y pétalos de distintos colores que parecían estar pintadas a mano…seguro que de un gran pintor.
— ¡Oy, oy, oy! ¡Pues justo ahora me han llegado unas rosas de tonos violetas que seguro le van a encantar a tu chica! – exclamó felizmente la ojiazul mientras entraba en lo que parecía ser un almacén donde se guardaba la mercancía recién llegada.
Después de esperar un par de minutos, que para el Hatake fue como una eternidad ya que las ganas de ver a la Mitarashi se hacían cada vez más ansiosas, la joven salió del almacén con un ramo de rosas color púrpura que consiguieron encantar al Hatake; esas eran las flores perfectas…las flores que enamorarían a Anko Mitarashi aún más de lo que estaba. Esas rosas eran las mejores: frescas, exóticas y además eran del color favorito de su amada ojicaramelo…simplemente espléndido.
—Estas me han llegado un poco antes de que vinieras, y además son del color que tanto le gusta a tu novia…así que supongo que si compras estas, vas a acertar en tu cita.- argumentó ella mientras le mostraba las flores al masajista con la esperanza de que las comprara… "Espera, ¿ha dicho novia?" se preguntó interiormente él "sí, ha dicho novia" interrumpió su inner con indiferencia, evidentemente que la sonrisa del Hatake se ensanchó aún más.
—sí, estas creo que estarán bien – respondió Kakashi con la felicidad manifestándose en todo él – me puedes poner una – matizó éste empezando a sacar su cartera del bolsillo para poder pagar pero a la Yamanaka se le quedó una cara como si decir "¿solo una", aún así entendió la situación.
—Oh…una simple rosa pero lo suficientemente certera como para enamorar a su chica… ¡usted está hecho todo un Casanova! – exclamó la ojiazul con entusiasmo a la vez que cogía la rosa de por en medio que era por donde estaban más frescas y esbeltas – Aquí tiene- añadió ella decorando a la flor poniéndole un pequeño lazo rojo para que pareciera que era una sorpresa a pesar de no llevar papel de regalo.
—Gracias – respondió el Hatake amablemente entregando la cantidad exacta más un poco de propina en señal de agradecimiento por la ayuda ofrecida a la vez que tomaba la rosa con delicadeza.
—Gracias a usted y ¡vuelva pronto!... ¡suerte en su cita! – exclamó la joven despidiéndose del peliplata ocasionando que un leve sonrojo volviera a hacer aparición en las mejillas de él mientras éste salía de la floristería. Cuando ya estuvo fuera de la tienda empezó a encaminarse hacia el parque con un entusiasmo en el cuerpo y con unas ganas locas de ver a su Anko que daba envidia; de repente se puso a pensar cómo reaccionaría ella al ver la pequeña sorpresita que le había preparado.
….
Mientras tanto, en uno de los bancos de la ciudad se encontraba aquel hombre que estaba destrozando por momentos a la Mitarashi sin ningún tipo de tormento ni reparo. Se encontraba exactamente en su despacho atendiendo unas cuentas bancarias cuando de pronto alguien tocó a la puerta…
—Adelante - permitió él con indiferencia y sin levantar la vista del papel de las cuentas.
— ¿Estás ocupado? – inquirió directamente una voz femenina mientras se acercaba a su escritorio; fue ahí cuando el Fujisawa levantó la mirada de ese modo pudiendo observar con total claridad a aquella mujer.
—Te dije que no vinieras aquí – se molestó él mientras volvía a sujetar el bolígrafo y seguía escribiendo algo que él seguramente entendía.
—Lo sé, pero necesito consultar algo contigo… - se defendió la pelilila mientras tomaba asiento sin permiso del pelibronce, aunque éste no le devolvía la mirada o repuesta alguna – se trata de ella…Hatori, se está despertando y ya empieza a ver con claridad, ¿qué hacemos? – inquirió desesperada la Uzuki mirando fijamente al hombre que tenía enfrente.
—Fácil…volved a drogarla – respondió él con una media sonrisa maliciosa a la vez que una risilla endemoniada escapaba de él.
—El calmante es demasiado fuerte, sabes lo que puede ocurrir si… -
—Cállate y haz lo que te digo –
—Pero… -
— ¡Cállate!... No le va a pasar nada…confía en mí – acabó el ojiesmeralda levantándose del asiento y posicionándose al lado de la chica, que ésta se había levantado hacía escasos segundos.
La rodeó por la cintura y depositó un agresivo beso en sus labios dejándola sin opción a responder, después de separarse ella rió con mucha malicia y acto seguido cogió el bolso de encima de la mesa.
—Está bien, le pondremos otra dosis de calmante – sentenció Yügao volviendo a besar con hambre al Fujisawa.
—Por cierto, envía a Kimimaro y a Tayuya para que vayan a buscar la mercancía…un esbirro de Madara los estará esperando junto el puente de las afueras de la ciudad – ordenó él mientras volvía a su asiento.
—Como ordenes… adiós – se despidió ella saliendo con paso vacilante del despacho del ojiesmeralda, dejándolo solo y sumiso en sus pensamientos otra vez.
…..
Ya dentro del parque, el peliplata iba caminando con paso parsimonioso por el caminito que había hasta llegar a la fuente; el parque era bastante grande y hermoso, los árboles verdes y frondosos junto con los matorrales en forma rectangular que había a ambos lados del camino lo hacían realmente elegante, los rayos del sol chocaban contra las copas de los árboles de esta manera impidiendo que toda la luz se colara por las ramas, solo los rayos más afortunados eran capaces de traspasar y chocar contra el suelo; en el caminito también había los típicos bancos de madera donde los enamorados se sientan para hacerse manitas y mimos, o simplemente para charlar.
Cuando ya estaba llegando a la gran fuente para quedar con su amiga pudo divisar a lo lejos como, una mujer con el pelo morado y recogido en su usual coleta, destacaba entre todo el mundo; ella era la chica con la que soñaba cada noche y deseaba a todas horas de ese modo enamorándolo plenamente. Él se acercó aún más ocasionando que ella pudiera verle, ya que su cabellera plateada era la más especial entre las especiales, así que su sonrisa infantil se ensanchó más; su peliplata, su amado Kakashi le había pedido una cita de la cual nunca se olvidaría.
—Hola – saludó la pelimorada acercándose al Hatake con decisión esperando una agradable sonrisa por su parte, aunque no tuvo que esperar mucho para recibirla…ella tan impaciente como siempre.
— ¿Qué tal? – saludó él brindándole una risueña sonrisa provocando que el sonrojo ya hiciera aparición en las mejillas de la Mitarashi – Mm…esto es para ti – añadió el masajista con dulzura mostrando muy sutilmente la sorpresa que había conseguido especialmente para ella de esa manera dejando ver aquella linda rosa morada; Anko se quedó sin palabras y no sabía que decir aunque el sonrojo en sus mejillas ya lo hacía por ella, además de por acto reflejo colocarse otra vez un mechón muy coquetamente detrás de la oreja. Ésta tomó la flor con su mano derecha y, despacio, la acercó a su rostro para poder apreciar con más facilidad el aroma que esa rosa emanaba.
Acto seguido, la retiró y le dedicó una sonrisa de lo más encantadora consiguiendo de ese modo embobar por completo a Kakashi; aprovechando eso, la Mitarashi lo rodeó por el cuello para acercarlo a su cuerpo y poder rozar esos labios que tanto anhelaba, él le mordió suavemente el labio inferior de esta manera permitiéndole acceder a la boca de la pelivioleta y gustosamente enlazar ambas lenguas permitiéndose degustarse mutuamente y ocasionando que, tanto él como ella, se embarcaran por unos segundos en aquellas sensaciones que tanto deseaban, notando como el amor y el deseo empezaban a brotar de sus cuerpos volviendo de ese beso en uno más apasionado y ardiente, cargado de todo lo que podían sentir en ese momento.
Después de esa repentina muestra de cariño, los dos amantes fueron separándose para conseguir un poco de oxígeno a la vez que la pelipúrpura seguía jugueteando con las hebras plateadas de él, aún húmedas a causa de la ducha que se había dedicado el Hatake.
—Gracias – susurró la ojicaramelo aferrándose más al masajista ofreciéndole un confortable abrazo y sintiendo su tranquila respiración junto con algunos latidos de su corazón – Pero podrías haber avisado…yo no te he traído nada – añadió ésta con una mueca de disgusto plasmada en su rostro a la vez que miraba esos ojos tan profundos y cautivadores que la hipnotizaban ocasionando que una risueña sonrisa se dibujara en el rostro de él al haber visto esa graciosa mueca, así que éste se acercó sutilmente al oído de la chica.
—Tú sola ya eres mi mejor regalo – alagó con elegancia el Hatake mordiendo con suavidad y delicadeza el lóbulo de ella ganándose un agradable suspiro por parte de la Mitarashi a la vez que él pasaba sus manos por su espalda provocándole una sensación bastante placentera, de manera que la pelimorada se dejó caer en los brazos del masajista, contentándolo como al que más; y es que el Hatake podía ser despreocupado y tranquilo, pero cuando se trataba de Anko podía comportarse de la manera más romántica y caballerosa que podía existir.
Después de hacerse unos cuantos mimos, ambos decidieron que era hora de irse al restaurante, así que dicho y hecho empezaron a caminar con tranquilidad y sin prisas por el parque como una feliz pareja.
— ¿Cómo está Kurenai? – preguntó la Mitarashi como si nada e intentando entablar una conversación con el Hatake.
— ¿Perdón? – se extrañó él frunciendo el ceño con cierta gracia puesto que no sabía a qué venía esa pregunta.
—Sí…te recuerdo que no fue ella la que ayer me atendió en su consulta…por eso me tuve que patear esa carretera tan odiosa – se quejó la Mitarashi un tanto molesta a la vez que recordaba el día tan ajetreado que había tenido.
—Ah…ya está mejor, solo tenía un simple resfriado pero aún así no podía arriesgarse a contagiar a sus pacientes – explicó el peliplata de manera muy improvisada y pensando "Qué excusa más mala"; al fin y al cabo había sido él quien le había pedido a su prima para ver a su querida pelilila.
—Ya… - respondió la Mitarashi no muy convencida – oye, ¿qué te parece si después de comer la vamos a visitar? – propuso ella con entusiasmo y dedicándole una sonrisa infantil a su acompañante; éste no se pudo resistir a la expresión de felicidad de la chica por lo que no opuso en absoluto.
—De acuerdo, iremos – afirmó el masajista devolviéndole la sonrisa. Entonces la pelimorada sacó su teléfono móvil y, por lo que el Hatake pudo ver, ella empezó a escribir un mensaje.
….
En el centro de la ciudad se encontraba la comisaría de la policía donde, justamente ese día había mucho ajetreo a causa de un chivatazo por parte de uno de los integrantes de un grupo mafioso.
— ¿Pero dónde se van a reunir? – inquirió el Sarutobi con curiosidad mientras revisaba unos papeles que tenía sobre la mesa.
— ¡No pasa nada, gracias a nuestra llama de la juventud los vamos a capturar! – exclamó con emoción el hombre de traje verde y con la cabeza en forma de cuenco a la vez que alzaba su pulgar manifestando victoria.
—Deja de hacer bobadas y céntrate, Gai… no tenemos tiempo que perder – ordenó Jiraya con seriedad al ver en la situación crítica que estaban.
—Nos dijeron que se iban a reunir en el puente de las afueras de la ciudad…allí se supone que estará la droga – informó Yamato con total seguridad mientras se dirigía hacia el pasillo junto con ellos tres.
—Está bien, mañana iremos al puente a las seis de la tarde, os quiero aquí pronto – ordenó Jiraya como buen comisario que era, en este caso, líder del grupo.
….
Más tarde por fin llegaron al local, éste era italiano y estaba decorado al más puro estilo de la ciudad donde la pasta es su especialidad: la decoración de las paredes imitaban las fachadas de diversas tiendas típicas de Italia, las mesas eran cuadradas y de un marrón oscuro mientras que las sillas eran de color negro aunque en la planta de arriba no había sillas sino sofás de cuero negro con rayas blancas. El Hatake decidió ir a la planta de arriba porque para que sentarse en sillas incómodas si podían sentarse en un sofá, además no había nadie que les molestara a diferencia de abajo, que había otras cuantas parejas.
Se sentaron en el sofá, éste daba la vuelta a casi toda la mesa por lo tanto ambos se colocaron uno enfrente del otro. La Mitarashi se quedó mirando el lugar durante un par de segundos, en verdad ese restaurante tenía un toque de glamur y elegancia un tanto especial, dando la sensación de ser alguien importante; mientras, él no perdía el tiempo mirando a sus alrededores pudiendo observar con total tranquilidad a la persona que tenía junto enfrente suya, aquella mujer que lo hipnotizaba cada vez que lo miraba, ya fuera una mirada sensual o simplemente infantil, siempre conseguía embobarlo de tal manera que lo llevaba a los mundos de Yupi.
— ¿Te gusta? – inquirió el Hatake con disimulo intentado volver a la realidad.
—No está mal, aunque no importaba que hubiéramos venido a un lugar tan caro. Te recuerdo Hatake, que yo no puedo costeármelo – le echó en cara la pelipúrpura mientras una mueca de frustración aparecía en su rostro.
—Tranquila, yo te invito – matizó el peliplata dedicándole una cálida sonrisa, a esto que la Mitarashi no tuvo más remedio que devolvérsela.
De repente, un camarero de más o menos de la edad de la pareja se acercó a la mesa para preguntar qué era lo que querían, aunque también parecía estar interesado por la pelimorada ya que desde que entró en la estancia no le había quitado el ojo de encima.
—Buenos días, soy Luigi, ¿qué desearían para beber? – inquirió educadamente el camarero sin dejar de observar de reojo a la pelivioleta, cosa que no pasó desapercibida por el Hatake provocando que una mirada asesina fulminara al camarero.
—Yo quiero una cerveza, pero quiero que la traiga cuando ya esté la comida hecha que si no se pone caliente – argumentó ella ocasionando una sonrisa por parte del peliplata al verla tan feliz.
—Una cerveza para la señorita, ¿Y para el caballero? – volvió Luigi mirando con recelo al masajista a la vez que éste tenía la mano de la Mitarashi cogida y acariciándola suavemente ocasionando que la envidia recorriera por completo la mente del camarero.
—Para mí un vino tinto, por favor. Tráigalo también cuando esté a comida – respondió el Hatake con aires de victoria, eso sí, sin perder las formas; y es que la educación era fundamental para poner nervioso a ese camarero roba-Ankos.
—Está bien…entonces ¿qué desean para comer? – inquirió el camarero dándoles la carta mientras apuntaba con lentitud lo que ellos habían pedido para beber.
—Yo quiero espaguetis… ¡Con mucha salsa! – exclamó la Mitarashi con satisfacción y haciendo énfasis a lo último después de ver el menú mientras una sonrisa de oreja a oreja aparecía en su rostro.
—A mí me apetece una ensalada de pasta fresca – respondió el Hatake devolviendo la carta del menú al camarero y desviando otra vez su mirada hacia la pelivioleta.
—Perfecto, esperen un poquito y se lo traeré todo – se retiró el camarero de ese modo dejándolos solos, otra vez.
Kakashi no se cansaba de mirar a la Mitarashi con una gran sonrisa a la vez que ella intentaba darle, una vez más, forma a la servilleta que anteriormente había estropeado; ante eso, la ojicaramelo ya frustrada dejó la servilleta al lado de los cubiertos para después desviar su mirada hacia él, aunque se percató de que el masajista tenía su profunda mirada en ella.
—No me mires así – se quejó la pelimorada levemente sonrojada desviando su mirada hacia otro lado de esa manera sintiéndose un tanto intimidada por él.
—Eres tú la que me incitas a mirarte – respondió el Hatake con total normalidad recibiendo, ahora sí, una mirada asesina por parte de la chica.
—Pervertido – soltó de sopetón la Mitarashi con indiferencia ocasionando que su autoestima aumentara al ver que el Hatake se había quedado en blanco – ahora no me digas que no lo eres porque todos sabemos que sí – añadió la pelipúrpura con desvergüenza poniéndolo aun más nervioso.
—Yo no soy un pervertido – se defendió él como pudo de las acusaciones de la chica.
—No, que va… - empezó ella con un sarcasmo ya sobrenatural - …por eso siempre estás leyendo esos libros basura – le echó en cara la pelilila aumentando su tono de voz.
—No tienes pruebas – cortó en seco el Hatake intentando recuperarse de las acusaciones sin piedad de la Mitarashi.
—Kakashi, no me vaciles…sabes que sí lo lees, o te crees que no vi escondidos esos libritos de colorines en la estantería de tu casa – confesó ella con una media sonrisa malévola, y es que sabía que tenía razón.
Y es que a Anko Mitarashi no se le podía llevar la contra, si no seguro que la derrota se apoderaría de aquel individuo que hubiera osado contrariarle. Aún así para Kakashi era la mujer ideal: su hiperactividad la hacía especial, la espontaneidad con la que hablaba era de envidiar y cuando la miraba, le transmitía una calidez de ese modo volviéndolo adicto a toda ella; la pelimorada giraba en torno a los pensamientos del Hatake dejándolo ausente de la realidad y transportándolo a su dimensión fantasiosa.
Más tarde, el camarero llegó a la mesa de la pareja y posó las bebidas y la comida sobre ésta, a la Mitarashi le empezaron a brillar los ojos, como a una niña pequeña cuando le dan un regalo, ante la emoción de ver aquel plato enfrente de ella lleno de pasta con salsa y, para su suerte, ¡ya llevaba el queso fundido!; el Hatake disfrutaba cuando la veía poner esas caras graciosas y por culpa de eso no podía evitar soltar alguna que otra risilla.
Antes de empezar a comer, la pelivioleta cogió su vaso y, rápidamente y sin contemplaciones, le dio un sorbo bastante potente para empezar con ganas aquel exquisito plato de pasta; el Hatake por su parte, dio un par de suaves vueltas a la copa para después probar con elegancia el vino que se había pedido.
Ambos empezaron a comer, él despacio y saboreando con tranquilidad la comida mientras que la Mitarashi enrollaba los espaguetis en el tenedor con una felicidad sin igual para después introducirlos en su boca; y es que Anko algunas veces comía con parsimonia pero otras veces parecía que devoraba la comida como si se la fuera a quitar.
—Anko, respira que no tienes que atragantarte – comentó el masajista riendo al ver la situación de su amiga; el tenedor lleno de pasta y un poco de salsa en la comisura de sus labios la hacía realmente graciosa.
—No te preocupes, está todo controlado – se defendió ella aún con comida en la boca mientras seguía entreteniéndose en enrollar la pasta en el tenedor, él rió y simplemente siguió también con su plato.
Cuando terminaron de comer, el camarero volvió a la mesa y recogió los platos ya sin restos de comida, llevándoselos de allí.
— ¿Quieres postre? – inquirió el Hatake como si nada intentando llamar la atención de la Mitarashi; simplemente una media sonrisa bastante cautivadora empezó a dibujarse en su rostro.
—Me apetece… - comenzó la pelimorada mirando de arriba abajo al masajista a la vez que, mordiéndose sensualmente al labio inferior, obligaba a su pié ascender lentamente por la pierna del Hatake.
El peliplata se sobresaltó un poco al notar por sobre el pantalón como la pierna de la ojicaramelo subía muy despacio haciendo que éste se estremeciera levemente, y es que no era para menos perder un poco de autocontrol si ya estaba rozando su muslo e intentando llegar hacia donde ella quería, pero de repente el camarero se dirigió hacia la mesa de la pareja de ese modo cortando el rolo a los dos amantes.
— ¿Desean tomar algo de postre? – inquirió Luigi ya con libreta en mano y riendo para sus adentros, mientras el Hatake suspiraba con resignación a la vez que ella se colocaba bien en el asiento.
—Si quieres podemos compartir uno de los pasteles que hay en el menú de hoy – comentó el peliplata con normalidad.
—Vale…el de chocolate estaría bien – respondió ella con alegría y mostrando una amplia sonrisa, él simplemente asintió dando a entender que era eso lo que querían tomar; entonces el camarero se retiró dejándolos otra vez solos.
—Siempre aparece en el peor momento… - se quejó por lo bajo el Hatake poniendo cara de frustración provocando que la ojicaramelo se carcajeara de él.
—Oye, Kurenai me acaba de enviar un mensaje diciéndome que se va al cine con Asuma…esta chica sí que está espabilada – sentenció la Mitarashi riendo infantilmente mientras Kakashi observaba como el camarero ya estaba de vuelta.
—Aquí tienen – dijo Luigi dejando el pastel de chocolate en la mesa y alejándose; el masajista se acercó hasta que quedó sentado en el centro del sofá, al igual que la Mitarashi de esa manera estando juntos para comerse el pastel entre los dos.
El peliplata dejó a Anko dar el primer bocado de ese manjar tan exquisito mientras que él mismo la observaba con una mirada bastante cautivadora y a la vez con un poco de lujuria, aunque intentaba mantener el autocontrol; pero aún así fue misión fallida ya que sin él quererlo fue acercándose más a ella de esta manera depositando un beso lleno de gozo en el cuello de la ojicaramelo ocasionando que una risilla traviesa se le escapara de su boca.
—Kakashi ¿No te comes el postre? – inquirió ella como si nada estuviera pasando a la vez que cogía otra cucharada del pastel de chocolate.
—Ya lo estoy haciendo – le susurró sensualmente al oído mordiendo levemente su lóbulo a la vez que posaba su mano derecha en la rodilla de la pelipúrpura provocando que ésta soltara un suspiro.
—Me lo voy a terminar todo – advirtió ella bastante complacida por los besos húmedos que le brindaba su acompañante.
—Yo también – respondió éste siguiéndole el juego y obligando a su mano ascender por el muslo de la Mitarashi de ese modo quedando a la mitad; y es que él sabía que estaba alterando a la Mitarashi muy gustosamente, bastaba ver cómo era la respiración de ella.
—Kakashi… - intentó articular palabra la pelipúrpura, pero le fue imposible cuando el peliplata la obligó a cruzar miradas para después morder su labio inferior, permiso concedido muy gustosamente de ese modo permitiéndoles enlazar sus lenguas y empezar a saborearse mutuamente; el Hatake se estaba volviendo adicto al dulce y agradable sabor de la pelivioleta ocasionando que ella misma se dejara llevar por la situación volviendo el beso más hambriento y ardiente, aunque el oxígeno se les estaba terminando por lo que ambos tuvieron que separarse, además el camarero volvía a aproximarse.
— ¿Ya han terminado? – inquirió Luigi educadamente pero con recelo al ver al peliplateado tan cerca de la Mitarashi.
—Sí, ha estado todo delicioso – respondió ella a la vez que tenía su mano puesta en el muslo del Hatake obligándole a asentir.
Después, el masajista sacó su cartera y entregó la cantidad correspondiente para poder salir del restaurante y dirigirse hacia donde el coche estaba aparcado. Ambos se encaminaron hacia allí a la vez que conversaban muy amenamente de cosas cuotidianas, aunque los acercamientos también se hicieron notar. Una vez dentro del auto, la pelimorada miró la hora y ya eran las seis de la tarde puesto que ellos dos se habían entretenido por las avenidas mirando escaparates de tiendas y otras cosas además de tomarse un helado en la heladería preferida de la chica.
—Te acompaño a casa – comentó el Hatake sin importarle en absoluto acompañar a su amiga de ese modo dejando a la Mitarashi sin respuesta así que sin más preámbulos, encendió el coche y se dirigió hacia la casa de la chica. Mientras el masajista iba conduciendo por la carretera, la musiquilla del móvil de Anko empezó a sonar, ésta lo descolgó con rapidez.
— ¿Qué quieres, Hatori? – inquirió la ojicaramelo cambiando su cara de felicidad a una completamente molesta, el peliplata por su parte la miró de reojo aunque sin despistarse demasiado.
—No me hables así – amenazó el ojiesmeralda des del otro lado del teléfono con voz enfadada.
—Que quieres… - se impuso la Mitarashi con cara de pocos amigos y volviendo su voz más fría y amenazante.
—Hoy llegaré tarde porque tengo reunión así que no me esperes levantada – se excusó el Fujisawa con una risa maliciosa y pervertida "Ni ganas" pensó ella suspirando levemente.
—Está bien, no te preocupes – respondió la chica desviando su mirada hacia el peliplateado – Adiós – colgó el teléfono dejando a un Hatori con la palabra en la boca.
— ¿Qué quería ese desquiciado? – preguntó el masajista con la voz bastante molesta mientras buscaba un sitio donde dejar el coche.
—Dice que hoy tienen reunión y…que no vendrá esta hasta tarde – informó ella con una media sonrisa a la vez que le dedicaba una mirada llena de complicidad a su acompañante.
—Mm… - asintió él con emoción mientras paraba el motor del coche y se bajaba de él.
Una vez en la entrada de su casa, ella abrió la verja del jardín e invitó al peliplata a pasar adentro para poder enseñarle su hogar.
— ¿y dices que todo esto te lo dejó tu padre de herencia? – Inquirió el masajista bastante sorprendido mirando con curiosidad el salón, respuesta afirmativa por parte de la pelilila - ¿Hay alguien aficionado a las escopetas? – volvió éste mirando ya con menos gracia los adornos de una de las paredes del pasillo.
—A Hatori le gusta bastante la caza – confesó la pelipúrpura con desinterés a la vez que se dejaba caer sobre el marco de la puerta del salón.
— ¿y tú estás conforme con todo eso de la caza? – dijo el Hatake desviando su mirada hacia ella, cuando de repente visualizó una pequeña marca rojiza en la mejilla de la Mitarashi.
El peliplata se le acercó con paso parsimonioso y la rodeó por la cintura de ese modo que ambos cuerpos quedaran juntos mientras que ella pasaba sus brazos por el cuello de él permitiendo que sus labios rozaran casi con los de su amor platónico.
—Anko, él está loco…no te tortures de esa manera – le susurró el Hatake intentando mostrarle la realidad de la situación mientras depositaba un milagroso beso en la mejilla afectada de la pelivioleta – apuesto a que esto te lo ha hecho él – matizó éste sin rodeos obligándola a mirarle directamente a esos profundos orbes.
—Sólo se le fue la mano – se defendió ella apartándose unos centímetros de su querido peliplata, dejándolo bastante aturdido ante esa contestación.
— ¿La mano? Anko, te ha golpeado…ese malnacido te ha… - empezó a revelarse el peliplata con impotencia por no poder hacer nada para evitar aquella trágica situación, pero en un momento fugaz, la Mitarashi estampó sus labios contra los de él y empezó a besarlo con furia y pasión ocasionando que éste perdiera un poco el equilibrio aunque, después de tambalearse ligeramente consiguió estabilizarse sin problemas gracias al respaldo del sofá.
Ella descendió hasta el cuello del Hatake y comenzó a succionarlo con hambre hasta dejar una pequeña marca rosada en él mientras que el peliplateado paseó con suavidad sus manos por el cuerpo de ella hasta llegar a sus muslos y de ese modo obligarla a que entrelazara sus piernas alrededor de su cintura. Una vez que la de ojos color caramelo ya estuvo a su altura, él decidió que dirigirse hacia la habitación sería lo mejor así que, sin pensárselo, salió del salón y comenzó a subir por las escaleras que conducían a la habitación de la Mitarashi; mientras, ella seguía haciendo de las suyas como por ejemplo introducir sus manos en la camiseta de él y acariciarlo con travesura de ese modo aumentando el deseo del peliplata por hacerlo salvaje y rudo con ella.
La puerta se abrió con rapidez dejando entrar a los dos amantes en la estancia; justo cuando el peliplata llegó hasta la cama, rodó sobre ésta junto con la pelivioleta hasta quedar él sobre ella a la vez que la chica, de un salvaje tirón, se deshizo de la camiseta del masajista permitiéndole de esta manera apreciar el escultural y trabajado torso de su acompañante sentimental. Por parte del ojiazabache, obligó a sus manos colarse por el vestido de ella para poder masajear aquellas largas y tentadoras piernas que lo hacán enloquecer plenamente a la vez que ella seguía jugueteando con las hebras color plata que le caían. Volvieron a besarse como si nunca antes lo hubieran hecho, sentían como el calor de sus cuerpos aumentaba por segundos y, su respiración agitada, colaboraba aún más en la pérdida de autocontrol de ambos.
—Kakashi…en la mesita…hay – matizó la pelimorada entre sensuales gemidos mientras hacía el intento de quitarle los pantalones al Hatake. Éste sin saber muy bien que era lo que estaba haciendo, dirigió con dificultad su mano hacia el cajón de la mesita de noche y rebuscó con cierta gracia hasta encontrar aquel preservativo que lo haría todo mucho más fácil y, sobre todo, seguro.
Acto seguido, él se despojó del vestido de ella lanzándolo hacia un lado de la habitación aunque sin saber donde había caído puesto que estaba demasiado ocupado complaciendo a la Mitarashi con sus agradables besos y algún que otro leve mordisco ocasionando que descontrolados gemidos se escaparan de la boca de la chica. Después de que toda la ropa estuviera regada por el suelo y ellos ya estuvieran completamente desnudos, la pelipúrpura hizo serpentear sus manos por el abdomen del Hatake hasta llegar a su hombría, cosa que provoco algún que otro gruñido por parte de él; y es que esas caricias tan peligrosas y excitantes que le brindaba la Mitarashi hacían que cualquier indicio de control desapareciera en un instante, ya que la Mitarashi dejaba escapar quejidos al notar como él masajeaba con picardía sus generosos pechos.
Ella entrelazó sus piernas alrededor de él haciendo que ambas intimidades chocaran y, muy sutilmente, ésta empezó a contonear sus caderas de arriba hacia abajo, pero aun sin ser suya del todo de ese modo elevando el nivel de deseo de ambos hasta conseguir que sus respiraciones estuvieran más que agitadas y haciendo parecer que sus corazones se iban a salir del pecho. Los dos amantes furtivos ya no podían esperar más, prueba de ello era como la Mitarashi mecía sus caderas obligándolas a chocar contra las de él, mientras que el peliplata mordisqueaba con diablura sus senos ocasionando que la chica arqueara su espalda de ese modo dándole un mejor acceso una de las partes de su cuerpo con las que estaba más orgullosa; así que, junto con un beso cargado de pasión y lujuria, él comenzó a abrirse paso entre las piernas de la chica y así poder poseerla, pero cuando ella ya notó su palpitar…
— ¡Ya estoy en casa! – retumbó por casi todo el domicilio esa voz masculina que precisamente era bastante conocida por la Mitarashi ocasionando que la sorpresa y el aturdimiento sustituyeran al placer que justo en ese momento le iba a ser brindado dejándola de ese modo sin saber qué hacer y, sobre todo, sin saber cómo actuar.
Continuará…
Bueno, aquí termina el capítulo. Que os parece ¿bien, mal? Vosotras decís y comentáis.
La verdad me gustaría que opinarais si el modelo Kakashi romántico os ha gustado…sé que Kakashi no suele ser tan así pero pensé "¿supongo que algún detallito tendrá con la chica a la que ama, no?" al igual que Anko, imaginad que se encuentra en una romántica situación ¿qué es lo que haría? Aunque sea una chica dura, supongo que tendrá la típica sensación melosa…aún así, vosotras comentáis.
Se aceptan comentarios, opiniones, críticas y felicitaciones jejeje!
Gracias por haberlo leído, desde aquí me despido!
¡Una abraçada molt forta!
By: Pochi-san
