¡Hola! Pochi-san está de vuelta ^^

Primero de todo, antes de decir otra cosa, me siento avergonzada por haber tardado tanto en escribir el capítulo, lo siento de verdad y sé que no tengo una buena excusa para aclarar esto, pero el instituto siempre se interpone en mis planes fanfictioneros por lo que me he visto muy mal para sacar tiempo y escribir. Los exámenes y los deberes son realmente odiosos y creo que todos opináis lo mismo ¿verdad? ;)

Creedme una cosa, a mi me hace mucha más pena el hecho de no tener el tiempo suficiente para poder escribir y actualizar y todas esas cosas. ¬¬

Bueno, yo dejo de excusarme y mejor os dejo leer el capítulo 3 que espero de todo corazón que lo disfrutéis.

Advertencia: ninguna :P

Anko Mitarashi y Kakashi Hatake pertenecen al baka de Masashi Kishimoto.

Hatori Fujisawa y Luigi me pertenecen a mí :p

3…2…1…¡Ahí va!

Esa potente e inoportuna voz que provino de la entrada de la casa provocó que la peor de las sensaciones se clavara en el pecho de la Mitarashi, como si se tratara de una fina pero dolorosa aguja, ocasionando que el corazón de la chica diera un violento vuelco y así poder recuperar el control de sus actos de modo que, con rapidez y nerviosismo, empujó al peliplateado de encima suya para tener el paso libre y así poder ponerse algo de ropa a la vez que debía ser capaz de maquinar un plan improvisado para preparar la huida de su amor platónico.

Por parte del peliplata, éste se levantó velozmente pero con dificultad de la cama, aún así casi cayó al suelo puesto que, torpemente, se tropezó con cierta prenda de la dueña de su corazón, ésta era una de sus favoritas porque quedaba realmente bien en el cuerpo de su pelivioleta, pero a la vez era molesta y odiosa por ser la última y tener que quitarla; éste simplemente se liberó de la prenda dejándola debajo de la cama y así poder vestirse después de haber tenido ese acercamiento tan fogoso y pasional con la ojicaramelo, casi a punto de hacerlo como dos salvajes.

— ¿Pero no me dijiste que no iba a venir? — inquirió el masajista con desconcierto a la vez que se ponía los pantalones dificultosamente y observaba con angustia como la pelipúrpura actuaba con puro nerviosismo mientras ésta se ponía una camiseta de estar por casa junto con un lindo conjunto de ropa interior.

—No lo sé, eso fue lo que me dijo—respondió bastante alterada a la vez que caminaba por la habitación sin saber muy bien qué hacer ni cómo actuar ante esa dificultosa situación, aunque ésta estaba casi al lado de la entrada de la habitación y, de vez en cuando, pegaba el oído a la puerta para comprobar si su supuesto novio venía.

— ¡Anko! ¡¿Estás aquí? —volvió a gritar el Fujisawa aun con más potencia mientras empezaba a subir las escaleras de la casa con un cierto paso vacilante.

—Por la ventana, vete por la ventana —susurró la chica al Hatake pillándolo de imprevisto mientras se acercaba a él de puntillas y con cierta rapidez para así no hacer mucho ruido, consiguiendo que éste diera un paso hacia atrás al ver como ella se le acercaba con decisión y con toda la seguridad del mundo con el objetivo de hacer lo que había dicho segundos atrás.

— ¿Tú estás loca? Es un segundo piso—le susurró el ojiazabache devolviéndole la respuesta con la voz un tanto alterada al haber escuchado la contestación de Anko.

—Hatake, tú has hecho que subamos a la habitación así que ahora no te quejes, lo único que tienes que hacer es bajar—le advirtió ella mientras observaba de reojo la puerta y a la vez seguía empujando de él para obligarle a que fuera hacia la ventana.

— ¡Anko, contéstame! —volvió a gritar el pelibronce con molestia ya encontrándose en el principio del pasillo de arriba, justamente donde estaban las habitaciones de la casa.

—Venga Kakashi, cógete donde sea —ordenó la Mitarashi con nerviosismo y pidiéndole a Kami que Hatori no entrara por la puerta mientras ayudaba al masajista a escapar de allí.

El Hatake se subió sobre el borde de la ventana y observó no muy convencido la canal del agua, aun así se agarró a ésta sin darle dos vueltas para así poder escapar de la habitación y de ese modo evitar graves problemas a su querida pelilila, aunque deseaba con todas sus fuerzas quedarse ahí con ella y poder protegerla del loco de su ya no pareja sentimental. El masajista sabía que si Hatori les pillaba juntos seguro que atentaría contra su vida y lo más probable es que le mataría para más tarde dañar de mala manera a Anko y encerrarla en casa, o algo por el estilo, de ese modo acabando de destrozar su vida y convirtiéndola en su esclava…si es que ya lo era.

Cuando el peliplata se agarró a la canal del agua, pero justo cuando la tocó, un travieso tornillo salió despedido del metal ocasionando que el trozo cayera, aunque el brazo del ojiazabache se interpuso en la caída de este modo provocándole un pequeño corte en el brazo derecho así que, automáticamente y sin poder evitarlo, el líquido rojizo empezó a brotar de la extremidad y, solito, empezó a marcarse un camino que iba deslizándose hacia abajo.

—Kakashi, ¿estás bien? —inquirió la ojicaramelo con curiosidad ya que había escuchado algo sospechoso caer del tejado ocasionando que un sonoro estruendo se oyera desde abajo.

—Sí…no es nada —respondió el ojiazabache entrecortadamente mientras intentaba cesar el dolor que tenía justo en ese momento; y es que el corte aparentaba que era pequeño puesto que la sangre evitaba que se viera el tamaño de éste, pero realmente la herida era profunda y, tal vez si las cosas se ponían feas, necesitaría ir al hospital a que le dieran algunos puntos.

— ¡Anko! ¿¡Qué ha sido eso! —exclamó el Fujisawa con furia al notar como la pelivioleta no contestaba a la vez que se iba acercando más hacia la puerta de la habitación donde supuestamente debía estar su pareja sentimental, porque ya no le quedaban más lugares por buscar.

—Kakashi…escóndete— tiró con fuerza la Mitarashi del Hatake a la vez que le susurró esas palabras; por una parte sonó alterada y nerviosa al saber que el mayor de sus miedos se estaba acercando a ellos ocasionando que los peores pensamientos se cruzaran por su mente de ese modo provocándole unos molestos escalofríos y, por otra parte, con preocupación al ver lo que se había hecho el ojiazabache en el brazo causando que una pequeña parte de culpabilidad la invadiera por dentro, dejándola de ese modo con un revoltijo de sensaciones que ya era para perder por completo la cordura.

— ¡Anko! — vociferó con estruendo y a punto de la histeria el pelibronce a la vez que abría con fuerza la puerta de la habitación de ese modo encontrándose a la pelipúrpura parada ahí en medio, sujetando algo que era muy preciado para ella de ese modo dejando al ojiesmeralda con una expresión de sorpresa y de enfado.

….

Más hacia el centro, justo en la zona más privilegiada y donde se encontraban los grandes edificios de las personas más importantes de la ciudad como empresarios, presidentes de organizaciones bastante conocidas mundialmente… se encontraba en un alto edificio, exactamente en la última planta, cierto pelinegro observando el ardiente atardecer a través de la ventana de una de sus habitaciones mientras que sostenía elegantemente con su mano derecha una copa con algún licor en particular, haciéndolo ver realmente altivo y orgulloso.

La paz y tranquilidad de esa sala le estaba encantando, ningún tipo de ruido amenazaba con incordiarle en ese preciso momento: las luces de la estancia eran tenues por lo que no molestaban excesivamente en los ojos, su escritorio estaba ordenado, no había ningún papel que quedara suelto, más bien todos estaban bien archivados en la estantería que tenía a su derecha, los demás muebles que comportaban el despacho también no tenían ni una mota de polvo y de hecho no debían tenerla, el era un famoso Uchiha y evidentemente gracias a su amplio patrimonio podía costearse las jornaleras que él quisiera para que hicieran lo que él les mandara.

Y seguía en un fascinante trance…pensando en demasiados comederos de cabeza que en ese momento le molestaban, pero exactamente había uno en particular que realmente le preocupaba, el hecho de que el plan pensado para el día siguiente saliera mal, todo se iría al traste y más de uno de sus hombres podrían ser capturados y después interrogados, por lo que no podía permitirse que le delataran tan fácilmente…no hay que olvidar que siempre hay algún chivato que lo fastidia todo.

Las vistas desde esa altura eran realmente envidiables para la gente de baja sociedad, solo los más afortunados podían gozar de ese impresionante placer, aunque hubiera sido mucho mejor que la tranquilidad de ese momento hubiera durado más y que no hubiera sido hecha pedazos por los impacientes golpes en la puerta, no podían estarse calladitos…no, tenían que joder todo el placer acumulado en ese momento con unos malditos golpes en la puerta, pero no podía hacer como si no oyera nada por lo que se vio obligado a contestar.

—Adelante —contestó el pelinegro secamente sin dejar de observar el horizonte desde la hermosa y grande ventana de su despacho.

—Señor, tenemos noticias sobre el plan de mañana—informó con respeto el joven ojiazabache que entró por la puerta y seguidamente se sentó en el sofá de cuero rojo oscuro que había en el despacho, a la izquierda del escritorio.

—Itachi, espero que no sean malas nuevas lo que traes, porque ya estoy un poco harto de vuestra torpeza. — comentó Madara Uchiha volteando levemente y así poder ver con claridad el rostro de su sobrino mayor, este simplemente negó con la cabeza.

—Solo vengo para decirte que uno de los más famosos comisarios de la agencia de policía va a presenciar el momento cuando trafiquemos con los del señor Fujisawa, el comisario estará con otros agentes más…exactamente tres más, en total van a ser cuatro los que estén allí. — informó el otro Uchiha mientras él mismo se servía una copita de alcohol, lo bastante fuerte como para que entrara bien en el cuerpo.

— ¿Y se puede saber cuál es el nombre de ese dichoso comisario? — inquirió el pelinegro con cierta curiosidad mientras volteaba por completo y acto seguido se sentaba en la butaca que estaba enfrente del escritorio, ésta estaba tapizada con cuero negro y parecía ser que era bastante cómoda…hay que decir que todos los despachos de ese estilo tenían buenos muebles, siempre hay que dar una buena imagen a los del exterior.

—Por supuesto, el comisario se llama Jiraya. — confirmó el Uchiha que estaba sentado en el sofá. La respuesta dejó bastante descolocado al líder de la empresa puesto que justo cuando bebió de su copa de vino, se atragantó torpemente.

—Está bien, entonces…yo iré personalmente a ese intercambio. — sentenció Madara con una amenazante mirada junto con la voz más fría y siniestra que jamás pudiera haber escuchado el joven Itachi.

—Pero tío, usted no…

— ¡A callar! Si he dicho que iré, iré…y no quiero saber nada más sobre el maldito intercambio ¿¡estamos! — finalizó el ojiazabache con la voz bastante imperativa ocasionando que el chico se viera imposibilitado para poder discutirle, así que como no podía hacer nada para que su familiar cambiara de opinión, prefirió dejarlo hacer y acto seguido se levantó de su asiento y se encaminó hacia la puerta, siempre bajo la atenta mirada de Madara.

—Sólo una cosa, si tienes que hacer lo que yo ya sé…hazlo rápido, no quiero verme implicado en el tema. — advirtió el mayor de los hermanos Uchiha mientras abría la puerta del despacho de ese modo saliendo de esa sala tan perversa y maldita, dejando al líder de la empresa más solo que la una…justo como él quería.

—Bueno Jiraya… me parece que por fin vamos a poder saldar cuentas. — se dijo para sí mismo Madara Uchiha con aires de superioridad a la vez que una maléfica media sonrisa se dibujaba en su malévolo rostro, ante eso no se pudo resistir y con delicadeza abrió con la llave que llevaba colgada siempre en su cuello el último cajón de su escritorio, de ese modo se pudo vislumbrar una bonita pero peligrosa pistola de color negra con adornos en plateado. Él no pudo evitar dejar escapar una descarada risotada.

….

—Hatori, ¿se puede saber por qué gritas tanto? Me tienes los oídos reventados — comentó la ojicaramelo con su habitual sarcasmo como si no estuviera pasando nada a la vez que se acercaba a su mesita de noche para dejar en el primer cajón lo que llevaba en su mano.

— ¿Tú no sabes responder? Te he llamado no sé cuantas veces. — se quejó el ojiesmeralda, pero al ver a la Mitarashi "vestida" de esa manera no lo soportó más y fue acercándose a ella con paso vacilante para después cogerla por los hombros y estamparla contra la fría pared, dejándola de ese modo acorralada, cosa que a ella no le estaba gustando ni un pelo, solo bastaba ver el rostro de enfado de ella — He estado muy preocupado por ti — sentenció él con una media sonrisa junto con una expresión pervertida al observar el cuerpo de ella.

— ¿Tú no tenias reunión? — inquirió la pelimorada con molestia e intentando cambiar de tema a la vez que hacía el intento de alejar al Fujisawa de su cuerpo, aunque sus empujones no surgieron efecto.

—Se ha cancelado — respondió el con indiferencia mientras se dirigía al cuello de la ojicaramelo de ese modo empezando a besarlo con hambre, cosa que daba repugnancia a la chica; todo lo que le estaba haciendo Hatori no pasaba desapercibido para el Hatake, que estaba escondido debajo de la cama.

No podía soportar que ese desgraciado tocara a su Anko de esa manera tan asquerosa y descarada, simplemente era insoportable aun así no podía salir de su escondite, se lo había prometido a la chica, no podía permitirse que le pasara nada a su amado peliplateado.

—Hatori, basta — se quejó la Mitarashi con la voz mínimamente autoritaria obligando de esa manera a que el ojiesmeralda le mirara a los ojos.

— ¿Po qué no? Lo pasaremos bien. — respondió él con lujuria a la vez que cogía a la ojicaramelo por los muslos, de ese modo subiéndola s su altura; la pelivioleta sabía que lo quería hacer rudo y salvaje con ella puesto que notaba como él presionaba su cadera contra la de ella. La furia estaba empezando a comerse al Hatake por dentro, aunque debía tener paciencia.

— ¡Hatori, suéltame! — exclamó ella sin contemplaciones mientras forcejeaba contra el hombre que la tenía completamente acorralada contra la pared, él no le hizo ni caso puesto que estaba demasiado entretenido con la clavícula de la chica, por parte de ella sentía repelús cada vez que notaba la lengua de aquel desgraciado chocar contra su suave piel; en ese preciso instante Kakashi ya no podía soportar lo que estaban viendo sus oscuros y penetrantes orbes, el hecho de ver a la Mitarashi pedir que la dejara le ponía enfermo, ya no aguantaba más…definitivamente iba a salir de ahí, pero muy a su pesar pudo recibir una mirada de súplica por parte de la chica de ese modo dándole a entender que no saliera del escondite ya que sería mucho peor y la situación sería más complicada.

—Venga Anko, no me lo pongas más difícil…aunque mirándolo así, me gustan los retos — comentó el pelibronce con afán de superación mientras aguantaba a la pelimorada de las piernas y dejaba marcas rosadas por el cuello de ella, ella no dejaba de repugnarse ante tales muestras de lujuria por parte de él.

— ¡Te he dicho que me sueltes! — vociferó la ojicaramelo con enfado a la vez que intentaba soltarse del agarre de aquel hombre y desviaba su desesperada mirada hacia el Hatake, que estaba torturándose mentalmente por el hecho de no hacer nada cuando en ese instante él mismo podría estar dándole una paliza a ese malnacido.

El peliplateado tenía su brazo tapado con la otra mano para que la dichosa herida parara de sangrar, pero como no lo hacía decidió cubrirla con la prenda que hace unos minutos él mismo había tirado al suelo, efectivamente no era ni más ni menos que la ropa interior de la Mitarashi, sí, aquella que le hacía temblar cada vez que tenía que deshacerse para poder disfrutar por completo de la ojicaramelo. La molestia que le ocasionaba el corte en su brazo no era nada comparado con la impotencia que él sentía al ver como ese bastardo estaba tratando de manera tan descarada a la pelipúrpura, a su Anko.

Pasaron un par de minutos y aquellos dos todavía estaban forcejeando, pero de repente el Fujisawa se percató de que la pelivioleta desviada su hermosa mirada hacia el mismo sitio todo el tiempo, cosa que le inquietó bastante por lo que se vio obligado a interferir.

— ¿Se puede saber que estás mirando? — inquirió el ojiesmeralda dejando a la chica en el suelo y volteando bruscamente hacia la ventana.

—Nada — respondió ella secamente volviendo a mirar al Hatake, éste reguló su respiración puesto que antes la tenía más agitada al ver todo el panorama que le estaba haciendo ese hombre a la mujer que lo traía realmente loco.

El empresario no contestó, simplemente se dirigió con paso firme hacia el ventanal que daba las vistas al jardín de la casa dispuesto a dar con lo que la chica observaba con tanto interés; examinó con despreocupación el marco de la ventana de la habitación cuando de pronto pudo observar con total claridad unas gotas de sangre esparcidas por éste; se asomó un poco más hasta sacar la cabeza por la ventana para verificar si algo sospechoso rondaba por su casa cuando de repente una inocente y pequeña pelota de tonalidad amarillo chillón se acercó con una velocidad inigualable hasta que ésta se estampara contra el rostro de Hatori ocasionando que un ensordecedor grito escapara de su boca.

— ¡Perdón, señor! — exclamó inocentemente un niño de más o menos seis años con una raqueta de tenis des de la verja del jardín, esperando a que el señor le devolviera su pelota.

— ¡Maldito crío, largo de aquí! — vociferó con furia el Fujisawa con una voz tenebrosa ocasionando que el miedo se apoderara de aquel pobre niño, así que de forma instantánea aquel chiquillo se alejó de la verja del jardín con rapidez, vaya a ser que ese hombre le hiciera algo más. —Condenado niño — musitó el volteando hacia la Mitarashi a la vez que se sobaba la cabeza por culpa del golpe que le había atestado aquella endemoniada pelotita.

En ese momento, la pelimorada no pudo evitarlo y, conociéndola a ella y a su carácter, dejó escapar una gran carcajada acompañada de descaradas risotadas al ver el doloroso y gran chichón que tenía aquel hombre que tanto odiaba, no cabía duda…se lo merecía por hacerle esas horripilantes cosas.

—Cambiando de tema… ¿qué has hecho hoy? —inquirió con seriedad él a la vez que se acercaba una vez más hacia la chica de ese modo tomándola con brusquedad por el brazo puesto que ella se estaba comportando con una indiferencia hacia él que no le estaba gustando en absoluto, no podía ser que ella le hablara a él de esa manera tan vacilante, no podía permitir que ella ganara confianza solo porque a él no se le habían cruzado los cables y de ese modo no le hubiera alzado la mano en ningún momento.

—Suéltame, no te lo voy a repetir más — le reprochó la pelimorada con su imperativa voz junto con una mirada más que asesina consiguiendo de ese modo intimidar mínimamente al ojiesmeralda, éste por acto reflejo aflojó el agarre que estaba ejerciendo en el brazo de ella al ver aquella mirada repleta de enfado y descontento.

—Responde — insistió el pelibronce con autoridad e imponiéndose al carácter que estaba manifestando la chica.

—He estado con Kurenai de compras por la ciudad, ¿contento? — sentenció la ojicaramelo con indiferencia a la vez que se deshacía del agarre y volteando hacia el armario para poder coger algo más que ponerse puesto que ya empezaba a refrescar.

—Más te vale que sea así —le susurró con un amenazante tono de voz a la vez que posaba un beso más que envenenado en su dolida mejilla, aquella que fue golpeada con resentimiento, ocasionando que unos escalofríos recorrieran de pies a cabeza a la pelilila, aun así supo mantener la compostura y sobretodo la calma, en ese momento debía ser más fuerte que nunca.

— ¿Acaso dudas de mí? — inquirió ella con superioridad y con una media sonrisa intentando retar al Fujisawa, dejándolo de esa manera sorprendido por esa pregunta tan atrevida; él no lo entendía ¿cómo era posible que se atreviera a retarle de ese modo?...pero no dejaría que una mujer se adelantara a los acontecimientos.

—No, además…más te vale que no dude de ti, porque si lo hiciera…las cosas cambiarían por completo, así que no me hagas enfadar, Mitarashi. — aclaró el con aires de grandeza mientras soltaba a la pelipúrpura y se alejaba con un parsimonioso paso pero con enfado hacia la puerta de la habitación con el objetivo de salir, dejando "sola" a la chica de pelo morado.

Lo que sentía ella en ese momento era puro nervio, la rabia contenida recorría todo su cuerpo haciendo que su subconsciente la obligara a cerrar los puños lo más fuerte que podía, casi podía hacerse sangre al apretar sus uñas; el sentimiento de dolor y martirio que se metía en su médula no la dejaba reaccionar como ella quería de modo que se quedó parada en medio de la habitación sin saber qué hacer ni que decir al Hatake cuando saliera de su escondite…estaba completamente bloqueada.

….

El ojiesmeralda descendió con furia las escaleras de la casa con el paso bastante fuerte, se sentía frustrado por el superior y equivocado comportamiento que le mostraba la Mitarashi, no podía ser que esa mujer se diera esos aires de grandeza cuando estaba con él puesto que en teoría debía ser el ojiesmeralda quien debía transmitirle el miedo y terror al notar su oscura presencia.

— ¿Cómo puede ser? Esa mujer no puede faltarme al respeto de esa manera…— se torturaba mentalmente el Fujisawa mientras que se dirigía hacia el salón y una vez allí se servía él mismo una copa de no se sabe qué, pero justo cuando iba a sentarse para poder calmarse de una vez por todas, ya que su propia pareja había rechazado una posible "tarde-noche" llena de pasión, el molesto sonido del timbre de la puerta principal de la casa lo interrumpió de una manera bárbara, consiguiendo de ese modo terminar de fastidiar al pelibronce.

— ¡Ya voy! — exclamó éste con frustración a la vez que se levantaba y se dirigía hasta el imbécil que había osado molestar su hora de descanso. Una vez en frente de la puerta, la abrió con parsimonia de modo que pudo visualizar con total claridad al sujeto. —Qué demonios quieres —dijo Hatori con la voz de pocos amigos a la vez que se apoyaba contra el marco de la bonita puerta.

—Señor, he de decirle algo importante…y creo que no le va gustar en absoluto — respondió el individuo quitándose la gorra que llevaba puesta, de ese modo dejando al descubierto su rostro por completo.

—Adelante — dio paso el Fujisawa esperando con curiosidad la respuesta que en teoría debía saber, mientras tanto le dio un sorbo a la copa para poder asimilar mejor lo que iba a contarle; aunque esperaba, el intruso no hablaba, posiblemente no lo hacía por las posibles represalias que podría echarle en cara su amo, esto cansó al ojiesmeralda. — ¡Responde! — vociferó sin contemplaciones ya harto de esperar ocasionando que aquel chico diera un leve respingo, de ese modo volviendo a la pura realidad.

—Está bien… su chica…— empezó a confesar el rubio con la voz titubeante, intentando buscar las palabras adecuadas para no herir los sentimientos de su líder.

—Luigi, responde o te desgracio aquí mismo — amenazó el pelibronce con una siniestra voz a la vez que cogía con fuerza y superioridad por el cuello de la camisa al presunto camarero, dejándolo de ese modo a su altura y así poder intimidarle con su horripilante mirada.

—He visto a Anko Mitarashi con otro hombre — confesó con rapidez, con nerviosismo y sin trabarse el joven mientras le suplicaba con la mirada que no le hiciera ninguna locura, dejando al Fujisawa bastante desconcertado después de esa respuesta tan… ¿extraña?

—Explícate —ordenó el ojiesmeralda con furia y con descontento mientras sujetaba aún con más fuerza al rubio, dejándolo sin opción ninguna.

—Hoy he visto a la señorita Mitarashi acompañada de otro hombre…lo sé porque ellos dos han venido a comer al restaurante donde yo trabajo, y si quiere que añada una cosa más…ambos se veían más que acaramelados. — terminó de decir el camarero aun con la voz intranquila, pero ante lo que dijo, el pelibronce por inconsciencia los dejó enseguida en el suelo.

No lo podía creer… ¿cómo era posible?... ¿Anko engañándolo?... ¿A él? ¿Al dueño de su vida?...La respiración se entrecortó, una leve taquicardia lo inundó dejándolo ausente durante unos segundos; no podía creerlo, los celos y la rabia de no saber qué era lo que estaba pasando en su relación estaban perforando su mente y todo su sistema nervioso a fin de que se dejara llevar por la venganza.

—Quién era ese hombre…cómo era…— inquirió él sin dar un buen tono a su voz para poder hacer la pregunta.

—No lo conozco, pero parecía ser joven…de unos veintitantos años, más o menos como ella…y su cabello era extraño, estaba demasiado alborotado y el color era de tonalidad plateada.

— ¿Plateado has dicho?

—Sí, señor. — afirmó con rotundidad el camarero, pero pudo ver que la expresión de su amo no era del todo buena. — ¿Se encuentra bien, amo? — inquirió con incerteza el rubio a la vez que se ponía otra vez la gorra, no era conveniente que le vieran hablar con Hatori Fujisawa.

—S…sí, bueno...acuérdate que mañana…

—No se preocupe señor, todo está controlado…levaremos la misión con éxito. — matizó el falso camarero con una voz que reflejaba total seguridad a la vez que le hacía una pequeña reverencia antes de dar media vuelta y desaparecer de aquella casa.

—Más os vale — matizó el ojiesmeralda con el todo de voz lo suficientemente potente como para que el subordinado pudiera escucharle.

Él volvió a entrar dentro de la casa y se dirigió una vez más hacia el comedor. Después de haber escuchado lo que le dijo el camarero, se quedó pensativo; el hecho de que su Anko le estuviera poniendo los cuernos con otro hombre le ponía enfermo, no se lo creía…ella debía estar atada a él, al "amor" que él sentía hacia ella. No podía ser posible, él la amaba con locura y no quería que otro hombre ocupara su lugar, solo pensar que otro hubiera disfrutado de su cuerpo, de sus besos, de su sensual voz pidiendo ser poseída, de su agradable cariño…simplemente se ponía enfermo solo de pensarlo.

Todas esas cosas que afloraban del interior del pelibronce se fueron al traste en el momento que su móvil personal empezó a vibrar; éste lo sacó de su bolsillo y, al ver la persona que le llamaba, no dudó en descolgar la llamada.

— ¿Qué quieres? — inquirió éste con una frustrada voz.

— ¿Estás ocupado? — dijo ella con curiosidad ocasionando que una media sonrisa maliciosa apareciera dibujada en el rostro del empresario.

—No — matizó él rápidamente a la vez que terminaba de beberse lo que había en la copa.

— ¿Te apetece tomar algo? — preguntó la mujer que estaba al otro lado del teléfono, esperando la respuesta de él.

—No me importaría en absoluto — respondió el ojiesmeralda con picardía ocasionando que desde el otro lado del teléfono se escuchara una descarada carcajada, contentando de esa manera al Fujisawa. — ¿en el sitio de siempre? — inquirió él con curiosidad pero a la vez dándolo por supuesto, estaba claro que esa noche quería divertirse.

—Exacto…te espero allí.

—Oye, sobre lo de mañana…quiero pedirte un favor.

—Dime, Hatori.

—Yügao, quiero que mañana te encargues de la chica.

—Descuida, yo me encargo de todo. Igualmente esa zorra está totalmente drogada, por lo que no tiene fuerzas para hacer nada.

—Aun así quiero que seas tú la que se encargue de ella.

—Está bien, tranquilo cariño, yo me haré cargo de todo— zanjó el tema la pelilila mientras antes de despedirse de él y colgar el teléfono.

El ojiesmeralda dejó la copa vacía sobre la mesita para encaminarse una vez más hacia su habitación, así que sin más rodeos empezó a subir por las escaleras.

...

—Anda que ponerte mi ropa interior atada en el brazo, ya está bien de perversiones ¿eh? — bromeó la chica con una infantil sonrisa mientras cogía una venda de verdad y la enrollaba en el brazo herido de él, el Hatake simplemente besó sus labios. — Bien, ya está —concluyó la pelipúrpura mientras terminaba de hacerle un nudo al vendaje, pero antes de que ésta pudiera devolverle un beso en la mejilla a modo de "gracias", pudo oír cómo unos pasos vacilantes y llenos de terror se acercaban hacia donde los dos amantes estaban, de ese modo consiguiendo alterar a la ojicaramelo. Ella se levantó rápidamente e hizo el intento de volver a esconder a su masajista perfecto en el mismo escondite de antes.

—Otra vez él— susurró por lo bajo el ojinegro con la voz un tanto fría mientras se ponía de pié y se situaba protectoramente delante de la Mitarashi, dispuesto a todo en cuanto el mayor de los miedos de la chica entrara por la puerta; ante eso la ojicaramelo se sorprendió bastante puesto que no iba a pensar que el peliplata se comportara de esa manera tan generosa con su persona.

—Kakashi, no hagas de idiota y escóndete — ordenó la Mitarashi con miedo y nerviosismo en la voz a la vez que tiraba del Hatake, sujetándolo del brazo que no estaba herido, pero para su gran sorpresa el ojiazabache le lanzó una mirada que ella pudo interpretar a la perfección, cosa que le agradeció pero a la vez odiaba.

—Olvídalo, no voy a esconderme más — le respondió él con rotunda seguridad de ese modo entregándole su máxima confianza y protección, cosa que dejó a Anko con la boca entreabierta, no se creía que él se iba a enfrentar a Hatori, aun así no podía permitirlo, no iba a ver cómo su amado peliplateada peleaba contra aquel desequilibrado mental. Acto seguido Kakashi volvió a voltear mirando hacia la puerta de la habitación, pero pudo notar cómo una mano más que conocida se agarraba a su brazo.

—Por favor, hazme caso…—le suplicó la joven obligándole a que volteara, con el fin de que ambos cruzaran miradas.

El sentimiento reflejado en la mirada de la pelivioleta no podía ser más desesperado, el dolor y la angustia brotaban de su cuerpo haciendo que los nervios se apoderaran de su alma completamente; a parte de ese embrollo, no quería que el mayor de sus amores se viera involucrado en tal desastre, ese era su problema y de nadie más, no quería que el peliplateado hiciera ninguna locura por ella y después se viera más que lastimado por el susodicho acto… aun así no quería negar que no quisiera contarle nada al Hatake, sino todo lo contrario, deseaba con todas sus fuerzas confesar todo acto de maltrato que remetía el ojiesmeralda contra ella, que se sentía de tal manera chantajeada y que, por mucho que ella quisiera, no podía hacer nada para remediarlo.

Por parte del masajista no eran más que retorcidas sensaciones las que recorrían su cuerpo, la furia que en ese momento le tenía acorralado no le dejaba pensar otra cosa que no fuera reventar la cara de aquel maldito desgraciado, aquel hombre que estaba hiriendo gravemente a la mujer que era dueña de todo él. La frustración, pero, también ganaba terreno puesto que él sabía perfectamente que la Mitarashi no quería que se interpusiera en sus problemas, y él no podía hacer otra cosa que esperar a que la chica se decidiera ya de una vez por todas en contarle todo lo que estaba pasando en su alrededor, a parte del maltrato, que eso ya lo daba por supuesto…solamente tenía la corazonada que algo más se hervía en esa casa.

—Por favor…— volvió a suplicar la ojicaramelo mostrando una angustia realmente martirizante.

Al ver eso el masajista optó por hacerle caso, bien sabía que si se enfrentaba a ese monstruo podían pasarle cosas horribles a la pelimorada, cosa que él no quería, por lo tanto tuvo que dar su brazo a torcer y se retractó para después con rapidez esconderse una vez más debajo de la cama.

La mujer suspiró con aires de tranquilidad pero al notar aquellos pasos tan conocidos y tenebrosos para su ser, su corazón volvió a incrementar las pulsaciones de ese modo sintiéndose sacudida por dentro; no pasaron más de diez segundos y tal imbécil entró otra vez por la puerta con una mirada más que amenazante.

—Anko, me voy — dijo éste como si nada mientras se acercaba a ella ocasionando que la chica se sorprendiera por esa repentina respuesta.

A Hatori ya le habían contado que su pareja estaba viéndose con otro hombre y realmente eso le enrabietaba puesto que él "amaba" a la ojicaramelo, pero bien era cierto que de momento no iba a decir ni palabra de ese tema, aún quería comprobar ciertas cosas, entre ellas saber quién era el desgraciado que osaba verse con su Anko.

— ¿A dónde?

—Eso a ti no te importa. — susurró con arrogancia el ojiesmeralda mientras posaba un desagradable beso en los labios de la pelipúrpura, pero tal era la repugnancia que ella sentía hacia él que no se dio cuenta y la chica hizo un paso hacia atrás, de ese modo evitando el contacto…manteniendo distancias.

—Eso no son modales — le dijo esta vez cogiéndola con firmeza del brazo derecho para poder acercar el cuerpo de ella hacia el de él, cosa que no pasó desapercibida por el Hatake que estaba totalmente irritado de ver esas escenas tan machistas provocando que la ira y la impotencia se lo comieran por dentro, dejando un desagradable agujero negro en su corazón.

—Suéltame ahora mismo —ordenó con ímpetu la Mitarashi con seguridad y haciéndole frente a su supuesta pareja, tal vez éste le vacilara pero lo que no podía consentir era que le tratara todo el tiempo como si fuera un objeto de usar y tirar, bastaba con observar atentamente la mirada de la chica para darse cuenta de todo lo que sentía y quería dar a entender.

—No me desobedezcas Mitarashi…si no ya sabes que le pasará a la chica — amenazó el empresario regocijándose de alegría al ver la cólera y la ira que apresaban a Anko, ante esa respuesta los orbes de la ojicaramelo se dilataron de tal manera que parecía como si hubiera visto al mismísimo diablo.

—Tócala aunque sea un pelo y juro por mi vida que te mato, Hatori. — advirtió ella alzando su tono de voz de ese modo contentando aún más al pelibronce.

Eso sí que había dolido como si le hubieran clavado un puñal por la espalda, esa respuesta había sido la gota que colmó el vaso por lo tanto la chica no pudo aguantar las ganas de desafiar al bastardo aquel. El Fujisawa sí sabía cómo chantajear a la Mitarashi y eso realmente la llenaba de asco; ella misma sabía que no podía dar un paso en falso si no la persona a la que más ansiaba por volver a abrazar moriría si ningún tipo de compasión.

—No me tientes, Anko — volvió a susurrarle mientras soltaba el brazo dándole un ligero empujón, ante eso la chica comenzó a sobarse la extremidad, en verdad le había hecho daño, pero no era nada comparado con el dolor que remetía su corazón. —por cierto, no me esperes despierta. — terminó de hablar con descaro aquel odiado hombre a la vez que volteaba hacia la puerta con un paso más que vacilante, saliendo con un ego más grande que cualquier otro, dejando de ese modo a Anko allí "sola" en la habitación más que enfadada y molesta.

En el momento que se oyó la puerta de la casa cerrarse de un ruidoso portazo, el Hatake, con diera torpeza, no dudó ni un segundo salir de su escondrijo para después buscar con rapidez e inquietud a su ansiada pelimorada, aun así no tardó demasiado en visualizar su persona. El rostro de preocupación que tenía en su semblante no cambió, se encontró a la ojicaramelo sentada en la cama con los codos apoyados en sus rodillas y con la cabeza aguantándose en sus manos, añadiendo que la mirada de ésta estaba más que perdida. Él dejó escapar un leve suspiro lleno de sosiego y, sin evitarlo, fue acercándose tranquilamente hacia ella, de todas maneras sabía que no se iba a mover de allí. Acto seguido, el peliplateado se situó en frente de su amada y, suavemente, se agachó hasta quedar arrodillado a la altura de la pelimorada, ella sabía que él estaba bastante cerca.

—No sientas lástima por mí, Kakashi —musitó ella en un hilillo de voz, con el susurró bastante apagado demostrando de esa manera que el mundo se le estaba cayendo encima, oír eso realmente le dolió ocasionando que él mismo bajara su mirada hacia el suelo sintiéndose un idiota por no poder hacer nada; Anko no dirigió su martirizante mirada hacia el joven, no quería que el masajista la viera de esa manera…totalmente derrumbada.

El peliplata no sabía que decir puesto que él no era mucho de palabras, no quería meter la pata así que no se le ocurrió otra cosa que avanzar un poco y, con lentitud y ternura, rodear a la Mitarashi con sus fuertes y musculados brazos a fin de que ella se viera llena de seguridad y protección; por parte de la chica no se dio cuenta y ya tenía su barbilla apoyada en el cómo hombro de él, abrazándolo con fuerza.

Quedaron unos segundos de esa manera y el ojiazabache se sentía inútil, incapaz de poder consolar a esa mujer, la mujer que era dueña de todo su ser, aquella que anhelaba todos los días y la mujer que hacía que su vida mereciera la pena. Ante esos pensamientos tan nostálgicos no pudo evitar el hecho de acariciar aquel cabello que tanto deseaba, quería al menos verlo una vez suelto, poder recorrer con sus dedos toda aquella posible cascada de tonalidad púrpura, pero no iba a soltarlo, no sin el permiso de Anko, por lo que se limitó a acariciar con afecto y delicadeza sus cálidas mejillas y la mitad de los mechones que caían en ambos costados de su rostro.

Ante esa muestra de amor y cariño, los sollozos empezaron a hacerse de notar, él supo que la joven necesitaba desahogarse, necesitaba sacar todo lo malo de su cuerpo, y seguido de eso aquellas sensaciones que provocaron que unas pequeñas pero cálidas perlitas brillantes brotaran con diablura de sus achocolatados orbes haciendo de eso una escena realmente triste y desolada para aquellos dos individuos; bien era cierto que el Hatake casi nunca había visto a la Mitarashi llorar, ella era una mujer que demostraba fortaleza y coraje, una persona intimidante y segura de sí misma, pero por contrapartida él también sabía con certeza que la pelimorada a veces podía reflejar debilidad y, en ese momento, era la fragilidad lo que la envolvía. Ante eso el Hatake la abrazó con fuerza pero sin hacerle daño, solo demostrándole que él estaba ahí para lo que fuera.

—Estoy aquí…tranquila. — le susurró con levedad al oído ocasionando que ella hundiera su rostro en el hueco que hay entre el hombro y el cuello, sintiéndose de esa manera protegida ante cualquier peligro.

—No puedo más… — confesó la Mitarashi entre agonizantes lágrimas junto con la voz entrecortada a causa de los incesantes sollozos que arremetían en su pecho, esa respuesta al masajista realmente le dolió.

—Me tienes aquí, no te va a pasar nada. — le consoló el peliplata con un suave pero decido tono de voz para después dejar un agradable beso en su frente, acto seguido dejó caer su cabeza lentamente, de esa manera quedando apoyada con la de la joven, que estaba más que martirizada.

—No lo soporto…todo esto, me mata…ya no puedo más…— intentaba musitar la ojicaramelo en un hilillo de voz, casi sin poder entenderse, sólo el Hatake lo hizo; las incesantes lágrimas todavía se deslizaban por rostro, parecía como si estuvieran disfrutando corretear por aquella agonizante imagen. — Estoy rota por dentro…estos dos últimos años he vivido en un auténtico infierno…cada vez que él se acerca a mi…tengo una sensación horrible…el terror me supera…— susurraba la pelimorada como podía puesto que los dolorosos gemidos hacían del habla, una verdaderamente imposible.

—Te creo, él no te merece…pero, si tan solo dejaras que yo…

—No, Kakashi…tú no vas a hacer nada.

—Pero Anko, por qué…

—Déjalo, no lo entiendes. —dijo la Mitarashi sin rodeos mientras sacaba fuerzas de donde no las había para después levantarse con lentitud y secarse esas lagrimas tan molestas, ya estaba cansándose de sentirse tan frágil.

— ¿Qué no entiendo? Anko, déjame ayudarte. — insistió el masajista ya desesperado por oír una afirmación por parte de su amada, efectivamente que quería protegerla, y si hacía falta pondría su vida por delante con tal de que ella viviera en paz, libre de cualquier problema de ese nivel.

— ¡No, Kakashi! ¡No quiero que lo entiendas, no necesitas entender nada! ¡No debes meterte en mi vida! —vociferó la ojicaramelo con furia dejando al Hatake sin palabras, no creía lo que le estaba diciendo. —Él es un mafioso y si se entera de que tú estás conmigo…no quiero ni pensar que es lo que podría hacerte, así que no te entrometas en esto — argumentó la pelivioleta con reflejando auténtico sufrimiento, pero a la vez intentando superar todas las adversidades que se cruzaban cada segundo por su mente.

Dicho esto, la conversación parecía ser que ya había finalizado por lo que ella volteó bruscamente para poder salir ya de una vez de esa habitación, quería ir al salón y despejarse un rato, aun así al posar su mano sobre el pomo de la puerta con la intención de salir, sintió cómo una más que conocida mano se sujetó a su brazo, de ese modo imposibilitándole el paso. El masajista se acercó con el paso parsimonioso hacia ella, de ese modo cortando distancias, solo unos cuantos centímetros separaban ambos rostros; el cuerpo de la ojicaramelo estaba acorralado ente la puerta de la habitación y el cuerpo del peliplata, podía sentir la cálida respiración del joven chocar contra su rostro, la fragancia del ojiazabache la estaba rodeando por completo terminando de hipnotizarla y lo que colmó el vaso fue el momento en que el Hatake la rodeó por la cintura con la finalidad de acercar su cuerpo al de él de este modo consiguiendo que ambos notaran sus tranquilas respiraciones; era obvio que no tenía escapatoria, si él tenía que decirle algo sabía que no podría evitar oír esas palabras.

—Me importa todo lo que pueda pasarte…no voy a permitir que ese malnacido te ponga una mano encima. — pudo susurrarle cariñosamente el masajista perfecto antes de posar un dulce beso en la mejilla golpeada de la chica, ante eso Anko se vio sin fuerzas y sin poder soportarlo se fundió como el chocolate entre los brazos de él, sintiendo cada latido golpear contra su pecho.

—No quiero que te haga daño…Kakashi, no soportaría que te pasara algo a ti también. — confesó con amargura y preocupación la ojicaramelo a la vez que juntaba su frente contra la de él, de ese modo mirando aquellos penetrantes ojos, color del azabache, aquellos que hacía que ella perdiera completamente la razón.

—Te equivocas, la única que corre peligro eres tú y…perdona, ¿has dicho a mi también?... — inquirió el peliplata pensativo, volviendo a montar la frase de la joven, ante la duda él insistió — ¿acaso hay alguien más que tiene problemas? — preguntó el peliplata inquiriendo una ceja, eso sí que le había dejado descolocado.

—Es una larga historia — confesó ella desviando su mirada, al fin y al cabo había sido "pillada".

—Tengo todo el tiempo del mundo para escucharte — le susurró esta vez con honestidad para después rozar sus labios contra el lóbulo de la Mitarashi, y realmente consiguió impresionarle, claro estaba que su cuerpo estaba dejando corretear libremente algunos escalofríos.

—Kakashi…yo…no sé si debo contarlo. — intentaba retractarse la Mitarashi mientras intentaba controlar sus actos, aunque su cuerpo no le hacía mucho caso puesto que ambas manos rodeaban el cuello del masajista y su respiración estaba empezando a agitarse, eso él lo había notado y estaba claro que Anko deseaba un beso de él…solo uno para hacer el intento de olvidar lo que había ocurrido esa tarde.

—Lo eres todo para mí, no voy a dejar que te ponga una mano encima… prometo que lo va a pagar bien caro.

Dicho esto, él acercó su rostro y, pillando por sorpresa a la pelimorada, hizo rozar sus labios con los de ella para después empezar a moverlos sutilmente, esta vez no había prisas; ante esto la ojicaramelo entreabrió su boca de ese modo dándole total libertad al Hatake. Acto seguido ambos sintieron como las dos lenguas se entrelazaban y jugueteaban la una con la otra, explorando cada rincón de sus bocas; el dulce y exótico sabor de la Mitarashi se hacía verdaderamente adictivo para el peliplata por lo que el beso empezó a volverse más fogoso y pasional, cosa que a la pelipúrpura le hipnotizaba completamente, aun así ambos ya estaban empezando a carecer de oxígeno así que se vieron obligados a separarse, pero no antes de que Anko le mordiera con suavidad el labio inferior, de esa manera haciéndole entender que le estaba totalmente agradecida por todo lo que estaba haciendo por ella.

Sin decir palabra, ella abrió la puerta de la habitación y se encaminó hacia el salón de la casa seguida del Hatake, aunque por mucho que quisiera reflejar tranquilidad algo le inquietaba, una misma pregunta le estaba torturando mentalmente ocasionando que las contradicciones emanaran de su subconsciente, no sabía por qué, no sabía si debía decirlo y si lo decía no sabía por dónde comenzar, cómo actuaría él, si se lo tomaría para bien o para mal…todo era un lío que daba vueltas todo el tiempo…¿realmente debía contar toda la verdad a Kakashi?

Continuará…

Bueno, aquí termina el capítulo 3 ¡y qué largo se me ha hecho! Pero la cosa está planeada de esta manera así que no quiero cambiar el tamaño de los capítulos, igualmente me disculpo por si se os ha hecho muy pesado.

Una cosa está clara, esta historia quiere poner algo en manifiesto, y creo que vosotros lo habréis notado, efectivamente esto es una especie de protesta contra el maltrato a la mujer. Para mí y creo que para todos este es un tema bastante delicado e importante, un tema que por mucho que se luche todavía no ha terminado.

En el caso de Anko, sé por antemano que todas la conocemos por su fuerte carácter, una mujer capaz de hacer frente a cualquier cosa, pero lo que quiero dar a entender con esto es que por mucho que sea así sigue siendo persona, y cualquier persona tiene miedo a algo y creo que el maltrato lo refleja a la perfección.

Bueno, yo espero de todo corazón que os haya gustado el capítulo, ¿merece reviews o no? Vosotros decidís. Yo agradezco que leáis esta historia, a mi me hace muy feliz ^^

De verdad que siento haberme tardado tanto, como ya he dicho al principio tenía un montón de exámenes y deberes ¬¬ por lo que he tenido que aplazar la escritura para estas vacaciones de Navidad ¡Menos mal de las vacaciones! Jejej.

Desde aquí os animo a que escribáis historias KakaAnko y que luchemos para la causa, que el baka de Masashi por fin junte a estos individuos que seguro son mucho más que amigos

Otra cosita, tengo algunos regalos perdidos por mi ordenador para algunas autoras (Pochi vestida de Papá Noel con un saco mínimamente grande)… ¿están terminados? ¡NO! Jajaja lo siento, cuando estén yo ya avisaré (Pochi se vuelve con el trineo) ^^

Me despido enviándoos un abrazo muy fuerte. ;)

QUE LLEGUEN GRANDES MOMENTOS, QUE SE CUMPLAN LOS PROPÓSITOS Y QUE SE ACABEN LAS CUESTAS ABAJO ¡SALUD Y AMOR! ¡FELIZ AÑO 2012!

By:Pochi-san.