LOCURA
"¡Me voy a volver loco si no la veo de nuevo…no…si no la veo en segundos!… ¡dios!
Creí poder enfrentarme a lo más peligroso que pudiera haber en la selva. Estuve todos estos años preparándome mentalmente y físicamente para ello, para las criaturas más salvajes, para los amenazantes insectos, para no caer en arenas movedizas, para el cansancio de mis piernas, para ocultarme cuando el manto oscuro de la noche cayera, para saber que alimentos poder tomar de la tierra, para protegerme de tribus guerreras. Sabiendo que arriesgaba mi vida en ello me adentré en el más profundo corazón de la selva, para encontrar la cuna de los brazos de mi madre. Para despojarme de la fiesta de disfraces que era mi vida, para lavarme de la asqueante rutina. Juré y perjuré que intentaría traerla de vuelta a mi vida. Decidí vivir mi propia aventura…liberé la ansiosa locura de mi alma y encarcelé la fría razón.
En cambio, a pesar de toda mi preparación exhaustiva, mi corazón se acobardó al verla. La mismísima Venus ya no ascendía de la profundidad de los mares, ahora se sumergía en el corazón de la imponente selva. Ya no emanaba paz interior, ahora se sentía intrépida. No se disfrazaba como la más bonita dama, ahora se revelaba en su estado más naturalmente puro y salvaje. Dejó de ser señora para nacer guerrera.
Intentó quitarme la vida con su flecha y si así hubiera sucedido mi corazón preferiría morir mil veces atravesado antes que seguir viviendo sin haber experimentado la sensación de estar bajo ella. Ya hubiera sido ella el mismo demonio con sus artimañas, que sin duda yo le hubiera rogado que me llevara con ella al mismo infierno.
Y de repente, se invocó a la compasión, al perdón, y al respeto y su flecha no disparó.
Había tocado con mis dedos la seda de su piel, mis ojos se fundieron con la miel de los suyos, nunca mis oídos habían escuchado las más bella melodía del latir de un corazón, ni mis heridas habían calmado como con aquella quimera que dejaban las caricias de su lengua y sus labios, ella me había tocado el alma con efímera paz para que en segundos sintiera en mi ser el estruendo de la guerra.
No sentía ni el dolor que me provocaba en mi cabeza tener agarrado mi pelo en mis puños. Ni el calor que me agotaba por completo. El sol estaba en lo más alto del cielo, y si no hubiera sido por la frescura que emanaba del estanque, me hubiera asfixiado o desmayado.
-¡Sobreviviste a la locura!- me sobresalté a sentir su voz y el más embriagante de los aromas sobre mi cuello. Me giré lentamente mientras ella retrocedía centímetros. No sé si la locura era provocada por la soledad de mis horas sin verla o si era lo que me provocaba cuando mis ojos naufragaban en los suyos.
- No me dejaste más remedio- dije con una sonrisa de medio lado.
-Podrías haberte ido, podría haber recapacitado y darte muerte entre mis manos en estos instantes-dijo peligrosamente pero divertida a la vez. En sus manos…la mejor de las muertes que hubiera soñado, sin duda.
-No me gusta defraudar a la gente
- ¿Ni si quiera a la que podría robarte la vida?- y aún seguía con su sonrisa divertida.
-Igual que se respeta a la persona que te da la vida también se debe respetar a la que por algún motivo te la quita…-ahora sus ojos me miraban con expectación.
-Ya te has alimentado?- ni siquiera había podido pensar en ello, mi cuerpo solo anhelaba tocarla de nuevo.
-No, pero creo que no tengo hambre.-dije pensativo.
-Deberías comer algo, te he traído frutos y un poco de carne de cocodrilo asada.
-¿De cocodrilo?
-Si, ¿nunca la has probado?
-No, pero lo puedo hacer ahora.
Ella me ofreció una especie de bolsa hecha con hojas enormes atada con hilos de caña. La abrí y dándole una breve mirada, ella asintió con su cabeza dándome permiso para que empezara a comer. Empecé a comer carne de cocodrilo.
-¿La has cocinado tu?
-Sí- me dijo brevemente y estudiándome con su mirada.
Cuando acabé me dispuse a comer la fruta. Le di un bocado a una y sentí como se humedecía mi pecho. Me di cuenta en seguida que me estaba poniendo perdido con el juco de la misma y miré hacia abajo para limpiarme lo que mi camiseta dejaba ver de mi torso. Alcé mis ojos para encontrarme con los de Bellaluna que me miraban con…¿deseo? Desvió la mirada y me miró a los ojos de nuevo. Se sentó en la orilla del pequeño estanque mientras yo terminaba de morder mi último bocado de aquella fruta deliciosa y exótica. Me dispuse a sentarme a su lado y le eche un vistazo a su cara. Sus mejillas estaban teñidas de un color rojizo que contrastaban con su piel color almendra.
-Gracias- le dije con el corazón en la mano.
-¿Por qué?- me dijo con la duda en sus ojos.
-Por no matarme, por alimentarme, por protegerme de los peligros de la selva…
-No hay más peligro del que tienes a tu lado- me dijo penetrando sus ojos en mis ojos- podré salvarte de las criaturas de la selva pero no de…-se calló rotundamente, sin poder desviar sus ojos de los míos.
-las Amazonas- le dije seriamente. Siguió mirándome con temor, con sobresalto y con duda en sus ojos.
Había oído hablar de ellas, sabía que vivían en la profunda selva y que mataban a todos los hombres que se interponían en su camino, que luchaban contra los que destruían su "casa" y la paz de sus vidas. Pero ella no me había matado, me había perdonado la vida y me estaba ayudando a sobrevivir. Aún no conocía a las demás, ni cuantas habían, pero algo me decía que no iban a tener compasión conmigo, me aniquilarían en el mismo momento que me descubrieran y no podría escapar de una muerte segura. Aún sabiéndolo, correría el riesgo solo por estar deleitándome de la compañía de la mismísima Venus. No me iba a rendir ahora que la había encontrado, y cuando mi corazón me dictaba que siguiera, que allí mismo encontraría las respuestas a las preguntas que me había hecho toda la vida.
-¿Sabias quien era y aún así arriesgas tu vida?
-Hace mucho tiempo que mi corazón le ganó a la razón, y él es el que me guía, él es el que persiste en quedarme, en no marchar corriendo. No quiero volver atrás, no tengo nada que me espere, ni un trabajo, ni una familia…lo dejé todo en el pasado y ahí es donde debe estar. Quiero vivir con el presente, con el ahora.
-¡Que irónica situación! Tú quieres olvidar el pasado y yo quiero encontrar en él los porqués.
-¿El porqué de qué?- me había perdido por completo.
-El porqué estoy en este lugar, el por qué eligieron que mi vida fuera esta, el por qué yo y no otra.- estaba seria, ni halo de luz recorría su rostro, le cubría la tristeza en sus palabras y yo me moría por despejar tal emoción de su cara.
Posé mi mano en sus mejillas y le acaricie con los dedos. Era tal sensación la que me producía el roce de su piel, que todos mis sentidos se veían aumentado por tres. Si tuviera todas las preguntas a sus respuestas se las daría incondicionalmente. Me miró con dulzura y noté como un escalofrío corrió su cuerpo y aparté mi mano.
- Has venido antes de media noche…-quería cambiar de tema, me resultaba difícil no poderle ayudar con su incertidumbre.
-Pensé que no aguantarías mucho tiempo vivo sin comer. Aquí solo puedes gozar de tranquilidad, puedes beber cuando tengas sed, gozar de la sombra de los árboles y escuchar el murmullo de los animales a su paso, pero no coger nada para comer. No quiero matarte de hambre…- me dijo con un tono de voz suave y disimulando una sonrisa.
-¿Te quedarás?- pregunté impacientemente, odiaba la idea de que se fuera sin más.
-No, debo de vigilar las fronteras. De momento todo sigue el transcurso de la vida en la selva, pero nunca se sabe cuándo, ni cómo, ni dónde, ni porqué, ni quién quiere interrumpir en ella.
-¿Y esta noche te veré?- pregunté impaciente.
- ¿Estas asustado?- preguntó divertida.
- No, pero no deseo estar solo, ya pasé 28 años así.
-28 años?
-Si, no hay nada como estar rodeado de una gran multitud y sentirte solo y vacio.- Así es como describía mi antigua vida.
- Si lo que quieres es mi compañía, la tendrás, pero no sé si será la mejor de todas.- me sorprendía la agudeza de sus ojos. Realmente con esta mujer no sabía cómo iba a transcurrir los hechos, era imprevisible sus palabras y sus gestos. Era todo lo contrario a lo que había conocido de las mujeres de mi entorno. Me quedé sin palabras. Quería decirle que era la mejor compañía que había tenido en toda mi vida.
Y sin decir más, se levantó y se dispuso a desaparecer. Cuando me di la vuelta, solo pude ver su fugaz mirada entre la hoja de los arboles. Solo me quedaba esperarla, a ella o a que desapareciera mi impaciencia por verla.
Ya caía la noche y con ella se aumentaba mi nerviosismo por verla. Desde que detuve mi paso en la selva, en este misterioso rincón, me había dedicado a pensar en todo el camino recorrido, en lo que buscaba y en lo que había encontrado. Sabía que estaba cerca de mi objetivo. Había guardado mi mochila entre los arbustos donde me encontró Bellaluna, teniendo mis pertenencias cercas y vigiladas. Lo había escrito todo en mi diario de viaje. Era el único pasado que quería recordar cuando todo pasara. Ni siquiera me había preocupado en comer, ni en lavarme. Ahora que se calmaba el calor en la selva, pensé que antes de encontrarme con su presencia, la mejor forma de apaciguar mis nervios era dándome un baño y me dispuse a ello.
Me quité la ropa y la dejé en un lado de la orilla. Pasé mis ojos por la herida de mi pecho y me di cuenta que casi ya había sanado del todo. Aún recordaba la sensación de su lengua en mi cuerpo…mi dulce quimera. Me adentré en el agua tibia y en calma y respiré hondo antes de descubrir su fondo. Inspeccioné la zona más profunda del estanque y descubrí que los seres que vivían en él eran inofensivos. Cuando salí a la superficie, me dispuse a lavar la ropa y cuando acabé la estiré a lo ancho de una roca que yacía al lado del estanque. Empecé a nadar suavemente y adentré mi cabeza dentro del agua para que mis pensamientos igual que mis músculos se relajaran. Cuando ya había agotado mi limite de aire en mis pulmones, dejé que mi cuerpo flotara a las superficie y cuál fue mi sorpresa que vi a Bellaluna de espaldas como buscándome inquietamente.
No se había dado cuenta de mi presencia y mi traviesa cabeza tenía una idea. La cogí desprevenida de su cintura y la empujé suavemente al estanque. Ella se movió inquieta y se escabulló de mi agarre para sacar un puñal de su cintura y apuntarme con él en dirección a mi pecho. Me quedé muy quieto mirándola a los ojos. En sus ojos ardía fuego. Estaba completamente empapada, el agua corría por su piel y sus cabellos mojados. En mi cara se dibujaba una sonrisa de medio lado.
-¿Estás intentando quitarte la vida?- preguntó con un tono molesta.
-Nunca te relajas, ¿verdad?, siempre estás en alerta, y cuando te sorprenden sacas tu puñal.
-Así es- me miraba peligrosamente
-Lo tendré en cuenta, pero permíteme conocer tu lado más apacible, relájate ¿quieres?- relajó su tensa mirada y las facciones de su cara se apaciguaron- por una vez disfruta de este paraíso en compañía.
-Si me hubieras invitado a ello antes de tirarme al agua, podría haberme relajado mucho antes.- esta mujer siempre tenía la última palabra. Guerrera, sí, hasta en la guerra de las palabras.
Me dio la espalda para dejar su puñal en la orilla y se giró con una sonrisa divertida. Me estudió con la mirada y vi florecer en su piel el más reluciente de los sonrojos. Me miraba y miraba a mis ropas en la roca y casi noté nacer mi rubor cuando me di cuenta que había notado que nadaba desnudo. No podía ser que el silencio nos embaucara de ese modo, tan guerrera como era, la Venus nacida en la misma naturaleza, se ruborizaba por mi desnudo. Me acerqué un poco más a ella cuando movió su cabeza para desechar la idea y se dispuso a nadar lejos de mi evitando mi mirada y la proximidad de mi cuerpo.
-Bellaluna
-Sí, dime.- dijo rápidamente
-No muerdo- dije divertido, quería ver de nuevo el sonrojo de sus mejillas.
-Ya lo había notado, pero yo si que lo hago y necesito nadar para tranquilizar mi pequeña furia- que bien disimulaba en sus palabras en porque de esta situación.
Nos quedamos en silencio, ella en un lado del estanque y yo en el otro mirándonos y analizándonos.
-¿Crees que tu madre está cerca de aquí?- Me sorprendió con su pregunta porque por un instante no tenía en mente a mi madre.
-Se que está cerca, lo presiento.
-¿Dónde? Si no hay vida humana a muchos kilómetros de aquí.- noté la desconfianza y la duda que le hacia mi presencia en el lugar.
-Bueno…tu poblado está cerca de aquí si no me equivoco, y sois más de una mujer, ¿no es así?
-¿Piensas que tu madre es una de las amazonas?
-Podría
-¿Y qué te hace pensar que ella no te matará en cuanto te vea sin saber que eres su hijo o aún sabiéndolo? Te recuerdo que, por muy duro que suene, nosotras os odiamos y no pensamos dos segundos en mataros.
-Tú dudaste, ¿por qué ella no lo haría?
- Porqué somos muy diferentes entre nosotras, cada una tiene un "don", pero no creo que en nosotras exista la compasión hacia un hombre.
-¿No? ¿Y cuál fue el tuyo al dejarme vivo?
Me miró con desconcierto y se acercó lentamente a mí. En ese instante creía que me desmayaría al verle caminar entre las aguas tan elegantemente. Sí, sin duda era mi diosa. Arrimó lentamente su rostro al mío con una mirada penetrante.
-De momento, te has ganado mi perdón por el simple hecho de que no buscas destruir mi hogar ni a mis hermanas, pero puede que un futuro no sea así.
-Haré que confíes en mi- le dije dulcemente y acercándome más a ella-prometo no defraudarte. Solo quiero que me ayudes a buscar a mi madre. Solo tú puedes saber cómo me siento, a ti te robaron de los brazos de tu madre a mi me robaron a la mía. Por favor, no hay más deseos en mí que poder conocerla- aunque sus labios eran un deseo mayor.
-No sé cómo podría ayudarte, sin verte morir- dijo sincera y más cerca que nunca de mi.
Me aparté de sus ojos y la tentación de besar esos labios rojeados, necesitaba jugar bien mis cartas y lo que no podía hacer en este instante era devorarla si quería que primero confiara en mi completamente.
Me decidí a salir del agua completamente desnudo y oí en mis espaldas como Bellaluna decía algo bajito dándose la vuelta para no poder ver mi cuerpo. Me fui hacia el matorral donde guardaba mis pertenencias y me vestí con una muda limpia, una camiseta de tiras de color negra y unos pantalones largos y finos negros. Me fui hacia el estanque para ver que las ropas de Bellaluna estaban secándose al lado de las mías y ella sacaba la cabeza del agua tranquilamente.
- Poseo un recuerdo material de mi madre. Estoy seguro que ella me lo regaló cuando yo era un bebé. Tengo la esperanza de que ella lo vuelva a tener entre sus manos y que sepa desde donde ha viajado y con quien. Si mi madre es como mi padre la describió, perdonará el hecho de mi masculinidad.
- ¿Te has olvidado de las demás? Si tu madre es una amazona y te perdona, ella no correrá tan buena suerte, ni tú tampoco.
-Debo de intentarlo, me arriesgaré a ese hecho. Si la vida de mi madre corre peligro yo daré la mía por la suya.
Bellaluna me miraba con respeto. Empezó a nadar lentamente hasta la orilla sin dejar de clavar sus ojos en los míos. Empezó a caminar lentamente hasta la orilla cuando dio con los pies en el suelo del estanque y comprendí que se estaba mostrando desnuda ante mí. No era idiota. Ella me estaba poniendo a prueba. Ella quería saber si el respeto era mutuo, así que no dejé de mirar sus ojos y oré para que mis ojos no se deleitaran con las curvas de su cuerpo, para que mi ser no se excitara con aquella escena tan sensual y salvaje. Puse a prueba mi autocontrol y me dediqué a aguantar su mirada hasta que llegó ante mí, peligrosamente cerca, el agua resbalaba en su piel como si llovieran diamantes, noté el calor que emanaba su cuerpo en los poros de mi piel e inhalé la frescura del olor de sus cabellos. Me lo estaba poniendo tan difícil… y a dos centímetros de mis labios ella susurró.
-Te ayudaré…- me quedé muy quieto y noté que se acercaba más a mí, a casi un centímetro de rozar mis labios con los suyos, se quedó en silencio por un instante para continuar- no me falles.
-No he pensado en hacerlo- dije lo más calmado posible y con un tono seductor en la voz. Si ella quería jugar a eso yo sabía muy bien cuáles eran las reglas de este juego. Continuaba tan cerca, que mi autocontrol casi se esfumó al notar sus dedos acariciando mi abdomen por encima de la camiseta. Salvajemente peligrosa, ella podía ganar con creces a este juego y me lo hizo saber con su mirada.
-Ahora, date la vuelta- me dijo lentamente y divertida.
Así lo hice esperando a que se vistiera mientras cerraba los ojos un instante, respiraba hondo dejando a mis músculos relajarse. Oí como cuidadosamente se vestía y se acercaba a mi espalda.
- Mañana será otro día- me susurró en el oído.
Cuando me di la vuelta de repente me acompañaba de nuevo la noche, solo la noche y el recuerdo de lo vivido como si todo hubiera sido un sueño.
