LECCIONES

-Istar! Istar!

-Que! Que…que pasa?- se dio la vuelta en su camastro refregándose los ojos con las palmas de las manos.

-Necesito hablar contigo, ya no puedo más- le dije nerviosamente

Se apoyó con los antebrazos y recorrió sus ojos por mi cuerpo.

-Estas totalmente empapada! ¿Ahora te bañas con ropa?

-mmm…no…bueno…déjame explicarte.

Le conté todo meticulosamente porque sabía que no podría esconderle ni el más simple detalle. Con sus dos ojos bien abiertos me analizaba cuando finalicé mi monólogo.

-Bellaluna, no te reconozco.

-Istar, no os quiero defraudar. Pero no voy a matarlo, no puedo.

-Es un hombre Bellaluna, si no lo haces tú lo hará otra.

-¿Y serás tú?

-Por supuesto que no! Haré como si no supiera nada.

-Istar, no sé cómo explicar lo que siento. Eres como una hermana para mí. Solo te pido que me comprendas, que compartas lo que siento.

-No entiendo…

-Físicamente es un hombre como tantos otros, pero su alma es pura. La naturaleza se rebeló ante el castigo que quise someterle después de descubrir que había interrumpido en nuestro hogar. Una libélula azul se poso en mi flecha, y me vi incapacitada para dispararla. No busca tesoros ni tierra ni poder, solo está buscando a alguien.

-A alguien?- se quedó helada.

-Sí, pero no para hacerle daño, si no para conocerla. Busca a su madre.

-A su madre…interesante… y que le ha llevado hasta aquí?

-Istar, recuerdas nuestros primeros días aquí? No nacimos en este lugar, nos secuestraron. Pues hay alguien entre nosotras que tiene una historia parecida. Necesito identificarla y hablar con ella. Quiero ayudarlo. Si yo estuviera en su misma situación…bueno, le estaría enormemente agradecida…ya no es por bondad, es una necesidad.

-Te entiendo.- me dijo dulce y suave y con aprensión en su mirada

-Que entiendes?

-Todo…lo vi venir. Me lo revelaron las estrellas.- dijo tranquilamente

-No me dijiste nada? Podría haberme prevenido.

-Todavía no has de prevenirte de nada. Bellaluna, no todo está decidido, el futuro es incierto, lo puedes cambiar. Puedes matarlo y arrepentirte de no haberlo ayudado y tu vida seguirá siendo la misma o puedes ayudarlo y actuar con moralidad, pero en el transcurso de los días ese hombre te marcará la vida y tendrás que tomar difíciles decisiones.

-De que manera me la marcará?- pregunté sin comprender.

-Creo que ya te ha marcado, hermana- me miró fijamente penetrando en mi alma y hallando la razón- tú corazón late al ritmo de tambores, tus ojos brillan, y el magnetismo de tu alma ha encontrado su polo opuesto, tan grande es esa atracción que estás aquí físicamente presente pero tu alma vaga lejos de esta cabaña.

-¡Estás loca Istar! Yo no amo a ese hombre! Ni siquiera lo conozco, hace nada estaba desconfiando de su palabra hasta que me ha mostrado sus razones.

- Tu razón te ciega, pero llegará el día en que tu alma se rebele y tus verdaderos sentimientos acaparen tu ser.

Me quedé callada mirándole encontrando en su rostro sinceridad. No podía creer lo que me estaba diciendo, pero si algo tenía claro es que iba a ir con pies de plomo, al fin y al cabo, como dijo Istar, el futuro es incierto…pero el presente es totalmente mío. No podía dar ni un paso erróneo, tendría que buscar a esa persona primero, después tendría que convencerle de que lo conociera y lo más difícil de todo, tendría que convencer a las Amazonas de que le perdonaran por ser hombre y que me perdonaran por no matarle.

-Duerme, hermana.- le dije acariciando su frente.

-¿Estarás bien?- preguntó preocupada

-Sí, no te preocupes por mí, necesito descansar y aclarar mis ideas, me voy a mi cabaña. Buenas noches- Me levanté y salí trepando de liana en liana hasta llegar a mi cabaña.

Las horas se me hacían eternas, dando vueltas por la cabaña, pensando en el mal y el bien. Moralidad. Filosofando…nunca había dudado de mis acciones hasta este preciso momento. No podía más, tenía que ir a verle.

Estaba escondida entre las ramas de los arboles cerca del estanque. Podía verle sentado apoyando su espalda en el tronco de un llorón. Sujetaba en sus manos una especie de libro y anotaba con un lápiz cientos de palabras. ¿Qué era eso? Fuese lo que fuese estaba presenciando un momento íntimo de aquel hombre, porque nunca le había visto tan concentrado ni lejos de la misma realidad que lo rodeaba. En el aire presenciaba su fragancia y…la de algo más. Ese olor felino estaba cerca. Subí un poco más alto de lo normal para contemplar a los alrededores y visioné a una criatura cerca del estanque. Era una cría de jaguar que se adentraba silenciosamente al claro donde estaba Edward. Él seguía ensimismado en aquel libro sin darse cuenta de lo que pasaba a su alrededor. ¿Cómo era tan estúpido de no estar en alerta en la noche? ¿Sabría defenderse si lo atacara? Sin duda, el animal no le haría nada a no ser que él lo atacase.

Contemplé como la criatura ya estaba casi a su lado y Edward dio un respingo y se puso en alerta sacando un cuchillo de sus botas. "No, estúpido hombre de ciudad". El animal se puso en posición ataque defensiva y Edward empezaba a rodearlo. El pequeño jaguar defendía su posición y Edward le repetía constantemente:

-No te atreverás pequeño…

Nunca visioné una mirada tan felina como la suya. En ese instante me percaté de que el hombre que tenía en frente mío podía ser más peligroso de lo que me hubiera imaginado, pero también era un ignorante de las relaciones animal-hombre en la selva. Ya le habían atacado una vez. ¿Creía que podía con otro ataque sin salir herido? ¿Cómo se atrevía a dañar a una criatura? Ciertamente los hombres podían ser necios, ignorantes e insensibles…y él no era una excepción por lo que veían mis ojos.

El pequeño jaguar estaba a punto de saltarle encima. Tenía que hacer algo. Salté hacia la liana más cercana y me deslicé hasta llegar al suelo interponiéndome entre ellos. Edward no se movió de su sitio pero el pequeño jaguar retrocedió sobre sus pasos, olisqueó y se fue entre las malezas de la selva. Me quedé mirando por un largo rato el camino por donde se había ido la criatura y escuché como Edward se relajaba y me susurraba un gracias. "Estúpido" pensé. Me giré hacia él muy poco a poco y la sonrisa que por un momento vi en sus ojos se difuminó cuando me observó detenidamente.

-¿Crees que te voy a salvar de todas o intentas que te cure de nuevo? Le pregunté irónicamente. Vi su cara de sorpresa y un brillo de deseo en sus ojos. Sí, era peligroso, pero no en el sentido mortal, si no carnal.

- De las dos opciones prefiero la segunda. ¿Cómo lo has hecho? ¿Por qué no te atacó a ti?

- ¡Eres un estúpido hombre de ciudad! Sabes cómo caminar por el asfalto y crees que sabes defenderte de un animal. No! Espera! De una pequeña criatura.- Le dije roja de enojo.- ¿ Te hubieras enorgullecido si lo hubieras matado, verdad?

- Ni mucho menos, pero tenía que defenderme- me dijo a la defensiva.

- ¿Defenderte de un cachorro? Escúchame bien bebé! Aquí también existen las leyes, y su autoridad las impone la tierra que pisas, el aire que respiras, el agua de la que bebes y el fuego que te calienta las noches. – estaba subiendo poco a poco mi tono de voz y sentía que cada palabra salían como cuchillos mientras que él me miraba serio- Uno: No ataques si no quieres ser atacado, Dos: Respeta la vida, Tres: Cuida todo lo que te rodea, porque "ella" te dio la vida. Lo has entendido? – Se acercó a mí un paso más y mi armadura empezó a caer poco a poco pero tenía que ser dura, tenía que aprender si quería sobrevivir hasta encontrar lo que buscaba.

- Perfectamente- dio otro paso más- gracias.- me dijo aún con deseo en los ojos. Me estaba poniendo nerviosa, tenía que endurecerme si no quería echarme a su cuello como lo hubiera hecho ese pequeño jaguar. Este hombre me hacía sentir las más peligrosa de las panteras y a la vez desconfiaba por solo hecho de ser hombre.

- No me des las gracias, si le hubieras atacado debería de haberlo matado. Estaría incumpliendo las leyes solo por la vida de un hombre- Mis palabras fueron frías y duras y pude ver como sus ojos se achicaban y me miraban imponentes.

- Pero no lo has hecho, deja de lamentarte por un " y si...". Aunque te agradezco que pensaras en escogerme a mi.- Me ardía la cara. Me ardía el cuerpo entero cerca de ese hombre. Sus ojos me consumían de deseo por dentro. Respiré hondo cuando se acercaba más y más a mí. No podía moverme de mi sitio, era la única vez que sentía como me atacaban y como si estuviera hipnotizada no podía mover ni un solo músculo. Su mejilla rozó con la mía y me susurró suave y seductoramente en el oído: "Bellaluna, entre tú y todas las cosas amenazantes de este mundo, yo también te escogería a ti, aunque tuviera que saltarme la ley." Mi nombre en su boca sabia al más dulce veneno.

Se apartó, pero dejó su cara a 10 cm de la mía. Él quería jugar y tendría su juego y le haré recordar que en la vida a veces se gana y otras se pierde. Rocé mi boca con la comisura de la suya y noté como se puso tenso de golpe y entreabría sus labios esperando los mios. Estuve a punto de devorarle pero me contuve con toda mi fuerza y me desvié hasta su oreja para atrapar entre mis labios el lóbulo y dejarle una pequeña caricia de mi lengua.

-Me siento alagada por ello, pero no olvides que no hay nada más amenazante que un humano contra un humano, y aún más, te recuerdo que nací mujer, me convertí en una Amazonas y te perdoné la vida. No hagas que me arrepienta de ello.

Esta vez fui yo la que me posicioné a 5 cm de él y cuando mis ojos ya no aguantaban el poder de los suyos me giré y empecé a caminar hacia la selva. Antes de que pudiera reaccionar, él me sujetó de la muñeca y me giró a él bruscamente pegándome del todo a su cuerpo. Ardía todo mi cuerpo, desde las uñas de mis pies hasta las puntas de mis cabellos. Nuestras miradas se fundían en deseo. Ya no podía ser más fuerte con este hombre, era sobrenatural la reacción que tenía en mi cuerpo con solo rozarme, hablarme o mirarme. Mi parte más amazona me gritaba que me alejara de él, mi parte más humana que no me impusiera a la naturaleza y me dejara llevar.

-¡Suéltame o…

-¿O qué?

Su boca se acercó muy lentamente a la mía, y noté el roce de sus labios en mis labios. Se separó unos 5 centímetros, cerró sus ojos y me susurró:

-Nunca he sido tan débil delante de nadie. Nunca me he dejado llevar. Y me asombro de mi mismo por esta sensación que me confunde, que me vuelve loco cuando tu te vas. Solo se que nunca he conocido a nadie con el alma tan pura, nadie que sea más fuerte que yo, con más determinación. Haces que cada paso que dé tambalee sobre mis pies, que me detenga si tus ojos me lo piden, que mi cuerpo arda cuando te roce, que desaparezca la razón por la que vine hasta aquí. Dime que no quieres que me acerque 5 centímetros más y no lo haré…pero quédate esta noche- abrió sus ojos lentamente y mi alma se fundió en ellos. No hacía falta que nos acercáramos porque ya nos estábamos besando con la mirada. Pude ver dentro de él y sé que él vio dentro de mí. Y allí aparecieron de nuevo mis miedos a lo desconocido y a lo prohibido.

-Me quedaré esta noche- fue lo único que pude prometerle.

Pasó por mi lado rozándome y dando los pasos suficientes para llegar cerca del estanque y se tumbó. Lo imité y estuvimos contemplando toda la noche el frondoso cielo lleno de estrellas. No sé en qué momento nos quedamos dormidos, pero mi cuerpo descansó en paz como no lo había hecho durante tanto tiempo.

No sé si os está gustando la historia. Por mi cabeza pasan miles de preguntas, como continuar, que es lo que esperáis, a que os recuerda…

Me encantaría leer vuestras opiniones, pero solo tengo un rewiev! Jejeje!

Igualmente me alegro de teneros como visitantes! Espero que algún día seáis huéspedes de esta historia! Bienvenidas/os!

Sé que tardo muchísimo en colgar nuevos capítulos, pero no puedo escribir cuando no hay inspiración.

¡Gracias por vuestra atención!