– H-Hola! Soy Sherlock Holmes…
– Yo me llamo… Alice, Alice Di Alexandros. – Sonreía con mucha dulzura.
– Oh, Sí, Mucho gusto… ¿Y estás sola por aquí? ¿Dónde vives? – Preguntaba un pelinegro curioso, tirando ya el palo, recargándose en un árbol cerca de ella, cruzado de brazos.
– Vivo en la granja, más allá del sendero. – Señalaba un camino largo que recorría varios kilómetros de hermosas llanuras desnudas.
– ¿Y qué te trae por aquí?
– Huir de mis papas… – Se reía con inocencia, al tener esa edad, la niña parecía muy despierta.
–… Bueno, yo soy un pirata. – Dijo con un toqué de emoción, por fin tendría con quien jugar y no tener que estar suplicando a Mycroft por un poco de atención. – Podrías ser un marinero!, si gustas jugar, claro.
– ¡Cómo no!, ¡me encantan los piratas!.
Y entonces así pasó, y cada verano hasta cumplir 13, ambos muchachos se veían, pero cada uno había comenzado a seguir por otros senderos, uno más que el otro, se interesaba por cosas más Reales, más con lógica y pensamiento, lo que hacía que la chica le creciera más el interés. A los pocos meses de rencontrarse en el 13 cumpleaños del pelinegro, la chica le decía que su madre había muerto a causa de su padre, alcohólico. Y que tendrían que mudarse, pues la granja también estaba yendo en decadencia.
Una noche antes de mudarse, la joven había citado al pelinegro, en donde se habían conocido. El paraje era melancólicamente conocido.
– Sherlock… '¿Me extrañarás cuando me vaya?
– Ya te lo he dicho, Alicia. Yo no cuento con esa clase de…
– Si. si, de "sentimientos", por nadie.., y no lo harás jamás… – Suspiraba desilusionada recargándose en sus manos, esté la miraba y le colocaba una mano en la espalda, dándole unas palmaditas, no le gustaba lidiar con clase de problemas así.
– Lo siento, pero me conoces.
– Lo sé… Sherlock… – Esta le tomaba de las manos, mirándole con una esperanza fugaz y creciente en los ojos. – Cuando seamos grandes, si aún tú no encuentras a nadie… A nadie que te haga sentir feliz. ¿Te casarías conmigo?
–¿Qu-Que! – Se sorprendía mirándola con los ojos abiertos de par en par. Pero al ver la seriedad con la que lo veía, simplemente dejo salir un suspiro– Si a los 30 no encuentro a nadie, está bien, me casaré contigo.
– Pero es en serio, Sherlock Holmes!.
– Sí sí, tranquila… - La soltaba mientras, ya se sentía por demás incomodo. – Mejor será que regreses, tu padre no te encontrará cuando despierte de su resaca y… – Entonces sintió unos labios que le invadían los suyos, y con un un gran saltó, se retiro. – A-Alice!.
– Lo siento… Pero era mi despedida.. – Se rió con alegría y se fue corriendo con el corazón latiendo a mil por el chico.
–Jamás entenderé a las personas y sus innecesarias "muestras" de cariño… – Susurraba para sí, para voltear a todos lados y acomodarse su abrigo, y bufanda, para regresar a su casa.
Y entonces abrió los ojos, sintió un pesado dolor en el corazón. Esa chica por dulce y tierna que pareciese, en realidad se había obsesionado por él y por su trabajo, una o dos veces la había visto en la calle, pero como tenía otras cosas en que pensar. Jamás le había dado importancia, hasta ahora…
¿Pero por qué ahora?, Ah si.. La promesa, pensó. Seguramente era eso… Pero, Sherlock ya pasaba de los 30, y en realidad, casi todo el mundo ya sabía que John y él tenían una relación por demás de ser solo amigos. ¿Por qué estar empeñada en eso…? Y siguió dando vueltas, comenzando a ver viejas notas de su infancia, pero… ¿Dónde estaría escondida?... Y tan claro como el agua le vino a la cabeza.
Se dio unos golpes en la frente por ser tan estúpido e ignorar eso, pero qué bueno que se había dado cuenta. Tomó un pequeño fragmento de hoja de su antiguo diario, y lo guardó, entonces comenzó a buscar en su celular. Al hallar lo que tenía que encontrar, llamó a Lestrade, lo cual era extraño de él. Pero se dirigió en un taxi lo más rápido que era posible hacia la dirección..
– Ya sé donde están.
– ¿En serio?, ¿Por qué no me lo dijiste antes? – Comenzó a caminar, mientras hablaba con el pelinegro y llamaba a unos cuantos policías como refuerzo, y subían en las patrullas.
– Lo siento, pero es una larga historia. Necesito que no pongan las alarmas no hasta que salga..
– ¿Quién?
– Ya lo verás, pero por lo tanto, necesito que me dejes entrar, solo a mí.
– Estas loco? Ah, bueno eso ni siquiera tengo que preguntarlo…
– Cállate Lestrade, es en serio.
– Ya, Ya bien. Sherlock, tranquilo…
– Es en esta dirección. – Le pasó la dirección en un mensaje y después le colgó. Era la última dirección donde Alice se había mudado con su padre, después de esa casa. Jamás volvió a saber nada de ella, pero por los periódicos, al cumplir los 18, leyó que su padre se había muerto de abuso de drogas y alcohol, como ambos habían predicho en una de sus tantas y pequeñas "hazañas" de deducción.
Sherlock se les adelantaba a todos. Muchos de los policías todavía quedaban algo alejados de la casa, Lestrade estaba comiéndose las ansias, pues tenía miedo que en un arranque, Sherlock hiciera algo que él no pudiera encubrir.
Comenzó a caminar, tranquilizando de sobremanera su cuerpo, y relajando cada tendón de su cuerpo que estaba paralizado por la cólera y el resentimiento que ahora le causaba la mujer. Tocó una vez. Nada.
Tocó una segunda vez, y entonces la puerta comenzó a abrirse y un cuerpo casi lo tumbaba al suelo, cuando había sido impactado por un abrazo sumamente recelosa contra su cuerpo. Esté simplemente la observaba sin hacer ademanes, ni corresponder. Al sentir el cuerpo pesado de la otra, la tomó de los hombros retirándola, mirando dentro y buscando en silencio al rubio, pero aún no le decía nada. Así que la miró, y esta lo invito a pasar.
– Pensé que jamás me recordarías.
– ¿Cómo no recordarte, después de haber hecho una promesa conmigo?
– Y... ¿Te lo has pensado?
– Sí, y mi respuesta es no.
– Uy que mal… – Susurraba mientras cerraba con llave la puerta, y la metía entre su ropa íntima, este solo alzaba una ceja – Si la quieres, tómala.
– No, Aún no. –Esté solo volteaba dándole la espalda Inspeccionando la habitación. Sucia, sucia por dentro, pero bien conservado en los muebles caros. Había muchas esculturas, esculturas falsas, pero costosas para quien los compro, un ciego de arte. Pensó. Paso sus ojos a otros lados, parecía haber 3 habitaciones, La mujer solo lo miraba con los brazos cruzados, mirándolo y caminando detrás de él.
– ¿Por qué te interesa tanto?
– Lo amo.
– A John Watson, ¿Un solterón sin dedicación por tus gustos?
– Sí, a John Watson, Y no, no es un solterón. Me tiene a mi.
– Sherlock, Sherlock ¿Cuándo entenderás que los hombres no pueden formar familias..?
– Si pueden, nosotros somos un claro ejemplo de eso. – Este ya estaba por demás enojado y colérico al cien, y eso, ella lo notó así que sonrió más al tener su objetivo cumplido.
– ¿En serio? ¿Y por eso lo dejas con la pequeña siempre que tienen un caso?, ¿O cuando no soportas escucharla llorar? ¿O cuando tienes que darle de comer?
– Y-Yo no… – Se vio interrumpido por la mujer quien se acercaba a él.
– John tampoco puede manejarla, ella tiene más sobre ti que de él, es berrinchuda, e inteligente, Lo sé, lo noto. Tiene tus mismos ojos, y a pesar de ser tan pequeña, ya está demasiado consiente de todo… Tú no sabes, pero ella ya sabe decir algunas palabras. ¿Sabes lo que dice?... No te quedes callado!, bueno te lo diré… Siempre dice "Alicia, mamá!" Siempre… – Mentía, Sherlock lo notaba. En cada poro de su piel, se translucía la mentira.
– ¿En serio?, Vaya. Sí que es inteligente. Quiero verlo con mis propios ojos.
– Oh no Sherlock, no creas que soy tan tonta. Si quieres encontrarlos, hazlo tú, pero te advierto, que a quien encuentres, el otro no podrá salir jamás.
Entonces se quedó helado. Y volteó a mirarla, Esta solo sonreía y se apartaba un poco de él, indicándole que pasara a buscar a las habitaciones, ella serviría algo de "té". Le había dado solo 2 oportunidades. Si a la 2 no los encontraba, entonces le daría a elegir a quien salvar. Por lo que él al verla partir, comenzó a buscar desesperadamente y sin aliento casi, como el día que tuvo que buscar una falla en el cuadro falso de pintura.
Inspeccionó las tres puertas, la pared, las rendijas, y entonces pegó oído.
Nada. Ni un indicio…
Siguió recorriendo cada parte de la pared, con la cabeza pegada, escuchando y tratando de escuchar algún sonido.. Pero un pequeño suspiro de aire, le recorrió la mejilla. Volteó y no había puerta. Entonces se quedó pasmado, y volvió y tocó un poco la palma hacía donde pretendía que estuviera una manija, y allí estaba, pequeña e invisible, y tocó. Esperando alguna respuesta. Y la obtuvo.
– S-Sherlock… – Se escuchó en un susurro.
– John… - Le había respondido de igual manera. – Te sacaré…
– N-No Sherlock.. Ve por Dorian, está en una habitación, escuché… por los pasos que daba, que está en la habitación frente a esta… – El pelinegro volvió la mirada y había una puerta justo detrás, pero volvió a pegar su oído a la puerta.
– No, John. Te tengo que sacar…
– Por favor… Sherlock Ve por Dorian… - Comenzó a decir, mientras su voz comenzaba a entrecortarse…
– Lestrade ya a venir yo te voy a sacar y los dos…
– Yo no tengo… No tengo fuerzas ya… Sherlock…
Antes que nada, quiero agradezerles a todas por el recibimiento y buenos ojos con que leen mi fic :) Muchas gracias ^^.
Por otra parte... Prometo subir mañana y el sábado los demás caps de mis demás fics, que ya ni recuerdo cuales son xDDDDD
Una pregunta... ¿Quieren final feliz o final triste?
Por que ya tengo ambos finales... Pero todo dependerá lo que quieran xD ¿O quieren que sea sorpresa?
Bueno eso es todo. Feliz día del chocolate :) Att: Frii Wonka Watson.
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