Título: Blancanieves
Summary: Hace mucho tiempo, en un reino precioso vivía un rey con su hijo huérfano de madre… Pero eso esta a punto de cambiar. Yaoi principal; GoenjixFubuki y FudouxKidou.
Resumen: Blancanieves acaba de cumplir sus 18 años y esperaba encontrar algo de aprecio en su horrible madrastra. Pero eso nunca llegó. Desesperado, fue corriendo a la cocina.
Notas de la Autora: ¡Hola, chicos! ^_^ Gracias por los reviews. Bueno, aquí sigue el fic de Blancanieves. ¡Aquí hay algo más de Yaoi, lo prometo! :P ¿Adivináis la canción que se me ha pegado? XD I believe, I believe, I belie in LOVE! :D Ok. Ya empieza :P
Espero que os guste 3
WARNING YAOI
Parejas:
Fubuki x Goenji
Fudou x Kidou
Tachimukai x Tsunami
Tobitaka x Toramaru
Fidio x Endo
Blancanieves se limpió las lágrimas antes de entrar en la cocina. Cuando entró algo mas calmado, escuchó un fuerte ''SORPRESA''. El chico sonrió y agradeció a los cocineros que le felicitaban por su cumpleaños.
Un trío de ellos le llevaron algo más apartado de los otros que comenzaban a preparar el almuerzo.
Los tres chicos eran los únicos amigos que tenia Blancanieves; Tobitaka, Fidio y Tachimukai.
Tobitaka era un año mayor, cocinaba muy bien, y daba unos consejos mejores. Fidio tenía su edad, y era especialista en comidas Italianas, como él, también era huérfano. Tachimukai era un año más pequeño y era el sirviente mas querido por todo el castillo por su dulzura.
-Vaya, 18 años ya, ¿eh? –Sonrió el primero dándole un pequeño pastel con una única vela encima. Blancanieves sopló divertido.
-¿Y… qué has pedido? –Preguntó Fidio agarrando algo de al lado de la chimenea.
-Oh… Bueno… Nada en especial.
-Pues yo si que he pedido, por ti, Fubu- -Antes de que Tachimukai pudiera acabar la oración, Fidio le tapó la boca.
-Si la reina te oye te cortará la cabeza, bobo
-¡Pero es su nombre de verdad! –Se quejó el pequeño.
-No pasa nada… Estoy acostumbrado… -Asintió el albino. –No tenías porque pedir por mi, Tachi.
-Bueno, lo cierto… Es que no solo he pedido por ti… Más bien por todo el pueblo.
-¿Por el pueblo? -Los tres asintieron mirando hacia abajo. -¿Qué ocurre en el pueblo, chicos?
-El pueblo se muere de hambre… La reina pide cada vez más impuestos… -Dijo con pesadez Tobitaka. –Y todo por mantener su belleza.
-Este es tu regalo –Fidio le dio al cumpleañero una daga.
-¿Para que quiero una daga? –Preguntó el chico mirando el objeto con extrañeza.
-Tu padre nos lo dio para cuando cumplieras esta edad. –Respondió Tobitaka.
-Mi… ¿Padre?... –El joven cogió la daga con tanto cuidado, como si fuera de cristal. –Muchas gracias chicos. –Blancanieves abrazó fuertemente a los tres, y acto seguido se disponía a irse.
-¿A dónde vas? –Preguntó el más pequeño.
-Quiero ver el pueblo, por mis propios ojos.
-¡TEN CUIDADO! –Gritó Fidio. Pero Blancanieves ya no le oyó.
-Quiero salir. –Le dijo Blancanieves a Fudou que guardaba la puerta del castillo.
-¿Para que? Si puede saberse.
-Solo… No le digas a la reina… -Susurró el chico.
El sirviente suspiró y asintió.
-¡Abrid las puertas!
-Gracias Fudou! –Sonrió el albino y salió del castillo poniéndose una capa con capucha.
Mientras, en el bosque, el príncipe de Valencia se acercaba al pequeño reino, invitado por Natsumi. El príncipe tenía el pelo de color crema y era moreno de piel. Le acompañaba, su consejero. Un chico con unas gafas muy extrañas y particulares.
-¿Kidou, estas seguro de que es por acá? –Preguntó el chico mirando al mencionado con extrañeza.
-Claro, alteza, cien por cien seguro…
-Eso espero.
Ambos chicos escucharon algo entre las ramas, y se dieron la vuelta.
-Kidou, ¿Qué ha sido eso?
-No lo se, alteza… Supongo que algún conejo o zorro.
-Esta bien, sigamos.
Entonces, de los arbustos salieron gigantes con zancos en vez de piernas con espadas y máscaras.
-El oro, AHORA. –Dijo uno de ellos.
-¡Kidou! ¡Mi espada!
El consejero sacó dos espadas y le dio una al príncipe el cual peleó con los gigantes.
Después de ver que era imposible dañar a los seres, le dio a uno en las piernas el cual cayó con un gran estruendo. El príncipe miró al bandido con sorpresa. No eran gigantes, al contrario. Eran unos seres muy pequeñitos.
-¿Enanos? –Preguntó el chico intentando no reírse.
-¡CALLATE! –Gritó el que se había caído, quitándose el casco y dejando ver su rostro.
-Vale, no voy a luchar con enanos…
-¿Por qué, tienes miedo, gallina? –Dijo un o que se quitaba los zancos.
-No… Es que sois… diminutos, pequeños… Niños…
Todos miraban al príncipe con mirada fulminante…
-Alteza… Esa no ha sido su mejor idea de hoy… -Dijo el consejero asustándose cada vez más…
Unas horas después… Blancanieves paseaba por el bosque sonriendo y cantando una canción que le era vagamente familiar… Posiblemente se la cantaba su padre para dormir.
-¡SOCORRO! –Escuchó el chico la voz de alguien por el bosque. Comenzó a acercarse hacia donde provenía la voz.
-Esto es tu culpa, Kidou!
-¿Mi culpa? Fue usted el que les dijo todo eso.
-Ya bueno… pero… eh… ¡ES TU CULPA!
Blancanieves miró extrañado a dos chicos que colgaban boca abajo solo con ropa interior. Intentó no reírse y se acercó a ellos.
-¿Puedo… ayudaros? –Sonrió quitándose la capucha.
-Ah ¡Una chica! ¡Si! ¡Desátanos! –Gritó el príncipe
-Una… ¿chica? –Blancanieves miró al chico con extrañeza. –No soy una chica…
-Oh… Bueno… Chico. ¿Nos desatas?
-¡Claro! –Dijo el chico sonriendo. –Pídelo por favor.
El príncipe empezaba a perder la paciencia con el niño.
-Por favor desátame de una vez.
-Enseguida. –Sonrió de nuevo Blancanieves y con la daga de su padre fue a cortar la cuerda.
-Espera, ¡NO, NO, NO!
El príncipe y el consejero cayeron al suelo de cabeza.
-¿Estáis bien? –Preguntó el albino ayudándoles a levantarse.
Después de cortar las cuerdas de las manos se disponía a irse. Pero el príncipe le detuvo.
-Espera… Aún no me has dicho tu nombre…
-Oh… Me llamo… Blanca…-El chico se paro de repente- Fubuki. Me llamo Fubuki.
-Encantado, yo soy Goenji. ¿Crees… que te volveré a ver?
-Eso espero. –Sonrió Blancanieves y se fue hacia donde el reino estaba. No sin antes echar una última mirada a Goenji.
Cuando Blancanieves llegó al pueblo se quedó helado. Todo el mundo pedía comida y suplicaba un trozo de pan que llevarse a la boca.
-¿Qué ha pasado aquí...? –Dijo el chico con asombro.
Pues hasta ahí la segunda parte!
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Reviews Porfa!
-Anii :D
