Capítulo 3: Caninos en celo.
Todo comenzó teniendo encuentros casuales, después se volvió una costumbre. 2 veces a la semana, 3, 4, hasta 5 o 6 veces. Es mucho incluso para cualquiera, parecen perras en celo.
Cuando ya se besaban no había vuelta atrás, tenían que hacerlo, tenían que terminar en cualquier lado soltando gemidos, sudados y cualquiera de los dos siendo penetrado por el otro. Se mordían, se lamian y realizaban salvajemente el acto de amor como verdaderas perras en celo.
-Sirius necesito hablar contigo-hablo el licántropo sentándose al lado de él. Estaban en la habitación.
-Si dime Lunático-fijando la mirada en su amigo y amante de años.
-¿Por qué diablos estas tan…?-la pregunta igual cohibía al joven licántropo, provocando un leve sonrojo en sus mejillas.
-Tan… ¿Qué?-le agradaba verlo todo sonrojado, era su naturaleza tierna, pero tras esa ternura se ocultaba una bestia muy fuerte, demasiado porque es el que lo deja con dolor de caderas a veces.
-Tan…-trago saliva- vehemente conmigo-bajo la mirada, estaba totalmente rojo.
-Vehe-¿Qué?-a veces Lupin ocupaba vocabulario muy arraigado con él.
-¡Maldito idiota! ¡¿Por qué demonios andas tan caliente, tan apasionado, tan excitado?-a Sirius le pareció que el lobo estaba irritable y necesitaba un descanso, pero había comprendido la pregunta.
-Porque tengo miedo…-hizo una pausa-miedo de no volverte a ver, miedo de perder tu recuerdo…-con tono triste y cabeza baja, al ojidorado le dio una sensación de lastima.
-Canuto tu sabes que no me perderás- regalándole un dulce y cálido abrazo.
-Hay Lunático siempre caes-un tono juguetón apareció y varios mordiscos emergieron cerca del cuello de Remus.
-Sirius-suspiraba-por favor, ya no más-siempre caía en la redes del pulgoso, pero aunque lo hiciera casi todos los días le encantaba.
-Remus Lupin te necesito y ¿sabes por qué?-no espero respuesta- por te amo-con esto beso dulcemente al lobo que seguía su juego, pero esta vez mas apasionado y lleno de amor, no solo sexo.
Sirius estaba sentado en la cama besando a Remus y este estaba de piernas abiertas sobre él correspondiendo cada caricia, beso, etc. Con cada placer, arrebatos de profundos sentimientos y contacto entre ambos cuerpos, las ropas se iban haciendo innecesarias y comenzaban a desaparecer.
El perro tenía el control, lamia y mordía a disposición el pecho del lobo, sometido ante las caricias expertas, el juego ya termino. Adiós pantalones y ropa interior. Lentamente tomo la fuente de placer y así comenzó el acto de amor entre el perro y el lobo.
Una vez desnudos siguió con la penetración, culminando en el éxtasis máximo entre ambos cuerpos y cayendo rendidos abrazándose cálidamente y llenos de amor.
-Feliz Navidad-se dedicaron al unísono y besándose demostrando todo el amor que sentía por el otro.
"Y Así el perro se enamoró del lobo".
