NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.

¡No puedo creerlo! ¡7 comentarios! ¡Las alertas, los favoritos! ¡YEAHHH! Jamás pensé que esta historia tuviera tan buen recibimiento ¡LOS AMO! MIS FIELES LECTORES :D

Dioses... ya ls traigo puntualmente el capítulo dos. Y estoy terminando el tres. El ánimo que han puesto en esta historia me llena de inspiración. Espero que este capítulo les siga gustando como el anterior.

Comentarios:

AliceCullen: mil gracias, me alegro bastante que te gustara.

Aly: Espero con ansías que este capítulo te guste también :)

digixrikanonaka: muchas gracias por el comentario y el apoyo :)

night nana: espero que sigas encontrando este capítulo igual de interesante.

Chofis: de hecho, yo empece en fanfiction con fics de Avatar. Es una de mis caricaturas favoritas, aunque no he podido actualizar mis demás historias. Ojalá que esas te gusten también como las de HTTYD :)

Espartano: si están muertos pero no se sentirá tanto porque como leeremos el libro de Astrid pues... será como estar ahí xD Me alegro de que el nuevo formato también te guste :D

Marianita-Chan: ¡Muchísimas gracias por todos los comentarios y tu apoyo! Y también por seguir mis historias en el fandom de "Meet the robinsons" ¡GRACIAAAS! :D


Capitulo 2

El Tío Egil.

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Memoria II.

Las cosas en el Ruedo no podían ir mejor para mí. Pero ese día hubo un acontecimiento particular. No tengo idea de porqué Hipo estaba tan empeñado en saber acerca de los Furia Nocturna. Nadie nunca se había podido acercar a uno y vivir para contarlo, a todo esto ¿Por qué tanto empeño en saber sobre una especie en particular? Era como si una fascinación lo inundara.

En la clase, debíamos atacar y defendernos de un Nadder. Hipo se la pasó casi todo el rato hablando con Bocón, preguntándole cosas extrañas. Lo peor es que, además de distraerse, nos entorpecía a todos. Mientras esquivaba los ataques del Nadder, caí encima de él y estuve a punto de lastimarlo ¡Gracias a que se colocó el escudo a tiempo mi hacha no le hirió! Pero eso no fue todo. Hipo me impedía usar mi propia arma para atacar al Nadder, que se nos acercaba peligrosamente.

Cuando al fin pude usar mi hacha y darle un golpe certero, mandándolo lejos, me volví hacia Hipo:

"¿Crees que todo esto es una broma?" le dije "La Guerra de nuestros padres se va a convertir en nuestra. Decide de que lado estás" lo dije con firmeza, cansada de soportar sus torpezas.

Hipo me miró fijamente y no dijo nada. Se fue del pueblo, adentrándose al bosque y de verdad no me importó para nada lo que pensara hacer. Seguí entrenando un poco, releí el Manual de Dragones, y me quedé en mi casa el resto de la tarde. No había muchas cosas que hacer con medio pueblo en una expedición riesgosa.

Al día siguiente las cosas fueron un poco parecidas. Pero Hipo se mantuvo distante, casi como si no quisiera intervenir… o arruinar las cosas en esta ocasión. Aplaudí su resolución y aprendí cuanto pude esa tarde. Al terminar la clase se fue rápidamente, y no pude evitar sentir lástima por él.

Sí, lástima. Porque era el que nadie entendía, el desadaptado, aquel cuya presencia arruinaba todos los planes. Torpe, necio, distraído, Hipo no tenía actitudes de guerrero y cada vez que fracasaba sufría humillaciones. Simplemente carecía de carácter. Siempre que sentía lástima por alguien, a la vez sentía desprecio. No soportaba estar cerca de alguien tan débil y a la vez, me gustaba saber que era más fuerte.

Todo cambió al tercer día. Con cubetas llenas de agua, debíamos identificar las cabezas de los Cremallerus, una lanzaba gas, la otra lo prendía. Con la cabeza correcta mojada no podría haber explosión. Debo admitir, que me fue fatal en esa práctica. La cola del dragón nos tumbó a mí y a Bruticia, haciendo que perdiéramos nuestras cubetas.

Patán y Brutacio igualmente fueron engañados. Patapez mojó la cabeza equivocada, lo cual dejó a Hipo cara a cara con la cabeza correcta. Patéticamente lanzó el agua, que cayó al suelo sin poder alcanzar la altura del dragón. Estaba a punto de suceder la gran explosión, Bocón corriendo hacia él, cuando lo vimos…

Hipo extendió sus manos hacia el Cremallerus, el cual retrocedió espantado. Dio unos pasos, acorralando al dragón. Éste parecía debatirse entre atacar y escapar, optando por la última.

"Atrás… ¡Atrás!" gritó. Increíblemente, el dragón obedeció. El Cremallerus estaba espantadísimo e Hipo lo hizo regresar en la jaula "Piensen en lo que hicieron" después, les lanzó una anguila y cerró la puerta.

No hay palabras para describir lo que en ese momento sentimos. Impactados. En total shock. Hipo nos miró con simpleza y una ligera sonrisa diciendo "¿Eso es todo? Bien ¡Nos vemos mañana!"

Y desaparecía en el bosque.

Fue a partir de entonces que las cosas cambiaron realmente en el Ruedo. Cada vez que Hipo venía, se enfrentaba con un dragón y salía ganando ¡Él! ¡Por todos los dioses! El más patético de todos los vikingos ¡Esto no podía estar pasando! Los alejaba usando luces o les pegaba en una parte especial de cuello para que cayeran desmayados.

Nadie sospechó nunca. Bocón, los demás, el pueblo entero lo veía con fascinación y daban gracias a los Dioses por el milagro. Al fin Berk tendría un gran heredero, un buen guerrero y un Jefe al cual respetar enteramente. Con Hipo siendo el mejor del Ruedo, no había nada que temer del futuro, así podría ser tan buen Jefe ¿Y qué pasó con su torpeza? La opinión pública era unánime: "Necesitó más tiempo de lo usual, pero al fin sacó por completo a ese enorme y fuerte vikingo que tenía en su interior"

Pero yo no me lo creía. No era de los que hacían fila para sentarse a su lado en el Gran Comedor, los que rodeaban la entrada del Ruego buscando su consejo, los que se quedaban afuera de su casa esperando a que llegara para felicitarlo. Yo no. Yo sabía que algo raro estaba pasando.

Era, desde luego, mi orgullo herido. Había pasado toda mi vida entrenando para ser la mejor y no iba a dejar que, de la noche a la mañana, ese inútil me quitara su título. Ya no me despertó más lástima. Al contrario, le tenía coraje, envidia, resentimiento. No tenía el derecho de arrebatarme lo que yo con esfuerzo y sudor construí.

Iba a entrenar al bosque y varias veces me lo encontré en una vereda, pero al seguirlo, lo perdía de vista. Llevaba un chaleco de cuero extraño, una canasta grande de paja tejida llena de cosas (estaba cerrada, pero se podía ver que pesaba mucho) y unas cuerdas raras atadas a una tela roja. Este chico siempre fue extraño y aún después de ser el mejor cazador no me sorprendió mucho encontrarlo así.

Fue por eso que, al día siguiente, decidí enfrentarlo. Bocón le había pedido ayuda para reparar unas armas antes de que pudiera escaparse al bosque. Hipo era el único herrero además de Bocón y, según decían, realmente bueno. Las pocas veces que lo vi en la Fragua era patéticamente débil y apenas podía levantar los martillos.

Agarré mi hacha y golpeé con ella incansablemente una piedra, hasta que al fin parte del filo se rompió. Necesitaba una buena excusa. Di pasos largos y seguro se verían enojados. La Fragua estaba vacía, solamente Hipo y Bocón en su interior. El regordete vikingo vertía acero fundido en un molde mientras Hipo le pegaba con total destreza a una espada incandescente, dándole forma. Pude escuchar un poco su conversación:

"Ya sabes que puedes contar conmigo" dijo Bocón "He sido tu amigo desde hace mucho tiempo"

"Nunca he dicho que no lo fueras" respondió Hipo "Pero… realmente no tengo respuesta a eso"

"Vamos hijo, nadie se hace tan bueno de la noche a la mañana" ¡Al fin! ¡Alguien pensaba como yo! "¿Tu padre te enseñó algo? ¿Astrid? ¿Alguien más?"

¿Yo enseñarle? ¡Ni loca! ¡Ni muerta! ¡Claro que no en un millón de siglos! (seis meses después estaría ayudándolo a entrenar, pero de otra manera claro está, la vida es pura ironía)

"Mamá, un poco, hace muchos años" repuso "Recuerdo muy bien sus lecciones y… las junté con las tuyas. No sé, fue instinto, supongo"

"Pues hubieras dejado a ese instinto tuyo salir hace mucho tiempo ¿sabes? Nos hubieras librado de muchas construcciones y desastres y regaños de tu padre"

"Si, cómo no" dijo con sarcasmo "Papá encontraría otra manera de regañarme"

"Él solamente quiere lo mejor para ti"

"Quizá… pero no de la manera correcta"

"¿Qué quieres decir con eso?"

Ante esa pregunta, Hipo desvió la mirada y me encontró, de pie en el umbral, con mi hacha en alto. Sonrió melancólico, pero no era dirigida hacia mí. Era una sonrisa para sí mismo. Con el tiempo, me daría cuenta que sonreía de esa manera cuando tenía pensamientos profundos. Pero en ese entonces, me parecía más raro aún.

"Ah, Astrid" dijo mi nombren en alto, haciendo que Bocón también volteara "Me alegro de verte ¿Qué podemos hacer por ti?"

"Mi hacha está rota" respondí.

"Bien, dámela"

Dudé.

"¿No debería… arreglarla Bocón?"

El viejo vikingo dejó el molde sobre un mueble y cojeó hasta la salida.

"No, tengo que ir a… revisar unas cosas. No tardaré y no quiero que desaparezcas en lo que no estoy ¿Bien Hipo?"

"Si…" sonaba algo fastidiado.

Bocón salió presuroso y nos dejó solos, como quería. Dude si darle o no el hacha a Hipo. Finalmente se la tendí.

"Está algo pesada"

Pero él la agarró con facilidad, y la pasó de una mano a otra como un juego mientras caminaba hacia otro aparato extraño. Era una especie de rueda grande, de dura piedra que giraba a gran rapidez. Lo seguí, todavía sorprendida de que no le pesara mi arma (¡Yo recordaba perfectamente que hace pocas semanas atrás la olvidé y me la regresó arrastrándola por todo el suelo! ¿Quién se hace tan fuerte y tan rápidamente? ¿Por qué se hizo tan fuerte?)

El chillido del metal golpeando aquella roca fue espantoso y me costó acostumbrarme a él. Hipo tarareaba por lo bajo completamente enfocado en su trabajo. Daba vueltas a mi hacha y al final de pocos segundos, me la dio. Estaba perfectamente reparada y más filosa que antes.

"Gracias" le dije "¿Te debo algo?"

"No" fue su respuesta.

"Muy bien. Hipo ¿a dónde vas en el bosque?"

Mi voz sonaba ligeramente amenazadora. El muchacho retrocedió hacia uno de los hornos, titubeando, las mejillas completamente ruborizadas y nervioso.

"A… pensar ¡Sí, a pensar!" no le creí "Despejar la mente… es muy sano ¿Sabes?... te… te ayuda a… mejorar... ¡Si, a mejorar!"

Me crucé de brazos.

"¿Ah si? ¿No podría ir un día contigo?"

"¡NO!"

"¿Por qué no?"

"Son viajes solitarios… si vas acompañado se arruinan los pensamientos"

"No te creo mucho…"

"¡Ya es tarde y debo afilar otras espadas!" agarró una que colgaba de la pared y se la llevó a esa rueda enorme, el mismo chirrido de antes "No te escucho" me gritó "Hablamos mañana en el Ruedo ¿si?"

¡Uf, maldición! Bocón regreso en ese momento y tuve que irme. Pero volvería. Descubriría qué es lo que esconde en el bosque ¡A como dé lugar!

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Eira cerró el libro y lo dejó reposando sobre el buró, antes de bajar las escaleras. Su madre, Olga Thorston, le habló:

—¿A dónde vas, cariño?

—A jugar con mis primos y amigos—repuso la niña con una sonrisa—Ya terminé los capítulos, mamá.

—Muy bien, pero avísame si cenarás en otro lado ¿Entendido?

—¡Claro mamá!

Era muy común que Eira cenara con sus tíos o hasta durmiera con ellos.

Olga Thorston miró a su hija caminar por el pueblo. Le recordaba bastante a su difunto padre, siempre leyendo y pensando más de lo normal. Olga sonrió para sí misma y dejó sus deberes domésticos de lado. Subió a la alcoba de su hija, donde encontró el libro.

"Mamá" pensó en sus adentros. Olga había leído ese libro ya hace tiempo "Recuerdo que tu con tus propia voz me contaste todo lo ahí escrito… me hubiera gustado que Eira también pudiera oírlo, en vez de leerlo"

Aunque Olga fuera una guerra excepcional, mujer fuerte, terca y tenaz, también era sensible. Y extrañaba bastante a sus dos padres. Sabía que ellos estaban bien, en un lugar mejor al que podría imaginar. No por ello podía contenerse a veces de tener esos pensamientos. La partida de Hipo, como la de Astrid, fueron tan repentinas. Nadie se las esperó.

Olga toda su niñez y juventud cargó con orgullo el apellido Haddock. Era la segunda hija del matrimonio. Y la niña más feliz del pueblo. Tenía dos maravillosos padres, el mejor amigo en un Nadder, hermanos mayores y menores con los cuales jugar y charlar. La vida no podía ser mejor.

Ahora, casada, era una Thorston. Pero igual se consideraba a sí misma más Haddock que otra cosa. Y sus hijos estaban igual. Oh, ella amaba de verdad a su marido, Fligin Thorston, un encantador y valiente hombre que haría todo por su familia. Pero ella nació Haddock y moriría Haddock.

Los dos hijos que concibió con su esposo pensaban de una manera extrañamente similar. El mayor de doce años, Gunter, y la pequeña Eira eran tratados con privilegios por todo el pueblo. A nadie en Berk se les olvidaba que los dos niños eran hijos de Olga y nietos de Hipo. Aunque no llevasen el apellido, sí tenían la sangre, y eso era respetado.

Al oír las historias de cuando su padre era menospreciado, y viendo ahora cómo su nombre era hasta venerado, Olga estaba agradecida a los dioses y a la vida. Recordaba a su padre, siempre feliz, amable, cargándola en sus brazos y enseñándole cuanto pudiera sobre cómo vivir.

Abrumada por los recuerdos, Olga dejó el libro de su hija en el buró y bajó los escalones, comenzando a preparar la cena. Al hacerla, iba cantando la vieja canción de su madre.

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Eira fue a la casa de su tío Egil, la más cercana, donde estaba su hermano Gunter jugando ya con sus primos. Sonriendo, la niña se les unió a los juegos y comenzaron a perseguirse entre todos.

Egil Haddock era el Jefe de Berk, y casi toda la tarde se la pasaba vigilando las actividades del pueblo. Su esposa, una reservada y tierna mujer llamada Asdis, le dio además de su amor y acogedor hogar, tres hijos varones.

El mayor de éstos era Alf, de dieciséis años de edad. Alf acompañaba a su padre varias veces a hacer el recorrido, donde Egil iba enseñándole cómo ser un buen Jefe. Cuando no estaba aprendiendo de éste arte, Alf se la pasaba en el Ruedo donde daba instrucciones de cómo entrenar dragones y era el encargado de cuidar los establos.

Le seguía Grimm, de catorce años, un intrépido y aventurero que lo mismo escalaba árboles como montaba olas en pedazos pequeños de tablas. El menor de trece años, Bjorn, era algo más tranquilo. Pero igual, se metía en problemas siguiendo las travesuras de su hermano mayor.

Grimm y Bjorn eran, para Eira, los mejores primos que uno puede tener. Con sus bromas re hacían reír y cuando tenías problemas eran los primeros en ayudarte. Realmente, Eira amaba a todos sus primos (la niña tenía en total ocho).

—¡Niños, es la hora de cenar!—habló Asids, apareciendo de repente.—¿Se quedan a cenar, Gunter y Eira?

—¡Claro!—repuso el niño—Pero debemos avisarle a mamá.

—Ah, para eso está mi querido GuGus.

Un Terrible Terror apareció de repente y Asdis lo acarició con cariño. Le dio al pequeño dragón un pedazo de papel y le dijo:

—Llévalo con Olga.

El dragón voló hacia el pueblo. Regresó en pocos minutos con otro pedazo de papel. Escrito por Olga, decía: "Bien, me toca a la próxima"

Asdis río y pasó a sus sobrinos al comedor. No tardó en llegar Egil con Alf.

—Miren quién está aquí—y abrió sus brazos de par en par—¡Mis sobrinos favoritos!

Gunter y Eira abrazaron a su tío entre risas.

—Pero tío ¿Qué dirá Bera cuando se entere?

—Bera está de viaje y ustedes no le dirán nada ¿verdad?

—¡Verdad!

Alf abrazó a sus primos y todos sentados en la mesa charlaron, bromaron y comieron hasta saciarse. Festejando un día en que Grimm no se metía en problemas, Asdis sacó panes dulces rellenos de avellanada. La velada siguió hasta que llegó la hora de dormir.

Cerca del fogón, donde estaba calientito, Asdis colocó unas mantas gruesas y acostó a sus sobrinos. Los arrulló, tapó muy bien y se despidió. De no haber nacido Bjorn tendrían una habitación donde hospedarlos más decentemente. Se recordó pedirle a Egil una ampliación de la casa.

Eira se acurrucó entre las mantas, cerca de su hermano. Adoraba su vida y por nada la cambiaría. Pero seguía pensando:

¿Qué ocultaba su abuelo en el bosque?


¡Finito!

Ven, volvió Egil xD Y habrá más personajes completamente nuevos. Los iré explicando de apoco, porque entiendo que conocerlos todos de repente ha de ser difícil (yo misma me hago bolas...)

¿Que les pareció? ¿les gustó? ¡espero sus comentarios! :)

chao!