Capitulo 2.- Tengo un trabajo para ti.

-Eres como el hijo que nunca tendré Lovino

No era momento de decirme eso. No sé cómo, pero le había preparado el baño mientras dormía, solo un poco de agua tibia en una pila, un trapo y algo para tallar; tampoco sé cómo pero estaba restregando un fregador contra el cuerpo del capitán, el hombre ni parecía preocupado de que un joven le estuviera pasando las manos por la piel. Estaba muy sonrojado, no estaba seguro de si era por la pena o el morbo. El capitán lo notó, no dijo nada.

- Y usted como el pariente mano larga que no sé si tengo, capitán- Cuando al fin pude reaccionar, respondí eso.

Las palabras del capitán habían resonado en mis oídos, no las he podido olvidar, ¿cómo podría hacerlo? Esa fue la razón por la que no insistí en algo serio, solo me limitaba a tocarlo para satisfacer mis deseos. Él solo me veía como hijo y nada más, era una ventaja para mí, no era mi padre real, podía fantasear con él, tocarlo y pensar en encuentros accidentales que nunca llegarían, sin la contrariedad de cometer pecado. Gracias Dios.

Así pasaron unos días para adaptarnos a nuestra nueva vida en Madrid antes de que cambiaran de nuevo. En ese tiempo había podido observar la vida del capitán, conocí a sus amigos, enemigos, amantes, costumbres y movimientos, es lo bueno de lidiar solo con hombres: no son complicados.

Después del baño del capitán que le daba muy temprano en la tarde, bajé a comer algo al tugurio, Nina estaba atendiendo, me saludo muy animada y me dio comida y agua, el capitán le tenía prohibido servirme alcohol igual que a Feliciano. Me senté a comer en un rincón cuando noté un grupo muy ruidoso, sonreí cuando reconocí a los amigos del capitán, uno de ellos alzó la mano para invitarme a acercarme, ya era conocido como "Lovino Vargas el favorito de Carriedo"

Fui con ellos, estaban esperando que se les reuniera el capitán, les comenté que se terminaba de vestir para bajar. Noté que Nina había desaparecido, uno de sus hijos la remplazaba. El capitán demoraría un poco más, a pesar de su edad el hombre era todo un semental. Ya no me importaba eso, porque nadie más era conocido como "Zutana, Fulano, Nina o quien sea… favoritos de Carriedo" ese era honor solo mío.

En la mesa estábamos los allegados al Capitán: Don Quevedo, Don Buenrostro, el alemán, Feliciano y yo. Faltaban el teniente de guardia y el propio capitán.

Supe el motivo de que el capitán estuviera en prisión, era el padrino de un duelo del escritor Don Francisco de Quevedo. El capitán había atravesado de parte a parte al padrino del sujeto con quien se batía Quevedo, aquellos dos huyeron y la guardia lo capturó solo a él. Como era de esperarse, no delató a nadie y dijo que el infortunado había tenido el desatino de escupirle a su bota, cosa que no toleraría. Por supuesto, fue una charada que nadie creyó.

Carriedo era una de esas personas que se hacían querer por muchos y odiar por otros tantos, aunque siempre eran menos los que lo querían muerto que los que le querían bien. El capitán era leal con sus allegados, en esa época era de vital importancia saber de quién fiarse, todos eran carroña de todos. Sobrevivir, como nos había dicho cuando le conocimos. El lobo Carriedo era quien mejor sabía cuidar el pellejo, asechando siempre, con esa astucia de zorro y lo impredecible de un animal salvaje.

Tuvo la suerte de que el teniente de la guardia fuera amigo suyo, un ex-soldado como él, se conocían de una de las tantas guerras de España, compañeros de trinchera que hubieran quedado en carne de cañón de no ser por el ingenio y la suerte del capitán. El teniente Gilberto B. de familia alemana que por azares terminaron aquí. Su nombre era Gilbert Beilschmidt, pero la pésima pronunciación de su apellido por parte de los españoles hizo que se resignara a que le dijeran Gilberto o Gil y a nunca escuchar lo demás.

La condena del capitán fue menor y solo pasó la noche tras barrotes.

Otro de sus amigos era pariente del teniente, Ludwig Weils, le conocían como el alemán. Era fácil perder la identidad propia, igual que era fácil obtener otra identidad al omitir el nombre y ser conocido por un sobrenombre. El alemán desarrolló un cariño extraño por mi hermano. Ese amigo era de los compañeros de tugurio, no había quien le ganara en beber alcohol, ese era el único merito por el cual Carriedo decía que era su amigo.

No importaba si Feliciano estaba vestido de mujer o no, el alemán siempre estaba rondando cerca y a mi hermano parecía no importarlo, no supe y hasta la fecha no sé si el alemán estaba en la lista de "clientes" de Feliciano o si en verdad tienen algo como una relación como la que yo soñé tener con el capitán. Lo único que sé es que mi hermano es feliz con el alemán cuidándolo.

Recuerdo que una vez el capitán estaba bailando con Daisy, que era el nombre que usaba Feliciano cuando estaba vestido de mujer, en uno de los jolgorios a los que el capitán asistía. Le gustaba que le dijeran que su acompañante era muy hermosa, ¡pobres estúpidos!, cada vez que le decían eso me contenía la risa. Solo nuestros allegados sabían que bajo esa finta de hermosa mujer había un joven a toda ley igual de hermoso que su versión de hembra.

Esa vez, cuando terminaron de bailar el alemán tomó a mi hermano con fuerza del brazo y bailó con él demasiado cerca, Daisy se reía de los comentarios al oído que le hacía el otro, después de un rato se fueron tomados de la mano quien sabe a dónde, Feliciano llegó con una cara de lo más alegre al tugurio muy pasada la noche, me hice el dormido, mi hermano entró sigiloso a la habitación que compartíamos, abrió una ventana y se quedó ahí murmurando dios sabe cuántas cosas con alguien que estaba abajo.

Suspiré después de aquello el maldito de Feliciano además que estaba coqueteando con el alemán también podía tocar al capitán todo lo que quería… y yo no. Eso me molestaba pero no podía hacer nada, me mataría yo mismo si empezara a actuar como mi hermano solo para llamar la atención. Me quedaba la satisfacción de que yo era la mano derecha del capitán y si necesitaba algo me llamaría a mí, prefería eso un millón de veces antes de tener que vestirme de mujer para que no estuviera mal visto que tomara de la mano al capitán.

Viva Lovino Vargas el favorito de Carriedo.

Brindamos por una ocurrencia de esas que se le venían a la mente a Don Quevedo, nos podía matar de risa a la vez que meternos en un sinfín de problemas, aunque él parecía que solo metía en problemas al capitán, siempre que necesitaba una mano para un duelo iba con él antes que con el alemán o Don Buenrostro que tenía fama de buen espadachín. Al parecer para Don Quevedo no había nadie más que le ayudara a resolver sus problemas que no fuera el capitán Carriedo.

Contrario a lo que se pensaba, el amigo al que tenía en más aprecio el capitán era Don Buenrostro, oficialmente. Como ya hemos visto, nadie tenía la identidad que la pila bautismal y un largo raciocinio de los padres les habían otorgado, Don Buenrostro no era la excepción. Su nombre real era otro.

Francis Bonnefoy, que durante la guerra huyó de su patria, al llegar a España se colocó como cocinero del palacio real y de varios aristócratas, se cambió el nombre a Francisco Buenrostro para pasar desapercibido sin embargo su acento lo delataba. Hubiera sido muerto por los franceses con el cargo de traidor y por los españoles con el delito de cobarde, pero en verdad era buen cocinero, gracias a sus salsas, pates, pastelillos de carne, asados y barbacoas es que seguía vivo hasta ese momento: no solo las mujeres conquistan a los hombres por el estomago, también los franceses. Era el más influyente de todos. Si alguien necesitaba algo se lo pedían a Francis y era muy probable que lo consiguiera. Nadie sabía como un francés tenía voz y voto en el palacio real: no solo las mujeres tienen la cualidad de convencer a los demás, también los franceses.

Yo solo escuchaba mientras comía, así me enteraba de lo que hacían el capitán y los demás. En esa pequeña mesa se formulaban revoluciones, se arreglaban asuntos de estado en 15 minutos, se filosofaba sobre la inmortalidad del alcohol, la belleza de las mujeres y la mediocridad del pueblo; se hablaba de todo y se solucionaba todo de igual manera. Lástima que nadie lo sabía, la vida política de España sería diferente si alguien escuchase lo que en esa mesa se decía… desde siempre la política ha sido sorda.

Giré la cabeza y vi a Nina de nuevo atendiendo, el capitán no tardaría en aparecer. Don Quevedo cuando bebía soltaba la lengua y eso siempre eran problemas, empezó un alegato extraño, unos idiotas del otro lado del tugurio sintieron que el alegato iba directo contra ellos y querían querella por su orgullo e intelecto ofendido, Don Quevedo seguía de bocazas y los demás le intentaban controlar, Quevedo vociferaba pidiendo la inmediata presencia del capitán, quería batirse en el instante.

Entre tanto embrollo Nina se asustó, no quería a la guardia del rey rondando por ahí, eso alejaba a los clientes además de que podían clausurar el lugar. Iba corriendo a las escaleras para llamar al capitán cuando este ya bajaba. Con tanto alboroto bajó espada en mano para calmar a los demás, cuando vio que el incitador era Don Quevedo, suspiró y se dirigió a él. Guardó la espada en el tahalí.

-Francisco, ¿de nuevo con vuestra verborrea?

-Carriedo, no me quieras engatusar con tu labia, soy escritor e inmune por eliminación directa.

El capitán giró a ver a los que Don Quevedo había echado querella, les hizo un gesto: Disculpen al viejo, no sabe lo que hace, decía con la mirada. Era su modo de excusar a su amigo y su forma de excusarse él mismo si las circunstancias lo hacían matar a alguno de ellos. Su sonrisa burlona hacía el duelo inminente. Deberían de agradecerle al capitán, no a cualquiera le otorgaba esa sonrisa, ¡cadáveres malagradecidos! Requiescat in pace idiotas.

Los otros escupieron y hablaron entre ellos, proponían estrategias para salvar el pellejo, sabían con quien se enfrentaban e incluso sí no le conocían, esa sonrisa, la espada colgando y sonando en las piernas y esa mirada fiera causaban la reacción esperada: temor.

Don Quevedo dio más argumentos que el capitán no escuchó, al parecer no había terminado de descargar energía con Nina y quería más acción, aunque de otro tipo, para calmarse. Se caló el sombrero, mordió un pedazo de cuero amarrado a su muñeca izquierda y tocó la cruz de hierro colgada al cuello, lo hacía como manda, era su modo de darse suerte y de intimidar a sus adversarios, el lobo astuto sabía manejar la situación.

Un enviado del grupo "ofendido" se acercó, puñal en mano y mosquete a la cintura, para poner los términos del duelo. Paraje más cercano, uno contra uno y dos padrinos, salgamos ahora, fueron los términos. Arreglar una muerte también era rápido.

Quevedo y el alemán salieron precedidos de dos del grupo de ofendidos. Lovino, Feliciano, quédense y estudien, ya vuelvo. Esas palabras mataron mi intención de seguirlos a hurtadillas para presenciar un duelo en regla con espadachines de buena calaña.

El capitán chocó "accidentalmente" con el hombro de aquel con quien hablo de las condiciones del duelo. Eso calentó los ánimos más de lo que ya estaba, ahora Carriedo lo había tomado personal y no solo por complacer a Don Quevedo.

- Cabrón hideputa.

Fue lo último que dijo, se detuvo en seco al ver llegar al teniente de guardia y una escolta por la puerta donde los otros habían salido y desaparecido a la vez. Duelo y regocijo se vieron truncados. Ahora sabía lo que yo sentía, gracias teniente Gilberto.

- ¿Acabas de salir y ya tengo que arrestarte de nuevo? ¿Es estúpido capitán?- dijo Gil, acercándose al capitán, tomándolo del hombro para conducirlo de nuevo tras rejas.

- ¿Y tú gozas contrariándome teniente? Vaya suerte la mía y en menos de 1 mes. Aleja a tus subalternos, no quiero que mi espada se cruce con cerdos como ellos Gilberto. Vayamos solo tú y yo- El capitán gozaba de cierto trato preferencial no solo por su amistad con el teniente también por su voz sonora que imponía aun más que la del otro.

- Deja de alardear y marcha, ya sabe el camino capitán. – Mientras salían del tugurio, el teniente se acercó al oído del capitán, le murmuró algo que no olvidaré- Tengo un trabajo para ti.

Aquellas palabras fueron las que nos metieron en todo este puto lío.

Gracias teniente Gilberto…


Dejé esto botado por un tiempo... lamento eso, pero ya no lo haré de nuevo. Esta historia -la de Pérez-Reverte- es demasiado buena como para que no termine lo que empecé.

Aprovecho para responder algunas dudas que me llegaron.

hethetli: Tus aportes me ayudan demasiado con todo esto de Alatriste. Gracias mil en verdad. Los ánimos me ayudan mucho, ya no dejaré botada esta historia... aunque ya le agregué otro capitulo que no estaba planeado -este(?)-

CaiPiPro: Igual es si OTP de cualquier forma y en cualquier orden. Se supone que será de ambos modos, cada uno a su tiempo, prefiero el SpUk pero no me imagino a Iggy siempre siendo el uke. No es estilo mío, se supone que imito -failmente(?)- el estilo de Peréz-Reverte~

Y sobretodo, debido a la notificación de Kuro-kun0414 fue que recordé que tenía esto en mis pendientes~ Eso fue lo que me hizo seguir con esto... ahora solo tendré que recordarme seguir con lo demás, aun faltan 5 capitulos y no quiero volver a postearlos cada dos meses.

Cualquier comentario, queja, sugerencia, mentada de madre, pedido, critica constructiva y/o destructiva y etc son bien recibidos.
De verdad lo son, todo comentario bueno o malo es agradecido.

Gracias por leer. Y sobretodo, por la paciencia~