NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.

¡Al fin mi mente me dio para un capítulo más! Ya me estaba sintiendo frustrada conmigo misma... pero bueno, aunque corto aquí les traigo un chapter nuevo que espero sigan disfrutando :) ¡Muchas gracias por todos sus comentarios, sus alertas y sus favoritos! me animan muucho.

Comentarios:

zutarita: me emociona mucho saber que te han gustado, ojalá éste capítulo siga siendo de tu agrado :)

mariifabii44: No amiga, antes de que pienses algo, no me cambié. Sigue siendo el kataang mi favorito absoluto. Es solo una exploración más profunda de estos dos personajes, pero si lees el fic, te darás cuenta que no le tira realmente al romance.

Mari: se irán acostumbrando de una manera rara, casi espontánea. Me alegro que te guste.

Usagui13chiba: primero, lo lamento por la demora. Segundo, qué bueno que te guste y pues esa escena simplemente salió sola, la tenía en mi mente desde hace tiempo y me dije "vamos a sonrojarlos un poco" y salió xD

AvidReader4EVR: Definitivamente gracias! :)

¡Disfruten!


Capitulo 3.

El Retrato.

POV Katara.

La mañana siguiente nos vimos en el comedor y desayunamos casi en silencio. Yo me sentía incómoda por los pensamientos que tuve el día anterior y Zuko parecía tan ensimismado en sus propios problemas que me prestó poca atención. Comimos algo de fruta y cada quien se fue a realizar sus deberes.

Vi a Zuko despedirse con un murmullo y desaparecer en la puerta. Él era, después de todo, el soberano de una Nación entera. Tenía muchas obligaciones, no podía esperar que me prestara más atención que a su pueblo. Cruzada de brazos, pensaba en qué hacer. En toda mi vida los únicos pensamientos ligados al romance los tuve con Aang ¿Por qué ahora, viendo a Zuko, me venían éstas ideas a la mente?

El Palacio de la Nación de Fuego era inmenso. Y aunque lo conocía mucho, no del todo. Decidí pasear en los pasillos que nunca me di a la labor de investigar, como si eso pudiera despejar realmente mi mente. Pasé por una pared donde estaban colgados los retratos de los antiguos soberanos. Ahí, casi arrinconados, estaban el de Sozin y el de Ozai. Los dos con un enorme símbolo de Infamia encima de sus figuras.

Al lado, más sobria, estaba la imagen de Zuko. Y no pude evitar compararlos. Se parecía mucho físicamente, más a Ozai. Azulón, que era su abuelo, tenía unas facciones extrañas que me eran ajenas. Ozai tenía en su rostro los ojos más maquiavélicos que nunca imaginé. Y temblé pensando cómo es que Aang pudo hacerle frente a un ser cuyo solo retrato me causaba miedo.

Viéndolo desde esa perspectiva, no me causa gran asombro que Zuko pasara buena parte de su vida tratando de complacer sus deseos. Con un padre así de imponente, de autoritario, el carácter benevolente de Zuko debió parecerle una maldición. En contraste con la sádica Azula.

Dándome la vuelta, encontré más retratos. Y entre todos esos solamente puse atención a uno: la familia de Zuko.

En ese, Ozai no se veía tan malvado, hasta esbozaba una sonrisa, débil pero al final de cuentas, una sonrisa de alegría. Sentada y a su lado estaba Ursa, con las prendas de princesa y la mirada más dulce que jamás imaginé. Me recordó a mi propia madre cuando la tenía a mi lado. Zuko en sus rodillas, Azula al lado de Ozai. Con esa influencia, no me sorprende que mi amigo sea una persona buena.

Estiré mi mano y mis dedos casi rosan la forma de Ursa, de su ovalado rostro, de su tierna sonrisa, de sus cabellos largos y esos ojos, que su hijo heredó ¿Qué habría sido de ella? ¿Dónde terminó? Una mujer tan buena no podría gobernar al lado de un hombre malvado. Eso me puso a pensar ¿No hubiera sido esa una de las razones por las cuales, misteriosamente, desapareció? ¿No sería ese el motivo que impulsó a Ozai?

Además, claro, de la influencia tan positiva que proyectaba a sus hijos. Una a la que Azula desde luego era inmune pero Zuko no. Y prueba de eso era cómo después de tantos años seguía hablando de su madre con tanto afecto. Acariciando su nombre.

Temblé sólo de pensar cuántas cosas pudo haber pasado esa mujer. Dando unos pasos más, encontré un retrato hermoso solo de ella. La Princesa Ursa. Yo al menos tenía el consuelo de que mi madre en vida fue realmente feliz. Que mi padre la trataba con amor, con respeto, y nosotros la obedecíamos y queríamos mucho. Pero ¿Ozai de verdad la cuidó, la respetó? ¿La llegó a amar?

Suspiré. La pintura mostraba un par de ojos brillantes ¿Cuántas cosas no vio? ¿Cuántas cosas no sabría?

—Era bella ¿Verdad?—me estremecí. Dándome la vuelta con brusquedad, encontré a Zuko detrás contemplándome recargado en el pilar rojo carmín.

—Puede que todavía lo sea—repuse—No tenemos la certeza de que esté muerta.

—Pero es la mayor probabilidad—dio unos pasos hacía mi, de repente era su rostro una faz resignada y melancólica. Parándose a mi lado, contemplaba la forma de su madre.

Guardé silencio, pensando qué decirle.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?—la pregunta fue más un susurro, uno que no estaba segura de deber pronunciar, pero salió limpio y fluido.

Se encogió de hombros, como si buscara las palabras adecuadas.

—Mi padre… era tan tirano. No me sorprendería descubrir que la mató, y me dijo esas palabras solo para que viviera el resto de mis días con la incertidumbre.

Sus manos acariciaron el rostro de Ursa pasmado en el pergamino. Cerró los ojos, conteniendo lágrimas. No era en ese momento el Señor de Fuego. Era Zuko, un hombre, un humano.

—No existe persona tan malvada—traté de consolarlo.

—Él me odiaba—repuso, con voz contenida—¡Me odiaba con todo su ser! Y yo sé por qué….

Abrió sus ojos, apartándose del retrato. Yo no decía nada, me quedaba quieta, escuchándolo. Queriendo comprender pero sin saber cómo.

—¿Por qué?

Respiró.

—Porque yo era igual a ella—inhaló, para controlarse, la ira creciendo y desestabilizando seriamente—Sus ojos, su rostro, su cabello… el mismo carácter. Mi padre no podía verme y saber que era idéntico a mi madre, en todos los sentidos.

—Tú le recordabas demasiado a ella.

—Así es. Creo que no pudo con eso.

—Pero… ¿Él de verdad quiso a tu madre? ¿Alguna vez?

—No lo sé—y no sonaba ni molesto ni con lástima—Siempre llevaron una relación formal. Jamás los vi de verdad como una pareja cariñosa, aunque sí respetable.

—Ella se veía tan buena… tan dulce—miré el retrato otra vez—Me recuerda a mi propia madre.

Él inmediatamente me miró. Tenía tanta curiosidad en sus expresiones, que me reí en voz baja por él. Se veía casi como un niño pequeño.

—¿Cómo era tu madre, Katara?

Cerré los ojos y evoqué las memorias más lejanas, guardadas con recelo en mi mente. Aquellas cuando era una niña tranquila, feliz, inocente. Y mi familia estaba unida, completa, sin la más mínima huella de la guerra más que la preocupación ya casi desaparecida de una invasión.

—Era muy bella—le respondí, viendo con claridad su imagen en mi mente—Papá me dice que soy igual a ella, no lo sé, me parezco un poco. Tenía los ojos azules, intensos y el cabello castaño. Era toda una dama.

Mis manos inmediatamente volaron al collar que colgaban, sin excepción, de mi cuello. Siempre que la recordaba, por más que pasaba el tiempo, sentía ese mismo vacío en mi pecho y solo el tacto de ésta gema me daba algo de paz. Me hacía sentir que, de algún modo, se mantenía viva en mi presente.

—Lo lamento—me dijo, como siempre que yo lo hacía—Tú madre fue muy valiente.

—Eso lo sé. Y en toda mi vida, después de encontrar a Aang, me repetí muchas veces las mismas palabras para poder mantenerme en pie durante la guerra. Fue algo que me marcó de por vida—y sonreí sin ninguna alegría, antes bien, con tristeza—Es impresionante cómo puede en un segundo puede cambiar tanto tu vida. En mi caso, bastó media tarde.

—A mí me pasó en una noche—contestó, lo miré asombrada, nunca me había hablado de cómo exactamente perdió a su madre.—Ella me despertó, me abrazo con muchísima fuerza y me dijo la frase que me cambió: "Nunca olvides quién eres".

Guardó silencio, como quien trata de recordar más detalles.

—Después se fue, la vi dirigirme una mirada de absoluta resignación y ponerse la capucha. No la volví a ver nunca más. A la mañana siguiente, nadie sabía nada de ella, y nunca me dijeron qué pasó. Sólo supe que mi abuelo había muerto.

Mis ojos se abrieron desmesuradamente. Eso nunca lo supe.

—¿Tú crees que ella…?

—No sé—se apresuró a decir—Ozai jamás me lo dirá, Azula ya ni sabría. Mi tío estaba fuera, y sabe tanto como yo.

—¿Los Sabios de Fuego? ¿Crees que sepan algo?

—Puede que sí, pero no me he dado la tarea de investigar a fondo.

Yo sabía que en realidad tenía miedo. De descubrir que su madre pudo, en determinado momento, convertirse en una asesina. Que la ilusión de esa protectora mujer se desvaneciera. Yo también lo tendría.

—Lo último que mamá me dijo fue "Yo estaré bien".

La expresión de su rostro, con esa sonrisa forzada para darme confianza, era quizá lo que más recordaba de ella. A mi tierna edad, ya sabía que mentía.

—Y rompió la promesa—la voz me salió tenue, un sollozo atorado en mi garganta—Pero ¿Sabes qué? No le guardo nada de rencor. Porque sé que me mintió para salvarme.

Supe que me entendió por la mirada que me dirigió. Le dediqué entonces una sonrisa completamente afable y me acerqué. Le di un abrazo.

Los dos compartíamos en ese momento un mismo dolor: la pérdida de una madre. Dudo que muchas personas en el mundo puedan comprenderlo. Ambos las perdimos en condiciones casi idénticas, esporádicamente, por culpa de la guerra. Y tras sus partidas, nada volvió a ser igual. Quedamos perdidos en un mundo a punto de ser destruido.

Viéndolo en retrospectiva, me sorprende cómo pude ser tan fuerte. Cómo no me derrumbé. Muchas otras personas estaban más desesperadas y tristes por cosas casi insignificantes, en comparación claro.

Hay veces en que el mundo puede ser muy egoísta.

Con los fuertes brazos de Zuko rodeándome, y aspirando esa fragancia tan varonil, tan vivaz, me sentí cómoda. Permanecimos abrazados un buen tiempo, sin inhibiciones de ningún tipo. Como buenos amigos.


¡Eso fue todo! Ya sé que es un capítulo corto, pero a mi perspectiva muy importante. Una de las cosas que (creo yo) une más a Zuko y Katara es la forma en que perdieron a sus madres y cómo aquello les marcó de por vida. Se puede notar mucho cuando quedaron los dos capturados en Ba Sing Se y cuando Katara quiere vengarse de lo Invasores del Sur.

Espero que hayan disfrutado de éste capítulo y me disculpen las demoras. No les puedo prometer un capítulo muy rápido, porque tengo exámenes ésta semana, pero creo que a mediados de Mayo ya lo tendré listo y podré subirlo. Hasta entonces, su opinión es muy importante ¿Me dejarían un lindo comentario? :)

¡Muchas gracias por leer!

chao!