NADA DE ESTO ES MÍO, ES DE NICK, SOLAMENTE ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.
¡Hola!
Bueno, creo que no me he tardado como antes xD La buena noticia: dos capítulos más y la historia termina. Les dije que no era nada larga :D Quizá haga un epilogo, pero eso todavía o es nada seguro.
Comentarios:
VikkaSabri: vaya, es bueno saber que te ha gustado tanto, precisamente ese detalle de diferencia que tanto remarqué :D Este capítulo sigue el patrón, ojalá te guste.
Lonely Athenea: jajajja, oki, no mueras, aquí esta la continuación.
AvidReader4EVR: nuevamente, me alegro de que te guste además de la historia, la redacción que he manejado xD
Enjoy!
Capitulo 4.
De Recueros y Cartas.
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POV de Zuko
—¿Lu Ten?—dijo Katara tratando de recordar mejor el nombre—Nunca lo había escuchado.
—No me sorprende—sonreí, recargándome en el tronco de la pared con mayor libertad.
—Cuéntame ¿Quién era él?
—Lu Ten era mi primo—le expliqué sin mayor ciencia—El hijo de mi tío Iroh.
Noté cómo los ojos azules de Katara se abrían llenos de sorpresa. La confusión en su rostro era graciosa.
—¿Acaso Iroh tuvo hijos?—fue lo primero que me pregunté.
Me reacomodé listo para una larga explicación y unos minutos de charla.
—Mi tío se casó cuando era joven, como dieciocho años creo recordar. Pero mi tía, que se llamaba Lua, murió dando a luz. A partir de ese momento Lu Ten se volvió el centro de la vida de mi tío. Lo adoraba de una forma impresionante, le enseñaba, le protegía. Hasta mi abuelo lo consideró siempre su nieto consentido.
—¿El nieto consentido? Vaya que en tu familia siempre hay preferencias.
—Ya ves, somos un desastre familiar—dije burlón.
—Y… ¿Qué con Lu Ten? Iroh nunca lo menciona ¿Se fue, murió…?
—Murió—afirmé, todavía me causaba tristeza el recuerdo aquel, de cuando mi madre leyó la misiva con lágrimas en los ojos. ella siempre fue la más humana de nuestra familia, yo creo que por eso tuvo que irse—En la batalla de Ba Sing Se.
—No se mucho de historia ¿Podrías explicarme mejor las cosas?—inquirió, con genuina curiosidad y recargándose muy cerca de mí.
—Mi tío Organizó una misiva con tropa enorme hacia Ba Sing Se, dijo haber conseguido la forma de penetrar las murallas. Mi abuelo siempre tuvo preferencias a su su primogénito y consintió la expedición. Yo era muy pequeño, tendría creo que once o doce años. Él se despidió de todos y mi primo, de entonces diecisiete, también. Sería un soldado de alto rango en la invasión.
"Nadie hubiera adivinado lo que pasó. La invasión resultó en un éxito. La muralla externa cayó en un hueco lo suficientemente ancho para que las legiones pasaran rápidamente. Mi tío escribió fascinado por su éxito; dos muros internos habían caído también y esperaba conquistar la ciudad en menos de un mes. Nos mandó regalos.
Silencio. Necesitaba recuperar el aliento para continuar.
—Pero en la batalla adentrándose hacia la zona alta, por el Palacio, cayó un regimiento. Poca cosa, muchos regimientos habían caído también. Pero ésta vez mi tío de verdad lo sintió en todo su corazón, porque el que murió fue Lu Ten, su único hijo.
—Que…
No la dejé hablar.
—Entonces todo cambió para él—continué—De repente, todos los heridos y muertos eran más hijos, hermanos, esposos, sobrinos… pensaba en las familias de aquellas personas, destrozadas a su mismo nivel. Mi tío no tuvo corazón ni forma de poder continuar y simplemente regresó. La sola mención de la guerra lo alteraba.
—Yo jamás pensé que tu tío fuera un general destacado y…—Katara inmediatamente se calló, pero sabía lo que quiso decir.
—Ruin—lo completé—Cuando viajé solo por el Reino Tierra, ocasionalmente le preguntaba a algunos campesinos que pensaban de la Nación de Fuego, los generales, de mí… siempre le decían al Dragón del Oeste el más maldito de todos, el más cruel. El destructor de la esperanza.
Katara parecía encogida por tales apodos. No entendía por qué le afectaba tanto, si mi tío no era ningún familiar suyo. Esa sensibilidad, debo admitirlo, me maravilló.
—Creo ahora comprender porqué Iroh era tan sabio, protector—meditaba, hablaba más para sí misma—Las experiencias crean la sabiduría ¿No crees?
Me miró directamente a los ojos.
—Desde luego.
—Mamá siempre decía que al recordar nuestros errores aprendemos de ellos, y así mejoramos nuestras vidas—sonrió con melancolía—Yo no lo entendí hasta mucho después.
Se encogió, abrazándose a sí misma, pasando los brazos sobre las piernas que estaban completamente pegadas a su pecho. Miraba las nubes del cielo, como si las hipnotizaran.
—Tenía como unos cinco años, Sokka ese día se fue con papá de caza. Bueno, más bien papá le estaba enseñando cómo cazar—sonrió recordándolo, seguro fue una escena graciosa—Mamá me llevó al mar, en vez de a la casa donde me enseñaría a preparar un guisado. Se paró enfrente de la costa y extendió una mano.
Cerró los ojos, recordando mejor.
—"Vamos Katara, empuja y jala el agua. Empuja y jala" me decía muchas veces. Ella se movía y pronto yo la imite. Mamá no era Maestra Agua, pero había visto a maestros ejercer sus técnicas y me trataba de enseñar cuanto podía. Imite sus movimientos y ese día aprendí cómo cambiar las mareas, hacerlas más grandes o más pequeñas.
"Toda esa tarde mamá se la pasó enseñándome cuanto pudo. No descanso hasta que un flujo pequeñito pasó por mis manos sin desmoronarse. Yo estaba feliz y recuerdo perfectamente su mirada llena de orgullo por mí. Felicidad genuina.
Silencio.
—Me llevaba a practicar uno o dos días a la semana. Papá sabía y siempre preguntaba por mis avances. Pero era la sonrisa orgullosa de mamá lo que buscaba con cada movimiento nuevo que inventaba.
Alzó su mano hasta rozar con la yema de sus dedos el dije azul que colgaba de su cuello. Me había percatado que siempre, al sentir tristeza o melancolía, tocaba el collar de su madre. Siempre que hablaba de ella, o alguna cosa le recordaba a Kya, lo rozaba.
—Cuando ella murió, no practiqué más. Tardé meses, creo que casi un año en volver a esa misma costa y seguir con mis habilidades. Ni mi padre ni mi hermano se mostraban tan entusiasmados como antes y mi abuela me daba siempre responsabilidades. Yo debía cumplir con las obligaciones que mi madre hacía. No pude mejorar ni avanzar nada en mi dominio… hasta que conocí a Aang.
Medité seriamente sus palabras. Yo podía sentir cada una de las emociones escondidas en esa oración. Era simple, tremendamente simple, porque ella se sumía siempre en tristezas semi-superadas cuando pensaba en la ausencia de su madre. No puedo culparla, a mí me pasa siempre igual.
Seguimos hablando de pocas cosas hasta que llegó al hora de entrar al Palacio. Estaba haciéndose de noche. Me paré y caminé hacia mi alcoba, pero Katara dijo que se quedaría un rato más. Siempre se quedaba un rato más.
Ésta vez no pude contenerme. Me quedé atrás de un pilar y la observé. Al principio ella siguió sentada, viendo el sol a lo lejos ocultándose y la luna emergiendo en el cielo brillante. Entonces, con movimientos lentos, se puso de pie caminando hacia la pequeña laguna del patio.
Pensaba poco en lo que haría. En verdad, yo creí que rodearía el lago para entrar ya al Palacio. Pero en vez de eso extendió sus manos y adoptó una posición un poco encorvada. Entonces, una enorme masa de agua saltó hacia el cielo y al caer, sin perder su forma, se adelgazó hasta dar varias vueltas alrededor de Katara.
No perdía de vista su concentración. La forma en que sus ágiles manos se movían para que las gotas de agua crearan específicas ondulaciones. Las posiciones de sus brazos, de sus piernas, los pasos que sus diminutos pies daban. Otra enorme masa de agua emergió de lado y se adelgazó en un látigo largo que ondeaba vigoroso alrededor del primer látigo.
Los dos parecían serpientes retorciéndose en una danza ondulante, como si uno se quisiera imponer al otro. De repente, los dos se unificaron y el enorme látigo rodeo los árboles y subió hasta los techos serpenteando grácilmente; en todo, Katara no perdía su vista de su trabajo y su cuerpo seguía moviéndose a la perfección de una sincronía, con una música que no podía escuchar, pero sí observar.
Me vinieron a la mente todas esas imágenes de Katara cuando peleaba con su Agua-Control contra mí, al principio. Entonces era muy débil, usaba movimientos básicos y torpes. Después de ir al Polo Norte, su gran dominio y maestría me hicieron temerle. Cuando me uní a ellos, buscando derrotar a su padre, el gran carácter de Katara sumados a su dominio elemental hicieron que la respetara enormemente.
Verla dominar su elemento era como ver a una mujer bailar. Ningún maestro agua tenía tal gracia al ejecutar sus movimientos. Era simplemente… hermoso.
Al final, la masa de agua se separó en varias serpientes más que ondularon en diferentes zonas y regresaron al estanque casi sin hacer ruido. Solo un chorrito solitario y pequeño siguió moviéndose, hacia mí. Katara dejó caer su mano y entonces me mojé toda la cabeza y parte de los hombros.
—Es de mala educación espiar a las personas—me sonreía burlona, coqueta.
Pero bajo la luz de la luna, el color moreno de su piel adquiría un tono brillante y esos ojos azules proyectaban una inmensa cantidad de luz. La armoniosa sonrisa otorgaba el detalle faltante a ese retrato de elegancia y belleza, pintado por la naturaleza.
Embobado en mis pensamientos, no respondí hasta que se me acercó.
—Lo siento—le respondí—No pude resistirlo.
Estiró una mano y movió su muñeca de arriba abajo, cada gota de agua en mi cuerpo se desprendió hacia ella y roció aquel líquido al césped verde. Los dos caminamos hacia nuestras habitaciones, deseándonos las buenas noches.
Me sorprendí mucho de encontrar, en mi cuarto, un pergamino enrollado sobre mi cama. No lo pensé mucho para cogerlo y leer.
Mi querido Zuko.
Bien, sabes perfectamente que esto de las cartas no se me da mucho, por no mencionar nada. Seré concreta ¡Me la estoy pasando de maravilla! Tenías razón amor, necesitaba éste viaje para relajarme. Me encuentro feliz, libre de estrés y con muchas ganas de verte. Volveré en cuatro días.
Sin más me despido. Salúdame a quien sea que esté en el Palacio. Nos vemos.
Mai.
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POV Katara
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Katara:
Pues si, aunque muchos lo dudaron llegué a un acuerdo perfectamente amistoso y déjame decirte que podré volver antes de tiempo ¡En cuatro días llegaré contigo mi amor! Han sido días interminables, me la pasaba trabajando lo más que podía con el solo pensamiento de volver y encontrar tu radiante sonrisa. No sabes cuánto te extraño amor.
Te tengo una sorpresa para cuando llegue. Por favor, se paciente. Estoy completamente seguro de que te encantará y para que Zuko no se ponga celoso, le llevo algo además de un acuerdo firmado por la paz.
Nos vemos pronto mi amor, sueña conmigo como yo sueño contigo todas las noches.
Te amo.
Aang.
Leí la carta dos veces más. Las palabras de Aang me causaban una gran alegría, sobre todo cuando mencionaba lo mucho que me extrañaba y que anhelaba verme. No paraba de pensar en la sorpresa que me tenía preparada, y la ansiedad de verlo me hizo ponerme en pie para dar vueltas en mi habitación varias veces.
Pero también, en muchos sentidos, era contradictorio. Había estado pasando unos días increíbles con Zuko y cada vez me gustaba más ver su sonrisa, esos ojos de color ámbar envueltos en un resplandor cálido cuando me observaba detenidamente, y la piel tostada por el sol empapada de sudor en sus rutinas matutinas de ejercicio.
No podía describirlo. Zuko comprendía fácilmente muchas cosas que me costaba explicarle a todos mis amigos, inclusive a Aang. Podía leer más allá de mi voz. Entenderme en situaciones que, paradójicamente, los dos hemos vivido de forma parecida.
Soy incapaz de encontrar una palabra precisa para mencionarlo. Solo de pensar en Zuko me ruborizo y mi corazón se pone a palpitar estrepitosamente. Pero ¡No! Eso, antes, solamente me había pasado con Aang ¿Por qué ahora con un bue amigo me ocurría algo similar?
Llevé una mano a mi cabeza, mientras me dejaba caer sobre la cama. Esto estaba mal. Demasiado mal. Miles de pensamientos daban vueltas en mi mente mientras mi corazón era llenado hasta el borde por las emociones intensas que provocaban tanto el regreso de Aang como mi deseo de seguir al lado de Zuko.
Un momento ¿Dije estar al lado de Zuko? ¿Pero qué demonios me está pasando? Me puse de pie rápidamente y volví a dar vueltas en mi alcoba. Analicé cada cosa que hemos hecho, las pláticas que hemos llevado. Todo. Una y otra vez. Pero ¿Por qué me sentía tan asustada? Son cosas que cualquier par de amigos íntimos hacen.
Quizá la cosa es que nunca hemos sido del todo amigos íntimos. Llevábamos bien las cosas cuando trabajábamos en el mismo bando, me tardé pero al final me acostumbré de lleno a su presencia. Aprendí a respetarlo, que su vida no había sido fácil, pude perdonarlo y considerarlo un amigo digno de confianza.
Con los años, cuando la guerra terminó y él se convirtió en el Señor de Fuego, nunca lo vi de forma diferente. Seguía siendo el mismo Zuko socarrón que se la pasaba horas entrenando con Aang, de carácter duro y a veces cínico, pero que siempre te tendía una mano cuando la necesitabas y un corazón más blando que el de un niño inocente.
Un amigo fiel. Pero con el que hablaba una o dos veces en privado cada mes y que nos escribíamos cinco veces en todo un año. Nada más, nada menos. Siempre escribía y hablaba más con Suki, Toph, Aang ¡Hasta con Sokka! En parte, porque viví con ellos más cosas.
Por eso ahora, que tenía tanto tiempo con Zuko, que lo conocía de una forma más íntima, no podía evitar confundirme. Él despertaba dentro de mí muchas emociones que solo Aang había conseguido despertarme antes. Había algo en Zuko, más allá de esa fiera expresión como gobernante o sonrisa afable con nosotros. Un algo que no podía comprender del todo, pero me tenía cautiva.
¡Eso es todo!
Pues bien, díganme ustedes queridos lectores ¿Que opinaron sobre éste capítulo?
Muchísimas gracias por leer y si pueden, déjenme un comentario :D
Chao!
