Katekyo Hitman Reborn pertenece a Akira Amano. Hago esto sin fines de lucro.
Por Amor.
Capitulo 6.
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Amor.
El olor a dulce del establecimiento lo hicieron sentir en casa, como cuando esas mujeres estúpidas llegaban al hogar del decimo con todos esos pasteles y la madre del capo preparaba té para todos.
Sonrió de lado mientras pedía un té verde y pastel de crema de limón y se sentaba en la barra.
Pasaron unos 10 minutos, estaba simplemente pensando en que estaría haciendo el decimo en ese momento, mierda era en lo único que pensaba desde que llegó a Italia.
De hecho, Tsuna no solo ocupaba sus pensamientos sino también todo lo que sentía era por el décimo. Estaba triste por no poder verlo más, preocupado por su salud, por saber como estaba, sentía un enorme vacío desde que se alejó de él. Ahora podía ver con claridad todo el cariño que le tenía a Tsuna, un cariño cálido y fuerte, casi indestructible. Un cariño que jamás había sentido antes, casi podía jurar que se sentía como esos estúpidos monólogos de las películas que la madre del decimo o las mujeres entrometidas veían a veces.
Pero, si ese fuera el caso, el sentimiento que Gokudera tenía hacia Tsuna no era "cariño" o "admiración", no... era ese sentimiento extraño y aterrador al que llamaban...
"No, aclara tus ideas Hayato. No estás enamorado del Jyudaime" se dijo a si mismo antes de tomar un enorme trago al té verde.
Después pensó un poco más, debía salir de esa duda en ese momento.
Había que hacer memoria, las personas enamoradas ¿cómo se comportan con los que aman?, ¿cómo demuestran su amor?, ¿cómo se siente estar enamorado de alguien?
"Bien, aclaremos la mente" tomó un trozo del pastel y se lo llevó a la boca.
Bueno él con el decimo era servicial, alegre, se sentía realmente feliz cuando el decimo era feliz, cuando sonreía... si, esa sonrisa cálida y pura que siempre demostraba lo noble y bueno que era Tsuna. Le llenaba completamente el servir al decimo, esa era su mayor prioridad, serle útil, estar con él y ayudarle en todo. Le encantaba ser él la persona que hiciera sonreír al decimo, que en él Tsuna se apoyara y se sintiera mejor cada que algo malo sucedía, porque él estaba allí siempre. También se sentía mal cuando Tsuna reprobaba algún examen, sentía que daría todo su cerebro con tal de que el decimo pasara con buenas calificaciones y fuera feliz. Y siempre que lo necesitaba estaba allí para el pero solo el... oh, sí, quizás se ponía un poco celoso de que Yamamoto siempre jugara con Tsuna, se frustraba porque el décimo le sonreía a otra persona que no fuera a el, se entristecía cuando felicitaba a alguien más y a él no y se molestaba muchísimo cuando Sasagawa lo ignoraba olímpicamente... ¿quién podría ignorar al decimo? Era perfecto en todo aspecto, incluso en el físico!
El decimo era pequeño y de complexión delgada, algo muy encantador, su cabello era suave y de dulce olor, sus ojos, vaya que tenía unos lindos ojos. Y su voz, suave pero decidida llena de nobleza, sus manos pequeñas y su sonrisa pura… sus labios, delgados, rosados y... mierda.
De acuerdo, quizás si estaba enamorado del decimo, pero eso era... hermoso.
De pronto sintió como un enorme peso de encima se le iba. Sintió una ola de felicidad y armonía por todo su cuerpo y juraba que los colores se veían más vivos que antes. Si, estaba enamorado. Perdidamente enamorado.
De la dulce sonrisa de Tsuna, de su mirada amable, de su forma de ser un poco torpe pero noble e inteligente. De ese cabello rebelde que siempre olía a naranja, de los ojos chocolates, grandes y tiernos, llenos de inocencia y de esas manos pequeñas y delgadas. De cada parte de Tsuna, de todo el, desde adentro hasta afuera. Todo Tsuna era perfecto para él. Que importaba que ambos fueran hombres, que importaba que el decimo debía traer herederos a Vongola, que importaba lo que pensaran los demás, el estaba seguro de su sentir... y quería gritarlo al mundo entero.
-Hey, Gokudera!-
-JYUDAIME!- gritó con las lagrimas a punto de derramarse dando la media vuelta a su silla. Toda la cafetería se paralizó al instante después de escuchar semejante grito del joven que, momentos antes, meditaba con un rostro totalmente serio.
-Eh?- Dino lo miró igual de extrañado que los demás.
-Eh? Ah! No es nada.- se sentó nuevamente el peliplata a seguir con su té ya frio.
-Jajajaja vaya. ¿Cómo has estado? ¿Qué tal la mansión?- el rubio se sentó en la barra al lado de su amigo, pidió un café negro y un sándwich de tres carnes.
Gokudera lo miró un poco indiferente y dijo que estaba bien. Simple y seca fue su respuesta. Ahora que tenía ese pensamiento del decimo en su mente, quería largarse del lugar y verle.
Claro! Dino iba a Japón constantemente!
-Hey, bronco Dino… ¿cómo está el décimo?- quiso hacer pasar su pregunta como algo casual pero la emoción plasmada en sus palabras y el leve sonrojo del guardián no pasaron desapercibidas por el jefe mafioso.
-Tsuna está bien, me ha dicho Reborn que ha subido mucho en sus notas, jajajaja ¡en verdad no lo puedo creer!-
Gokudera pensó rápidamente lo mismo, es decir, el décimo era muy inteligente pero hasta el sabía que no se le daba bien en la escuela. La única respuesta sería que alguien le estuviera enseñando como el lo hacía anteriormente.
Yamamoto era un idiota, Reborn-san podía enseñar de todo menos eso, o al menos eso creía, Sasagawa Kyoko ponía muy nervioso al décimo asi que no podía ser ella, Haru era estúpida…
Hibari…
-Ah, Gokudera… quería contarte algo… quizás no te interese pero en verdad necesito decírselo a alguien antes de que explote.-
-Oye Dino no es que no me interese ni mucho menos pero…-
-No volveré a Japón.- Dino interrumpió a Gokudera, el tono serio que usó hicieron al ojiverde ceder y escuchar lo que el mayor tuviera que decirle. –Fui a ver a Kyoya ayer… en realidad quería seguir yendo a Namimori a entrenarlo, el saber que cada día es más fuerte y un mejor estratega gracias a mi es muy satisfactorio pero no puedo seguir con esto. No puedo hacerle esto a Kyoya, no puedo seguir lastimándome a mi.- Dino vaciló un poco jugando con su sándwich y dio un sorbo al café. Hayato lo miraba con curiosidad, nunca había visto al rubio de esa forma, indeciso, molesto y triste a la vez…
-Que sucedió?- decidió romper el silencio.
-Me enamoré.-
En toda la mañana no se había podido concentrar en sus estudios, es que no había visto a Hibari-san en la entrada de la escuela y tampoco lo había visto en el descanso… solo faltaban dos clases mas para salir e irse a casa y ya estaba preocupado.
Y lo peor era que había sido un día horrible, un par de brabucones lo habían empezado a llamar "Dame-tsuna" mientras lo jalaban de su chaqueta verde. Tsuna solo decía nervioso que lo dejaran tranquilo y en una de esas veces que el más alto de los brabucones lo jaló, el castaño le dio un manotazo, lo que le costó un par de golpes. Y apenas cuando se levantó, vio que los que estaban alrededor estaban riéndose de él… se sentía totalmente humillado, de nuevo.
Gokudera lo protegía, y si no llegaba a tiempo lo ayudaba a ponerse de pie y a darle palabras de aliento para que no se desanimara. Tsuna no se había dado cuenta del enorme significado y la enorme ayuda que esas calidas palabras de apoyo eran para el.
-Sawada Tsunayoshi, dime textualmente lo último que mencioné.- el profesor de Historia estaba parado a su lado mientras Tsuna volvía la vista hacia el y se ponía nervioso.
-HII! Ah.. e-este…- dijo jugando con su bolígrafo. El maestro suspiró cansado y se fue a sentar a su escritorio. Tsuna podía sentir la mirada de Yamamoto y Kyoko en su espalda. Aquellas miradas que hace mucho no veía de cerca.
-Adiós, Sawada…-
Tsuna salió del salón sin mirar atrás. Estaba algo nervioso, bueno, desde que Gokudera-kun se había ido lo estaba, pero ahora que no había rastros de Hibari-san se sentía aun mas.
Sacó su móvil, regalo de su espartano tutor, seleccionó el numero del prefecto y marcó.
Sonó 5 veces y después el buzón de voz.
Se sentía impotente, y lo peor es que se sentía como una chica celosa o furiosa. Corrió a los casilleros y sacó lo que tenía dentro, era el último dia de clases y no se quedaría las siguientes dos horas si se estaba carcomiendo por dentro, así que salió de la escuela.
El castaño corrió por las heladas calles de Namimori, recordando el año pasado, que jugaron a las batallas de nieve, cuando Gokudera se cambió a su equipo "traicionando" a los demás por serle fiel a el. Rió ante aquella memoria y una lágrima rodó por su mejilla, la cual se limpió rápidamente al llegar al edificio donde vivía su guardián.
Tocó incesante la puerta, lleno de nerviosismo. Sin respuesta.
-H-Hibari-san?- giró el pomo y la puerta se abrió, claro, ¿quién necesita seguridad cuando eres Hibari Kyoya?
De nuevo sin respuesta. Se quitó los zapatos y la chaqueta en la entrada y avanzó hacia la sala de estar, después la cocina y finalmente miró las escaleras. Estaba nervioso, después de todo se estaba metiendo sin permiso en la casa de Hibari-san, pero esa extraña necesidad de Hibari era demasiada asi que no lo pensó mas y subió las escaleras topándose con tres puertas, de las cuales una era un baño. Tocó la primera y no hubo respuesta asi que se asomó. Una cama enorme, pero sin mantas o almohadas, solo eso.
Supuso que su amigo se encontraría en la ultima puerta, asi que tomó una bocanada de aire y golpeó despacio la puerta.
-Hibari-san?- el silencio que le siguió lo hizo abrir la puerta. Frente a el un enorme librero repleto de cuadernos y libros, un escritorio, un ordenador, mas libros y una cama, en la cual dormía un Hibari cubierto en mantas.
Tsuna suspiró aliviado al verlo, ahora q ue estaba tranquilo, sentía que había sido muy estúpido haber ido a casa del prefecto. Antes de que se diera la vuelta para salir la voz del mayor lo heló completamente.
-¿Por qué estás aquí?-
-Ah!, e-es que Hi-Hibari-san nunca… nunca falta a la escuela y-y pues quería saber si estabas b-bien…- Tsuna se puso nervioso y la venenosa mirada del pelinegro no ayudaba en nada.
Hibari se sentó en la cama, se aguantó un bostezo y miró con los ojos entrecerrados a Tsunayoshi, en verdad se sentía horrible. Quizás solo era aquella estúpida debilidad para la fiebre por la que odiaba un poco el invierno. Se mareó cuando intentó enfocar bien al herviboro y eso lo molestó aun mas.
-Hibari-san? Te… te pasa algo?- el castaño pudo ver el malestar en Hibari, ciertamente se veía mas palido, un poco desganado y por supuesto el hecho de que no haya asistido a la escuela era la prueba mas grande de que algo malo había pasado. Se acercó unos pasos a la cama del pelinegro pero de nuevo la mirada afilada lo detuvo. –Hibari-san, si estás enfermo… puedo… puedo cuidarte y…-
-Calla, no necesito de tu caridad Tsunayoshi. Largate.-
-Pero te ves enfermo! No puedes estar asi!-
-Por qué quieres verte involucrado en cosas que no te incumben? Sabes que si te necesito simplemente te lo haré saber, ahora largo herviboro.-
Tsuna se acercó un poco mas. No podía soportar que nisiquiera en ese estado Hibari no lo necesitara ni un poco, es decir, el siempre lo necesitaba, para lo que sea y cuando sea, necesitaba de Hibari-san. Necesitaba compañía.
-Hibari-san… por favor… -se hincó frente a el con lagrimas en los ojos y lo abrazó con fuerza- Te… te necesito…- dijo en susurros.
El pelinegro sintió algo oprimiéndole el pecho, era de nuevo esa sensación de vacío, era como si su pecho se quisiera tragar a Tsuna para deshacerse del horrible hueco en el. Así que recibió aquel abrazo con otro aun mas fuerte, apoyando su barbilla en el cabello del menor, respirando el aroma a naranja que desprendía el pequeño. Un olor un poco embriagante pero demasiado dulzón.
Los ojos llorosos de Tsuna no se podían abrir mas, la sorpresa que recibió era demasiada y un rubor casi imperceptible se anido en su rostro.
Hibari entendía aquella necesidad que el castaño estaba sufriendo, ese sentimiento era un cariño especial que siempre le tendría a Gokudera Hayato. Y lo que estaba a punto de hacer era egoísta para el pero no le importaba, Hibari solo quería dejar de pensar en toda la soledad que lo acompañaba desde hace unos años.
Tsuna se separó apenas unos centímetros para mirar a Hibari a los ojos, este le devolvió una mirada cansada y enferma.
-Hibari-san… tienes mucha fiebre.- el mayor sonrió de lado y se acercó al rostro ruborizado del mafioso para después besarlo.
Un contacto firme pero tranquilo, Hibari movía lentamente sus labios contra los de Tsuna, quien intentaba corresponder torpemente al contacto.
Después de unos segundos se separaron.
Ambos acababan de dar su primer beso, ambos habían mostrado debilidad, ambos estaban confundidos porque creían que eso iba a ser algo mágico… no lo fue.
Fue un simple contacto, lindo si, pero no cálido, no tenían ese sentimiento que se supone que deberían tener. Ambos temblaban, Hibari por la fiebre y Tsuna por la sorpresa.
Después se miraron a los ojos, Hibari lo atrajo consigo a recostarse en la cama, totalmente separados pero cubiertos con la misma sábana y los dedos entrelazados.
Tsuna miraba el techo mientras el otro cerraba sus ojos para descansar, en verdad la fiebre lo estaba matando.
Reborn miró de nuevo aquel sobre de papel fino con olor a café. La carta iba dirigida a su alumno pero, como era un tutor preocupado por el, o mas bien curioso, tomó el papel y lo abrió. La llama naranja del ciel saltó a su vista una vez abierto.
El bebé se acomodó en el cojin en el que estaba sentado y leyó un par de veces la carta.
No sabía que esas decisiones se tomaran con tanta anticipación, y si asi fuera, jamás pensó que sería con cinco años de anticipación.
Lo meditó un poco, en la carta no decía que Tsuna debía dar una respuesta… al contrario, era obligación total para ser el nuevo jefe Vongola asi que no importaba si lo supiera después o en ese momento, Tsuna tendría que hacerlo…
Reborn tomó la carta y la escondió en su sombrero por el momento, después buscaría un lugar mas seguro.
-Le dije que… le confesé mis mas profundos sentimientos, le dije todo lo que necesitaba saber… le dije que lo amaba, que me gustaba, que lo quería, que lo deseaba… que para mi, el era perfecto y que era la única persona que he amado en toda mi vida.- suspiró, tomó una servilleta de la barra y comenzó a jugar con ella. Su compañero lo miraba serio, sin parpadear y totalmente sorprendido ante las palabras del mafioso. –También le dije que… por lo mismo que mi corazón le pertenece, es por lo que debía alejarme de el. El merece alguien que le pueda dar todo lo que posee y que no lo haga pasar vergüenzas y malas caras, merece una chica linda que lo cuide, lo apapache y lo haga feliz… no un hombre que no le podrá dedicar el tiempo que merece y que quizás lo discriminen por su culpa… tu sabes, la sociedad no está lista para algo asi.- el rubio desvió la mirada ante aquellas palabras, era verdad que amaba a Kyoya mas que a nada pero, lamentablemente, también era verdad que quizás podía meterlo en problemas por el asunto de la mayoría de edad y la cuestión del genero.
Por otro lado, Gokudera se mordía la lengua para no gritar de rabia. Ahora dos cosas lo carcomían por dentro; que Dino no pudiera estar al lado del imbécil que ama y que él mismo tendría que abstenerse de sus sentimientos por completo.
El y el decimo eran hombres, el decimo pues, era eso, el decimo capo Vongola. Si alguien se llegase a enterar de que el jefe de la familia mafiosa más poderosa de todas mantenía una relación con un hombre, su mano derecha, la reputación de Tsuna caería en lo más bajo que hay, incluso para la mafia.
Dino comenzó a lagrimear, no le gustaba para nada el tema pero necesitaba desahogarse con un amigo, no iba a permitir que Romario escuchara aquellas vergonzosas palabras de su jefe, asi que Gokudera le pareció perfecto…
-Lo siento Dino.- el guardian bajo su cabeza y fijo su vista en la mesa algo gastada. Sentía un horrible nudo en la garganta, los ojos pesados y aguados y las manos temblorosas de coraje.
Sin ni siquiera poder luchar, tendría que renunciar a Tsuna.
La chica jugaba con su pequeño perro en el amplio jardín mientras su hermana mayor leía una revista en la silla de jardín.
Sin preocupaciones, problemas o siquiera pensamientos relacionados entre si, las hermanas Valenty y Alessia disfrutaban de un merecido día libre de estudios.
La mas pequeña, Valenty se levantó al ver que su cachorro se alejaba de sus brazos y antes de poder ir tras el, su madre la detuvo.
-Querida, llama a tu hermana y vayan al comedor, su padre las quiere ver.-
Y así lo hizo la chica de 15 años, quien fue seguida por la mayor de 20.
Al entrar a su ya conocido comedor, su padre las esperaba sentado en una de las sillas de la mesa con un rostro serio y sereno, como siempre lucía el jefe de la familia Enemeggio.
La familia Enemeggio, dedicada mayormente a exportaciones internacionales con America, no era una familia muy conocida en la mafia. Era pequeña y apenas era la tercera generiacion, su escudo era un tulipan en flor con un paisaje en color ambar, orgullosos y codiciosos como eran, los Enemeggio habían buscado alianzas en muchas familias para hacer crecer su poder en la mafia, eran hombres de bien y solo querían ser reconocidos por el enorme soporte que hacían para muchas familias poderosas.
Entre ellas los Vongola.
-Valenty, Alessia ha llegado la hora de poner en alto el nombre de Enemeggio, en no tener que decir a que nos dedicamos, que con solo escuchar nuestro apellido, ser reconocidos como los pilares de la mafia italiana. Una alianza ha sido planeada y no podemos desaprovechar esta oportunidad.- el hombre hablaba con su tono poético, teniendo hechizadas a sus hijas sobre que tan bella sería la vida si su familia se aliara con otra.
-¿Que familia ha aceptado mi mano?- Alessia se mostraba emocionada, todos los jovenes que habia conocido hasta ahora eran realmente apuestos y estaba dispuesta a contraer matrimonio con cualquiera de ellos, con tal de tener el reconocimiento que merecen.
-Valenty, partes a la mansión Vongola mañana mismo.- Alessia hizo una mueca y se retiró indignada mientras Valenty se quedó inmovil y sin saber que hacer o decir. El hombre no quizo hablar mas, se levantó y se retiró. En cierta forma le dolía dejar ir a su pequeña hija, pero la familia la necesitaba.
Despues de todo, se desposaría con el decimo jefe Vongola.
Okey, matenme, lo merezco.
Pero en serio esta historia me esta destrozando la mente, por ahora va por buen camino, para mi punto de vista! pero si ven que me estoy saliendo de lo que prometí se los agradecería mucho que me dijeran o pidieran cualquier cosa.
Ahora vimos lo que sucedió con Dino y Hibari, vimos a Gokudera descubriendo su corazon y a un Tsuna destrozado mentalmente (como yo lol)
Aqui el 1827 en forma seca, es la raíz de la relacion, asi que bueno, no esperen mucha miel.
Gracias por leer y por sus reviews!
