Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn pertenece a Akira Amano.
Por amor
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Capitulo 7
Pensamientos.
Secretamente, Alessia estaba aliviada de no tener que contraer matrimonio con algún desconocido, con un pervertido o un matón, en fin, alguien de la mafia; pero también estaba algo herida. Siendo ella la mayor de las hermanas, la más linda y la más inteligente era mucho más probable que ella fuera la esposa que uniría a su familia en una alianza de sangre, después de todo ella tenía llamas del cielo mientras que su hermana de la nube.
Le dio un sorbo a su café e hizo zapping en la tv. Estaba algo nerviosa ya que Valenty se encontraría en estos momentos en la mansión Vongola conociendo al noveno y sus guardianes, si fuera ella, estaría muy emocionada y feliz… pero no, Valenty odiaba todo el asunto.
Ella odiaba la mafia.
La mansión no era tan horrible como se imagino, de hecho todo lo contrario. Parecía una especie de castillo de la realeza, con arquitectura antigua, hermosos y bastos jardines con flores de colores, balcones de piedra y hasta un riachuelo cristalino. Por fuera la finca era encantadora y cuando sus guardaespaldas la hicieron entrar, el encanto solo se acrecentó. Alfombras finas, pinturas caras y muebles rústicos. Todo pulcro y reluciente como si lo limpiaran cada hora.
Una gran mansión para una gran familia.
Las nauseas del día de ayer le llegaron nuevamente y desvió su mirada al piso para concentrarse solo en sus pisadas.
Escuchaba la voz de sus guardaespaldas. Decían algo acerca de un guardián, una carta y 5 años; en realidad no escuchaba bien y ni siquiera intentaba agudizar el oído, cualquier cosa que la mafia le diera sería algo que ella no aceptaría.
La puerta se abrió y de nuevo levantó la cabeza para encarar a la siguiente persona con la que tendría que hablar.
La sorpresa se dibujó tanto en su rostro como en el del joven frente a ella, un joven que le pareció realmente apuesto.
La mirada tranquila, la temperatura del cuerpo y la respiración ritmica solo eran indicios para Tsuna de que su amigo estaba mejor que ayer.
Y por muy cómodos que fueran los brazos de Hibari, se sentía raro entre ellos.
Le gustaba que Hibari le diera un trato especial, le gustaba la tranquilidad semi-anestésica que le provocaba y le gustaba distraerse de todos sus problemas con él.
Le gustaba Hibari.
Y aquel beso que él le dio había significado mucho, era como un sello de una promesa; que se cuidarían mutuamente y que ambos estarían juntos cubriéndose las heridas.
Pero se supone que eso no era el significado de un beso, al menos no todo. Para Tsuna, los besos siempre los imagino con Kyoko-chan. Sería como algo suave y lindo, que lo hiciera sentirse feliz y afortunado.
Después llego el beso de Hibari, lo sentía como una obligación para que todo lo que ya habían construido se mantuviera de esa forma.
Y estaban los besos que añoraba, los de pelicula, los besos en los que la corriente eléctrica de emociones nunca antes sentidas se arremolinaran en su estomago. Era algo que siempre pensó tendría con Kyoko y espero sentir con Hibari. Pero no. En estos momentos, la única persona que provocaba eso sin siquiera besarlo, sin siquiera estar cerca de él era Hayato Gokudera.
Lo extrañaba, lo quería cerca, quería que todo fuera como antes, quería contarle todo lo que le sucedía y que él le diera porras y lo animara, pero jamás pensó en su guardián como algo más que un amigo. A pesar de eso, la idea de estar con Gokudera de la misma forma en la que se encontraba con el prefecto, le parecía más que atractiva, incluso se sonrojó ante el fugaz pensamiento de un beso con el peliplata.
En ese momento una idea lo asaltó, y aun estando en los brazos de Hibari, respirando su esencia y recostado en su cama, pensó que quizás quería a Gokudera de la forma en la que había querido a Kyoko, en la forma que pensaba quería a Hibari, también se dio cuenta de que ese sentimiento había estado en su cabeza de forma inconsciente desde hace ya un tiempo, ya que no sintió que había descubierto algo desconocido, sino encontrado algo familiar.
El dolor punzante en su pecho lo atacó más fuerte que nunca y se estremeció al recordar la imagen de su mano derecha, el dolor fue tan intenso que decidió dejar de lado aquel pensamiento y, abrazándose más a Hibari, decidió que olvidaría ese sentimiento que, de pronto, se había anidado fuertemente en su corazón.
El cariño especial que le tenía a Gokudera-kun.
La puerta se abrió de repente y el chico se puso de pie observando con atención hacia el frente. Una pequeña figura pelirroja y temblorosa atravesó el umbral parándose al otro lado de la habitación, detrás de ella venían un par de hombres vestidos de negro.
Gokudera arqueó una ceja, la chica se veía más débil de lo que se había imaginado y se preguntó la razón del noveno para colocarla en la lista de prioridades. Era solo una chiquilla estúpida.
-Buenos días. Mi nombre es Hayato Gokudera, me presento ante usted como el guardián de la tormenta del decimo Vongola así como también su mano derecha.- dijo en un perfecto Italiano mientras miraba a la chica, ambos sin expresión alguna.
-Un placer.- le respondió Valenty con actitud desinteresada.
-Tengo entendido que el aprender japonés es una de las prioridades que el noveno le ha impuesto.- Gokudera se sentía incomodo al hablarle así a la desconocida pero las órdenes eran claras; tratarla como un alto rango de Vongola aun cuando quisiera simplemente mandarla a volar con un diccionario ingles-japonés, tal como él lo había perfeccionado.
La chica examinó al guardián de pies a cabeza, cabello lindo, ojos brillantes y tranquilos, expresión algo huraña, una pequeñísima arruga entre las cejas por tanto ceño fruncido y una figura increíblemente atractiva. Todo un caso era aquel chico. Valenty sintió ganas de tocar sus brazos bien marcados. El chico era, ciertamente, atractivo en todo sentido de la palabra más sin embargo solo sintió ganas de hablar acerca del decimo Vongola. No sabía nada de su futuro esposo y ese era el tema de conversación que quería mantener y no el idioma que ya dominaba desde hace un par de años.
-Si, bueno, se hablar japonés, solo que creo es algo antiguo. Solo necesito comprobar mis conocimientos.- Gokudera asintió y tomó algunos documentos del escritorio en el que estaba recargado. Se colocó sus gafas y dio un vistazo a las primeras dos hojas.
-Valenty Enemeggio, seré su escolta privado por el resto de su estadía en la mansión. Cualquier cosa que necesite estoy a sus ordenes.- Gokudera le entregó un móvil en un movimiento torpe y dubitativo, a lo cual la chica reaccionó de la misma forma. –El primer contacto en la lista es mi numero, el segundo es el de el pelotón de guarda espaldas a su servicio, mientras que el tercero es del personal de CEDEF.- dicho esto guardó los documentos en la carpeta y se acercó a la puerta del salón. –Me retiro por hoy, mañana empieza la tutoría.- Hayato salió del lugar con el ceño fruncido, la enorme necesidad de tabaco y un extraño y mal presentimiento sobre la chica.
Tenía muchísimo frío, sentía sus manos desnudas hechas hielo, las piernas entumidas y el pecho helado por cada respiración fuerte que daba. Pero lo había logrado, había anotado un home run en el último minuto del juego llevando a Namimori chu a la victoria del torneo de Invierno.
Oh, como adoraba jugar beisbol.
Los gritos de los espectadores, las palmadas en la espalda y las sonrisas y palabras de aliento de sus compañeros fueron demasiado excitantes, su felicidad se incrementó y se sentía en el cielo. Bueno, si un buen amigo hubiera estado ahí, sí sería el cielo.
El calor de los vestidores lo hicieron relajarse se deshizo de su uniforme y entró a las duchas con una enorme sonrisa en el rostro. Lo había hecho genial.
El agua caliente relajó sus musculos y se permitió limpiar su mente de todo.
-Hey ¿escucharon lo que dijo Hiro?- una voz conocida, al otro lado de la pared... el chico de gafas que se la pasaba tonteando en los entrenamientos.
-¿Qué cosa?- otra conocida voz. Sempai del equipo.
-Ya sabes, que vieron a Hibari con una persona afuera del comité de disciplina-
-¡Ah! Pero dicen que era un chico.-
-¿QUÉ?-
-Y se dice que era Sawada.- Yamamoto detuvo sus movimientos en un segundo. ¿Qué?
-¿Sawada? ¿Te refieres a Dame Tsuna?- preguntó otro.
-Si, incluso el chico del club de computación dijo que vió a Dame-Tsuna entrando a casa de Hibari-san.-
-No sabía que Hibari-san anduviera por esos rumbos… me lo imaginé del llorón de Sawada pero…
-Hahaha si, a Dame-Tsuna solo le falta la faldita para ser toda una…- un golpe en la pared lo interrumpió. Todos los que habían formado parte de la conversación se giraron a la puerta de las duchas. Yamamoto iba saliendo con la mirada más que enojada y los puños palpitando de coraje, ¿Cómo se atrevían a hablar así de Tsuna? Fuera o no cierto aquel rumor, Yamamoto no iba a permitir que un montón de idiotas hablaran de su mejor amigo de aquella forma. No del chico que los había salvado a el y a sus amigos de una catastrofe multidimensional... no del decimo, no de su mejor amigo.
Todos callaron porque respetaban a Yamamoto, era bueno en todo lo que se tratara de beisbol y gracias a el siempre ganaban los juegos, era buen amigo y animaba a todo el equipo en una mala racha.
Y era amigo de Tsuna.
Se acercó al de lentes que había comentado lo primero y lo ultimo y le sonrió pero sin deshacer la mirada ácida.
-¿Alguien mas sabe lo que acabas de decir?- el chico negó con la cabeza y balbuceó después un "perdón"
-Maa, no te disculpes conmigo… solo no digas ni una, escuchame bien, ni una sola palabra de este tema. ¿Escucharon?- alzó la voz para ser escuchado en todo el vestidor – Ni una palabra.- dijo y deshizo la sonrisa para volver la vista al que había comenzado –Lo digo en serio.-
Hibari había leído en alguna revista de la recepción de la escuela, algo acerca de las parejas sanas y las demostraciones de afecto.
Le había agradado el articulo ya que era exactamente lo que él deseaba en ese momento, una relación sana, una relación con Tsunayoshi.
Una unión que fuera inquebrantable, algo que le diera seguridad tanto a él como a Tsuna de que no estarían solos.
Fue a rescatar aquella revista, que para su sorpresa no era de adolescentes, era acerca de salud mental. Al leer nuevamente el artículo, se topó con cosas que al principio no les había prestado mucha atención.
Decía que las relaciones sanas se basan en confianza, amor y conocimiento uno del otro, una relación sana funciona por las formas en las que la pareja se demuestra estas tres cosas.
También decía que había muchas demostraciones de amor, pero las más hermosas eran dos.
La primera, besos. Hibari había besado a Tsuna y no le pareció gran cosa, bueno, los labios de Tsuna eran, muy suaves y tibios, en cierta forma si fue algo agradable, mas nada fuera de este mundo.
La segunda, sexo. Nunca se había detenido a pensar en Tsunayoshi de esa forma y, a decir verdad, ahora que lo hacía no le parecía lo suficientemente atractiva la idea. El físico del castaño le agradaba. Solo era Tsunayoshi, pero al estar tan cerca de el ultimamente, notó cierta inclinacion hacia su pequeña y delgada anatomía; cuando lo besaba lo tomaba de la cintura o acariciaba su cabello, detalles minimos pero que conducían a una atraccion. Aun asi, Hibari permanecía parcial hacia esa idea y así se quedaría.
Pero podría tomarla en cuenta.
Ahora solo quería asegurarse de que el chico pudiera ver en el esas tres cosas; confianza, amor y conocimiento asi como también que el mismo pudiera ver esas cosas en Tsuna.
Con Gokudera Hayato en la mente del castaño todo el dia y Hibari con la cólera de la partida permanente de Dino, iba a ser una cosa muy difícil.
Dino…
¿Quién diría que todo fuera culpa de ese caballo idiota?
Hibari era sincero consigo mismo para ciertas cosas. Aceptaba que lo que sentía por Tsuna no era precisamente amor, también aceptaba que estaba harto de tener este sentimiento en el pecho y no saber de que se trataba. Aceptaba que Dino lo había sorprendido demasiado con aquella declaración y mas sorpresa le causó cuando le dijo que se iría.
Pero lo que no aceptaba era ese dolor en el pecho que tenía cuando recordaba aquel momento.
El que estuviera saliendo con Tsunayoshi era un factor desencadenado de aquel dolor. Tsunayoshi lo distraía, lo hacía sentirse acompañado cuando ese dolor solo aparecía en su soledad. Ademas de que Tsunayoshi sufría el mismo dolor…
-Kyo-san-
-¿Qué?- apartó sus pensamientos y guardó rápidamente la revista en uno de los cajones de su escritorio y miró a Kusakabe.
-Lo buscan.-
-Yo, Hibari.- dijo alegre el visitante.
-Yamamoto Takeshi.- dijo cortante y algo enojado. Por alguna razón pensaba que se trataba de Tsuna.
-¿Estás saliendo con Tsuna?- soltó Yamamoto sin rodeos. Había esperado dos dias para ver a Hibari el lunes. Sabía que, a pesar de ser vacaciones, Hibari iría por lo menos un par de horas a la escuela. Al prefecto le habían sucedido muchas cosas en esos días. Había salido más con Tsuna, había hablado mas con él, le había dicho más acerca de ellos dos y nadie mas y lo había besado muchas más veces.
-Si- le respondió. No mentiría, despues de todo, quería que se supiera.
-…- el beisbolista se sorprendió, no pensaba que el otro le contestara tan rápidamente y menos que su rostro luciera tan seguro de sus palabras. Murmuró una disculpa por la intromisión y se retiró con una sonrisa. Hubiera querido decirle más cosas pero ya no eran palabras para decirle al mayor, sino para Tsuna.
-Tsu-kun, Yamamoto-kun te busca.- Tsuna dejó el control del videojuego y bajó las escaleras corriendo con un nerviosismo palpable debido a la sorpresa.
-¿Yamamoto?- dijo en un susurro. Si, era él. El mismo chico con la misma sonrisa eterna. Su amigo.
-Tsuna, tanto sin verte.- dijo en un tono melancólico que hizo sentir a Tsuna incomodo y culpable. Él era el que se había alejado de su guardián, era él el que había decidido enterrar a sus amigos y solo dedicarse a Hibari y su entrenamiento.
-¿Quieres pasar?-
-No te preocupes, solo vengo de paso, hace mucho frio y mi viejo me espera para ayudarlo a decorar el local.- Tsuna asintió y esperó a que el chico hablara. –Tsuna, ¿hay algo que quieras contarme?-
-¿Q-qué? ¿De que hablas Yamamoto?- Podría ser…
-Ya sabes, cualquier cosa… algo nuevo del bebé…- no podía… -un nuevo amigo…- no… -¿Qué sales con alguien?-
-…- Tsuna sudó frío. No se sentía capaz de hablar con Yamamoto sobre él y Hibari, no aun. Que dos chicos salieran era algo que quizás el podría considerar repugnante, quizás no lo pudiera entender… ni el mismo lo entendía.
-Tsuna… hey, Tsuna… eres mi amigo. Siempre te voy a apoyar… no tienes que responder si no deseas solo… solo quería saber qué hacer con todos esos rumores. No sabía si callarlos o no así que…-
-¿Cuáles rumores?-
-Que Hibari y tú están saliendo.- Tsuna desvió la mirada y la posó en algún lado del piso, asintió levemente y sonrió con una huella de dolor en el rostro.
-No importa que… lo sepan.- dijo tratando de convencerse a si mismo que era lo mejor que le había pasado desde que EL se fue.
Yamamoto se sorprendió mucho. Habría jurado que Tsuna jamás estaría con Hibari... pero en fin, estaba feliz si Tsuna era feliz.
-Felicidades Tsuna.- dijo y le tocó el hombro. Tsuna lo miró impactado y despues le sonrió calidamente.
Oh... ¿como pudo haber olvidado a Yamamoto? ¿Cómo pudo haberlo dejado de lado de esa forma?
-Yamamoto... ¿puedo pasar por tu casa mañana?-
-... cuando lo desees Tsuna.-
Había leído y releído los documentos y expedientes que le habían dado de la chica. Nada extraordinario ni tampoco algo que la pudiera catalogar como un miembro importante de la mafia, ni siquiera era parte activa de su familia.
Valenty era solo una chiquilla mimada hija de un idiota comerciante que quería hacerse más rico de lo que ya era.
Le causaba dolor de cabeza aquella niña. En las clases de japonés se irritaba ya que se la pasaba repitiendo "eso lo sé, eso lo sé", cuando tenía ordenes de llevarla a unos entrenamientos con gente de Vongola, quería taparle la boca con cinta por tantos berrinches que hacía por que le aburría el entrenamiento.
"Mujer estúpida. Todas son iguales"
Dejó las carpetas en una mesita de madera y llamó a Uri de su anillo. El gato de nuevo comenzó con esa actitud extraña, buscaba en toda la habitación y luego se acostaba a los pies de Gokudera.
-Háblame Uri… por favor.- le dijo con un tono suplicante. Odiaba ver al gato de la misma forma que él se sentía; perdido, solo, impotente y desesperado.
Solo quería ver al décimo. Yamamoto seguía diciendo que estaba bien, que no había nada que reportar.
Y se sentía herido. Ya había pasado mucho tiempo y no había escuchado de nadie que el décimo lo hubiera intentado localizar, ni siquiera que hubiera preguntado por el.
Enterró su cabeza en la almohada y se dispuso a dormir, mañana llevaría a Valenty a ver al noveno otra vez.
MIERDA! XDDD TARDACION MASIVA! LOL perdón perdón perdón perdón perdón perdón perdón
Mi cerebro se apago y mis tareas me ahogaron. NO TENÍA INTERNET. .
En fin, si alguien sigue leyendo esto, por favor paciencia. Ya el próximo capítulo comienza lo interesante; adiós al 1827 y hola 5927~ jeje.
En serio, perdooooooooooooooooon! :c no merezco vivir.
