Los personajes no me pertenecen, excepto Valenty. KHR es de sus creadores.
SPOILERS DEL MANGA. CAPITULO ACTUAL.
Por amor.
Capitulo 8
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Jefe Vongola.
Hacía mucho tiempo no se sentaba a comer con un buen amigo, tampoco a disfrutar tan buen sushi como lo era el del "Takesushi" y hablando de cosas al azar, tonterías y riendo por cualquier cosa era algo realmente relajante, algo que le estaba comenzando a parecer muy lejano.
-Oh! Ahora que lo recuerdo, Hibari-san me dijo que Namimori ganó el partido de invierno gracias a ti, felicitaciones Yamamoto.-
-Jajaja muchas gracias, fue un buen partido. Me hubiera gustado verte ahí.- Tsuna bajó la mirada a su plato y comió un poco más.
-¿Cómo te va en tu entrenamiento?-
-Ah, bien, Squalo es muy divertido a veces. Se la pasa gritando que la espada no es como el beisbol pero, jaja, a mi me parecen muy similares. En fin, dice que he mejorado aunque solo llevemos cuatro sesiones.- Yamamoto dio un sorbo a su té y sonrió.
-Me alegro.-
El pelinegro se moría de ganas de preguntarle cosas a Tsuna, quería saber si él había hablado con Gokudera, quería saber porqué comenzó a salir con Hibari y si iban en serio. Quería saber cuándo volvería el peliplata a Namimori o, en el peor de los casos, cuando se irían ellos a Italia.
-Erm… Tsuna…-
-¿Sabes algo de… de él?- Tsuna había preguntado primero. Intentaba verse tranquilo y desinteresado pero Yamamoto notó el temblor en su cuerpo y la mirada triste.
-Bueno, me ha mandado algunos mensajes pero no dice mucho. En realidad solo pregunta por…-
-Ciaossu.- Yamamoto dejó de hablar al momento de ver a Reborn. El pequeñín le había prohibido decirle a Tsuna palabra alguna de Gokudera, pero Yamamoto no quería seguir viendo a su amigo de esa forma.
Yamamoto sabía que había sentimientos de por medio, unos muy fuertes y era por eso que todo se le hacía realmente confuso e injusto.
Para él, la relación que Tsuna y Gokudera habían mantenido hasta ahora era solo un pequeño pilar de todo lo que en verdad podrían llegar a ser.
-Reborn, ¿Qué haces aquí?- el bebé miró a su alumno y después a Yamamoto con rostro serio. El beisbolista lo miró de igual modo y se levantó con la excusa de traerle sushi al arcobaleno.
-He venido por ti para que comiences a entrenar.-
-¿Es en serio? He estado entrenando toda la semana, ¿no meresco un descanso?- El castañ hizo un puchero y se recargó con pereza en la silla, recibiendo una mirada reprobatoria del arcobaleno. –Está bien, ya… vamos.
Sin mas, ambos se retiraron del lugar sin despedirse de Yamamoto, pidiéndole al padre del mismo que avisara por ellos.
Iba a ser una noche larga.
El día de Gokudera tenía tres etapas, la primera eran las asesorías y capacitaciones en cuanto al cuerpo de inteligencia de Vongola, donde aprendía estrategias de defensa y ataque básicas, así como administración de cuarteles. Después el entrenamiento físico; explosivos armas de fuego y armas blancas, así como sus poderes y habilidades como guardián de la tormenta, asesorado por Fong y el propio Coyote Nougat, cuando tenía el tiempo. En tercera, la etapa escolar, donde un tutor contratado por Dino, le enseñaba todo lo que un chico de 15 años debería estar aprendiendo en la escuela. Así era de lunes a viernes.
Los fines de semana solo tenían dos etapas, pero eran las mas odiosas de todas.
Los sabados en la mañana era libre, mientras que los domingos, lo era en las tardes.
Las tardes de los sabados y mañanas de domingos se la pasaba asesorando a cierta chica nueva en Vongola. Valenty. La muchacha aprendía rápido, era lo único que agradecía ya que había días en los que podía irse antes de tiempo de ese lugar, como hoy.
Era sábado por la noche, Gokudera estaba estresado y tenía dolor de cabeza. Se creía enfermo o algo así ya que tenía dolores de cabeza constantes y cansancio. Mucho cansancio. Dino sugirió que era porque aun no se acostumbraba al clima, horario y diferencia de actividades, a lo que Gokudera decidió hacer caso.
Su vida en la mansión Vongola se había convertido en toda una monotonía que lo hacía extrañar su escuela en Namimori. Pensó en el décimo cuando entró en la habitación y miró a Uri acurrucado en una vieja chaqueta negra. El pequeño era otro factor para preocuparse.
No veía avances en la conducta del minino y le entorpecía los entrenamientos muchas veces e incluso había sido lastimado la última vez que entrenó con guardias del Noveno.
Comenzaba a sentir que era su culpa, que Uri se pondría tan mal que perdiera el poder que le quedaba.
¡Buajaja! ¡Lambo-san derrotará a Rebo-! –un golpe en la cabeza fue suficiente para que Lambo comenzara a llorar y Reborn se librara de él.
-¡Re-reborn! –Tsuna se quejó al ver al chico vaca llorar, por lo que detuvo su caminata.
-No te detengas Dame-Tsuna. Quiero que llegues a los 40 kilometros… ¡Ciaossu!- se puso el auricular del teléfono en el oído y le dio un sorbo a su expresso mientas continuaba vigilando a Tsuna desde las gradas de una cancha de beisbol. -¿Por qué llamas cuando estoy entrenando a Tsuna?
-No es de mi agrado escuchar tu voz, Reborn, pero hay algo que necesitas saber- Verde se aclaró la garganta antes de continuar.- Los demás arcobalenos aun no lo saben así que es tu deber decírselos… la maldición se rompe al fin.-
El arcobaleno del sol afiló la mirada y habló en tono mas bajo para evitar que el idiota de Lambo lo escuchase. -¿Cómo?-
-Desde que Sawada derrotó a Checker Face, los pacificadores han estado perdiendo algo de brillo. ¿Lo has notado? Comencé a investigarle y noté que mido unos centímetros mas. Mammon tiene la voz mas gruesa y me llegó un reporte de Skull de que su traje se ha "encogido" ... estamos creciendo Reborn.-
-Mi alumno está cerca. Me contacto luego.- Colgó. Efectivamente había tenido ciertos cambios en él y la idea de que la maldición se acabara pasó por su mente muchas veces, pero nunca tan profundo como en ese momento. Al parecer solo necesitaba alguien que se lo confirmara. Sonrió de lado y le lanzó una piedra a Tsuna para celebrar.
-Lo siento… Reborn me tuvo despierto casi toda la noche haciendo entrenamientos… no siento mis piernas.- Tsuna se dejó caer en cuanto estuvo a un lado del sillón del comité de disciplina, Hibari no lo reprendió, al contrario, se acercó al castaño y se sentó a su lado con los brazos y piernas cruzados.
-¿Para qué entrenas ahora? – dijo sin mucho interés aparente, pero la curiosidad era verdadera. Tsuna así lo sintió.
-No lo sé. Después de que derrotamos a Checker Face no ha pasado nada en absoluto, el noveno dijo que solo quedaba esperar la ceremonia de sucesión. Sé que no debo perder condición pero… ¿es esto necesario? –le mostró un enorme moretón en el vientre y otros mas en los brazos. –¡Esto no es justo! –
HIbari sonrió de lado y le besó la frente a Tsuna, el cual se inmovilizó. Aun no estaba acostumbrado a esas muestras de afecto del pelinegro por lo que el sonrojo en sus mejillas apareció de inmediato y este aumentó cuando Hibari lo rodeó con sus brazos y lo apegó a si. La cabeza de Tsuna descansaba en el pecho del mayor y los brazos de Hibari se cerraban sobre el vientre del castaño.
-Mi abuelo me crió desde los ocho años, cuando mis padres murieron. Él era militar y samurái, por lo que me enseñó a pelear y defenderme. Yo era un herbívoro cobarde como tú pero gracias a el, me convertí en lo que soy ahora.- Hibari hablaba tranquilo, su respiración y aliento chocaban contra la oreja de Tsuna y este solo apretó los puños mientras escuchaba atento. Nunca pensó que Hibari se fuera a sincerar con él. –Es la mejor lección que me han dado en mi vida. Ser siempre el mejor, el mas fuerte, el mas preparado. Ganar, morder a todos hasta que mueran y que solo quede yo… ¿Lo aprenderás alguna vez?-
El Vongola asintió. Se sintió identificado con el pequeño Hibari, con un niño asustado y desprotegido que, de la nada, debía enfrentar la realidad y ser el mejor y mas fuerte. Debía aprender lo que el abuelo de Hibari le había enseñado y así dejar de llorar por las noches, dejar de flaquear frente a las decisiones que tomaba y sobre todo, poder proteger a aquellos a los que amaba.
Estuvieran ahí o no.
Ahora entendía porque debía quedarse con Hibari. Una enorme sensación de bienestar lo envolvió por completo, se giró para estar cara a cara con el pelinegro y lo miró a los ojos. Sentía esa calidez en el estómago y sonrió levemente, a lo que Hibari solo asintió. Se besaron. De nuevo, nada.
El timbre de la secundaria sonó y ambos se separaron de buena gana.
-Gracias Hibari-san. Yo… me esforzaré.-
-Sé el mejor, Tsunayoshi.- dijo desde el sofá sin mirarlo, abstraído en un cuaderno que estaba en la mesa de café frente al sillón. Tsuna solo se retiró a clases con mas de un pensamiento en su cabeza. Todos tenían que ver con su guardián de la tormenta.
Gokudera era fuerte. Gokudera era su mano derecha. Gokudera era su mejor amigo. Gokudera no lo extrañaba, no había preguntado por el en estos últimos meses. Gokudera estaba en Italia… lejos. Hibari estaba aquí. Hibari lo apoyaría.
Gokudera lo hacía llorar.
Hibari lo hacía pelear contra las lágrimas.
-Gokudera-kun…- se dejó caer de rodillas en cuanto llegó a la azotea. El llanto fluyó como nunca y se golpeó un par de veces por permitirse llorar de nuevo.
Ya lo había decidido. Olvidaría a Gokudera. Lo olvidaría y se haría mas fuerte, para así cuidar a todos sin ayuda de nadie. Para ser el mejor jefe de Vongola.
Tsuna ese día, asumió por completo su responsabilidad como jefe, Tsuna ya era el décimo jefe Vongola.
Si estás leyendo esto, te admiro ._., gracias por leer este fic que ya está lleno de telarañas pero la vida me trata feo y mi flojera a veces es mas grande y poderosa que mi musa. Fue un capitulo corto ya que estoy retomando la idea poco a poco.
Gracias por leerme.
