Capítulo V

Estaba sola al día siguiente, así que fui a la librería. La selección no era diversa, pero yo ya esperaba eso. Consideré brevemente leer cada libro en la librería lo más rápido que pudiera, sólo para probar un punto, pero eventualmente decidí que no estaba lo suficientemente motivada para leer un Almanaque del Granjero. Revisé si estaban buscando ayuda, pero sabía que realmente no podía tener tanta suerte. De todos modos hice una aplicación, y entonces me puse determinadamente a buscar un trabajo.

Pasé horas aplicando por trabajos en toda la ciudad, llegando al norte hasta Sappho. Casi todos decían que mantendrían mi información guardada, pero Enero no era la temporada de turistas, así que no necesitaban ayuda ahora. Estaba algo frustrada por mis opciones limitadas.

Las siguientes semanas no me trajeron ninguna llamada para una entrevista. Me sentía sola en la casa, pero no quería empezar a invitar personas a la casa, porque no estaba segura de qué pensaría Charlie al respecto. Estaba segura que estaría en contra de tener personas aquí sin supervisión de un adulto, pero no quería hablar de eso porque estaba guardando la movida de No-pensé-que-te-molestaría en caso de que la necesitara después.

Pero estaba empezando a sentirme deprimida. Entre la soledad y la lluvia frecuente, me sentía como si hubiera algo colgado a mi espíritu, llevándome hacia abajo. Traté de no mostrarlo, pero estaba irritable. La competencia entre Mike y Jacob aumentó, pero me encontré molesta, más que estar halagada o divertida. Traté de controlarlo, lo que significaba guardarme mis palabras y quedarme en silencio todo el tiempo.

Funcionó bien con Edward. De hecho empecé a sentir una rara sensación con él en Biología. Ambos queríamos terminar el trabajo con la menos charla posible. Cuando Jacob se giraba para hablar, nos molestaba a los dos, y comencé a usar a Edward como una excusa para no hablar. A menudo cuando Jacob trataba de iniciar una conversación, simplemente le lanzaría una mirada a Edward y alzaría mis cejas, y él me dejaría sola de nuevo, pensando que no quería una repetición del accidente.

Le prestaba más atención a Emmett y Edward de lo que le hubiera admitido a la gente. No podía evitarlo; los dos me fascinaban. Me di cuenta que solían venir a la escuela juntos los Martes en el Prius de Edward, pero el resto de la semana Emmett traía su jeep, a menudo con un techo para evitar la lluvia. Me preguntaba por qué no venían juntos más a menudo, pero no me dejaba pensar mucho al respecto.

Edward siempre se iba de la escuela inmediatamente cuando venía solo, pero cuando estaba con Emmett, esperaba en su auto con sorprendente paciencia mientras que Emmett hacía rondas y hablaba con todos. Se recargaba en el auto –o se sentaba adentro, si estaba lloviendo- mirando al suelo o al espacio, dejando a todos en paz y obviamente esperando que lo dejaran solo. Cuando la temporada de beisbol empezó, a menudo se quedaba después de la escuela para ver entrenar a Emmett y al resto del equipo. Si era fan del beisbol, o sólo un fan de Emmett, no sabía. Pero ahí en las gradas, era tan inalcanzable como siempre. Todo el mundo le daba su espacio.

Estaba empezando a preguntarme qué pasaba en su casa en los fines de semana. Edward casi siempre estaba molesto y exhausto los lunes, y estaba impaciente y temperamental los viernes. Casi me avergonzaba darme cuenta que sabía el horario de sus cambios de humor, pero se sentía como una forma de defensa. No quería provocarlo el día equivocado y hacer que desatara su furia en mí.

Pero mi curiosidad sobre las actividades Masen-McCarty en los fines de semana realmente picó un día unos dos meses después de haberme mudado. El clima estaba gris y triste, agravando mi propio humor, y Charlie y yo habíamos discutido en qué tan bajo debía de ser mi escote esa mañana. Me estaba sintiendo extra triste como resultado, así que en vez de juntarme y platicar antes de la escuela, me quedé en mi auto y saqué un libro para leer hasta que la campana sonara.

El Prius de Edward se estacionó en el lugar enfrente de mi auto y lo miré mientras salía, midiendo su humor. Era lunes, así que no estaba sorprendida de verlo cansado y sin afeitar. Traté de no fijarme en el hecho de que la barba lo hacía más sexy de lo que ya era, y en vez de eso noté que su chamarra no estaba bien puesta. Su brazo izquierdo estaba en la manga, pero su brazo derecho no. Tenía el lado derecho de su chamarra sobre su hombro y estaba sujetando su brazo contra su cuerpo.

Se movió rígidamente a donde estaba Emmett con un grupo de personas, y se detuvo. Todos dejaron de hablar, viéndose sorprendidos de que Edward se hubiera acercado.

Bajé mi ventana, sintiéndome entrometida, pero queriendo escuchar lo que sucedía.

Emmett volteó a ver a Edward y entonces sus ojos se oscurecieron.

"¿Otra vez?" demandó. Se separó de la pared y se alejó sin decirles nada a sus amigos. Los dos regresaron al auto de Edward, poniendo el auto y el resto del estacionamiento entre ellos y la escuela, y Edward se quitó su chamarra.

"Creo que está fuera de lugar" dijo, haciendo una mueca.

"¿Tú crees?" preguntó Emmett irritado. "A dos cuadras del hospital, ¿y no podías tomarte el tiempo de que te tomaran unos rayos X?"

La cara de Edward se retorció con dolor mientras Emmett tocaba su hombro experimentalmente. "Sólo hazme sobrevivir el día, Em."

Emmett suspiró. "Ponte de rodillas."

Edward se arrodilló sobre su chamarra, y Emmett estiró su brazo. Puso su pie contra el hombro de Edward y entonces lo apretó con fuerza. Escuché un crujido, y Edward gritó de dolor, cayendo al pavimento y respirando con agonía. "¡Hijo de perra!" jadeó, su cara llena de dolor.

Emmett tomó su mano buena y lo ayudó a ponerse de pie. "No sé por qué dejas que te haga esta mierda a ti" gruñó. Puso a Edward contra el auto, y Edward dobló sus rodillas para dejar que sus hombros se presionaran contra la ventana. Emmett se puso contra él de nuevo, esta vez poniendo su mano en el hombro de Edward, y le dio otro estirón a su brazo.

"¡Joder!" gritó Edward. Emmett lo soltó, y cayó de rodillas, su espalda arqueada contra el lado de su auto, sus ojos cerrados por el dolor.

Emmett lo vio por unos segundos, y cuando Edward se relajó comenzó a masajear su hombro gentilmente.

"Parece que está en su lugar" dijo, "pero no lo muevas mucho."

Edward asintió, tomando la mano que Emmett le ofreció y poniéndose de pie. Movió su brazo alrededor, viendo qué tanto podía moverlo.

"Te ves horrible" observó Emmett. "¿Dormiste algo este fin de semana?"

"No empieces" murmuró Edward, moviéndose para abrir el maletero de su auto. Buscó en una bolsa por un momento y sacó una afeitadora eléctrica.

"Empezaré si quiero empezar. Y en serio, ¿te mataría venir a casa para desayunar? Una hora, Edward, y podríamos encargarnos de mierda como esta en casa."

"No" dijo cortamente, pasando la afeitadora por su cara.

"Esto se está yendo a los extremos" espetó Emmett irritado.

"Esto es exactamente en lo que acordamos" dijo Edward fríamente.

Los hombros de Emmett se movieron, y su expresión era descontenta.

Edward se suavizó un poco, mirándolo. "Mantendré mi promesa" dijo. "Tenemos hasta el año que viene." Se giró y lanzó la afeitadora a la bolsa y cerró el maletero. "Gracias por tu ayuda."

Emmett asintió y regresó a sus amigos mientras Edward sacaba su mochila del auto. La mantuvo contra su pecho con su brazo bueno y atravesó el estacionamiento, entrando a la escuela.

Estaba repentinamente sorprendida al darme cuenta que estaba preocupada por Edward. Lo miré por el rabillo de mi ojo el resto de la mañana, pero aparte de cuidar su hombro no hizo nada fuera de lo común. Pero sí noté que comió mucho en el almuerzo, y me pregunté si había rechazado el sueño y la comida durante el fin de semana.

Teníamos otro trabajo para los dos en biología, lo que significó tener que lidiar con él en su mal humor, pero no podía hacer que me importara lo mismo que los otros días. Usualmente dejaba que Edward tomara la iniciativa en los trabajos, pero lo vi masajeando su hombro, así que arreglé las lentillas del microscopio, comenzando el trabajo antes de que él lo hiciera. Puse la hoja del trabajo enfrente de mí, ofreciéndome sin palabras a escribir las respuestas a las preguntas, y comencé a trabajar.

Edward me lanzó una mirada, su expresión oscura, pero lo ignoré y después de un momento se me unió, haciendo las pequeñas cosas que podía con su mano izquierda.

Terminamos antes que todos, y Edward sacó tarea de otras clases. Un pequeño beneficio de no tener vida social en la escuela, me imaginé, era que no tenías que hacer mucha tarea en casa.