Nadie se esperaba lo que vino después. Porque Ikki, después de que su hermanito le repitiera la incómodísima pregunta, se puso de pie y se lanzó de cabeza contra una de las paredes.

Shun fue corriendo a auxiliar a su desmayado hermano. Se veía muy preocupado. Los demás se acercaron cautamente, temiendo algún estallido de furia del fénix inmortal.

-Me parece que ése fue su límite – murmuró Shun. Nadie lo oyó.

Media hora después, los cuatro estaban en el hospital de la Fundación esperando noticias de la evolución de Ikki. Finalmente, el doctor les dijo que estaba estable dentro de su gravedad, que había recuperado la conciencia pero que no podría hablar por algunos días, pues se había fracturado la mandíbula.

-¿Puedo verlo? - preguntó Shun, poniendo una expresión tal de ternura que el doctor no fue capaz de negarse.

Los otros tres lo esperaron ansiosos, sin querer acompañarlo.

-Lamento que las cosas hayan salido así, hermano – le dijo a la figura momificada que se encontraba delante de él.

-Mghsttt – respondió la figura, con una terrible expresión de horror en los ojos. Shun se acercó lentamente a él.

La figura vendada empezó a temblar. Shun sacó un cuaderno.

-¿Cómo te sentiste con la última pregunta, Ikki? Tus alternativas son A) Furioso. B) Temeroso C) Asqueado D) Desilusionado E) Horrorizado. Si quieres, puedes contestarme usando los dedos de tu mano buena – dijo Shun, con una gran sonrisa, dulce y confiada.

Ikki lo miró muy confundido. De pronto, recordó algunos papeles que había visto en el escritorio de su hermano cuando lo revisaba, y la luz se hizo en su cerebro.

-¡Mghtt hgfkshd yjsxdfj! - dijo, furioso.

-¡Pero si tú me diste la idea! - se defendió Shun – además, nadie te mandó a hacerte daño. Era una simple pregunta. Pudiste reaccionar de otra manera.

-¡Mjhs! ¡Mhsst! ¡Jjj! - ordenó Ikki.

Shun se acercó para abrazar a su hermano por sobre toda la maraña de cables, vendas y yeso.

-No sería lo peor que hemos hecho- dijo Shun, suavemente, acariciándolo con su aliento. Ikki lo fulminó con la mirada – te prometo que me preocuparé de que no pase nada tan grave. Confía en mí.

Ikki puso los ojos en blanco.

-Bueno, me voy – dijo, apartándose de su hermano - ¿y cuál es la alternativa que eliges?

-Mjdfhg...¡Gjhhgfmm! ¡Mfgh! – dijo Ikki.

-Lo sabía – repuso Shun, todo sonrisas.

. Cuando Shun por fin salió, los otros evitaron hacerle cualquier tipo de pregunta: temían enterarse de algo que nadie quiere saber.

Shun estaba silencioso, pero los miraba intensamente. Nadie decía palabra. De pronto, pareció decidirse, le sonrió a Shiryu y le pidió que lo acompañara a la librería.

-Es que tengo que buscar algo de metafísica, y tú eres el que más sabe del tema – explicó.

Shiryu se puso pálido, pero valientemente aceptó el desafío. Hyoga y Seiya suspiraron de alivio.

Una media hora después, Shun y Shiryu estaban en la sección de filosofía de una gran librería. Shun comenzó a mirar libros de Confucio, y de pronto, saltó a la sección de sexología.

-¿Cuánto sabes de sexo, Shiryu? - le preguntó, con el tono de quién pregunta por la talla de calcetines.

Shiryu tragó saliva, y con su mejor sonrisa le explicó las reacciones hormonales y físicas relacionadas con las características sexuales primarias y secundarias de los mamíferos.

Shun aguantó la disertación y se mordió los labios. De pronto, sonrió.

-¿Cuánto sabrá Shunrei de sexualidad?

El Dragón enrojeció intensamente y no contestó. Shun sonrió con más ganas.

-Mira, acá hay un manual de sexualidad china. ¿Crees que ella haya leído algo semejante?

Shiryu miró a otro lado, sin contestar.

-Ella es una hermosa chica. Mejor dicho, una hermosa mujer. Con necesidades sexuales, claro está. ¿No te parece? De seguro que está bien desarrollada. Tiene un cuerpo muy apetitoso. ¿Crees que se toca a sí misma en las noches?

Shiryu apretó los puños.

-¿La has visto desnuda?

Shiryu se alejó un poco. Shun lo siguió.

-Vamos, dime, que estamos en confianza. ¿La has visto desnuda?

-No – murmuró Shiryu – para mí, ella es una hermana.

-¡Una hermana! - se sorprendió Shun – Vaya, me alegra saber eso. Entonces, tengo esperanzas. ¿Y si fuera a China a tratar de conquistarla? ¿Qué opinas, Shiryu?

Como el Dragón no le contestó, Shun siguió insistiendo.

-Sería magnífico. Tu y yo nos convertiríamos en cuñados, ya que la consideras una hermana.

Shiryu gruñó algo ininteligible. Shun le dio la espalda para mirar otros libros.

-¿Y si yo fuera su esposo? ¿O su amante? Yo podría contemplar su bellísimo cuerpo, su vientre liso, acariciar sus piernas, escucharla gemir de placer...

Miró de reojo a Shiryu, que parecía enfermo, pero no decía nada.

-Podríamos poner en práctica varias de esas posiciones raras de las que hablan los libros antiguos.

Shiryu seguía en silencio.

-¿Y qué pasaría si nos pillaras en una de tus visitas? Quizás ella comenzara a gemir demasiado fuerte, y tú nos encontraras desnudos y sudorosos, enredados en la cama... o en la cascada, quién sabe.

Shiryu permanecía en silencio.

Shun, entonces, decidió darse por vencido. Iba a darse vuelta para felicitar al Dragón por su autocontrol, cuando recibió un enorme puñetazo en la mejilla que lo dejó semiinconsciente en el piso.

Shiryu, asombrado de sí mismo, miraba alternadamente a Shun y a su propio puño. Una extraña vocecita interior lo instaba a picarlo en pedacitos y lanzarlo a un abismo, pero su consciencia le indicó que eso era exagerar. Así que decidió dejarlo tirado y se fue.

Shun se levantó, ayudado por uno de los vendedores de la librería.

-¡Menudo golpe que le dieron, amigo! - dijo el vendedor.

-Supongo que ese era su límite – dijo Shun, sobándose la mejilla.

De pronto, apareció Saori, muy preocupada.

-Shiryu dice que te desmayaste. ¿Es eso verdad, Shun? - preguntó.

Shun sonrió tiernamente.

-¿Qué te parece si te cuento lo que pasó mientras cenamos esta noche? - le dijo.

Saori lo miró sorprendida.

-¿Qué dices? ¿Cenar, tú yo yo?

-¿No quieres, acaso? - le dijo, mirándolo con ojos de cachorrito.

-Es tan irregular... - dijo ella.

Los vendedores los miraban muy interesados.

-Dígale que sí, es muy guapo – dijo una vendedora.

-Bueno... supongo que no hay problema – dijo Saori.

-¡Estupendo! - se alegró Shun. Entonces, cambió la expresión de cachorrito por expresión de lobo feroz, se acercó a ella y le susurró al oído con voz ronca – Será inolvidable.

Continuará...


Nota de la autora: Bueno, el yaoi no se me dio. (cara de perrito triste)

¡Pero la bipolaridad va viento en popa! (cara de gato loco)


Avance del próximo capítulo:

-Soy solo un dios que quiere ser amado por una diosa. ¿Es eso mucho pedir? - dijo Shun, con voz suave.