Capítulo 4:

Hyoga se acercó a Shun y le colocó una mano en el hombro, mientras lo miraba con los ojos entornados.

-¿Sabes, "Hades"? El pelo no se te puso oscuro. Sigue siendo verde, igual que tus ojos – luego le guiñó el ojo – ¡Puedes confiar en mí! Si eres capaz de tomar una medida tan desesperada como fingirte Hades, es que estás haciendo algo importante. Pero, ¿qué es?

-No puedo decírtelo – susurró Shun, con los ojos llenos de lágrimas y una mirada totalmente inocente.

Hyoga se conmovió todo entero.

-Shun, debes confiar en mí. Nos hemos salvado la vida antes. Cualquier cosa, sabes que estaré ahí por ti. ¡Vamos, Shun! Estás actuando muy extraño y quiero saber qué pasa.

-Hyoga, ¿confías en mí? - le preguntó, con ojitos de perro abandonado.

Hyoga lo abrazó.

-Cuenta conmigo – murmuró.

-Entonces no me pidas que te diga nada.

Hyoga se apartó de él y lo miró enfurecido.

-¿Entonces debo dejarte actuar como un loco y causarles problemas a todos?

-Es que entonces no confías en mí y si no lo haces no tengo por qué decirte las razones que me impulsan a actuar de cierta manera, lo que te hace un mentiroso en el que no se puede confiar y que no tiene la moral para decirme que debo confiar en él dado que él no confía en mí – repuso Shun.

Hyoga se quedó callado unos instantes, digiriendo lo que acababa de oír.

-Esas son puras estupideces. Habla de una vez – dijo después de un rato.

Shun se tomó unos segundos para pensar una estrategia que le permitiera esquivar a Hyoga y llegar sin problemas a su cita con Saori. Lo más fácil sería desviar la atención del Cisne a su madre muerta, a su amigo muerto, a su maestro muerto, algo así como una avalancha de zombies que vinieran por él, pero eso sería ir demasiado lejos y Hyoga jamas se lo perdonaría.

Aunque si le contara a Hyoga las verdaderas razones de sus actos, el Cisne de seguro que le impediría seguir. A veces se ponía muy ruso ortodoxo para sus cosas...

No le quedaba más que lanzar una cortina de humo.

-Sólo puedo decirte que debes preguntarle a Ikki. Él lo sabe todo – dijo, con expresión de gatito inocente elevada a la décima potencia.

Hyoga levantó una ceja y lo miró con suspicacia.

-¿A Ikki? Él no puede hablar. ¿Acaso me envías con él para distraerme?

-Claro que no – repuso Shun lleno de miel y azúcar -, si es muy fácil hablar con él. Tienes que recitar el alfabeto, y cuando él pestañee significa que con esa letra comienza la palabra que quiere expresar. Luego colocas el diccionario frente a él, señalas las palabras con un lápiz y cuando él vuelva a pestañear, significa que esa es la palabra correcta.

Hyoga lo miró dudoso. Shun comprendió que ese tipo de desafío no era agradable para el Cisne.

-Puedes pedirle ayuda a la enfermera rubia que cuida a Ikki – dijo Shun.

El rostro de Hyoga se iluminó.

-¿Enfermera rubia?

-Creo que se llama Natassja, o algo así – respondió Shun, haciéndose el indiferente.

Hyoga era humano, y la tentación de una enfermera rubia llamada Natassja, demasiado grande. De modo que cayó redondito en la trampa de Shun.

-Bueno, iré a ver a Ikki entonces. Pórtate bien – dijo Hyoga, y se fue.

Shun se secó el sudor de la frente.

-Oh, rayos... eso estuvo difícil. Ahora, a ducharme, que me queda una hora para juntarme con Saori.

-¿Te juntarás con Saori? - musitó alguien detrás suyo. Shun se volvió para quedar frente a frente a June.

La chica se sacó la máscara. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

En ese momento, Shun comprendió por qué nadie le negaba nada a él cuando se le humedecía la mirada. Y es que los ojos llorosos son un arma muy poderosa.

-Shun, respóndeme – pidió June - ¿vas a juntarte con Saori? ¿Tienes una cita con ella?

Shun iba a tranquilizar a la chica, pero se le ocurrió que ella sería un sujeto de estudio muy interesante. Así que tuvo que girar el rostro para no caer en la trampa del llanto de la Camaleón.

-June, lo siento. Alguna vez debías enterarte de la verdad. Es terrible tener que ser yo quien te lo diga, pero...

-¿Pero qué? ¡Habla! ¿Acaso la amas? - preguntó ella, con la angustia comiéndole las entrañas.

-Oh, June... eres tan cruel, pero no hay culpa en ti ya que tus palabras nacen de la ignorancia – repuso Shun -. Tú no sabes la tragedia de la vida de Saori. Si te enteraras sentirías tanto, tanto dolor y horror por lo que la verdad implica.

June lo miró con un renovado interés.

-¿Una tragedia? - preguntó, cambiando el tono sufriente a uno curioso - ¿Qué tragedia puede tener la vida de nuestra diosa?

-Es un secreto tan tremendo que cambiaría la visión que tienes de la realidad – dijo Shun - ¿Crees que seas capaz de procesarlo?

-Una amazona es capaz de cualquier cosa – afirmó June -. Siempre y cuando no la ames, claro está; eso ya sería demasiado.

-La gran tragedia de Saori.. . - recitó Shun en tono melodramático – su gran tragedia. ¿Qué pasaría si ella fuera...? - se inclinó al oído de la chica y le dijo unas palabras que la volvieron blanca y la hicieron perder el sentido.

-No pensé que ése era su límite, creí que tendría que hacer algo más – murmuró Shun, arrastrando a la desmayada June a la librería de la cual aún no había podido alejarse.

Continuará...

Nota de la autora: me estoy divirtiendo mucho al escribir este fic! Es chistoso pensar cuál es el límite de cada personaje.

¿Cuál será el límite de Saori? ¿Y el de Seiya? ¿Por qué Shun está haciendo todo esto? ¿Querrá vengarse Hyoga cuando sepa que no hay enfermera rubia? ¿Cuándo tuvo Shun tiempo de leer el Conde de Montecristo?

Todo esto y más... en un par de días. En cuanto lo sepa, claro. ;)

Gracias por leer! Nos vemos!

Próximo capítulo:

-Te gustaba montarnos cuando éramos niños. ¿Quieres que te monte? - preguntó.