Capítulo 5

June se despertó en medio de la oscuridad. Una manta la cubría. Más allá, Tatsumi aún continuaba aturdido después del susto que le metió Shun. La chica no tenía idea de dónde estaba y tuvo una primera intención de gritar, pero sus años de entrenamiento le indicaron que lo mejor era guardar silencio y esperar... en eso, el recuerdo de la terrible revelación que Shun le había hecho acerca de Athena volvió a su mente y la llenó de dolor. ¡Pobre diosa, qué futuro más cruel le esperaba! ¡Qué absurda burla del destino!

El vigilante de la librería se acercó a la chica y la saludó.

-Hola, tú debes ser June. Shun me pidió que te cuidara hasta que él vuelva – le dijo.

June sonrió tristemente.

-Además – continuó el vigilante – Shun me pidió que te preguntara cómo te habías sentido con la última frase que te dijo. Las alternativas son: A) Furiosa. B) Temerosa C) Asqueada D) Desilusionada E) Horrorizada.

-¿Eh? - preguntó June.

-Gracias – dijo el vigilante – Ahora debemos esperar a que Tatsumi despierte para hacerle la misma pregunta. ¿Puedo ofrecerte una taza de café?

-No – dijo ella, pestañeando rápido y pensando que el guardia estaba un poco loco - ¿Podrías indicarme dónde está la sección de insectos? Me gustaría buscar información sobre la crianza de moscas, mientras llega Shun.

El guardia, pensando que ella también estaba un poco loca, le indicó el sector. June, entonces, comenzó a buscar libros acerca del cuidado de las moscas. Si su diosa se iba a convertir en una, ella la seguiría protegiendo.


En el hospital. Hyoga estaba apunto de rendirse con Ikki. El Fénix, simplemente, no cooperaba. En la última hora, siguiendo las instrucciones de Shun para comunicarse con él, sólo había conseguido formar las frases "Tú ser idiota" y "Cisne imbécil".

Además, no había ninguna enfermera rubia.

-Por última vez – dijo Hyoga – Shun me indicó que tú sabías todo acerca de lo que le pasaba. ¿Vas a colaborar, o no?

Por toda respuesta, Ikki sonrió de torcidamente y con un gran esfuerzo, logró levantar el dedo del medio de su mano derecha en dirección al Cisne.

Hyoga abandonó la habitación dando un portazo.


En la mansión, Shun por fin había logrado ducharse, vestirse, peinarse, afeitarse y perfumarse. Iba un poco atrasado a su cita con Saori y se daba los últimos toques en el espejo del salón. Ignoraba que dos pares de ojos lo espiaban, por distintas razones: Seiya se preguntaba con qué hombre tendría Shun una cita, y Shiryu estaba seguro de que el peliverde iba de viaje a ver a Shunrei.

Shun terminó de arreglarse la corbata y Shiryu no aguantó más.

-¡Basta! - exclamó, saliendo de detrás de la cortina - ¡No permitiré esto!

Seiya, creyendo que Shiryu estaba comportándose como un homofóbico, saltó de detrás de un sofá para defender a Shun.

-¡Déjalo en paz! ¡Él tiene todo el derecho!

-Tú sabes que eso no es cierto – dijo Shiryu – lo que él pretende hacer va en contra de todas las leyes humanas y divinas.

-Nunca pensé que oiría de ti esas palabras tan atroces – dijo Seiya - ¿Dónde quedó el tolerante Shiryu? ¿Acaso no puedes dejar que sea feliz a su modo?

-La tolerancia tiene un límite – masculló Shiryu.

En eso, llegó Hyoga, que se encontró a Shun de punta en blanco, muy silencioso, mientras los otros se miraban con sus cosmos elevados y en posición de ataque.

-¿Así que decidiste acudir de todas maneras a la cita? ¡Espero que se lo hayas impedido, Seiya! - exclamó Hyoga.

-¿Cómo se lo voy a impedir? ¡Él tiene todo el derecho! - repuso Seiya.

Hyoga lo miró con la boca abierta.

-Pensé que tú tenías interés en...

-¡Claro que no! - interrumpió Seiya, asustado – yo no tengo los mismos gustos de Shun.

-¿Entonces te defendí en vano? - reclamó Hyoga.

-Ustedes deben dejar a Shun hacer su vida – indicó Seiya.

-¡Pues yo digo que él no tiene derecho a hacer su vida con mi pareja! - dijo Shiryu.

Seiya y Hyoga lo miraron asombrados.

-¿Tu pareja? - preguntaron ambos a la vez.

-No me miren así. Sé que nunca lo he expresado en voz alta, pero creí que todos lo sabían – dijo el Dragón.

-La verdad es que nunca me lo imaginé de ti – dijo Seiya, sin saber dónde meterse.

-Nunca noté que tuvieras algún tipo de interés por... bueno, por esa persona – dijo Hyoga.

-Pues ahora lo saben . ¡Y Shun quiere...!

Molestó, Shiryu se giró para darle un combo a Shun, pero éste ya no estaba allí.

De hecho, ya había llegado donde Saori.


La chica estaba realmente emocionada por tener al fin una cita con un hombre. Había llegado media hora adelantada y se había entretenido mucho mirando a las otras parejas del restaurante. Shun le pidió disculpas por el retraso, pero a ella no le había importado mucho.

-Ya estás aquí y eso es lo que importa – dijo ella.

Al verla tan dulce y amable, el chico sintió una punzada de remordimiento por lo que estaba a punto de hacer. Pero ya era tarde para echarse para atrás. De modo que comenzó a coquetear sin compasión con la muchacha.

Media hora después, ni siquiera había logrado ponerla colorada con sus piropos.

En realidad Saori no lo había estado oyendo con demasiada atención. Emocionada como estaba, se encontraba más preocupada de guardar en la memoria los detalles del restaurante, los otros comensales, la música y la magnífica apariencia de su pareja. Después de todo, la primera cita debía ser algo inolvidable.

-¿Quieres bailar? - preguntó ella de repente, interrumpiendo al chico mientras le decía por enésima vez "qué lindo es tu pelo".

Shun aceptó, y en la pista de baile trató de vencer el sentimiento de respeto que sentía hacia ella y meterle mano, pero no podía. Su cuerpo se negaba a tocar a la chica más allá de lo estrictamente necesario. Era desesperante. ¿Cómo podría conocer el límite de Saori si no era capaz ni siquiera de ponerla nerviosa?

Volvieron al poco rato a la mesa. Saori estaba feliz. Shun, envuelto en sombras; las cosas no salían como él las había planeado.

Mientras Saori elegía una ensalada, Shun se levantó al baño. Se miró al espejo y se dijo a sí mismo:

-Recuerda, todo lo haces por los veinte créditos. ¡Veinte créditos! ¡Tú puedes!

Al volver del baño, se encontró con una sorpresa. Saori no estaba sola. Jabú había llegado quién sabe hace cuanto rato y la acompañaba.

Llegó a la mesa justo a tiempo para oír a Jabú:

-Te gustaba montarnos cuando éramos niños. ¿Quieres que te monte?

Saori miró a Jabú a punto de estallar en carcajadas. Shun, considerando que le había faltado el respeto a la chica, lo agarró del cuello y lo levantó de la silla. Apestaba a alcohol. Entonces, lo sacó del restaurante. Por eso no vio que June había entrado por otra puerta y se dirigía a Saori.

-Oh, diosa, he sabido lo que te sucede.

Saori la miró interrogante.

-Shun me lo contó todo.

Saori levantó una ceja.

Shun apareció entonces por detrás de June, pero no pudo evitar que ella hablara:

-Shun me dijo que dentro de poco te convertirás en mosca, por la herencia de tu madre, y que él iba a ser tu cuidador en la Isla Andrómeda. ¡Oh, Athena, yo igual quiero cuidarte!

Saori siempre había aborrecido a los insectos. Por lo tanto, al oír estas horribles palabras sobre su futura transformación en mosca, lanzó un grito desgarrador y se desmayó.

-Así que ése era su límite – dijo Shun, alegremente. June lo miró sin entender. Shun, entonces, para que ella no reflexionara la besó con pasión y la dejó pensando en pajaritos por un par de horas.

Continuará...


Nota de la autora: Saori convertida en mosca... Jijiji!No le gustaría serlo. Su único referente sobre el tema es un capítulo de Los Simpson en el que Bart se fusiona con una mosca.

Lo peor para ella es... que dado sus antecedentes familiares, perfectamente podría pasarle algo así. Guajajjaja!