Soy el Fénix.
Se lo repitió al menos unas veinte veces, porque el proceso era doloroso y requería de mucha preparación.
Soy el Fénix que renace de sus cenizas.
Un leve olor a carne asada le indicó que la cosa estaba resultando.
Soy el Fénix que renace de sus cenizas y necesita volar a salvar a su hermano.
Las enfermeras sólo alcanzaron a gritar, pero nadie se atrevió a acercarse al paciente de la cama 13, que se quemaba sin proferir ni un solo grito.
Sólo una de ellas tuvo la suficiente presencia de ánimo para acercarse con un extintor, pero una poderosa fuerza la mantuvo alejada de la cama.
Al poco rato, todo había terminado. Las enfermeras trataban de entender cómo se había originado el incendio, pero todo se les olvidó cuando vieron al paciente de la cama 13, que debería estar muerto y chamuscado, que caminaba hacia ellas completamente desnudo.
-Ropa – ordenó él a la que estaba más cerca.
Cinco minutos después, el poderoso Fénix dejaba el hospital lo más airosamente posible, con una camisa de enfermo que le dejaba toda la parte trasera al descubierto.
No le había quedado otra. Hyoga, esa mañana, le había participado los planes de venganza que maduraban contra Shun, por convertirlos en partícipes de un experimento sin dignarse a pedirles permiso.
Ya lo habían descubierto todo, gracias, en cierta forma, a Seiya. Resultaba ser que Shun ya tenía todo listo para probar su hipótesis y estaba escribiendo todo en su notebook, cuando se le ocurrió que necesitaba un caso más para reafirmar su postura. Entonces, aprovechando que Seiya estaba dormitando en la sala de estar frente al televisor, buscó una peluca negra y unos lentes de contacto que tenía "por si acaso" y se plantó frente a Seiya, cuando éste se despertaba.
-Bu – le dijo.
Seiya saltó tres metros sobre el suelo y al caer, se colocó en postura de combate.
-¡Maldito Hades! ¿Qué quieres de nosotros?
Se había golpeado la cabeza contra el techo y le sangraba mucho. Además, al caer se había roto una pierna, así que Shun le tuvo lástima y no quiso seguir el jueguito que había planeado.
-Nada – dijo, y se sacó la peluca – Tu reacción fue obvia. ¡Gracias!
Le dedicó una gran sonrisa y se fue a su habitación.
Hyoga había contemplado todo esto desde una esquina, donde leía Orgullo y Prejuicio. Entonces había seguido a Shun, que, al entrar a su baño privado para quitarse los lentes de contacto, había dejado sin vigilancia el notebook. Hyoga leyó lo suficiente para saber de lo que se trataba y luego se lo mandó por mail a los involucrados.
Así que ahora todos pedían venganza. Y la ayuda de Ikki era invaluable, le había explicado Hyoga en la mañana.
"Cisne imbécil" le respondió Ikki, por el método del diccionario.
No había pensado hacer nada, realmente, porque Shun se merecía una lección. No podía andar por la vida experimentando con las emociones de los demás, aunque fuera por una buena causa, como la obtención de un doctorado en Sociología. Pero después de todo era su hermano, y no podía permitir que los demás le dañaran. Así que no le había quedado otra que regenerarse tal como sólo él sabía hacerlo.
Ikki miró el reloj de una tienda. Quedaban cuarenta minutos para el momento de la venganza anunciado por Hyoga.
Alcanzaba a conseguir un poco de ropa decente. Ya se le habían congelado sus cachetitos.
Mientras esto pasaba, Shun se arreglaba para ir a la universidad a entregar su trabajo impreso. Se sentía muy contento. Era el primer trabajo de investigación que realizaba solo, y le había salido muy bien, según le informaban sus tutores, cada vez que leían sus avances.
"La importancia de los límites mentales en las conductas de riesgo y sus implicaciones en los acuerdos verbales destinados a evitar situaciones violentas" era el título de su tesis. En ella afirmaba que si los individuos eran enfrentados a sus límites, entonces eran incapaces de utilizar la violencia y se veían obligados a adoptar una solución pacífica.
Varias ONG se habían mostrado interesadas en aplicar este método diseñado por Shun. Se comentaba que era un primer paso para evitar la violencia en las calles. Se decía que podía representar el inicio de una nueva era.
Shun se imaginaba, entonces, un mundo lleno de paz en el que la violencia fuera sólo un mal recuerdo. O sólo una parte muy importante de los videojuegos y las películas.
El pobre ignoraba que esa tarde no podría ni siquiera dejar la mansión...
Hyoga, Seiya, June, Shiryu, Tatsumi y Saori lo esperaban abajo. Cada uno sabía cuál era su papel en ese magnífico plan que habían urdido para vengarse de Shun. Estaban orgullosos de la estupenda tesis que el peliverde había realizado, pero al mismo tiempo se sentían humillados y necesitaban desquitarse.
-Me hizo pensar que era gay – dijo Seiya – y luego, que era Hades.
-Afirmó que me convertiría en mosca – repuso Saori (algunos no pudieron evitar sonreír).
-Me dijo que mi diosa sería una mosca – dijo June.
-Me aseguró que... bueno, no importa lo que me aseguró – murmuró Shiryu.
-Grrrr... - gruñó Tatsumi (en realidad, quería decir "provocó que me orinara en mis pantalones", pero era demasiado vergonzoso).
-Se burló de todos – susurró Hyoga.
Shun bajó las escaleras, veinte minutos después, y se encontró a todos mirándolo con una sonrisa tan extraña que le provocó un escalofrío en toda la columna.
-Hola, Shun – le dijeron a coro.
-Hola, chicos – repuso él, tratando de darse ánimos – Me voy a la universidad, vuelvo a la noche. ¡Nos vemos!
-¿Vas a entregar tu tesis, caballero de Andrómeda? - preguntó Saori, con voz majestuosa.
Shun se paró en seco y se puso pálido.
-¿Cómo... cómo lo sabes? - susurró.
-Atenea lo sabe todo – respondió Saori, triunfante. Se había acercado más a él y ahora estaba al pie de la escalera – Absolutamente todo. Incluso tus más sucios pensamientos, caballero de Andrómeda.
Shun tragó en seco, preocupado. Los chicos parecían enojados, y él tenía el tiempo casi justo para llegar a la universidad antes de que se fuera la secretaria del decano.
-Oh, así que están molestos por ese asunto.
-¿Ese asunto? - estalló Seiya - ¿ese asunto? Te burlas de todos nosotros, nos expones al escarnio público y te limitas a llamarlo "ese asunto"?
-No te alteres, Seiya – advirtió Shiryu – Recuerda el plan.
Seiya se calló la boca y miró con fiereza a Shun.
Shun miró el reloj y trató de probar su tesis con todos ellos: Llevarlos a un límite para luego orientarlos a una solución pacífica.
-Bueno, quizás les interese saber que...
-¡No hables! - dijo Hyoga – quién sabe con qué otra mentira nos vas a salir. Ya no te creeremos nada.
-Caballero de Andrómeda, ahora bajarás lentamente la escalera y te dirigirás al salón, donde hemos preparado todo para tu juicio – dijo June – La diosa Athena será la jueza, el Caballero del Pegaso será el acusador y nosotros, los caballeros del Cisne, del Dragón y del Camaleón, los testigos y el jurado al mismo tiempo.
-Yo seré el guardia – dijo Tatsumi, orgulloso.
Shun resopló. Definitivamente, no podría entregar ese día su tesis.
Así que bajó las escaleras, se sentó donde le indicaron y trató de tomarse lo mejor posible ese retraso.
Seiya lo miraba preocupado.
-Se ve demasiado tranquilo – le dijo a Hyoga - ¿Crees que se asuste con lo que le tenemos preparado?
-Yo me asustaría – repuso Hyoga – Ser juzgado por la Diosa por Alta Traición no es poca cosa.
Tatsumi le colocó a Shun unas esposas en las manos y unos grilletes en los tobillos. Shun sonrió.
-Oigan – dijo - ¿Nadie más se dio cuenta de la ironía de esto?
Todos le dedicaron una fría mirada.
-Miren, son cadenas – explicó Shun – Andrómeda encadenado.
Nadie le hizo más caso. Shiryu, June y Hyoga se sentaron casi frente a él, y Saori, con el báculo en sus manos, se colocó a su lado.
-¡Santos de Athena! ¡Habéis sido convocados para juzgar por Alta Traición al caballero de Andrómeda! ¿Cómo te declaras, caballero?
-Falta decir los cargos, señora – murmuró Tatsumi.
-Oh – dijo Saori – Los cargos son abusar de la amistad de tus compañeros, de su credulidad, de su inocencia, de su dulzura e ingenuidad, con el objetivo de lograr tus propios y egoístas fines.
-No son egoístas – se defendió Shun – de hecho, el experimento en el que ustedes participaron podría asegurar una nueva era dorada de paz y prosperidad.
-¡Silencio! - ordenó Saori – Es el turno del acusador. Luego puede defenderse.
-¡Te burlaste de nosotros! - exclamó Seiya, cojeando en dirección a él – usaste nuestros miedos para reírte de nosotros.
-Como ya lo dije, todo fue con el objetivo de probar mi tesis y...
-¡La Orden de Athena no cree en Maquiavelo! - gritó Shiryu desde el jurado.
Todos lo miraron sin entender. Excepto Shun.
-Oh, vamos, ¿cómo no saben a lo que me refiero? Maquiavelo, el fin justifica los medios, ¿no?- dijo Shiryu, asombrado.
-Es parte de la bibliografía de mi trabajo – acotó Shun, muy satisfecho de sí mismo.
-Llame a los testigos, caballero del Pegaso – dijo Saori, con voz cavernosa.
Eso de ser jueza le estaba gustando mucho.
-¡Él me mintió! ¡El me dijo que mi diosa se convertiría en mosca, él me mintió! Y luego, aprovechándose de mi inocencia... ¡Me besó! - dijo June, tratando de que no se le notara lo mucho que le había gustado el beso.
-¿Cómo responde a eso, Andrómeda? - preguntó Saori.
-Sí, lo hice. Era una broma, pero lo del beso no lo recuerdo – dijo Shun.
June enrojeció.
-¿Cómo que no lo recuerdas?
-Tendría que probar de nuevo, a ver si me acuerdo – repuso él, guiñándole un ojo – Pero como estoy en el banquillo de los acusados, no puedo.
June cayó redondita.
-¡Él es inocente, su señoría! ¡Déjenlo en libertad!
Saori la fulminó con la mirada y June fue a sentarse tranquilita en un sofá, lejos de los jurados.
-Él me dijo que le gustaba Shunrei, y que pensaba cortejarla – dijo Shiryu, omitiendo los otros aspectos más lujuriosos de su conversación con Shun.
-No – se defendió Shun – dije "qué pasaría si...". Jamás dije que era cierto. Usé siempre el modo subjuntivo del verbo. Y el potencial simple. Por otro lado, ¿por qué te importa tanto la vida amorosa de Shunrei?
Todos los ojos se clavaron en Shiryu, que bajó la vista avergonzado.
-Shiryu quiere a Shunrei, Shiryu quiere a Shunrei – canturreó Seiya, batiendo palmas.
-Oh, cállate – musitó Shiryu, y se sentó al lado de June, lejos del sector de jurados.
-Sólo queda un acusador, ¿verdad? - preguntó candidamente Shun, mirando a Hyoga.
-¡Fingiste que eras Hades! - exclamó Hyoga.
-La verdad es que pensaba preguntarte qué pasaría si tu madre regresara de la muerte convertida en zombie antropófago e intentara devorar tu cerebro, pero me pareció demasiado cruel – dijo Shun.
Los ojos de Hyoga se llenaron de lágrimas.
-Tú... ¿trataste de protegerme? - murmuró, con un nudo en la garganta.
-¿No harías tú lo mismo por mí? - repuso Shun.
Hyoga saltó y abrazó a Shun.
-Oh, consíganse una habitación – reclamó Seiya, molesto.
-Seré tu abogado defensor – dijo Hyoga, una vez que logró soltar a Shun.
Saori resopló, molesta.
-No se puede hacer eso, caballero del Cisne. Las reglas no lo permiten.
-Bueno, entonces retiro mi acusación – dijo Hyoga, y se sentó al lado de Shiryu.
-¡Continúe presentando los cargos, caballero Pegaso! - rugió Saori - ¡Rápido!
-Este... Shun, tú me asustaste. Te disfrazaste de Hades y me provocaste heridas en la cabeza y las piernas, y...
-Disculpa, fue una broma – dijo Shun, con su más dulce sonrisa.
Seiya lo pensó unos instantes.
-Y era buena la broma. ¡Ojalá alguien la hubiera grabado, podríamos haberla subido a Internet! - exclamó el Pegaso, dándole la mano a Shun.
-¡Orden en la corte! - reclamó Saori.
Seiya fue a sentarse con Shiryu. Ya no quedaban acusadores.
Maldito juicio desmoronado, pensó Saori. No le quedaba otra que ser juez y parte.
-Pues yo te acuso, Andrómeda, de decir que me convertiría en mosca.
-Fue una broma, su alteza – dijo June – Y la culpa fue mía, yo se lo dije a usted. ¡Lo siento!
-¡No me interrumpan! Y además, nos hiciste creer a todos que eras gay y que estabas enamorado de tu hermano Ikki.
-La verdad es que eso fue más bien culpa nuestra. Él habló todo el tiempo en subjuntivo, es decir, nunca lo estableció como realidad. Si la gramática fuera una materia obligatoria en la formación de un caballero, no habríamos tenido este problema – lo defendió Shiryu.
-¡No he terminado! - dijo Saori – Tus incautas palabras tuvieron como resultado que Ikki sufriera terribles heridas que lo llevaron al hospital.
-Eso fue culpa de Ikki, por ser tan arrebatado e indomable – refutó Hyoga -. Si hubiera esperado un poco más, estoy seguro de que Shun le hubiera explicado todo.
-¡Está bien! Sólo nos queda la acusación de Tatsumi. Explícanos lo que te hizo, Tatsumi.
-Sí, explícanos, Tatsumi, te lo pipí-pido por favor – dijo Shun, mirándolo con toda la mala intención del mundo.
Tatsumi estaba en un verdadero aprieto: por una parte, no quería desobedecer a Saori y por otra, tampoco quería contar a los demás que Shun había provocado que se orinara en un lugar público. La vergüenza fue más poderosa que la lealtad, así que miró al techo y dijo:
-¡Vaya, miren el tamaño de esas telarañas! Debo limpiarlas de inmediato.
Salió casi corriendo de la habitación, mientras Shiryu, Hyoga, June y Seiya aplaudían y coreaban "¡I-no-cen-te! ¡I-no-cen-te!"
Saori los contempló con el ceño fruncido unos instantes y luego sonrió.
-Oh, qué rayos. ¡Andrómeda es inocente! - exclamó.
Shun dejó caer las cadenas y se puso de pie-
-¡Abrazo de grupo! - exclamó. Todos se acercaron a él para abrazarlo, botándolo al suelo y cayéndole encima en un amistoso revoltijo de brazos y piernas.
Justo en ese momento llegó Ikki, y se temió lo peor: Ejecución Grupal.
-¡Dejen a mi hermano! ¡Enfréntense a mí, si se creen capaces! ¡Ave Fé...!
Continuará...
Próximo capítulo: el final de la historia.
Comentario de la autora: Shun se las trae. Podría sacar a cualquiera de la cárcel. Pero... ¿podría ser capaz de sacar a su hermano por un homicidio múltiple?
Gracias por leer!
