Detrás de la máscara.
2
El oponente.
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Había cruzado la raya al provocar a las amazonas, después de todo ellas tenían razón y ese era territorio neutral al que cualquiera podía ir; como resultado tenía un problema serio sobre los hombros: una de ellas trataría de matarlo por haber visto su rostro sin querer.
Shura lanzó un suspiro de fastidio porque ahora tendría que cuidarse la espalda a todo momento, aquella chica estaba realmente furiosa y aunque los enfrentamientos personales estaban prohibidos ella no parecía ser la clase de persona que pasa algo por alto, así como él.
—Tendré que estar preparado para lo que sea —se dijo mirando su reflejo en el agua de la bañera de la décima casa—, tengo la impresión de que esa amazona es incansable y hará hasta lo imposible para matarme —pensó recordando la cara que tenía la chica mientras lo amenazaba con la mano alzada.
La chica no era su enemigo oficialmente pero si una potencial oponente que le daría pelea, de eso estaba totalmente seguro, por otro lado lo emocionaba la idea de poder pelear con otra clase de rival en potencia y de alguna forma estaba a la expectativa de ver a esa chica pelear con todas sus fuerzas.
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En el campo de pelea de las amazonas estaban Geis y Shaina entrenando arduamente, esta última veía como su mejor amiga la atacaba fieramente en cada golpe, Geist quería transmitir toda la furia que sentía desde el encuentro con el caballero en aquellos campos. Les había arruinado el día con su pedantería y su actitud autoritaria totalmente fuera de lugar.
— ¡Ese maldito, me las pagará! —el último golpe fue tan duro que lanzó a Shaina por los aires.
—Hoy sí que estás enfadada —comentó Shaina poniéndose de pie— pocas veces te he visto atacarme con esa furia tuya.
—Lo lamento, no quise lastimarte gravemente. Es solo que no me he sacado de la cabeza lo ocurrido el otro día —Geist cerró los puños fuertemente en señal de impotencia—, no puedo hacer gran cosa por vengar mi honor; el tipo es un caballero dorado y es en contra de la ley ir a buscar pleito con ellos.
—Por supuesto que no —aclaró Shaina—, la misma Athena dictaminó que las mujeres que fueran vistas sin su máscara están en su derecho de matar al que las haya mirado. No lo estarías atacando sin razones sino por cumplir esa ley que la Diosa nos impuso así que no hay ley que se rompa.
—En eso tienes razón —Geist se sentía más tranquila ahora que su amiga le había aclarado varias cosas—, ya me siento mejor. Ahora pensaré en como embestir a ese caballero por sorpresa para derrotarlo. No sabrá que lo golpeo.
— ¡Así se habla! —Shaina la tomo por el hombro en señal de apoyo y aprobación.
— ¡Ustedes sí que son ilusas, chicas! —una voz se oyó detrás de ellas, las dos voltearon y se encontraron con Marin quien tenía una postura rígida y sería, como solía hacerlo cuando algo le molestaba— ¿creen que serán oponentes para un caballero dorado? No tienen idea del problema en que se meterán, especialmente tu Geist. El Patriarca te advirtió que no buscarás más problemas.
—No me lo tienes porque recordar, Marin. Yo recuerdo perfectamente las palabras del Patriarca y en todo caso lo que yo haga y en los problemas que me meta no son asunto tuyo —La joven se paró delante de Marin sin miedo a lo que pudiera decirle o hacerle, le tenía sin cuidado enfrentarla si había podido encarar a un caballero dorado—. Te aconsejo que no te metas en lo que no te importa Marin. No me importa si crees que no soy oponente, haré mi mejor esfuerzo para hacerle pagar a ese hombre el haber visto mi rostro.
—Cuida tu boca Geist —fue lo último que Marin dijo antes de continuar su camino hacía su cabaña— Sabes bien que los conflictos personales son castigados severamente.
— ¡Lo que yo haga y deje de hacer no son tu problema! —Geist no dijo nada más y emprendió el camino hacía su cabaña, la actitud de Marin siempre la había molestado se creía mejor que las demás o la más inteligente y siempre quería meterse en sus asuntos y corregirle lo que hacía mal pero nunca se había dejado intimidar por la amazona del águila—¿quién se ha creído esa Marin?
—Eres de las pocas personas que le dice abiertamente lo que piensa —comentó Shaina en el camino.
No solo a Marin, Geist por lo general siempre expresaba su opinión en voz alta, no se medía en cuanto a palabras y si era necesario arreglaba las cosas a golpes o por las malas. Si le hablaba a Marin como le daba la gana no cambiaría el tono de voz con aquel caballero, no importaba el rango ella iba a cobrar su venganza.
— ¿Cuándo iras a buscar a ese caballero? —preguntó Shaina muy interesada.
—Al amanecer, esta noche planearé mi estrategia y mañana caerá ese caballero así me cueste la vida.
—Si necesitas ayuda para ejecutar tu venganza, ya sabes que cuentas conmigo —le aseguró Shaina antes de dejarla en su cabaña y retirarse.
—Te lo agradezco, yo sé que cuento contigo —tomo su mano en señal de confianza. Sabía que contaba con ella y solo ella, así había sido desde hacía años cuando se conocieron—, te llamaré si te necesito pero preferiría hacerlo yo sola, tu entiendes.
Shaina asintió y se despidió de su amiga, Geist la vio alejarse con paso decidido seguramente iría a ver al discípulo que dejó haciendo ejercicios de entrenamiento; ella la admiraba muchísimo no solo por ser su mejor amiga y casi mentora sino por lo decidida que era y lo valiente. Ambas habían congeniado ya que compartían las mismas ideas, la ley del más fuerte.
La cabaña de Geist era muy pequeña, estaba ubicada en la entrada de los bosques cercanos a la entrada del campo de entrenamiento de las amazonas, no se trataba de un bosque frondoso sino de un conjunto de árboles más o menos grande, de cualquier forma a Geist le gustaba mucho aquel lugar ya que podía entrenar su arte de ilusiones y sus feroces ataques usando los árboles como apoyo.
Cerró la puerta tras entrar en la cabaña y dejo la máscara sobre la mesita de madera. Tan solo había una habitación donde estaban la cama, la mesa, un par de sillas y una comoda donde colocar las prendas de entrenamiento o las pocas ropas que una amazona podría juntar a lo largo de su estancia en el Santuario.
Geist no tenía ningún otro objeto en su cabaña, ni libros, ni fotografías tampoco grabados de ningún en su cabaña no se respiraba ningún ambiente, no deseaba que nadie supiera nada de ella, no quería ser conocida más que como una fiera amazona; tan solo como la líder de los caballeros de los abismos.
Los detalles de su vida no eran de la incumbencia de otra persona que no fuera su amiga Shaina, solo a ella le permitía el acceso a su vida privada, a sus pensamientos y demás. Solo a ella, ni siquiera sus hombres eran capaces de imaginarse las cosas que pasaban por la mente de ella aun cuando compartían el campo de batalla.
Se recostó en la cama a pensar en su estrategia y en el hombre que había visto su rostro, se había prometido así misma que no volvería a dejar que nadie viera su cara, que solo había sido un error de una sola vez, un error cometido por una jovencita tonta pero ahora que ya era toda una amazona que ostentaba una armadura de plata había pasado de nuevo.
—Como pude ser tan confiada. No, como pude ser tan tonta como para dejar que me arrancara la máscara con su técnica —giró sobre la cama golpeando la almohada con el puño. Estaba furiosa consigo misma había fracasado en algo tan simple como proteger su rostro de ser visto por un hombre— En que problema te metiste, Geist. Ahora tendré que pasar mi tiempo persiguiendo a ese sujeto para eliminarlo.
Ella conocía la fama de Shura, no solo era llamado "el más fiel a la diosa Athena" también era conocido por ser de los más fuertes y tener la técnica más letal. Estaba considerando que si perdía ante él sería doblemente humillada.
No podía dejar que eso pasara, se levantó de la cama y fue a la comoda de dónde sacó un espejo de mano. Era un simple espejo redondo que tenía un grabado de plata en la parte posterior y adorno muy simple hecho con Cristales de Baviera.
El único recuerdo familiar que tenía, lo único que aún la ataba a su pasado y del cual aún no estaba lista para zafarse.
Se miró largo rato en el pequeño espejo, no le gustaba el reflejo que ahí observaba porque no era la imagen que quería ver de sí misma; la de una mujer invencible sino que ahí se reflejaba una chica tonta que había cometido un grave error.
— ¡¿Por qué, por qué…? —tuvo un ataque de furia y lanzó el espejo contra la cama y los muebles de la cabaña contra las paredes, quería destruirlo todo y comenzar de nuevo desde cero; en medio del arranque de enojo alcanzó a escuchar que el espejo chocaba contra el suelo y eso fue lo que la hizo parar.
Se olvidó por completo de lo que estaba haciendo y fue corriendo junto a la cama a buscarlo, estaba intacto, la superficie no estaba estrellada ni los cristalitos fuera de su lugar, respiró hondo y trató de calmarse; mañana solucionaría el problema enfrentando a Shura y poniéndolo en su lugar.
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Shura caminó hasta su sitio favorito en la montaña aquel día por la tarde, había pasado en guardia toda la noche y se tomó un merecido descanso por la mañana pero había sido demasiado descanso y ahora era momento de retomar el entrenamiento.
— ¡Por fin llegaste, caballero! —una voz femenina hablo desde un pico un poco más alto, Shura dio un respingo y giró para ver quien le hablaba, no se sorprendió al ver que era Geist quien venía a cobrar su venganza—, te he estado esperando desde la mañana —ella saltó para llegar justo donde estaba su oponente.
—No me sorprende —dijo Shura con toda calma pero esbozando una sonrisa—, me preguntaba cuando te aparecerías para matarme, amazona.
— ¿Tantas ganas tienes de morir? Bien, yo seré tu verdugo —ella llevaba su armadura puesta, no se parecía en nada a las armaduras que usaban la demás amazonas la de Geist le cubría todo el cuerpo dejando pocas partes al descubierto.
Shura invoco su armadura ya que, de lo contrario, estaba en clara desventaja contra ella. Tal vez no lo parecía pero debajo de la armadura había un cuerpo de carne y hueso y por muy fuerte que él fuera Geist podría tener más oportunidades de ganar. Ni en broma iba a permitirlo.
— ¿Estas consciente de que los enfrentamientos personales están prohibidos? —Le recordó ya que ella parecía no tener esa regla en cuenta— El Patriarca puede castigarte por esto.
—No pongas excusas además estoy cumpliendo una de las leyes que Athena nos ha impuesto a las amazonas —ella se preparó para el ataque alzando sus largas uñas cual afiladas garras, no iba a darle tregua.
Shura alzó el brazo listo para ejecutar Excalibur mientras que Geist preparaba sus afiladas garras para embestirlo con una lluvia de puños los cuales Shura logró evadir hábilmente sin necesidad de ejecutar su técnica. Su rango le permitía el castigar a traidores y rebeldes, la cuestión es que Geist no estaba catalogada como una traidora ni como una rebelde puesto que el matar al que vio su cara era una orden dada por la diosa.
¿Qué hacer? ¿Tomar como rebeldía esa pelea o como una agresión? Tenía que pensar rápido ya que la chica era veloz en el combate, lamentablemente durante el momento de duda que tuvo noto como el entorno lucía algo diferente, cientos de soldados aparecían de la nada y se abalanzaban sobre él.
¿De dónde habían salido?
No veía a Geist por ningún lado pero escuchaba su risa, trató de atacar a esos soldados pero estos se desvanecían con apenas tocarlos o bien lo atravesaban como si fueran de humo, le costó unos segundos entender que no eran soldados reales, ese era el ataque de ella; la chica era una ilusionista, tenía que encontrarla.
— ¡Déjate de juegos, amazona! —Estaba impacientándose, aquel jueguito no le gustaba nada, creía que sería un combate limpio— ¡Sal y da la cara!
— ¡Muy bien, si eso es lo que quieres! —Geist apareció de la nada y de nuevo lo ataco con su lluvia de puños, además de eso los puños de la armadura se multiplicaban para tratar de sujetarlo.
—No me dejas otra opción… — Shura logró liberar el brazo derecho y lanzar el ataque de Excalibur directo a la chica.
Geist tuvo dificultad para ver el ataque debido a la velocidad a la que iba pero logro evadirlo antes de que le partiera el cuerpo en dos, estaba emocionada porque aquel hombre no iba a ser un rival fácil de vencer, sus ilusiones no lo habían intimidado y sus veloces puños no lo habían restringido para lanzar el ataque.
Tenía que pensar en cómo atacarlo sin que pudiera defenderse, era muy rápido pero debía de haber una forma; se le ocurrió que podría ser desde el aire, saltando desde muy alto y lanzarle los puños desde arriba.
Shura vio que ella retrocedía y tomaba impulso, estaba a punto de saltar. En cuanto vio que sus puños llegaban desde el aire arremetió de nuevo con Excalibur pero ahora Geist no fue alcanzada y ella logro golpearlo fuertemente, lo suficiente para lanzarlo hacía atrás. Shura quedó a pocos centímetros de la orilla.
Sin pensarlo dos veces lanzó su técnica de nuevo pero esta vez utilizo todas sus fuerzas, se jugaría el todo por el todo con ese ataque, estaba más que molesto por el golpe de la joven y por todo el desarrollo de la pelea así que lanzo a Excalibur directo hacía Geist.
Ella no se esperaba el ataque, trató de evadirlo exitosamente pero el golpe dio directo en la montaña, el estruendo provocado por la caída de las rocas paró el combate inminentemente y ambos ahora trataban de salvar su vida. No había a donde correr ya que el derrumbe se ampliaba más y las rocas caían por todos lados.
Solo podían ir hacia abajo o más arriba. Shura trato de saltar más alto que las rocas que caían, logró pararse en una roca muy firme que no estaba cayendo y miró el espectáculo. Fue una total imprudencia el lanzar así su técnica, que tal si había alguien inocente en la parte alta o bien alguien que pasara por ahí.
El derrumbe había sido su culpa.
El grito de Geist llego hasta sus oídos, ella no había conseguido brincar más alto y había sido alcanzada por una de las rocas rompiéndole la hombrera izquierda y el casco. Shura sabía que no podía dejarla morir así ya había aclarado para sí mismo que ella no era ni enemiga ni traidora así que tenía que salvarla.
Además ella había sido una buena oponente.
Salto en dirección hacia ella esquivando las rocas que caían por todos lados y alcanzó a tomarla por el brazo que no estaba lesionado, la sujetó fuertemente y saltó lejos de las rocas hacía donde estaba, vio a la joven en sus brazos y noto que estaba inconsciente, había perdido el casco y la máscara. No sabía dónde estaba su cabaña ni el paradero de Shaina ya que no podía ir al campo de entrenamiento de las amazonas ni la había visto en el coliseo con los demás aprendices o los que entrenaban ahí.
Tampoco podía dejarla ahí sin atención a sus heridas. Vio su hombro y la herida era profunda y sangraba mucho. El, tenia vendajes y un botiquín para ese tipo de emergencias pero estaba en la décima casa pensó en llevarla hacía allá y ver si se encontraba con Shaina en el camino para dejarla a su cuidado.
Pero no fue así, no la vio por ningún lado en todo el recorrido hasta la décima casa, de hecho tampoco encontró a nadie que le impidiera el paso hasta allá. Una suerte extraña, sin duda.
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Geist despertó muy desorientada. No estaba en su cabaña sino en una habitación muy amplia de paredes grises, estaba recostada en una cama mullida, se incorporó un poco y vio todo su alrededor. La habitación era del tamaño de su cabaña y tan solo había una cama, una mesita con dos sillas enfrente y al lado izquierdo un librero, una comoda de madera ricamente tallada con varios objetos arriba y dos puertas; una seguramente daría al exterior y la otra sería un baño tal vez.
Jamás había visto tanto lujo en su vida, ni siquiera en los días previos a su llegada al Santuario, seguro los caballeros dorados eran tratados como reyes así que no le sorprendía el que fueran unos prepotentes arrogantes; con Shura encabezando la lista.
Gesit se retorció del dolor al querer mover el brazo izquierdo, le dolía desde el hombro hasta la punta del debo, se observó y noto que llevaba un vendaje que iba desde el hombro hasta el antebrazo también se tocó la cabeza y la tenía vendada.
¿Acaso Shura la había salvado y cuidado durante ese tiempo? No, eso era imposible, aquel hombre no podría haber hecho un vendaje pues se veía que no tocaba la sangre por miedo a que se ensuciara su capa. Geist lanzó una risita al imaginarse la escena.
—Me pregunto dónde estaré y cuánto tiempo llevo aquí —se decía mirando el techo.
En ese momento la puerta se abrió y Shura entro llevando una bandeja de plata, la cual dejo sobre la mesita y se acercó a ella mirándola. Geist se tocó el rostro pero su máscara no estaba, seguramente se habría perdido entre toda la confusión en la montaña, estaba descubierta ante él.
Tampoco estaba su armadura, solo llevaba puesta la ropa de entrenamiento, así que trato de cubrirse hasta el cuello para que él no la viera.
— ¿Dónde está mi armadura? —pregunto molesta.
—Por allá… —respondió él sin darle importancia, la armadura estaba montada a un lado de la mesa.
A ella le molestó su presencia y de inmediato intentó ponerse en guardia pero el dolor no la dejo levantarse de la cama; Shura se acercó a la herida con toda calma estaba a punto de tocar los vendajes cuando fue impedido por Geist, quien con la otra mano trato de impedir que la tocara.
— ¡No te atrevas a tocarme! —dijo molesta.
Shura le detuvo la mano y la miro severamente.
—A ver, vamos a tranquilizarnos —comenzó a decirle—, no debes moverte o la curaciones que te hice no habrán servido de nada y las heridas se abrirán— ella lo observaba sin decir palabra pero sin ocultar su cara de molestia— así que deja de querer rasguñarme como si fueras un gato montés.
— ¿Por qué me trajiste aquí? —fue lo primero que pregunto la joven, necesitaba saber dónde estaba.
—Esta es la décima casa, la casa de Capricornio —respondió Shura sin perder la calma mientras quitaba el vendaje para poder ver el progreso en la curación de la herida, la había cosido hábilmente y se veía mucho mejor que hacía unas horas—, no sé dónde está tu cabaña y no encontré a tu amiga en el camino hacia acá. Aquí tengo todo lo que necesito para curar heridas de este tipo así que era mejor traerte hasta aquí.
— ¿Por qué no me dejaste morir? —susurró ella con gran pena en la voz.
Al decir esto Shura entendió lo importante que era para ella el honor, Geist prefería haber muerto que haber perdido el combate por haber visto su rostro el otro día.
—No eres mi enemigo, tampoco una traidora al Santuario. Estabas siguiendo una orden de Athena, no había razones para castigarte o matarte. Además eres buena oponente, eso sería una perdida para todos.
Geist lo observó cuando termino de hablar, nadie le había dicho tales palabras antes. El, por su parte, estaba metido en poner el vendaje lo más firme posible, era muy hábil en lo que hacía.
Shura sabía que la herida no había sido solo causa del derrumbe, ella había tratado de esquivar el ultimo Excalibur pero este la había alcanzado y logro herirle el hombro, la herida era muy profunda y tuvo que coserla de no haber sido alcanzada por la técnica habría escapado o bien habría muerto aplastada.
Le había salvado la vida, aquella era una buena oportunidad para negociar que perdonara la suya.
—Te he salvado la vida amazona, no crees que a cambio deberías perdonarme la mía —dijo Shura mirándola fijamente y esbozando una ligera sonrisa.
— ¿Qué dices? —Preguntó Geist sorprendida abriendo mucho los ojos— ¿Por qué piensas que voy a perdonarte la vida?
—Pues, te salvé. ¿Eso no cuenta? Sería "vida por vida". Es lo justo, ¿no crees, amazona? —Shura no podía dejar de mirar la amplia gama de expresiones del rostro de Geist, estos eran cambiantes como un camaleón, pasaba de la tranquilidad a la ira en cuestión de segundos.
—Lo pensaré… —dijo ella resignada volteando para otro lado para no mirarlo.
—Tomaré eso como un sí —Shura se dirigió a la mesa y quitó la servilleta que cubría la bandeja, ella alcanzó a ver dos vasos, un poco de fruta y un plato con carnes frías— ¿quieres comer algo? —preguntó sin dar mucha importancia.
—No, gracias —respondió ella secamente.
— ¿Estás segura? Llevas aquí unas ocho horas y aún no debes ponerte de pie.
—No importa —rezongó ella, Shura la miró, estaba intentando levantarse—, ya no quiero estar aquí. Iré a mi cabaña— allá terminaré de curarme, ahora dime como salgo de las doce casas sin enfrentarme a todos los caballeros en el camino y no te interpongas.
Shura estaba sorprendido por lo grosera y necia que era así que para evitarse alguna confrontación innecesaria la guio a un atajo donde podría salir sin ser vista por nadie; así, Geist se puso la armadura rápidamente y emprendió el camino en protegida por las sombras de la noche.
Algo le decía que no sería la última vez que la vería, había aceptado la negociación de "vida por vida" pero ¿Por cuánto tiempo?
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Continuará…
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*Notas: He aquí el capítulo dos de esta historias, me atrazaré un poco con el que sigue ya que tengo las vacaciones de por medio, en cuanto vuelva subiré el tercero.
Gracias a AngelaM. Por su review tan entusiasta y al guest por mostrarme un punto interesante.
Gracias por leer.
