Detrás de la mascara
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El espejo y la montura
Parte 1
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"I wanted you to know that
I love the way you laugh
I wanna hold you high and steal your pain away..." –Seather.
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El mundo aun le daba vueltas pese a que ya habían pasado unos días. Ese beso era algo que no asimilaba del todo, jamás se imaginó que él la besara así sin más y mucho menos se imaginó que ella pudiera sentirse feliz con eso; fue como si el mundo que los rodeara hubiera desaparecido, como si solo estuvieran ellos dos en todo el universo, no existía nada más.
Cuando el beso terminó, él la abrazó y se quedaron así por varios minutos, Geist recordaba cada escena vívidamente y no sabía cómo comportarse en ese momento ni si dejar sus manos a los lados o bien abrazarlo. No pudo evitar sonreír ante el recuerdo y los sentimientos tan lindos que le producían, pero por otro lado se sintió avergonzada porque había fallado en esa misión y tuvo que recurrir a la segunda consigna.
Tenía sentimientos encontrados a causa de ambas situaciones; felicidad por un lado y vergüenza por el otro.
Estaba sentada a los pies de la cama reviviendo cada segundo de lo que acaba de pasar con Shura, después del abrazo él se había despedido de ella diciéndole que quería verla en los próximos días, ella no pudo negarse. Era como si nada más importara en ese momento, ni el ser amazona, ni la advertencia hecha por Shaina ese mismo día, ni nada más.
Tomo el pequeño espejo redondo de la mesa de noche y contemplo su reflejo largo rato, se veía diferente. En él se reflejaba el rostro de una jovencita a punto de enamorarse, esto no le gustó nada puesto que se había enamorado en el pasado y temía que terminara igual en esta ocasión aunque él le había asegurado que no era igual a los demás.
¿Sería cierto? ¿Podía darse el lujo de confiar en él? No lo sabía y en un caso como ese solo el tiempo podría decirlo.
Por otro lado tenía miedo, miedo de que nada más le importara. Que ese hombre se convirtiera en todo su mundo, tal y como había ocurrido con Maya.
—Eso no puedo permitírmelo —se dijo a si misma con toda calma dejando el espejo sobre la cama—. No sé si esta felicidad será duradera así que no puedo permitirme un cambio drástico en mi vida o las cosas que me importan —se dejó caer en la cama de espaldas tocándose la cara con ambas manos— ¿En qué me fui a meter? Ahora solo lo tengo a él en mi cabeza. No, no Geist ya basta —sacudió la cabeza varias veces como si así pudiera sacar esos pensamientos de su mente.
Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de la puerta, alguien llamaba desde el otro lado. Geist se puso la máscara y fue a abrir, no era Shaina ya que esos golpes no eran los de ella, quien podría ser se preguntaba.
Abrió la puerta sin más y se encontró con tres rostros, a los cuales no esperaba ver tan pronto y que se escondían en medio de las sombras de la noche. Eran tres hombres vestidos con armaduras diferentes, estas tenían motivos acuáticos y parecían ser de un material similar al latex. Los tres se arrodillaron delante de ella.
—Hemos venido a verte mi señora —dijo el que llevaba una armadura blanca con negro y un casco similar al cuerpo de un tiburón—, traemos noticias que seguramente le resultaran interesantes.
— ¡¿Qué están haciendo aquí?! —Preguntó molesta— Saben bien que los caballeros varones de menor rango no tienen permiso para entrar al campo de las amazonas. ¡Me meterán en un problema, torpes!
—Le pedimos que nos disculpe —esta vez hablo el que llevaba un casco en forma de medusa—. Las noticias que tenemos para Usted son realmente buenas y no podíamos esperar a verla en unos días.
—Sí, mi señora —respondió el tercero, el del casco con forma de lagarto—. Espero nos pueda perdonar por haber entrado a este territorio sin permiso.
—Ya basta, vamos a un lugar privado para hablar terminó ella molesta por la palabrería de esos tres.
Ella guio a los tres a las afueras tanto del Santuario como del campo de las amazonas asegurándose de vez en vez que nadie los viniera siguiendo, lamentablemente el salir de ese territorio sin permiso durante la noche era severamente castigado, podría ser considerado casi una deserción y esta se pagaba con la muerte.
Por lo mismo Geist tenía que ser muy precavida con todo. No podía fiarse de las precauciones de los tres caballeros que la acompañaban, pese a que tenía años de conocerlos no confiaba del todo en que no los fueran a descubrir.
Al final, los cuatro llegaron a un paraje desolado en las afueras del Santuario, muy cerca de la costa. La noche era fresca y los invitaba a reunirse para planear la siguiente misión que estaban por cumplir.
La ciudad estaba justo frente a sus ojos.
Se reunieron en una vieja bodega en la zona comercial de la ciudad, en el lado sur, ubicada en una calle que en ese momento estaba solitaria, nadie iba ahí así que podrían hablar con calma sobre lo que aquellos tres hombres tenían para Geist. Los tres entraron por una ventana abierta y adentro tenían unas sillas y una mesa, aquel era el cuartel general donde se reunían con frecuencia.
—Ahora sí, díganme que tienen para mí en esta ocasión —exigió saber Geist autoritaria esperando que los demás tomaran su lugar en la mesa.
—Mire estas fotografías, Señora —El hombre con la armadura clara y el casco en forma de medusa—, son de aquel ballenero. Esta vez recorrió una larga ruta desde el norte de Canadá hasta las costas de México —conforme hablaba iba cambiando las fotografías, las imágenes mostraban los arpones del navío y como atacaba cruelmente a las ballenas—, como puede ver la cacería del barco fue cuantiosa.
— ¡Esos miserables! —Refunfuñó Geist sin quitar los ojos de la imagen sobre la mesa— No tienen ningún derecho a cometer esta atrocidad. ¿Han encontrado la casa matriz de esta empresa?
—Sí, tienen su base de operaciones en Noruega pero pescan en mar extranjero con permisos y licencias; de hecho aquí tenemos la ubicación exacta —el hombre con la armadura negra y el casco de tiburón se adelantó y puso varios papeles delante de Geist—. Ya tenemos recabada toda la información, mi Señora. También tenemos las rutas y las fechas de las cacerías.
—Dentro de un par de días empezará la siguiente temporada de caza —el último, el hombre con la armadura verde y el casco con forma se serpiente marina concluyó el reporte dejando a Geist muy complacida con esa información.
— ¡Excelente! —Dijo ella triunfante— Partiremos dentro de poco tiempo para hacer una visita a esta amable corporación y les mostraremos que no deben meterse con la vida marina.
— ¡Muy bien!
— ¡Así se habla, Señora!
Terminaron de revisar el plan durante el resto de la noche y acordaron la hora exacta en la que saldrían del Santuario sin ser vistos. Geist gozaba con este tipo de actividades acompañada de esos hombres a quienes conoció tiempo atrás durante una misión de reconocimiento, había hecho buenas migas con los tres y tenían metas en común; ellos la contagiaron del amor por las especies marinas y ella les transmitió su espíritu rebelde que no conoce límites.
Castigar a culpables por ese tipo de crímenes contra los animales marinos era una forma de justicia y también los cuatro disfrutaban con el sufrimiento ajeno. Así, Geist aprovechó para quitarse un poco lo empalagoso que había sentido su último encuentro con Shura, esperaba verlo de nuevo pero aquel hombre no podía saber sobre esa reunión ya que a Geist le parecía un sujeto demasiado correcto y formal.
En el fondo no le molestaba que el fuera así ya que el resto de las personas que ella conocía eran rebeldes y no tenían tan en mente el grueso de las reglas del Santuario. Era raro que alguien como ella se interesara en alguien como él. El único problema era que no había tenido noticias de él desde ese beso, varios días atrás.
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Shura iba camino a buscar otro lugar para entrenar, su escondite había quedado sepultado bajo las rocas de aquel derrumbe y no tenía donde entrenar en paz ahora. Sus demás colegas dorados entrenaban en el coliseo y él podría hacerlo durante un tiempo pero nada más porque llegaría el momento en que reclamaría por un espacio propio.
La tarde estaba resplandeciente y despejada como pocas veces.
Mientras caminaba se topó con Aioria, ambos venían caminando de frente sin embargo Aioria le paso por un lado sin siquiera mirarlo; Shura no se esperaba menos del león dorado; cuando los dos eran muy jóvenes solían llevarse mucho y muy bien, lamentablemente tras la muerte de Aioros su joven hermano había cambiado mucho, estaba resentido, porque todos lo llamaban traidor y la cosa empeoro cuando supo por boca del resto de aprendices del Santuario que el verdugo de su hermano había sido Shura.
Shura recordaba las últimas palabras del león antes de alejarse de él por completo.
—Creí que querías a Aioros en cambio lo mataste. Mataste a mi única familia. ¡Te odio! —después de eso Aioria jamás volvió a cruzar palabra con Shura más que para lo estrictamente necesario, también Shura se alejó de él; no pudo pedirle perdón por lo ocurrido ya que habían sido órdenes del Patriarca.
Shura no hubiera matado a Aioros por su propia voluntad.
Él también era muy joven en aquel momento como para anticiparse a las consecuencias. Había querido decirle a Aioria cuanto lo lamentaba y cuanto extrañaba a su hermano pero ya era tarde, después de casi trece años no había obtenido el perdón del joven león.
Giro para ver hacía donde se dirigía y lo vio acercarse a Marin y al discípulo de esta; al que llamaban Seiya. Todos sabían que Marin y el león eran más que amigos puesto que a Aioria no le importaba demostrarlo en público aunque nadie estaba seguro sobre si él ya había visto el rostro de la joven. Al verlos a los tres juntos le vino a la mente los días en los que Aioria, Aioros y él estaban juntos retozando en las ruinas del Santuario; días que jamás volverían.
Se alejó de ahí antes de la nostalgia se apoderara de él y en ese momento el rostro de Geist apareció de nuevo en su mente, había tratado de no pensar en ella demasiadas veces al día porque lo cierto era que ella ocupaba sus pensamientos la mayor parte del tiempo. Sin meditarlo más veces fue a verla.
Logró llegar a la cabaña sin problemas, se cercioro de que nadie lo estuviera observando; especialmente alguien como Shaina y toco la puerta pausadamente, sin prisas. La puerta de abrió del otro lado y se encontró con el rostro de la joven.
Se veía molesta; no sería raro en ella.
— ¡Vaya, hasta que dignaste a venir! —reclamó ella cruzándose de brazos al cerrar la puerta.
—Solo han pasado unos cuantos días, tuve rondines que hacer y no tenía tiempo de venir a verte.
—No son más que excusas —ella estaba molesta porque no había tenido noticias de él, se había distraído con la reunión de la otra noche pero quería verlo antes de irse.
—No son excusas —respondió con toda calma sin dejar de mirarla un poco divertido por el enojo de ella—, estuve ocupado y también atendí una pequeña misión al norte del país, no tuve oportunidad de venir a saludarte.
Se acercó a ella y la abrazó por atrás ante la sorpresa de ella quien no se esperaba ese gesto por su parte.
—Te creo… —Geist se recargó sobre el pecho de él rodeándolo con sus brazos mientras Shura recargaba su cabeza contra la de ella— todo el enojo que tenia se ha pasado, de verdad quería verte de nuevo.
—Yo también —tomó una de sus manos y la besó antes de dejar un beso más prolongado y apasionado en sus labios.
En ese momento algo llamó su atención. Por un instante, al girar la cabeza hacía la derecha, le pareció ver un pequeño destello venir desde la cama trato de enfocar la vista para ver mejor lo que estaba brillando ya que era pequeño y no podría apreciarlo del todo.
— ¿Qué miras? —dijo ella de repente, notando que la atención de él estaba en otro lado.
—No, nada. Me pareció ver que algo estaba brillando desde tu cama —se acercó a ver que era solo para saciar su curiosidad.
Geist se dio cuenta de que había dejado su espejo a la vista y no solía hacerlo, siempre lo tenía bien guardado de los ojos curiosos pero él se había topado con el objeto y, por lo visto, no iba a dejar que ella se lo quitara para guardarlo.
—Solo es un espejo —replico sin darle importancia sentándose en una de las sillas.
Shura no dejaba de contemplar aquel pequeño objeto, dio una rápida ojeada a su alrededor y noto que no había más objetos de ninguna clase en esa cabaña, ni libros, ni fotos ni nada. Pareciera que Geist estaba de paso solamente, había muebles pero todo estaba vacío, sin personalidad ni nada en comparación de como tenía el su habitación en la décima casa.
En una delas orillas tenía un grabado, lo acercó a sus ojos para leer. Era un nombre, "Carol". Sería el nombre de ella o bien de la persona que se lo obsequió.
Ese espejito redondo era la única prueba de que ella vivía ahí. Era lo único personal que había de ella en ese sitio. Él lo llevo hasta donde estaba sentada y lo coloco sobre la mesa, justo frente a sus ojos.
—Me parece extraño que poseas algo así —comenzó a decir tomando asiento a un lado.
—Supongo que no me veo como el tipo de chica que guardaría un espejo tan celosamente —comentó mirando el objeto—. Es un regalo de mi abuela —dijo ella de repente— a pesar de que he roto todo lazo con mi pasado este no he podido borrarlo.
—Continua… —decía él mientras Geist veía como no dejaba de contemplarla, de verdad quería oír esa historia que ella no le había contado a nadie, ni siquiera a Shaina.
—No hay mucho que decir; mis abuelos tenían una tienda de antigüedades en un viejo barrio al sur de la ciudad, aún recuerdo el nombre era "AntiquitätenHaus"* vendían toda clase de baratijas y cosas que la misma gente llegaba a venderles.
Una noche llegó una mujer vestida en lo que había sido un lujoso atuendo, decía estar muy necesitada de dinero ya que sus hijos habían malgastado toda su fortuna y ahora estaba en banca rota; llevaba una colección de objetos de planta entre los que estaba el espejo redondo, lo había ofrecido especialmente por los cristales de Baviera que tiene en la parte de atrás.
Shura volteo el espejo y no vio más que unas brillantes cuentas azules pero Geist las había descrito como si fueran muy importantes.
—Sé lo que estás pensando —dijo ella inquisitivamente sin dejar de mirarlo—, pese a que parezcan un montón de cuentas azules en toda esa región se venden bien estos cristales. Mi abuelo le pago una buena suma por esa colección y días después algunos coleccionistas de la plata le estaban ofreciendo de doble por cada pieza.
Pero yo quede prendada del espejo redondo y mi abuela le grabó mi nombre para regalármelo en mi cumpleaños. Lamentablemente unos ladrones les quitaron la vida unos días más tarde, fue horrible verlos muertos en el piso de la tienda que tanto amaban. La policía llego horas después y a mí me llevaron a una casa hogar.
Bueno, en realidad estuve en muchas siempre tenía problemas con los demás y con las personas que trataban de darme en adopción hasta que termine por huir con un grupo de niños que iban hacia el sur y así llegue al Santuario. Fin de la historia.
Shura se sorprendió por lo breve y conciso del relato pero no dijo nada más.
—Así que este es tu nombre real —comentó sonriente.
—Sí y tienes prohibido revelarlo —indicó ella, ambos rieron compartiendo aquella broma privada.
No podían dejar de contemplarse mutuamente hasta que Geist se puso de pie y lo besó acariciando su rostro y sintiendo como él la abrazaba cálidamente.
—Debo irme —dijo él de repente poniéndose de pie—, cubriré la guardia nocturna de mañana y necesito descansar.
—De acuerdo… —ella presentía que podría ser una excusa, por lo precipitado, pero no dijo más y lo dejo ir, de todas formas estaba por pedirle que se marchara porque empezaba a sentir algo de miedo; lo que sentía por él amenazaba con hacerse más grande y salirse de control.
Iría a verlo esta noche antes de partir a su misión, tenía que despedirse ya que no sabía si volvería al Santuario y si volvería a verlo.
Shura iba con paso constante de regreso a las doce casas cuando se topó con Shaina en su camino, esta le bloqueo el paso deliberadamente.
— ¿Qué necesitas, amazona? —dijo él con algo de desprecio.
—Solo te haré una advertencia: No te atrevas a lastimar a Geist o te las verás conmigo. Estoy hablando en serio, caballero.
Tras decir eso ella siguió su camino sin voltearlo a ver. Él se quedó sorprendido ya que no se esperaba algo así, ahora le quedaba claro que tan fuerte era la amistad entre ambas chicas, no podía molestarse con Shaina por querer impedir que su amiga sufriera o saliera lastimada. Él hubiera hecho lo mismo por Aioros.
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De regreso en la décima casa, se le habían pasado las ganas de querer descansar y se encontraba puliendo la estatua de Athena que tan celosamente se ha conservado en ese vestíbulo desde hacía muchos siglos, se sentía observado por la diosa a través de la estatua y un sentimiento de culpa comenzó a llenarlo.
Era conocido como el más fiel a la diosa, supuestamente no podría jurar ninguna fidelidad a nadie más pero esa tarde había sido más feliz pasando el rato con Geist que orando a la diosa o haciendo algo para honrarla. Se preguntaba si lo que sentía por la chica interferiría con su deber como Santo, volteó la mirada hacía el suelo en señal de arrepentimiento y vergüenza.
Pero la imagen de Aioria le vino a la mente; el joven amaba a Marin y no por eso era menos leal a Athena. Quizá podría compaginar ambas cosas ya que Athena tenía toda su fidelidad pero su corazón estaba por pertenecer a Geist.
Trató de no pensar más en esto o lo otro y terminó con lo que estaba haciendo para retirarse a descansar.
—Es una estatua muy imponente —dijo una voz detrás de él.
—Geist, ¿qué haces aquí? ¡Alguien pudo haberte visto mientras venías! —estaba sorprendido y asustado ya que alguien pudo haberla visto mientras llegaba a la décima casa.
—Nadie me vio llegar aquí, por fortuna ya anocheció y mi armadura es buen camuflaje —aseguró ella muy confiada.
— ¿Por qué la traes puesta? —Shura no llevaba la suya, no estaría pensando en pelear con él ¿o sí?
—Partiré mañana muy temprano y quería venir a despedirme —dijo al fin en voz baja.
— ¿A dónde vas? —preguntó preocupado y triste.
—Tengo una misión muy importante que cumplir —ella lo observó un momento antes de continuar hablando, no estaba segura de cómo decirle a que había ido realmente a la décima casa.
— ¿Te la dio el Patriarca o es algo que harás por tu cuenta?
—Lo haré por mi cuenta —confesó ella sin dejar de mirarlo.
—Es que no te importa meterte en más líos, ¿verdad? —Shura dijo esto con algo de severidad en la voz, le parecía que esa actitud de ella era algo irresponsable— No estás midiendo las consecuencias.
—Claro que si, por eso estoy aquí —ella se quitó la armadura y esta se montó sola en el piso, en seguida tomo su mano y lo jaló hasta las habitaciones.
Shura la vio entrar y encender las lámparas de aceite que estaban en las mesas de noche, no estaba seguro de si sería buena idea que el que ella haya ido hasta allá pero como dijo que se marcharía al amanecer no quería perder la oportunidad de pasar un tiempo a su lado.
Entro en la habitación y cerró la puerta sin mirar la estatua de Athena. No tenía ojos para contemplarla como solía hacer antes de encerrarse en la habitación.
Adentro la luz era tenue gracias a las velas que ella ya había encendido.
— ¿Quieres algo de fruta? —preguntó a Geist quien estaba entretenida observando los objetos que tenía en el librero.
—Si, por favor —dijo ella.
Geist veía interesada lo que Shura tenía en su librero de madera, los libros estaban perfectamente acomodados, ni un solo tomo fuera de lugar. Eran pocos, algo viejos y no ocupaban espacio pero se veía que Shura los atesoraba porque estaban bien cuidados.
Pero en la parte superior se encontró con otros objetos que no le eran familiares, uno parecía ser un sombrero de forma circular en color negro y con dos protuberancias a los lados; ella lo tomo en sus manos sin pensar en si Shura se molestaría por ello.
— ¿Qué es esto? —le pregunto curiosa mostrándole el sombrero que había tomado con cuidado.
—Vaya, encontraste esa vieja montura —dijo él con calma acercándose y tomándola de sus manos—, no eras la única que vivía con sus abuelos, yo también viví con el mío un tiempo luego de que mis padres murieran en un accidente de auto.
Ella lo observaba hablar fascinada, nunca se hubiera imaginado algo así de él.
—Mi abuelo era torero; un oficio de tradición en la tierra de la que vengo esta montura se la ponía en la cabeza como parte del atuendo que usaba durante las celebraciones de la Fiesta Brava.
—Que interesante, te la regaló, supongo.
—No, yo la tome cuando el murió. Después de su muerte mi mundo se vino abajo porque no tenía más parientes a quienes recurrir, solo se me ocurrió tomar la montura y salir de la casa durante el funeral.
—Lo lamento —dijo apenada.
—Lo más interesante era que mi abuelo era un artista con la espada, sabia manejarla muy bien y cuando no participaba en la Fiesta Brava daba clases de esgrima. Cuando era pequeño lo observaba, yo quería ser igual de bueno con la espada —Shura se cayó por un momento y observo la vieja montura por unos segundos—, creo que el haber llegado a la casa de capricornio no fue casualidad. El hombre que me trajo se convirtió en mi maestro y era igual de buen esgrimista que mi abuelo.
—Dicen que las casualidades no existen.
Ella tomo la montura y la devolvió a su sitio, además de dejar la montura sacó su pequeño espejo, que llevaba bien guardado y lo acomodo justo a un lado de esta. No quería dejar su única posesión en la cabaña durante su ausencia, tampoco quería encargársela a nadie más así que la dejo justo a un lado de la montura. Era dejarle una parte de ella a él.
En seguida volvió y se sentó a su lado en la cama.
Se besaron y abrazaron largo rato, el tiempo les parecía poco para estar juntos aunque llego un punto que les pareció que cubrirse de caricias ya no era suficiente; como si sus movimientos estuvieran sincronizados se recostaron sobre la cama sin dejar de besarse.
No necesitaron decir nada para saber que estaban seguros de estar ahí y de lo que estaban por hacer.
Shura beso a Geist en su boca tan apasionadamente como pudo mientras ella frotaba su espalda y jugaba con su cabello; enseguida él besó su cuello y su clavícula sin dejar de acariciar su magnífico cuerpo y deteniéndose para besarla y mirarla a los ojos.
Geist comenzaba a sentir como su cuerpo respondía a cada caricia de él, más cuando comenzó a quitarle la ropa lentamente; ella hizo lo propio y en un momento estaban completamente desnudos uno al lado del otro. Sin dejar de mirarla besó su mano, luego sus pechos y su vientre.
Exploraba cada parte de su cuerpo una y otra vez, ella solo se dejaba llevar aunque no perdía oportunidad de besarlo cada que podía y frotarle su espada. Ambos parecían estar en perfecta sintonía en ese momento y Shura no tuvo problemas en acoplar el cuerpo de ella para poder hacerla suya.
Ambos estaban de frente cuando Geist sintió como él entraba en ella, hubo un poco de dolor al principio pero conforme él se movía el dolor se fue disipando para dar paso a una excitación y placer que iban en aumento. No era la primera vez que estaba con un hombre pero si la primera que la hacían sentir amada y deseada.
Pasadas unas horas ambos estaban durmiendo abrazados. Él era feliz por tenerla recostada sobre su pecho y ella no podía pedir más por despertar y verse en los brazos de él.
Shura observó el único reloj que tenía en toda la habitación ya que no había ventanas, no podía saber si había amanecido o no, el pequeño reloj de pulsera estaba en la mesa de noche, lo tomo y vio encantado que aún tenían varias horas más antes del amanecer.
Ella comenzó a besarlo repetidamente en el cuello y como si de un juego se tratase él la abrazó pasando sus manos por su sedoso cabello negro y acariciando su espalda, ella cambio de posición dándole la espalda pero invitándolo a que continuara.
Geist sentía los besos de él sobre su hombro y como sus manos la acariciaban de arriba abajo hasta en el rincón más profundo de su cuerpo y así, hicieron el amor por más tiempo hasta que se quedaron profundamente dormidos.
En cuanto el pequeño reloj de pulsera dio las seis de la mañana ambos se levantaron ya que ella debía partir dentro de poco. Le ofreció usar el baño privado de la décima casa y ella fue feliz ya que nunca había usado un baño tan elegante y privado como ese.
—Ya debo irme —ella ya llevaba puesta la armadura y se encontraba en la puerta lista para partir.
—Dime que volverás —ordenó él con tristeza—, esta no será la última vez que te vea.
—Haré todo lo posible por volver —ella lo beso antes de irse—, tienes mi palabra —se besaron antes de que ella se fuera.
Shura la vio alejarse rápidamente entre las montañas sintiendo una profunda pena. Esperaba volver a verla lo antes posible.
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Continuara…
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*Notas: Si, la espera fue corta pero la idea para este capítulo ya me daba vueltas por la cabeza y quería escribirlo ya. Espero les haya gustado, estamos en la recta final de la historia. ;)
*Casa de Antiguedades.
