Detrás de la mascara
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El espejo y la montura
Parte 2
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"Cause I'm broken when I'm lonesome
and I don't feel right when you're gone away" –Seether.
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Habían pasado casi quince días desde que Geist se fue, nadie había tenido noticias de ella y él comenzaba a impacientarse, ¿qué tal si aquella fue una despedida definitiva? No le había dicho todo lo que sentía por ella antes de irse y ahora no sabía si podría hacerlo algún día.
Lo que más le preocupaba era el hecho de haber encontrado el pequeño espejo redondo junto a la montura en su librero, ¿en qué momento lo dejó ahí?, ¿por qué lo dejo sin decirle nada? Shura sabía en lo profundo que ella lo había dejado porque estaba segura de que quizás no volvería al Santuario.
—Geist… —susurró para sí mientras miraba el objeto redondo en sus manos— ¿Cuándo volverás? ¿Por qué no me diste tu espejo personalmente? —estaba molesto en lo profundo de su ser, de alguna forma no podía dejar de creer que ella había sido desconsiderada pero si tenía una misión tampoco podía culparla por actuar de esa forma.
No sabría qué hacer si ella no vuelve.
En el Santuario corrían toda clase de habladurías sobre Geist y un grupo de caballeros que, junto con ella, habían salido del lugar sin permiso del Patriarca en una misión no autorizada. Como era un tema relativo a caballeros de menor rango el Patriarca no comentaba el tema con los dorados. Shura no pudo conseguir que le dijera algo sobre Geist o lo que pensaba hacer cuando ella volviera, si es que volvía; por lo visto a su regreso le esperaba un fuerte castigo.
La única persona que paso por su mente que podría saber algo era Shaina, había tratado de preguntarle muchas veces pero ella solo se limitaba a decirle que tampoco sabía a donde se había ido su amiga.
—Yo confió en ella —le respondía con brusquedad casi siempre y eso le molestaba de sobremanera pero trataba de mantener su buen educación—, te recomiendo que hagas lo mismo caballero. Ella volverá.
— ¿No te preocupa que se haya ido sin el permiso del Patriarca? —replicaba Shura molesto por la poca atención de Shaina a las consecuencias de lo que hacía su amiga— Puede ser castigada severamente, Shaina.
—El Patriarca siempre la reprende por todo, ella está acostumbrada y siempre sale bien parada de esos regaños. Insisto, te estás preocupando de más. Ahora, si me disculpas tengo cosas que hacer.
Siempre era igual, él llegaba preocupado por el paradero de la mujer a la que amaba y la mejor amiga de esta le hacía creer que estaba comportándose como un paranoico y despreciaba su preocupación.
En momentos como ese odiaba a Shaina con todas sus fuerzas.
Solamente podía esperar y la paciencia no era exactamente uno de sus fuertes, trato de calmarse y volver a la décima a casa a intentar descansar ya que había estado en guardia toda la noche, no había dormido desde entonces y estaba oscureciendo. ¿Qué debía hacer ahora? ¿Olvidarla acaso? ¿Seguir adelante como si nada hubiera pasado? No quería hacer eso, no estaba listo para dar ese paso, no quería dar vuelta a la hoja sin saber que había pasado con ella.
Al llegar a la décima casa vio la estatua de Athena justo frente a él, la brillante estatua que representaba a la Diosa entregándole a Excalibur a su hombre más fiel, su fidelidad era para con la diosa, ¿o no?
—Te soy fiel Athena, daría la vida por ti —declamaba en voz alta como si la estatua pudiera oírlo— pero mi corazón le pertenece a ella, sería un hipócrita si lo tratara de negar —se sentía muy culpable, se recargó pesadamente en la pared mirando el pequeño espejo que tan celosamente llevaba en su mano y comenzó a convencerse de que ella jamás volvería.
Volvería a estar solo de nuevo, como lo había estado desde el día que su abuelo murió, el día que su maestro lo dejo con el cargo de caballero y se marchó para siempre; las cosas empeoraron cuando tuvo que matar a su mejor amigo y ahora ella. La había perdido por cumplir un capricho personal, un acto de impulso seguramente y los tres sujetos que también estaban desaparecidos le hicieron segunda.
Regresó a la habitación para dejar el espejo en el librero y recostarse a descansar un poco, tenía la cabeza llena de pensamientos que lo conflictuaban mentalmente sobre Athena, su deber y Geist. La luz de las velas de la habitación daba un ambiente un tanto nostálgico ya que recordaba la noche que había compartido con ella bajo esas mismas luces. Odiaba esas velas y odiaba esa habitación.
—Shura —dijo una voz— Shura, despierta.
Abrió los ojos un poco desorientado y la vio justo delante de sus ojos. Dio un respingo antes de reaccionar.
— ¿Geist, realmente eres tú? —pregunto confundido a la chica que había aparecido de repente.
—Por supuesto que soy yo, tonto. Acabo de volver.
Shura no podía dejar de contemplarla, le parecía estar soñando, a lo mejor ella solo era una aparición o aún estaba medio dormido o quizá alucinaba.
—Siento que estoy soñando… —susurró tocando el rostro de la joven, su piel estaba caliente.
—No es un sueño, soy yo realmente —lo besó profundamente para convencerlo de que había vuelto y estaba en su habitación. Shura sintió su olor y el sabor de sus labios. No era una aparición, era ella realmente, llevaba su armadura y la máscara estaba sobre la mesita.
No la escuchó entrar y eso lo había confundido pero no importaba se puso de pie y la abrazo tan fuerte como pudo quitándole la pesada armadura, el abrazo fue correspondido ya que ella estaba igual de feliz por verlo, se aferró a su cuello no podía esconder que también lo había extrañado mucho en esos días.
— ¿Dónde estuviste? —Dijo con preocupación separándose pero sujetándola de los hombros— Me tenías muy preocupado, ¿cómo pudiste irte así nada más sin permiso y sin decirme nada? es que no estás consiente de que pudiste correr peligro, que el Patriarca te reprenderá horriblemente y… —Geist lo observaba con los ojos muy abiertos, era la primera vez que alguien la reprendía de esa forma— ¿no pensaste en lo que yo sufriría por tu ausencia? —le dijo con mirada suplicante y los ojos vidriosos.
Esto último la quebró, realmente no había pensado en las leyes que estaba rompiendo ni en la autoridad del Patriarca.
—Perdóname… —susurró con voz apenas audible— Por supuesto que pensé en ti antes de tomar la decisión de ir por eso hice todo lo posible por sobrevivir, no podía decirte a donde iba ya que seguramente habrías impedido que me fuera.
—Claro que lo hubiera hecho pero… eres imparable, te habrías marchado de cualquier forma —dijo resignado; ni todos sus regaños o reclamos la hubieran detenido.
—Ven acá…
Ella lo abrazó tan fuerte como pudo aferrándose a su cuello.
—Me vuelve loca que seas tan correcto —trato de aminorar la tensión con algo que le bajara el enojo— pero eres el primero que se preocupa así por mí y te lo agradezco.
—Sabes que me gustan las reglas y me molesta que se desobedezcan pero tú… siempre serás la excepción —la estrecho fuertemente, amaba tenerla bajo sus brazos.
Ella lo sentó en la cama sin dejar de mirarlo y de acariciarle el rostro, él tampoco podía dejar de abrazarla, de aferrarse a ella.
—Esta noche te haré mío —fue lo último que dijo antes de recostarse sobre él.
Ambos se entregaron más apasionadamente que la primera vez, esta vez ella tenía el control y estaba sobre él todo el tiempo besándolo, Shura la sentía moverse y lo volvía loco; ambos estaban en perfecta sincronía mientras el acariciaba su cuerpo una y otra vez.
Después de un rato él se sentó para quedar frente a ella y abrazarla mientras acariciaba su cabello; Geist se sentía protegida en sus brazos, como si todo lo malo que había pasado en su vida no pudiera atravesar la amplia espalda de Shura.
—Te amo —dijo él al fin—, no quiero que te alejes de mí de nuevo.
— ¿De verdad me amas?
—Por supuesto —le respondió sin una sola duda en su voz—, eso dalo por hecho.
—Creí que le eras fiel a la diosa Athena.
—Lo soy pero ella es mi responsabilidad, en cambio tú eres la que ocupa mi corazón.
—Ich liebe dich auch —susurró ella en su oído de una forma sensual como él nunca había oído antes.
— ¿Qué significa eso?
—Significa que yo también te amo, no me alejaré de ti de nuevo. Te lo prometo.
Ambos estaban recostados en la cama, abrazados hablando de esto y lo otro. De pronto ella se recostó en su pecho mirando al infinito.
—Puedo preguntarte algo —dijo Shura.
—Claro —ella lo miro sonriente— ¿Qué quieres saber?
—El joven de tu pasado, el que te puso furiosa aquel día en el cementerio… ¿Qué ocurrió entre tú y él? ¿Por qué lo odias tanto?
—Vaya, así que es eso —dijo sin importancia— pues bien él era un aprendiz de caballero —comenzó a decir ella con toda tranquilidad sin dejar de mirar al vacío— lo conocí hace como dos años más o menos y me gustó desde la primera vez que lo vi, me parecía un chico muy fuerte y varonil. En general tenemos prohibido que nos guste alguien por iniciativa propia pero como te imaginarás me acerqué a él, traté de ser su amiga en los siguientes días pero después de que le mostré mi rostro todo salió mal.
— ¿Qué ocurrió después? —pregunto curioso, ella lo tenía intrigado con su relato.
—El me trataba mal, a veces era fanfarrón conmigo delante de sus amigos, todo un idiota. Aun así yo estaba loca por él —el tono de voz de Geist era diferente, ya no se oía molesta sino que contaba su historia como cualquier otro hecho de su vida—, al final hicimos… bueno, tú sabes. Otro gran error porque él le conto a todos los demás aprendices lo que habíamos hecho, las amazonas también se enteraron y las mayores me decían "mujerzuela". Yo fingía que no me importaba pero la verdad es que me sentía humillada y no sabía cómo vengarme de él. Hasta que murió durante una prueba muy dura.
—Lo lamento —dijo Shura algo apenado por haberla hecho revivir aquel suceso.
—Yo no, ya no… —por primera vez en dos años se sentía liberada, como si se hubiera quitado un gran peso de encima, pudo hablar de eso con él como si aquello le hubiera ocurrido a otra persona y estaba maravillada por eso—, tuvo lo que se merecía por imbécil. La verdad, me alegré mucho cuando supe que había muerto pero no podía dejar de odiarlo porque su fantasma me perseguía, en el campo de amazonas me hice de una fama aun peor de la que tengo, ninguna chica quería entrenar conmigo o ser mi amiga.
—Solo Shaina —acotó.
—Sí, solo ella. Por eso somos tan unidas, sabes.
Ahora lo sabía: Había cerrado ese capítulo de su vida. La habitación lucia diferente para ella, las luces tenues de las velas le parecían hermosas así como el ambiente que los rodeaba.
— ¿Y lo odiaste a él durante todo este tiempo?
—Sí, hasta esta noche. Creo que me he liberado de esa pesada carga; yo te odiaba por haber visto mi rostro pero hoy no me arrepiento de haberte acosado y haber recurrido a la segunda consigna—ella se sentó sobre él de nuevo y él acaricio su rostro así ambos se unieron en un cálido abrazo que duro el resto de la noche.
—Me alegro de que me acosaras.
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Geist volvió a su cabaña temprano por la mañana, tenía que ver a Shaina para comunicarle su regreso seguramente su amiga ya estaría preocupada.
Esa mañana todo lucia distinto, como si los colores de las rocas, del cielo, de los árboles se hubieran reafirmado; todo lucia brillante y bonito, en su camino se atravesaban las aprendices de amazona quienes la miraban raro y susurraban a sus espaldas; tenía un año que siempre le hacían ese tipo de cosas pero ya no les daba importancia, ya desearían esas niñas tener la suerte de ella y estar enamoradas de alguien que les correspondiera.
Lo acababa de reconocer, estaba enamorada y era correspondida. Sonería para sí misma mientras iba en su camino.
— ¡Geist! —Shaina la saludaba a lo lejos.
—Estaba buscándote —se abrazaron efusivamente, estaban más que contentas por haberse encontrado esa mañana.
—No te preguntaré donde estuviste toda la noche, aunque lleves la máscara puedo imaginarme que tu cara es de felicidad.
—Vaya, tan bien me conoces —respondió sorprendida.
—Por supuesto pero mejor cuéntame cómo te fue en esa misión con tus hombres.
—Las cosas salieron según lo planeado, esos tres se verán algo torpes pero son buenos ejecutando órdenes y planes.
Ambas caminaron hasta la cabaña de Geist y entraron cerrando la puerta.
—Escuché que el Patriarca está muy molesto contigo por haberte ido sin su permiso, ¿qué le dirás cuanto te mande llamar?
—No lo sé, anoche tenía que arreglarme con otra persona primero. Ya pensaré en que decirle al Patriarca, solo espero que no sea tan cruel conmigo —esto lo dijo de la forma más burlona que pudo, algo le decía que el viejo jefe del Santuario no sería del todo cruel con ella, se ablandaría y solo le daría otra advertencia como solía hacer.
—El asistente del hermano del Patriarca tratará de hablar con él para calmar su ira.
— ¿El asistente? ¿Te refieres a Gigas? Ese tipo es un lame botas, empeorara las cosas si habla con el viejo. No te preocupes por mí, saldré bien librada de esta situación.
Las risas de ambas fueron interrumpidas bruscamente por el sonido de la puerta pero los golpes eran distintos a los que ambas conocían, Geist pensó que se trataba de alguna amazona o bien de alguno de los amigos de ambas y abrió sin dudarlo; lamentablemente no fue así. Detrás de la puerta estaban dos guardias armados que no se veían nada amigables sino muy molestos.
—El Patriarca quiere verte, jovencita —anuncio uno autoritariamente.
—No recibí ningún comunicado —replicó Geist—, siempre que me manda llamar me envía un comunicado.
— ¡Déjate de juegos, está muy molesto y ordena que te llevemos enseguida!
Sin dejarla quitarse la armadura, la tomaron del brazo y se la llevaron presa.
— ¿Qué están haciendo? ¡Déjenla! —grito Shaina poniéndose en guardia.
—No te metas en esto Shaina o también terminaras en problemas.
— ¡Geist!
—No te preocupes, todo estará bien. Volveré pronto —Geist se escuchaba muy confiada, estaba confiada en que la audiencia no tomaría más de una hora aunque tenía que pensar en qué le diría al Patriarca cuando estuviera en su presencia.
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Shura vio pasar a la comitiva que la escoltaba a las habitaciones del Patriarca mientras entrenaba en el Coliseo, se imaginaba que sería castigada aunque ella no se veía nada preocupada al respecto. No estaba tranquilo y se temía lo peor; le preocupaba que ella se viera tan confiada. Solo esperaba que el Patriarca fuera benevolente con ella.
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—Esta vez llegaste muy lejos, Geist.
La voz del hombre al frente del Santuario, el alto mando y vocero de la diosa retumbaba por todo el lugar. En esa audiencia Geist estaban ella y sus tres hombres, no estaban ni el hermano del Patriarca, ni el asistente. Sus tres amigos habían sido fuertemente golpeados y no llevaban su armadura. Los cuatro estaban humillados en el suelo.
Geist supo que lo tenía difícil para poder salir bien librada.
—Ya se los había advertido a los cuatro, si desobedecían una orden más serian fuertemente castigados y aun así quisieron salirse con la suya. Pues bien, se han agotado las oportunidades para Ustedes.
Ella lo miraba sentado en su trono, impasible y con un tono de voz duro y áspero, por primera vez sintió miedo de la resolución a la que estaba a punto de llegar aquel hombre.
—La matanza que hicieron en esa Empresa al norte de Europa es imperdonable, asesinaron a hombres inocentes; gente trabajadora que se esfuerzan día a día. Sé bien que ustedes están en contra de las actividades que dañen la vida marina, ¡pero esa no fue forma de querer cambiar las cosas!
Los cuatro estaban callados, no sabían que decir. Aquella voz hacía eco en toda la habitación y en sus cabezas.
—No tienen nada que decir en su defensa, por lo que veo. Por este tipo de crimen lo menos que se merecen es la muerte.
Geist alzo la cabeza sin poder creer lo que estaba escuchando, ¿la muerte? ¿acaso serian ejecutados sin piedad?
—Pero soy un hombre benevolente, no soy capaz de matarlos pese a que se han comportado de una forma reprobable. Serán encarcelados esta noche y zarparan al amanecer a un destino que no les será revelado. Los exilio del Santuario para siempre. No tendrán permiso de volver, ni derecho a ningún tipo de perdón ni a mantener comunicación con nadie. ¿Les quedo claro a los cuatro?
Los demás asintieron pero Geist se quedó callada, le dolía el pecho tras escuchar el destino que le acababa de ser impuesto. Nadie podía ver que tenía el rostro encendido y los ojos vidriosos.
—No te escuché, Geist. ¿Te quedo claro el castigo que les será impuesto? ¿Por fin has entendido a donde te ha llevado tu mala conducta?
El patriarca la miraba fijamente, ella sentía como si pudiera escudriñar bajo su máscara
—Sí, Señor. Ya me quedo claro —la realidad era que estaba enfadándose con el jefe del Santuario; ahora lo odiaba y se alegraba de que no pudiera ver su rostro en ese momento.
— ¡Llévenselos!
Los guardias los encadenaron, los tomaron del brazo y se los llevaron a una cárcel oculta bajando por la parte de atrás de la gran estatua de Athena, nadie tenía acceso ahí estarían incomunicados hasta que llegara el amanecer.
Geist pensaba en sus amigos y en Shura, ¿no le permitirían despedirse de ellos?
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Continuará…
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*Notas: De nuevo ya tenía el capítulo planeado, bueno en realidad ya tengo planeada el resto de la historia y no podía esperar más. Espero lo hayan disfrutado y el próximo estará en pocos días.
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*Fe de erratas: en el capítulo pasado, hasta arriba, aparece la letra de una canción pues bien el nombre del grupo está mal escrito, lo correcto es "Seether" de hecho la canción es la que canta con Amy Lee de Evanescence, se llama "Broken" y creo que si la conocen. Es que es la que me inspiro para escribir estos dos capítulos.
