Detrás de la mascara
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Polvo de estrellas
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"And I should contemplate this change to ease the pain.
And I should step out of the rain, turn away." –Opeth.
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Varios meses más tarde
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El día de entrenamiento había sido largo y tedioso, desde hacía semanas era así; sus días no eran más que una rutina diaria de acciones que iban desde levantarse por la mañana hasta ir a la cama por la noche. Shura había detectado que la cantidad de pasos que daba cuando iba de la décima casa a su nuevo lugar de entrenamiento eran los mismos.
Estaba sumido en una rutina monótona, tediosa y cansada.
Llego un punto en su vida en que se dio cuenta de lo rutinario que era aun antes de conocerla, su vida dio un giro cuando la conoció y empezó la convivencia, ella había cambio algo en él y ese algo murió tras su partida. Contemplo las rocas a su alrededor siempre esperando a que ella apareciera de la nada anunciando su llegada, diciéndole que el exilio había terminado pero nunca era así sabía perfectamente que ella jamás volvería y que su vida se quedaría estancada en un proceso mecánico por el resto de los tiempos.
Además de lo mecánico de su existencia estaba hundido en una profunda soledad que trataba de opacar con una actitud mucho más altanera que antes, sus colegas y los demás aprendices ya no le tenían nada de aprecio y lo definían como arrogante, pesado y presumido; la verdad, le tenía sin cuidado la opinión de sus colegas dorados, de los aprendices y de la gente en general. Se había aislado de todos a los pocos días de que ella se fuera, encontró un sitio lo suficientemente apartado del bullicio y ese lugar se había convertido en su nuevo escondite.
No quería estar cerca de nadie y así la poca alegría y felicidad que sintió en el pasado se fue al olvido. Incluso Aioria trato de acercarse a él pero solo consiguió que Shura lo despreciara, no quería su falsa empatía ni su lastima.
—No te aísles de todos —fue lo último que oyó de la boca del león dorado antes de cortar toda comunicación con él y los demás—. Shura, eres parte de este grupo lo quieras o no. No eres el único caballero dorado de la orden aunque te sientas el más fiel a la diosa —no quiso escuchar más y simplemente ignoro por completo a Aioria, no importaban las palabras de él ni de nadie.
La tarde estaba cayendo y era momento de volver a continuar con las actividades del resto del día. El nuevo orden del Santuario era completamente distinto del anterior, el hermano del Patriarca había asumido el control y desde ese momento el Santuario era un sitio peligroso y corrupto, aun así él se mantenía fiel y firme al vocero de la diosa había otros que compartían esa fidelidad aunque tampoco hablaba con ellos ni quería su simpatía.
Simplemente quería que el mundo lo dejara en paz.
—Ha pasado algo de tiempo, caballero —una voz femenina se escucho detrás de él, giro y vio a Shaina. En este nuevo orden amazonas como ella iban y venían por todos los territorios del Santuario ya que muchas de las restricciones que ellas tenían habían sido olvidadas así que ya no era raro verla por esos lares— Te tengo noticias… —dijo ella muy pensativa, buscando las palabras adecuadas.
— ¿Qué necesitas, Shaina? —Respondió sin interés— hacia meses que no te veía.
— ¿Ya olvidaste a Geist? —pregunto de forma muy directa como solo ella sabía hacer.
—Desde luego que no, ella siempre está en mi pensamiento. ¿Acaso has tenido noticias de ella?
—Sí. Han ocurrido varias cosas con ella desde hace algunas semanas, imagino que habrás oído algo en las audiencias con el Patriarca.
—No he tenido audiencias con el nuevo Patriarca desde que asumió el control del Santuario, solo sé que ha estado muy ocupado en la búsqueda del casco dorado de la armadura de Sagitario. Sin embargo nos ordeno no intervenir ni hacer preguntas hasta nuevo aviso. No sé nada de lo que mencionas —dijo sin interés esperando a que ella terminara de decir lo que necesitaba y se marchara.
—Creí que habías escuchado algo… en fin, te lo diré yo. Hable con Gigas, el asistente del Patriarca, sobre una forma de obtener el casco dorado quitándoselo a los caballeros de bronce. Le sugerí que podría usar la ayuda de Geist para tal propósito, le hable bien de ella y estuvo complacido, dijo que se lo comentaría a su Excelencia y verían la posibilidad de levantarle el castigo.
Shura abrió los ojos y escucho lo que ella tenía que decirle con más atención que nunca, aquella noticia era un haz de luz en la oscuridad de sus días.
— ¿Qué te dijo el asistente?
—Cuando los resultados de la operación ejecutada por ella llegaron a sus oídos estuvo muy complacido, como bien sabes ella sabe hacer su trabajo mejor que nadie y consiguió el casco en cuestión de horas.
—Y ¿qué más, Shaina?
—Sin embargo… —ella volteo a verlo y en su voz había un tono de duda, no sabía cómo iba a decirle lo siguiente. Shura era muy perceptivo y supo enseguida que eran malas noticias.
— ¿Qué paso con Geist? ¡Dímelo Shaina!
—Ella murió Shura… perdió la vida en combate.
— ¿Qué dices…? —la luz se apago para él y todo fue oscuridad, sentía que iba a irse de espaldas incluso el mundo le daba vueltas y no podía ver claramente a su alrededor— Muerta dices… no, no tiene sentido. No puedo creer lo que dices.
—Lamentablemente es la verdad, uno de los mensajeros del Santuario fue a la isla donde estaban exiliados y nos informo de lo ocurrido hace unas horas.
— ¿Por qué no me dijiste que se había abierto la comunicación con ellos? —pregunto molesto tomándola por los hombros, quizá hubiera habido una posibilidad de volver hablar con ella— ¿Por qué nadie me dijo nada sobre lo que pensaba hacer?
—Ella me mando una carta diciéndome que no te dijéramos nada… —respondió firmemente— No quería darte falsas esperanzas hasta no haber completado la misión y haber obtenido el perdón del Patriarca. La carta decía que quería verte, que lo primero que haría al volver seria buscarte pero…
—Basta… no quiero oír mas —dijo suplicante sentándose en una roca tratando de entender, de asimilar y de aceptar lo que acababa decirle la mejor amiga de su amada.
—No eres el único que sufre por su ausencia, tenlo en mente —replicó Shaina molesta y cortante—. Bueno, ahora te diré el motivo por el cual te busque: uno de nuestros amigos hizo un viaje hasta la isla del Espectro, donde ellos estaban, y trajo de vuelta sus restos tanto de ella como de los tres hombres que perdieron la vida y los hemos enterrado. Vamos, te llevare para que sepas donde está ella ahora.
La siguió sin hacer más preguntas, necesitaba verificar con sus propios ojos si era cierto que su amada yacía sin vida e inerte bajo tierra en el cementerio del Santuario con tan solo una roca sin nombre conmemorando su memoria.
El cementerio se veía aún mas solitario y descuidado que de costumbre, irónicamente estaba más lleno que antes puesto que desde que el hermano del Patriarca, el Señor Arles, tomara el control del Santuario el índice de muertes estaba a la alza. La zona destinada a las amazonas se veía como siempre como que ahí no cambiaban mucho las cosas.
Shaina lo condujo a través de un largo camino lleno de tumbas sin nombre, caminaron por diez minutos más o menos hasta el final hasta la zona más apartada de las tumbas, ahí bajo sus pues estaba una pequeña roca no más.
— ¿Ahí se encuentra ella? —pregunto con duda en su voz.
—Sí, es difícil de creer pero ella está justo bajo nuestros pies. Te dejo con tus pensamientos, caballero. Ya nos veremos en alguna otra ocasión —ella no dijo más y se retiro de ahí él la escucho alejarse, justo cuando Shaina estuvo lo suficientemente lejos dejo de contenerse y unas lagrimas furiosas salieron de sus ojos, tampoco fue capaz de mantenerse en pie.
Se había derrumbado sobre la tumba de Geist y no pudo evitar que la tristeza y desesperanza se apoderaran de él. Ahora jamás volvería a verla nunca podría ver esa sonrisa de nuevo, ni acariciar su rostro o su cabello ni tocar su mano; el vacio que sentía en su interior lo acompañaría por el resto de sus días sin remedio alguno.
— ¿Por qué?... ¡¿por qué la gente que amo se va?! —Golpeo la tierra con ambas manos; la impotencia que sentía por la muerte de ella, de Aioros, de su abuelo y de sus padres aún siendo un niño era demasiado grande para soportarla él solo— ¿por qué todos me han abandonado…?
¿Qué le quedaba ahora? Nada, no había nadie más que solo espacios vacios en su vida, huecos que no sabía si podrían ser llenados en el futuro.
Contemplo la roca una vez más antes de ponerse de pie y dejar ese lugar.
—Adiós, Geist. Espero que nos encontremos en el otro mundo.
Se alejo con paso lento del lugar dejando sus recuerdos, sus lágrimas y su felicidad sepultados con ella.
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Un tiempo después
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Ya había escuchado de la existencia de un grupo de chiquillos que defendían a la supuesta encarnación de la diosa. El Patriarca había ordenado a los doce dorados la custodia de las doce casas así como impedir el paso a los jovencitos que pretendían llegar a las habitaciones del Patriarca.
Al parecer la jovencita que se proclamaba Athena fue herida antes de llegar a la casa de Aries, unas nueve otras atrás. Ahora esos chicos iban con prisa por las casas del zodiaco para pedir al Patriarca que la salvara. Que ilusos, ese hombre no tenia porque ayudar a la niña esa ni tampoco rendirle cuentas ni nada.
Miro el cielo estrellado a la espera de la batalla que estaba a punto de librar con uno de ellos, estaba seguro de que saldría victorioso y no considero que podría perder la vida en ningún momento.
Los cuatro chicos se presentaron en su casa podía sentirlos desde que cruzaron la puerta pero no libraría ninguna batalla en donde estuviera la estatua de la diosa, no quería manchar de sangre impura ese lugar y además el interior de la casa estaba lleno de recuerdos, se abatiría peleando ahí así que era mejor hacerlo afuera.
Su oponente sería el jovencito que llevaba la armadura del dragón, lo sabía porque al atacar a los cuatro con su técnica Excalibur el suelo se abrió bajo sus pies y solo el chico dragón se había quedado del lado de la décima casa. Él sería su nuevo oponente.
Y la batalla dio comienzo sin tregua.
El estaba muy confiado en que le ganaría al chico, solo era un santo de bronce sin ninguna oportunidad de vencerlo, al menos Shura lo creía así porque el rasgar su armadura y cortar su piel sin mayores complicaciones veía que tenia la victoria asegurada.
—Mis dos manos y piernas están afiladas como el acero, y su poder es el más fuerte entre los doce caballeros dorados. Aun más, mi mano afilada es una espada sagrada que puede dividir todo. ¡Se llama Excalibur!
En ese momento, haciendo alarde de ser el más fiel a la diosa, le revelo que él había sido el verdugo y castigador de Aioros; era considerado un traidor por querer revelarse en contra del Santuario y la diosa, estaba seguro de haber eliminado al joven por completo, tan solo había dejado a un bebe con vida al cual no tuvo corazón para matar esa noche.
El bebe moriría con el paso del tiempo al estar sin cuidados ni protección de nadie.
Pero el chico, que respondía al nombre de Shiryu apunto una cosa importante que Shura no había considerado.
—Aioros no murió entonces, Shura. Debió escalar el risco porque él deseaba salvar a Athena —las palabras del jovencito hicieron eco en su mente—. Aioros era el verdadero caballero que trataba de proteger a la diosa y ¡el bebe que intentaste matar era Athena!
— ¡Tonterias, te mataré igual que hice con Aioros! —eso no era posible, Aioros no era el más fiel a la diosa y ese bebe no podía ser la reencarnación de Athena. No había cabida para esa posibilidad.
Siempre se le había considerado el más fiel, el más justo y recto de los caballeros. El chico que tenía enfrente se atrevía a decir todo lo contrario sin tener ni una sola prueba. Eso no lo podía permitir.
Así, ambos se sumieron en una cruel batalla en la cual el chico pretendía atacarlo sin su armadura con una técnica llamada "mano desnuda" ¿Qué oportunidades tendría de ganar?
—Te prometo una cosa, Shura de Capricornio: aunque mi cuerpo sea cortado en pedazos no moriré solo, te llevaré conmigo para vengar a Aioros. ¿Has entendido lo que digo?
En ese momento a Shura le pareció ver que un dragón salía de la espalda de aquel niño y desplegara un poder muy grande tanto que se sentía abatido. Shiryu trato de atacarlo una y otra vez entonces Shura pudo ver que había un pequeño detalle en su técnica, un detalle que podría considerarse fatal y que estaba relacionado con la mano derecha del chico; la cual protegía su corazón y que bajaba algunos segundos durante la ejecución del "Dragón naciente".
Era lo que necesitaba para ganarle y cerrarle la boca de una vez por todas. Solo tenía que atravesarle el corazón con su filosa espada aunque al mismo tiempo Shiryu contraataco rompiéndole el brazo.
Lo interesante de ese momento fue el que el chico le hiciera notar que ya estaba al tanto de ese punto débil, aun así había decidido arriesgarse; era valiente sin duda pero algo tonto ya que era mejor retirarse y pelear por la autentica Athena y no la impostora que había ido con ellos hasta el Santuario.
Sin embargo el jovencito se lo repitió una vez más.
— ¡No moriré solo, te llevare conmigo para vengar a Aioros!
Era una pelea entre el defensor de la Athena impostora y la verdadera a la que él le era fiel. Estaba feliz de poder enfrentarlo y nada lo complacería más que callarle la boca por siempre.
Sin embargo el espíritu de lucha de su oponente era grande e igual de testarudo que el que tenia ella; así Shiryu logro aprisionar su mano derecha y cortarle el brazo para después sujetarlo por la espalda y soltar la que él había llamado "la técnica prohibida por el viejo Maestro".
El cosmos de Shiryu lo rodeaba y así usando ese gran poder del "último dragón" se convirtió en estrella fugaz llevándose a Shura lo alto de los cielos, el haz de luz lo cubría todo y no podía ver hacia donde se dirigían, solo veía las estrellas a su alrededor.
¿Qué pensaba hacer el chico ahora?
La velocidad a la que iban hacia la atmosfera de la tierra era impresionante, esa velocidad estaba quemando la armadura dorada y terminarían por desintegrarse. ¿Qué le impulsaba a llegar tan lejos? ¿Por qué querer ganar tanto si al final perdería la vida?
—Es por Athena —repetía Shiryu— el bebe que trataste de matar era la diosa Athena.
En ese momento Shura sintió un cosmos diferente, el cosmos de la diosa en la que el dragon creía; ya lo conocía, ese mismo cosmos lo emanaba ese bebe por eso no pudo matarlo. Ella era Athena.
—Yo estaba orgulloso de ser el más fiel a la diosa Athena pero lo que intente hacer fue matarla —estaba arrepentido, jamás se hubiera imaginado que su supuesta fidelidad era una farsa.
Había tratado de matar a la diosa en la que tanto creía y el castigo seria su muerte a manos del caballero dragón.
—Cometí un error imperdonable. Perdóname Shiryu, perdóname Aioros.
—Shura…
No había vuelta atrás. El chico y él morirían pero no quería dejarlo morir, tenía que redimir su error y eso sería salvándole la vida al jovencito; la armadura de Capricornio lo protegería, lo enviaría sano y salvo a la tierra.
Él, por su parte, no tenía miedo a la muerte, al contrario, habría cumplido con su deber de caballero dorado al hacer lo correcto y en el más allá podría buscar a Geist y a Aioros; al fin tendría paz y no estaría solo por el resto de la eternidad.
Su cuerpo se convertiría en polvo de estrellas pero su alma estaría al lado de los que amaba por siempre.
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Continuará…
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*Notas: tuve que ver esos dos capítulos de la Saga de las doce casas porque me parecieron importantes para el crecimiento de Shura como personaje. Solo falta un capítulo y terminamos, de hecho será como el epilogo de la historia.
Por cierto, el próximo capítulo lo subiré a más tardar el viernes de esta semana ya que la próxima me será imposible por razones académicas. Si, la maestria requerirá todo mi tiempo y no quiero dejar esta historia en Stand by.
Gracias por leer.
