Detrás de la mascara

8

El reencuentro

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"Hoy tengo miedo de salirte a buscar,

Tengo miedo de poderte encontrar,

Tengo miedo de tus ojos,

Tengo miedo de hablar,

Tengo miedo de quererte besar" —Fobia.

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Creía que después de muerto podría encontrarla en el más allá, creía que podría estar en paz junto a las personas que eran importantes para él y al fin podría estar al lado de ella. Que error más grande ya que poco tiempo después de la batalla de las doce casas fueron llamados de nuevo al frente esta vez por Abel, el hermano de la diosa Athena; aquel hombre los revivió para servirlo supuestamente, sin embargo fueron eliminados él y su compañero Camus por los sirvientes de ese dios.

Tiempo después vino la batalla en contra del dios Hades, la más grande de todos los tiempos y ahí de nuevo fueron llevados a una vida momentánea para traer la cabeza de Athena ante la presencia de Pandora, de esa mujer insoportable. Junto con Camus y Saga intentaron cruzar las doce casas tratando de ser detenidos por Shaka en virgo pero lo que le puso fin a sus vidas fue que se les agoto el tiempo dado por Hades y el sacrificio de la diosa.

Era terrible. Todo el tiempo en una batalla tras otra, la muerte no había sido ningún descanso para ellos sino una vía más para llevarlos al frente y para resultar muertos de alguna forma humillante tras otra.

Lamentablemente con Hades no terminó, tiempo después estarían siendo juzgados por Apolo y todos los dioses debido a sus acciones en vida, el castigo fue quedar atrapados en una columna de piedra colocada en alguna parte del Santuario, ahora ocupado por Artemisa.

Ya estaba cansado y se sentía usado como si fuera una herramienta desechable que cualquier dios maligno en turno usaba a su antojo para después dejarlo botado en una tumba fría en el Cementerio del Santuario.

— ¿Cuándo será el día que tengamos paz de verdad? —se preguntaba Shura desde la columna de piedra en donde los doce podían ver qué pasaba en el mundo de afuera.

Lo último que vieron fue a la diosa Athena en plena audiencia con el resto de los dioses del Olimpo para después ser cubiertos con un resplandor blanco. Todo a su alrededor había desaparecido ya no se sentía dolor, no estaban en la columna de piedra; solo reinaba calma a su alrededor.

El resplandor desapareció, Shura se vio a sí mismo en lo que parecía ser la décima casa, aun tenía los ojos enceguecidos por aquel resplandor por lo que permaneció recostado en el suelo tratando de asimilar donde se encontraba ahora. ¿Qué nueva batalla estarían por librar? ¿Qué dios maligno trataría de apoderarse de la Tierra en esta ocasión? Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz se incorporo y vio a su derecha la magnífica estatua de Athena.

Estaba en la décima casa, de nuevo en el Santuario.

Su mano rozo con un papel que tenia a un lado, lo vio de cerca y se trataba de un sobre blanco que no estaba cerrado. Alguien le había dejado una carta que llevaba su nombre, antes de ponerse de pie la leyó.

"Apreciable Shura de Capricornio.

Por medio de la presente le comunico que es necesario que tome las pertenencias que tenga en la décima casa y abandone el recinto al atardecer del día de hoy. Así mismo deberá renunciar a la posesión de la armadura de oro y a su rango y dejar la armadura en la décima casa entro de su caja de Pandora.

La razón de esta decisión le será informada en la audiencia que tendrá conmigo el día de hoy justamente al atardecer. La ubicación del lugar donde se encontrará con ella está descrita en el mapa contiguo.

Se le pide de la manera más atenta que no llegue tarde a la cita puesto que es indispensable su presencia para discutir temas importantes relativos a su futuro.

Atentamente,

Athena"

La carta parecía estar firmada por la diosa auténtica aunque aquello era extraño, era la primera vez que recibía un comunicado de ese tipo y más pidiéndole que abandonara el Santuario y dejara la armadura en la décima casa. ¿Sería la verdadera Athena la que escribió ese documento? ¿Podría ser una artimaña planeada por algún dios nuevo?

—Shura, estás despierto —la voz de Camus de Acuario se escuchó por el recinto, Shura se puso de pie y saludo de mano a su colega, desde la batalla de Hades se había llevado mejor con él—, veo que también recibiste esa carta.

—Precisamente la estaba leyendo en este momento, me parece que es un documento sospechoso ¿por qué la diosa nos pediría que renunciemos a ser Santos? Además de eso nos indica que salgamos del Santuario. No tiene sentido.

—Dormiste un buen rato, por lo que veo —observó Camus con algo de ironía en la voz—. Todos recibimos una carta igual a esa, los demás han obedecido las instrucciones de ese papel y por lo que me comentaron a todos les dieron una fecha diferente para la audiencia con la diosa. Solo quedamos tres aquí: Afrodita, tú y yo.

—Entonces todos los demás se han ido —confirmo Shura aun sin entender.

—Sí, ya no queda nadie en el Santuario. Puedes asomarte y verás que todo está desolado —Camus lo acompaño hacia la puerta y ambos subieron a lo alto de la montaña, era cierto, el lugar estaba totalmente destruido y no había nadie en los campos de entrenamiento ni en los alrededores. Todo era silencio—. Nos piden que nos vayamos porque ya no tenemos nada más que hacer aquí, Shura —Camus lo decía con gran pesar, él detecto que su amigo se sentía desalojado como un trasto inservible.

—No puedo creerlo —Shura lo veía pero no daba crédito— ¿están seguros de que no es obra de algún dios maligno?

—Totalmente, de todas formas para sacarnos de la duda tenemos que asistir a la cita.

El joven tenía razón, solo podían dejar la duda atrás yendo a donde se les indicaba. Shura reviso el pequeño mapa que estaba adjunto a la carta, estaba trazado rápidamente, mostraba una de las zonas boscosas en las montañas del norte. Ahí debían tomar un camino y llegar hasta una casa donde parecía estar la diosa.

¿Por qué no se presento ante ellos en los salones de audiencias del Santuario? Eso era lo que a él le resultaba más extraño.

No le impidió a su compañero la entrada a sus habitaciones, en realidad no quedaba mucho ahí que le interesara pero como el papel decía que había que llevarse todo, rápidamente empacó sus pocas pertenencias teniendo cuidado de envolver bien el espejo de Geist en alguna camisa que tuviera.

—Veo que ya están listos —Afrodita hablo desde la puerta de la habitación, también él llevaba una pequeña maleta consigo y se le veía de buen humor— dicen que en el pueblo hay una tienda que compra antigüedades y cosas usadas, creo que podríamos deshacernos de algunos trastos viejos y obtener algo de dinero ahora que las cosas van a cambiar tanto.

—Eres muy práctico —comento Camus al recién llegado dejando de lado su acostumbrada seriedad— él tiene razón, Shura. Trae todo lo que tienes, no tiene sentido dejar nada aquí si este lugar quedara vacio el resto del tiempo.

Antes de salir de la décima casa miro por última vez la estatua de Athena, la que había pulido incontables veces, miro por última vez la armadura dorada, la que había usado durante todos esos años desde su llegada al Santuario. Era una orden de la diosa el dejarlo todo atrás, ahora no sabía que le depararía el destino.

Los tres iban recorriendo las doce casas no encontrando nada más que soledad y construcciones totalmente vacías, de los demás colegas dorados no había ni rastro. Como si nunca hubiera vivido nadie en esas doce construcciones. Como bien había dicho Camus, solo quedaban ellos tres.

Al llegar a la ciudad, Afrodita los guio hasta donde compraban antigüedades y trastos viejos, Shura pensó de que podría prescindir; de los libros que tenían más de cien años en esa casa, de la ropa vieja, de los objetos tales como las lámparas de aceite y los pequeños candeleros pero de la montura de su abuelo y el espejo de Geist no se desharía. Esos dos objetos eran lo más preciado que tenia y aunque vagara por el mundo sin rumbo los llevaría con él.

El resto de la tarde convivió con Camus y Afrodita, esa era la primera vez que conversaba largamente con algún compañero, en alguna ocasión lo habían invitado a formar parte de alguna salida nocturna pero pocas veces había aceptado y de esas pocas veces no llegaba a ser el alma de la fiesta.

— ¿Tuvieron noticias de los demás en estos días, luego de que se fueran?

—No —respondió Afrodita sin dejar de contemplar el cielo que tenían enfrente—, después de que partieron a la audiencia con la diosa ninguno de ellos volvió, no sabemos qué paso con ellos. Solo tenemos la certeza de que no han muerto.

—Sin embargo su cosmos —observó Camus— desaparecieron, se desvanecieron. Como si se los hubieran quitado… no sé cómo explicarlo.

Empezaba a dudar de que haber dejado la armadura dorada atrás hubiera sido buena idea y sus dudas sobre esa audiencia no se disipaban.

Cuando la tarde cayó emprendió el camino que estaba marcado en el mapa, se despidió de sus dos compañeros con quienes había pasado un buen rato por primera vez en muchos años, le habría gustado convivir más tiempo con ellos pero era momento de acudir a la cita.

El mapa indicaba que debía salir de la ciudad por la gran carretera principal sin embargo él tomo un camino paralelo que siempre solían usar, iba con paso veloz pero alerta por cualquier sorpresa que pudiera presentarse. Hasta que llego a la zona boscosa marcada, entonces subió por un sendero perfectamente marcado, anduvo por varios minutos siempre subiendo y subiendo.

Empezaba a pensar que no llegaría a ningún lado y que aquella carta era una trampa.

El mismo camino lo llevo a rodear las faldas de la montaña en medio de los magníficos bosques hasta que finalmente el camino lo condujo hasta un lujoso chalet que se alzaba justo frente a sus ojos, se detuvo para contemplar el edificio de dos plantas y amplias ventanas, además de techo de teja café y una chimenea. Se veía que alguien rico vivía ahí dentro, tenía la categoría para ser el hogar de una diosa.

Corroboro en el mapa que ese fuera el sitio correcto y así parecía ser. Se acerco a la puerta y toco el timbre un par de veces, no podía predecir qué tipo de persona le abriría la puerta por lo que estuvo alerta todo el tiempo.

La puerta se abrió en ese momento y la persona que lo recibió fue un sujeto alto, fornido y sin cabello que vestía un lujoso traje.

—Bienvenido, Señor Shura. Pase por favor —el hombre lo invito a pasar al chalet y por dentro se veía sobrio pero acogedor—. La diosa Athena lo verá en un momento, por favor tome asiento.

—De acuerdo.

Tomo asiento en una de las sillas y esperó. Ya había visto el rostro de la diosa en las diferentes batallas que había habido a lo largo de ese tiempo por lo que no podría engañarlo una impostora.

—Ha pasado el tiempo, Shura —una voz suave se dejo oír en la puerta de la sala, de inmediato se puso de pie e hizo una reverencia a Saori Kido, quien lo miro con dulzura, su cosmos era inconfundible; llevaba puesto un vestido muy sencillo color rosa pálido y sus zapatos blancos—. No es necesaria la reverencia. Por favor toma asiento, ¿te ofrezco un café o un té?

—No se moleste, no es necesario —se sentó y espero a que ella le sirviera el té, la observo con detenimiento. Ella estaba tal y como la recordaba, si acaso lucia más alta ya que había pasado algo de tiempo desde su último encuentro.

—Hay varias cosas que necesito discutir contigo, Shura. Así como lo he hablado con todos tus compañeros que vinieron antes que tú —dijo ella directamente—. Supongo que lo primero que te has de estar preguntando es la razón de la carta en vez de mandarte llamar directamente desde los salones del Patriarca.

—De hecho así es, fue lo primero que me paso por la cabeza.

—Pues bien, tiene una razón de ser así como la ubicación de esta casa, todo está estratégicamente planeado. Empezaré por el principio —ella se sentó en un sofá justo frente a él sujetando la taza de té sin dejar de mirarlo.

Aquella mirada lo intimidaba porque aunque ella era mucho más joven tenía una mirada algo penetrante.

—Después de la última batalla con el dios Apolo y Artemisa tuve una audiencia muy larga con los demás dioses del Olimpo como bien has de recordar —él solo asintió con la cabeza— en esa audiencia remarque el hecho de que cualquier dios que llegaba a la tierra usaba las almas de mis caballeros como mejor le pareciera, los revivían y mataban a sus anchas y por supuesto que me manifesté cansada de esa situación; ustedes nos son recursos desechables, Shura. Por si alguna vez te has preguntado el porqué mueren y reviven así nada más.

Lamentablemente, se me indico que cualquiera podía hacer uso de los recursos de la Tierra como mejor le pareciera, incluidos mis caballeros entre esos recursos así que para evitar que se metan con ustedes de nuevo tuve que hacer varias negociaciones con el mismo Zeus en persona.

— ¿Negociaciones…?

—Sí, entre esas negociaciones me comprometí a liberarlos de sus servicios al Santuario, de esa forma nadie más tendría ningún poder sobre sus cuerpos o sus almas.

—Por eso nos pidió que dejáramos el lugar y renunciáramos a la armadura.

—Precisamente, el renunciar a la armadura los vuelve más cercanos a personas ordinarias y los dioses no tendrían interés en querer revivirlos para sus diversos fines. Cuando salieron del Santuario se borraron del mapa de los dioses, ordene la salida de todo caballero del Santuario hasta nuevo aviso.

—Por esa razón estaba todo desolado.

—Exacto, creo que ahora entiendes mejor mi postura —dijo ella tristemente—. Yo no quería dejarlos ir porque les tengo mucho cariño a todos Ustedes pero debía impedir que siguiera esta ola de muerte- resurrección en la que los tenían sumidos. Especialmente a Ustedes los caballeros de oro.

— ¿Cuáles son sus ordenes ahora? —pregunto Shura muy servicial.

—Lamentablemente tuve que pensar en un plan que garantizara que no volverían a acercarse al Santuario ni a participar en ninguna batalla en lo que les quede de vida.

— ¿Qué quiere decir?

—Quiero decir, Shura. Que las batallas que se libren en el futuro ya no les concernirán a ninguno de Ustedes.

—Usted cree que veremos que una batalla se está librando en la Tierra y nos quedaremos con los brazos cruzados sin hacer nada —Shura alzo un poco la voz, molesto por la resolución a la que la diosa había llegado sin consultarlos ni nada—. Sabe perfectamente que si vemos que hay problemas entraremos en acción sin dudarlo.

—Lo sé, Shura y por lo mismo tengo dos tratos que proponerte —dijo ella seriamente— te pido que escuches con atención antes de decir nada. El primero de ellos consiste en darles a ustedes la oportunidad de vivir una vida normal a partir de este momento; te puedo garantizar que será cien por ciento normal ya que para eso deberé sellar tu cosmos y reconstruir tu memoria, no podrás recordar que fuiste caballero ni que estuviste en el Santuario pero podrás recordar a toda la gente que conociste.

—Sellar mi cosmos…

—Así es, te valdrás de las habilidades propias de una persona ordinaria y podrás llevar una existencia tranquila viviendo en el pueblo más cercano a este chalet; claro que esto conlleva a que no podrás recodarme tampoco, no sabrás que los dioses existen.

—Pero… sin cosmos, sin poderla recordar a Usted… ¿qué se supone que haré?

—Te dije que te garantizaba una existencia pacifica y ordinaria por eso te reconstruiré la memoria podrás usar tu nombre real si quieres.

—Mi nombre real… lo siento, pero no lo recuerdo —Shura miro la taza de café que tenía en las manos, aquella audiencia le parecía algo bizarra. La diosa le estaba ofreciendo una existencia normal sin problemas más allá de los que padecía una persona ordinaria, entonces eso quería decir que…

—Veo que hay algo en tu corazón que quieres preguntarme —dijo ella sonriendo dulcemente.

— ¿Este trato se lo ha ofrecido a caballeros de algún otro rango?

—Al rango de plata no fue del todo posible ya que ellos… murieron en diversas partes del mundo y sus restos no fueron llevado al Santuario, a diferencia de Ustedes que murieron dentro de las doce casas y al alcance de mi poder.

—Entonces solo se los ofreció a los que estaban enterrados dentro del Santuario —confirmo con los ojos muy abiertos.

—Así es y creo saber a dónde quieres llegar, antes de que hablemos de cierta persona que está en tu corazón te comento que otro trato podemos hacer.

—De acuerdo.

—Este segundo trato es el que eligieron Shion, Dohko y Aioros; es el renacer completamente y vivir una vida nueva desde cero. Lamentablemente, no te podría garantizar que vivirás sin problemas o que tu camino no te acerqué al Santuario de nuevo pero tendrás la oportunidad de vivir de nuevo en un ambiente distinto.

—Entonces Aioros decidió empezar desde cero —dijo Shura aliviado, su amigo renacería y tendría una vida nueva y diferente.

—Así es. Medítalo bien, Shura y dime qué piensas de estos dos tratos.

Las dos eran buenas oportunidades, no sabía que elegir solo sabía que si elegía renacer no volvería a ver a Geist si es que la diosa la había revivido, necesitaba preguntarle por el paradero de la chica.

—Antes de decidir, por favor permítame preguntarle sobre una persona.

—Claro, no lo he olvidado. Shaina me pregunto por ella también.

— ¿En serio?

—Así es, hable con ambas personalmente hace unos tres días más o menos y les propuse lo mismo que a todos Ustedes; los dos tratos. En el caso de Shaina, no selle su cosmos porque ella aún es joven, Shura y no ha vivido las mismas batallas que Ustedes, entonces ella estará en espera bajo mi cuidado. Geist, por el contrario acepto que sellara su cosmos y reconstruyera su memoria, ella está en el pueblo al final del camino por donde venias, creo que está esperándote —le dijo al fin.

—Ella me espera… entonces Usted sabe que es lo que decidiré —se lo dijo firme y convencido. Era una única oportunidad que no iba a desaprovechar.

— ¿Estás seguro?

—Totalmente, entiendo el porqué Usted tuvo que tomar esta decisión, supongo que en el futuro vendrá una nueva generación de caballeros.

—Efectivamente, Shura. Bueno, si estás convencido pongamos manos a la obra.

Salieron de la casa y se abrazaron amistosamente.

—Es muy probable que me veas en el pueblo haciendo compras o paseando, es porque algunos de Ustedes vivirán ahí y simplemente estaré pendiente de que hacen y como les va.

—Pero nosotros no podremos verla a Usted, ¿cierto?

—Asi es, Shura. Te deseo lo mejor, te irá bien ya verás. Solo recuerda que te diriges al pueblo, ella te estará esperando en el puente que cruza el rio. En cuanto la encuentres, lo demás será totalmente claro para ti.

—Entiendo… —Un haz de luz lo rodeo de nuevo sin darle oportunidad de preguntar nada más, allá iba a vivir una nueva vida y estaba expectante por las sorpresas que vendrían.

La luz del sol se filtraba a través de los arboles, que lindo era ese paisaje. De repente se dio cuenta de que no sabía dónde estaba, se sentía desorientado como pocas veces en su vida. ¿A dónde iba? Tenía que llegar al pueblo que estaba al final del camino, miro para todos lados tratando de ubicarse, realmente no sabía dónde estaba.

— ¡Disculpe, Señor! —una voz suave lo saco de sus pensamientos, se trataba de una chica que usaba un vestido rosa pálido y zapatos blancos llevaba un canasto en una de sus manos y estaba de pie en la puerta del lujoso chalet que tenía enfrente— Lleva varios minutos ahí parado, ¿acaso está perdido? ¿Necesita alguna ayuda?

—Sí, mire. Tengo que llegar al pueblo pero creo que me he perdido.

— ¿Al que tiene un gran puente que cruza el rio? —dijo ella muy segura de la información.

—Si, a ese mismo. Se me ha hecho tarde para encontrarme con alguien —parecía que la chica le había refrescado la memoria.

—Solo siga el camino, justo donde está de pie —ella le señalo hacia el oeste— llegara en seguida al pueblo, no hay pierde —termino sonriente— espero que le vaya muy bien.

—Gracias, es Usted muy amable — no se dio cuenta de que la joven lo miraba sonriente mientras tomaba el camino contrario.

Dejo a la chica atrás y camino directo por el camino que tenía enfrente. Así llego al pueblo y desde ahí se podía ver el puente, ella lo estaría esperando y seguramente estaría muy molesta por el retraso, debía comprender que por un momento perdió la noción del tiempo y no sabía dónde estaba.

Llegar al puente le tomo unos quince minutos desde donde se encontraba, justo a la mitad estaba ella; reconocería su silueta y su cabello negro y largo. Estaba recargada en la baranda mirando hacia el infinito.

—Hola, perdón por la tardanza!

—Siempre eres impuntual —recrimino ella—, debiste llegar hace como media hora. Estoy muy enfadada por haberme hecho esperar tanto.

—Vamos, no te enojes —en ese instante que la miro lo primero que paso por su mente fue abrazarla, estrecharla en sus brazos fuertemente. Se sentía muy feliz de verla, de sentir su olor, lo sedoso de su cabello y de ver sus ojos oscuros y profundos— Te extrañe mucho, no sabes cuánto.

—Pero… hablas como si no me hubieras visto en años.

—No recuerdo la última vez que te vi.

— ¿Te sientes bien? —Dijo ella asustada— Me viste esta mañana antes de salir de la casa. ¿Recuerdas que mi nombre es Carol?

—Claro que sí pero es que… creo que perdí la noción del tiempo en el camino hacia acá, una de las vecinas de esa zona me dijo como regresar.

—Debió ser insolación, te dije que no era buena idea que fueras a esas ruinas en la montaña. Quizá pescaste algún bicho raro.

El rio ante el comentario, estaba realmente feliz de verla, era cierto que le parecía que tenia años sin cruzar una sola palabra con ella, en ese momento vio la maleta que llevaba cargando en la espalda, había ido a buscar algo a esas ruinas.

—Tengo que entregarte algo.

— ¿Qué es? —Dijo curiosa sin dejar de verlo revolver las cosas que llevaba dentro hasta que saco algo envuelto en una camisa y se lo entrego— ¡Es mi espejo! Lo encontraste —ella se puso feliz, amaba ese espejo y tenía varios meses de haberlo perdido —ella contemplo el objeto redondo y plateado que llevaba su nombre grabado en un borde que él le entregó, hacía tiempo fueron a las viejas ruinas cercanas al templo de Athena y en algún lado lo había dejado caer, ahora él se lo entregaba después de un largo día de búsqueda.

No podía enojarse con él por llegar tarde.

—De acuerdo, ya no estoy enojada contigo, pero como castigo por tenerme esperando te toca cocinar la cena esta noche —lo tomo de la mano y ambos comenzaron a caminar.

—De acuerdo, me parece justo.

—Ahora vamos a casa, ya es tarde.

Abrazados emprendieron el camino de regreso a casa, después tendría que agradecerle a la chica del vestido rosa por haberlo orientado ya que de lo contrario no habría podido regresar a su lado.

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FIN

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*Notas. Espero que les haya gustado y también espero que le hayan entendido a la ultima parte, traté de explicarlo todo para que entendiera. Quizá me quedo muy bizarro el final pero… ¿Por qué no darle un final feliz a la historia? Gracias por leer y por todos su reviews, en especial a AngelaMort por la idea de este OTP, la verdad que hacen buena pareja y se acoplan bastante bien. :D