Lo único que iluminaba el paso era la luz de la luna y las estrellas, dándole un matiz tenebroso al bosque por donde caminaban.
Sesshomaru estaba iracundo, no que fuera algo muy obvio con su constante cara de indiferencia. Nunca lo admitiría pero el secuestro de Rin le había tocado un nervio, jamás perdonaría al maldito de Naraku y no dudaría en matarlo la siguiente vez que se encuentren.
Sí, tal vez su esencia desapareció, pero nadie, NADIE, se podía ocultar del gran Sesshomaru por mucho tiempo.
No hacían ruido alguno ya que los dos pequeños que iban a espaldas de su amo podían sentir fácilmente el aura negro que salía de los poros del demonio y lo conocían lo suficiente como para saber que cualquier palabra haría su ira incontenible.
-Aquí dormiremos –Sesshomaru se paró de pronto haciendo que detrás de él todos chocaran unos con otros, no parecían muy seguros con la idea después de lo vivido hace a penas unos minutos pero en cuanto se acostaron el sueño arrasó con ellos y la abundante vegetación hizo de barrera protectora.
Rin suspiraba, Jaken… se atragantaba y Ah-Un era silencioso.
Tranquilidad…
El señor de ese peculiar grupo estaba sentado viendo… bueno, realmente no estaba viendo nada, tenía los ojos clavados en el suelo, pensando con cuidado qué harían ahora.
No había sido capaz de ver hacia dónde se había ido Naraku y suponía que el tarado de su hermano tampoco lo sabría. Eso solo le dejaba una opción, tendría que investigar, preguntar en las aldeas y a los monstruos que conocía; tal vez incluso podría encontrar algún fragmento de Shikon y usarlo como señuelo.
Sesshomaru ya se estaba comenzando a dormir arrullado por la suave respiración de Rin y el rumor que hacían las hojas de los árboles con el viento moviéndolas.
Tenía un pie en la tierra de los sueños y el otro en la realidad siendo completamente consciente de las jugarretas que su mente le hacía.
Todo fue desapareciendo gradualmente dejando solamente blanco, blanco era lo único que podía ver, ya no había noción de lo que estaba lejos o cerca y no sabía si era posible moverse, si todo se ceñía a él o si no había límites.
Que aburrido
Eran pocas las veces en las que Sesshomaru era atrapado en un sueño y esta era toda una decepción, por lo general eran sobre batallas épicas con su hermano o su espada, Colmillo Sagrado, convirtiéndose en un arma letal. Pero esto, ¿qué rayos era esto? Ya sentía que habían pasado horas y nada emocionante ocurría.
En su cabeza él estaba sentado, sintiéndose más bien suspendido en la nada, con la mirada en punto fijo, esperando que algo suceda.
No sabía exactamente si lo que sentía era algo que realmente pasaba en realidad o solamente en su mente, pero viento comenzó a soplar fuertemente, acariciando sus mejillas y llevando diversos olores a su nariz.
Tierra, plantas…
Eran fáciles de identificar.
Sangre de, ¿híbrido?
Una mezcla de sangre de demonio y humano llegaron a él y Sesshomaru se divirtió pensando que era Inuyasha yaciendo muerto cerca de ahí pero volvió a su estado de desesperanza cuando entendió que eran dos esencias diferentes, una persona y una bestia. El humano probablemente ya estaba sin vida mientras que su atacante solo tenía unos rasguños menores.
¡Rin!
Esa niña. ¿Estaría…? ¿Sería que Naraku regresó para volverlo a intentar? Era casi imposible pero Sesshomaru no quería perder tiempo pensándolo más a fondo.
Abrió los ojos de golpe.
Y ahí seguía, durmiendo apaciblemente como si nada malo hubiese pasado.
Alivio, eso fue lo que sintió el fuerte y orgulloso Sesshomaru, pero como siempre, se mostró irritado, tal vez por si alguien le estaba viendo.
Pero tenía razón, probablemente cerca de ahí había heridos. Seguramente no se dio cuenta anteriormente por que la corriente no tenía tanta fuerza como ahora. Y estaba más que convencido que después de lo ocurrido con Naraku un ser humano muerto por los alrededores no era una coincidencia.
Se paró tomando provecho de las pocas energías que renovó y siguió el aroma sin detenerse para nada.
Fue como medio kilómetro lo que caminó hasta por fin encontrarse con lo que había estado buscando, bueno no exactamente.
Era una mujer joven, recargada en un árbol, con su cabeza hacia arriba tapada con un largo mechón de pelo negro cruzándole la cara. Tenía varias cortadas en sus manos y cuello posiblemente ocasionadas por ramas, de donde brotaba casi toda la sangre era de su estómago que parecía a haber sido apuñalado, su ropa estaba empapada y el pasto debajo de ella había sido inundado de rojo.
La miró disgustado.
¿Dónde está la cosa que le hizo esto?
Eso era lo que faltaba, el atacante, ¿de qué servía estar ahí si no había nadie a quién intimidar e interrogar?
Se dio media vuelta listo para irse, cuando escuchó los gemidos. La mujer estaba viva y era muy seguro que recordara lo que le sucedió.
Sesshomaru se puso en cuclillas frente a ella. Tenía las cejas fruncidas, hacía sonidos lastimeros y sus pálidas mejillas estaban húmedas, como si hubiese estado llorando.
Incluso en el deplorable estado en el que se encontraba esa joven era increíblemente hermosa, cosa que traducido a los pensamientos del frío Sesshomaru fue:
Mmm… Se ve interesante
Su primer instinto fue cargarla pero no tardó en recordar que para eso necesitaba un brazo más. No pudo contener una risa amarga.
¿Quién diría que esto algún día sería un problema?
Faltaba poco para que la mujer por fin muriera desangrada y no tenía mucho tiempo.
Corrió hasta salir del bosque y encontrar una pequeña aldea que hedía a plantas medicinales, no bajó la velocidad y tiró la puerta de la casa más grande.
Una mujer vieja chilló asustada.
El lugar parecía humilde, realmente no había mucho, solo muebles de madera simple con muchos tarros llenos de hierbas y ungüentos, además de botellas llenas de líquido transparente.
No había nadie dentro además de la señora y ésta acababa de despertarse, sentada contra la pared con un vasito de sake en la mano.
Parecía muy alarmada.
-¿Q-qué –empezó (obviamente todavía influenciada por el licor) a aplastarse contra el muro mientras hacía extraños signos "anti diablo" con los dedos –eres?
Sesshomaru en cualquier otra situación se hubiera divertido con aquella reacción, pero en ese momento simplemente le pareció molesta.
-Dame vendas y alcohol.
Ahora la pobre mujer estaba confundida.
-Pero…
Sesshomaru la fulminó con la mirada y eso bastó para devolverle la sobriedad a la curandera y ponerla a trabajar.
Después de mucha divagación por parte de la mujer ella le tendió las manos con las cosas que el demonio pidió, éste pareció pensarlo un segundo antes de tomarlas y decir con calma:
-¿Tienes algo para cortadas superficiales?
La señora asintió vigorosamente y no tardó en entregarle un gran tarro negro.
-Gracias –Sesshomaru le dio unas monedas en sus manos temblorosas cuyo origen era desconocido (el de las monedas no el de las manos, no cuestiono su procedencia) y se fue a curar a la joven misteriosa.
Fue difícil, la humana gemía cada vez que él le tocaba las heridas y él tuvo el horrible sentimiento de estarla lastimando aún más.
Mujer débil, ¿qué no entiende que la estoy ayudando a seguir con vida?
Se vio con la necesidad de quitarle la ropa y un extraño escalofrío recorrió su espalda al verla de esa manera, era suave y cálida a pesar de toda la sangre perdida.
La limpió con el alcohol pasando sus dedos con delicadeza sobre su cuerpo.
Era hipnotizante la manera en que su pelo contrastaba con su blanca piel y cuando él lo apartaba para ver mejor se deleitaba con la sedosidad de éste.
Una rama crujió y Sesshomaru regresó a la realidad de golpe.
La envolvió casi por completo con vendas, incluso en los lugares que no era necesario, tal vez para asegurarse de no caer de nuevo en un estado de embobamiento. Incluso con eso regresó a la aldea a tomar "prestado" un yukata de color verde para vestirla.
Cuando por fin terminó la miró preguntándose qué hacer para llevarla donde estaban los demás, tendría que echársela a los hombros y eso podría lesionarla más, pero tampoco la podía arrastrar, y despertar a Jaken a esas horas de la noche sería fastidioso.
¿Quién diablos lo querría a él haciendo preguntas tontas en estos momentos?
Rendido se sentó recargado al árbol que estaba frente a la mujer, dormiría ahí para asegurarse de que nada le pasara y cuando ésta despertase comenzaría el interrogatorio.
Se quedó dormido mirándola y soñó con… ¿Con qué soñó? Quién sabe, el hecho es que fue el mejor sueño de su vida.
Todo mundo miró a la curandera como si estuviera loca, era de mañana y como de costumbre todos salieron a trabajar en los plantíos cuando la vieja Sumiko los detuvo.
Hedía a licor y era obvio que había estado fumando esas "hierbas misteriosas" que tanto insistía en que eran para su salud.
-¡Tienen que escucharme! –los hombres la ignoraron y continuaron caminando, mientras que las mujeres tenían ganas de reírse un poco con uno de sus nuevos disparates.
-Verán –les hizo señas para que se acercaran más y con susurros precavidos comenzó el relato.
-En la noche fui visitada por el espíritu de un guerrero, era el hombre más apuesto que se pueden imaginar, tenía el pelo plateado y largo que ondeaba detrás de él, caminaba como si no pesara en lo absoluto y su hermoso rostro era tan amable y fuerte… -la vieja suspiró ruborizada.
-Me pidió pasar y yo, a pesar de ser la mujer decente que soy y que nunca dejaría entrar a un hombre en mi casa a esas horas de la noche, le dije que sí, completamente conmovida por su belleza.
Cuando ya estábamos dentro él me dijo seductoramente: "No lo sabes, pero te he estado viendo y sé que no debería seguirte pero… tu perfección no deja de atraerme." Entonces –Sumiko levantó las manos hacia el cielo subiendo el tono de su voz- ¡Me BESÓ! Fue apasionado y lleno de amor, pensé que el remolino de sentimientos estaba a punto de consumirme…
Todas las mujeres se reían, pero la curandera estaba tan enfrascada en su historia que no se daba cuenta.
-Una cosa llevó a la otra y terminamos pasando la noche juntos -Sumiko ahora estaba tan roja que muchas creyeron que tenía una grave fiebre-"Perdón," me dijo pensando que estaba dormida, "No podremos estar juntos de nuevo, pero déjame recordarte con algo" pude ver desde el rabillo del ojo como tomaba alcohol y vendas al mismo tiempo que dejaba unas monedas de oro en mi mesa. Me besó en la frente y se fue.
Miró a las aldeanas expectante queriendo escuchar una reacción parecida a la suya al "recordar" lo que había sucedido. Solo pudo ver como aguantaban la risa.
-Vamos Sumiko, seguramente fue otro de tus sueños –dijo una de ellas.
-¿Ah, si? Entonces, ¿por qué hace unos minutos encontré esto –sacó de su bolsillo unas cuatro monedas doradas- en mi mueble?
Todas la miraban impresionadas.
Sesshomaru despertó estornudando.
No he tenido reseñas… ¡WAAAAAAAAAHHHHHHH! :'(
¡Pero no puedo dejar que eso me detenga!
A partir de que leas esta línea estás maldito(a) y si no pones tu comentario tus sueños estarán rondados por la vieja Sumiko por tooooda la eternidad.
¡BWAHAHAHAHAHA!
Y si eso no funciona… Poooooorfis sé bueno(a) y haz una reseña :D
