"Si la vida es un sueño, yo vivo en una pesadilla"
Anónimo
-Permíteme abrirla porque solo así, nuestro
propósito se cumplirá.
Había cerrado los ojos por puro instinto, pero no paso mucho para darse cuenta de que los tenía abiertos. La razón de que no viera era porque su hogar era el que permanecía a oscuras, ningún mueble, ninguna pared y ni sus propios contornos se reflejaban en la penumbra. La luz se había ido.
-¿Ves algo?-susurro Miguel.
-Esta muy oscuro.
-¿Te sigue doliendo?
-No.
Miguel se separó de Esther para poder ir al armario donde también guardaban mantas, cajas y unas cuantas linternas; se percató de que aquello seria todo un reto. El joven tenía los brazos estirados como forma de guiarse en la oscuridad sin embargo no logró evitar chocar, tropezarse y caer en el suelo.
Ajena a la travesía de su compañero de piso, Esther se quedó en el sillón con su mente intentando explicar que había ocurrido. Que la luz se fuera no era ninguna sorpresa, raro era el día en que los del piso de arriba se no se quedarán un par de horas sin luz pero aquella mancha oscura. ¿De dónde había salido? ¿Que era? trató de recordar el aspecto: de un café-rojizo oscuro y feo como las quemaduras en la pared que en una ocasión había provocado en casa de una amiga. Incluso el sonido que emitía antes de dejarlos a oscuras era como de algo quemándose.
"¿Y si la casa se quemó y estamos...muertos?" aquel pensamiento la angustió de forma horrible "No...Eso no puede ser, lo habría sentido pero ¿las personas cuando se mueren, lo sienten? quizás...Dios mío, estoy a punto de descubrirlo"
Tan rápidamente como las aves al tomar vuelo, su mente recordó tres cosas más: que no había visto fuego, el dolor de cabeza y lo que parecía sangre saliendo del fregadero.
No ponía en duda que el dolor de cabeza la hubiese matado puesto que había sido tan fuerte que de tan solo volver a recordarlo se estremeció. Pero ¿porque a Miguel no le había dolido? Durante el ataque, el parecía comportarse normalmente. Y el líquido del fregadero...
Preguntas y sin respuestas. Esther deseaba que aquel fuera un mal sueño. Si no, era más terrible saberse muertos que dormida...se dio una palmada porque allí estaba la respuesta: Solo aquello podía ser otro de sus extraños y estresantes sueñó.Escuho un bufido que la sacó de sus cavilaciones. Miguel ya había llegado, se estaba arrastrando en el suelo pues se había tropezado con la mesita.
-¿Y las linternas?-pregunto Esther extrañada-¿No estaban?
-Aquí las traigo-respondió Miguel.
-¿Porque no las encendiste cuando las agarraste?
-Es que no tienen pila.
Miguel metió las manos en el sillón. Aún después de tres años de convivencia, Esther no lograba entender porque Miguel insistía en esconder en el sillón dinero y pilas. Según él, las cosas más básicas que debían cuidar era justamente esos dos objetos, aparté creía que el sillón era el lugar más "seguro" Esther le había puesto peros: "Eso está bien, si no nos roban el sillón o las demás cosas o todo junto" Ningún lugar era seguro pero él seguía de necio.
-Miguel-comenzo Esther, la pregunta la ponía nerviosa-¿Tú crees que estamos dormidos?
Miguel abrió la tapa de las linternas. Sin la luz que los alumbrara Esther no podía ver su rostro consternado.
-Yo...te iba a preguntar lo mismo ¿estoy dormido?
-No...Lo sé, no creo. Seré yo porque solo a mí se me ocurre soñar estas...cosas extrañas.
Miguel tenía una expresión grave, la respuesta de su amiga le hizo dudar de que estuvieran dormidos. Por experiencia, el sabia que cuando una persona estaba dormida, no se daba cuenta que estaba dormida, más bien en el sueño se quería volver a dormir pensando que "estaba despierto" y por lo tanto, Esther no debía darse cuenta que estaba soñando porque sabría que no estaba en ningún sueño causando que se despertara y el sospechaba que ambos estaban despiertos... ¿o era el dormido?
-Me estoy revolviendo ¿estamos despiertos o dormidos?
-¿Ves lo mismo que yo?-pregunto Esther.
-Si Esther claro, sin luz ¿cómo no voy a ver lo mismo que tú?-enfatizó Miguel con sarcasmo-Todo está más claro ahora.
-Bueno ya. Ponle las pilas.
Miguel no tardó mucho en encontrar de qué lado debían colocarse. Cuando termino con una, a tientas se la dio a Esther y acto seguido, procedió a hacer funcionar la otra linterna. Cuando por fin ambas estuvieron listas, apretaron los botones. Esther inspeccionó el lugar.
-Nada se ve fuera de lo normal-comentó-Es decir además de...aquello, parece como si solo nos hubiésemos queda...
-¡Diablos!-exclamó Miguel, miraba al techo.
Esther apunto con la linterna y repitió "¡Diablos!" su techo ya no era el mismo. En el lugar del techo blanco ahora estaba cubierto de algo como café oscuro; enfocando bien la vista pudo darse cuenta que era como una sustancia membranosa y viscosa. Haciendo un ruido de asco Esther apunto a Miguel.
-¿Qué es eso?-pregunto Esther más para sí misma.
-Creo que si estamos dormidos-musito Miguel sin dejar de observar el techo-Espero que eso no se vaya a caer. Vi una película de extraterrestres donde tenían algo parecido que se les echaba encima y...-se interrumpió como si temiera que sus palabras tuvieran el efecto no deseado.
Hubo unos cuantos segundos de silencio en el ambos pensaban en que debían hacer pero sin que ninguno se atreviera a dar el primer paso o sin decirlo.
-¿Y si salimos?-sugirió Esther, lo que había sido su techo la estaba intimidando.
Miguel asintió.
-Creo que no es mala idea-Esther avanzó hacia la puerta pero una mano la aferró del hombro-¿Adónde vas? no podemos irnos así, primero necesitamos algunas cosas.
-¡Por amor de Dios, Miguel! solo vamos a ir afuera del edificio.
-Tu hazme caso, espera aquí mientras buscó algo que pueda sernos útil.
-Yo no me quiero quedar aquí sola-protesto Esther. "Menos cuando todo está así de raro"
Miguel apretó su hombro.
-No tardó-fue lo único que dijo antes de desaparecer en la oscuridad.
Esther suspiro. Con la linterna, apunto hacia el techo. Su sola vista, le producía repugnancia pero extrañamente no podía quitarle los ojos de encima esperando poder descubrir que era esa cosa que como un insecto o parasito ocupó una parte de su hogar. Recordó lo que Miguel había comentado sobre la película de los extraterrestres y al segundo bajo la mirada. No le causaba ninguna gracia que el techo le cayera encima. A nadie.
Estaba a punto de explotar ¿que está pasando? Esta locura se volvía cada vez más extraña y terrible. ¡Lo peor es que ahora Miguel estaba de por medio! Nunca quiso que el pasará por esto, es más...pensaba que solamente ocurrían en su mente que jamás se llegó a preocupar por
su amigo.
"Y él lo dijo ¿cierto? Que estos eran solo malos sueños" pensó "Nunca lo creyo...bueno si creía que soñaba cosas raras pero no que pasaran en realidad y hasta Joseph dijo que no podían durar para
siempre..."
En eso se escuchó un golpe.
Esther salto de la sorpresa, aunque había sonado muy fuerte no había ocurrido dentro de la habitación, no paso mucho antes de que comenzarán otros ruidos.
"Otro golpe, una puerta abriendose, después la misma puerta luchando por cerrarse y un gemido...humano."
Esther avanzó rápidamente hacia la salida, tomo la perilla y salió dando unos cuantos pasos lejos de la puerta.
-¡No!-grito horrorizada y tapándose la boca con la mano al mirar hacia
arriba.
Miguel sabía lo que necesitaba pero no lo tenía. Nunca hubo la necesidad de molestarse por aquello, siempre la habían llevado en paz. A excepción de algunos vecinos muy desagradables, no creía útil usar esos medios. Y ahora probablemente lo necesitaban.
Esther.
Ella era su máxima preocupación; antes que su propia seguridad nada pero nada debía ocurrirle. Estaba algo asombrado por ese pensamiento porque ignoraba que pudiera pasar y aun cuestionaba esa realidad pero el que su techo se hubiera convertido en algo desagradable probablemente era mal agüero.
Y como respuesta a sus temores, alguien grito.
Ante sus propios ojos, su vecino colgaba desde el techo como un muñeco de trapo; lo terrible era que este muñeco tenía un brazo colgando de manera extraña. Esther se percató de que el brazo estaba casi separado de su cuerpo y no paraba de derramar sangre. Solo una fina tira de carne evitaba que se desmembrara aunque de pronto se escuchó un sonido desgarrador y el brazo se separó del cuerpo.
Dicha parte cayó en el suelo en un charco de sangre. El hombre no paraba de gemir mientras sus ojos estaban abiertos y clavados fijamente fijamente en algo con su mirada llena de horror con perplejidad, su cabeza calva brillaba de sudor; unas mortíferas garras negras lo sujetaban de los hombros siendo que estas
hacían que colgara desde el techo. Fue cuando se percató de la presencia de alguien más. Volteo y sus ojos llenos de lágrimas se encontraron con los de Esther.
-¡Por favor!-le grito-No...
Esther solo se quedó parada, dudando entre si la escena que se desarrollaba era real y en como salvarlo. El hombre volvió a girar la cabeza, aunque solo fue para encontrarse con un rostro carnoso sin ojos y una boca abierta con colmillos que no tardaron en cerrarse en su cara.
Esther miró el suelo para no ver y se tapó los oídos para poder intentar pretender que no había oído nada "No por favor, ellos no" pensaba apretando manos, ojos y dientes; Unos segundos después, se atrevió a alzar la mirada. La pesadilla tenía su "rostro" volteado hacia ella y a pesar de carecer de ojos Esther podía jurar que la miraba.
Fue la primera vez que el ser abrió sus sangrantes mandíbulas y emitió escapar un aullido, propio de las criaturas de las tinieblas. Dejó caer los restos del hombre que rebotó en el suelo, salpicando líquido rojo y después el ser se despego del techo. Gruñendo, repto hacia Esther.
Está empezó a retroceder mientras volvía a experimentar la sensación de que esto ya había sucedido. El monstruo iba dejando el rastro de sangre de su presa por el pasillo, con sus garras iba rayando el material del piso y su repugnante figura se reflejaba a la luz de la linterna de su próxima víctima.
Su espalda no pudo retroceder más pero en esta ocasión no había ninguna mesa para ponerse a salvo. Solo la pared.
"¡Estúpida! ¿Cómo permitiste que te acorralara?" el monstruo se acercaba cada vez más. Se irguió cintura para arriba y volvió a rugir.
De pronto, un reflejo metálico que parecía otra luz se sumo a la
escena; el monstruo se retorció mientras gruñía y se lamentaba hasta que se desplomo. Tenía dos cuchillos clavados: uno en la espalda y otro en su nuca.
Esther rodeo el cuerpo que manaba débiles hilillos de líquido amarillo de sus heridas. Sacudió a Miguel.
-¿Estás bien?-le pregunto.
El no respondió. Se limitaba a contemplar a su primer asesinato aunque se tratase de un ser que nadie en el mundo querría.
-Era real-murmuro.
A pesar de ser hombre se podría creer que se derrumbaría pronto. Su amiga decidió darle unos segundos para asimilar lo que veía. El joven toco al ser con la punta del pie, se le acerco un poco más pero no había nada que le negara que aquello existiera y que era fatal.
-Te debo disculpas-le dijo a Esther al final -Por no creerte
Iba a añadir que también por haber sido testigo de cómo la cosa dejó caer un cuerpo pero en su asombro e incredulidad, se había quedado pasmado permitiéndole a aquel ser acercarse demasiado a su amiga aunque decidió no mencionarlo.
-Como tu bien dijiste-repuso Esther seria-Nadie me hubiera creído
Miguel le dirigió una mueca nerviosa. Se había consternado por un momento. Esther contemplo a la figura inmóvil que desde hacía días plagaba en su supuesta locura.
Su amigo se encamino hacia los restos. Separándose visualmente de su pesadilla, Esther siguió a su amigo que a cierta distancia trataba de distinguir la identidad de la víctima sin embargo aquello era imposible pues ahora el rostro estaba destrozado, solo quedaba un ojo abierto que
debía estar viendo la otra vida.
-Samuel Cole-pronunció Miguel con un temblor en su voz.
-Dios mío Miguel ¿que vamos a hacer con Melanie?
-Hasta donde supe, ella se fue a una excursión escolar con sus arañas en las montañas como dos días de Ashfield.
Con una mirada ceñuda (pues no le parecía propio llamar "arañas" a quiénes ya eran huérfanos de padre) Esther añadió:
-Pero Oliver dijo que ya regresaron.
Miguel apartó la vista de su vecino removiéndose volteando a su alrededor.
-¿Que hacemos?-pregunto Esther.
-Si todo esto...o más bien...estoy soñando entonces...-Miguel se apretólos labios inquietos- Es tan confuso que la verdad.
Esther lo comprendía perfectamente e incluso estuvo tentada en decirle que se tranquilizara pero se percato de que aquello era imposible en una situación así.El joven empezó a dar vueltas alrededor con la cabeza moviéndose de forma negativa y dirigiéndole miradas de incredulidad al monstruo muerto; Esther respeto su reacción a pesar de que su ser le gritaba que buscaran una solución pronto.
-Ayudar a los vecinos -decidió Miguel- No me importa si esto es pesadilla o realidad, tenemos que advertirles a menos que terminen igual que Samuel.
-Eso lo intente yo hace dos días-dijo Esther con un deje de amargura- Y por si lo olvidaste, nadie me hizo caso. Pero tienes razón aunque no sé cómo le haremos para evacuar a todo el edificio.
Miguel se quedó pensativo.
-¿Que recuerdas haber hecho cuando todo eso...te sucedió?
No le fue difícil recordar
-Estaba entre encontrar esas cosas o buscar a las personas -respondió, se encogio de hombros-tal vez el caso llevaba a lo mismo.
-Es lo más inteligente que podemos hacer es solo buscar personas- suspiro Miguel.
-Si, eso es mejor-asintió Esther-Pero ¿como las vamos a sacar?
-La alarma-respondió el joven tras unos segundos-A ver que opinas: vamos abajo, sonamos la alarma de incendios y ya cuando todos salgan les decimos que hay un asaltante muy bravo, llaman a la policía y ellos entran con sus pistolas y con todo lo que tienen matan esos bichejos.
-Eres un genio-felicito Esther, la verdad es que el plan de su amigo estaba bastante bien hecho aparte de ser lo único que podían hacer-cuando lleguen tu actúas muy histérico para que entre más rápido.
-Mejor tu.
-¿Porque yo?
-Pues...tú eres mujer.
-¿Y eso que?
-Las mujeres son las que gritan, piden ayuda y se desgreñan todas histéricas.
-¿Y que pensarán los demás si me ven así? porque los de este piso saben que soy guardia. Los de ese oficio se supone que no nos asustamos,
Miguel iba a añadir algo más pero ambos miraron a su alrededor y sintieron un escalofrió cuando se escuchó el rugir de uno de esos seres.
-Creo que ese tema lo discutimos afuera-repuso Miguel, Esther asintió en silencio-Espera, odio entrar a tu cuarto sin permiso pero es que creo que necesitamos esto.
De su bolsillo sosteniéndolo como si fuera una bomba, sacó la porra eléctrica.
-Gracias-Esther se sintió mejor con su arma a la mano. Miguel se encamino a los elevadores pero Esther lo detuvo y señalo las escaleras.
-¿Porque allí?
-No sé, siento que son más seguras.
Miguel se encogió de hombros, no tenía ganas de discutir con alguien que estaba armada aunque eso no evitó ponerse delante de ella en gesto protector mientras abría la puerta.
Con las linternas alumbrando su camino, empezaron a bajar los cuatro pisos que los separaban de la planta baja. Increíblemente, Esther se sentía muchísimo mejor que la primera vez que vio aquellos monstruos; era consciente de que el mérito se lo llevaba Miguel. Su compañía era más que suficiente para poder avanzar por toda esa locura. Ya fuera real o sueño.
Recordó los restos de Samuel. Todavía le costaba creer que aquel cuerpo cuyo brazo fue arrancado, su cara destrozada, desangrándose fuera todo lo que quedaba de aquel hombre calvo que fue su vecino y aunque no iba a llorar ríos por él, su sentimiento se definía en una profunda pena. Pena hacia el por joven y amable, por su esposa que ahora era viuda, por sus hijos tan pequeños a quiénes ella rara vez soportaba.
Le constaba que la imagen de su vecino llorando de dolor, era algo memorable.
Pero si Samuel fue asesinado y Miguel lo vio, aquello significaba que entonces un empleado si debió morir la noche en los laboratorios donde comenzó todo; se pregunto si alguien encontró el cadáver y también si le avisaron a su familia si era que la tenía.
"Si podemos evitarlo, esos monstruos no volverán a matar" pensó con la intención de cumplirlo. Apretó su porra de forma instintiva cuando arribaron a los últimos escalones del segundo piso e incluso Miguel redujo la velocidad con paso cauteloso. Nada se les había cruzado por el camino pero no era garantía de que tampoco no hubiera algo en la planta baja.
Entraron al primer piso, bajaron las últimas escaleras hasta que finalmente llegaron a la puerta que decía PB y que obviamente daba a la planta baja.
Esther se le adelantó a Miguel para colocarse en frente suyo, lo empujó contra la pared pero este se puso al lado de la puerta y agarro la perilla. Se miraron y sin añadir nada más abrió.
Miguel fue el primero en salir para poder asegurase de que no había peligro, un gesto valiente teniendo en cuenta que iba desarmado.
-¿Pero que rayos...?
Esther salió al escuchar a su amigo. Aquello ya no era la planta baja no estaba la puerta de salida, ni los buzones ni siquiera el botón de la alarma general. Ahora era una estancia con muchas puertas y un pasillo largo. Una de las puertas estaba abierta donde se podían distinguir escaleras. Tenía clavado el número 6.
-¿El sexto piso?-exclamó Miguel-Pe...pero nosotros bajamos, llegamos a la planta baja ¿cómo es que estamos aquí?
-Oh no-murmuro Esther-Miguel lo había olvidado -este la miró con atención-Recuerdo que en los laboratorios entre al elevador. El aparato subió y al abrir las puertas yo estaba en la recepción cuando en realidad este se detuvo en el piso 11. Esther no podía creer que esto volviera a pasar tal como lo fue en los laboratorios.
-¿Quieres decir que las puertas no abren lo que son? ¿Como si estuvieran trucadas?-sugirió Miguel.
-No había pensado en cómo llamarlas pero al parecer si-respondió Esther-La verdad no se ¿crees que valga la pena intentar llegar a la planta baja otra vez?
Miguel giro hacia la puerta.
-Solo para estar seguros.
Seis pisos abajo más tarde, Miguel y Esther abrían la puerta que decía PB para llegar al mismo pasillo largo.
-Ahí está otra vez-señalo Miguel al número 6.
-¿Que? ¿Como llegaremos a la planta baja?-Esther estaba a punto al borde de la neurosis.
Antes de que su amigo respondiera, escucharon unos gruñidos que parecían provenir del pasillo oscuro.
-Los olvide-dijo Miguel pálido.
Alumbró con la linterna el pasillo mientras Esther sacaba la porra del bolsillo del pantalón.
-Esther-apremio su amigo.
-Aquí está-Esther giro una de las ruedecillas que produjo un pequeño sonido similar a un estallido-Sirve para advertirle que no se acerque.
-¿En serio crees que va entender?-una sombra se perfiló al cual Miguel apunto-Maldición.
Esther giro otra rueda para los voltios...que se atasco.
-Por favor-se quejó Esther girando varias veces la rueda-Ahora no.
La luz, iluminó el cuerpo carnoso del ser; Vagamente vieron que sus garras estaban clavadas al techo membranoso de forma que se columpiaba como orangután haciéndolo más veloz que estando en el suelo.
-¡Miguel!-grito Esther cuando el ser tomo vuelo y se lanzó directamente hacia su amigo, ambos cayeron al suelo con un golpe seco.
Esther se acerco y empezó a darle de patadas al ser mientras Miguel forcejeaba para quitárselo de encima y evitar sus colmillos.
-¡Déjalo!-Esther tomo de los hombros al ser pero este le dio un manotazo en plena cara que la apartó.Miguel con su mano, sujeto con fuerza el cuello del ser para alejar su rostro del suyo. Su aliento no olía a nada pero le llegaba a sus narices.
"Hasta aquí llegue" pensó.
Un cosquilleo recorrió todo su cuerpo, cerró los ojos resignado a morir.
Esther quito la porra de la espalda del ser, lo tomo del cuello como a los gatos (no sin un estremecimiento de asco) lo apartó y también jaló del brazo a Miguel quien se percató de que aún seguía vivo.
-¡Corre!-grito Esther sin soltarle el brazo.
-Pero ya lo mataste-indico Miguel señalando al ser.
-Las porras no matan, paralizan-repuso Esther- ¡Vamos!
Al oír esa aclaración, los temores del joven se acentuaron. La razón por la que se atrevió a irrumpir en la habitación de su amiga, era porque creía que el arma iba a serles útil y mas cuando descubrio aquellas criaturas pero ahora a su pesar, tuvo que aceptar que de nada servía un arma si no podía deshacerse del problema.
-No debemos-protesto Esther.
-Yo no veo otra opción ¿y que si no les parece?
-¡Quien te viera Miguel! ¿Que paso con el respetuoso vecino?
-Esta aquí pero el miedo lo cambia, apartate: uno, dos...
Miguel arremetió contra la puerta que tenia a un lado los números puerta se abrió con una segunda arremetida y el joven entró con cautela. Pero su amiga vacilaba.
-Que quede claro que tocamos varias veces-suspiro antes de entrar.
Cerraron la puerta y con cierta culpa (incluso del recién cambiado Miguel) empezaron a dar vueltas por la estancia que se parecía un poco a la suya salvo que esta estaba muy adornada de objetos de otra cultura.
Esther miró una fotografía que descansaba en la mesita donde aparecía una familia que seguramente provenía de África. La señora era algo gruesa y hermosa, el padre tenía semblante serio pero daba risa verlo intentando sonreír y el hijo que se recargaba contra el hombro de su padre se veía risueño;se dio cuenta de que esa foto no le producía ningún sentimiento y no era racista para nada pero aquellas personas que se veían felices le eran indiferentes.
Sintió que algo le picaba el pecho. Dejó la foto y siguió a Miguel que no paraba de ver hacia el techo.
-Sigue igual-comentó, se acercó a un apagador y lo pulso-¿Viste? Esa lucecita. Esa cosa cubre el techo, pensé que ya no estaba.
-Oye Miguel-Esther le puso la mano en el hombro-Lamento lo que paso allá.
-No es necesario...
-No, si lo es-replicó Esther con firmeza-Pudimos ganar tiempo y evitar que eso te atacara si yo hubiera hecho funcionar la porra en lugar de enviar estúpidas advertencias.
-Yo se que tu chuchería se atasca y que no lo hiciste con propósito...más bien si lo hiciste pero no de mala manera.
Su amigo no parecía estar molesto por lo que Esther decidió no insistir más. Se quedaron parados sin siquiera atreverse a sentarse en los sillones.
-¿Ahora que?-dijo Miguel-No podemos estar aquí mucho tiempo la familia podrían regresar en cualquier momento.
Esther se trono el dedo índice.
-Todo el edificio debe estar infestado, creeme cuando digo que se que no podemos dejar morir más personas pero para llegar a la planta baja... ¿Porque rayos no colocaron más alarmas en todos los pisos? ¿Les habría costado tanto?
-Te apoyo en eso y nos quejaremos para que lo hagan. Y hasta entonces no sé cómo le haremos.
Los dos amigos se dejaron caer más no a los sillones sino en el suelo. El joven enterró su cabeza entre sus rodillas y de tan solo verlo, Esther se sintió mal "Miguel, te juro que no quería que estuvieras metido en todo esto"
Era demasiado pronto para poder asimilarlo. Pese a eso Esther sabía que ella ya tenía su decisión pero no sabía cómo iba a reaccionar su amigo.
Este se levantó tan rápido que le asombro que no se mareara.
-Yo seguiré si tú puedes.
-No lo dudes-respondió Esther.
Se dieron la mano. Una promesa silenciosa.
Esther se inspiró. Fue hacia el armario, abrió y le indicó al estupefacto Miguel que la ayudará. El se acercó, ambos se aferraron al tubo donde se colgaba la ropa y empezaron a jalar hacia abajo.
-Espera...yo jalo y tu empujas, subete a esta silla...ahora-señalo Miguel sin saber que pretendía. Se esforzaron para que el tubo cediera y cayera.
Esther quito los ganchos con los abrigos con rapidez, alzó el tubo y se lo dio a Miguel.
-Para que si los puedas matar.
Miguel agradeció aquel regalo con estupefacción. De acuerdo, no podía dejarle la responsabilidad de los monstruos a Esther. Ella recogió todo los abrigos del suelo y los aventó al interior del armario prometiéndose que les iba a compensar a esa familia aquel desastre. -¿Listo?-pregunto Esther.
-Si- respondió un determinado Miguel.
-¿En serio? Yo no- admitió Esther. Listos o no, Miguel indico a Esther que fuera ella quien abriera la puerta mientras el blandía el tubo de metal. Esther tomo la perilla y con un último contacto entre ojos la abrió. Al segundo una criatura despellejada se lanzo al interior del departamento, Miguel le asesto un golpe en el rostro. Esther salió detrás de la puerta y ambos echaron a correr.
-¡A las escaleras!-indico Esther dando a entender que en esos instantes aun quería una huida segura que una rápida, Miguel giro la cabeza para descubrir que el monstruo sacudió la cabeza como animal, comenzaba a seguirlos. Al llegar a la puerta de las escaleras, Esther alcanzo a abrir aunque se tropezara y aplastara a Miguel contra la pared.
-¡Vamos!-exclamo Miguel.
En eso desde las escaleras, se escucharon unas pisadas enormes junto con lo que parecían el chillido de varias ratas. Esther tuvo un estremecimiento al recordar esos chillidos "La cosa que intento entrar en el elevador la primera vez ¿Hay cosas más peores que estas?"
Una rata salió de la oscuridad. O algo similar a una rata calva que parecía estar acompañada de otra hasta que se le notaron que en realidad era un solo cuerpo con un par cabezas con el hocico colgando y que no paraban de retorcerse mientras echaban espumarajos por la boca y con seis patitas. Esther nunca había enloquecido como algunas mujeres de los laboratorios al ver las ratas peludas del basurero o de la calle pero este engendro la hizo dar una exclamación de asco; Miguel se adelanto y con el tubo aplasto al animalejo que chillo junto el sonido de varios huesos partiéndose.
Esther se apresuro a cerrar las puertas de las escaleras al tiempo que Miguel se apresuraba a llamar al joven paso por encima de la rata apachurrada en el suelo.
-Que no tarde por favor-rogo Esther.
La puerta de donde las ratas no podían salir, se pudo notar un fuerte golpe al tiempo que la puerta se movió ligeramente y algo como un gruñido, les provoco que el corazón se acelerara.
"Piso 2…Piso…3…Piso 4…Detenido…"
-¡No!- se lamento Esther.
-Cálmate, vamos a estar bien- dijo Miguel. Salto al ver que la madera de la puerta se empezaba a astillar.
Esther apretó su porra fuertemente aunque tristemente una porra que no mataba y un tubo que no podría acabar con todas aquellos pequeños monstruos (suponía que era un ejército) no daban esperanzas de que pudiesen sobrevivir. " ¿Despertaremos o moriremos? " Miguel ya se veía tenso y miraba fijamente algo.
De repente antes de que ella pudiera distinguir algo, las puertas se abrieron; Miguel lo noto y la empujo al interior con violencia. Esther no entendió hasta que pudo ver una criatura despellejada lanzarse al suelo y a Miguel empezando a golpearlo.
-¡Migue!-grito Esther poniéndose de pie para salir. Miguel rodeo al monstruo mientras la puerta de las escaleras se abría dejando entrar a un grupo de ratas y al mismo tiempo las puertas del elevador se cerraban.
clap clap! Primera vez que no actualizo a lo bruto, si no que me fijo que no falten letras y que no esten pegadas. Tal vez falten unos acentos pero algo es algo. Lo que si no entiendo es que le esta pasando a los espacios, estuve peleando con este problema mucha veces y nomas no,pido disculpas por esos enormes espacios que luego aparecen. Mientras escribia me percate que escribir cosas de terror, no es tan facil como yo creia (salve Stephen King y demas) pero bueno,quise escribir historias de Silent Hill y voy a intentarlo.
¿Conocen la pelicula de las brujas? un que se supone que todas eran bien guapas y al final son clavas y feyas. Pues como esa pelicula marco mi infancia, decidi inspirarme en ellas paras las ratas de este fic
Bueno, si nada mas que decir ni otra cosa, bye bye, saludos a todos, gracias a Lalalaooz y Shad-kun Sunderkland y tal vez no quedo bueno este capitulo pero intentare mejorar el proximo. Ciao!
