Capitulo II: Juego

-Debe haber un líder –interrumpió de la nada Jorge, el cascarrabias, interrumpiendo la sonrisa de Juana que le respondió:
- ¿Por qué? No es necesario.
-Claro que si, sino todos nos desorganizaremos. Debe de existir una persona que pueda mantener el orden ante las demás.
-¡Por supuesto que no! ¿Además quien seria? ¿Tu?
-Claro que si, soy el que mejor se tomo esta situación de todos ustedes
-¿Quien crees que eres para saber que piensa cada uno de nosotros? –reprochó Fernanda.
-¿Por qué debemos tener un mismo sistema pudiendo probar otras maneras de vivir? –le siguió el joven que primero sobrevivió.
-Yo propongo –interrumpió Damir- que busquemos provisiones para sobrevivir y encontrar algún radiotransmisor para pedir ayuda; y dejarnos de discutir estupideces.
-No es mala tu idea –continuó el amargado hombre- ¿Quieres que vaya a buscar cadáveres humanos para que empecemos a cocinarlos?
-No estás hablando en serio… -dijo Juana despectivamente.
-Son unos imbéciles – respondió. Y se fue.

Todos quedaron en silencio, hasta que Darío comenzó a buscar entre maletas y objetos personales. La mujer sola se tiró al suelo casi desvanecida: el dolor de la muerte de su marido y el impacto no lo soportaba. Fernanda y Damir se fueron a buscar si algún artefacto funcionaba en los comandos del avión, mientras que Juana empezó a husmear los bolsillos y bolsos de los cadáveres para encontrar algún teléfono celular. El joven –Exequiel- se quedó hablando con la mujer.
Había de todo: ropa, alimentos pocos y chatarreros, celulares sin señal, libros, joyas y dinero entre otras que no servían de nada. Jorge guardo toda cantidad de dinero y objetos de valor posibles, para que cuando regresara a la vida normal pudiera gastarlos como quisiera.
Darío encontró su maleta y la de su amada. Fernanda y Damir no tuvieron éxito con los transmisores de radio. Pero Juana había llegado hacia el cadáver del hombre de traje. Metió la mano en los bolsillos y tomó su teléfono celular. Cogió también su maletín que llevaba consigo y empezó a husmearla. Habían muchos papeles: contratos, cheques, pagarés y quien sabe cuantas cosas más. Volteó el maletín hacia abajo para que caigan todos los papeles y ahí salió. Era la libreta negra, era una autentica Death Note. Un escalofrío atravesó su espalda. Ella como detective de la FBI sabía y tenía bien en claro todo lo que esta libreta era capaz de hacer. Incluso había hecho un informe como periodista para un diario local. Sorprendida, sus piernas se aflojaron y cayó sentada al piso. La mujer del difunto marido la vio y le gritó si se encontraba bien, al oír esto todos miraron. Temblorosa tomó la libreta con un pañuelo que estaba entre muchas cosas. Sus ojos aun no podían creer que era lo que estaba viendo. Inmediatamente todos se acercaron creyendo que había encontrado un cadáver destrozado o algo que genere curiosidad. Inclusive Jorge también se acercó.

-¿Estas bien? –preguntó su novio.
-Es… es… esto es… - tartamudeaba.
-¡No puede ser verdad! –exclamo Darío al verla. La reconoció fácilmente después de haber escuchado a su novia repetir su nombre constantemente.
-Si… lo es… -respondió la aun temblorosa Juana.
-¿Qué diablos es eso? –interrumpió Exequiel.
-¿Qué significa Death Note? –Cuestionó Zaira, la viuda –es libreta de muerte en ingles, ¿verdad?
-Soy periodista –comenzó Juana- una vez hice un informe de esto. Dicen que si la tienes en tu poder podés matar a cualquier persona, con solo saber su nombre.
-¿Estás segura que es original? –pregunto curiosamente Damir.
-No. Pero por las dudas no la toquen.
-¿Por qué no se puede tocar? – dijo Zaira.
-Porque a partir…
-¡Patrañas! Dijo Jorge interrumpiendo el discurso de Juana y acto seguido, le arrancó la Death Note de las manos- ¡Uy miren! ¡Van a morir! –repetía irónicamente ¡Ahora tengo el poder, soy como un Dios! –y rio a carcajadas por un rato hasta que miró al cielo y su cara sonriente pasó a ser sorpresiva.
-Hola –dijo Light Yagami desde el cielo. ¿Convencido? –Jorge no podía creer lo que estaba mirando. Y todos se dieron cuenta de ello.
-¿Qué miras? –Pregunto Exequiel- ¡¿Qué miras?! ¡Respóndeme! –La ansiedad adolescente lo estaba carcomiendo- ¡Dame eso! –le quita la Death Note al sorprendido Jorge.

Gritó. De miedo. De desconocimiento. De muchas dudas que se le cruzaban por la cabeza y que nadie sabia responder. Poco a poco, todos los curiosos se fueron acercando, incluso Darío. Juana todavía estaba sentada en el piso. Cada uno fue tocando la Death Note y fueron viendo al Shinigami. Todos estaban en silencio. Hasta que, Fernanda, se percató de que Juana no estaba haciendo nada más que mirando a la nada. Solo por vengarse de su presencia, le arroja la libreta que golpea suavemente su cara. Al instante apareció Light en el cielo observándola.

-¡Maldita perra estúpida! –le grito.
-El que ríe último, ríe mejor querida amiga –respondió irónicamente.
-Voy a destrozarte esa cara de galleta gorda que tienes –y se levantó para atacarla.
-¡Basta! –interrumpió al fin el Shinigami. –Soy Light, el dueño de esa Death Note. En realidad ahora todos ustedes son sus dueños. Yo solo me quedaré acompañándolos hasta que se cansen de usarla o hasta que renuncien a ella. Aunque, siendo sincero, me desagradaría mucho que la dejen de usar tan rápidamente, se perderían de mucha diversión.
-¿Matar gente te resulta divertido? –cuestiono Damir.
-¿Por qué no te haces esa pregunta a ti mismo? –respondió sarcásticamente el shinigami y continuó. –Hagan lo que quieran ahora… pero tengan mucho cuidado con lo que hacen –sonrió.

Todos comenzaron a hacerles miles de preguntas al ser sobrenatural, mientras Juana se retira de la escena rápidamente tomando la Death Note y escondiéndola entre sus ropas. Tomó tres objetos de la maleta de su novio: una cartulina negra, unas tijeras y pegamento. Él las había llevado para no discontinuar su arte. Se refugió en una parte detrás del avión donde nadie podía verla y abrió la libreta. En la contratapa de ella estaban escritas las reglas de como utilizar la Death Note. Con destreza, calculó un rectángulo perfecto en la cartulina para taparlas, la recortó y la pegó cuidadosamente lo menos notorio posible sobre las reglas para que nadie más las supiera. Ella había estado tan metida en el caso, que las conocía de memoria. Sabía que estaba en peligro con el odio de Fernanda sobre ella, debía hacer eso si quería sobrevivir. Su inteligencia y sagacidad la había obtenido de tantos años de estar como agente del FBI. Trató de ser lo más rápida posible y regresó hacia donde estaban todos. Antes de acercárseles tiró sigilosamente la Death Note al piso donde Fernanda se la había arrojado y finalmente se acercó a todos.

-¿Dónde estabas? –pregunto su novio.
-Solo fui a hacer mis necesidades básicas, no iba a hacerlas delante de todo el mundo ¿O si?
-¡Claro que no! – la besó en los labios y la abrazó.

"Me gustas. Me gustas mucho Juana. Sos muy capaz e inteligente. Voy a seguir tus reglas del juego a ver hasta donde sos capaz de llegar. Muero de ganas de saber que planeas." Pensó hacia sus adentros Light, quien había estado observando todo.
"Mi misión es encontrar al elegido. ¿Por qué el otro shinigami los habrá escogido? ¿Qué tienen de especial los demás? Tendré que esperar que se sucedan las cosas, pero muero de ansias a la vez."

-¿Vamos a buscar algo de comer? –preguntó Zaira.
-No es mala idea –respondió Darío.
-No. –Interrumpió rotundamente Exequiel- Esto no puede ser cierto. No es verdad. No puede suceder. Tiene que ser todo un sueño.
-¿Qué más necesitas ver mocoso? –Reprocho Jorge
-¿No te das cuenta? -respondió nervioso- Un avión que se destrozó, somos los únicos sobrevivientes ¡Que casualidad! Y ¿Ahora esto? ¡Es una mentira! ¡Todo es una mentira, esa cosa que vuela, la libreta y todos ustedes! Ah, y no soy ningún mocoso, tengo diecisiete años...
-¡Oh! Disculpa, eres muy maduro para comprender ¿no? –rio el hombre amargado.
-Te voy a demostrar -dijo irritado- que todo es una mentira –saca un bolígrafo de su riñonera y corre hacia donde estaba tirada la Death Note.
-¡No lo hagas! –gritó Juana desesperada -¿No te das cuenta que te está poniendo a prueba?
-¡No! ¡Yo soy el que pondré a prueba a todos ustedes, les voy a demostrar que es todo una mentira! -gritó eufóricamente - ¿Dijiste que con solo escribir el nombre de alguien puede morir?
-¡Ya basta niño! -gritaba Juana desesperada.
-Voy a escribir mi nombre en esta libreta y verán sorprendidos como no me pasa nada. Además ¿que peligro puedo correr acá? Si llega a caer un meteorito o un tornado o un tsunami o lo que sea, moriremos todos. –comienza a escribir su nombre.
-¡Ya basta mocoso! ¡Deja de hacer eso ya! –insistía la periodista y pensó nerviosa para si misma: "si le digo algo relevante sobre la Death Note se darán cuenta de que tengo información"
-¡Nada va a detenerme porque no va a pasarme nada! –al fin termina de escribir su nombre -¿Lo ven?
-Niño… -suspira Juana y con frialdad continúa- te quedan menos de cuarenta segundos de vida.
-¡Seguro! –rio Exequiel con ironía.

Pero dejó de reír cuando el pecho se le cerró. El corazón comenzó a latirle más y más fuerte hasta que cayó al piso de rodillas. La Death Note se le cayó de las manos junto al bolígrafo. Su respiración era cada vez más forzada, hasta que finalmente se desplomó en el piso muerto.
El silencio fue extremo. Nadie habló más de nada por unos minutos.

Jorge pensaba para sus adentros que había encontrado algo increíble y comenzó a pensar en los provechos que podía llegar a brindarle. Zaira estaba totalmente desconcertada. Juana estaba embroncada por la situación. Damir, Fernanda y Darío simplemente no podían creerlo.
Hasta que finalmente la viuda rompió el silencio.
-¡Tu! –Señalando a Juana- Tu sabias que se iba a morir en menos de cuarenta segundos. ¿Qué tienes que ver en todo esto? ¿Fuiste tu la que lo mató verdad? Y eso –señalando hacia Light- es obra tuya también ¿Verdad?
-¿Qué estás diciendo?
-Tiene razón –siguió Jorge- ¿Cómo y que es lo que sabes de todo esto?
-Está bien, les voy a contar... –suspiró resignada Juana -Soy una ex agente de FBI. –Light no podía creerlo. Su rostro se iluminó al saber eso, sonrió como ninguno y se sintió extremadamente feliz - Hace un par de años hubo un caso en Japón donde cientos de criminales morían a causa de un ataque al corazón. Rápidamente las autoridades japonesas y el FBI se vieron involucrados. Yo estaba entre ellos. Después de unos años se pudo determinar y comprobar que la causa de estas muertes eran por una libreta de esas. La causa era tan tremenda y peligrosa que decidí alejarme y dedicarme a otra profesión, para poder convivir mas tranquila junto a Darío y conmigo misma también. Por eso me sorprendí tanto y se todo sobre la Death Note.
-Eso quiere decir que tu, conoces las reglas de como usar esa cosa… -interrumpió Jorge.
-Si. -su mirada se transforma en frívola- Eso significa que sin mi podrían cometer cualquier error. –Miro fijamente a Jorge y sonrió- ¿Tu no querías un líder? Si alguien comete un solo error puede matarse sin querer a ustedes mismos, y… –sonríe levemente- nadie quiere morir ¿o si? – Todos guardan silencio- Yo también estoy corriendo riesgo de morir pero todos ustedes también y creo que no soy lo suficientemente ingenua para contarles el modo de uso a unos totales extraños ¿No? Digamos que, entonces –dirige su mirada a Fernanda- nadie puede matarme porque soy la única que conoce las reglas. Es decir, debo ser su aliada por su propia conveniencia. Ni siquiera mi amado sabe las reglas.

Light mira aun más sonriente la situación y piensa: "Esto es increíble. ¿Digo increíble? ¡Es mucho mejor de lo que yo esperaba! Voy a seguir tu juego querida Juana. Voy a ver como todos piensan estrategias para poder comprar tu amistad o no. Voy a estar presenciando como y cuanto tiempo sobreviven todos a esto. O tal vez observe como se matan todos entre si. Eres astuta. Eso me gusta mucho más."

CONTINUARÁ...