Capitulo IV: Consuelo

Llovía. Los seis trataban de refugiarse en cuanto era posible. El viento fuerte con el mar descontrolado era el tinte perfecto para que el temor se apiade de algunos, especialmente de la viuda Zaira, quien temía mucho a las tormentas. Ella estaba acorralada en cuclillas abrazando a su abrigo y a ella misma mientras los demás trataban de dormir.
Suena un fuerte relámpago. Zaira comienza a llorar. Fernanda la escucha y se despierta, al verla llorando se dirige hacia ella.

-¿Estás bien? –le cuestionó.
-No lo se –contestó la asustada mujer entre sollozos- Tengo miedo de este lugar, tengo miedo de todo. –Calló por unos instantes y continuó- Necesito a mi marido para que me contenga, pero él ya no está más. –se larga a llorar.
-Tranquilízate –trataba de consolarla Fernanda- ¿Sabes que? Vamos a salir de acá sanos y salvos. Y también puedas encontrar a otras personas para que te abracen cuando llueva ¿Quién te dice que no? Hay miles de personas en el mundo…
-Lo sé, pero ¿Quién va a querer estar con una anciana como yo?
-¿Anciana? Zaira, por favor ¿Cuántos años tienes?
-Cuarenta y tres.
-¿Y de veras que te sientes anciana? ¡Por favor! ¡Tienes toda una vida por delante! –intentaba alentarla.
-No lo se… -respondió resignada- Si logro sobrevivir aquí, espero tenerla…
-Creo que eres algo pesimista, no es una buena actitud…
-Esta soy yo, débil. No puedo subsistir sola…
-Escucha –dijo Fernanda cambiando de tema- poco a poco está cesando la lluvia, como al fin todo cesa, el dolor, la felicidad, todo es asi en la vida… pero lo importante es que ocurra. –Zaira miró a Fernanda con sus ojos llenos de dolor y le dice a la muchacha:
-¿Cómo hiciste siendo tan joven desarrollar ese pensamiento?
-Porque yo también soy alguien muy sufrida –se limito a responder Fernanda –Vamos, descansa.

Fernanda se retira de donde estaba Zaira para volver con Damir. Jorge, quien estaba de espaldas a la viuda no estaba durmiendo en realidad, sino escuchando toda la conversación. Y haciendo una mueca cerró los ojos para volver a descansar.

Por la mañana ya el sol se estaba asomando entre las nubes grises de la tormenta. Fernanda despertó y miró a su alrededor. Se encontraban Zaira y Darío durmiendo con ella, pero ni su novio, ni Juana ni tampoco Jorge se encontraban.
Fernanda observó dormir a Darío. No había cambiado nada. Se sintió confundida cuando el corazón comenzó a palpitarle rápidamente al verlo, pero al darse cuenta que Damir no estaba optó por ir en su búsqueda.
Salió de entre los escombros del refugio y allí estaba Damir, cocinando algo. Miró a su izquierda y estaba Juana contemplando el mar, pero a Jorge no lo veía por ninguna parte.

Se acercó a su amado y se saludaron con un cálido beso. Juana se acerca hasta ellos y bostezando se sienta sobre la arena.

-¿Dónde está Jorge? –preguntó Fernanda a Damir.
-No lo sé ¿No estaba durmiendo?
-Pero cuando me desperté él ya no estaba.
-¿Y tu no lo haz visto? –preguntó Damir a Juana.
-No. Creo que fue el primero en despertar. De todas maneras no pudo haberse ido muy lejos ¿no?
-Claro que no -respondió Damir con una sonrisa.

Fernanda se sintió estúpidamente celosa y con cara de pocos amigos se fue a caminar con el objetivo de despejarse. En el camino pensaba sobre Juana, todo el rencor que a ella le tenía, todo el odio que sentía hacia ella. ¿Cómo se atrevió a sacarle a Dario? Justo en ese instante se topa con Jorge quien parecía satisfecho.

-¡Hey! ¿Dónde habias estado? –cuestionó Fernanda.
-Como si realmente te importara ¿No? –contestó el cascarrabias fríamente.

Fernanda se sintió irritada al recibir semejante contestación, pero a la vez sabía que algo ocultaba. Y estaba en lo cierto, Jorge había matado a mas personas con la Death Note. De todas maneras se sentiría mas seguro si la volviera a probar el con sus propias manos asesinando a alguno de los que se encontraban con él, tenía que ver como tan solo escribiendo su nombre esta persona moría, pero ¿Cómo averiguaría el nombre de los demás? Necesitaba encontrar a una rata de experimentos para comprobar que lo de Exequiel no fue casualidad, necesitaba saber si realmente esa libreta funcionaba.
Finalmente regresó hacia donde estaban todos, ya al fin despiertos. Zaira tenia unas largas ojeras por la noche que había pasado. Sin dudarlo se acercó a ella la cogió de un brazo y se la llevó a hablar apartándose del grupo.

-¿Qué te ha sucedido?
-Nada, pasé una mala noche –respondió Zaira algo asustada
-¿Por qué razón? ¿Acaso la lluvia te asusta, como a los niños?
-¿Por qué eres tan frio Jorge? –Contestó la viuda con el seño fruncido- Si ni siquiera sabes nada de mí.
-¿No te parece que quizás si te aparté del grupo es porque me estoy preocupando por ti? –respondió con muecas.
Light observaba la situación sonriente. No podía creer lo interesante que se ponían las cosas.
-¿Por qué un extraño solitario se preocupa por mi? –cuestionó Zaira.
-Quizás… quizás sea porque también estás muy solitaria. –y se le acercó al oído- Sería una pena que una hermosa muñeca de porcelana se transforme en una fría muñeca de trapo ¿No?

Zaira quedó anonadada con semejante confesión. Pensó mucho en Fernanda y en lo que le había dicho la noche anterior. Habia recibido un cumplido de este hombre, no podía creerlo. Ni siquiera su marido había dicho semejante cosa en tantos años. Sonrió y se apartó de él sonrojada como una adolescente. Jorge se quedó mirando el océano feliz, las cosas estaban saliendo como él querían.

-¿Cuándo vas a matarla? –le preguntó Light apareciendo de la nada.
-¿Y que es lo que sabes tu al respecto? –respondió irritado Jorge.
-Sé que está en tus planes, sé que no estarás satisfecho hasta ver como alguien deja de respirar delante de ti.
-Déjame en paz monstruo –respondió Jorge irritado.

Light sonrió porque sabía que Jorge necesitaba probar que la Death Note era verdad. Necesitaba agarrar al más débil como su conejillo de indias. Y sabía que con Zaira lo lograría.
El shinigami pensaba en lo mucho que se estaba divirtiendo. Jorge tiene sangre fría, es un asesino sin remordimientos. Comenzó a reírse de toda la felicidad que sentía.
Y esa misma noche, Zaira y Jorge durmieron juntos…