Una semana
.:Segundo día: Qué yo dije…¿Qué?:.
Resaca.
La única parte de tomar sake que no le agradaba mucho que digamos.
Y el terrible dolor de cabeza que sentía en ese momento fue a reafirmar ese pensamiento.
No queriendo abrió los ojos, notando a penas la luz que se colaba por las cortinas, e incorporándose con dificultad miró a su alrededor. Estaba en su habitación. Para ser más precisos, en el suelo de su habitación.
-¿Pero qué rayos…?- se dijo
Y una vez que logró deshacerse de la prisión en que se habían convertido las sábanas y cobijas, esparcidas en el suelo junto a ella, se levantó e inspeccionó el cuarto con la mirada.
La puerta estaba cerrada, el espejo en su lugar, su laptop sobre el escritorio, las lámparas de una pieza, Rin y Len en su cama, su guitarra donde siempre…
Miró de nuevo hacia su cama, analizó un momento la información que su cerebro recibía, la procesó y…
-¡Pequeños engendros!- gritó encaminándose hacia unos recién despiertos gemelos Kagamine.
-Meiko-nee…- gimoteó Rin, tapándose la cabeza con la almohada.
-Es muy temprano para que grites…- se quejó un adormilado Len, acurrucándose junto a su hermana.
Meiko no contestó, tenía una clara expresión de furia mal contenida y una vena resaltaba en su sien, sin embargo, contra todo pronóstico suyo y mío, simplemente salió de la habitación dando un portazo.
-Van a volverme loca un día de éstos…-resopló, encaminándose hacia la habitación de huéspedes para dormir un poco más.
No le sorprendió más de lo necesario el ver un bulto metido en la cama y una mata de cabellos verdes esparcidos por la almohada.
-Por algo la disquera les dio sus propios departamentos…-masculló resignada, mientras dirigía sus pasos hacia la cocina. Si no podía dormir, por lo menos tomaría algo para el dolor de cabeza.
Caminó descalza por el frío suelo hasta llegar a su destino, abrió la nevera, sacó un cartón de leche y luego una caja de pastillas del cajón más cercano.
Todo hubiera ido bien de no ser porque en ese preciso momento un hombre entró en la cocina.
Y no era un hombre cualquiera. Era alto, de piel blanca y cabello azul. Hasta ahí todo normal, era el mismo Kaito de siempre, y si los gemelos y Miku estaban ahí, no era extraño que él se uniera al grupo.
Lo que no cuadraba en la escena era que no tenía camisa.
¡Sí! ¡El maldito descarado se paseaba por su departamento sin camisa!
Se quedó estática, con el empaque de leche a punto de resbalar de su mano, y, si ella no fuera ella, podría jurar que estaba a punto de babear.
El hombre estaba parado de frente a ella, bostezando y tallándose un ojo con el dorso de la mano. ¡Se veía tan tierno! Pero la ternura era altamente opacada por ese pecho y abdomen no tan musculosos pero bien trabajados. Siendo cantante ¿Cómo es que tenía ese cuerpo? Tal vez él…
-¿Meiko?- le sacó de sus cavilaciones, mirándola con curiosidad y confusión.
-¿Ehh...?-
-¿Qué haces en mi departamento?-
La gente que pasaba por la calle comenzó a correr horrorizada. Ruidos parecidos a vidrio quebrándose se escuchaban desde el sexto piso de uno de los edificios, seguidos por unos gritos de psicópata. Alguien estaba siendo masacrado ahí y no querían formar parte de ello.
-¿¡CÓMO QUE TU DEPARTAMENTO GRANDÍSIMO PEDAZO DE BESTIA!- gritaba una muy alterada Meiko, lanzándole al peliazul cuanto objeto osara atravesarse en su camino. Entre ellos platos, frutas, cubiertos, envases, cuchillos…
Éstos últimos siendo esquivados por apenas milímetros.
-¡Me-Meiko! ¡Tranquilízate por favor!-
Si alguien hubiese visto la cara de miedo de Kaito hubiera pensado que exageraba.
Si ese alguien hubiese visto la de enojo de Meiko se compadecería de él. (Y huiría de ahí)
-¿¡QUÉ ME TRANQUILICE! ¿¡COMO ME PIDES QUE ME TRANQUILICE CUANDO NO PUEDO TENER UNA MAÑANA DECENTE!- los objetos habían dejado de volar por la habitación, pero el hecho de que Meiko tuviera una botella en la mano no tranquilizaba mucho al ojiazul.
-¡DEPIERTO TIRADA EN EL SUELO!- Cada paso que Meiko daba Kaito lo retrocedía, presa del pánico y tratando de evitar su pronta muerte- ¡LOS GEMELOS Y MIKU ME QUITAN MI CAMA!-
Esto era malo, MUY malo, Meiko había estado tomando, seguramente le dolía la cabeza, y, para variar, parecía que el intruso era él. El miedo le había dado un poco más de lucidez, haciéndole notar que, en efecto, ese no era su departamento.
-¡Y LUEGO APARECES TÚ IDIOTA! ¡SIN CAMISA Y DICIÉNDOME QUE ÉSTE ES TU APARTAMENTO!- La vida de Kaito pasaba rápidamente frente a sus ojos, su espalda tocaba la pared de la cocina y la castaña y su botella estaban cada vez más cerca de su futuro cadáver- ¡A ÉSTAS ALTURAS NO TE ATREVAS A DECIRME QUE ME CALME!-
Kaito cerró los ojos esperando otro insulto, un botellazo, un golpe, algo… Pero nada llegó. Lentamente abrió un ojo y luego el otro, asegurándose primero de que seguía vivo, y luego, mirando hacia abajo, hacia Meiko, y no pudo evitar pensar que se veía realmente preciosa enojada.
-Ejem…- se dejó oír una, nada sutil, intervención, que hizo que ambos voltearan, sin separarse.
-¿Nos perdimos de algo… interesante?- la sonrisa maliciosa de Rin no dejaba dudas sobre a qué se refería, y es que no era para menos, con la situación en que se encontraban los mayores.
Kaito acorralado entre la pared y el cuerpo de Meiko, ambos sin tocarse, pero compartiendo más que espacio personal. Y si a eso le sumamos el hecho de que la falda y la blusa de Meiko estaban torcidas por haber dormido con ellas y el que Kaito estaba algo ligero de ropa, pues…
-¡No!- y como si de un resorte se tratara, se separaron.
-Entonces… ¿Qué es lo que estaban haciendo aquí?- Miku, con el cabello despeinado y los ojos adormilados, sólo se preguntaba el motivo por el cual la habían despertado.
-Ehh… bueno… nosotros...- balbuceó Kaito, dejándolo más mal parado frente a esas pequeñas y maquiavélicas mentecitas.
-¡Eso debería preguntarlo yo!- exclamó Meiko indignada, ignorando a su anterior víctima, para luego voltear a ver a los gemelos, más específicamente a Len, causándole a éste un escalofrío- Y tú pequeño demonio, dame esa llave ahora-
Ahora Len tenía la misma expresión que Kaito tenía hace segundos, y volteó hacia su gemela, buscando algo de apoyo, cosa que ella comprendió.
-¡Oh vamos Meiko! ¡No seas tan dura con él! Estoy segura de que se arrepiente de haber tomado la copia de tu llave la última vez que estuvimos aquí…- dijo la rubia con un ademán de restarle importancia, y con la mirada sorprendida de su gemelo sobre ella…
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-No creo que debamos Rin…-el susurro casi imperceptible de su gemelo le hizo darle un zape, y él trató de reprimir un quejido, no quería despertar a la durmiente Meiko del sofá.
Ambos niños estaban arrodillados frente a un cajón abierto, en el cuál, encima de papeles y una que otra botella, estaba el objeto de atención de los pequeños Kagamine.
-¡Pero si no es tan malo! ¡Solamente la llevamos por si sucede una emergencia!- le respondió tratando de convencerlo, y mirando de reojo a la dueña de la casa, que acababa de darse la vuelta para acomodarse mejor.
-¿Emergencia?- preguntó el ojiazul inocentemente, cayendo completamente en la trampa, y mirando también a la castaña.
-¡Claro!- susurró ella con tono firme y convincente- Mira, imagina que un día Meiko pierde la llave de su departamento, se quedaría afuera, sola y con frío, ¿No?- expresó de manera melodramática.
-Pues… si, supongo que sí- contestó el menor, mientras en su mente había una caricatura mal dibujada con crayones de Meiko frente a una puerta diciendo "-Oh no, me quedé afuera, y estoy sola y con frío-" mientras una nube gris aparecía sobre su cabeza.
-Entonces…- prosiguió su hermana, viendo como su inocente hermanito caía completamente en su treta -…¡Nosotros llegamos y le damos su llave para salvarla!-
Ahora la caricatura mental de Len los mostraba a ellos tres, y él le entregaba a la Sakine un pequeño, e igualmente mal dibujado, objeto brillante, mientras ella decía "-¡Gracias! ¡Me salvaron!-" la nube gris se esfumaba y Meiko los recompensaba con muchas bananas y luego…
-¡Len!- le gritó su hermana en un susurro, devolviéndolo a la realidad. (La triste realidad en donde no había bananas…)
-¿Uh…?- expresó confundido, desesperando a su hermana.
-¡Vas a tomar o no la maldita llave!- si bien Kagamine Rin no era conocida por su paciencia, esta vez estaba haciendo un esfuerzo por no gritarle a su hermano que ella quería esa llave, y que, como la quería, debía tenerla.
Len se quedó otro momento viendo el pequeño pedazo de metal, para luego suspirar y susurrar para sí mismo…
-Todo sea por las bananas…-
Y tomó la llave…
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-¡Pero si no era yo el que quería…!- trató de decir Len, pero nuevamente su hermana habló.
-¡No seas maleducado Len! Y discúlpate con Meiko- su mirada le decía claramente que se arrepentiría si la acusaba, pero la indignación del rubio era mayor a cualquier cosa.
-¡Fue tú idea tomar la llave! ¡Yo no quería!- explotó, olvidándose de los presentes en la habitación y de la reciente amenaza a su salud e integridad.
-¡Pues lamento decirte, querido hermano, que aún así la tomaste! ¡Eres culpable!- le recriminó ella empujando a Miku para acercarse a su gemelo, y, para qué negarlo, ¡No había mal momento para empujar a la peliverde!
-¡Manipulaste mi mente! ¡Fue tú culpa!- volvió a quejarse él, acercándose también a su gemela.
-¡Que no!- dijo ella, dando otro paso.
-¡Que sí!- aseveró él, también avanzando.
-¡Que…!- intentó reclamar nuevamente Rin, cuando sintió que alguien la cargaba y comenzaba a caminar fuera de la cocina.
-¡Hey!- dijo Len, que también era cargado por Meiko, y comenzando a forcejear.
-¡Esto es indignante!- protestó la rubia, seguida de su hermano.
-¡Te acusaremos con derechos infantiles!- Meiko los ignoraba, siendo seguida por Miku y Kaito.
-¡No puedes…!-
Y después de todo ese ajetreo… silencio.
-Ehm… Meiko-nee-Chan…- susurró Miku tras la castaña- ¿Crees que sea buena idea encerrarlos en el armario?- preguntó con inocencia, pero la mirada que Meiko le dirigió le quitó todas las ganas de cuestionarla.
-Ahora que esos dos se callaron…- otra manera de decir que sus gritos de auxilio no podían ser escuchados desde afuera- ustedes van a explicarme ciertas cosas…- el tono que usaba sólo ayudó a asustarlos más.
Y es que Meiko era una mujer tranquila y comprensiva, sabía divertirse, pero era muy madura y compasiva… exceptuando cuando tenía resaca. Entonces en lo único en lo que podía pensar era en su dolor de cabeza, y todo aquel que se atreviera a molestarla, pagaba las consecuencias.
Otros salían más afectados que otros, claro está, y hasta el momento, Gakupo era el que más mal parado había salido, cuando una mañana llegó a visitarla cantando a todo pulmón Dancing Samurai. Nadie supo de él hasta la semana siguiente, cuando lo encontraron detrás del contenedor de basura del edificio de Meiko… tampoco es que lo hubieran buscado con tanta insistencia…
Una vez que los tres estuvieron sentados en la sala, (La cual, para Miku, estaba sospechosamente llena de pedazos de platos y frutas) y después de que Meiko pudiera por fin tomarse sus pastillas para el dolor de cabeza, comenzaron las preguntas.
-En primer lugar- dijo tratando de serenarse - dime que hacías sin camisa paseándote por mi departamento- para luego fulminar con la mirada a Kaito, sentado en el sillón de enfrente.
-Bu-bueno…-balbuceó él, mirando nerviosamente el techo- Cuando desperté pensé que me había quedado dormido en la sala de mi departamento de nuevo… y cuando vi que tenía la ropa del día anterior, quise ducharme, así que me quité la camisa, pero tenía hambre, así que primero fui a la cocina a comer cereal, ¿A ustedes no les gusta el cereal?- soltó una risita- Y, pues, luego te vi ahí, y te pregunté qué hacías en mi departamento… e intentaste asesinarme… y luego me di cuenta que no era mi departamento, y llegaron los gemelos y Miku, y te preguntaron por qué…-
-¡Kaito! ¡Eso ya lo sabemos!- le regañaron las dos presentes.
-¿Eh? ¡Ah! ¡Es verdad!- respondió con una sonrisa avergonzada.
-Pero eso no me explica el porqué llegaron aquí, en primer lugar- masculló la castaña, para luego suspirar pesadamente.
-Bueno, Meiko-nee, lo que pasa es que ayer en el cine vimos una película de terror (bastante buena, por cierto) y cuando salimos, Kaito-nii no reaccionaba, así que (como la niña perfecta que soy) sugerí que lo llevásemos a casa, pero los (diabólicos) gemelos no quisieron, y como tu casa quedaba más cerca, su propuesta fue venir aquí, (cosa a la que me negué rotundamente, pero no me hicieron caso) abrieron la puerta con la copia de tu llave (¡Juro que no tengo nada que ver con eso!) y cuando entramos estabas… ehm… pasada de copas…(Por no decir hasta atrás…) bailando con una lámpara y gritaste que…- ahí, la joven Hatsune, (Y sus extraños pensamientos) se detuvieron, haciendo que su verde mirada se posara en el distraído hombre de cabello azul.
-Yo grité… ¿Qué?- preguntó inquisitivamente la Sakine.
-Qué… bueno, no es algo que… quiero decir, Kaito no debería…- balbuceaba la peliverde, mientras la castaña trataba de descifrar que pintaba Kaito en todo eso.
-Kaito, ¿Tú me escuchaste?- preguntó desviando la mirada hacia el susodicho, viendo como la más joven de los tres se atoraba con las palabras.
-Francamente… ni siquiera recuerdo haber llegado hasta aquí…- dijo cabizbajo y con una voz muy seria- ¡Sólo me acuerdo de ese malvado muñeco infernal!- cuando levantó la mirada, sus ojos estaban llorosos y hacía un puchero, bastante tierno, al parecer de Meiko.
Antes de que cualquiera de los tres pudiera decir otra palabra, lo que parecían ser golpes lejanos llamaron su atención, y sospechosamente (¬¬U)el ruido se incrementaba a medida que se acercaban al armario dónde se encontraban los Kagamine.
-¿Hum…? Así que ustedes saben lo que grité, ¿No?- preguntó Meiko con una sonrisa algo burlona, para tomar un papel y un lápiz de por ahí, y pasarlos por debajo de la puerta.- Si me lo dicen, tal vez los saque de ahí.-
-…-
-…-
Nada se escuchaba, pero los presentes deducían que los gemelos estaban escribiendo. Después de un minuto, la hoja volvió a salir por la rendija de la puerta.
-Muy bien, veamos…- se dijo mientras inspeccionaba la hoja.
No supieron cuándo, no supieron porqué, pero de un momento a otro la Sakine ya había sacado a los gemelos del armario y echado a patadas de su casa a Kaito.
-¿!QUE YO DIJE QUÉ¡?-
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.:'':.
Hola gente! Regresé!
No estaba muerta, andaba de parranda!
Antes que nada…
No me maten… (Esto de temer por mi vida se está volviendo costumbre)
Sé que hace mucho, (En verdad mucho) tiempo no actualizaba ésta historia, y que la de Lazos aún está en espera.
En realidad no tengo excusa, sólo que mi inspiración es traicionera.
Y ustedes se preguntarán… ¿Tanto tiempo de espera y sólo trae esto?
Pues lamento decirles que sí, u.u, porque además estoy trabajando en mi historia de Princess Tutú, para que Angel Dark Fire y Suli no me odien tanto (Si no es que ya lo hacen… T.T)
Además, en mi defensa, salgo muy tarde de la escuela, y cuando salgo temprano estoy demasiado cansada, no tengo tiempo, y cuando estoy libre la inspiración no me llega.
En fin, siempre había algo, hasta que en mi cumpleaños (hace unas semanas) me dije: "-¡Ya tienes 16! ¡Te estás volviendo vieja! ¡Ponte a escribir!-"
Y así fue como me senté a escribir.
¡Pero Oh destino! ¡La inspiración me dio para un fic de Hetalia! (Al que me he vuelto adicta) Y me costó un poco de trabajo encaminarme a terminar esto.
Por cierto, con lo de malvado muñeco infernal Kaito se refiere al que sale en Saw, el del triciclo. x3.
Me despido. Las rosas y los chocolates son bien recibidos, las amenazas de muerte y jitomatazos también, jeje, espero que influya un poco en su decisión el hecho de que este capítulo fue un poco más largo…
Supongo que el próximo capítulo estará, a más tardar, el sábado 13 de noviembre, toda la paciencia que no le tengan a sus hermanitos menores (si es que tienen) ténganmela a mi… n.ñU
Hasta luego, ^^
Maria.
