Buenaaaaas :D En primer lugar quiero agradecerles a todos por los reviews... Les pido perdón por haber tardado en actualizar, pero la facu me consume mucho tiempo -.- Mil disculpas!
Este cap fue algo raro escribirlo, no estaba muy inspirada :\ pero aun así espero que les guste y que sigan la historia porque tengo muy buenas ideas, por supuesto, si tienen alguna sugerencia de lo que fuere, saben que son bienvenidos a opinar! :D
Muchas gracias por la paciencia!
Ahora si que lo disfruten!
PD: Se que es cortito pero les prometo actualizar el miércoles sin falta, y les juro que va a ser bastante largo!
CAPITULO 2: Extraños en la noche.
- No te vayas…- Murmuro en un susurro apenas audible.- Te necesito… Por favor… No me abandones…- Seguido a esas palabras solo pudo ver a la pequeña castaña removerse en sueños. Llevaba tres días inconsciente en la enfermería. Madam Pomfrey le había asegurado muy seriamente que, de no haberla encontrado a tiempo, hubiera sido muy tarde para curarle todas las heridas. Estaba realmente grave. Al principio Severus se sintió tremendamente culpable por haberle gritado sin haberse percatado de su situación, pero luego recordó que la había encontrado fuera del horario permitido, y por ende, sea cual sea el embrollo en el que se había metido aquella entrometida niña, se lo tenía bien merecido, o al menos, trataba de convencerse de eso.
Todavía recordaba el escándalo que había armado Mcgonagall al enterarse de que su pequeña Gryffindor se hallaba en la enfermería con serias lesiones. Tanto ella como Dumbledore aseguraron que no pararían hasta saber lo que le había ocurrido, que hasta el momento era un misterio puesto que nadie había sido testigo y Hermione continuaba bajo los efectos de una poción muy potente que la ayudaba a recuperarse lentamente. Por supuesto, sumergida en la inconsciencia.
Recordaba la expresión de sus estúpidos amigos al verla en ese estado. Weasley al borde de las lágrimas y Potter dispuesto a deshuesar al responsable. – Y no lo culpo- Pensó para sí mismo Severus mientras la observaba estremecerse en sueños. Fuera quien fuere el o los responsables de aquella aberración cometida hacia la niña, el mismo se encargaría de imponerles un castigo que jamás podrían olvidar en toda su miserable vida.
- Un momento- Susurró.- ¿Y desde cuando a mi me importa lo que le ocurra a la sabelotodo insufrible de Granger?- Se sorprendió de ese pensamiento, pero se lo atribuyó a las pocas horas de sueño que estaba teniendo. Sí, oyeron bien. El gran Severus Snape, temible profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, no solo poseía un horrible insomnio a la hora de descansar cada noche de su miserable vida, sino que también, sentía culpa y lástima por esa pequeña, por lo que había pasado las tres noches en la enfermería velando por su salud. Por supuesto, nadie lo sabía o pensarían que se había vuelto loco.
Pero no podía evitarlo. Verla en ese estado de debilidad absoluta le partía lo poco que quedaba de su destrozada alma. No sabía porque, pero sentía deseos de protegerla. Y una vez más, los pensamientos que lo atormentaron esa misma tarde mientras bebía solitariamente en su despacho, volvían a su mente.
¿Cómo demonios se le había ocurrido semejante estupidez?, Granger, la maldita Granger, la rata de biblioteca y sabelotodo insufrible… Le costaba admitirlo, pero le recordaba tanto a ella…
Vagos recuerdos llegaron a su mente… Lily y el estudiando en la biblioteca de Hogwarts. Lily y el sentados bajo la sombra de un árbol cerca del lago, sumidos en una interesante lectura acerca de las pociones más potentes… Lily y el estudiando para los exámenes de fin de año…
Odiaba pensarlo, pero Granger le recordaba tanto a su mejor amiga. Era inteligente, hija de muggles, una Gryffindor, y a pesar de que físicamente no se parecía en nada, ambas eran muy hermosas… Un momento - ¿SEVERUS SNAPE QUE NARICES ESTAS DICIENDO?, ¿Granger y hermosa en la misma oración? ¿Granger recordarle a su bella Lily?- Se maldijo internamente por lo que había pensado- Creo que cada día enloquezco mas, entre el bastardo de Voldemort presionándolo con sus absurdos planes para conquistar el mundo mágico y el viejo decrepito con sus absurdas ideas que solo terminaban con su poca paciencia, ya estaba hasta la coronilla. Estaba harto de que todos lo usaran a su conveniencia, pues ya había sido suficiente, el, Severus Snape, ya estaba harto de que todos manejaran su vida como se les antojara. Desde ahora las cosas iban a tener que cambiar. Quizás no podría ir en contra de la voluntad del Señor Tenebroso, o acabaría muriendo, pero al viejo loco ya no le permitiría continuar usándolo como su títere favorito. No más.
Y mientras esas reconfortantes palabras daban vueltas en su cabeza, pudo observar como la niña comenzaba a moverse, como si estuviera despertando. Por supuesto no podía verlo allí, pero no podía dejar que nada le pase. Debía alertar a Madam Pomfrey. Una súbita idea llego a su mente, tomo la varita del bolsillo de su levita y con un rápido movimiento, la jarra de agua de al lado de la cama donde se encontraba Hermione, explotó causando un gran alboroto. Se apresuro a irse de allí mientras sentía los pasos apresurados de la enfermera.
Salió de la enfermería y comenzó el camino hacia las mazmorras cuando algo llamo su atención. Le había parecido ver una sombra doblar por la esquina del corredor.
- Perfecto- Se dijo mientras apresuraba los pasos para dar con el indeseable alumno que estaba desobedeciendo las normas en sus narices. Pero al doblar por el pasillo no vio a nadie. Con el mal humor a flor de piel, regresó a su habitación y trato de conciliar el sueño, pero como ya saben, el JAMAS de los jamases, podría tener un sueño en paz, no mientras Voldemort siguiera existiendo.
Un rayo de sol le daba de lleno en la cara. Podía sentir todo su cuerpo adolorido. Se pregunto dónde estaría. Comenzó por tantear la extraña superficie en donde se hallaba acostada. Parecía una cama. Trato de entreabrir los ojos lentamente. Sentía sus parpados pesados, todo le daba vueltas en su cabeza. Tenía vagos recuerdos, pero no se animo a inspeccionarlos por el fuerte dolor de cabeza. Cuando al fin pudo sentarse en lo que parecía una camilla, sintió que varias voces gritaban su nombre con bastante alegría, o al menos eso le pareció.
- Hermione- Gritaron Harry, Ron y Ginny cuando vieron que la castaña comenzaba a incorporarse lentamente.
- Chicos- Susurro- ¿Qué sucede? ¿Dónde estoy?, no recuerdo nada de como llegue hasta aquí…
- Tranquila querida- Le respondió amablemente Madam Pomfrey.- Antes que nada debo revisarte para asegurarme de que estas bien, luego podrás hablar con tus amigos- Y tras esas palabras saco bajo protestas a dos pelirrojos y un moreno que se empecinaban en asegurarle a la enfermera que no molestarían en lo absoluto.
- Fuera- Ordeno con esa voz que no permitía replicas.
Luego de eso, Hermione pasó todo el día recibiendo visitas de sus profesores y compañeros de casa. Las primeras por supuesto fueron las de la profesora Mcgonagall y Dumbledore, quienes le preguntaron que le había ocurrido. La castaña aun no había querido inspeccionar esos recuerdos, puesto que cuando trataba de recordar sentía una fuerte opresión en el pecho y ganas de largarse a llorar.
Después de asegurarles que trataría de recordar que le había ocurrido, Hermione al fin pudo charlar tranquilamente con sus amigos.
- Mione nos asustaste mucho- Protesto Ginny mientras le acomodaba las almohadas para que estuviera más cómoda.
- Lo siento chicos, lamento de verdad haberlos preocupado- Susurró.
- No pienses mas en eso por favor, solo piensa en lo que te ocurrió, alguien te lastimo Mione, y no puedo permitirme ver a mi mejor amiga sufrir, mira en las condiciones que estas- Soltó Harry con un dejo de tristeza en su voz.
Y tenía razón, la chica no estaba en sus mejores condiciones. Tanto sus manos como su cabeza estaban vendadas, y tenía feas heridas en todo su cuerpo que según la enfermera, con el tiempo desaparecerían.
- Herms prométeme que no volverás a salir a deshoras de la torre ¿sí?, cuando la profesora Mcgonagall nos saco del Gran Salón para comentarnos que estabas en la enfermería, no pude dejar de recordar esos días en segundo año que el basilisco te había petrificado… SI necesitas algo dinos a Harry o a mí, pero no salgas sola- Dijo con un instinto protector, poco usual en el, un cabizbajo Ron.
Ante tales palabras Hermione termino sonrojándose, mientras que el chico estaba en una batalla para ver qué color era más fuerte, si el rojo de su pelo o el de sus mejillas ahora ruborizadas.
- Muchas gracias por preocuparse por mí, les prometo no volver a salir sola tan tarde- Comento disculpándose la castaña.
Después de asegurarle que le llevarían la tarea todas las tardes para que no se atrase tanto, los chicos se retiraron para cenar, mientras Hermione era atendida ya que sus vendajes debían ser reemplazados por unos nuevos.
- Si sigues mejorando pronto regresaras a tu vida normal- Comento la enfermera para alegría de la niña. – Por ahora debes descansar, pero antes tomate estas pociones- Y se fue dejando a una adolorida Hermione, asqueada por los horrorosos sabores que ahora estaban en su boca.
- Diiiiuj…Creo que prefiero los remedios muggles, al menos esos vienen saborizados- Se dijo para sí.
Iba corriendo por un corredor el cual parecía nunca acabar. Sentía miedo, mucho miedo. Tenía la horrible sensación de que había alguien más allí, y que en cualquier momento la atacaría. Corrió y corrió pero era imposible, por más que se esforzaba, no podía llegar a la salida.
Tenía ganas de gritar. Que todo el mundo oyera que ella estaba en peligro, y que alguien fuera en su ayuda. Sabía que su cuerpo no resistiría más. Aun estaba muy débil…
Se detuvo con el corazón a punto de salirse de su pecho. Era consciente de que todo estaba perdido, quien sea que la estaba siguiendo estaba ahí, detrás de ella.
Gotas de sudor resbalaban por su frente mientras su cuerpo era recorrido por potentes escalofríos. Tenía que admitirlo. Estaba completamente aterrada…
De repente llego a su oído una suave respiración. Sintió los bellos de su nuca erizarse… Había alguien a escasos centímetros de ella… No quería darse vuelta… Pero cuando por fin se decidió a hacerlo, sintió como una mano se posaba en su hombro izquierdo haciéndola estremecerse.
De repente el miedo cambio para dar paso a otro sentimiento. ¿Seguridad? No lo sabía. Comenzó a girar lentamente, sentía curiosidad por saber quién estaba detrás suyo…
- Tu- susurró horrorizada…
-AAAAAAAAAAAAA NOOOOOOOO, ALEJATE DE MI… NOOOOOOOOOO-
- SEÑORITA GRANGER POR FAVOR DESPIERTE- Gritaba una alterada Madam Pomfrey.
- NOOOOOOO, AYUDAAAAAAAA, ALGUIEN QUE ME AYUDEEEEEEEEEEE… Auxilio-
Fue lo último que alcanzo a decir antes de desmayarse nuevamente.
- Tendremos que tomar medidas drásticas- Aseguro el director- Algo le ha pasado, ella fue atacada, y no voy a descansar hasta encontrar al culpable…-
- Pero Albus, ¿Cómo planeas saberlo?- Pregunto una preocupada Profesora Mcgonagall.
- Tengo una idea en mente Minerva, pero me temo que no será fácil…-
- ¡Por Merlín Albus! No estarás pensando en el ¿verdad?-
- No hay nadie mejor que él para lograrlo… El problema será convencerlo de que lo haga…-
