Hola a todos! Se que van a querer matarme, abandone totalmente la historia. Perdonen de verdad! Yo quería actualizar hace mucho, pero la facu cada vez se pone mas difícil y bueno, ya saben que si no estudio y no apruebo mis queridos padres podrían ser capaces de asesinarme, es que la facu la pagan ellos y bla bla... En fin, espero que les guste este cap, y vi en los comentarios que anduvieron haciendo suposiciones acerca de a quienes les pertenecían esos ojos ;) jaja pues no acertaron ni ahí :p JAJAJA No era Dumbledore el de los ojos celestes, ya van a descubrir en quien era el misterioso ojiazul (? en fin, aun queda el misterio del otro par de ojos muahaha pero eso aun no lo voy a develar. No se preocupen en algún momento lo haré pero sean pacientes! Espero que continúen siguiendo la historia les prometo que se esta poniendo mas interesante, y esta vez prometo no actualizar dentro de dos meses :p
Espero que lo disfruten! Muchisimas gracias por los reviews y espero mas :D ya saben si tienen quejas o sugerencias pueden decirme, todo es bienvenido para mejorar :D
Un beso enorme y feliz fin de semana :D
Saludos AliSnape77
CAPITULO 4: Caminos separados.
Habían pasado ya tres semanas desde el ataque de Hermione. Madam Pomfrey al fin había accedido a darle el alta con la condición de que la castaña fuera ayudada por sus amigos puesto que aun seguía débil.
Desde que salió de la enfermería, Hermione no había podido parar de pensar acerca del extraño suceso ocurrido allí. Aun podía recordar el abrazo que le había dado Snape. A decir verdad, no había podido pensar en otra cosa, pero no pudo volver a verlo puesto que después de lo ocurrido esa noche, el no había regresado a verla. Supo por sus amigos que Dumbledore le había impuesto graves castigos a los Slytherins pero que eso no era nada comparado con lo que el jefe de su casa tenía para ellos. Por supuesto, Slytherin perdió alrededor de 400 puntos y según le habían asegurado Harry y Ginny los demás miembros de la casa no estaban nada contentos por lo que les hacían el vacío.
Hermione al fin estaba un poco mejor, débil, pero con la ayuda de sus amigos se las ingeniaba bastante bien. Bueno, mejor dicho gracias a Harry y Ginny puesto que a Ron solo lo veía colgado de Lavender las veinticuatro horas del día. Y por supuesto, al salir de la enfermería y dirigirse a la sala común los vio en pleno acto de traspaso de fluidos. La cara del pelirrojo cuando la vio entrar por el retrato de la dama gorda no se comparaba con nada visto hasta el momento, si la castaña no hubiera estado tan furiosa con él, le habría sacado una foto y se la hubiera mandado a los gemelos para que se lo recordaran cada navidad en familia. En fin, como no podía ser de otra forma, tenía que aguantarse en todo momento ver a Ron, SU RON con esa asquerosa sanguijuela chupasangre y otros adjetivos que, de solo pensarlos, Hermione se había horrorizado de sí misma, ya que las palabrotas eran más de personas como Ron.
Los días se hacían cada vez más interminables para el amargado profesor de pociones. Había cuidado de Hermione cada noche hasta que al fin le dieron el alta. Sí. Hermione, no podía evitar llamarla por su nombre en su mente, no después de lo ocurrido. Siempre había pensado que ella había sido la clase de niña consentida que siempre había obtenido lo que quería por su inteligencia y simpatía. Pero se equivocaba. Ella, al igual que él, había tenido una vida miserable. Sus padres la habían abandonado a la suerte cuando apenas era una niña, sus compañeros de orfanato la habían maltratado de mil formas, no había conocido otra cosa que el sufrimiento, hasta que al fin, una luz de esperanza se atravesó en su camino. Una familia la había adoptado, le habían brindado el amor que una niña pequeña necesita para ser feliz, y casi lo había logrado. Ella a pesar de todo había salido adelante, pero él jamás podría superar la oscuridad que inundaba sus días. La culpa jamás lo dejaría vivir en paz, no hasta que saldara sus deudas con la mujer que una vez amó, pero que ahora estaba empezando a ser uno de los pocos recuerdos hermosos que tenía el. Pero claro, eso aun no lo sabía.
Ese viernes Snape se despertó de un humor de perros, nada fuera de lo común. Llego al Gran Comedor en el mismo momento que una melena castaña tomaba asiento en la mesa de Gryffindor, y para su sorpresa estaba sola. Aunque estaba a una distancia considerable de la pequeña, podía notar que algo no andaba bien en ella. Y a decir verdad, desde que la había visto salir de la enfermería el lunes de esa semana, la había notado perdida, como si su mente estuviera a miles de kilómetros de su cuerpo. Ya no la veía sonreír, a pesar de que veía cuanto se esforzaban el inútil de Potter y la pequeña pelirroja Weasley en hacer sentirla mejor.
Comenzó a desayunar mientras sus ojos se dirigían constantemente a la mesa de los leones, le preocupaba el hecho de que la castaña no hubiera probado bocado aun. A su lado Dumbledore miraba de uno a otro y sonreía para sus adentros. Al parecer todo iba saliendo de acuerdo al plan, pensaba para sí mismo. Mientras tanto Severus se percato de la mirada de Albus, temiendo que se diera cuenta de a quien había estado observando, se levantó para retirarse.
-¿Te vas tan pronto Severus?- Pregunto fingiendo inocencia. Maldito viejo, ¿Por qué tenía que saberlo todo?
-Lo siento Albus, pero debo terminar de organizar mis clases de hoy- Y sin esperar su respuesta abandonó el Gran Comedor por la puerta de atrás de la mesa de maestros.
"Mi pequeño, si tan solo te permitieras ser feliz" pensó mientras suspiraba.
-Bah al demonio, mejor me voy a dar una vuelta, no tengo fuerzas para comer siquiera- Pensaba una castaña muy triste. Y la verdad era que desde el lunes, el día que pudo por fin abandonar la enfermería, se había sumido en una tristeza que resultaba imposible abandonar. Aun estaba acostumbrándose al hecho de que Ron no la amaba, ni la amaría nunca. Y lo entendía, ella no era ni hermosa, ni especial, ni atractiva a sus ojos así que, ¿Cómo podía esperar que un chico, cualquiera, se enamorara de ella?
Jamás pensó en alguien más que Ron como su futuro. Estaba tan segura que terminarían juntos, que no perdió tiempo en mirar a otros. Desde el cuarto curso ese pensamiento se había apoderado de ella. Y claro, cualquiera podría pensar lo mismo después de la escena de celos que le hizo Ron en el baile de Navidad cuando Viktor intento besarla. Estaba tan feliz que no se dio cuenta que cada día, Ron se alejaba cada vez más de querer algo con ella. Pero debía parar. No podía seguir sufriendo por alguien que no la valoraba como lo merecía. Hermione Granger tiene orgullo. Así debía ser, tendría que olvidarlo, aunque la vida se le fuese en ello, porque claro, creía que nunca podría amar como lo había hecho con Ron.
Pero algo últimamente la inquietaba mucho, ese abrazo que le había dado Snape, sí, su amargado profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, el murciélago de las mazmorras, el pelo grasoso Snape, como a Harry y Ron les gustaba llamarlo. Pero ella siempre se había molestado con esos adjetivos que usaban contra su profesor. Claro, ella siempre lo había admirado. Sabía que para que un hombre termine con esa personalidad, algo muy grave debía de haberle pasado en su vida. Y por eso lo respetaba y admiraba, porque a pesar de todo lo malo que pudiera ocurrirle, era consciente de que aun le era fiel a Dumbledore, y que a pesar que lo negara, sabía que le tenía un gran aprecio, podría decirse que el director era la única persona que Snape trataba con ese respeto que se siente cuando sientes cariño por alguien.
Sabía que él era un gran hombre, y que su mal humor y malos tratos no eran más que una fachada para ocultar su verdadero yo. Y eso lo sabía después de aquel abrazo que estaba lejos de ser algo desagradable. Todo lo contrario, en sus brazos se había sentido tan segura, tan feliz, como si nada pudiera hacerle daño, como si todas sus heridas sanaran al fin gracias a su contacto. Pudo sentir como el vacío de su interior se llenaba con ese simple gesto. Y es que le transmitió tantas cosas, estaba segura que pasara lo que pasara la protegería, no sabía porque, pero lo sabía. Una sensación embriagadora la recorrió de pies a cabeza al recordar ese momento, un leve sonrojo en sus mejillas la delató. ¿Pero qué me pasa?- pensaba para sí misma mientras se acercaba a una piedra junto al lago para sentarse- ¿Por qué me siento así cuando pienso en él? ¿Qué cambió? Tal vez, solo sea esa sensación que te da cuando sabes que alguien se preocupa por ti. Tiene que ser eso, ¿No?-.
Aun estaba muy sonrojada y podía sentirlo. Snape le había hecho sentirse única. –No puede ser- Exclamo en vos más alta de lo que quería- Debo estar volviéndome loca-.
-Me temo que si eso ocurriera señorita Granger, todos estaríamos perdidos- Le susurró una voz cerca de su oído que hizo que se le erizara el bello de la nuca.
Se giro para encontrarse con la mirada de su temido profesor.
-Profesor Snape, no lo oí acercarse- Comentó la castaña bajando la cabeza avergonzada mientras Snape no pasaba por alto el gran sonrojo de la muchacha.
-Solo quería saber cómo se encuentra usted señorita Granger, no la vi comer en el desayuno, y desde el lunes la veo, rara.- Soltó su profesor como si nada, aunque Hermione pudo percibir un tono de ¿Preocupación?
-Estoy bien profesor- Contestó casi sin ganas la leona- Me duelen un poco las costillas, y por las noches tengo pesadillas… Pero no es nada que no pueda superar creo.-
-Pero ¿por qué no me dijo antes niña?, ¿Acaso no sabe que existen las pociones para el dolor y para dormir sin soñar? Siendo la hechicera más inteligente de todo Hogwarts me extraña que no se le haya… Ocurrido.
-Anduve un poco ocupada señor, además no quería causarles más molestias ni a usted ni a la señora Pomfrey-.
-Hermione, debes decirnos si te encuentras mal, sabes bien que no es ninguna molestia y que tanto Poppy como yo te ayudaremos, además no creo poder soportar a Minerva recriminándome por dejarte morir de dolor o de insomnio- Le susurro Snape tan cerca que provoco escalofríos en la pequeña leona. Un momento. Él le había dicho ¿Hermione? No, debió de haber oído mal, Snape, Severus Snape, ¿preocupado por ella y llamándola Hermione?
Su cara de sorpresa debe de haber sido demasiado evidente puesto que enseguida Snape se rectificó.
-No me mire así niña, si la sabelotodo de Hogwarts se muere que ¿hare yo? Sería muy aburrido si no tengo a alguien como usted para fastidiar. Si me disculpa, tengo cosas más interesantes que hacer, y por cierto si no viene a mi despacho hoy después de clases para que le de las pociones, le voy a descontar puntos ¿entendió Granger?- Y sin decir más nada se fue dejándola tan sorprendida como era posible.
Ella no había oído mal. El la había llamado por su nombre. –Vamos Hermione, el solo se preocupa por ordenes de Dumbledore y porque sino Mcgonagall lo cortaría en pedacitos.- Se dijo para sí misma- Si seguro que es solo por eso, el jamás de los jamases se preocuparía por mi… Hasta suena absurdo pensarlo, es Snape, amargado Snape y solomeinteresayoyoyyo Snape.-
Tan concentrada había estado en sus pensamientos que casi no oyó la campana que indicaba el comienzo de clases. – ¡Mierda! Si no me apuro voy a llegar tarde y Snape me castigará-
Fue lo más rápido que pudo hasta el aula de defensa y rogó con todas sus fuerzas no llegar tarde. Para su suerte el último estudiante estaba a ingresando al salón, así que sin mirar a su profesor se dirigió a su lugar junto a Harry. Por supuesto pasó por alto las miradas de odio que le dirigieron Malfoy, Parkinson, Crabbe y Goyle. Ya que, como era costumbre, la clase la compartían con las asquerosas serpientes.
-Para la clase de hoy haremos algo especial- Comenzó Snape con su habitual perorata al comienzo de sus clases. - Practicaremos maleficios y hechizos protectores no verbales, pero para evitar accidentes, van a trabajar con alumnos de su misma casa. Las parejas las asignare yo- Finalizo.
- A ver, Malfoy con Parkinson, Zabbini con Bullstrode, Nott con Crabbe, Greegrass con Goyle- Y así continuó hasta llegar a los Gryffindors.
- Potter con Patil, Finnigan con Brown, Thomas con Longbottom, Weasley con Granger…-
Hermione miró a Ron, quien la miraba con ¿Odio?
- Prepárense, pero le advierto si me desobedecen se arrepentirán, no solo les descontare puntos hasta que sus puntajes de casa estén negativos sino que el castigo será tan terrible que nunca, les repito nunca lo olvidaran- Susurró amenazantemente a unos alumnos que ya empezaban a temer por sus vidas.
-Pueden comenzar-
Y después de esas palabras el aula se lleno de luces de colores y caras rojas de los pobres alumnos que hacían sus mejores esfuerzos para que les salieran los hechizos sin hablar.
- Vamos Hermione- La retó Ron- A ver qué tal te defiendes-
- ¿Qué te pasa Ron?- Pregunto preocupada la leona.
- Vamos, no finjas conmigo. Te vi Hermione, en la enfermería abrazando a Snape. ¿Lo olvidaste? Los chicos me habían dicho que podía ir a verte, quería hablar contigo para explicarte las cosas, y cuando pretendía entrar los vi. ¿Qué te pasa con él? ¿Acaso te gusta?- Le soltó el pelirrojo tan rápido que Hermione fue incapaz de reaccionar.
- ¿Ron qué demonios dices?-
- Ya no finjas mas, dímelo, acaso ¿Te gusta Snape?-
- Ron ¿Qué cosas dices? Tú te pasas todo el día colgado de Lavender, me dejaste de hablar por ella y encima ¿tú te enojas conmigo?- Estaba tan furiosa que no se dio cuenta que habían comenzado a levantar la voz, atrayendo las curiosas miradas de sus compañeros.
- Eso no responde mi pregunta, ¿te gusta él?-
- Pues lo que me pase, a ti no te incumbe. No recuerdo que me hayas dicho nada de que te gustaba Lavender, se supone que eres mi mejor amigo Ronald.- Hermione ya no lo aguantaba más, sabía que en cualquier momento las fuerzas se le irían muy lejos y no podría defenderse de los ataques de Ron.
- Era Hermione, era.-
No lo pudo evitar, tras esas palabras perdió toda la concentración permitiendo que el pelirrojo la mandara a volar hasta la otra punta del salón.
- HERMIONE- Grito Harry cuando vio que su mejor amiga iba a estrellarse contra la pared.
Snape se dio vuelta cuando sintió el grito de Potter y se sintió desfallecer. La castaña había volado y chocado contra la pared dándose un golpe fuertísimo que por supuesto la dejo inconsciente.
- PERO QUE DEMONIOS, WEASLEY DIJE QUE NO QUERIA HERIDOS- Corrió hacia Hermione temiendo que fuera demasiado tarde. La pequeña sangraba a mares, tenía una herida muy fea en la cabeza, y parecía que se había hecho un gran corte a lo largo de la espalda lo que le hacía perder más sangre aun.
Sin pensarlo dos veces la tomo en brazos y se la llevo a la enfermería, seguido de un muy preocupado Harry.
Mientras que en el salón Ronald se sentía la peor persona del mundo. - ¿Cómo pude hacerle eso?
- HERMIONE- grito y salió corriendo tras Snape y Harry.
Continuara…
