HOLAAA! Si, se que me odiaran por tardar tanto en actualizar. La verdad es que mi vida dio un vuelco gigante desde la ultima vez que estuve por aca. Por empezar me pelee con mi novio :'( y estuve muy deprimida y sin ganas de nada. Lo siento de verdad :( En fin, sumado a eso estuve llena de examenes en la facultad y les juro no tenia tiempo siquiera para pensar en una forma de quitarme la vida ¬¬ jaja como verán mi estado de animo (muy REQUETE SUPER DEPRESIVO) se reflejo un poco en la historia. Pero don't worry que las cosas ya mejoraran. Espero que no abandonen la historia, aun queda muuuuuucho mas :D gracias por sus reviews! Espero disfruten la lectura, y se los recomiendo, tengan pañuelos cerca, no pude evitar largar algunas lagrimas mientras la escribía :K JAJA Muchísimas gracias y ya saben se aceptan criticas y sugerencias. Un beso enorme!
AliSnape77
CAPITULO 5: Perdiendo las esperanzas.
Los pasillos del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería estaban bastante silenciosos puesto que todos los alumnos se encontraban en sus respectivas clases. Todo estaba tranquilo excepto por unas pisadas que se sentían cada vez más fuertes. Los pasillos antes desiertos, ahora comenzaban a tornarse grises, no porque el clima estuviera cambiando, de hecho era un día hermoso, a pesar del frío invernal que indicaba que diciembre estaba a punto de comenzar. No, no era por un cambio climático. Los pasillos antes llenos de vida, ahora se mostraban grises debido a la desesperanza que crecía a medida que el sujeto vestido con una túnica negra oscura como la misma noche, corría hacia la enfermería. ¿Desesperanza? Era quedarse corto. Tanto el hombre que cargaba a una pequeña castaña en sus brazos, como al joven que corría a su lado estaban seguros que de dar un paso en falso, la vida se le escaparía a la pequeña.
No hablaban, no podían. Temían por lo que le pudiera ocurrir si no se apuraban. La vida de esa niña estaba en sus manos.
Al fin, el pasillo llegó a su fin, la enfermería se veía cada vez más cerca. Acelero el paso y pronto la puerta se abrió de par en par, sorprendiendo a la enfermera.
-SEVERUS ¿pero qué sucedió?- Exclamo al ver que traía a Granger en sus brazos.
-TIENES QUE HACER ALGO POPPY, debes apurarte ha perdido demasiada sangre y temo que no resista mas- Dijo casi sin esperanza.
-Colóquenla en la camilla RÁPIDO- Respondió la enfermera.
Comenzó a revisarla lo más rápido que pudo. Cerró mágicamente sus heridas y luego se fue en busca de las pociones necesarias para curarla.
-Severus, Potter por favor esperen afuera mientras la curo- Exigió con poca paciencia Poppy.
Ambos hombres se retiraron para dejarla trabajar en paz. Lo que no esperaban era encontrarse con cierto pelirrojo en la entrada de la enfermería.
Había alcanzado a cerrar la puerta antes de verlo y agradecía haber llegado hacerlo sino Madam Pomfrey lo hubiera matado.
-TU- Rugió con toda la ira que le fue posible Harry, pero no llegó a hacer nada ya que un rayo de luz derribó al pelirrojo estrellándolo contra la pared.
Harry se volteo para ver a un furioso Snape correr al lado de su amigo para propinarle una patada.
-SEVERUS QUE DEMONIOS HACES- Gritó exaltada la enfermera.
-FUE EL POPPY, EL LA DEJO EN ESE ESTADO, VOY A MATARTE WEASLEY, TE JURO QUE EL CASTIGO SERA TAN CRUEL QUE LAMENTARAS HABERLA LASTIMADO-
Estaba fuera de sí, tanto Harry como Madam Pomfrey se sorprendieron por ese comportamiento. Para su fortuna, el profesor Dumbledore, alertado por la enfermera muy preocupada por el estado de la pequeña Gryffindor, apareció justo a tiempo para quitarle la varita a Snape y poner un encantamiento escudo entre él y el chico, para que no pudiera seguir lastimándolo.
-Severus CALMATE- Le pidió el profesor.
-¿CALMARME? ALBUS TU NO HAS VISTO COMO LA DEJÓ, ESA NIÑA APENAS ESTABA RECUPERÁNDOSE DEL ATAQUE QUE SUFRIÓ HACE UNAS SEMANAS Y ESTE IDIOTA LA MANDA A VOLAR POR MEDIO SALÓN, ¿Y TU PRETENDES QUE ME CALME? NO HAS VISTO TODA LA SANGRE QUE PERDIÓ, ELLA PODRÍA MORIR ALBUS- Y para sorpresa de todos, unas lágrimas cargadas del más profundo dolor, comenzaron a asomarse en esos ojos tan negros como pozos infinitos.
Nadie podía dar crédito a lo que sus ojos veían en ese momento. Severus Snape, el huraño profesor, amargado y sin sentimientos, ¿Llorando por la insoportable sabelotodo de Gryffindor? Como él solía llamarla.
-Cálmate hijo, ya hable con un sanador de San Mungo y van a trasladarla en breve- Explicó el director.
-¿A San Mungo profesor? Eso significa que está muy grave- Admitió un triste Harry, preocupado por la salud de su mejor amiga.
-Me temo que si Harry, Madam Pomfrey me ha dicho que ella no podrá salvarla y que debe ser trasladada inmediatamente- Dijo con un deje de tristeza el director.
-¿Pero qué demonios sucede aquí?- Pregunto una furiosa profesora Mcgonagall al ver la situación que se presentaba frente a ella.
-Nada grave Minerva, ¿Pudiste comunicarte con los padres de la señorita Granger?-
-Claro Albus, algunos de los miembros de la Orden se ofrecieron a escoltarlos a San Mungo en unos momentos- Comento la profesora.
-Bien, será mejor darnos prisa- Dijo Dumbledore- Poppy, ¿Ya tienes todo listo no es así?
-Claro profesor-
-Excelente, por favor, atiende al señor Weasley mientras nosotros nos ocupamos de recibir a los medimagos-
-En seguida señor- Respondió la enfermera, fulminando a Severus con su mirada.
-Severus, te pediré que me esperes en mi despacho enseguida- Le pidió al profesor que aun continuaba en estado de shock.
No obtuvo respuesta de su parte, Snape solo se limitó a asentir y dirigirse lentamente a la oficina del Director.
-Harry, por favor espera en la sala común, pronto recibirás noticias acerca del estado de la señorita Granger- Ordenó el profesor.
-De acuerdo señor, pero le pido me comunique como se encuentra ella- Le respondió dándose vuelta para regresar a su sala común.
No daba crédito a lo que oía. Sentía que la vida se le iba a medida que los medimagos les explicaban acerca de estado de su pequeño sol.
Tan pequeña. Tan indefensa. No podía pasarle eso a ella. De todas las personas del mundo, ¿ella debía sufrir de ese modo? Deseaba con toda su fuerza estar en su lugar, y que ella siguiera tan radiante y hermosa como siempre. Hacia solo unos momentos las enfermeras lo habían dejado verla. Y casi se muere con la imagen que tenia frente a sus ojos.
Su piel ya no tenía color, estaba tan fría como el hielo. Sentía ganas de quitarse la vida allí mismo.
Las lágrimas comenzaron a caer por su pálida piel, no podía ser cierto. No ella. No sin haberle podido explicar cuanto la quería, cuan importante era en su vida. Solo por ella encontraba fuerzas cada día para levantarse. Solo su sonrisa podía darle ánimos para continuar cuando el decrépito del Lord decidía torturarlo para divertirse. Solo por ella su vida tenía sentido. En todos sus años de vida, jamás imaginó que podría encontrar a alguien tan especial. Lily, su hermosa Lily, siempre la recordaba, ella le había dado los mejores años de su vida y a pesar de lo que había sucedido entre ellos, jamás había dejado de amarla. Hasta que apareció ella. Con su radiante sonrisa, sus ojos color miel que lograban dejarlo sin habla, su simpatía y dulzura, y sobre todo esa inteligencia que tanto la caracterizaba, ella solo con existir, había logrado darle un vuelco a su mundo. Por una vez la vida había decidido darle una segunda oportunidad para amar y ahora tan cruelmente le arrebataba esa esperanza dejándolo en la nada misma. ¿Cómo podía el universo ser tan cruel con él? No merecía acaso, una oportunidad para ser feliz. Ni siquiera pretendía ser correspondido, no claro que no. Sabía que tenía muchas cosas en su contra como para lograr algo con ella. Pero, solo con verla viva y feliz, era suficiente para él. No era justo que ahora el destino se ensañara en su contra de esa manera. Y menos era justo para ella. Tan joven y hermosa y con un enorme futuro por delante. Claro que no era justo.
Tomó sus manos y las acurruco en las suyas. Sentía una opresión en el pecho y sabia que no resistiría mas, no podía verla así. Beso su frente y salió azotando la puerta. Regresó al castillo y se encerró en su despacho.
Sacó de un cajón de su escritorio una botella de whiskey de fuego y bebió como si no hubiera un mañana. Como si ya nada importara. Para el su vida había terminado esa tarde. Sabía que no había esperanzas. Sabía que estaba perdido.
Flashback
-¿Cómo se encuentra Mcgregor?- Le pregunto Minerva a un medimago que salía de la habitación de la pequeña.
-Lo siento Minerva- Dijo tristemente el medimago.
-¿Qué le ocurre a nuestra pequeña?- Exigió saber Jane Granger junto a su preocupado marido.
-Lo que ocurre señores, no lo habíamos visto en mucho tiempo- comenzó a explicar Mcgregor pero fue interrumpido por un exaltado profesor.
-¿Qué demonios quiere decir con eso?- Preguntó con toda la ira que le era posible.
-Lo que ocurre señores, es que ella ha entrado en una especie de trance, normalmente, con una poción revitalizante podemos hacer que despierten, luego de un par de horas, aquellos que entran en el mundo de la inconsciencia. Pero este caso es muy peculiar, tratamos con muchas pociones pero aun no conseguimos que despierte. Es como si su fuerza se desvaneciera a cada segundo que pasa. No entendemos que sucede, su cuerpo cada vez pierde la energía que necesita y las pociones pierden efecto. Quizás tenga que ver con que no estaba del todo recuperada de las fuertes lesiones que sufrió anteriormente, sin mencionar que una maldición está presente en su cuerpo. Por eso no funcionan la mayoría de las pociones para hacerla despertar. Aun estamos tratando de averiguar de qué maldición se trata, pero nos está costando bastante puesto que esta esparcida por todo su sistema. Solo pudimos deducir que se trata de magia oscura muy antigua-.
Luego de la explicación, el silencio reino en la sala de espera. Nadie podía creer lo que el medimago les estaba diciendo. Sus padres se desplomaron en los asientos mientras pesadas lágrimas caían en sus rostros llenos de preocupación y miedo. Minerva al igual que Dumbledore y los miembros de la Orden del fénix presentes, solo se limitaron a mirarse entre ellos tristemente. Los Weasley que estaban allí, lamentaban profundamente esa situación, ya que en parte, era culpa de su hijo que Hermione estuviera así.
Pero sin duda lo que más sorprendió a todos, fue la reacción de Snape. Le exigió al medimago con su peor genio que dejara verla. Claro que conociendo su reputación, el medimago no puso objeciones.
Al entrar sintió como su vida se le iba en cada respiración, en cada paso que daba hacia su pequeña.
-Mi hermosa Hermione- Murmuró mientras tomaba sus pequeñas y frías manos como si del oro más valioso del mundo se tratase.
-Mírate como te han dejado mi amor- le susurraba cerca de su oído- Por favor Hermione no me dejes preciosa. Despierta mi amor, no puedes dejarme. No puedes morir pequeña. Te necesito a ti para vivir, para ser un poco más feliz. Solo con tu sonrisa e inocencia mi vida es menos desgraciada. No puedo vivir sin ti, mi hermoso sol. Haces que cada día la vida tenga sentido para mí. Antes solo me mantenía con vida saldar mis deudas con la mujer que ame, pero desde que me percate de ti hermosa niña, mi vida tomo sentido. Mi corazón volvió a latir, encontré en ti las fuerzas que necesito para vivir. No puedes irte así como así. No me abandones por favor mi amor.- No pudo continuar ya que las lágrimas le caían por sus mejillas, imposibles de contenerse por el dolor que lo azotaba en esos momentos.
Estaba furioso, todo era su culpa, si no la hubiera puesto con Weasley ella no estaría así. Si tan solo hubiera planeado otra clase para ese día, todo hubiera sido distinto. Se maldijo a sí mismo por ser tan idiota. Era la segunda vez que perdería a su amor, por una maldita estupidez.
No podía soportarlo, verla así le destrozaba cada parte de su cuerpo, de su alma y de su corazón. No podía verla morir, no lo iba a permitir. ¿Pero qué podía hacer él? Ya era demasiado tarde. Ninguna poción podía salvarla. Solo dependía de ella, y sus ganas de vivir. Parecía que todo carecía de sentido en esos momentos. No le importaba que sus padres o el resto de la orden estuvieran allí. El solo quería verla, abrazarla. Hacerla sentir que alguien la amaba tanto que le era imposible dejarla ir.
La observó por unos momentos. Sus ojos cerrados, su piel pálida, sus mejillas siempre sonrosadas ahora estaban sin color, su cuerpo casi sin vida yacía sobre esa camilla. No podía seguir allí, no podía verla morir.
Le dio un suave beso en la frente y colocó sus manos a los costados de su cuerpo. Le susurro un te amo, y se fue azotando la puerta.
Fin del flashback.
Un gran rayo de luz le daba de lleno en la cara. Se movió un poco pero aun continuaba sintiendo una molestia debido a la luz del sol. ¿Del sol? Con mucho cuidado abrió sus ojos, lentamente. Le dolía cada parte de su cuerpo. Sabía que después de ese golpe tan fuerte, le quedarían secuelas. Juró vengarse de Ron apenas se recuperara.
Se incorporó y observó a su alrededor. Le extrañó despertarse en la cama de su habitación de la sala común. Tomó su reloj y casi se desmaya de vuelta. Eran las 10 am. Si estaba en su habitación, las heridas no debían de haber resultado tan graves, pensó.
Se levanto con cuidado, pues aun estaba adolorida. A decir verdad, no recordaba cómo había llegado allí. Esperaba que Harry se lo dijera, o tal vez la profesora Mcgonagall. No llego a suponer mas nada puesto que la puerta de su dormitorio se abrió y por ella entro la enfermera.
-Qué bueno que has despertado- Dijo no muy contenta- Tomate esta poción- Le ordenó mientras le acercaba un vaso con un liquido de color verde de apariencia bastante asquerosa- Te ayudara a que el dolor desaparezca. SI te preguntas como llegaste aquí, pues veras, estuviste inconsciente tres días en San Mungo hasta que los medimagos lograron despertarte. Dijeron que lo más probable es que no recordaras nada, pero ese no es nuestro problema ahora. Deberás tomarte esta poción cada diez horas y ya que has despertado, podrás asistir a clase de transformaciones, Minerva te está esperando- Y sin decir más nada abandono la habitación.
Hermione estaba un poco sorprendida por la actitud de la enfermera, siempre había sido bastante gruñona, pero jamás le había oído hablarle así a alguien. Apartando esos pensamientos de su mente, decidió alistarse para asistir a su clase y por fin volver a ver a sus amigos.
Cuando llegó, nada de lo que ocurrió fue lo esperado por la pequeña castaña. Al contrario de siempre, su profesora la recibió con un "Llega tarde Granger" que dejo helada a Hermione.
-Si ya se encuentra bien, por favor tome asiento y no me haga retrasar más la clase- Podría decirse que casi gruñó Minerva.
-Claro profesora, disculpe- Murmuro avergonzada la castaña mientras tomaba asiento al lado de Harry y Ron.
Les saludó a ambos muy alegre pero al ver que ambos la ignoraban se encogió en su asiento. No entendía que ocurría. ¿Acaso había hecho algo para que de repente sus amigos la odiaran o para que la trataran así?
Al finalizar la clase, tanto Harry como Ron por fin la miraron.
-¿Qué tal te encuentras?- Le pregunto fríamente Harry.
-Mucho mejor, gracias- Respondió con ánimo.
-Que bueno entonces- Y sin decir más se fueron dejándola allí sola.
-Que espera Granger, salga de salón o se perderá el almuerzo- Le exigió duramente la profesora.
Hermione no respondió, salió corriendo tan rápido como podía. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas. No entendía nada. ¿Qué podía haber sucedido para que todos la odiaran?
Corrió hasta el lago y se sentó sobre una roca. Sintió un Déjà vu. Un ruido de pisadas la hizo girarse, y allí lo vio. Tan impresionante como siempre. Con esa aura de peligro que tanto intimidaba a todos.
-Señorita Granger, que gusto verla- Dijo con esa voz tan sedosa que la hacía estremecerse- Veo que se ha recuperado con éxito, ojala siga bien. Si me disculpa debo volver a mis obligaciones- Y sin dejarla responder se marcho.
Qué extraño era todo, pensaba. Todos se mostraban enojados con ella, pero Snape no. Estaba muy confundida. ¿Estaría soñando acaso?
La tarde paso rápido. Asistió a todas sus clases, y en todas se sintió mal. No había una persona en el castillo que no la mirara con odio o desprecio. De los Slytherins lo entendía a la perfección puesto que jamás la habían tratado bien. Pero sus amigos de Gryffindor le dirigían miradas hostiles y se negaban a hablar con ella. Incluso chicos de Hufflepuff con los que ella solía llevarse muy bien, la miraban con resentimiento.
Lo peor sin duda, había tenido lugar en la cena. Apenas se sentó en su acostumbrado lugar junto a Harry y Ron, sintió algo pegajoso en el asiento. Trato de levantarse pero no podía. Miro desesperada a su alrededor y se dio cuenta de que todos se reían de ella. No podía soportarlo, las lágrimas acudieron a sus ojos mientras trataba de despegarse, sin éxito. Tomo su varita y tras varios hechizos, consiguió levantarse y salir corriendo, para ese tiempo que lo consiguió, había visto reír hasta a sus profesores.
Dos horas había pasado llorando junto al lago. Ya se estaba poniendo frío cuando decidió volver a la sala común. Cuando entro, todos sus compañeros la estaban esperando. Todos comenzaron a reírse mientras la señalaban, Hermione trato de huir pero sus amigos le cerraron el paso.
-Alto ahí Hermione, o deberíamos llamarte sucia traidora- Le espetó Ronald mientras Harry asentía a su lado.
-Nos has decepcionado Hermione, por culpa tuya Ron está castigado y Draco y sus amigos lo están pasando muy mal. Todo es tu culpa. Eres una insufrible sabelotodo. Deberías haber ido a Ravenclaw- Le dijo Harry tan despectivamente que los ojos de la castaña comenzaron a nublarse.
-¿Pero qué he hecho chicos? ¿Por qué me tratan así?- Respondió con la voz quebrada.
-Eres una traidora sabelotodo culpable de los castigos de Ronald y Draco y su grupo, ¿te parece poco eso?- Le gritó Lavender mientras abrazaba a Ron y le besaba la mejilla- Además has tratado de robarme a mi won-won y eso es imperdonable ¿No mi amor?-
-Exacto mi hermosa Lav-Lav- Le respondió Ron besándola apasionadamente.
-Esas cosas no se le hacen a los amigos Hermione, en lo que a nosotros respecta, eres invisible. Ya no te hablaremos. Eres despreciable- Termino de decirle quien ella consideraba su mejor amigo en el mundo.
-¡Harry no!- Exclamó- ¡Chicos esperen! Ginny, GINNY POR FAVOR ESPERA-
-No Hermione, ya aléjate de nosotros, a ver si todavía tratas de robarme a Harry. Te odio-
La castaña ya no podía soportarlo más, calló arrodillada mientras mares de lágrimas resbalaban por su rostro. No quería vivir más. No entendía porque todos se comportaban así. La mataba la indiferencia de sus amigos hacia ella. Pensó que todo estaba perdido hasta que lo oyó.
Era tan solo un susurro. Oía a alguien llamándola. Diciéndole cuanto la amaba. Que era su razón de vivir. Al principio no sabía de dónde provenía esa melodiosa voz, pero por alguna razón, dejo que su cuerpo se relajara mientras lo oía. Sabía que le recordaba a alguien, pero no sabía a quién. Había algo muy familiar en ese sonido, pero le era imposible pensar.
De pronto sintió que unas manos le sujetaban su rostro limpiándole las lágrimas. Abrió sus ojos y lo que vio la dejo helada. En frente suyo estaba el. Pero ¿cómo? Se pregunto. No pudo seguir pensando puesto que el hombre la sujeto por los brazos y la levantó. Un cosquilleo se extendió por todo su cuerpo al sentir sus manos rozando su piel. No podía entender nada, parecía como si su cerebro se hubiera desconectado. Sentía su corazón latir tan fuerte que por momentos, temió que se le saliera del pecho.
-Te amo Hermione- Le susurro en su oído haciendo que una corriente se extendiera por todo su cuerpo estremeciéndola.
- Severus- Susurro ella.
-Por favor Hermione, no me dejes, te necesito pequeña. Eres todo lo que necesito para ser feliz. Por favor despierta- Le suplicó.
-Severus yo… Un momento, ¿has dicho despierta?-
-Despierta mi amor, no me abandones Hermione. Despierta. DESPIERTA…
Todo se volvió oscuro y comenzó a girar a su alrededor. Sintió como un golpe tremendo la atravesaba. De pronto oyó gritos y después todo se volvió confuso.
De a poco recobro la conciencia. Comenzó a mover sus dedos. Poco a poco los dolores de su cuerpo comenzaron a hacerse más y más fuertes.
Trato de mover su cabeza pero eso solo le produjo un dolor desgarrador. Un pequeño gemido se escapó de sus labios.
Instantáneamente sintió un par de manos posarse en su frente, y luego todo el dolor desapareció. Lentamente abrió sus ojos. Veía sombras borrosas. Cuando al fin su vista mejoro, pudo observar a dos medimagos, supuso por sus atuendos, que la miraban como esperando una respuesta de ella.
No pudo observar mas nada puesto que la puerta se abrió de par en par y allí lo vio. Con su capa negra, unas grandes ojeras que demostraban que no había dormido por días. Bastante pálido y con una mirada llena de ¿Preocupación?
Continuara…
