Holas! Yo de nuevo trayendo un capítulo traducido después de como dos meses (otra vez).
El fic es "Auf wiedersehen, sweetheart" de George DeValier. Aquí el link: ( ) (www.) ( ) (/s/6565449/1/) (Auf_Wiedersehen) (_bSweetheart_b) La autora encargada de la traducción de los primeros capítulos es shoujolovesUSUK. Aquí el link: ( ) (www.) ( ) (/s/7156596/1/) (Auf_wiedersehen) (_bsweetheart_b).
Advertencias: Universo Alterno, nombres humanos y demasiadas emociones…
Disclaimer: Hetalia le pertenece a su respectivo autor que es Himayura Hidekaz sensei y el fic a su autor George DeValier.
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Feliciano sabía, en algún lugar de su mente afectada por el dolor, que debía levantarse. Debía levantarse de donde estaba arrodillado sobre el suelo húmedo, debía irse a casa, debía decirles a su hermano y a su abuelo que los había traicionado. Debía ir y encarar su destino. Feliciano sabía que debía levantarse –pero le era imposible moverse, la lluvia, el dolor y el mundo entero que lo aplastaba. Le era imposible moverse cuando lo único que deseaba era echarse en el frío, en el torrencial aguacero hasta que no sintiera nada en absoluto.
Un estruendo masivo de truenos desgarró el cielo, pero Feliciano no se asustó. En cambio, sonrió para sí mismo al recorder la amenaza de Lovino. El trueno se oía como el disparo de un arma. Finalmente, Feliciano se forzó a ponerse de pie, sacudiéndose la lluvia y las lágrimas de sus ojos. No podía hacer las cosas bien de Nuevo. No podía deshacer lo que había hecho. Pero podía hacerle frente a las consecuencias.
Las luces se encendían delante mientras Feliciano caminaba por el estrecho camino hacia su casa. No podía ponerse a corre. Todavía estaba mareado, todavía adormecido. Había destruido todo en lo que la Resistencia había trabajado, todo por lo que ellos habían arriesgado y perdido sus vidas, Había puesto a Lovino, y al abuelo y a Antonio, las personas más queridas para él, en serio peligro. Por él los alemanes sabían del aterrizaje, por su culpa todo el plan estaba arruinado. Pero nada de eso tenía por qué importarle. Ludwig pensaba que él era un enemigo que ha estado trabajando en su contra. Ludwig lo odiaba. Feliciano tropezó en el camino y casi cayó. El viento y la lluvia lo cegaron. Pero no le importaba. No volvería ver a Ludwig de Nuevo. Nada le importaba más. Todo lo que podía hacer era confesar lo que había hecho, y aceptar el inevitable resultado.
Feliciano los llamó ni bien cruzaba la puerta del frente. "¿Lovino? ¿Abuelo? Necesito hablarles…" Feliciano se sobresaltó abruptamente. Antonio se alejó de Lovino tan rápidamente que se tropezó con una silla y la rompió, cayendo hacia atrás contra la pared. Lovino prácticamente se cayó de la mesa antes de erguirse, mirando enojado, con la cara roja y la respiración pesada.
"¡Feliciano! Deberías tocar primero…" Lovino parpadeó al dares cuenta de la ropa mojada de Feliciano y su cara llorosa. Su Mirada desapareció rápidamente. "¿Feliciano?"
Enfrentado con la expresión preocupada de su hermano, su ojos sus ojos intranquilos, todo lo de Feliciano derretido a nada. Atravesó corriendo la habitación y rodeó con sus brazos a Lovino. Por sólo un momento, antes de que destruyera todo, antes de que Lovino descubriera lo que había hecho y lo odiara por siempre, Feliciano quería abrazar a su hermano una última vez. Lovino lentamente colocó sus brazos alrededor de Feliciano. "Feli, me estás asustando. ¿Qué pasó?" Feliciano trató de responder pero no podía hablar a través de sus sollozos. Lovino suspiró suavemente. "Fuiste a verlo, ¿No es así? Feliciano solo pudo asentir con la cabeza. Lovino frotó su espalda gentilmente. "Lo siento, Feli. Yo realmente…"
"Lo siento, Lovino." Feliciano susurró, casi inconsientemente, tan suavemente que no estaba seguro si Lovino lo había escuchado. Pero Lovino inmediatamente se congeló en el agarre de Feliciano. Después de un largo, ensordecedor, terrible silencio, Lovino lentamente agarró los hombros de Feliciano y lo alejó todo el largo de sus propios brazos. Se veía terrificado.
"¿Lo sientes? Feliciano podía escuchar el miedo reprimido y la aprensión en la voz de Lovino. "¿Qué es lo que sientes?"
Feliciano rompió el agarre de Lovino de mala gana y se dirigió hacia la mesa que estaba detrás de éste. ¿Cómo se suponía que diría esto? ¿Cómo se suponía que le contara a su hermano que lo había traicionado, traicionado la Resistencia, traicionado su país? Sus ojos saltaron brevemente hacia Antonio, que permanecía en silencio, aún, observándolo con sus ojos preocupados. Feliciano trató de prepararse para romper su mundo en pedazos. Bajó su cabeza y susurró las alabras. "Yo se lo dije."
Silencio. La habitación se hacía pesda con él. Lo estaba acusando, atacándolo. Duró demasiado. Terrificado, Feliciano se obligó a mirar a Lovino. Feliciano habíia visto a su hermano molesto. Era un hecho común, después de todo. Lo había visto hirviendo lívido de ira y blanco de rabia. Y aun así nunca lo había visto como en ese momento. Como si estuviera en el borde mismo de la furia, como si a Lovino le estuviera costando cada gramo de energía el impedir que explotara.
"Se lo dijiste." Feliciano solo asintió. "¿Tienes…la más mínima idea de lo que has hecho?" Las palabras eran bajas y parecían controladas, pero Feliciano lo conocía mejor. Lovino estaba colgando de un hilo.
"Lo siento" Feliciano susurró de nuevo, apoyándose sobre la mesa detrás suyo con sus manos sudorosas.
"Te dejé que vayas donde él, Feliciano." Lovino se veía incapaz de entender, de creer. Sus ojos brillaron salvajemente. "¡Te dejé ir! Yo sabía que lo amabas pero nunca pensé…¡Yo nunca me pensé que podrías traicionarnos! ¡Traicionar tu país, tu sangre! ¡NUNCA! Feliciano se estremeció al oír el grito repentino. La cara de Lovino se retorció en una apenas contenida furia. "¿Sabes cuánto tiempo hemos estado trabajando en esto? ¿Sabía cuántas personas han trabajado para sacar esto a flote? ¡Esta era nuestra oportunidad! Nuestra oportunidad de expulsar a los alemanes. ¡Y tú lo has ARRUINADO TODO!" Justo cuando Lovino parecía a punto de perder el control, Antonio colocó una mano calmadamente en su hombro. Lovino se volteó y pateó la pared, soltando un grito frustrado. Feliciano se estremeció de nuevo, las lágrimas se deslizaban silenciosamente por sus mejillas. Nunca se había sentido tan culpable en toda su vida.
Antonio jaló una silla y empujó a Feliciano gentilmente sobre ella, arrodillándose frente a él. "Lovino me contó sobre tu amigo alemán, Feli." Su voz era amable pero seria.
"Oh." Feliciano casi no se sentía sorprendido. Todavía miraba de reojo a Lovino. "Tú prometiste."
"Yo prometí no contárselo al abuelo…¡Un terrible error, obviamente!." Lovino se veía como si estuviera a punto de patear la pared nuevamente, pero cuando Antonio sacudió su cabeza, Lovino solamente puso su cabeza entre sus manos y se dio la vuelta.
"Está bien, Feli." Antonio fijó una intensa mirada en los ojos de Feliciano. No podía creerse capaz de apartar la Mirada. "En primer lugar, dime lo que hacías con este soldado alemán."
"Él es un piloto." Felciano dijo suavemente.
"Todo bien, este piloto. ¿Qué ha…alguna vez…?" Antonio se rascó la cabeza, se veía incómodo y vacilante. "¿Qué hacían…juntos? ¿Exactamente?"
"Bien, hablábamos. Y caminábamos Y me estaba enseñando a hablar alemán, pero no soy muy bueno aprendiéndolo, no tan bueno como él aprendiendo italiano, solamente que él pronuncia las palabras demasiado fuerte. Y recogíamos flores y nos reíamos y cantábamos. Bueno, yo lo hacía. Oh, y el otro día jugamos fútbol. Yo gané." Feliciano sonrió tristemente y trató de no quebrarse en pedazos al pensar en todas las cosas que no volvería a hacer con Ludwig otra vez.
"¿Y eso es todo? ¿Por completo? ¿Él solo te hablaba?"
Felciano no estaba seguro de lo que Antonio pensaba que diría. "¿Qué más podríamos hacer?"
"Nada." Antonio respondió rápidamente. "Bien, correcto. Ahora, esta mañana." Feliciano hizo una mueca al ver que la realidad volvía a él nuevamente. "¿Qué es lo que exactamente le dijiste?"
Feliciano se sentía avergonzado y apenado al responder. "Lo siento. Yo le conté sobre el aterrizaje de los americanos para mañana. Sobre el ataque durante la reunión. Y él…él…él sabe que soy de la Resistencia."
Antonio cerró sus ojos brevemente. Feliciano casi podía ver todo derrumbándose lejos de él. Una punzante vergüenza royó sus entrañas. "Todo bien, bien, ¿Y él sabe sobre nuestro punto de reunión en la cantina?
"No, nunca lo mencioné."
"¿Sabe dónde vives?"
"No exactamente."
Antonio asintió y tomó un hondo respire. "Feliciano, esto es muy importante." Casi se veía asustado de hacer la pregunta. "¿Alguna vez le dijiste al alemán tu apellido?"
Feliciano bajó su cabeza. Él sabía que su respuesta no era la que Antonio quería oír. "Sí." Los hombros de Antonio se pusieron rígidos y su voz aumentaba en intensidad. "¿Él sabe que Lovi…me refiero, él sabe que tienes un hermano? ¿Y un abuelo? ¿Conoce sus nombres?"
Feliciano respondió en una voz muy baja. "Sí. Pero no importa, porque no les va a hacer ningún daño…"
"Lovino, tenemos que sacarte del pueblo." La voz de Antonio se volvía desesperada mientas se ponía de pie.
Lovino sacudió su cabeza, mirando a Feliciano. Su enojo parecía haber disminuido levemente, pero aún parecía que iba a estallar en cualquier momento. "No, no puedo irme. ¿A dónde podría dirigirme? Además, si este alemán es lo que Feliciano dice que es, no estamos en ningún peligro. Y si no lo es…bien, dejemos a ese bastardo intentarlo y que venga hasta nosotros."
Antonio rió, aunque sonó algo histérico. "Lovino, escúchame. Este no es momento de ser valiente. "¿Sabes lo que los alemanes le hacen a los miembros de la resistencia? Tienes que alejarte, ahora, ¡Los dos!"
"¿Qué piensas, Feliciano?" Lovino levantó su mentón desafiante, amenazante. "Tu alemán, ¿Nos arrestará? ¿Debemos corer? Tú dijiste que era un buen hombre. ¿Pero cuánto confías en él?"
"Yo confío en él." Feliciano sabía que era cierto mientras lo decía. Después de todo, Feliciano aún creía que Ludwig era un buen hombre. "Él no va a arrestarnos. Lo juro."
Antonio cogió a Lovino de los brazos y lo obligó a que lo mirara. "Lovino, por favor, ¿Qué es lo que te harían…? Se detuvo, se estremeció y jaló a Lovino más cerca. "Tú no entiendes, yo lo he visto, y yo moriría mil veces si te hacen eso a ti. Tienes que irte. No podemos arriesgarnos."
"Feliciano parece creer que sí debemos."
Los ojos de Lovino se iluminaron en los suyos y Feliciano se dio cuenta. Si estaba equivocado-si Ludwig informaba a su unidad de las afiliaciones de Feliciano con la resistencia, si Lovino y el abuelo Roma eran arrestados y torturados y ejecutados-sería su culpa. Pero Ludwig no haría eso. A pesar de que creyera que Feliciano era su enemigo, a pesar de que creyera que había estado usándolo por información, a pesar de que odiara a Feliciano por ello. Feliciano conocía a Ludwig. Y Ludwig nunca delataría a nadie ante la Gestapo. "Créanme." Dijo de manera definitive. "Ludwig no nos arrestará."
Antonio hizo una pausa de repente. Volteó su cabeza despacio y miró a Feliciano con curiosidad. "¿Dijiste que tu alemán era un piloto?"
"Sí."
"¿Y que se llamaba Ludwig?"
Feliciano asintió, sorprendido por el peculiar tono de Antonio. "Sí, eso es cierto."
Las cejas de Antonio se unieron. "¿Cuál es su apellido?"
Feliciano pensó brevemente en no responder. Pero ello no podía hacer más daño.-Ludwig estaba en esa lista de todas maneras. "Beilschmidt, Ludwig Beilschmidt. Él es un teniente."
La boca de Antonio se abrió enorme. Se veía asombrado, totalmente desconcertado, luego extrañamente divertido. Eventualmente dejó escapar un hondo suspiro para luego estallar en risas. Feliciano parpadeó confundido por unos momento antes de ver a Lovino, quien acaba de sacudir su cabeza hacia Antonio".
"Estás loco, bastardo."
Antonio continuó riéndose, con un alivio evidente en su rostro, en sus ojos brillantes. Se agarraba el estómago. "Necesito sentarme." Jadeó. Casi colapsó en la silla, con la cara blanca y los ojos abiertos y levemente conmocionados.
"Estás loco, loco y bastardo." Dijo Lovino nuevamente. "¿Finalmente se te zafó un tornillo?
"No estás en ningún peligro." Antonio luchó por ganar control contra su risa. Jadeó por respirar una cuantas veces, luego sacudió su cabeza y se secó los ojos. Todavía se veía un poco desconcertado, pero seguro y casi calmado. "Los alemanes estarán preparados para el aterrizaje; sin embargo. Y no tenemos forma de advertirles a los americanos tan tarde."
"¿Qué es lo que eso significa?" Feliciano preguntó suavemente, todavía confundido y levemente asombrado por la extraña reacción de Antonio.
"Eso significa que las cosas se van a poner algo desordenadas." Antonio suspiró y pasó su mano por su frente. "Y significa que le tendremos que contar a tu abuelo."
Feliciano sintió su sangre correr por su cara. Se agarró el estómago, asustado de estar enfermo. "¿Qué…qué es lo que exactamente le vas a decir?" Feliciano trató de no entrar en pánico.
"Trataré de dejar algunas cosas de lado. Pero él tiene que saber sobre esto, Feli."
La sangre de Feliciano corría fría. "Él me va a matar."
"No, no lo hará" Antonio sonrió amablemente, y Feliciano estaba sorprendido de cuánto eso dolía. Él no merecía esa sonrisa.
"Bien, él debería. Yo lo traicioné. Yo los traicioné a todo. Yo sólo soy un traidor, yo merezco ser abatido, tú lo dijiste Lovino, tú me dijiste que me matarías si traicionaba a Italia. Házlo por favor, hazlo porque ¡Nada queda para mí ahora!" Feliciano se tragó un sollozo. La culpa lo inundó otra vez. ¿Cuántas personas morirían por su culpa? ¿Qué había hecho al advertir a Ludwig, al advertir a los alemanes? ¿Qué es lo que el abuelo Roma pensaría, qué es lo que haría? Y de nuevo Feliciano pensó en lo que eso podría importarle. Nada de eso le importaba. Porque Ludwig se había ido Para siempre. Feliciano no podia seguir aguantando sus sollozos. Se paró, pateando la silla que tenía detrás al hacerlo. Apretó sus puños, armándose de valor. "Por favor, Lovino." Por favor, solo mátame."
Lovino dio unos pasos tratando de acercarse a él y or un breve Segundo el corazón de Feliciano saltó terrificado hacia su garganta. Pero Lovino sólo sacudió su cabeza, su expresión se suavizó, y lágrimas aparecieron en sus ojos. "No seas estúpido, Feli." Luego tiró a Feliciano fuertemente entre sus brazos. "Como si alguna vez pudiera hacerlo."
Feliciano se colgó de Lovino y lloró. Porque su hermano lo amaba sin importar lo que pasara. Por la gente que sería lastimada debido a su traición. Porque no se atrevía a pensar lo que el abuelo Roma haría cuando lo escuchara. Y porque, después de todo, Feliciano no se arrepentía de haberle dicho lo que le dijo a Ludwig.
Feliciano se sentó en cuclillas contra la pared de su cuarto. Hacía una mueca en cada grito, cada golpe, cada ruido sordo desde la cocina donde Antonio hablaba con el abuelo Roma. Feliciano no sabía qué hacer. No había nada que pudiera hacer. Se rodeó a sí mismo con sus brazos y eventualmente se concentraba en respirar. El alboroto y el griterío parecía durar para siempre. No fue hasta después de un buen rato que finalmente se detuvo y Feliciano pudo moverse. Lentamente se puso de pie y con cuidado, vacilante, se dirigió hacia el pasillo. Se paró al entrar al cuarto de enfrente. Lovino estaba parado en la puerta abierta del frente, mirando hacia el sendero, al oscuro cielo de la tarde, destilando y repleto de luz. A Feliciano le tomó un par de segundos darse cuenta que Lovino estaba llorando.
"¿Lovino? ¿Antonio se ha ido?
Lovino se sobresaltó y volteó al escuchar la voz de Feliciano. Se secó los ojos apresurado, luego se encongió de hombros y se rió extrañamente. "Soy un cobarde, Feliciano."
Feliciano también se encongió y le sonrió cautelosamente de vuelta. "Sin miedo, no puede haber valentía. Ludwig me dijo eso."
Lovino hizo una pausa, luego miró de Feliciano hacia el camino afuera. "Sólo porque te amo no signfica que te he perdonado, Feli."
"Lo sé."
"Realmente arriesgaste todo por este alemán. ¿No es así?"
"No tenía otra opción. Yo lo amo."
Lovino asintió, cerrando sus fuertemente sus ojos, decidido. "Yo creo que necesito…" Dejó escapar un hondo suspiro. Parecía haber tomado una decisión. "Me tengo que ir." Lovino corrió bajo la lluvia sin mirar hacia atrás ni una sola vez.
Feliciano lo vio marcharse, una extraña sensación de felicidad rota y una desconocida envidia peleaban en su pecho. Y al mismo tiempo sentía una inquietude creciendo en su estómago. Miró vagamente hacia la puerta de la cocina. Lovino no lo había matado. El abuelo Roma no lo mataría. Pero Feliciano nunca había estado tan asustado de su abuelo en toda su vida. A pesar de todo, se forzó a ir hacia la cocina, abrir la puerta con lentitud y sus manos temblando.
"¿Abuelo?"
Roma estaba sentado en la mesa de la cocina, de espaldas a Feliciano. Él no respondió.
"¿Abuelo?" Feliciano preguntó, suplicante. Roma levantó la mano para tranquilizarlo, pero no se dio la vuelta.
"Ahora no."
"Abuelo, por favor…por favor di algo." Por favor, di que todo está bien. Feliciano quería suplicar. Quería suplicarle a su abuelo que lo abrazara y le cantara y alejara a los monstruos muy lejos, en la manera que lo hacía cuando Feliciano era pequeño y estaba perdido y asustado, en el pasado cuando el abuelo Roma era más fuerte que cualquier cosa en todo el mundo y sabía cómo hacer que todo en el mundo se arreglara.
"¿Quieres que diga algo?" La voz de Roma se oía como Feliciano nunca la había oído. No estaba enojada, ni triste ni decepcionada. Solo plana y vacía. "Bien, diré algo Feliciano. Hoy día, por primera vez en mi vida, me alegro de que mi hija esté muerta. Porque si ella pudiera ver en lo que su hijo se ha convertido, se moriría de la vergüenza."
Feliciano se tambaleó como si le hubieran dado una bofetada. Su corazón se le congeló en el pecho. Se sintió sacudido, débil, como si su sangre había sido drenada. No podia respirar de la conmoción por el hecho de que su abuelo le hubiera dicho algo como eso. Era demasiado. De repente era demasiado. Ludwig lo odiaba. Lovino nunca lo perdonaría. Y ahora la única persona en el mundo que él pensaba que siempre lo amaría y lo protegería de todo le acababa de arrancar el corazón. Feliciano se sintió acusado, culpable, avergonzado, odiado. No podia seguir soportándolo. Casi ni se dio cuenta cuando Roma comenzó a darse la vuelta.
"Espera, por favor, Feli, yo no…"
Feliciano lo ignore. Hizo lo único que pudo pensar que podia hacer. Salió corriendo de la cocina, de la casa, directo hacia afuera en la tormenta.
Continuará…
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Espero que les haya gustado…no me responsabilizo por las lágrimas vertidas, desmayos y otras cosas ocasionadas por el fic…cualquier error me avisan, me he preocupado en hacerlo lo más exacto posible…..me gustaría saberlo así que espero sus reviews…–realmente los espero, además de que así me hacen saber lo que les gusta y lo que no…Siemp[re serán bienvenidos!..Gracias por leer…!
Se acepta de todo: críticas, consejos, opiniones, maleteadas, dinero (de preferencia en dólare$), confesiones de amor (o de odio)..lo que sea menos insultos y amenazas de bomba o parecidos….
Saludos!...
