Holas! Yo de nuevo trayendo un capítulo traducido.

El fic es "Auf wiedersehen, sweetheart" de George DeValier. Aquí el link: ( ) (www.) ( ) (/s/6565449/1/) (Auf_Wiedersehen) (_bSweetheart_b) La autora encargada de la traducción de los primeros capítulos es shoujolovesUSUK. Aquí el link: ( ) (www.) ( ) (/s/7156596/1/) (Auf_wiedersehen) (_bsweetheart_b).

Advertencias: Universo Alterno, nombres humanos y demasiadas emociones…

Disclaimer: Hetalia le pertenece a su respectivo autor que es Himayura Hidekaz sensei y el fic a su autor George DeValier.

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Feliciano no estaba seguro de qué era lo que lo había despertado. Pudo haber sido un simple rayo de luz del amanecer que se cruzó por sus ojos, o el poco familiar crujido de las vigas de madera, o el repentino frío que se deslizaba sobre su piel ahora que el fuego se había apagado. Todo lo que supo, inmediatamente, era que Ludwig se había ido. Rodó lentamente hacia el espacio vació a su costado y pasó su mano por este. Feliciano sabía que despertaría de esa manera. Pero aún se sentía vacío, adolorido, frío, como si la mitad suya le hubiese sido arrancada. Reposó su cabeza contra el heno, cerró los ojos, y se aferró al último roce y a la última memoria de Ludwig. Estaba tratando de volverse a dormir cuando escuchó la puerta del granero chirriar al abrirse.

"¿Feliciano?"

Mitad insensible, Feliciano frunció sus cejas confundido. "¿Ludwig?" masculló. Se dio la vuelta lentamente, somnoliento, hacia donde venía la voz, para luego botar todo el sueño de un parpadeo. La fría mañana se apresuró en entrar. "¿Abuelo?" Feliciano miró rápidamente hacia abajo. Oh, gracias a Dios…tenía los pantalones puestos.

"Feli, oh gracias Dios, ¡Gracias Dios!" El abuelo Roma corrió a través del cuarto, se arrodilló y rodeó a Feliciano en un violento abrazo. Después de unos aturdidos, desconcertantes, bastante incómodos momentos, Feliciano palmoteó levemente el hombro de Roma.

"No puedo respirar."

Roma se alejó y Feliciano se atragantó por aire. "Busqué por todos lados." Jadeó Roma. Sus ojos estaban rojos, su cabello desordenado y despeinado. Se veía exhausto. "Busqué toda la noche, en todos lados, y pensé, estaba casi seguro…Oh, Feli, lo siento tanto." Roma jaló a Feliciano entre sus brazos nuevamente. "Estás bien, ¡Dime que estás bien!"

Feliciano no estaba seguro qué decir. No estaba seguro de cómo debía reaccionar. Pero estaba triste, y estaba herido, y este era su abuelo, quien hacía que todas esas cosas malas se fueran. Feliciano respiró aliviado y se colgó del abuelo Roma, queriendo creer que él podía hacer que todo volviera a estar bien. "Estoy bien, abuelo. Pensé que me odiabas."

"Nunca, Feli. Perdóname por haber dicho semejantes palabras. Perdóname por mi momento de locura. Si no te hubiera encontrado…oh, Dios, si no te hubiera encontrado…" Roma no pudo terminar la oración. Y Feliciano estaba tan cansado de llorar.

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La luz de la mañana se filtraba a través de las ventanas de la cocina, bañando la pequeña habitación en una familiar y dorada luz. La tormenta se había acabado como si nunca hubiera empezado. Feliciano se sentó al frente del abuelo Roma, mirando sus manos sobre la mesa, completamente inseguro de cómo actuar en esta extraña, desconocida situación. Roma no lucía enojado, nada más que amable y preocupado desde que caminaron a casa desde el granero, pero Feliciano sabía que debía estar furioso. Después de lo que Feliciano había hecho al advertir a Ludwig, después de la noche que había pasado lejos y que Roma pasó buscándolo, después de las palabras que Roma le había dicho la tarde anterior- ¿Cómo el abuelo Roma podría no estar molesto?

"¿Qué fue lo que Antonio te dijo? Preguntó Feliciano trémulamente.

"Me dijo que te habías hecho amigo de un piloto alemán. Y que le informaste sobre el aterrizaje de los americanos mañana." Roma sonaba demasiado calmado.

"Lo siento abuelo. Nunca quise que él se lo contara a nadie, yo estaba tratando de impedir que regresara a la base…sólo estaba tratando de salvarlo, eso es todo, yo no estaba tratando de traicionar…"

"Lo sé, Feliciano." Feliciano miró nuevamente hacia la mesa y esperó que Roma continuara. No lo hizo.

"¿Lo arruiné todo?"

"Hemos tenido que cambiar los planes. Con optimismo…las cosas saldrán bien." Feliciano asintió, dándose cuenta que Roma no le iba a contar nada más que eso. Feliciano se preguntaba cuánto se le permitiría saber de ahora en adelante. "Este alemán es más que un amigo. ¿No?"

La pregunta cogió a Feliciano desprotegido. Su estómago se heló. Tragó saliva pesadamente y levanto la mirada lentamente, con los ojos muy abiertos y asustados. Pero Roma todavía no se veía molesto.

"Lo supuse. Debe significar mucho para ti como para que hayas arriesgado tanto." Feliciano asintió inciertamente. Un pesado silencio se produjo y de nuevo Feliciano esperó, inseguro de qué esperar, inseguro de qué hacer. Roma finalmente tomó un hondo respiro y sonrió nostálgico.

"Sabes, Feliciano, tu abuela era la mujer más hermosa que he conocido en este mundo. Piel de oliva, gruesos rizos negros, los más adorables ojos oscuros que he visto alguna vez. En el instante que posé mis ojos sobre ella, supe que no volvería amar a otra. Caminé directo a ella, tomé su mano y le propuse matrimonio."

La inquietud de Feliciano fue rápidamente olvidada. Había pasado un largo tiempo desde que el abuelo Roma había hablado del pasado, y siempre había contado las mejores historias. Feliciano se animó levemente y se sentó erguido. Guau, ¿Y dijo que si?"

"No, no. Me golpeó." Roma sonrió y Feliciano se rio. "Pero juré nunca darme por vencido. Me tomó un mes. Un mes, ¿Puedes creerlo? Pude haber tenido a cualquier mujer en Italia en un Segundo. Pero estas griegas egoístas. Ella…me tomó un mes."

"¿Y ella se enamoró de ti?"

"Sí. Mucho." Los ojos de Roma se desenfocaron ligeramente al mirar a Feliciano. "Cuando murió al dar a luz, pensé que moriría con ella." Roma suspiró. "Pero no podía. Tenía a la bebé más Hermosa del mundo por cuidar."

Feliciano sonrió. "Mamá."

"Tu abuela, se parecía mucho a Lovino. Tu madre, en cambio, era más como tú." Los ojos de Roma se iluminaron mientras hablaba. "Siempre dije que ella había nacido con un pincel en la mano. Tan brillante. Y podía cantar como un ángel. Y escribir, y dibujar, y hablarle a cualquiera sobre lo que sea." Feliciano estaba pendiente de cada palabra. El abuelo nunca había hablado tanto sobre la madre de Feliciano. Siempre fue demasiado doloroso. "Ella era la luz de mi vida. Tan feliz, tan alegre…todos los que la conocía la amaban instantáneamente." La expresión de Roma se oscureció, sus ojos se endurecieron. "Incluyéndolo a él."

"Mi padre." Feliciano no sabía casi nada sobre su padre. El abuelo Roma no hablaba de él."

"Le supliqué que no se fuera con él. Ella era demasiado joven. Pero no me escuchó. Grité, maldije. Y fue la última vez que la vi." Feliciano podía ver el dolor y el arrepentimiento todavía fresco en los ojos de Roma. "No era mayor que tú, Feliciano. No era mayor que tú cuando él la abandonó y ella no pudo vivir con ese dolor. Cuando me trajeron la noticia…" Roma se estremeció y cerró sus ojos. Feliciano desvió su Mirada por unos momentos, el pecho pesado. Roma exhale y continuó. "Cuando me trajeron las noticias, por segunda vez en mi vida, consideré la muerte. Pero de nuevo, no tenía opción. Porque de repente me dejaron con dos pequeños, perfectos bebés, mis nietos, que no tenía a nadie más que a mí en el mundo." Roma sonrió de nuevo, suavemente, reflexivo "Sé que probablemente no siempre hice lo mejor con ustedes, pero traté. Quizás siempre los sobreprotegí-quizás todavía lo hago. Pero es porque siempre he sabido que mi corazón no soportaría ser destrozado una tercera vez."

Roma de repente se veía Viejo, y cansado y derrotado. Cuando Feliciano era niño, el abuelo Roma era tan grande, tan seguro. Podía ahuyentar a los monstruos y calmar las pesadillas y proteger a Feliciano de cualquier cosa. Podía hacer que todo fuera mejor. Pero luego el mundo cambió y los monstruos se volvieron realidad. Feliciano creció y ahora sabía que no era possible para el abuelo Roma el protegerlo de todo, y que nadie podía hacer que todo fuera mejor. Era algo difícil de aceptar.

"Abuelo, yo no soy mi mama. Tampoco lo es Lovino. Sólo porque ella se enamoró y se fue no significa que vamos a hacer lo mismo. Era obvio en ese momento cuál era el verdadero problema que el abuelo Roma tenía con Antonio. Y cuánto Feliciano lo heriría si algún día huía a Suiza. Feliciano se sintió culpable al pensar que eso sería suficiente para detenerlo. Pero… "Existen algunas cosas de las que no puedes protegernos, abuelo. Y no puedes evitar que nos enamoremos."

"Feli, ¿Cuándo fue que creciste tanto?" Roma suspiró y luego sacudió su cabeza al mirar a Feliciano. "No los entiendo, chicos. Cuando tenía tu edad yo tenía siete novias." Sonrió, y por un momento sus ojos brillaron nuevamente. "Una para cada noche de la semana." Feliciano rio, y Roma se puso de pie lentamente y se dirigió a la puerta del frente. Por primera vez que Feliciano pudiera recordar, se veía como de su edad. "Anda a dormir, Feliciano."

Por segunda vez en el día, Feliciano no estaba seguro de que era lo que lo había despertado. Al principio pensó que fueron las masivas explosiones que se escuchaban demasiado cerca, o el bajo y continuo rugido de lo que sonaba como un cientos de aviones sobrevolando. Pero luego se dio cuenta que era alguien gritando. Feliciano saltó de la cama y corrió al cuarto de enfrente, su cuerpo reaccionando más rápido que su mente. Cuando llegó al final del pasillo, se tambaleó, con un miedo creciendo inmediatamente en su pecho.

Lovino peleaba desesperado contra el agarre del abuelo Roma, con los ojos muy abiertos, rojos y fijos en la puerta. Una mirada de puro terror, de absoluto pánico estaba grabado en su rostro. No era algo que Feliciano hubiera visto, lo golpeó y tornó helada su sangre. Roma trataba de agarrar a Lovino contra la pared. "Por favor, détente, Lovino, te vas a hacer daño…"

"¡NO! Tenemos que ir, tenemos que ir ahora…" La voz de Lovino estaba desesperada, descontrolada, y se revolvió, histérico, en el agarre de Roma. Feliciano observó, demasiado pasmado como para hablar, un miedo irreal nadó por su mente. El abuelo habló calmado, a pesar de que pareciera que estaba usando toda su fuerza para impedir que Lovino se libere.

"Lovi, Lovi, cálmate, escúchame, por favor…"

"¡Tenemos que ayudarlo!" Lovino dirigió sus ojos a Roma, muy abiertos y suplicantes. Se agarraba, alarmado, de la camisa de Roma. "Por favor, abuelo, por favor, ayúdalo, por favor…"

"Lovino, lo siento, no hay nada que podamos hacer, no hoy día…" Lovino trató de poner suavemente su mano sobre su mejilla, pero soltó un llanto ahogado y la apartó.

"No, ¡NO! Tú no lo entiendes, lo están torturando en este momento, ellos están…oh mi Dios…" Lovino tomó grandes bocanadas de aire, palideciendo. Parecía estar a punto de desmayarse. "Oh mi Dios, no…" Entonces él golpeó frenéticamente, locamente, gritando, en el pecho de Roma. "¡DÉJAME IR!" Lovino casi logró librarse del agarre de Roma, pero logró cogerlo de los brazos y lo estampó contra la pared en el último segundo.

"¿Qué pasó?"

Lovino y Roma Lovino y Roma, ambos se miraron, ante la pregunta silenciosa, temblorosa, dándose cuenta de Feliciano por primera vez. La expresión de Lovino pasó de terrificada a furiosa en un instante. "Tú. ¡Es TU CULPA!"

Feliciano jadeó y dio un paso hacia atrás. Un pesado pánico apretaba su corazón.

"¡Tu inmundo novio alemán!" Lovino escupió la palabra. "Él lo entregó, él debió haber sido, ¿De qué otra manera lo hubieran sabido tan de repente?"

El corazón de Feliciano se congeló en su pecho. El cuarto se volvió oscuro y frío. "¿Es…es Antonio."

"Parece que la Gestapo recibió un chivatazo anoche. Dijo Roma categóricamente. "Capturaron a Antonio temprano esta mañana." Feliciano tragó una ola de nausea. Lovino peleó nuevamente por liberarse del agarre de Roma.

"¿Qué más le dijiste al alemán, Feliciano?" Gritó enojado. ¿Qué le dijiste sobre Antonio?"

"¡No! lloró Feliciano, conmocionado y angustiado. "Nunca le mencioné nada sobre Antonio, nunca, y no pudo haber sido Ludwig de todas formas, no anoche. ¡Es imposible!"

Roma cerró sus ojos y volteó su cabeza, pero Lovino gritó. "¿Por qué?"

"Porque…porque…" Feliciano se clavaron entre Lovino y su hermano. Pero ya no había razón de ocultar la verdad. En ese momento, ya lo sabían de todas formas. "Porque Ludwig estuvo conmigo toda la noche." Un masivo rugido inundó la habitación mientras más aviones sobrevolaban. Los americanos estaban atacando: los alemanes estaban preparados. Una batalla aérea estaba por comenzar.

Lovino sacudió su cabeza, angustiado y desconcertado. Miró desesperadamente de Feliciano a Roma y a la puerta. Estaba visiblemente destrozado. Sus piernas se derrumbaron bajo él y Roma lo ayudó a agacharse suavemente hasta el suelo. "Nunca debí haberme ido." Lovino jadeó entre violentos sollozos. "Nunca debí hacerle esa estúpida promesa. Nunca debí…oh Dios…Antonio" Lovino se sacudió sin poder evitarlo, su cara estaba blanca y horrorizada, los ojos fieros e incrédulos. Feliciano nunca creyó ver a su hermano de esa forma y sentía como su u propio corazón le hubiera sido arrancado, cmo si su mundo se hubiera acabado.

"Hiciste la única cosa que podías hacer." Dijo Roma suevemente. "Lo escuchaste cuando te dijo que te fueras. Hiciste lo correcto."

"No. No" Lovino finalmente se veía exhausto, agotado, y se colgó de Roma, quien apretó su brazo y murmuró suavemente.

"Haremos todo lo que podamos hacer por él, Lovino. Todo lo que podamos."

Feliciano se quedó mirando, con lágrimas sobre sus mejillas, completamente perplejo. No sabía qué decir, no sabía qué hacer, qué sentir. Antonio había sido capturado, Lovino destruido. El abuelo Roma no podía hacer nada. Y Feliciano no podía dejar de pensar, mientras el ruido de la batalla aumentaba, que Ludwig estaba allá arriba. Que Feliciano no sabía si lo volvería a ver otra vez. Todo lo que Feliciano sabía, todo en lo que había confiado, de repente estaba cayéndose a pedazos a su alrededor. Feliciano se sentía perdido, asustado, confundido. "¿Qué significa todo esto? ¿Qué va a pasar ahora?" El ruido de afuera superó el silencio de la habitación: las explosions aéreas cercanas, el rugido de los motores arriba, el estruendoso y aterrador clamor del cielo rompiéndose por la batalla que estaba demasiado cerca.

El abuelo Roma sacudió su cabeza mientras sacudía a Lovino gentilmente. "No lo sé."

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Algunos meses después…

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"Control terrestre a líder Schwarz. Repórtese líder Schwarz. ¿Puede darnos su posición?"

La voz crepitaba a través de los audífonos y dentro de sus oídos, casi lo sorprendiéndole del relativo silencio y la calma del vuelo hasta el momento. Rápidamente salió de su estado de serenidad, sorprendido y molesto que se permitiera distraerse tan fácilmente. Revisó el cielo claro desde su línea de visión mientras se preparaba para responder. No había pensado tener que hacerlo tan pronto. Estaban casi de regreso en la base, retornando de una larga misión escoltando bombaderos a su nueva base en la frontera con Austria. Ludwig estaba cansado, exhausto, volando con poco combustible y energía. Sólo podía suponer que sus tres compañeros de squadron que lo acompañaban se sentían igual. Ludwig colocó su máscara en su lugar para poder responder. "Este es el líder Schwarz a control terrestre. En estos momentos estamos un en vector de una-siete-tres partidas dos-cuatro-cinco, todo parece estar bien. Fuera. "

"Gracias líder Schwarz. Hemos recibido reportes de atacantes enemigos patrullando tu área. Estáte en alerta. Fuera."

Ludwig escaneó cuidadosamente el cielo de nuevo, sus ojos saltando de la vasta expansión de azul arriba a los grandes y abiertas extensiones de verde campo abajo de él. Su pecho se contrajo ante la vista como siempre lo hacía, con recuerdos de verde hierba, árboles de roble y hermosos y perfectos atardeceres asaltándolo. Elevó sus ojos, su mirada descansó en la pequeña y maltratada flor roja que había colocado en la cabina de piloto.

Los pensamientos sobre Feliciano eran constantes en esos días. Pensamientos, memorias – todos por los que Ludwig tenía que pasar. No había visto a Feliciano desde aquella hermosa, tormentosa, casi de ensueño, noche en que se separaron. Mirando a Feliciano mientras dormía, vistiéndose en silencio y metiendo aquella preciosa foto en su billetera, depositando un último beso sobre la suave, cálida piel y escuchándolo suspirar mientras dormía…dejar a Feliciano esa noche fue lo más difícil que Ludwig ha tenido que hacer. Y luego todo se volvió un infierno. Los americanos aterrizaron y forzaron a la unidad de Ludwig a retirarse. Meses de desesperadas batallas, de constantes retiradas, de perder unidades y hombres, siempre perdiendo hombres. Veintidós años de edad y Ludwig era uno de los veteranos de la campaña italiana. Su país y su deber siempre fueron todo para Ludwig. Y todavía ahora, después de ver más guerra y sentir más paz que alguna vez hubiera pensado poder soportar, era extraño cuan seguido esas simples, inocentes, honestas palabras de Feliciano resonaban dentro de la cabeza de Ludwig. "Suiza, Ludwig. Me iría ahora mismo si me lo pides. En este segundo."

Ludwig trató de poner sus pensamientos en orden y habló dentro de su máscara. "No tenemos ningún avistamiento por el momento, control terrestre. Si hay algún cambio se los dejaremos sabers. Repito, nuestro rumbo actual es dos-"

La llamarada vino de la nada. Un rastro rojo y ardiente pasó por el lado derecho del avión y Ludwig sin pensarlo, se detuvo en un ascenso rápido. Sus ojos se dirigieron a los espejos y en ese momento lo vio. Sin error, un avión arremetió justo detrás de él, un Mustang, cerrándolo rápidamente. Ludwig maldijo en voz alta. Apretó el control y cambió el canal de audio para transmitir un mensaje a sus compañeros pilotos. "Atención, atención, Mustang cerrándonos, evádanl…" Y luego hubieron más. El cielo detrás de él de repente se llenó de aviones enemigos, volando desde el sol, apareciendo en el aire. Ludwig contó hasta cuatro de ellos, antes de prepararse, coger el control del avión y gritar. "Romper y atacar."

Ludwig viró su timón todo a la izquierda y tiró de su avión en una vuelta cerrada. El primer Mustang ganó terreno de manera constante directamente detrás de él. A su alrededor sus tres pilotos ejecutaron su orden y el escuadrón se dividió de manera uniforme. "Levántense", gritó Ludwig. "Procedan con la formación en alto. Ejecuten una acción evasiva inmediata, estamos bajo ataque".

"Schwarz dos, copiado", dijo la voz de su compañero. Ludwig apenas conocía al hombre. Apenas conocía a alguno de estos pilotos, todos ellos nuevos reclutas...demasiados pilotos habían sido perdidos últimamente. Esta se suponía que era una misión sencilla. Una ruptura por Ludwig y una asignación de iniciación fácil para los novatos. Una emboscada por los aviones aliados era lo último que necesitaba, sobre todo cuando se llevaban a cabo a partir de una misión anterior. Sus voces sonaban alarmadas al hablar por el canal de radio, ni siquiera con sus distintivos de llamada.

"¿De dónde demonios han venido?"

"¿Son los británicos?"

"No, son los Americanos."

"Maldición, estoy demasiado cansado para esta mierda." "God damn it, I'm too tired for this shit."

Otra llamarada voló entre la aeronave y el estómago le dio un vuelco Ludwig, con los nervios un poco deshilachados debido a la naturaleza inesperada del ataque y a los pilotos inexpertos que llevaba. "Cortar la charla y el enfoque. Tenemos que ganar un poco de altura." Tuvieron que llegar más alto, por encima de los Mustangs para a caer sobre sus colas. Tenían que ganar la ventaja que tan profundamente carecían. Ludwig continuó su constante ascenso, pero el Mustang en su visión trasera lo seguía fácilmente, manteniendo su altura todo el tiempo. Y luego desapareció. Ludwig parpadeó, sorprendido por la rapidez con que el avión se había salido de su campo de visión. "¿A dónde diablos...?"

De repente, el Mustang apareció ante él, cayendo de la nada. En sólo unos segundos, Ludwig se dio cuenta de quién era. Las palabras se destacaron, estampadas, demasiado obvias, por el lado del P-51 Mustang. 'LadyBeth'. Ludwig maldijo y manejó el avión en picada en una dura inmersión. Su compañero de ala parecía haberse dado cuenta al mismo tiempo.

"Santa mierda, su líder es el Mago." Atravesó su voz entrada en pánico a través del canal.

"¿Qué? Ese chico es imposible, él es…"

"¡Les dije que cortaran la maldita charla!" gritó Ludwig. Tenía que mantener la calma entre sus hombres a pesar de que estuvieran peleando. Pero comprendió su alarma. Conocía a ese americano. Había peleado con él antes, a menudo, desde que los estadounidenses habían aterrizado. Y él hizo honor a su nombre, imposible de obtener una vista suya, siempre demasiado rápido y demasiado evasivo. Pero Ludwig apretó los dientes y sonrió. Este 'Mago' podría ser el mejor los americanos tuvieron para que peleara contra ellos. Pero Ludwig sabía muy bien que él era el mejor que los alemanes pudieron enviar. "Estoy lidiando con este. Lidien con los aviones sobre sus propias espaldas."

Ludwig se retiró de la inmersión y realizó una tirada fácil en un ascenso. Justo como lo pensó, para el Mustang no era tan fácil salir de un descenso rápido y Ludwig finalmente tuvo una ventaja de altura sobre el estadounidense. Tenía la intención de mantenerla. Él realizó un análisis rápido de su espacio aéreo visible, por suerte no encontró más que los cuatro aviones que los habían emboscado en primer lugar. Él subió en espiral con rapidez, tratando de entrar en una posición ventajosa para atacar. Su altavoz crepitó de nuevo.

"Este es control terrestre a líder Schwarz. Perdimos su señal de audio. ¿Cuál es su estado actual?"

Ludwig cortó en la cola del Mustang, sopló, enfocado, y disparó tres ráfagas de frente. El Mago esquivó fácilmente hacia arriba. Ludwig maldijo en voz alta a través del canal. "Hemos sido encerrados por cuatro Mustangs enemigos y nos estamos moviendo para defender. Parecen estar formándose en una formación escalonada y ... espera, control terrestre, parece ser ..." Los ojos de Ludwig se abrieron como platos. En los cielos delante de él dos Mustangs enemigos se aparecieron enfrente de su vista. Ludwig miró el espejo para ver dos más por venir desde atrás. Y de pronto se vieron rodeados. El pulso de Ludwig martillaba rápidamente pero de manera constante en sus oídos. El sudor se puso en las palmas. Ocho aviones enemigos les rodeaban. A Ludwig la garganta se le secó y trató de tragar. Había demasiados. "Control terrestre, estamos rodeados. Nos estamos preparando para evadir". Él cambió el canal, su mano firme. "Líder Schwarz a esquadrón Schwarz, permanecen altos, se preparan para escapar, somos ..." Maldita sea, los americanos estaban por todas partes. "Schwarz Tres, Mustang en su cola". No hubo respuesta, y ningún movimiento por parte del piloto para evadir. Ira frustrada y el pánico aumentaban en el pecho de Ludwig. "¡Maldita sea, Schwarz Tres, inmersión! ¡Inmersión dura!"

"¡Me han dado!"

"Rescate", gritó frenéticamente Ludwig. "¡Schwarz Tres, a rescatar ahora!" Ya era demasiado tarde. El Messerschmitt estalló en un infierno, se rompió en pedazos y estos cayeron en senderos de ardiente humo negro y blanco. Ludwig miró fijamente, su cerebro le gritaba que debía hacer algo, dar una orden que podría salvar esta situación desesperada. Había perdido un hombre. No quería perder a otro. Trató de mantener un ojo en los Mustangs enemigos incluso cuando se enfrentó a su líder en una increíblemente inamovible espiral a su alrededor. Detrás de él Ludwig podía ver el avión en una formación escalonada múltiple. Un escuadrón voló desde el este, un escuadrón se elevó alto desde el sur. Su cuerpo vibraba con una tensión controlada. No había nada más que pudiera hacer. No podían ganar esta pelea. Él dio la orden, su respiración constante, con la cabeza clara.

"Este es líder Schwarz. Inmediatamente ejecuten un rápido descenso de inmersión dura y divídanse en un nivel de vuelo, rumbo a vector de dos-cinco-siete, con la cabeza en el origen. Traten de huir de ellos. Esta lucha es imposible". Los dos aviones se alejaron de su vista al ejecutar su orden. Un momento después, la voz de su compañero de ala se cortó a través de los altavoces."

"Líder Schwarz, usted no ha ejecutado la maniobra."

Ludwig respondió eventualmente. "Sigan mis instruciones y diríjanse al vector dos-cinco-siete."

"Pero señor…"

"Esta es una orden directa. Cambio y fuera."

"¡Teniente!"

Ludwig cortó el canal, se obligó a entrar en una plena concentración, y tomó un hondo y jadeante respiro. Miró al control, al suelo, a la preciosa flor roja. Entonces descubrió al líder estadounidense, el llamado Mago, en su punto de mira. Miró el espejo para ver a sus hombres volando en la distancia, habiendo superado a los Mustangs más lentos, y se colocó en posición para asegurar un enfoque completo e ininterrumpido en su propio plano. Ocho aviones estadounidenses ahora lo rodeaban. Pero el Mago era el único objetivo de Ludwig. "Vamos, Mago," susurró, excitado, con un anticipado y constante zumbido en su cabeza. "Me deslumbra."

No pasó mucho tiempo para que Ludwig se perdiera de nuevo en el remolino de controlado caos de esta pelea de perros aérea. Dejó que su mente se mantuviera firme he hizo que Greta se convirtiera en una extensión de sí mismo. La dejó hacerse cargo, dejó que sus instintos tomar el control, hasta que pareció que se estaba convirtiendo Greta y que esta giraba y atacaba por su cuenta. El primer avión enemigo cayó casi antes de que Ludwig se diera cuenta de que estaba disparando. Pero aun cuando el Mustang cayó en una lluvia de chispas, otro lo reemplazó. Y ese maldito Mago seguía ganando terreno en la cola de Ludwig, y se negó a ceder. Otro avión se cerró en por encima de él y Ludwig se detuvo en un giro para quitárselo de encima. Y una vez más, el Mago desapareció para ser reemplazado por un nuevo Mustang. Este grupo estaba bien organizado y controlado, aún impredecible. Y en algún lugar en el fondo de la mente de Ludwig tuvo la extraña sensación de que estaban bien jugando con él, o impensable, dándole algún tipo de oportunidad. "Malditos americanos." gruñó Ludwig para sí mientras trataba de mantener el vuelo de los Mustangs antes de él y en su punto de mira.

Ludwig empató, cogió al Mustang en su punto de mira y disparó directamente. El avión enemigo se volteó hacia atrás y cayó en una estela de humo negro. Volviendo inmediatamente, Ludwig lanzó otro avión de su cola mientras examinaba los cielos en busca de su objetivo. Entonces, el humo se disipó y lo tenía. El corazón de Ludwig latía más rápido mientras luchaba por conseguir una vista sobre el líder estadounidense. El Mago. 'Lady Beth'. Ludwig lo tenía atrapado. Su mano se apretó en el control. Se preparó y sonrió con tristeza mientras se preparaba para disparar.

Y entonces su vista se cortó cuando el compañero de ala del Mago cayó de repente delante de él, con la hoja de arce roja que adornaba su Mustang reconocible al instante. El copiloto realizó un inesperado movimiento y consiguió un tiro recto en el plano de Ludwig. Ludwig se detuvo en un tonel rápido de evadir, pero ya era demasiado tarde. El tiro le atravesó el motor y el avión se estremeció cuando lo derribaron. Ludwig tuvo que luchar con el control para obtener el nivel de las aeronaves. "Arriba, Greta", gruñó. "¡Levántate, levántate!" Estaba furioso consigo mismo. Tendría que haber esperado al copiloto del líder, debería haber estado esperando por él. Pero nadie parecía reparar en él hasta el último momento. Ludwig sacudió la cabeza para despejarse del choque. No estaba bajando de esta manera. No sin derribar a ese Mago primero.

Pero Ludwig podía ver el humo que salía por el lado de su avión. El motor falló, trastabillando mientras luchaba por mantener el poder. Ludwig trató de llegar más alto, pero se estaba volviendo imposible. Su avión volaba demasiado lento. Él tomó su máscara y se volvió en el canal. Una vez más, sólo había una cosa que podía hacer. "Líder Schwarz a control de tierra. Estoy golpeado. Mi motor está fallando. Voy a intentar un aterrizaje".

"Líder Schwarz, está sobre territorio aliado."

"No tengo otra opción." Otro golpe. Su avión se sacudió a un lado y Ludwig luchó con el control para nivelarse una vez más. No era bueno. Él estaba descendiendo. "Mi pierna izquierda se ha visto afectada. Tengo que aterrizar inmediatamente."

Hubo una pequeña pausa antes de que el control terrestre respondiera. "Buena suerte, líder Schwarz."

Ludwig arrancó la máscara de su rostro y se centró en respirar, en mantener el avión recto, en sobrevivir. En esta condición, no habría de aterrizar con seguridad. Pero si él no descendía ahora el avión pronto rodaría en picada mortal. Mantuvo un descenso entrecortado, la escuadra bajo formando una fila detrás de él. Les pagó sin previo aviso. Durante toda su fuerza, toda su atención, era en mantener el control de un avión dañado que se estaba volviendo rápidamente incontrolable. Una lluvia de chispas chocaron contra la ventanilla lateral. El humo blanco comenzó a llenar la cabina. La velocidad aumentó. Apretó los dientes y trató de mantener el enfoque.

Sin embargo, miles de pensamientos e imágenes de repente corrieron a través de su mente. Jugar con el pelo largo y blanco de su abuelo cuando era niño. Mirar a Gilbert decir adiós al subir en un tren, pulcramente vestido con un uniforme de infantería con su marca nueva. Y Feliciano: hermoso, extraño, maravilloso Feliciano. El único de Ludwig, su todo. Feliciano marchaba riendo a través de la hierba verde y caliente, colocando una flor en su chaqueta, sonriendo alegremente para una fotografía, jadeando bajo él en un pajar, aferrándose a sus brazos y pidiendo a huir juntos. La vista de Ludwig creció tenue y borrosa por el humo y llegó al otro lado de la cabina donde estaba la flor roja. Aquí tienes, Ludwig, puedes tener esto.Flor enitalianoes 'fiore'!"

El suelo se acercaba, el campo verde y ancho se levantaba demasiado rápido a su encuentro. Ludwig puso el avión en posición de aterrizaje, se preparó, y se oprimió la flor maltratada a su pecho. En el último segundo que cerró los ojos. "Feliciano ..."

Continuará…

(Estas son notas del autor)

*Sí, La abuela de Feliciano y de Lovino es la Antigua Grecia. Su madre es la Italia Renacentista.

*Para aquellos que no han leído 'We'll Meet Again'. El Mago es Alfred. Su copiloto es, por supuesto, Matthew

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Espero que les haya gustado…no me responsabilizo por las lágrimas vertidas, desmayos y otras cosas ocasionadas por el fic…cualquier error me avisan, me he preocupado en hacerlo lo más exacto posible…..me gustaría saberlo así que espero sus reviews…–realmente los espero, además de que así me hacen saber lo que les gusta y lo que no…Siemp[re serán bienvenidos!..Gracias por leer…!

Se acepta de todo: críticas, consejos, opiniones, maleteadas, dinero (de preferencia en dólare$), confesiones de amor (o de odio)..lo que sea menos insultos y amenazas de bomba o parecidos….

Saludos!...