Disclaimer: Los personas son de Hiro Mashima, la trama es completamente mía.


"Es extraño, como de la noche a la mañana conoces a una persona que cambia todo, porque esa persona es única y hace que veas la vida de diferentes formas, que te atrevas a lo prohibido y disfrutes de lo inexplicable. Porque aunque no te des cuenta, cuando la viste por primera vez, empezó algo entre ella y tú."


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Unintended

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No sabía si estar de pie en el lugar donde me habían atacado metafóricamente era algo para celebrar, no me sentía fuerte, en realidad, no había ningún cambio. Solo era yo, Erza, entrando de nuevo a la gran noche con el tigre que espera ansiosamente afilar sus uñas en mí, como si yo fuera un pedazo de madera, al cual, desgastaría poco a poco, tal vez, ahora, no me sentía tan vulnerable. La plática que tuve hace unos momentos con Gerard, admito que me ayudo en muchos aspectos.

Porque yo soy Erza.

Erza Scarlet.

Titania.

Aquel último apodo nunca lo considere necesario en una forma descriptiva en mí, nunca me gusto, lo admito. Pero era conocida así: La chica que apareció de la nada y rápidamente creció como persona.

No crecí, simplemente aprendí.

Sé que Minerva sabe aquel apodo mío que, gracias a ese, muchas personas logran reconocerme, aunque yo no me dé cuenta.

El hecho de que haya regresado de nuevo, cuando sé que perfectamente que yo me hubiera ido por donde vine, directo a mi casa, llegar eh ir rápidamente a mi cama y pensar que hice mal está noche. Pero no, heme aquí, sintiendo las miradas de todos, sintiendo las sonrisas de mis amigos y su cálida bienvenida, y claro, mi mano entrelazada con la de Gerard.

Mi vista fue directamente a su rostro, su piel pálida, sus ojos verdes que mostraban amabilidad y ternura cuando me veía y una pequeña sonrisilla de labios al verme y darse cuenta que lo observo en este preciso momento.

— Me pones nervioso. —Me dice, aunque sabía que lo decía en tono de broma más que nada, aquel comentario hizo que me acalorada un poco. Hace fuerza en el agarre de manos que tenemos, aunque no lo hizo muy fuerte, se, que lo ha hecho para que tenga confianza.

Y si alguien viene y me pregunta: ¿Qué harías si algún día Gerard quiere irse de tú vida?

Me quedaría callada y no respondería, porque por ahora, no tengo la respuesta.

— ¿Vamos a sentarnos? —Preguntó de una forma serena. Él asiente con la cabeza y me guía entre las mesas y gente atravesada. Me siento como una niña pequeña, guiada por aquel padre protector.

Tomamos asiento, en una mesa de las principales, Simon que se encontraba al lado mío nos saludó con la mirada, y si, él no paso desapercibido el agarre de manos de yo y Gerard. Chasqueo con la lengua y evito miradas con Gerard, sentía que hacía aquello para no arruinar el ambiente, se lo agradecía. Aunque el agarre de manos no duro mucho, cuando llegamos a la mesa se desborono tan rápido que me hizo sentir un hueco inexplicable.

— Por un momento creí que no volverías. —Me dice Simon y sonríe.

— Eso también creí yo. —Confirme sus sospechas, se notó un poco sorprendido pero al mirar a Gerard puso una cara un poco indescriptible para mí.

— Aunque Gerard es muy oportuno, y sabe en qué momento hablar contigo, ¿o no?

— Oportuno o no, le agradezco. —Simon se limitó a decir algo más.

— ¿Qué fue lo que ocurrió en verdad? ¿Minerva acaso tiene razón? —Preguntó Simon cambiando el tema.

— Minerva no tiene razón. —Gerard se adelantó a contestar, me sorprendió por meterse tan rápido a la conversación de una manera algo molesto.

— ¿Entonces como sabía información que nadie de la empresa sabía?

— No lose. —Contesté. Simon dio un gran suspiro.

Mire la mesa que se encontraba enfrente de la nuestra, no sé si fue por curiosidad o casualidad voltear en el preciso momento que Minerva me observaba, me dio un escalofrío pero mantuve la mirada en ella, de todas formas, ¿quién se creía ella como para querer intimidarme?

Minerva soltó una risa con gracia y le susurró algo a un hombre de cabellera larga y rubia que solo volteo a mirarme unos segundos para sonreír de lado.

No sabía en qué momento mi mandíbula se había tensado de coraje. ¡Quería pararme e ir directamente con ella! La paciencia se me estaba acabando y eso era mala señal.

Gerard se levantó de su asiento.

— ¿A do-dónde vas? —Titubee. Su semblante era extraño.

— ¿Quién mierda se cree? —Masculló molesto y viendo a la mesa de Minerva. Oh no Gerard.

Imite la acción de Gerard y lo tome de las dos manos para tranquilizarlo.

— No tiene caso ir allá y armar una escena. —Dije.

— Lose.

Suspire un poco más tranquila.

— Pero tampoco pierdo nada. —Me sorprendió lo rápido que se zafó de mi agarre.

Seguirlo, eso es lo que haría, pero Simon sorpresivamente me tomo del brazo para impedirlo.

— Tengo que ir con él. —Dije— No está pensando bien las cosas.

— Gerard siempre ha sido tan imprudente, con un sentido de la justicia que él solo puede entender. —Simon soltó una risa— Va a estar bien Erza.

Esta era la primera vez que escuchaba a Simon decir cosas que solo un amigo de hace tiempo conoce del otro. De alguna manera y otra, lo que me dijo Simon me tranquilizo.

Decidí volverme a sentar, aunque mi mirada estaba concentrada en frente, viendo como Gerard me da la espalda mientras habla con Minerva, por un momento pensé que sería un total caos; Gerard gritando y Minerva imitándolo.

Decidí ignorarlo.

Y prestarle atención a Simon.

— Los chicos están preguntando mucho por ti. —Me cuenta. Solo los había visto una vez, en aquella noche donde me volví a reencontrar con Gerard después de tres meses, a pesar de eso, admito que los extraño.

— Hay que reunirnos un día, todos. —Simon asintió ante mi proposición con una sonrisa en el rostro, aunque pude notar algo de molestia después.

— Si, algún día… —Bajo el rostro.

— Simon —Llame su atención y él me miró a los ojos— Tú y Gerard son amigos. Nunca me ha gustado que los amigos se peleen, y más, si llevan mucho tiempo de conocerse.

En este momento recordé a Natsu y Gray que en este momento se encontraban en la mesa de alado comiendo todo lo que encontraban en la mesa. Suspire.

— No lo entiendes Erza.

— ¿Qué es lo que no entiendo? —Pregunté confundida— Si me lo explicaras, te lo agradecería.

— Yo aprecio a Gerard, pero… desde lo sucedido con mi hermana nos distanciamos demasiado.

— ¿Por qué? Se supone que son amigos, además, si una relación no se puede es que hay cosas mejores para esas personas separadas.

— Si, y lo entiendo. Pero Kagura no. —Me confundió.

— No comprendo.

Simon bufo.

— Kagura aún no logra asimilar su rompimiento, ella sufre. —Su mandíbula se tensó— Soy su hermano, eso me duele y hace que tenga cierto rencor hacia esa persona que pone a Kagura en ese estado.

Trague saliva. Si yo tuviera una hermana pequeña y alguien le rompe el corazón, también me enfadaría con esa persona.

— Además, veo a Gerard y… ¡No lo sé! —Alzó la voz— Tan tranquilo y relajado, me hace pensar que nunca quiso a mi hermana, que solo jugo con ella.

No dije nada. Solo observe a Gerard desde lejos, aun se encontraba platicando con Minerva de una manera que Simon describió hace unos segundos:

Tranquilo y relajado.

Simon tenía sus razones para ponerse de esa manera, pero desde que conocí a Gerard, pude notar que era esa clase de personas que no muestran lo que en verdad sienten, desde que me contó un poco de su pasado pude comprenderlo un poco. Él siempre tal tranquilo y relajado que te hace pensar que su infancia fue muy buena o algo hermosa, pero fue un infierno, el ocultaba sus sentimientos en falsas sonrisas.

— ¿Te gusta? —Simon soltó una pregunta que me puso completamente roja.

— Pu-pu-pues —Trate de hablar pero, ahora más que nada aquella pregunta era muy difícil para mí contestar.

— Olvídalo. —Suspiro y luego me sonrió.

Me sentí terrible, aunque no sabía el por qué.

Simon se alejó de mí porque le entro una llamada a su celular, lo note muy animado cuando contesto y cuando menciono el nombre de "Kagura".

Sonreí por él.

No podía quererlo de la forma que él quería, pero me alegraba que tenga comunicación con su hermana, sabía que eso lo hacía feliz.

Y ahora, sin Simon, podía hacer lo que él me interrumpió hace unos momentos. Aunque sabía que era una completa tontería, pero aun así, tenía curiosidad que tanto hablaba Gerard con Minerva.

A unos cuantos pasos Minerva se dio cuenta de mi presencia, carraspeo y me señalo con la mirada, dando a entender a Gerard que ya no estaban los dos solos.

¿Por qué Minerva haría tan cosa?

Gerard se volteó sorpresivo al verme.

Minerva sonrió.

— Erza —Dijo Minerva con una mirada firme al verme, desvió la mirada a dirección a Gerard y chasqueó con la lengua— Seguiremos con nuestra conversación después.

— Será lo mejor. —Contesto, me dio un escalofrío al oír su voz; sonaba demasiado fría.

Gerard se dio media vuelta para regresar a la mesa, por su actitud podía juraría que estaba molesto. Gire mi rostro a él y luego a ella. ¿Qué diablos pasaba? ¿Y porque no querían que escuchara su conversación? Esto me había frustrado y solo había dos cosas que podía hacer. La primera era seguir a Gerard y que él me contara lo sucedido, pero con su actitud se, que no dirá absolutamente nada solo para que disfrute lo que queda de la noche y la única opción que me quedaba era hablar con Minerva.

Mi mente decía que aquella idea era una completa estupidez. Pero si no hacía nada, me quedaría con la duda. Además, no se veía muy animada la conversación después de todo.

Mis labios pronunciaron el nombre de aquella feroz felina, —nada comparada con Miliana— volteo y sonrió. Sentía que ella ya sabía que la iba a buscar y ahora ya no sabía si hacía lo correcto o no.

Trague saliva y la mire a los ojos, la tenía en frente, a unos cuantos pasos de mí.

— ¿Sucede algo Erza?

— Desde que inicio todo esto no te pude dar la bienvenida personalmente a Fairy Law. —Sonreí.

Menudo pretexto para tener una conversación con ella, pero no se me ocurrió absolutamente nada.

— Me distes una buena bienvenida y más con el espectáculo que distes en el auditorio Scarlet —Dijo sin darle importancia y haciendo unas señas de aburrimiento con las manos.

Apreté mis puños pero los relaje de inmediato y solté una risa no tan alegre.

— Sobre eso —Hice una pausa y Minerva frunció la ceja— ¿Cómo es que te distes cuenta de aquel error?

— Si tienes tanto interés, puedes investigarlo por ti misma.

— Sé que puedo investigarlo. Pero me sorprende que alguien lo haya notado tan rápido, además esto lo habíamos preparado con mucha dedicación, no lo logro comprenderlo.

Minerva repitió mi nombre como unas cinco o seis veces negando con la cabeza y una sonrisilla.

— ¿Sabes cuantos años eh estado en esto? —Desafió. Yo en realidad no tenía idea, porque en primer lugar, ni me importaba. Minerva suspiro ante mi ignorante silencio— ¡Toda mi vida! Mi padre me enseño desde muy pequeña como ser una buena mujer de negocios, si no lo fuera, estaría arruinada.

— Aun así y perdona si te ofende es algo extraño todo este asunto.

Minerva soltó una risa como si conté el mejor chiste malo y por pena ajena se riera. Se acercó mucho a mí y tomo uno de mis mechones escarlatas, su semblante cambio de repente, ahora estaba algo sombría.

— Y a mí ninguna chiquilla me va a estar cuestionando mis años de trabajo y mucho menos dudando de mí.

Me miró desafiante.

Ninguna aparto la mirada de la otra.

Luego observo mi mecho de cabello que aún lo tenía en la mano.

— Bonito cabello Titania. —Soltó el mechón al decir aquello, el tono en que lo dijo más bien parecía que era todo lo opuesto— Por cierto, parece que tienes a Gerard de tu parte,

¿No es así?

Me sorprendió que lo mencionara de forma tan repentina, dándole un giro a la conversación, claro que Minerva se dio cuenta de mi expresión y sonrió de lado.

— Me contó que trabajo contigo.

— Oh sí. Un gran hombre de negocios. —Lo dijo con enfado— Eso decía mi padre.

— Me parece injusta la manera en que fue despedido.

— Parece que estas muy bien informada. —Frunció el ceño.

— Algo así.

— ¿Te contó que cuando trabaja conmigo estaba enamorado de mí?

¿¡Qué!?

No sabía cuál había sido mi expresión que de cierta forma había causado que los labios de Minerva se formara una sonrisa burlona. Me sentí enfada de un momento a otro, tanto que podría quitar aquella sonrisa de un golpe.

¿Por qué lo hacía?

¿Por qué quería perjudicarme de esta manera?

Solo hacía que me hartara de esa sonrisa de labios que mostraban burla hacía mí, todo de ella mostraba burla hacía mí. ¿Y yo? Bueno, yo solo era rasguñada por ella sin poder defenderme.

No lo entendía. Y más, la sensación de enterarme de lo anterior, más no sabía si era verdad o mentira.

Solo sabía que Minerva se había ido a su mesa nuevamente dejándome sola con aquella duda.

Voltee hacia atrás, en donde se encontraba Gerard y Simon, el primero no me apartaba la mirada, parecía preocupado ahora, nada que ver con aquel Gerard frío que estaba hablando con Minerva. Pensé en una pequeña conclusión de su comportamiento, tal vez era verdad aquello que dijo Minerva y por ende Gerard se comporta de esa forma con ella, tenía resentimiento.

O todo era mentira.

Bufe molesta sabiendo que si no interrogaba a Gerard, me quedaría en completa duda.

En la salida del salón se encontraba aquella chica de cabello blanco que me recordaba tanto a la pequeña hermana de Mirajane, se estaba poniendo su abrigo. No comprendía por qué se estaba a punto de ir, mientras que sus compañeros seguían en la mesa riendo de no sé qué tantas cosas, pero juraría que se la estaban pasando bien.

Me acerque a ella. A comparación de los otros, se me hacía una chica amable.

— ¿Es muy temprano? ¿No crees? —Dije con una sonrisa. La chica se sorprendió, estaba tan concentrada en irse que no esperaba que nadie le hablara.

— Señorita Scarlet —Se refería a mí con respeto, ahora yo era la sorprendida— Buenas noches y la verdad es que en un principio ni me necesitaban en esta conferencia. Así que en otras palabras ni en un principio debí de venir.

Arqué una ceja.

— ¿No te necesitaban? —Pregunté, ella asintió— Son tus compañeros, por supuesto que te necesitaban.

— No lo creo… la dama solo me dijo que viniera porque teníamos que venir seis a esta conferencia, si no fuera por eso, ni me tomaran en cuenta. —Su tono de voz era decaído.

¿En serio ellos eran sus compañeros?

Si lo era, que clase de compañeros eran.

— Entonces no te vayas. Disfruta esto, después de todo es para ustedes.

— No lose, no tengo con quién estar, la mesa son para cinco y está toda ocupada.

— Entonces ven con nosotros, en nuestra mesa solo hay tres personas contándome —Reí un poco por tan pocas personas que había.

— No quiero molestar Señorita Scarlet.

— No lo aras. —Me quede pensativa— Por cierto, tú conoces mi nombre, pero yo el tuyo no.

Sus mejillas se pusieron carmesí de vergüenza.

— Lo siento por no presentarme antes. Mi nombre es Yukino Aguria —Sonrió— Mucha gusto.

Le devolví la sonrisa.

— Entonces… ¿te quedas por un rato más? —Pregunté— Podría presentarte a todos mis compañeros, te agradaran.

Yukino sonrió de lado, aceptado la propuesta. Me platico que era nueva trabajando con Minerva así que casi no cruzaba palabras con ella, porque le habían platicado que los novatos como ella no deberían de hablarle a la dama ya que es su superior.

Minerva no era ninguna diosa y se comportaba como tal, eso era una gran idiotez.

Antes de llegar a la mesa donde se encontraba Gerard y Simon voltee hacía la mesa de alado que estaban Natsu, Lissana y Lucy teniendo una plática no tan amigable.

Me preguntaba si Lucy ya hablo con ellos por el asunto de la fiesta y si lo hizo, que mal momento escogió.

— Lucy parece estar llorando. —Comento Yukino, la mire a ella y luego a Lucy. Tenía razón, estaba lejos, pero podía distinguir alguna que otra lagrima de mí amiga, tenía la mejilla roja y me di cuenta que Natsu también la tenía.

¿Lissana les dio una cachetada a ambos?

Lo que sucedió después es una Lucy corriendo hacía los sanitarios. Me sorprendía lo mucho que nadie se percatara de esta situación.

— ¿Me permites Yukino? —Ella asintió con la cabeza comprendiendo la situación.

Aceleré el paso para alcanzar a Lucy, sentía que me podía caer de frente, más porque tenía tacones, no le tome mucha importancia ya que solo quería saber si Lucy estaba bien y exactamente qué había ocurrido con ella, Natsu y Lissana.

No pise bien y sentí como la adrenalina me golpeo de repente al saber que iba a caer, más no lo hice porque sentí que me tomaron de la cintura para que no cayera. Sentí que me falto el aire ya que me tomo muy fuerte, pero si no lo hubiera hecho estuviera en estos momento en el suelo.

— Hey, ¿estás bien?

— Si —Afirme viéndolo a los ojos e incorporándome de nuevo— Gracias Gerard.

Él me sonrió.

— ¿Te estas divirtiendo? —Preguntó con ironía— Te veo de un lado a otro.

— Define divertir. —Él soltó una risa.

— Vale, parece que si lo estás haciendo. —Se quedó callado— Por cierto, ¿de qué tanto hablabas con Minerva?

Que la mencionara me hizo recordar lo que ella me confesó de Gerard y mi mandíbula se tensó.

— Te explico luego —Puso una expresión confusa— Tengo que ir con Lucy.

— Esta bien —Sonrió— Solo ten más cuidado.

Asentí.

Llegue a los sanitarios, mi respiración estaba agitada, así que lo primero en lo que me concentre era en recuperar el aliento, levante la mirada y pude observar a mi amiga la rubia. Sus manos estaban apoyadas en el gran lavabo color blanco. Me daba la espalda pero en frente de ella había un espejo así que la podía ver de diferente ángulo, de sus mejillas resbalan pequeñas lagrimas color gris, producto del maquillaje. Me acerque a ella y me observo desde el espejo.

— Erza… —Se voltea para mirarme. Me dio pena su mirada, se veía muy triste. Sin pensarlo me acerco a ella y la abrazó.

Al momento de abrazarla empezó a llorar de nuevo. Sería imprudente que le preguntará que había pasado en su estado, así que tendré que esperar hasta que se calme.

Así que no dije nada.

Esperando a que sus lágrimas se tranquilizaran.

— Arru-ine todo —Me dijo entre lágrimas e hipeando.

Lucy se alegó un poco y se limpió las lágrimas.

— Lissana termino con Natsu —Soltó— Y de paso también con nuestra amistad.

— Lo siento mucho.

— Me duele.

— ¿Qué dijo Natsu?

— Nada —Bajo la mirada— El acepto todo lo que le dijo Lissana, hasta la cachetada, pero, lo que no acepto fue que ella me cacheteara.

— ¿Ella lo hizo?

— Sí, ahí fue cuando Natsu se enfadó.

— Me imagino. —Me quedé pensativa— ¿Entonces Natsu te defendió?

— Así es —Guardo silencio— ¿Sabes? En estos momentos me detesto como no tienes idea.

— ¿Por qué? Tú trataste de disculparte a pesar de todo.

— Eso no importa Erza, yo rompí una relación de muchos años.

Me quede callada, porque no sabía que decirle en realidad.

— No sé porque lo hice. Lissana era mi amiga y Natsu como mi mejor amigo… lo quería demasiado.

— Te fuiste enamorando poco a poco, ni tú te distes cuenta Lucy.

Escuche una pequeña risita proveniente de la chica que hace unos segundos estaba llorando y para nada sonreía, me quede confunda por esa acción.

— Hace unos años, me paso algo parecido, solo que fue todo lo contrario a esta situación.

Me sorprendí un poco, Lucy nunca me había contado nada acerca de esto. ¿Así que alguien se interpuso en la relación de ella hace tiempo?

— Entonces, me prometí que yo no sería esa clase de persona, esas que destruyen relaciones y son felices con la desgracias de otros. Por eso negaba tanto mis sentimientos hacía Natsu, porque no era posible, porque yo no debía.

Guardo silenció y vio su reflejo en el espejo.

— Pero cuando conocí a Natsu, sentía que esa promesa no la iba a cumplir. —Sus lágrimas empezaron a fluir nuevamente.

Baje el rostro, no me gustaba ver a Lucy de esta forma, pero yo no era nadie para decirle que dejara de llorar, en estos momentos, era lo mejor.

— Aprendí, que era lo que sentía aquella muchacha que me robo mi felicidad, tal vez, ella no quería hacerme daño con quitarme a la persona que amaba, pero en algún momento de tu vida conoces a alguien, a alguien único que llega de la nada y te hace cambiar por completo tu forma de ver la vida y te atreves a lo prohibido y arriesgándote a que los demás te llamen: mala persona.

— No eres una mala persona, para mí no. —Lucy me miro y me sonrió con ternura. Dio un gran suspiro para continuar hablando.

— Natsu para mí es ese alguien, ese alguien que me hace reír cuando estoy de malas, víctima de sus bromas que terminan por hacerme reír y quererlo aún más, me considera su cómplice ante todo. Es esa persona única a la cual yo daría y me atrevería a todo.

Me quede muda y sorprendida por las palabras de Lucy.

Y me di cuenta de algo al verla.

Yo podía ser ella, tal vez no con esta situación, pero me ví hace unos años atrás, jurándome a mí misma que no me volvería a enamorar después de todo lo que pase. A pesar de que me lastimaron. En estos momentos sentía algo extraño, no podía decir que cosa era, porque era imposible describirlo, pero era un sentimiento que recorría todo mi cuerpo y me daba miedo. Miedo porque era la segunda vez que sentía esto y había acabado mal. Miedo a salir lastimada y temer a llorar por todas las noches si algo resulta terrible.

Esa persona única.

Sonreí con ironía.

¿Yo tenía una persona única?

¿Aquella a que me atrevería a todo sin importar que?

¿Sin tener miedo a salir lastimada si algo salía mal?

¿Existía esa persona…?

Claro…

Esa persona tenía ojos verdes, cabello azul eléctrico, un tatuaje en el rostro, una sonrisa endemoniadamente hermosa culpable de mis sonrojos, unos brazos que al rodearme me sentía protegida y querida. Víctima de su ternura y sus actos, él era culpable de mis sonrisas risueñas y de mi torpeza.

Esa persona era mi debilidad.

Era Gerard.

Él era único para mí.

Y lo quería a mi lado.

Tal vez era estúpida por negar todo lo que sentía hacía él, o cobarde, cualquiera de las dos palabras las aceptaba. Pero no podía negar que estar con él me causa la felicidad más grande que nunca antes pude sentir. Porque él era ese alguien que Lucy hablaba, la única persona que hizo que rompiera la promesa de no enamorarme porque tenía miedo a que me lastimaran.

Pero comprendí que; estando enamorada o no, cualquiera puede lastimarte por el simple hecho que es importante para ti.

Entonces… ¿Qué debería hacer?

Quiero estar con él.

¿Pero si algo sale mal?

Negué con una sonrisa… ¿Cómo iba yo a saber si algo salía mal si no lo intentaba? ¿Por qué no arriesgarse y saber la respuesta sin pensar tanto?

— Me arrepiento que nuestro primer beso no lo recuerdo. —Lucy rio por su comentario, yo me ruborice un poco ya que tampoco recordaba a la perfección cuando bese a Gerard.

— ¿Te arrepientes? —Me atreví a preguntar. Lucy se quedó pensativa.

— No lo sé —Sonrió un poco.

— Verás que todo se arreglada, solo ten paciencia. —Asintió con la cabeza. Sonreí— Lucy gracias.

— ¿Eh? —Su mirada quedo confusa por mis últimas palabras.

— Todo lo que dijiste fue muy hermoso y me di cuenta de muchas cosas. Más que nada de mis sentimientos.

— Eso me alegra Erza, algunas veces podemos ser felices pero no lo aceptamos por miedo.

— Lose.

— ¿Qué aras? —Preguntó.

— Yo…

— ¡Lucy!

Un grito de afuera de los sanitarios me interrumpió y nos dio curiosidad a ambas, podía distinguir aquella voz y no dudo que Lucy no la reconociera. Ella rápidamente se puso muy nerviosa.

— Es… Natsu. —Susurré y sonreí.

— ¿Qué hace? Debería de arreglar las cosas con Lissana.

— Tal vez está arreglando las cosas contigo. —Lucy se sonrojo— ¡Anda! ¿Qué esperas? Sal con él.

— No lo sé. ¿Y si viene a reclamarme?

— Deja de hacerte preguntas, mejor ve y averígualo.

Lucy me sonrió. La observé salir. Me acerque un poco al lavabo para poder verme mejor en el espejo. Veía a una mujer, a una mujer con una mirada firme por la decisión que estaba a punto de tomar y, a pesar de tener una mirada firme se le veía tranquila, muy tranquila, porque sabía que a pesar de todo lo que podía suceder, ella estaba dispuesta a levantarse una y otra vez como lo había hecho años atrás.

Esa mujer era yo.

— Yo… intentare ser feliz. —Conteste la pregunta que hace unos momentos Lucy me preguntó, aunque sabía que ella no estaba presente, pero de igual forma decirlo me reconfortaba.

Sonreí y salí de los sanitarios con una emoción en mí. Sonaba estúpido pero si fuera capaz les diría a todas las personas que estoy enamorada y ni más ni menos que de Gerard. Ahora podía entender porque me sentí extraña al momento que Simon me pregunto mis sentimientos hacía él, no quería decirlos porque no quería lastimarlo, además, aun no los aceptaba.

Pero ahora, solo quería encontrarlo y abrazarlo y nunca dejarlo ir.

A lo lejos pude distinguirlo, se encontraba en la mesa con Mirajane hablando, los dos estaban serios, y aquello me preocupo.

La sonrisa que no me había dado cuenta que tenía se desvaneció, estaba preocupada y a las ves algo celosa. Oh en serio, ¿yo estaba celosa de mi amiga?

Me acerque a ellos pero sin antes darme cuenta que Yukino estaba hablando con algunos de mis compañeros de trabajo, sonreí por ella. También me di cuenta de la mirada de Minerva hacía mí.

Estando a unos centímetros de ellos, me miraron al notar mi presencia, Mirajane tenía la sonrisa que la caracterizaba pero Gerard me miro con… ¿tristeza? ¿Qué pasaba con él?

— Erza, siéntate —Me dijo Mirajane aun con la sonrisa.

— Claro —Dije un poco cohibida y me senté torpemente al lado de Gerard, al verlo, me sonrió un poco pero sus ojos aún seguían tristes.

— ¿Qué te sucede? —Le susurré ya que Mirajane se distrajo viendo su celular.

Gerard carraspeó.

— N-o es nada. —Trata de sonreírme.

Voltee hacia otro lugar ya que me estaba enfadando en ocultarme cosas pero sentí como acercaba su mano hacia mi cintura y me acercó a él de golpe, abrazándome de cierta forma, ya que estábamos sentados y era algo incomodó aunque no le tome importancia, levante la vista para verlo, el me miraba con seriedad y una pequeña sonrisa, muy pero muy pequeña.

— ¿Q-ué haces? —Demande saber ruborizada.

— No lose. —Me sonríe— Solo no quiero que te alejes.

Aquello fue el detonante para querer decirle todo en este momento, pero no quería hacerlo justamente ahora y menos con tantas preguntas que le tengo que hacer acerca de su comportamiento.

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La calle estaba completamente vacía, solo unos cuantos automóviles pasaban de ves en cuanto a una velocidad moderada, la noche siempre se me hacía una escena muy café o dorada, tal vez sean por los postes de luces que iluminan las calles con sus luces.

— Gracias por traerme a casa.

— No hay de que —Gerard alzó los hombros, una suave brisa le revolvió el cabello y de paso a mí también.

Suspire, este era el momento de preguntarle varias preguntas que tenían ya horas rondando por mi mente antes de que se fuera a casa.

— Gerard… —Llame su atención diciendo su nombre, me miro con curiosidad y luego me sonrió.

— ¿Me interrogaras no es así? —Asentí— ¿Sobre Minerva?

— ¿Por qué al momento de verme pararon de hablar?

— Estábamos hablando de ti. —Contesto con simpleza.

— Así, ¿de qué?

Se masajeo su sien.

— Le estaba reclamando el por qué se comporta así contigo, y de paso hablamos de unas cosas del pasado, eso no fue muy bueno de recordar.

¿Sería prudente preguntarle acerca de su pasado con Minerva? ¿Específicamente la parte en donde él estaba enamorado de ella?

— Anda dime, sé que tienes más preguntas. —Me animo con una sonrisa.

— A ti… ¿te gustaba Minerva?

Gerard se quedó con una cara de póker, y yo me sentía de lo más estúpida. De pronto empezó a reírse.

— No le veo la gracia. —Le dije.

— ¿Así que de eso estaban hablando ustedes?

— No es que yo le haya preguntado, de la nada ella te puso en la conversación y me dijo aquello —Dije nerviosa.

— Oh Erza, aquello es mentira. Esa mujer no hacía que de mi saliera ningún sentimiento hacia ella.

Me sentí realmente tranquila al escuchar eso de él. Aunque no comprendí porque Minerva diría tal mentira… ¡Oh!

Recordé la sonrisa que se le formo en sus labios cuando me vio al nombrar al Gerard, se dio cuenta que yo lo quería. ¿Era tan obvia acaso que cualquiera pudiese dado cuenta?

Pero no entendía el por qué Minerva quería molestarme con este tipo de cosas, con mis sentimientos, eso era algo muy bajo para alguien profesional como ella. O es que, ¿con tal solo verme mal ella haría lo que fuera?

— Aunque no entiendo porque te dijo aquello, resulta muy infantil. —Gerard estaba pensativo, puse los ojos en blanco.

— Quería ponerme celosa —Murmure, aunque sabía que Gerard me había escuchado.

— ¿Celosa ah? —Preguntó picarón— ¿Y lo logró?

No dije absolutamente nada, pero tenía mi mirada en los suelos. De nuevo una suave brisa nos acarició.

— Perdón por mis comentarios, no quería incomodarte Erza. —Se disculpó ya que yo no decía nada.

— S-í.

— ¿Sí?

— Si me puso celosa.

No escuche a Gerard decir nada, levante la vista y me encontré con la de él, no podía sentirme más nerviosa ahora.

— Aunque más que celos, creo que era miedo.

— ¿Miedo? —Repitió— ¿A qué?

— A que aun estuvieras enamorada de ella.

Mis mejillas ardían de vergüenza y él no decía nada. Gerard se acercó con pequeños pasos hacia mí, vi como levanto su mano y la posición en una de mis mejillas, en la derecha, acariciándola.

— No seas tonta. —Murmura.

— Cuando te gusta alguien piensas lo peor. —Confesé.

Gerard abrió los ojos sorprendido porque no se esperó aquel comentario de mi parte, ni siquiera yo me lo espere, simplemente mi corazón le ordeno a mis labios decirlo, sin ninguna consulta mía.

— Pensé que tú… —Habló, más no sabía que decir, estaba él tan confundido por todo esto Y yo tan emocionada, quería que él me digiera algo, que me abrazara, que me quisiera.

— ¿Qué estoy rota?

— S-i —Contesto viendo a los ojos.

— Así era… pero entonces, conocí a alguien —Él arqueó una ceja y su mirada se mostraba molesta. ¿Se está poniendo celoso de sí mismo? Pensé— Un joven en un día lluvioso, él único que se preocupó por encontrarme sin sombrilla y a punto de mojarme.

Gerard soltó una pequeña risa.

— Entonces aquel joven le dio su sombrilla a aquella hermosa chica testaruda, sin importarle que él se empaparía por las lágrimas del cielo, porque él estaba idiotamente enamorado de ella desde hace tiempo. —Gerard continuó lo que yo había comenzado, me hizo viajar al tiempo cuando lo conocí y la nostalgia me inundo, no sabía porque, pero lo que dijo me resultaba hermoso y más, al saber… que él ya estaba enamorado de mí.

— ¿Y luego…? —Pregunte en un hilo de voz. Nuestra respiración chocaba continuamente.

— ¿Qué tal si después de todo este tiempo se besan? —No pude evitar soltar una pequeña risa.

Se acercó y sus dos manos se colocaron en mis mejillas, una en cada una, mis manos torpemente estaban en su pecho, sin saber qué hacer en este momento, me acercó hacia él, y sentí que todo iba tan lento pero a la vez tan rápido, porque podía sentir como mi pulso se aceleraba poco a poco. Nuestra respiración se hacía cada vez más rápida hasta el punto de callarla de una vez.

Y besarlo era más que hermoso. Como si millones de mariposas estuvieran en mi estomago causándome cosquillas placenteras o cuando logras algo que querías lograr hace mucho tiempo y a pesar de las dificultades lo consigues y sonríes. Porque podía asegurar que si mis labios no estuvieran ocupados con los suyos… estarían sonriendo.

Podía sentir sus caricias entre el beso, como sus suaves dedos hacían pequeños movimientos para acariciar mis mejillas. Aferré su pelo con los dedos, atrayéndolo hacia mí y para sentirlo más cercas si era posible, acercándolo y acercándolo en cada vaivén. Y no me había dado cuenta que estaba en puntas de pies, ni siquiera se en que momento hice aquella acción para estar más cómoda en el beso.

Mis pulmones me empezaron a exigir aire.

¡Al diablo el aire! Masculle molesta en mi interior, no quería parar este beso por miedo a que todo esto desapareciera, o que fuera un sueño y que la felicidad que estoy sintiendo no era real.

Gerard se alejó un poco de mí y di un gran suspiro al igual que él, me miro con diversión.

— Dios… —Dijo. No evite ruborizarme ya que sabía que lo había dicho porque no quería separarme de él— ¿Primero muerta antes de arruinar el beso no es así?

— Calla. —Él se rio.

Sus manos fueron bajando y acariciando mi cuerpo hasta la cintura, ahí fue cuando me rodeo y me acercó más a él. Me miro con ternura y me beso de nuevo, sintiendo felicidad en el momento en que nuestros labios se movían continuamente y con desesperación. Podía besarlo por toda la noche y no me cansaría de esto, nunca lo haría.

Aunque este beso no duro tanto como el primero porque Gerard se separó de mí, ni siquiera tuve la oportunidad de impedirlo.

— Es muy tarde y mañana hay responsabilidades, es mejor que descanses.

Fruncí el ceño, era realmente un tonto. Pero aun así lo quería.

— Si tanto quieres que descanse, deberías de soltarme —Dije ya que aún me tenía sus brazos en mi cintura, aquel comentario hizo que un rubor apareciera en sus mejillas y se separada rápidamente de mí.

— Perdona. —Admito, que Gerard se ve lindo ruborizado y avergonzado.

— ¿Te veré mañana? —Preguntó.

— Claro. —Sonríe.

— ¿Nada cambiara?

— Nada.

Suspire aliviada.

— Te quiero Gerard.

— Te quiero mucho más Erza.

Sonreí como tonta, era una tonta, pero una tonta inmensamente feliz.

Gerard me dio un corto beso en los labios, pero seguía sin moverse, seguía ahí causando que nuestra respiración chocada frenéticamente, me acerque a él y lo bese, mis manos fueron directamente a sus mejillas y me puse en punta de pies.

En esta situación lo sentía muy alto.

Rompí el beso antes que él lo hiciera, más no me aleje de él, sino que lo abrace llenándome de su fragancia personal, sentí como me abrazo fuertemente pero a un grado de no lastimarme.

Me sentí como una adolescente con su primer amor.

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No podía dormir, de la emoción quizás, pero era estúpido solo ver el techo de mi casa como si fuera muy interesante ya que sonrío cada vez que recuerdo aquel momento que pase con Gerard hace menos de una hora. Y a pesar que era poco tiempo que se había marchado, ya lo extrañaba, sentía un vacío o un hueco en el estómago y muchos deseos de verlo.

Aunque poco a poco sentía que iba a caer en los brazos de Morfeo, antes de aquello me dedique a recordar este día, el más difícil y a la vez el más feliz.

¿Qué pasaría si me hubiera rendido y marchado a casa después de lo que paso con Minerva?

Sabía, que nunca había tenido la conversación con Lucy y por ende no me había dado cuenta de mis sentimientos y que Gerard era aquella persona única que cambiaría mi forma de pensar y estaba muy agradecía por eso.

Y entonces… si alguien llega y me pregunta:

¿Qué harías si algún día Gerard quiere irse de tú vida?

Hace unas horas no sabía a la perfección que contestar, pero ahora y ante todo lo que ha pasado, tenía una respuesta y esa respuesta no iba a cambiar nunca. Si algún día Gerard se fuera de mi vida tan de repente por su decisión, yo… Lo buscaría, recorrería todo el mundo si fuera necesario, y lo encontraría, porque él era mi felicidad y no lo iba a dejar ir a pesar que el mismo diablo intente separarlo de mí.

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Rueda por el suelo en círculos— (?

¿Hola? Oh Dios mío se me cae la cara de vergüenza xD En serio lamento no actualizar desde hace tieeeeeeeeeeeeempo, me odio en serio, espero que se sigan acordando de este Fic y no lo den en coma :c Prometo ya actualizar y claramente prometo terminarlo. Gracias a Dios en unos cuantos días, estaré ya en definitiva en vacaciones y tendré demasiado tiempo de sobra.

En otras palabras… ¿Qué les ha parecido el capítulo? Espero que les haya gustado, porque no tenía ni la más mínima de inspiración y cuando la tenía era en cortos lapsos u.u Y era horrible, pero me encanto escribir este capítulo. Pero en fin, espero recibir su opinión acerca de este capitulo.

Muchas gracias por sus reviews, asdasdas son maravillosos y me dan mucho ánimo de escribir, se los agradezco de corazón, nunca me cansaré de decirlo :D

Tengo que decir ya está a punto de terminar Broken, pero no se alarmen aún quedan muchas cosas que arreglar, contar y que Gerard nos cause suspiros(? (o solo a mí :c xD)

¿Review´s? ¡Se los agradecería!

¡Les mando un abrazo de oso y un saludo!