La luz le golpeó de lleno en el rostro, trató de ocultarse entre sus sabanas, pero no las encontró. Se levanto de golpe, mirando hacia todos lados; estaba en una cueva, con una apertura gigante en el techo que hacía de tragaluz. Vio a Rivaille sentado en la entrada, vigilando seguramente; no había notado que estaban en una montaña, aproximadamente a 25 metros de altura, y a sus pies, se extendía un amplio valle de flores, y más allá se divisaban cerros y bosques… entonces reparó en ello. ¿Dónde estaban las murallas? Miró al sargento en busca de respuestas, y entonces recordó todo.

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-¡JAEGER! ¡COMO NO MUEVAS TU TRASERO PARA SALIR DE AQUÍ, YO MISMO TE MATO! –le había gritado Rivaille, que en ese momento terminaba con un guardia de la policía, mientras veían venir a más.
Comenzaron a correr, hasta llegar a la salida de la prisión donde se encontraba Eren, estaba todo oscuro, ya era de noche, pero distinguió una silueta sobre un caballo, y no tardo en reconocer a Armin, sujetando dos caballos ensillados, uno con un equipo 3DMG cargado a un costado, que Eren reconoció como suyo.
-Sargento, todo está preparado, las salidas del oeste están abiertas, deben darse prisa antes de que den la alarma. Los caballos llevan comida para 15 días y 12 cargas de gas. – Hablaba rápidamente Armin al sargento- buena suerte, Eren –le abrazó- no te olvides de nosotros
Eren no entendía que pasaba, su mente no procesaba los eventos ocurridos en los últimos minutos, pero la voz de Rivaille le sacó de sus cavilaciones
-Vámonos. No hay más tiempo
Partieron a toda carrera hacia el oeste, a ese paso, les tomaría cerca de 30 minutos salir del muro Rose, y se suponía que la puerta oeste de María estaría abierta.

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Tal como se esperaba, en media hora habían pasado Rose y se dirigían al exterior, apurando lo más posible sus caballos, ante el aún posible peligro de que les atraparan.
Había escapado. Ya no moriría, iría al exterior junto a Rivaille, ya que este luego de tal ataque y revelación contra el reino, jamás podría volver a pisar dentro de las murallas.
-Sargento...- pensaba mientras le observaba correr a su lado sobre su caballo negro, y se cuestionaba las razones que le habían impulsado a dejarlo todo por salvarle a él. Probablemente se debía a que él era diferente... pero aún así el sargento no le necesitaba, el solo equivalía a un ejército entero, entonces... ¿por qué?
Miró adelante, se divisaba la puerta que les permitiría huir, y su corazón aceleró su ritmo, haciendo fluir la adrenalina a todo su cuerpo, y esa sensación permaneció mucho tiempo luego de haber dejado las murallas atrás. Sabía que no encontrarían titanes de camino, ya que de noche perdían actividad, pero le preocupaba el hecho de no tener donde refugiarse. Los caballos no resistirían corriendo mucho tiempo más, y en caso de tener problemas, no podía contarlos como una salida, aún así Rivaille se veía tranquilo, parecía saber dónde ir a juzgar por la expresión de su rostro. No se atrevió a preguntar nada.
Luego de más de 3 horas corriendo, llegaron hasta una cadena de montañas de cerca de 23 - 26 metros, pero muy empinadas.
-Deja los caballos aquí –habló Rivaille al tiempo que amarraba su caballo a un árbol junto a un riachuelo que corría a su derecha- necesitan descansar, están en su límite.
-Claro- contestó, e imito al sargento. Luego volteó a verle- ¿Dónde estamos?
-¿no es obvio? Fuera de los muros, y a salvo-le contesto el otro fríamente
-si, pero… ¿Qué haremos? Pueden venir los titanes por la mañana, debemos encontrar donde escondernos, o estaremos en problemas, además ¿Qué hacemos aquí? ¿Por qué me salvó de la muerte? ¿Cómo sobreviviremos ahora? ¿Qué…?
-¡Cállate idiota! Y sube aquí-le habló mientras escalaba- más arriba debe haber una cueva. Nos quedaremos ahí esta noche y luego veremos que hacer
-¡Pero...!
-NO MAS PREGUNTAS
Bajó la cabeza sin poder decir nada más. Ya hablarían de todo, pero ahora lo principal era ponerse a salvo y descansar, por lo que siguió a Rivaille hasta la entrada de la cueva, y una vez adentro, se acomodó en un rincón. No se veía mucho, la oscuridad era total, y el sueño no tardó en invadirle.

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Así que eso había pasado, tenía muchas preguntas sin responder pendientes, y esperaba que Rivaille le diera las respuestas. El susodicho le miró, a lo que Eren respondió sentándose junto a él a ver el valle que se extendía ante ellos.
-¿Ya es el tiempo de las preguntas?- silencio… miró a su compañero
-suspiro- …supongo que así es