-¡CUIDADO SARGENTO! –gritó Eren, antes de que el último titán que aún quedaba en pie lo golpeara, haciéndole chocar de espaldas contra una muralla.
Los otros cuatro titanes habían caído ya, pero no sin generar problemas a Rivaille; uno le había fracturado un brazo al intentar agarrarlo, y otro le había hecho hacer un mal movimiento, que termino con una cortada de sus espadas en el pecho, desde la cintura al hombro. Y ahora un fuerte choque contra la pared lo había inmovilizado, Eren le vio caer desde donde había chocado, y corrió a socorrerle.
-¡Sargento Rivaille!- lo sacudió- ¡Sargento! ¡Despierte!
No despertaba. Y el titán venía hacia ellos. Eren miró al titán y luego al sargento, y solo entonces, desenvaino sus espadas e hizo frente al titán que estaba ante él, y con algo de esfuerzo y todo lo que las condiciones geográficas del lugar le permitían, logró acabar con él, pero en el golpe final al titán, al no tener apoyo fue directo hacia el suelo desde 10 metros de altura. Cayó y rodó unos metros más, para luego quedarse ahí, con el cuerpo dormido por la caída.

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No supo cuanto tiempo estuvo así, pero cuando recobró la conciencia, se encontraba echado sobre su caballo, y tapado con una manta. Aún era de noche.
-Por fin despiertas –escuchó de parte de una fría y conocida voz
-S-sargento –murmuró algo atontado, luego espabiló, y se sentó correctamente en su caballo, empezando a beber de una botella de agua- ¿Cómo esta…?

-miró su brazo, ahora vendado- no es nada grave, pasará pronto
-¿y los golpes?
-ya me acostumbré a ellos, nada fuera de lo normal

-ya veo…

-… ¿y tú, mocoso debilucho?

-lo miró con cara de rabieta- yo estoy bien, mis poderes de titán ayudaron y ya no tengo nada

-hmp…

-¿cuánto falta para llegar al pueblo?

-unos 5 km… dormiste bastante –agrego con un aire bastante despreocupado para él

-…

El resto del camino transcurrió en silencio, y junto los primeros rayitos de sol, llegaron a un pueblo fantasma, con casas de gran tamaño, pero muy, muy polvoriento todo. Cerca del pueblo, se divisaba una cascada y un huerto muy bonito. Eren estaba maravillado viendo todo el pueblo y lo que lo rodeaba, estaba muy feliz de conocer el exterior. Y Rivaille lo miraba saltar de un lado a otro mientras sonreía y pensaba que no podría haber elegido una mejor opción que salvarle, pero rápidamente disolvió cualquier emoción de su rostro. Era un soldado, debía mantenerse frio.

-¡Eren! Deja de revolotear por ahí y ven a ayudarme a entrar las cosas a ese sótano de allá –señalo una puerta al costado de una casa- pronto despertarán los titanes, debemos estar a salvo –y frunció el seño

-¡aah Sargento! Nunca pensé que disfrutaría de esta libertad, que vería estos paisajes y plantas –siguió saltando por todos lados- por favor, déjeme un momento mas- dijo haciéndole ojitos al sargento para que le dejara revolotear, a lo que el otro respondió bajando la mirada y suspirando

-ve –fue lo único que dijo

A decir verdad, el disfrutaba ver a Eren así de feliz, sonriendo, esa alegría era contagiosa y se sorprendió a si mismo sonriendo de nuevo, pero esta vez no quitó la sonrisa de su cara. Ya no tenía nada que hacer, no debía preocuparse de más muertes, ni de murallas, y mucho menos de la policía corrupta que manejaba todo. No. Ahora solo tenía que ser feliz, y proteger a Eren. No se dio cuenta cuando estaba caminando hacia Eren (que estaba mirando un par de ardillas en un árbol con cara embobada), tampoco notó cuando tomo su mano y lo giró, obligándolo a verle y acorralándole contra el árbol. Eren estaba sorprendido por las acciones del sargento, últimamente le sorprendía bastante, pero esto ya era raro.
-¿sargento?- le llamo al notar que el otro tomaba su barbilla y lo obligaba a mirarle.

Y así, sin previo aviso, Rivaille lo besó. Muy despacio al principio, sintiendo los labios de Eren en los suyos y el sabor que provenía de estos, luego bajó sus manos hacia la cintura del menor, siguiendo el beso, que ahora era más demandante, y tenía a Eren sin poder reaccionar. Lo cargó contra el árbol profundizando más el beso, pero un sorpresivo rodillazo en la entrepierna le hizo caer al suelo del dolor.
-¡auch! –le gritó a Eren- ¿Por qué hiciste eso?
Eren había caído al piso también, y lo miraba con cara de susto antes de salir corriendo hacia el sótano, dejándole muchas dudas.
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No entró al sótano en todo el día, sino que se subió al árbol más alto que encontró cerca y se quedó ahí vigilando, no quería asustar a Eren y tenía que ordenar sus ideas. Sabía que lo amaba y que lo necesitaba a su lado, que por eso le había salvado, pero solo podía conformarse con estar a su lado como un protector, lo cual lo deprimía. Él quería ser más que eso, quería ser la persona en la que pensara al despertar y antes de dormir, el único que estuviera todo el día en su mente, y poder tocarle y besarle. Pero no podía, tendría que trabajar en eso, pero para empeorar las cosas lo había asustado ¿Qué sucedía con su autocontrol? Se pasó todo el día pensando y analizando, y logró controlarse nuevamente. Había decidido ganarse el corazón de Eren de a poquito, y ser él ese alguien que quería ser. Ya de noche, vio a Eren salir del sótano e ir por unas frutas a un huerto, que justamente, estaba al alcance de visión que le entregaba la altura del árbol, por lo que lo contempló hasta que volvió al sótano, y solo entonces se bajó del árbol.
Para su desgracia, la buena suerte no estaba de su lado, y al querer agarrarse de una rama para bajar, esta cedió resintiendo el brazo malo que tenía, y para rematar, con la falta de esa rama, cayó al suelo lleno de pasto, que amortiguo su caída. Miró hacia el cielo y el árbol sobre su cabeza.

-oi…-murmuró, hablándole al árbol- no me dejas ver las estrellas
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Minutos después se incorporó y fue hacia el sótano. Quería descansar, pero más que nada, LIMPIAR. Oooh siii, apostaba a que ese lugar estaba más polvoriento que una tumba, y pensando así, llego hasta la puerta del sótano y entró, sorprendiéndose mucho al ver todo limpio y una mesa con comida para dos personas.
-Sargento –dijo Eren, desde una "cocina" improvisada, donde pelaba y picaba frutas- preparé esto para usted –bajó la mirada- lamento mucho lo de esta mañana, de veras no fue mi intención golpearlo de esa manera…

-no tienes nada que disculparte –le contestó el otro con la boca abierta al verse atendido y con buena comida sobre la mesa

-si tengo, usted es mi superior y además…

-ya no lo soy –le miró, calándole la medula- desde ahora puedes llamarme Rivaille

-…hai… Rivaille… muchas gracias por salvarme y cuidar de mi –dijo inclinándose –cualquier cosa que pueda hacer para compensar su atención, por favor, hágamela saber
-¿cualquier cosa?- repitió Rivaille, con el deseo ardiéndole en los ojos
-h-hai…
-En ese caso –camina hacia él y lo toma por la cintura