La tarde caía sobre la Arena de los Juegos. Habían pasado horas desde el final de la lucha en la Cornucopia y diez de los veintitrés tributos habían perdido la vida en ella. También habían pasado horas desde que la tributo del distrito 5 curara al tributo del distrito 11 y se viera obligada a alirase con él. No se habían dirgido la palabra desde entonces y entre ellos reinaba una calma tensa. Demasiado silencio, pensó la pelirroja intentando mantener el ritmo cojeante de su compañero. De haber habido pájaros, podría haberse distraído con el sonido de sus cantos pero los únicos animales que se oían de vez en cuando eran los ratones que correteaban entre las plantas que les rodeaban. Demasiado silencio, se repitió, A este paso acabaré volviéndome loca. Sabía que estaba en medio de unos juegos sangrientos que probablemente significarían su muerte pero, ¿tan malo era mantener una conversación?

- ¿Cómo te llamas?- el tributo del 11 le dedicó una mirada ceñuda como toda respuesta- ¿No me lo quieres decir?- silencio de nuevo. La chica suspiró- Si de verdad piensas retenerme contra mi voluntad hasta que se te cure la herida, al menos deberías dejarme saber cómo te llamas, ¿no?- esta vez hubo un silencio diferente, como si el chico estuviese reflexionando las palabras de la pelirroja.

- Thresh- masculló finalmente- Me llamo Thresh.

- Thresh- repitió la chica- Significa "trilla", ¿no?- Thresh asintió una sola vez y siguió andando sin mirarla- Thresh...Yo me llamo...

- No me importa cómo te llames- interrumpió el muchacho con dureza.

- ¿Y cómo vas a llamarme si necesitas algo y estoy lejos?

- No estarás lejos.

- ¿Y si lo estoy?- Thresh suspiró cansado y la miró de reojo de arriba abajo.

- Te llamaré Comadreja.

- ¿¡Comadreja!?- la pelirroja se paró en seco y se quedó mirándole ofendida- ¿¡Pretendes llamarme Comadreja!?

- Es lo que pareces- la sombra de una sonrisa apareció en el rostro de Thresh pero desapareció al verse obligado a parar- Además, ¿cómo quieres que te llame sino?

- Pues por mi nombre estaría bien.

- No quiero saber cómo te llamas- Thresh se cruzó de brazos y volvió a mirarla de arriba abajo- Te llamaré Pelirroja, si lo prefieres- dicho esto, comenzó a andar de nuevo.

- Pelirroja...- la chica se quedó pensativa unos segundos y se encogió de hombros antes de volver a andar- Supongo que es mejor que Comadreja- volvieron a quedarse en silencio hasta que la pelirroja volvió a hablar- ¿Adónde se supone que vamos?

- Lo más lejos que podamos de la Cornucopia- la pelirroja hizo un ruido, a medio camino de la carcajada y la protesta.

- Ya estamos lejos de la Cornucopia, estamos a medio día de viaje- por su tono de voz estaba claro que, si por ella fuera, pararía a descansar- Además, en este estadio hay límites; no podremos seguir andando eternamente.

- Pues llegaremos al límite- dijo Thresh apretando los dientes. La pelirroja abrió la boca para protestar pero se lo pensó dos veces y la cerró. Quizás no fuera buena idea enfadarle, por si se replanteaba el tema de dejarla vivir de momento. Permanecieron en silencio durante lo que pareció una eternidad, sin detenerse y sin mirarse a los ojos.

- Bueno...- dijo la pelirroja harta de tanto silencio- ¿Y qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

- ¿A qué viene eso ahora?- Thresh se paró en seco y se encaró a ella.

- Me aburro- respondió la chica con franqueza- No es tan malo hablar de vez en cuando, ¿sabes?

- ¿Dónde te crees que estamos, en una excursión escolar?- a medida que hablaba, Thresh iba subiendo el tono cada vez más- Estamos en medio de unos juegos sangrientos, niña, no en una merienda campestre.

- ¡No me llames niña, tengo la misma edad que tú!- replicó la pelirroja notando cómo sus mejillas se encendían.

- ¡Pues deja de comportarte como una cría!- Thresh hizo un esfuerzo por tranquilizarse y suavizó el tono de su voz- Mira, me está costando un trabajo inmenso el no machacarte contra el suelo con la maza, así que no pongas las cosas más difíciles- antes de que alguno de los dos pudiera hablar, una figura surgió de la nada y embistió contra Thresh tirándole al suelo. Ambos comenzaron a rodar por el suelo hasta que finalmente el atacante logró colocarse sobre Thresh. La pelirroja estaba demasiado sorprendida para moverse. Huye, dijo una voz en su cabeza, Es tu oportunidad, echa a correr. Pero por más que se repetía que debía marcharse ahora que podía, no se movió del sitio. Debía ayudar a Thresh. Sentía la misma sensación que había sentido cuando había visto su herida y había decidio curarle. Buscó por todas partes algo con lo que poder atacar a aquel extraño y encontró la maza plateada. Thresh debió de haberla dejado caer al recibir el golpe. Agarró el mango con fuerza, levantó la maza y la descargó sobre la espalda del atacante. El golpe no fue suficientemente fuerte como para acabar con él pero sí para apartarle lejos de Thresh. Resoplando con fuerza, la pelirroja levantó la maza de nuevo y volvió a descargarla sobre el atacante una vez, dos, tres veces hasta que un cañonazo confirmó su muerte. Un movimiento a su derecha le indicó que Thresh se encontraba bien, de modo que suspiró y dejó caer la maza. Ya estaba, había matado a su primer tributo. Y había sido fácil, quizás demasiado fácil. Se agachó al lado del cadáver y le dio la vuelta para ver la cara de su víctima. Había algo en sus facciones y en sus ojos que le resultaba familiar. Entonces recordó. Era el chico de su distrito, aquel cuyo nombre no lograba recordar pero que había visto tantas veces en el colegio y con el que había realizado el viaje en tren hasta el Capitolio. Y estaba muerto, ella le había matado. Se levantó rápidamente y se alejó unos pasos del cuerpo. Estaba muerto... ¿Y qué? Probablemente él la hubiera matado de tener oportunidad...¿no? De eso trataban los juegos, de matar. Daba igual a quién. De pronto empezó a oírse el sonido de unas hélices en movimiento y del cielo surgió un aerodeslizador gigantesco. De él bajó una especie de gancho metálico que agarró al tributo muerto, lo elevó por los aires y desapareció tan rápido como había venido. Ya está, se había ido. ¿Y entonces por qué seguía sintiéndose tan mal? No había tenido otra opción. Era él o ella. Él o Thresh, se dijo con amargura, Y has elegido a Thresh.

- ¿Estás bien?- la voz de Thresh a sus espaldas la sobresaltó y la hizo volverse. Abrió la boca para contestar pero la voz le fallaba, de modo que se limitó a asentir. Sólo entonces sintió las lágrimas que bajaban por sus mejillas.

...

La noche caía sobre la Arena. Una pequeña hoguera iluminaba a dos tributos "disfrutando" de su primera cena en los juegos: Thresh y la chica del distrito cinco. Ambos cenaban en silencio, algo apartados pero cerca del fuego. La chica apenas comía y parecía tener la cabeza en otro lugar. De hecho, no había hablado nada durante todo el camino que ambos habían hecho hasta encontrar sitio donde pasar la noche y había permanecido con la vista clavada en el suelo. Como no habían intercambiado palabras, Thresh no sabía muy bien qué la pasaba pero había sabido atar cabos. El chico debía ser su compañero de distrito, pensó royendo los huesos del ratón que les servía de cena. Eso explicaría la falta de apetito y los sollozos que de vez en cuando dejaba escapar. Tú estarías igual si hubieras hecho lo mismo. Frunció el ceño y bebió un sorbo de agua para bajar la comida. No, él no lo habría hecho. Nunca haría daño a Rue, bajo ninguna circunstancia. Él quería protegerla. ¿Ah, sí? dijo una voz en su cabeza, ¿Sabes acaso dónde está? ¿O si está bien? No lo sabía. La última vez que la había visto había sido en la Cornucopia y fue apenas un segundo. Podría estar muerta, dijo la voz de su cabeza con amargura, Podría estar escapando de los profesionales. Podría estar tiritando en cualquier rincon. Sola. Asustada. Thresh apretó los dientes. Todo aquello podría ser cierto pero también podía no serlo, no hacía falta ponerse en lo peor. Rue era lista. Quizás estaba disfrutando de una cena caliente o sobre la rama de algún árbol. Quizás aún seguía con vida. Un estruendo musical rompió la quietud de la noche e hizo a los dos tributos mirar hacia el cielo. El emblema del Capitolio brilló unos segundos y dio paso al recuento de tributos muertos de aquel día. La primera era la chica del 3, lo que significaba que gran parte de los profesionales había sobrevivido. El segundo era el chico del 4. Thresh miró de reojo a la chica pelirroja cuando la cara del tributo del 5 apareció en el cielo. La chica miraba aparentemente impasible pero algo en sus ojos le hizo pensar que estaba a punto de llorar. Después del chico del 5 aparecieron los dos tributos del distrito 6 y tras ellos, los dos del distrito 7. El chico del 8. Los dos del 9. Thresh notó cómo sus músculos se ponían en tensión. ¿Y si había muerto Rue? La cara de la chica del 10 brilló unos instantes en el cielo y después...nada. El sello del Capitolio apareció una vez más para dar por concluído el recuento. Thresh suspiró aliviado y se relajó. Rue había conseguido sobrevivir. Ahora sólo faltaba encontrarla.

- La buscas, ¿verdad?- Thresh alzó la cabeza. La pelirroja le miraba fijamente con las rodillas abrazadas- A tu compañera, la niña pequeña.

- Rue- dijo Thresh asintiendo- Sí, la busco.

- Está en el bosque- la pelirroja bajó la vista hacia la hoguera- La ví ir hacia allí tras la cuenta atrás.

- ¿En serio?- la chica asintió y volvió a mirarle. De modo que Rue estaba en el bosque. Viva. La encontraré, se dijo nuevamente esperanzado, Y la mantendré a salvo. O quizás Rue ya no estaba allí. Quizás estaba en el río o por entre las plantas que les rodeaban. No importaba, estaba viva. Y la encontraría. Ya, ¿y qué vas a hacer con la pelirroja? dijo una voz en su cabeza. Miró de reojo a la chica que le acompañaba, que parecía haber vuelto a su ensimismamiento. ¿Se atrevería a dejarla sola? ¿Y por qué no? Ella estaba deseando irse, su alianza era sólo circunstancial. La necesitas, se recordó notando un pinchazo en la pierna. La herida estaba mucho mejor después de la segunda curación y probablemente dejaría de dolerle en unos días. Pero necesitaba a la chica para terminar de curarla. Y estoy en deuda con ella, se dijo, Me ha salvado la vida dos veces. Aquello le hizo sentir incómodo, no le gustaba deber favores a nadie. Quizás puedas pagar tu deuda con un poquito de bondad, dijo una voz en su interior que sonaba exactamente igual que la de la pelirroja. Carraspeó pensando en un tema de conversación y la chica alzó los ojos hacia él.

- Yo...quería darte las gracias por, bueno, por lo de antes...- la chica hizo un gesto con la mano, quitando hierro al asunto- Ese chico era tú...

- ...compañero de distrito, sí- contestó la pelirroja bajando la vista.

- Y érais...bueno...¿amigos?

- No, en realidad apenas le conocía- la chica suspiró y removió las brasas de la hoguera para reavivar el fuego.

- Lo siento- la pelirroja se encogió de hombros y permaneció callada. Cambia de tema, pensó Thresh, Quieres animarla un poco, ¿recuerdas?- Me...me gusta la música- la chica alzó de nuevo la vista y le miró con el ceño fruncido- Es decir, yo no canto ni nada de eso pero mi abuela sí y Rue también y, bueno, me gusta escucharlas y...

- ¿A qué viene eso ahora?- interrumpió la chica confundida.

- Bueno, antes me has preguntado por lo que hacía en mis ratos libres y no te he contestado así que...- Tonto, pensó Thresh sintiéndose más imbécil que nunca, tonto, tonto, tonto- ¿Y tú? ¿Qué te gusta hacer?- la chica ladeó la cabeza y le miró fijamente, como si intentara adivinar si estaba bromeando.

- Me gusta leer- dijo finalmente- Me apasionan los libros.

- ¿Leer?- una sonrisa sincera, la primera en muchos días, atravesó los labios de Thresh- ¿Y cómo es que te gusta leer?

- Es difícil de explicar- poco a poco la chica empezaba a sonreír- Cada vez que leo es como si me transportara a otro mundo. Como si pudiera abandonar mi vida y vivir otra durante unas horas. Un libro puede llevarte lejos de donde te encuentres.

- ¿Incluso lejos de aquí?- preguntó Thresh con tristeza.

- Incluso lejos de aquí- la chica suspiró- Me gustaría tener un libro ahora- De poco te iba a servir, pensó Thresh con amargura. Aún así, la idea de dejar atrás aquel infierno durante un tiempo sin tener que moverse del sitio le atraía. ¿Sería así de verdad? Él no estaba acostumbrado a leer, sólo lo hacía en el colegio y la mayoría de los textos trataban de agricultura. Sin embargo, estaba seguro de que aquella chica daría hasta su vida por poseer uno de los libros de su escuela. De repente, él también quiso tener uno de aquellos tesoros de papel entre sus manos. Ambos volvieron a quedarse en silencio, cada uno encerrado en sus pensamientos, hasta que un destelló plateado llamó su atención. De el cielo caía lentamente una cajita metálica atada a un paracaídas, que fue a aterrizar justo a los pies de los dos tributos. Ambos se miraron. Aquello debía de ser un regalo de los profesionales pero, ¿para quién? ¿Y por qué en aquel momento? Thresh desató el paracaídas y puso la caja sobre sus rodillas bajo la atenta mirada de la chica pelirroja. Allí podría haber cualquier cosa. Abrió la tapa y sonrió al ver el interior.

- ¿Qué, qué hay?- preguntó la chica acercándose a él. Thresh sacó un objeto de la caja y se lo tendió. Era un libro.

- Está claro que es para tí- dijo sonriendo- Parece que hay gente que te aprecía en el Capitolio- la chica tomó el libro con manos temblorosas y ojos muy abiertos y susurró un "gracias" aunque Thresh no estaba seguro de si se dirigía a él o a las cámaras que les estarían grabando en aquel momento.

- La Bella y la Bestia- la chica acarició la portada del libro sonriéndose, como si estuviese disfrutando de un chiste que sólo ella conociese. Al ver la cara de Thresh, trató de explicarse- Trata de una chica llamada Bella que, para salvar a su padre, se ve obligada a convivir con...- miró a Thresh de arriba abajo y sonrió de nuevo- bueno, con una bestia.

- Ya...- Thresh asintió lentamente- ¿De modo que yo soy la bestia?- la chica rió y negó varias veces con la cabeza.

- No, al principio no se llevan muy bien pero al final...

- No quiero saber el final- repuso Thresh reclinándose- No hasta que me lo leas, al menos- la chica rió de nuevo y, tras mirarle una última vez, comenzó a leer en voz alta. Quizás esto de la convivencia no esté tan mal, pensó Thresh escuchándola sólo a medias. Aquella extraña pareja podría estar en medio de unos juegos sangrientos en los que se ponía a prueba su capacidad de supervivencia pero, por una vez, ambos se sentían en paz.