Un aerodeslizador portando dos cadáveres sobrevoló el cielo de la Arena hasta desaparecer. Desde abajo, avanzando entre los árboles, la Comadreja lo observaba. No se la quitaba de la cabeza la escena que acababa de presenciar: Rue, luchando por librarse de la red; la voz de Katniss, acercándose hacia aquel claro; el chico del distrito uno, con su lanza en ristre. Y los cañonazos. Dos cañonazos que sonaron casi seguidos. Dos cañonazos para tres personas. Uno de ellos ha sobrevivido, pensaba perdida en sus pensamientos. ¿Pero quién? ¿Habría llegado Katniss demasiado tarde? ¿Acaso el chico del distrito uno las había matado a las dos? O quizás fuera al revés. Quizás Katniss no quería salvar a la niña, quizás había estado fingiendo para matarla en el momento oportuno y había aprovechado para acabar también con el tributo profesional. ¿Y si habían muerto los dos? Puede que Katniss fuese también armada, quizás con un arco, y hubiese disparado al chico una flecha al mismo tiempo que él lanzaba la lanza. Entonces sería Rue la que continuara con vida. La pelirroja tragó saliva. Pensar en Rue era doloroso. No podía quitare su imagen de la cabeza; sus sollozos, su canción...y el hecho de que ella no hiciera nada para salvarla. ¿Y qué podías hacer?, se dijo. El chico iba armado y Katniss estaba acercándose, no podría haberse enfrentado a ellos. Tenía el cuchillo, pensó, Podría haber liberado a Rue, podría haber cambiado las cosas. Pero no lo había hecho. Se había acobardado, esa era la única verdad. Había temido por su vida y había huído. Y ahora se arrepentía. Dejó de caminar, apoyó la frente contra un árbol y cerró los ojos. Thresh la habría salvado, con cuchillo o sin él. Aquel pensamiento la sobrecogió. Thresh... ¿Cómo iba a contarle todo aquello? Él la estaba buscando, ¿cómo le contaría que había visto a su compañera de distrito atrapada en una red y no había hecho nada para ayudarla? Eso si le encuentras... Se estremeció. De repente la realidad la golpeó de lleno. Quedaban seis en la Arena, de los cuales sólo podía ganar uno. Y se sentía más sola que nunca. Las piernas comenzaron a temblarle y tuvo que agarrarse al árbol para no caer. Así permaneció hasta que sus ideas se aclararon. Abrió los ojos y se tocó la mejilla. No se había dado cuenta de que había empezado a llorar. Se quedó mirando su mano mojada con el ceño fruncido. No, aquello estaba mal. Se apartó del árbol con brusquedad y comenzó a secar furiosamente sus lágrimas. No podía permitirse llorar, no durante tanto tiempo. Quedaban seis personas, lo último que necesitaba era autocompadecerse el resto de los Juegos. Lo hecho, hecho estaba. Sin embargo, por mucho que se empeñaba no conseguía detener aquel maldito torrente de lágrimas que salía de sus ojos. Comenzó a andar dando grandes zancadas sin dirección, siendo apenas consciente de que la noche iba abriéndose paso, hasta que lo vio. Varios metros más adelante se entreveía el fuego de una pequeña hoguera, y a alguien inclinado sobre ella. Thresh, pensó la pelirroja dejando de caminar. No sabía si era él o no pero era a quien más necesitaba ver en aquel momento. ¡Thresh! Echó a correr hacia la luz, sorteando casi por casualidad árboles y rocas. A la escasa luz del fuego era casi imposible reconocer su cara pero su piel morena le delataba. Era él. El himno comenzó a sonar en el estadio pero a ella no le importaba. Alcanzó la hoguera justo cuando la imagen del primer muerto desaparecía del cielo.

- ¡Thresh!- pero Thresh no parecía escucharla. Permanecía sentado sobre un tronco, rígido, con los puños apretados y la vista clavada en el cielo. La pelirroja miró hacia el cielo y enseguida deseó no haberlo hecho.

...

Rue ha muerto, pensó Thresh con la vista clavada en el cielo. La imagen de la niña lució unos segundos más en el firmamento antes de desaparecer pero Thresh no se movió. Rue estaba , la niña que les avisaba a todos del fin de jornada cuando estaban trabajando. Rue, a la que tantas veces había oído cantar a los sinsajos. Rue, la mejor trepadora de árboles del distrito once. Rue, su Rue. Muerta. Bajó la vista al suelo. Había llegado tarde. Ha muerto por tu culpa, se dijo apretando los dientes, Prometiste que la cuidarías y no lo has hecho. A pesar de todos sus esfuerzos, sus horas de caminatas recorriendo cada centímetro de la Arena, no había conseguido encontrarla. Y ahora está muerta. Por tu culpa. Apretó los puños con fuerza. No, no era por su culpa. Alguien había acabado con Rue, y fuera quien fuera el asesino él acabaría con él. ¿Y cómo sabes que la han matado?, dijo una voz llena de amargura en su mente, ¿Qué te hace pensar que no ha muerto de hambre, de frío o envenenada? No lo sabía. Gimió y se tapó el rostro con las manos. Oía a alguien pronunciar su voz pero le parecía muy lejano. Ni siquiera notaba el sonido del fuego crepitar en la hoguera. En su mente sólo existía Rue. Rue el día de la Cosecha. Rue en los entrenamientos. Rue recolectando en el campo. Todos esos recuerdos se entremezclaban con imágenes de lo que podría haber sido su muerte. Rue debilitándose debido al hambre. Rue con los labios agrietados buscando una fuente de agua. Rue desangrándose. Para, se dijo notando cómo le temblaban las manos, Rue ha muerto, ya está. No te martirices. No, debía ser fuerte. Quedaban seis personas en la Arena, los Juegos estaban en la recta final. Debía luchar contra todos ellos, ganar y...volver a casa. Debía hacerlo por Rue. Entonces notó una mano sobre su hombro. Se dio la vuelta bruscamente apartando la mano y mirando a aquel intruso. Era la Comadreja. Estaba de pie, más pálida de lo habitual y con pinta de haber llorado. Pelirroja. Hacía días que no la veía y, aunque el cielo le había dejado claro que estaba viva, había estado intranquilo. Sin embargo, una parte de él seguía furioso con ella por haberle engañado. Tragó saliva intentando ordenar sus ideas antes de hablar.

- ¿Dónde estabas?- la pelirroja tardó un tiempo en contestar.

- Fuí a la Cornucopia.

- Me prometiste que no irías- dijo Thresh sin apartar los ojos de ella- Me diste tu palabra.

- Lo siento- susurró ella, aunque Thresh no estaba seguro de si se disculpaba por haberle mentido o le daba el pésame por Rue. Inspiró hondo y la miro de arriba abajo hasta reparar en el cuchillo que llevaba en la mano.

- ¿Y eso?

- Lo conseguí en la Cornucopia- la pelirroja bajó la vista avergonzada- También comida y una olla pero la olla la he perdido- Thresh frunció el ceño. Había algo más en todo aquello. La chica del cinco le ocultaba algo.

- ¿Qué ha pasado, Pelirroja?- volvió a observarla de hito en hito pero no vio señas de ningún tipo de herida.

- Después de conseguir el cuchillo...yo...- la Comadreja levantó la vista y miró a Thresh a los ojos. Parecía a punto de llorar de nuevo- Vi a Rue- Thresh sintió como si alguien le diese un mazazo en el estómago- Ella...estaba atrapada. En una red- Thresh se levantó y se acercó lentamente a ella- ¡Pero no pude hacer nada!- la Comadreja había empezado a retroceder al ver al chico del once levantarse.

- La viste...- Thresh era incapaz de pronunciar palabra. Su cabeza parecía un volcán en erupción. Sus pensamientos iban sucediéndose tan deprisa que era incapaz de seguirles el hilo. Pero una cosa estaba clara: la pelirroja había visto a Rue antes de morir. Y ella estaba viva- ¿La viste atrapada y no hiciste nada?

- No pude hacer nada- la Comadreja rompió a llorar- No pude.

- ¿¡No pudiste!?- Thresh estaba fuera de sí. Le arrebató el cuchillo a la Comadreja y lo sostuvo frente a su cara con manos temblorosas- ¿¡Tenías un cuchillo y no pudiste hacer nada!? ¿¡No pudiste liberarla!?

- ¡No pude!- estalló la pelirroja- ¡Katniss se acercaba a nosotras y el chico del uno llevaba una lanza y...!

- ¿¡La dejaste sola con ellos dos!?- Thresh agarró el cuello de la chica con las dos manos, la levantó unos centímetros y la aplastó contra un árbol- ¿¡Aún sabiendo que el chico del uno iba armado, la dejaste sola!?- comenzó a apretar con fuerza. Toda su rabia y su impotencia se centraron en la Comadreja. Ya no veía a la pelirroja como una compañera de alianza, sino como una persona completamente desconocida. Nuevas imágenes comenzaron a invadir su mente; imágenes de Rue, atrapada bajo una red, y de la Comadreja, permaneciendo inmóvil cuchillo en mano. Todo comenzó a desdibujarse a su alrededor. En aquel momento sólo existían ella, él y su fuerza. No pensaba, no sentía. Se había convertido en la Bestia de su propio cuento. Apretó con más fuerza. Quería que ella sintiese su dolor, que supiera lo que su cobardía había supuesto para él, para Rue y para su familia. Su respiración se entrecortó, haciéndose similar a la de un toro o a la de un animal salvaje. Es lo que era, un depredador acorralando a su presa. Para, dijo una voz en su interior, Vas a matarla, déjalo ya. La pelirroja boqueaba en busca de aire, arañando débilmente las manos de Thresh y dando patadas aún más débiles contra el árbol. Su piel estaba tan blanca como la nieve y tenía los labios azulados. En unos segundos, moriría. ¡Para! Thresh se apartó con brusquedad de la Comadreja y se alejó de ella con los puños apretados. ¿Por qué había parado? No lo sabía. Sentía rabia y deseos de venganza pero nada conseguiría matándola. Se giró para mirarla. Al verse libre del peso que la aplastaba, la pelirroja había caído sin fuerzas al suelo y permanecía sentada a los pies del árbol, con las piernas hacia un lado e intentando recuperar el aliento. Al ver que Thresh la miraba, se acurrucó más contra el árbol llevándose instintivamente una mano al cuello. En sus ojos se reflejaba el terror más puro, como si fuese un cervatillo atrapado en las garras de un león. Un rastro de culpabilidad oscureció a Thresh. Nadie le había mirado nunca de aquella forma, y mucho menos por algo que había hecho él. Y lo que más le inquietó es que no sintió nada, sólo rencor. De repente todo había cambiado. Una brecha invisible se había abierto entre los dos y Thresh sabía que ninguno iba a mirar al otro de la misma forma. Sólo había una cosa que podían hacer. Sin mediar palabra, Thresh se acercó al tronco y sacó de un hueco de la madera el libro que les habían enviado el primer día. Después, recogió el cuchillo del suelo y tiró los dos objetos a los pies de la Comadreja, que continuaba acurrucada sin moverse.

- Márchate- dijo Thresh con voz neutral. La pelirroja parpadeó varias veces asimilando la información.

- ¿Qué?

- Nuestra alianza se ha acabado. Mi pierna está curada, ya no te necesito. Además no quiero verte- inspiró hondo antes de continuar- Eres libre, vete- la chica permaneció sentada. Miraba alternativamente a Thresh y a sus cosas, como si estuviese librando una lucha interna.

- ¿Me dejas con vida?- Thresh asintió una sola vez. La Comadreja bajó la vista y pareció dudar unos segundos más antes de asentir. Se puso en pie con algo de dificultad, asió con una mano el cuchillo y con la otra el libro y le dirigió a Thresh una última mirada de despedida antes de marcharse. Thresh se quedó mirando cómo se alejaba entre los árboles.

- Pelirroja- la Comadreja se giró al oír su voz. Si sentía algún tipo de tristeza, su cara no la reflejaba- La próxima vez que te vea, te mataré.