Concéntrate, la Comadreja echó el cuerpo hacia delante preparándose para correr, Sólo tienes una oportunidad, no la desperdicies. El sol comenzaba a salir en la Arena, de un momento a otro se celebraría el banquete en el que cada uno de ellos conseguiría aquello que necesitara desesperadamente. Y ella había llegado la primera. Falta poco. La pelirroja permanecía oculta en la boca de la Cornucopia, sin más ayuda que sus piernas para salir de allí. Había decidido dejar en el cuerno su antigua mochila con el cuchillo y el libro para facilitar su huída. Suficiente tenía con cargar con una mochila cuyo tamaño desconocía. Poco a poco el sol comenzaba a bañar los árboles que rodeaban el claro y el terreno que se extendía ante ella. Incluso los pájaros habían empezado a cantar. Falta poco, se repitió notando acelerarse los latidos de su corazón. De pronto la tierra comenzó a temblar. El suelo delante de la boca del cuerno se dividió en dos y surgió una mesa redonda con un mantel blanco como la nieve. En la mesa había cuatro mochilas; dos negras grandes con los números 2 y 11, una minúscula naranja con el número 12 y una mediana y verde, con un 5. Esa es la mía, pensó la Comadreja clavando los ojos en ella. Un leve click indicó que la mesa estaba completamente encajada en el suelo. ¡Ahora! Sin pensárselo dos veces, la Comadreja echó a correr hacia la mesa, cogió su mochila, y se dirigió hacia el bosque sin mirar atrás. Corre, se repetía abrazando su mochila, Corre, corre, corre. Sólo dejó de correr cuando se vio rodeada de árboles. Se dobló hacia delante apoyando las manos en las rodillas intentando recuperar el aire. Estoy viva, pensó aún sin poder creérselo, Estoy viva. Y tenía tiempo de esconderse mientras los otros tributos del banquete terminaban de pelearse. Empezó a andar de nuevo abriendo su nueva mochila para echar un vistazo a su contenido. Una botella de agua llena, cerillas, un saco de dormir cuidadosamente doblado, manzanas... Metió la mano dentro de la bolsa y removió su interior hasta palpar un objeto pequeño, parecido a un palo. Lo sacó y lo observó con atención. Una cerbatana. Removió más el interior de la mochila hasta encontrar una cajita que contenía cinco dardos listos para ser usados. Eso era lo que necesitaba. Se guardó los dardos y la cerbatana en un bolsillo de la chaqueta y volvió a cerrar la mochila. Estaba preparada, ahora sólo tocaba esperar. Fue entonces cuando oyó el cañonazo.
...
Corre, pelirroja, pensó Thresh al ver una mata de pelo rojizo desaparecer en el bosque. La Comadreja había sido la más inteligente de todos ellos al esconderse en la Cornucopia y esperar el momento oportuno para hacerse con su mochila, aunque él no esperaba menos de ella. Siempre ha sido lista. Pero no tenía tiempo de pensar en ella. Una gran mochila con el número 11 esperaba a ser recogida y más le valía darse prisa antes de que alguien se le adelantara. La chica del 12 y la chica del 2 habían empezado a pelearse en la boca del cuerno, de modo que Thresh aprovechó la ocasión para salir corriendo de entre los árboles maza en mano. A simple vista parecía que sólo estaban ellos tres en el banquete, aunque algo le decía que el chico del 12 y Cato andaban por los alrededores cubriendo a sus parejas. Si es así, no están haciendo un gran trabajo. La compañera de Cato había inmovilizado a la chica en llamas contra el suelo y se recreaba seleccionando cuchillos del interior de su chaqueta. Thresh cogió su mochila y estuvo a punto de irse cuando escuchó a la chica del 2 hablar.
- ... vamos a matarte, igual que a tu lamentable aliada... ¿cómo se llamaba? ¿La que iba saltando por los árboles? ¿Rue?- Rue. Thresh se giró a la chica notando cómo hervía la sangre en su interior. Han sido ellos. Ellos habían matado a Rue. No sabía a ciencia cierta si ella había sido la asesina pero estaba claro que había tenido algo que ver. Thresh avanzó hacia ella notando cómo la maza resbalaba de su mano, la cogió de la chaqueta y la levantó en el aire como si fuese una muñeca de trapo. La chica de Cato gritaba pero él apenas escuchaba. En su interior sólo existía la venganza. Dio la vuelta a la chica y la tiró al suelo, alejándola de la tributo del 12.
- ¿Qué le has hecho a Rue?- gritó mientras la joven retrocedía asustada- ¿La has matado?
- ¡No! ¡No, no fuí yo!
- ¡Has dicho su nombre, te he oído! ¿La has matado?- Thresh echó un vistazo a la colección de cuchillos que portaba la chica, todos de distinta forma y tamaño. La imagen de Rue desangrándose con multitud de cortes por el cuerpo invadió su mente haciendo torcer su boca en una mueca de rabia- ¿La cortaste en trocitos como ibas a cortar a esta chica?
- ¡No! No, yo no...- sí, tú sí. Thresh se agachó sin apartar los ojos de la chica y recogió una gran piedra del suelo- ¡Cato!- chilló la chica al ver la piedra- ¡Cato!
- ¡Clove!- la voz de Cato sonaba distante, como si estuviese muy lejos de allí. Thresh agarró con fuerza la piedra y la estrelló contra el cráneo de Clove. La joven no sangró pero por el gemido que dejó escapar estaba claro que no le quedaba mucho tiempo de vida. Thresh se volvió hacia la chica en llamas con la piedra en alto. Su respiración era agitada y notaba la adrenalina correr por sus venas pero aún le quedaba un mínimo de coherencia. ¿Era verdad lo que había dicho Clove? ¿Rue había formado alianza con la chica del doce?
- ¿Qué quería decir?- las palabras salían atropelladamente de su boca sin que pudiera frenarlas- ¿Qué era eso de que Rue era tu aliada?
- Yo..., yo..., nosotras formamos un equipo. Volamos en pedazos las provisiones. Intenté salvarla, de verdad, pero él llegó primero. Distrito 1- Distrito 1. Thresh no sabía cómo se llamaba pero estaba convencido de que era el mismo chico que apareció en el cielo cuando Rue murió.
- ¿Y lo mataste?
-Sí, lo maté, y a ella la cubrí de flores. Y canté hasta que se durmió- la chica parecía emocionarse al hablar de Rue, lo que hizo dudar a Thresh. Le cantó...
-¿Hasta que se durmió?- preguntó Thresh, con voz áspera.
- Hasta que se murió, canté hasta que se murió. Vuestro distrito... me envió pan- la chica levantó la mano para limpiarse la sangre de la nariz, como si hubiese aceptado ya su muerte- Hazlo deprisa, ¿vale, Thresh?- Thresh frunció el ceño mirandola. Aquella chica era lo que él siempre había querido ser para Rue; un protector, un aliado, un amigo. ¿Iba a matarla? Le cantó, pensó bajando la piedra, y la cubrió de flores. ¿Qué hacías tú mientras tanto? Nada. Fue ella quien trató de defender a Rue cuando estaba en peligro. Fue ella quien acompañó a la pequeña en los últimos minutos de su vida. No puedo matarla, al igual que no pude matar a la pelirroja. Su rostró se tensó al pensar en la chica del 5. Dejó caer la piedra y señaló a la chica en llamas con un dedo.
-Te dejo ir sólo esta vez, por Rue. Tú y yo estamos en paz. No nos debemos nada, ¿entiendes?- la chica asintió. No habría segundas oportunidades. Si la encontraba, la mataría. Aún debo volver a casa. La voz de Cato sonaba cada vez más cercana, rota por el dolor de ver a su compañera de distrito inmóvil en el suelo- Será mejor que corras, chica en llamas- la chica se incorporó y echó a correr hacia el bosque. Thresh se la quedó mirando hasta que desapareció. Era la segunda persona a la que perdonaba la vida en aquellos juegos pero eso no volvería a ocurrir. En aquel momento todo se reducía a matar o morir. Se giró hacia la mesa y vio las dos mochilas negras que seguían esperando a sus respectivos dueños. Una breve sonrisa cruzó sus labios. ¿Por qué deberían tener un dueño cada una cuando podía llevarse las dos él? Así se aseguraría de que Cato le siguiera y sería más fácil acabar con él. Echó a correr hacia la mesa, cogió las dos mochilas y desapareció del claro. Que empiece el juego, Cato.
