Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a la maravillosamente talentosa Sra. Stephenie Meyer, mis historias solo son para desahogar el impulso de lanzarme sobre Edward aunque este casado (lo siento Bella) C:

Summary: Cuando ya no te queda algo seguro a lo cual aferrarte, cuesta volver a creer en las personas, aunque vengan a ti con una sonrisa tímida y una mirada pura.


Pueden poner su playlist para este capítulo:

Why does it always rain on me – Travis

Get away - Yuck

Youth without youth - Metric

I was broken – Robert Pattinson (cover)


Incomparablemente atroz

Apenas pude pensar con algo de claridad me separe de aquel abrazo, y todo mi ser me reclamo el frio que dejó aquella acción.

Seque un poco mis lágrimas, al menos por unos segundos, pues sobrepuso sus dedos y las secó delicadamente.

No quise ver en sus ojos, pero no pude evitarlo. Su presencia me tenía anclada desde esos orbes verde esmeralda, y la sensación era inesperadamente agradable.

- Soy un tonto ¿verdad? No debí haberte lastimado así –se detuvo- pero no es esa la razón de tu llanto. –susurró- Puedo verlo aunque no lo digas en voz alta.

- Gracias –comencé- De verdad lo digo. Tu sinceridad me agrada –cambie el tema, pues no era el momento para ponerme las lacrimógena, eso, sin decir que el tema me llevaría a la histeria cuando menos. Eso pareció mantenerlo distraído, al menos de momento –Espero no haber deshecho tu visión de mi –intenté bromear, calmada ya- o tendré que volver a ser encantadora. –seguramente mis intentos eran realmente patéticos pues no sonrió.

- No debes intentar nada. Siendo tu misma es suficiente.

- En realidad quise decir que tus palabras significan algo realmente importante para mí, y por supuesto que no te odio. Somos familia, no puedo odiarte. Todos ustedes son mi familia –la única que me queda quise agregar pero me contuve. Tampoco pensé demasiado en el hecho de que era adoptado ni nada.

- Creo que mas allá de ser familia, me gustaría que seamos amigos. No todas las familias se unen con lazos de amistad –sonrió. ¿porque ahora me sentía tan tranquila con él? Como si nada de lo anterior fuese real…

- Yo también quiero ser tu amiga

- ¿Amigos?– dijo estirando su mano, la tomé y me sentí igual que con Esme, en paz calma y tranquilidad.

- Amigos –confirmé y volví a sonreír ligera y tranquila.

El tiempo aunque uno no quiera pasa y con las clases, a veces demasiado tediosas, me absorbieron tres o cuatro veces por semana, y apenas me di cuenta que prácticamente ya vivía con mi nueva familia un mes entero, mientras tanto podía decir con seguridad que aprobaría mis exámenes aunque los mismos fuesen muy difíciles.

Edward no solo llegó a ser un buen tutor, sino que era excelente. No avanzaba nada con respecto a los temas si no hubiese entendido antes absolutamente todo. No tenía ningún problema sin resolver en mis prácticas numéricas, lo cual me hacía sentir confiada porque yo había resuelto todas ellas.

También podía asegurar sin ninguna duda que Edward y yo éramos amigos. Su comprensión en clase no solo me la demostraba con los números sino que también en cuanto hablábamos de nuestros respectivos puntos de vista, experiencias o gustos. Aunque parecía darse cuenta que yo no iría tan lejos en cuanto a explicar con detalle cada aspecto; sobretodo que no diría demasiado de las razones por las cuales su padre me había "rescatado". Sin embargo, me seguía preguntando porque la sensación extraña al estar con él no se desvanecía, aunque tampoco me llegaba a sentir del todo incomoda, era inexplicablemente contradictoria la situación, pues cuando nos alejábamos un poco sentía que debíamos estar cerca y cuando nos reuníamos nuevamente lo quería lejos… casi como si me sintiese vulnerable con su presencia y sin ella.

De momento no le daba demasiada importancia, pues empecé a creer que solo era parte de mi época adolescente y mi humor cambiante. O simplemente estaba loca.

Por otro lado, tío Carlisle parecía siempre fascinado cuando nos veía en casa a Rose, Edward y a mi juntos, no escatimaba la mirada de afecto y cariño para ninguno de nosotros, siempre había orgullo y felicidad de su parte.

Esme era el ser humano más adorable que había conocido, consintiéndonos todo cuanto podía. Su empeño en hacernos felices a cada uno por igual, y me hacía sentir mucho mas amada y podía decir lo mismo de por todos en la casa, pues la atmosfera que se creaba con su presencia era totalmente palpable.

Y Rose… Rose simplemente no era un ángel porque se supone que ellos tienen alas. Era más que maravillosa en todo sentido ¡Su encanto absoluto me tenía tan enganchada a ella! Las horas que pasábamos juntas –o con Edward- me parecían muy pocas.

En todo caso, e incluso sin pensar demasiado en la costosa ropa –que a fin de cuentas tuve que aceptar- mis pertenencias habían multiplicado su volumen por lo menos 400%, tanto que se me hacía demasiado abrumador.

Aunque claro jamás pensé dos veces cuando Esme, Carlisle o incluso Edward me presentaban un nuevo mundo descrito en más de 200 hojas, sin embargo a veces me salían con que les dijese el título de mi preferencia y ellos me lo conseguirían.

A pesar de todo lo que recibía –claro, sin convencerme realmente que me merecía todo aquello- estaba bien agradecida.

Y me sentía, bueno no completa –siempre me faltarían mis padres- pero casi podía decir que tenía un nivel de felicidad semejante al que sentí cuando estaban conmigo.

- Y bien Bella ¿Qué quieres hacer hoy? Recuerda que ayer ganaste el derecho de elegir el lugar donde iríamos… -Edward, un poco impaciente por mi respuesta, preguntó.

- ¿Rose irá con nosotros?

- No lo creo. Mamá me contó que irían a ver al pediatra. Le está saliendo un diente nuevo.

- ¿Estará adolorida?

- No lo creo, Bella. Es más una especie de control de crecimiento que otra cosa.

- Entonces… ¿Qué te parece el museo? Oí que habrá una exposición de arte moderno. ¿Te imaginas ese conocimiento de nerds para nosotros solos?

Sus paroxismos fueron resonando en la sala de la casa rápidamente, contagiándome la risa.

- ¡Hay Bella! La única nerd aquí eres tú. No me unas a tu grupo… -continuó carcajeándose.

- Sí, claro. Como yo soy la tutora… -volteé los ojos. ¿Qué se había creído?

Poco a poco se había ganado esa confianza que demostrábamos. Sabía que debía reír con él y de él, como una forma de corresponder ese sentimiento que compartíamos.

- Sabes que bromeo ¿no?

- Sí, claro… -reproché. Entonces me abrazó ligeramente.

- Estas molesta, estas molesta, estas molesta, estas… -continuaba con su abrazo y su irritante discurso hasta que "se me pasaba" el enojo y nos carcajeábamos ambos.

- Ya señor no-soy-nerd ¿Qué dice del museo?

- Si es el museo de Ciencias Naturales al que te estás refiriendo, no podemos.

- ¿Por qué?-solté una mueca de disgusto.

- Porque esa exposición de la que hablas fue la semana pasada.

- ¿En serio? ¡Diablos! Estoy realmente perdida en cuanto a la fecha. –sonrió

- Bella, no solo en la fecha. –le fruncí el ceño

- Ok, orientación-es-mi-segundo-nombre ¿Qué propones?

- Pasear, ver una película, jugar paintball… cualquier cosa de esas, ya estoy un poco cansado de estudiar en vacaciones.

- ¿Por qué no lo dijiste antes? –susurré. ¿Quién sería mi tutor ahora?

- Espera, no te pongas así. Me siento muy bien ayudándote a estudiar, es solo que no todo debería ser estudios… Debemos salir un poco más, Bella. ¿acaso conoces la ciudad?

- He estado estudiando para esos estúpidos exámenes –refunfuñé.

- Lo ves. Hay que darnos un respiro, nada más.-Yo y mi tendencia a irme hasta los extremos…

Entonces salimos hasta Port Ángeles, aunque habíamos pensado primero en ir a Olimpia, sin embargo tampoco podíamos ir demasiado lejos. Aun éramos menores y nuestros padres nos querían temprano en casa. Tampoco manejábamos aun, ni nada por el estilo, así que solo nos quedaba usar el autobús.

En ese momento no podía definir el hecho de que no sentí la misma opresión en el pecho que antes, cuando salía de casa. Tal vez estaba más confiada con que no podría cruzarme con alguien que deseara deliberadamente hacerme daño estando acompañada, o solamente mi sentido de orientación y las emociones nuevas –correspondientes a estar con una persona que no quería agredirme solo por mirar donde caminaba- me hacían parecer casi en piloto automático, inhibiendo hasta cierto punto el miedo, pero aun así disfrutaba el momento, como si suprimiese ciertos sentimientos indeseados. Como una persona normal lo haría, aunque no fuese consciente de aquello…

Al final no hubo nada bueno para ver en el cine así que decidimos ir a caminar por unos maravillosos sitios que Edward conocía muy bien. Realmente parecía un paseo turístico con guía incluido, el cual relataba de manera dedicada hermosas historias que daban la impresión de haber sido sacadas de cuentos de hadas, mientras caminábamos por algunas calles y avenidas peculiares.

A media tarde fuimos a un lugar de comida rápida, que vendía unas hamburguesas enormes y deliciosas. Honestamente, no tengo ni idea de cómo me terminé la mía, pero lo hice, eso sin contar que también tomé mi refresco.

Edward vio con ojos como platos como dejaba mi plato vacio y no me podía levantar

–metafóricamente- de la silla que usé.

- ¡No puedo creer que te acabases toda la hamburguesa!

- ¡Y yo no puedo creer que no terminases la tuya!

Nos reímos a mandíbula batiente.

- Me encanta cuando te ríes. -¿Qué podía responder a eso?

- Lo que pasa es que tengo un tutor explotador, que ni siquiera me permite reír.

- ¿Puedo conocerlo? Debe ser una eminencia…

- Nada que ver, es solo un tonto. –lo miré seria por unos segundos y luego nos carcajeamos más fuerte. Cuando ya tuvimos la oportunidad de calmarnos un poco le pregunté.

- ¿Conoces por casualidad algún lugar donde vendas muñecas hechas a mano, o cosas parecidas? –me vio algo extrañado pero luego sonrió dulcemente cuando comprendió lo que quise decir.

- ¿Crees que le gusten?

- Estoy segura que las amará.

- Entonces vamos allá.

Fuimos a una tienda hermosa, que parecía enteramente un plació de juegos. Todo repleto de juguetes de todos los tamaños, formas, colores, en fin, el sueño de todo niño.

Cuando encontré una muñeca de sonrisa super dulce y tierna, sin llegar a ser exagerada, me emocioné de verdad pues tenía el color de mis ojos, y sus cabellos eran casi tan largos como los míos. Ésta sería mi regalo para Rose.

- ¿Sabías que el cumpleaños de Rose es en menos de un mes? –preguntó Edward mientras nos dirigíamos caminando a la estación del bus para regresar a casa.

- No tenía idea. Gracias por avisar. Por cierto cuando es tu cumpleaños, jamás lo pregunté. –respondí sincera.

- Es el 20 de Junio. Y el tuyo me lo dijo mi papá, el 13 de setiembre ¿no?

- Exactamente.

- Crees que podemos llevar unos… -en el momento que Edward iba diciendo algo nuevo que probablemente me sorprendería como el conocimiento acerca de mi cumpleaños, levanté la vista sin intención alguna de encontrar algo novedoso, pero allí estaba.

Me quedé petrificada en mi sitio.

¡No! No, no, no, no, no, no, no. Por favor, ¡NO!

Intente respirar nuevamente, pasar algo de oxigeno hasta mi cerebro para poder ordenar a mis pies que corran, se muevan, avancen. Cambien de de dirección o hagan algo, pero nada.

Los latidos estruendosos de mi corazón se hicieron sentir desaforadamente atronando mis oídos a más no poder y seguí estática, y congelada.

Ahora entendía perfectamente porque en las películas parece que todo pasa en cámara lenta cuando el enemigo está cerca de la víctima.

Mi corazón apresurado latía tan rápido y tan fuerte que hacía que pudiese contar cada segundo como si fuesen horas, prácticamente.

Solo estaba allí, pasaba todo a mi alrededor: Edward continuaba con pasos lentos hablando de lo que sea que estábamos hablando antes de ver a aquel hombre en la siguiente calle, muy tranquilo y sin darse cuenta que me tenía cerca de su maldito alcance.

Temblé como una hoja en medio de un tornado ¿A dónde iría? ¿Cómo huiría? ¿Por qué no le dije a Edward que no debía salir? ¿Qué hago? ¿Qué hago?

Mis ojos estaban colmados de lágrimas, como si supiesen que pronto estaría totalmente perdida. Como antes cuando la alarma de mi cuerpo funcionaba mejor que cualquier cosa.

Una mano abrazó mi codo izquierdo

- ¿Qué te pasa Bella? –preguntó

- Vamos por donde vinimos. Olvidé algo. –no sé cómo pero logré mover mi adormecido cuerpo en medio del pánico. Edward no comentó nada, solo caminó rápidamente ajustándose a mis pasos. Traté de pensar con claridad, probablemente no se había dado cuenta aun que estaba cerca sino ya hubiese salido detrás de nosotros. Y esas pisadas fuertes las reconocería aunque no las viese.

El caos se apoderaba de mí ¿y si no es así? ¿Si esta buscándome por la calle contraria? ¿Si está lo suficientemente sobrio para pensar diferentes estrategias?

Lucía algo diferente, incluso mayoranas los que hubiésemos pasado separados. Parecía realmente sobrio, aunque claro, aun estando ebrio también podía disimular. Yo lo sabía mejor que nadie.

- Bella ya dime qué te pasa –casi había olvidado a Edward a mi lado.

- ¿Podemos simplemente regresar al bazar? Debo encontrar lo que olvidé. –me tomo un poco más firme que antes del brazo, deteniéndome.

- Necesito que me digas que paso ¿Por qué te detuviste? ¿Qué recordaste? ¿Qué viste? ¡Dios! Estas llorando -¿Qué? ¡Mierda! No me había dado cuenta.

- ¿Sabes dónde puedo ir al baño?

- En el mal, a una cuadra de aquí.

- Perfecto, vamos. –tome su mano firmemente y lo arrastré conmigo.

Llegue a los servicios higiénicos, entré y lavé un poco mi rostro. Respiré profundamente. ¿Podríamos llamar un taxi para que nos lleve de aquí hasta la casa? ¿Cuánto se molestaría Carlisle en cuanto supiera todo? ¿Llegaría sana y salva a su casa? ¿Y Edward? Las preguntas cada vez eran más agresivas y peligrosas, no podía si quiera pensar que estaba relativamente a salvo, pues no sabía que me esperaba al salir del baño. Intente respirar profundo nuevamente. Salí.

- Bella, ¿estás bien?

- Debo contarte algo pero no será nada agradable, al contrario, y es muy probable que desees estar lejos de mí después, aunque lo entenderé. Pero… -¡oh no, otra vez la marea subiendo! ¿Cuándo demonios se calmaran mis ojos?

- No creo que hubiese algo remotamente que me hago alejarme de ti. –sonó tan seguro, tanto como yo no estaba.

- Vi… vi a Billy –un silencio rotundo. ¿acaso el sabía de…?

- ¿Quién es Billy? –no al parecer no tenía ni idea.

- El es la persona a la que mis padres me dejaron encargada antes de morir. –frunció el ceño.

- ¿Y porque te pusiste así? ¿no querías saludarlo? –el color huyo de mi rostro.

- Es… una larga historia y es mejor que te lo cuente en casa. No me siento bien aquí. ¡Por favor! –supliqué. Y tal vez si fui muy convincente con mis palabas, porque es realidad deseaba alejarnos del peligro, o mis lagrimas ya no resistían otra sesión de contención. Sea como sea, el asintió y fuimos felizmente en taxi al menos hasta la parada del bus.

No tendríamos que caminar arriesgándonos a cada segundo, con cada paso. Edward no tenía porque salir herido, también.


Las espero acá la proxima semana, y les daré doble capitulo durante la semana que viene si no se presenta nada en medio. Un enoooooooooorme abrazo de oso.

Las quiero muchísimo chicas!

C:

Recalco, cualquier pregunta al respecto del fic o de mi, no duden en hacerla en sus RR en el PM o en el Fb.

Ale!

Las demás historias que tengo también las esperan... sería muy dulce si se pasan por allí al menos a leerlas.