Capítulo: 4/4

Pareja(s): 1x4, 4x3

Notas: Último capítulo. No sé si alguien va a leer esto, esté leyendo esto o haya leído esto, pero tengo que decir que estoy muy, MUY feliz de haber terminado este fanfic. Lo que no saben es que esta idea estuvo dando vueltas desesperadamente en mi cabeza, que no sé cuánto tiempo he pasado con ella y que haberlo terminado así de fácil, así de "bien", así de rápido, así de manera tan satisfactoria para mí, no tiene precio, en serio, es como dar un paso enorme a algo a lo que jamás creíste que llegarías. Si alguien lee, muchísimas gracias.

Muchísimas gracias a mi Diana por betear, a mi Caín por estar ahí. A lo que sea que haya dejado que esto exista porque debía existir. Y a quienes dejen comentario, sepan que eso los hace mejores personas.

A base de inseguridades

Se los dice durante el desayuno. Es sábado y están todos comiendo los panecillos que el padre de Abigail preparó. No se lo ha dicho a Wally y no porque no se estén hablando, porque de hecho se hablan (si buenos días, buenas noches y mirarse cuando el otro parece no darse cuenta vale), no se lo ha dicho porque no se lo ha dicho a nadie. Y porque al final el "estar saliendo" con él no era algo que pudiera considerar realmente. Era sólo una ilusión muy bonita. O simplemente buena.

Se los dice durante el desayuno y Hoagie escupe la leche, Abigail deja caer el panecillo, Kuki deja escapar un QUÉ que probablemente escucharon hasta Texas y Wally se queda congelado por completo, el vaso de leche a medio camino hacia la boca.

—Me voy a Inglaterra.

La última semana no ha sido precisamente cómoda para ninguno de los dos, después de lo que sucedió el rubio no se le acercaba demasiado, y Nigel sabe que no es porque no quisiera, probablemente es porque está demasiado avergonzado al respecto y no está seguro de con qué cara mirarlo. Nigel no tiene ningún problema, le gusta verlo y darse cuenta que le rehúye la mirada, que cuando se sientan a ver la televisión al lado del otro y sus rodillas se rozan le pasa un escalofrío por toda la espalda, que no se han besado de nuevo porque probablemente sólo puede pensar en ello y no sabe cómo reaccionar al respecto. Que seguramente está pensando una y otra vez "¿¡Qué fue eso!?". Porque él lo está pensando. Vaya que lo está pensando. De hecho hace tiempo que no pensaba tanto y tan fuerte en algo; como un pensamiento estancado, igual que aquella vez que hicieron explotar la cañería de los de la otra cuadra y tuvieron que usar un baño portátil por tres semanas. Nigel está seguro que no es el único y por eso ninguno de los dos ha dicho nada. No es que ya no "estén saliendo", no es no se estén hablando; no es que Nigel lo hubiera estado escondiendo, simplemente no le había dicho nada a nadie.

Wally no es especial. Iba a pasar tarde o temprano. Ni siquiera es como si estuviera terminando con él porque si lo piensa correctamente no es como si de verdad estuvieran saliendo. Por eso Nigel frunce el ceño, no porque se sienta culpable y la boca le sepa a amargura.

La mesa del desayuno se llena de preguntas y lo único que Nigel dice es que ha decidido terminar la escuela con su prima, que en parte es cosa de sus padres (miente un poco, porque su equipo siempre ha sido más fácil de manejar con mentiras pequeñas y piadosas), que vendrá de visita cada verano y les mandará cartas. Que está seguro de que es lo mejor para él. Y Nigel siempre sonó como un adulto mucho más que los demás, pero es hasta ese momento en el que él mismo se da cuenta de ello. Puedes seguir defendiendo las causas justas, puedes seguir entendiendo a los niños, puedes seguir creyendo que el resto de los adultos son unos zoquetes, pero nada te va a detener de crecer, y crecer no es sólo hacerse grande y amargado, crecer es tomar decisiones de lo que va a suceder el resto de tu vida, crecer es volverse un poquito más egoísta. Crecer no le gusta; pero no todas las batallas que peleó para Los Chicos del Barrio le gustaron.

La adolescencia es una etapa difícil. Es más difícil una vez que te das cuenta que lo único que es es un paso a ser adulto. La adolescencia es como las vacaciones de invierno, no son vacaciones de verdad, es un intermedio antes de volver a clases, y cuando regresas todo se siente diferente y parece diferente pero de algún modo sigue siendo lo mismo. No importa qué edad tenga, Nigel ya había sido un adulto antes. Le tomó crecer dos veces pero cree que lo ha entendido.

El único que se ha quedado callado es Wally. Y Nigel no lo sabía antes, pero ahora sabe que está pensando. Frunce las cejas como siempre, pero ahora sabe que es diferente, no como siempre; ahora sabe que está molesto.

Por eso cuando entra a su habitación y pone seguro a la puerta, Nigel no se inmuta, se mantiene quieto hasta que Wally se decide a dar un paso cerca.

Da un paso, se detiene de nuevo, y no ha dejado de tener el ceño fruncido desde que se levantó de la mesa sin decir una sola palabra. Nadie prestó atención, Nigel sabe que no está molesto porque se vaya; nunca fueron los mejores amigos pero unos años atrás hubiera llorado por su partida, ahora sólo está molesto hasta rayar lo aterrador, y Nigel que lo ha mirado mejor ahora, sabe que lo que pasa es que está frustrado. No puede culparlo, él mismo no está seguro de entender nada.

Está molesto porque algo dentro de él lo hace sentir culpable. Nigel también se siente culpable, la culpabilidad lo está comiendo por dentro, pero no está dispuesto a decir "no eres tú, soy yo", no importa cuán cierto sea.

—Te vas —. Le dice. No es una pregunta, no es una queja, es que está enojado y no sabe qué más decir porque no entiende nada.

Nigel no ha terminado de decir sí cuando Wally rompe toda distancia y en un segundo lo tiene atrapado contra la pared. Esta vez no es agradable, no es excitante; le calienta el cuerpo pero le recorre un sudor frío por la columna y sabe que Wally tiene el puño cerrado contra la pared para no cerrárselo contra la cara. "Te vas y no me habías dicho nada. Te vas y hace tres días estabas tocándome en esta misma pared. Tú me besaste primero, me invitaste a salir, no me diste ninguna respuesta, no me has explicado nada, no me dijiste cuándo o cómo empezó y ahora no me dirás cómo y cuándo terminó porque te vas. ¡Ya te estás yendo!". No le dice nada, Wally no le dice nada pero sus ojos están gritando y los tiene medio escondidos bajo el cabello y golpea el muro con fuerza hasta que la mano se le pone roja y traga saliva y dice "bien".

Bien.

—Que tengas buen viaje.

Hace unos años habría llorado su partida, le habría hecho prometer que volvería a verlo incluso si nunca han sido los mejores amigos. Hace unos años le hubiera hecho pensar en lo mucho que lo respeta y lo orgulloso que está de formar parte de su equipo. Ahora no está seguro de lo que le está diciendo, lo único que sabe es que está así de molesto, le respira contra la cara como un toro enojado y le suelta con violencia. No le ha pegado. Ganas no le faltaban.

—Wally...

—No.

Es todo lo que dice pero no sale de la habitación, se queda quieto frente a la puerta.

Wally nunca le había dicho que no. Un NO así de rotundo, así de seguro, así de absoluto. Ahora le dice que no; ahora probablemente está llorando como cuando tenía diez años y por eso le está dando la espalda. Su amigo se va; el chico que le abrió puertas nuevas no le está dando respuestas y hay un "¿ahora qué hago?" dando vueltas en su cabeza, tiene ahí semanas pero se acaba de dar cuenta.

Ya no quiere las respuestas, de pronto todo le parece sólo muy injusto.

No está seguro de que lo escuche, pero cuando Wally sale de la habitación no golpea la puerta, de hecho la deja entreabierta.

"No iba a funcionar", le dice, "esto. Tú mereces algo mejor que esto, Wally. Mírame y dime que no quieres pasar el resto de tus días con Kuki, que no has estado esperando muchísimo tiempo por ello y que estarías dispuesto a esperar mucho más, porque dentro de ti no asimilas otra cosa. No sé qué estás esperando. ¡No sé qué está esperando ella, Wally! Esto no iba funcionar". Aprieta los puños y sabe que quiere decirle que por qué lo comenzó entonces, si no iba a funcionar así que sólo atina a decirle "no lo sé" incluso si no le ha preguntado nada. "Tenía una oportunidad, Wally. No lo sé, de verdad, sólo la tomé y no te voy a pedir disculpas, pero si me dejas me gustaría darte las gracias."

—Siempre has sido mi mejor soldado —. Eso es todo lo que le puede decir, porque sabe que es todo lo que Wally siempre ha querido escuchar. Que no le ha sido inútil, que era lo que buscaba, que es importante para el equipo. Wally no era un niño inseguro porque no sabía lo que era la inseguridad, era demasiado ingenuo para ello; pero ahora que está creciendo el mundo le va abriendo puertas y es probable, Nigel piensa, por la forma en la que le tiemblan los hombros, que es importante para él escuchar esto. Abigail es el sentido común, Hoagie es el cerebro, Kuki es el factor sorpresa. Wally es la fuerza, siempre lo ha sabido, pero quizá ahora es buen momento para que lo escuche. "Siempre has sido mi mejor soldado" "No voy a pedirte perdón pero voy a darte las gracias". "Ha sido genial estar contigo" es algo que no le dice, porque espera que entienda que no se va porque quiere terminar con esto. No es tan listo, Nigel sabe que pensaría en ello.

Deberían estrechar manos pero se han dado ya muchos besos para eso.

Wally sale de la habitación sin decir nada. No azota la puerta, no dice nada, pero a la mañana siguiente ya no lo mira con rabia, le dice buenos días mientras se come su cereal, y no está de buen humor pero tampoco está golpeando muros.

Así pasa todo el siguiente mes. La normalidad regresa como una cortina delgada y ellos barren lo que aprendieron el uno del otro debajo de la alfombra. No es que no se hablen, tampoco están actuando extraño, sólo es un poco diferente; lo suficiente para tejer telarañas, no lo suficiente para que alguien les pregunte; o quizá lo suficiente para que nadie se atreva a preguntar.

Lizzy le pregunta, pero se limita a decirle que está bien, que promete mandarle cartas todas las semanas, que le va a traer algo bonito cada vez que regrese, que sí, que le conseguirá el número de un lindo chico europeo, y Lizzy no vuelve a preguntar, en parte porque se distrae, en parte porque sabe que Nigel no quiere hablar de ello. Que puede decir que no fue nada, que se tenía que terminar, que no iba a ir a ningún lado, que ha hecho lo correcto, pero que cada vez que lo dice al que intenta convencer es a sí mismo, porque ella recuerda la sonrisa con la que le dijo que "como que estoy saliendo con Wally", "¿tú lo has visto? Cómo alguien no querría salir con él".

No es nada y está haciendo lo correcto, pero seguro que le hubiera gustado que fuera algo.

Wally no puede pensar en ello. Cada vez que intenta ponerlo en su mente los pensamientos son tantos que se revuelven y termina dándole dolor de cabeza, así que literalmente no puede pensar en ello. Sabe que Uno tiene razón. No llora y sabe que Uno tiene razón. También sabe que ahora que lo piensa no sabe por qué ha esperado tanto tiempo, ¿y cómo es que dejó que todo esto pasara?

No es nada, no hubiera funcionado. Sabe que Uno tiene razón, que Tres es la chica con la que siempre soñó, que la primera vez que la vio y ella le sonrió se puso tan rojo que le duró hasta que regresó a casa y su mamá le preguntó si estaba enfermo. Tanto que realmente pensó que se había enfermado y que iba a morir, pero entonces Kuki le puso una mano en el hombro y le preguntó si estaba bien y le iba a gritar que no ¡Me estoy muriendo! Cuando se dio cuenta que se sentía bien, que ella lo hacía sentir bien, que le gustaba que le sonriera. Que ella le gustaba. Que incluso cuando les borraron la memoria aquella vez por error él no tuvo que pensarlo dos veces para que ella le gustara de nuevo, ni siquiera tenía que recordarla, era verla y saberlo.

Sabe que Uno tiene razón, que Tres es la chica con la que siempre ha querido estar y que lo de ellos "no sucedió y no sucedería de nuevo" porque "no funcionaría y si lo piensas detenidamente no es como si de verdad hubiéramos estado saliendo. Sólo un poco". Wally sabe todo eso, pero cierra los ojos y recuerda su cara y recuerda su mano y recuerda los escalofríos en la espalda y se sentía como algo, está seguro de que se sentía como algo. Joder que se sentía como algo.

Cuando Nigel se va lo despiden en el aeropuerto; ya nadie está llorando así que hacen bromas y le compran caramelos para el vuelo. Promete llamar cuando llegue. Se abrazan todos juntos. Cuando regresan la casa del árbol está en silencio, el aire está enrarecido, Abigail suspira y anuncia que se va a dormir, al día siguiente van a la escuela y Nigel llama por la mañana, tienen una conversación rápida, pero les vuelve a llamar por la noche. Es raro. Es diferente. La costumbre se desplaza despacio por la casa y los espacios vacíos se van llenando con cosas nuevas, momentos nuevos.

La misma noche que Nigel se va Wally toca la puerta de la habitación de Kuki y le dice que la quiere. Que la ha querido desde algo así como siempre.

A Kuki le enrojecen las orejas y Wally se pregunta seriamente por qué de pronto se encuentra tan tranquilo, no le sudan las manos, no le tiembla la voz y se le han calentado las mejillas pero no tiene esa impresión de que sea por decir verdades que tenían tanto tiempo guardadas.

A Kuki le enrojecen las orejas y le brillan los ojos, una sonrisa de toda la cara; él sólo la mira de reojo, el estómago le da un vuelco pero ella lo abraza. No dice nada. No habla y no lo besa, sólo lo abraza y los dos saben que es un "sí", un "yo también", y Wally se da cuenta que no estaba listo para nada que no fuera sólo eso.