Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo

Como ven, publico algunas entregas el mismo día para adelantar un poco la historia. No sé por qué en aquel momento pensé en este recurso, la cuestión es que entre este y el siguiente capítulo se producen algunos vaivenes temporales dentro de la misma jornada. Tal vez me quise hacer la original y, por supuesto, no me salió u_uU

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


II

Sensaciones


La mañana transcurrió en relativa tranquilidad. Ese día de clases estaba por concluir y sólo dos adolescentes se privaron de la consoladora dicha que brindaba la proximidad de la hora de salida. No era para menos.

Desde que se reencontraron, la shinigami y el sustituto no dejaron de experimentar las sensaciones típicas que genera la cercanía de la persona amada: ansiedad, desconcierto, felicidad, angustia, una verdadera vorágine de tribulaciones que se los tragaría en cualquier momento. No obstante, ambos desconocían que sentían y provocaban lo mismo. Y mientras dependiera de ellos, así seguirían.

Por fin sonó el timbre y los alumnos partieron. Orihime, Chad e Ishida saludaron a Rukia con entusiasmo y expresaron su deseo de que permanezca con ellos por mucho tiempo. Esta vez, los tres comprendieron que las cosas no eran exactamente como antes, intuyeron que algo ocurría entre ella e Ichigo. Por eso prefirieron mantenerse al margen de sus asuntos, sean cuales sean. Se marcharon a sus casas por su cuenta, dejándolos solos.

Rukia no pudo evitar sentir cierta paz al notar que no parecía haber ningún trato especial entre Ichigo y Orihime, al menos nada fuera de lo habitual. Se sintió culpable por tener ese tipo de prevenciones y por el nivel de alivio que las acompañó, pero se consoló pensando que nadie saldría herido mientras lo guardase en secreto. Quizá fuese una shinigami experimentada, pero eso no significaba que estuviese a salvo de las flaquezas que el amor conlleva algunas veces.

Durante el trayecto Ichigo, con fingido desinterés, la interrogó sobre las causas de su regreso. Ella le informó según lo que sabía por su hermano.

-Las órdenes son reincorporarme a mi puesto como shinigami de esta ciudad y trabajar juntos en la tarea de vigilancia.

-Entiendo. –El joven caminaba con la cabeza un poco erguida para mirar el cielo-. Si eso es lo que decidieron, seguramente algo nuevo está por ocurrir. Alguna invasión de Menos, o tal vez un antiguo capitán traicionero, o algo así.

-No seas ridículo, Ichigo, ¡y no hagas conjeturas si no sabes! –lo amonestó Rukia, quien de repente se puso seria-. No creo que suceda nada en especial, son simples tareas de rutina. No hables como un bobo.

-¿Como un bobo? ¡Si sólo estoy dando mi opinión! –Fastidiado por la subestimación, se paró en el medio de la calle y le apuntó con un dedo-. ¿Por qué maldita razón siempre me estás insultando por nada, Doña Patrona de los Conejos Perdidos?

-Si soy eso, entonces tú eres el Patrón de los Idiotas, ¡cabeza de naranja mal conservada!

-¿Qué dijiste?

-¡Lo que oíste!

El bip-bip del móvil de Rukia comenzó a sonar y ambos se consideraron afortunados por tener algo más que hacer, además de discutir, para sustraerse de las ideas románticas que los acometían desde la mañana. La chica tragó su píldora y el sustituto utilizó su emblema para pasar al modo espiritual. Corrieron siguiendo la señal en la pantalla del aparato hasta encontrar al causante de la alarma.

Era un hollow, bastante grande por cierto, que en ese momento iba a lanzarse sobre una muchacha que aún no había llegado a percatarse de su presencia. Su figura recordaba la de una langosta, lo que hizo que ambos perseguidores compusiesen un gesto de repugnancia. Corrieron más aprisa, debían eliminarlo cuanto antes para poder retomar la discusión.

El monstruo había notado que venían por él y se preparó para defenderse. Comenzó recibiendo a Rukia con una estocada de sus largas extremidades, pero ella la esquivó con astucia. Sin embargo, tarde descubrió que ese movimiento era una mera distracción para que otra de sus asquerosas patas viniera a derribarla, dejándola a merced de la criatura.

El gigantesco hollow estiró su figura hacia el cielo lanzando un aterrador rugido de triunfo. Iba a lanzarse sobre su codiciada presa, cuando desde atrás un terrible relámpago lo partió por la mitad. A continuación comenzó a disolverse, mientras Rukia caía en la cuenta de que, como otras tantas veces, Zangetsu la había salvado. Aunque en esta ocasión lo notó por el peso que se le vino encima.

Ichigo había tenido que dar un buen salto para poder cortarlo a tiempo desde la cabeza y, en la caída, no pudo controlar la trayectoria, viniendo a aterrizar, una vez más, sobre la pobre shinigami. Sintieron un natural deja vu al encontrarse nuevamente en la misma posición de esa mañana, con una ligera variación: la mano izquierda de Ichigo quedó apoyada sobre uno de sus senos.

Al advertirlo, Rukia abrió los ojos con espanto y enrojeció tan intensamente que el otro la miró extrañado. Pronto se percató de la causa de ese rubor y no pudo reprimir un quejido ahogado ante el horror que le causó verse en esa postura. Su mano envolvía el pequeño pecho de la joven por completo... Había metido la pata hasta las narices.

Primero intentó una sonrisa de inocencia, para que se note que no tuvo la menor intención de que las cosas acabaran así. Luego empezó a carcajear nerviosamente, porque ella no le respondía. Pudo ver, eso sí, que se unían sus temblorosas cejas al esforzarse por conservar su vacilante autodominio.

-Eeeh, te aseguro que no fue a propósito, enana, yo nunca me atrevería a… eeeh... ¡nunca! Lo sabes... ¿verdad?

-¡Entonces por qué no quitas tu estúpida mano de una buena vez! –vociferó ella, al tiempo que asestaba un golpe de puño en el ojo derecho del infortunado muchacho-. ¡Más enana será tu puntería, imbécil!

De este modo, la mano fue apartada y el honor, reparado. Aunque el rubor y el desconcierto no disminuyeron ni un ápice.

Más tarde, recostado en su cama con las manos cruzadas detrás de la cabeza, Ichigo cerró los ojos y se permitió revivir el incidente de la tarde. Hacía unas horas que habían llegado a casa, cada uno por su lado, y de inmediato se encerró en su habitación para evitar la mirada de Rukia, en quien delegó las explicaciones de su regreso. De todas formas tanto su padre como sus hermanas la adoraban, no habría inconveniente alguno en recibirla.

Entonces, solo en su cuarto, pudo detenerse a analizar ese cúmulo de sensaciones nuevas. Nunca había tocado a Rukia de esa manera, ni a ella ni a ninguna mujer. Fue inesperado, desconcertante, incorrecto... Aun así no podía quitarse de la mente la visión de su mano sobre aquel seno tan pequeño, tan cálido y suave. Ese mínimo pero dulce contacto le generó, luego de la confusión inicial, un efecto de intimidad, la dichosa sensación de que ella le pertenecía.

¿Le pertenecía? ¿En qué rayos estaba pensando? ¡Qué ingenuo! Fue sólo una ilusión, un espejismo que se dibujó por la intensidad del deseo que lo embargaba. La sola posibilidad de que ella sienta lo mismo por él todavía le quedaba muy lejos y no se atrevía a alimentar ningún tipo de esperanza. Por el contrario, creía que a estas alturas ella realmente lo odiaba.

Ichigo se cubrió la cabeza con la almohada, avergonzado. Pero ni siquiera de ese modo pudo resguardarse del recuerdo y de las ganas de repetirlo.

No podría decirse que fuese odio el sentimiento que agobió a Rukia una vez que terminó de conversar con la familia Kurosaki, después de acomodar sus cosas en su nuevo cuarto y luego de acostarse para reponerse de los sucesos de la extensa jornada. No, no era odio, al menos no por su amigo. En todo caso se sentía frustrada consigo misma por no poder dominar, como tantas veces se lo había propuesto, el deseo de estar cerca de él.

Y lo que acababa de suceder... Si al menos tuviese una ventana podría observar el cielo para distraerse y no pensar en la causa del estremecimiento que la recorría. ¡Qué sensación más inquietante y maravillosa la del tacto de la persona amada, su firme mano sobre nuestra piel! Nunca había protagonizado una escena semejante con un grado tan sutil pero, a la vez, tan cargado de sensualidad. Si un genio se le presentase para concederle un deseo, sólo pediría que se repitiera ese íntimo contacto.

Ahora entendía a las heroínas de las historietas que leía. Por fin comprendía las palabras y los gestos, las miradas llenas de anhelo, la ardiente necesidad de estar con el otro... Cerró los ojos con fuerza para detener el rumbo de sus pensamientos, aunque fuese en vano.

Lejos estaba ella de querer olvidar. Guardaría el recuerdo de la sensación de la mano de Ichigo en lo profundo de su corazón para siempre, aunque él no llegase nunca a saber de su amor y de su deseo, incluso aunque no le correspondiera. Tal vez el amor estuviese hecho también de esos pequeños tesoros, de esos fortuitos contactos, así que ¿por qué desechar lo único que podría retener sin exponerse a sí misma?

Algunos días después, caminando por la calle con marcha segura e indignada mirada, un león de peluche se aproximó hasta la clínica de los Kurosaki. Por suerte sólo el mayor de los hijos del médico, con el rostro extrañamente ensombrecido, acometido por algún tipo de preocupación, asistió a tan insólito espectáculo. De pronto cayó en la cuenta de que hacía tiempo que no veía al molesto muñeco.

A decir verdad, mejor, porque ya tenía bastante con ciertos hechos acaecidos hacía un par de horas, en los que cierta mujercita se hallaba involucrada.

-Ichigo, ¡es una barbaridad que dejes que ese trastornado de Urahara haga lo que quiera conmigo! –chilló Kon con resentimiento-. No sé qué demonios quería verificar, ¡me dejó sin mi cuerpecito durante todos estos días! –Y señalándolo acusadoramente con el dedo, añadió-: ¡También dijo que era porque tú necesitabas estar solo! ¡Más vale que tengas una buena explic…!

-Ya estoy lista, Ichigo. Será mejor que nos demos prisa, los chicos nos esperan.

Una lágrima brilló en uno de los ojillos del peluche luego de que su descargo fuese interrumpido por la inesperada aparición de su amada Rukia. Esa maravillosa visión fue más de lo que el pobre pudo soportar. Literalmente, voló con los brazos abiertos hacia el rostro de su adorada shinigami.

-¡One-san!

Como era habitual, Rukia atajó el saludo con una de sus contundentes patadas, y el pobre Kon cayó al suelo sin contemplaciones. Por lo visto, ella tampoco parecía estar de humor.

-Ya vámonos, Rukia, déjate de tonterías –masculló Ichigo con aspereza.

-Yo no soy ninguna tonta, ¡es culpa de Kon que nunca cambia!

-¡No voy a discutir!

-¡Pues yo tampoco quiero pelear!

Se encararon con exasperación, visiblemente irritados. Kon miró a uno y a otro, confuso. ¿Qué diablos les pasaba?

Ichigo y Rukia pensaron en ciertos sucesos demasiado recientes como para continuar por ese peligroso intercambio verbal, por lo que desistieron de la absurda puja. Sin hacer más comentarios, comenzaron a caminar. Kon se quedó perplejo.

El sol del fin de semana cedió el espacio para las primeras sombras. La menor de los Kurosaki vio, a través de la ventana, a su muñeco tirado en la vereda, de cara a la pareja que se alejaba. Salió, lo levantó, compuso un poco su deformado rostro (vaya a saber por qué siempre lo encontraba en los lugares menos esperados y en un estado calamitoso) y lo llevó hasta su cuarto para guardarlo con las demás muñecas. Por un instante, le pareció que el peluche sollozaba.

Los chicos querían festejar el regreso de Rukia, para lo cual acordaron reunirse, una vez finalizada la semana, en un pub donde primero podrían comer algo y luego, a determinada hora, bailar. Ella nunca había hecho una cosa semejante en el mundo humano, siempre debía estar persiguiendo hollows, por lo que al principio mostró cierta reticencia. Pero sus amigos insistieron, excepto Ichigo, que sólo aceptó luego de que ella lo hiciera.

Esa semana fue muy extraña, y ambos lo sabían. Pelearon todos los días por cualquier tontería incluso mientras destajaban hollows por la calle, como si fuesen dos enajenados mentales con las hormonas revueltas. Esa conducta era muy poco consecuente con sus verdaderas personalidades y obligaciones, por lo que cada vez que lo pensaban se sentían realmente abochornados. Sin embargo, a duras penas lo podían manejar.

Rukia, además, experimentaba una curiosa mezcla de ansiedad y de pesadumbre, como si esperase algo de él. Lo necesitaba, tenía que estar cerca suyo aunque sea para insultarlo, aunque le doliese esa creciente dificultad para congeniar. Lo buscaba, lo echaba de menos, escrutaba su rostro en silencio y luego se maldecía por ser tan irracional.

Ichigo, por su parte, a pesar de las interminables reyertas que sostenían, la seguía a sol y a sombra, pasmado de su propia conducta. Y se exasperaba todavía más al recordar que, en otro tiempo, jamás se hubiese permitido semejante debilidad. ¿Desde cuándo se arrastraba tras la falda de una mujer? Para peor, ese mismo día habían llegado demasiado lejos...

A Ichigo definitivamente no le gustaba salir a bailar, ni siquiera con sus mejores amigos. El lugar era grande, pero el amontonamiento de gente y los extravagantes juegos de luces contribuían a acrecentar su malhumor. Allí estaban Chad, Ishida e Inoue (a quien ahora entendía a la perfección, no sólo por querer un imposible, sino porque hacía unas horas lo habían rechazado también...); Tatsuki, Keigo y Mizuiro llegaron después. Todos se habían distribuido en pequeños grupos, circulaban o bebían, ya que el baile comenzaría de un momento a otro. Sin embargo, él sólo tenía ojos para Rukia.

Ella siempre vestía en forma muy sencilla, pero no podía dejar de encontrarla hermosa. Llevaba una falda estampada con el reiterado rostro de un estúpido conejo que le pareció demasiado corta, dejando al descubierto sus bellas y bien formadas piernas, y una especie de top que la favorecía mucho. Los armoniosos senos apenas se insinuaban a través de la tela y, al fijarse en ellos, el recuerdo del pasado accidente removió la necesidad de tocar.

Además, lo que habían hecho hoy...

Esa tarde habían tenido que vigilar en modo espiritual una zona algo aislada donde se registró una intensa oscilación energética. Mientras intercambiaban algunos insultos (porque Rukia se lo informó por medio de sus horripilantes dibujos e Ichigo se indignó, y luego ella se ofendió, etc., etc.), tres hollows de igual aspecto, como si de trillizos se tratase, los sorprendieron en medio de la discusión y los rodearon.

Ambos reaccionaron a un tiempo desenvainando sus zanpakutous. A continuación, sendos golpes eliminaron fácilmente a dos de las criaturas. Cuando se enfocaron en la tercera, lo que observaron los dejó de piedra. El tercer hollow extendió las extremidades y, abriendo lo que serían sus manos, expulsó por ellas una sustancia que fluyó hasta formar de nuevo a los hollows que antes habían liquidado, como si fuesen de masilla.

-¿Qué demonios? –exclamó Ichigo-. ¿Qué clase de criatura es ésta?

-¿Me lo preguntas a mí? –replicó Rukia.

-Pues eres la única shinigami que veo por aquí.

-No me mires como si fuera una enciclopedia, idiota.

-¡Entonces a quién demonios debería preguntarle!

-Debe tratarse de algún tipo de hollow con la capacidad de clonar –especuló ella, dando un salto para evadir el manotón de la criatura en cuestión-. ¡Distráelo!

Mientras Ichigo arremetía una vez más, Rukia envió un mensaje con la información para que les echen una mano. Después, inseguros sobre el modo de enfrentarlo, se dispusieron a luchar a la par.

De nuevo eliminaron a dos, pero el que Ichigo atravesó era el original, el que había dado vida a los otros. Sin embargo, el acto de la regeneración se reiteró con el que aún vivía, y la misma escena se repitió en cada ataque mientras esperaban, disgustados por la insólita batalla, el mensaje que les diera una ayuda. Para colmo, las criaturas eran fuertes y rápidas, por lo que ninguno de los dos podía encargarse de más de uno a la vez.

En una de las instancias en que quedaba un único individuo, llegó la comunicación. Según lo investigado por el Buró de Ciencia y Tecnología se trataba de un espécimen poco corriente de hollow, aunque había registros de apariciones similares anteriores. "Sólo se puede eliminar en la fase en que haya una única criatura, de lo contrario no funcionará ninguna estrategia debido a la interconectada naturaleza de este espécimen, que en realidad es uno solo. Cortar primero las dos manos, luego los dos brazos, luego purificar. Para mejor resultado, hacerlo en forma sincronizada con un compañero". Eso era todo.

Mientras Rukia, fatigada, leía el mensaje, se formaron nuevamente dos criaturas, por lo cual tuvieron que eliminarlos antes de sincronizarse y hacer lo pautado. Estaban ya tan cansados de las sucesivas repeticiones del ejercicio que apenas pudieron terminar la faena. Al finalizar, agotados, se dejaron caer en el suelo.

-Me lleva el diablo –gruñó Ichigo, jadeante.

-Deja de quejarte, esto no es nada –comentó Rukia, tan agitada como él.

Recostados uno junto al otro, de cara al cielo, decidieron que una breve siesta les vendría bien para reponerse. Entonces Rukia programó el despertador de su móvil para que suene en media hora, así no se extendería el descanso. Intercambiaron una breve mirada de entendimiento y se durmieron al instante.

Al sonar el aparato la shinigami fue la primera en abrir los ojos, y lo que vio hizo que se le erizaran los cabellos. Los vaivenes del sueño los habían puesto de costado uno frente al otro rozando sus frentes, y con la cercanía sus manos se entrelazaron. Una de las piernas del muchacho terminó encima de las piernas de la chica, cómoda y posesivamente instalada. Parecían un matrimonio de años.

-No puede ser posible –murmuró Rukia, desalentada. El destino se estaba empecinando con ella y parecía que no la dejaría en paz hasta que terminara en la cama de Kurosaki Ichigo. No sabía si enojarse, indignarse o asustarse, pero tampoco tuvo tiempo para seguir meditándolo porque el otro se despertó.

Ichigo ahogó una exclamación al percatarse de la situación.

-Maldita sea… –masculló, confuso.

Lo que vio le resultaba tanto o más íntimo que lo de la vez anterior, porque de ese modo duerme una pareja que lleva ya mucho sin atender al decoro, una pareja que ha ganado tiempo en confianza. Estaba perplejo por la osadía de su subconsciente.

-Y vamos de nuevo –comentó, resignado.

-Idiota, de esta no te salvas.

-Porque lo hice a propósito, ¿verdad? –ironizó él con irritación.

-Claro que no, ¡sino porque eres un descerebrado!

Entonces Ichigo, anticipándose al consabido intercambio de improperios, impulsado por vaya a saber qué clase de propósito, se irguió hasta alzarse sobre Rukia, quien quedó paralizada ante la inesperada acción. Sin pensarlo más, el sustituto la besó.