Disclaimer: Bleach y sus personajes son propiedad de Tite Kubo
Hola, gracias por entrar aquí n.n
Continúo con la edición y re-publicación de este fic. Aprovecho para saludar y agradecer a los comentaristas anónimos que en este último tiempo han pasado para leer y dejar sus impresiones. Gracias a ellos n.n
Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D
IV
Liberación
Pasada la medianoche, el ómnibus circulaba por las silenciosas calles de Karakura con pocos ocupantes en su interior. Una mujer de edad avanzada que volvía de cuidar a sus pequeños nietos observó interesada a la silenciosa pareja de jóvenes que se ubicada en los asientos más próximos. Parecían quererse mucho.
Los años y la experiencia le habían enseñado a detectar a los enamorados ni bien los veía, y esos dos llevaban la palabra "destino" tatuada en sus frentes. También vio la duda en sus ojos, pero de sobra sabía ella que tarde o temprano se las apañarían para hallar el camino. Se sonrió al evocar algunas de sus propias andanzas amorosas.
No pasó mucho rato cuando se percató de que los jóvenes descendían del vehículo.
…
Una vez en casa pensaron que lo mejor era hablar en la cocina, pues en el dormitorio sería demasiado peligroso. No hicieron ruido ni encendieron la luz, ya que los luminosos rayos de la luna llegaban a filtrarse a través del cristal de la ventana.
Uno de pie frente al otro, Ichigo se dispuso a escuchar lo que Rukia tuviera para decir. Pero sin importar lo que dijese, él ya había tomado una decisión. Jamás se rendiría, porque la quería. Estaba tan absorto observando la forma como la pálida luz del astro iluminaba su piel que casi desatendió sus primeras palabras.
-...y creo que esto ha ido demasiado lejos, Ichigo, ¡sería descarado por nuestra parte continuar así! La Sociedad de Almas...
-Es eso lo que te preocupa, ¿verdad? –la interrumpió él-. Te preocupa lo que pueda decir Byakuya si supiera que somos más que amigos, o lo que el Anciano decida si se entera de que un shinigami quebranta las malditas reglas. –Ichigo la miró a los ojos-. ¿Es eso? Porque después de lo que pasó hace un rato ya no puedes salir con eso de que "nunca pensé en ti de esa forma" para darme una patada –concluyó, satisfecho de sí mismo.
-¡Eres un engreído! Y por supuesto que no se trata de eso, idiota. ¿Es que necesitas que te explique con dibujos para que entiendas lo delicado de la situación?
Ante tal perspectiva, Ichigo se encrespó.
-No, gracias, te aseguro que no hace falta –masculló. Como Rukia no retrucó nada, sino que se limitó a cruzarse ofendidísima de brazos, continuó-. Sabes que no me rendiré, no te dejaré ir fácilmente, enana. Si lo que piensan los demás no te afecta, entonces me rechazas porque tienes miedo de que vuelva a pelear contra todo el Seireitei por ti. –La mueca de Rukia le dio la certeza que necesitaba, ya sabía con qué clase de aprensiones tenía que lidiar. Dio un paso hacia ella-. ¿No confías en mí?
Confiar en él, ¡ojalá fuera ése el problema! Para los hombres es muy fácil: ir, destajar y volver a casa, ¡y al diablo con todo! A Rukia le generaba impotencia esa falta de comprensión.
Al ver que guardaba silencio, Ichigo prosiguió:
-Una vez, cuando estaba deprimido por perder ante Ulquiorra, regresaste para animarme. "Si tienes miedo de perder, hazte más fuerte", dijiste. "Si tienes miedo de no ser capaz de proteger a tus amigos, hazte más fuerte aún."
-Eran otras circunstancias –arguyó ella.
-Estabas tan preocupada por mí como lo estás ahora.
-Olvidas el detalle de que te lo dije como amiga.
-No dejas de ser mi amiga por enamorarnos, Rukia –replicó él-. Tan sólo te convertirás en algo aún mejor.
-No entiendo a qué viene esto –comentó ella con impaciencia, sin dejarse convencer.
-Lo que intento decir es que tú también me salvaste, enana –afirmó Ichigo-. Cuando nos conocimos, de una forma que jamás podrás llegar a imaginar, me salvaste. No me debes nada. Lo único que quiero saber ahora es si eres lo suficientemente fuerte para quererme.
Al principio, Rukia se quedó perpleja. Después, esas simples palabras y la resuelta mirada que las acompañó lograron desarmarla por completo. Era casi un ruego, el ruego más maravilloso que le hayan hecho jamás.
Cuando intentó recuperar sus recelos iniciales, el coraje le falló. Cuando intentó formular en su mente la razón principal por la que tuvo que rechazarlo, la voluntad claudicó. No hubo forma de volver a ser racional, cuidadosa, prudente, ningún asidero se ofreció para sostenerla. A Rukia no le quedó más remedio que rendirse.
-No sabes lo difícil que fue para mí, encerrada en la Torre, saber que estabas peleando solo contra todos por mi causa –musitó con cansancio-. No sabes lo que es vagar sola por el Rukongai, sin esperanzas. Tampoco puedes conocer la magnitud del agradecimiento hacia la persona que te tiende la mano ofreciéndote su propio nombre y su casa sin esperar nada a cambio, sólo porque también está sola y decide depositar su fe y su confianza en ti. Yo...yo no puedo decepcionarlo otra vez.
Ichigo la escuchó, sobrecogido. Ella no parecía percatarse de cuánto más estrechamente la ligaban a él esas razones. Tomó su rostro entre las manos.
-¿En serio crees que no puedo saberlo, enana? ¿No fue eso lo que hiciste tú por mí? –La besó con ternura y con agradecimiento por abrirle su corazón-. Entiendo lo que te inquieta, pero creo que subestimas a tu hermano.
Rukia lo miró sin comprender.
-¿En verdad crees que Byakuya es tan idiota como para no sospechar siquiera lo que nos pasa? –indagó él, sorprendiéndola-. Rukia, ¡media Karakura lo sabía antes que nosotros!
Entonces la otra se escandalizó. Ichigo rió por su reacción, y le costó bastante lograr que se calmara. Tal vez fuese demasiado brusco al comentarlo.
Después de un buen rato de discusión sobre el tema, el sustituto consiguió persuadirla de empezar a superarlo. A fin de cuentas sólo eran dos personas enamoradas, y para nada unos asesinos seriales fugitivos del mundo espiritual. Llegados a ese punto, una tenue sonrisa asomó en la cara de la joven. Eso bastó para exteriorizar el alivio que sentía, Ichigo por fin la había alcanzado.
-Los años y las batallas te vuelven tonto –comentó ella, sintiéndose más liviana-. Ahora deja de hablar estupideces y bésame, que para eso fue toda esta cháchara.
Ichigo la miró con irritación.
-¿A quién le dices tonto?
-Al tonto que me dice "enana".
-Más tonto será tu… -Ichigo no pudo seguir porque esta vez fue Rukia la que cortó las palabras con sus labios.
Lógicamente, el chico no se hizo rogar y correspondió con un fuerte abrazo a la acción de su compañera. Al principio fue un beso suave, reconfortante, un beso que desalojó todo rastro de culpa. Por fin deponían las armas. Después se volvió absolutamente apasionado. Se besaron con toda la boca, ya sin obstáculos, seguros de lo que querían.
La sangre se agolpó en sus mejillas mientras las lenguas hacían estragos dentro del otro, alternando los turnos de la dulce invasión. Ya sin recelos, habiendo descargado la pesada maleta de la incertidumbre y del miedo, disfrutaban de su primer beso honesto, liberados de los conflictos.
Solos en la cocina, podían dedicarse sin temores y sin vergüenza a canalizar la ansiedad que habían acumulado entre absurdas peleas e inútiles evasivas. El abrazo se intensificó tanto que Ichigo necesitó un punto de apoyo, encontrándolo en la mesa. Hasta allí guió a Rukia, y ese sostén le proporcionó la posibilidad de liberar sus manos para explorar.
Sin reservas ni ataduras, dejó que dominaran sus sentidos. Primero se posó en su cuello, luego en un hombro suave, donde su mano acarició con facilidad. Siguió su recorrido por el brazo desnudo, y con placer advirtió la forma como la piel se erizaba con su tacto. La misma mano bajó a la cintura y la circundó una y otra vez, sin descuidar nunca el ya por demás húmedo beso. Por último, el sublime reencuentro con sus senos, reviviendo así el primer contacto íntimo que, inocentemente, había comenzado a trenzar sus destinos.
Envolvió uno con su mano, comprobando una vez más que se amoldaba a la perfección, y apretó sin violencia pero con posesividad. Rukia ahogó un gemido al reencontrarse con esa ardiente sensación. ¿Cuántas veces había deseado que Ichigo la tocara de nuevo de esa forma? Por si fuera poco el rastro de fuego que acababa de imprimir en su piel, ahora sentía también la suave presión que parecía devolverle la vida. Ansiosa por transmitírselo, colocó una de sus propias manos sobre la que la sujetaba tan devotamente, para hacerle saber que eso le gustaba y la enloquecía.
La sensualidad de esa reacción barrió con cualquier atisbo de cordura en Ichigo. El beso ganó en apremio y su mano masajeó con más ímpetu aún el pecho de la joven, apretándola más contra la mesa, demandando, exigiendo. Se apartó apenas de sus hinchados labios, la miró con lujuria, la sentó, le separó las piernas, y, situándose entre ellas, consiguió una postura que hubiese hecho enrojecer al más desprejuiciado y alentar al más indolente. Sin dejar de mirarla, deslizó las manos por debajo de su falda.
Ella vio lo que Ichigo le hacía sin realizar ninguna tentativa para detenerlo. Prendada del brillo apasionado de sus ojos, aquel inesperado gesto la escandalizaba y, al mismo tiempo, la excitaba. Con cada caricia, con cada delicada presión sobre su piel, le regalaba la dicha de sentirse viva, enamorada para siempre.
Recordó en ese segundo que una vez había tenido la osadía de comprar, sin que su amigo lo supiese, unas historietas donde los protagonistas sostenían un combate muy parecido al que estaban teniendo ellos ahora, y esa visión la había asombrado y perturbado a la vez, por lo que no cejó hasta averiguar su significado. Cuando por fin obtuvo información, siempre a espaldas de Ichigo, creyó que hacer el amor por pura diversión era un absurdo pasatiempo de los humanos, quienes deberían enfocar esa energía en cosas más importantes para su supervivencia. Llegó a forjar la creencia de que ese acto sólo era útil para engendrar y que todo lo demás era cosa de tontos.
Cuán distante había quedado esa ignorante Rukia que, aun sintiendo ya los primeros síntomas, negaba o restaba importancia al amor y la necesidad de su expresión sexual. Tuvo que ser en la cocina de los Kurosaki, abrumada por el deseo, viéndolo pintado en los ojos, en las caricias, en los demandantes besos del otro, donde vino a caer en la cuenta de que eso era nada menos que la vida, y que deseaba experimentarlo por sí misma.
Algo percibió Ichigo en la actitud de Rukia porque, apretándose más contra su cuerpo, se animó a iniciar en el cuello un estremecedor recorrido de besos.
…
El reloj señalaba casi la una de la madrugada. Se revolvió en su cama, preguntándose qué podrían significar esos malditos ruidos molestos que le impedían dormir. Refunfuñando, decidió levantarse para ir a inspeccionar. Seguramente Ichigo y Rukia seguirían de fiesta, pero sus dos amadas hijas menores y el candoroso espíritu de su bella Masaki necesitaban reposo. Salió de su habitación y se encaminó hacia la escalera.
Cuando bajó, Isshin se arrepintió en el acto de su curiosidad. Ajetreos sospechosos, respiraciones agitadas, un siseo por el piso, le confirmaron la teoría de sus hijos que señala que él es el peor padre del mundo. Era evidente que el mayor y su adorada tercera hija habían regresado (debió haber advertido sus reiatsus, ¡qué idiota!) y, con suerte, seguro estarían discutiendo los términos de sus futuras relaciones. Si le preguntaban, diría que ya era hora. Ensayó una aparatosa escena para su "disimulado" retiro, tomándose la cara entre las manos y exclamando a viva voz:
-¡Ooooh, pero qué torpe sooooy! ¡Levantado a estas horas de la nocheeeee, pudiendo despertar a mis amadas hijaaaaaaas! –Y alzando el índice de su mano derecha, añadió-: Será mejor que regrese a la cama ahora mismo, no vaya a suceder que me pillen despierto y desprevenido en la cocina de mi propia casa. –Luego, sin bajar el dedo, inició un veloz y ruidoso ascenso hacia su cuarto.
Una gota de sudor se dibujó en los rostros de Rukia e Ichigo después de las absurdas palabras de Isshin. El chico quiso que se lo tragara la tierra, abochornado. ¿Qué pecados habría cometido en sus vidas pasadas para cargar con este karma?
Habían sentido los pasos del sujeto cuando bajaba por la escalera y sólo atinaron a ponerse en cuatro patas y deslizarse despacio hasta colocarse detrás de los sillones de la sala, amparados en la oscuridad, por si se le ocurría ir a la cocina. Aunque, por el torpe monólogo que escucharon, comprendieron la inutilidad de sus esfuerzos.
Sea como fuere, los habían interrumpido. Cuando se repusieron del susto y de los inapropiados comentarios, se miraron sonrientes. Ichigo, apoyando su espalda en el reverso del sillón, vio a una hermosa chica todavía un poco sonrojada con los labios hinchados a causa de los besos, el eterno mechón de pelo cayendo sobre su rostro y la ropa ligeramente desordenada a causa de sus inquietas manos.
Rukia, por su parte, observó el rostro de un atractivo muchacho cuya mirada la recorría con cierto descaro, tomando posesión de lo que veía. Él había hecho algunos estragos sobre ella, pero algo alcanzó a hacerle antes de que los pillen. Bajó los ojos y se detuvo a contemplar el ancho y bien formado pecho que la desabrochada camisa permitía ver. Hacía apenas unos momentos que había estado allí, recorriendo con sus manos y con su boca ese seductor territorio masculino. Le gustaba, con cicatrices y todo, o precisamente a causa de esas cicatrices. Extendió la mano para retomar el contacto.
Él la atrapó en el aire con una de las suyas, ante lo cual Rukia puso cara de animalito compungido. Entonces él la llevó a su boca, la besó en la palma y la bajó para guiarla por todos los sitios donde quisiera ir. Se acercaron más, sin detener la acción, y se besaron con renovado entusiasmo.
Rukia se sentó en las piernas de Ichigo para estar más cerca. Mientras seguía acariciando su abdomen, él deslizó otra mano por una blanca y delgada pierna, subiendo hasta posarse sobre la piel de otro de los maravillosos encantos de la joven recién descubierto, otro suave y perfecto encanto, en donde permaneció durante un largo rato.
En esos ejercicios estuvieron hasta que la curiosa mano de la chica empezó a llegar más lejos, más de lo que el ya por demás encendido adolescente podría soportar. Con la actitud esforzada del que debe levantar un peso de veinte toneladas, Ichigo detuvo la inconveniente exploración.
-¿Qué? ¿Qué pasa? –pudo decir ella en un suspiro-. ¿No es bueno? ¿Ya no te gusta?
Ichigo ahogó un gruñido. La verdad era que la deseaba con creciente intensidad. Sin embargo estaban yendo demasiado rápido, en algún punto tenían que frenar esa avalancha de sensaciones. Por alguna estúpida razón, pensó que le tocaba a él ejercer ese papel.
-Claro que me gusta, pero... –Cerró los ojos resoplando, buscando las palabras-. Es que esto es muy… es muy importante, y hoy fue un día demasiado largo para ambos... Creo que ya es hora de que frenemos un poco... aunque por mí seguiría hasta que se desintegre el maldito universo.
Rukia lo miró con cierta desconfianza al principio, pero luego, de pronto, evocó de nuevo algo que había leído en una de esas historietas que guardaba en el fondo del armario, para que nadie las viera. Recordó la cuestión del deseo y las relaciones sexuales, asuntos tales como las consecuencias de no utilizar protección, los cuidados y la seguridad al tomar la decisión. Pero había algo más que se decía, algo en relación a la mujer exclusivamente... ¡Sí, ya lo recordaba! ¡La primera vez! ¿Sería eso lo que le preocupaba a Ichigo?
-¿Te preocupa que nuestra primera vez juntos te decepcione? –se animó a preguntar, mirando para otro lado.
A Ichigo casi se le salen los ojos de las órbitas. Lo sorprendió lo directo de la pregunta, pero aún más que la shinigami tuviese semejante poder deductivo sin siquiera haberle dado una pista. ¿Cómo es que ella estaba tan enterada del tema? Sin embargo, aunque se notaba que manejaba información, le pareció que todavía ignoraba ciertos detalles.
-¿Sabes acerca de la primera vez de las mujeres? ¿Realmente lo sabes? Porque, para ser sinceros, en estos momentos estoy más preocupado por ti que por mí.
Rukia empezaba a entender de a poco. Ichigo quizá se refería a que, por ser su primera vez, sería ella y no él quien no lo pasara tan bien. Recordó que, en ocasiones, llegaba a escuchar en la escuela el relato de alguna que otra chica contando su primera experiencia en el amor, haciendo referencia al dolor generado por ese primer contacto. Pero ella llevaba muchas batallas y estocadas encima, por lo que creía que era una ridiculez alborotarse por eso. Lo entendía viniendo de las mujeres humanas, pero no de Ichigo, que la conocía.
-Si es por el dolor de la penetración… cielos, Ichigo, ¡me estás subestimando!
El tipo quedó atónito. Siempre supo que Rukia carecía de delicadeza para decir las cosas, y tal vez era una de las características que más lo enamoraban, pero esta sinceridad brutal era demasiado. Definitivamente, nunca podrían ser románticos.
-No es sólo eso, ¡cabeza de canica! –farfulló, algo perturbado-, sino que, bueno, creo que se necesita un escenario mejor que este piso o aquella desordenada cocina. Aunque, en el futuro, no me molestaría nada hacer el amor contigo entre las rocas... Pero merecemos tener una primera vez más digna, ¿no crees? –concluyó, mirándola a los ojos.
Rukia alzó una ceja, sorprendida por los repentinos escrúpulos del muchacho, pero al final aceptó lo que sugería y le sonrió. Lo besó suavemente en los labios para demostrarle que entendía y que se lo agradecía, porque una vez más la cuidaba.
Satisfecho, él abrió la boca para permitirse un último deleite por ese día, pero pronto tomó el control del ya más apasionado beso, para que ella supiera que su deseo seguía intacto y para prometerle que no pasaría mucho tiempo antes de que se concrete.
…
Esta vez la reunión de capitanes había sido breve, pero las órdenes fueron precisas. Cuando cada uno de ellos se dirigió a su respectivo escuadrón, Byakuya fue interceptado por su teniente, quien lo miró con interrogación. Le comentó las novedades sin rodeos.
-Tenemos que prepararnos para una posible invasión de Menos en la Sociedad de Almas.
Renji abrió más los ojos, sorprendido.
-¿Qué? ¿Puede ser cierto? Quiero decir, ¿realmente hay posibilidades de que una cosa así nos vuelva a suceder?
-Así lo dicen los informes –fue la escueta respuesta del capitán.
-¿Cuáles son nuestras órdenes, entonces? –preguntó Renji, tratando de obtener un poco más de información de su admirado pero poco comunicativo superior.
-En estos momentos hay tres escuadrones que se encuentran demasiado lejos cumpliendo misiones especiales, por lo que necesitaremos de toda la ayuda posible. El Comandante me pidió que envíe a alguien a buscar a Rukia y a Kurosaki Ichigo.
Renji pensó que debía tratarse de algo en verdad grave si tenían que reclutar a Ichigo otra vez. Al mismo tiempo, no pudo reprimir cierta alegría al pensar en reencontrarse con sus amigos, en especial con Rukia.
-Yo me ofrezco para ello, capitán.
Byakuya hizo un largo silencio, como si no lo hubiese oído. Renji se sintió contrariado. Caminando a su lado, rumió esa indiferencia con la intolerancia de siempre.
-Puedes partir esta misma noche –dijo de pronto aquél, accediendo.
Renji casi tropezó a causa del sobresalto que le generó ese súbito consentimiento. Si de todos modos iba a decirle que sí, ¿por qué demonios hacía ese silencio tan efectista? Definitivamente, su capitán era un sujeto muy extraño.
