TITULO: MY SWEET ANGEL
AUTORA: Kiseger
TRADUCTORA: MARS992
GENERO: ROMANCE SOBRENATURAL
CONTEXTO: FORKS, WASHINGTON
PROTAGONISTAS: EDWARD CULLEN Y BELLA SWAN
Disculpen mi demora pero estaba en epoca de examenes, ahora si, luego vino las vacaciones y ahora la tesis, y si nuevamente las clases! Pero prometo actualizar semanalmente, ahora si a leer!
Capítulo 3 – Dulce amor
Cuando me sentí lo bastante mareada, nos sentamos en la cama. Edward apoyó la espalda contra la cabecera de la cama y me subió a su regazo. Me senté a horcajadas sobre él otra vez, acurrucándome cerca de él y descansando mi cabeza en el hueco de su cuello. Mis labios y nariz rozaron su piel suavemente. Él envolvió sus brazos alrededor de mí con fuerza, sus dedos empezaron a acariciar mi espalda con amor, dibujando patrones perezosos en ella, mientras que mis manos empezaron a jugar con el pelo de su nuca. Él inclinó la cabeza ligeramente, y presiono su mejilla a la mía.
"¿Te importaría decirme, hermosa, por qué cambiaste de opinión sobre todo el tema del matrimonio?" –preguntó después de unos minutos que pasamos en silencio. Me reí en voz baja y apreté un suave beso en su cuello antes de contestar.
"No sé si pueda explicarlo." Suspiré, mirándolo "En los últimos tres días mientras estabas de cacería con tu familia he estado pensando mucho. Sobre todo. Incluso sobre tu propuesta, pero no podía tomar ninguna decisión al respecto. No sabía qué hacer. No pensé que sería del tipo de chica que se casa al terminar la escuela secundaria, a los dieciocho años. Renee ha estado siempre en contra del matrimonio precoz. En su perspectiva uno no debe casarse antes de los 30, por lo menos. Ella me hizo prometer muchas veces que estaría lista y no cometería el mismo error que ella. El matrimonio de mis padres no es precisamente el mejor ejemplo. "
Edward me miró con los ojos muy abiertos, curiosos. Sus labios rozaron suavemente contra mi piel en cualquier lugar que pudiera llegar. Fue un momento de paz.
"Si piensas así, entonces ¿por qué mi anillo de brillantes está en tu delicado dedo justo ahora?" –preguntó con curiosidad, besando mis dedos y mi anillo al final.
"Oh, hay algunas razones para ello." Sonreí. "En primer lugar, sé que nuestro amor no es normal. No va a terminar, nunca. Siempre me amarás…"
"Por siempre". –susurró y me besó en la nariz. Asentí con la cabeza.
"… Y yo siempre te amaré." Sonrió a esto. "Sé que todos las adolescentes piensan que su primer amor lo es y por lo general están equivocadas. Pero somos diferentes." Edward asintió con la cabeza en comprensión. "En segundo lugar, no somos como cualquier otro pueblo."
Edward se echó a reír con tanta fuerza, que casi me caí de su regazo. Puse los ojos y sonreí suavemente.
"Tienes razón". Dijo, sin dejar de reír. Sus brazos me abrazaron más fuerte. "Estamos lejos de ser normales. Especialmente yo. Corazón, la mayoría de la gente, por lo general no oyen voces en su cabeza… Por lo general".
No pude contener mi propia risa.
"Así que no somos normales. Y hay algunas cosas que dijiste hace pocos minutos."
Él levantó una ceja. "¿Y cuáles son exactamente esas cosas? Deben ser cosas muy sabias si salieron de mi boca." Dijo con una sonrisa muy satisfecha en su perfecto rostro. Le di en broma una palmada en su brazo, con cuidado de no hacerme daño. Hizo una mueca, como si realmente le fuese hecho daño, se frotó el brazo con la mano.
"Auch, me dolió. Ni siquiera estamos casados y ya me estás golpeando." Dijo inocentemente. Sus hermosos ojos, fijos en los míos, tratando de deslumbrarme.
"Tramposo". Murmuré, sacándole la lengua.
Sacudió la cabeza, mientras una amplia sonrisa aparecía en su cara, con un movimiento rápido y repentino me llevó más cerca de él y me besó apasionadamente, dejándome sin aliento. Me derretí en sus brazos por completo. Ahí es donde yo pertenecía.
"¿Quieres escuchar mi explicación o no?" Le pregunté después de que me dejara ir, para que respirara de nuevo.
"Escucho". Dijo, y sonrió como un idiota. Puse los ojos por su tonta broma.
"Tus palabras tocaron mi corazón, me di cuenta de que tienes razón. No existe nada ni nadie que pueda mantenerte alejado de mí, ni Jacob, ni Billy o Charlie. Que me amas y me quieres y solo yo, soy lo único que te importa, y lo único importante para ti es lo que quiero. Tienes razón. Estaba demasiado ciega y asustada de ver estas cosas. No me importa lo que piensen los demás. No puedo hacer a todo el mundo feliz al mismo tiempo, aunque hasta ahora lo haya intentado. Esa es la verdad. Tú eres lo más importante en mi vida. Tu felicidad es lo que más me importa. Tú eres mi primera prioridad y cuando eres feliz, yo soy feliz. Eso es lo que necesito. Quiero estar contigo y quiero hacerlo de la manera correcta. Tu preciosa alma es lo más importante para mí. Este es el camino correcto. Puedo sentirlo. Te amo Edward. Quiero pasar toda mi vida contigo. Quiero ser tu esposa. Quiero que me conviertas para que podamos estar juntos por siempre. Eso es todo lo que pido. Una eternidad a tu lado como tu amor. Como tu mujer".
Al terminar mi breve discurso, apenas podía hablar. Estaba llorando de nuevo, las lágrimas nublaban mi visión, traté de abrir y cerrar mis ojos para ver la angelical cara de Edward. Pude ver cómo mis palabras dejaron huella en él. Si fuera humano estaría llorando ahora. Se inclinó hacia mí lentamente y rozó sus labios con los míos en un suave y amoroso beso.
Nos sentamos allí por mucho tiempo, simplemente abrazándonos con fuerza. Mi mano derecha acariciaba su pelo bronce, mientras que la izquierda se apoyaba en su musculoso pecho. Me quedé sin habla por mi anillo de compromiso, tratando de memorizar cada detalle de él. Como los pequeños diamantes brillaban a la suave luz de mi cuarto, como las delgadas franjas de oro eran enmarcadas delicada pero firmemente, al igual que los brazos de Edward me acunaban. Como encajaba perfectamente en mi dedo, y sentía que lo había llevado desde siempre, como si fuera una parte de mí. Al igual que Edward es una parte de mí. Nunca había visto un anillo tan precioso. Era perfecto como Edward.
"Está un poco pasado de moda." Rompió el silencio. Su voz era baja y extraña de alguna manera. Lo mire de inmediato. Sus ojos estaban tristes. Me dolió y me confundió también. ¿Por qué estaba triste?
"¿Edward?" Pregunté, tratando de averiguar cuál era su problema.
"Si no te gusta y prefieres algo más moderno, podemos ir y comprar uno nuevo, juntos. Podrías elegir el que quieras." Dijo avergonzado.
"Oh, Edward. ¡No!" –Grité poniendo mis manos a ambos lados de su cara. "Edward, no me pudiste haber dado un anillo más perfecto. Es muy sencillo, sin embargo es increíblemente hermoso. La primera vez que lo vi, me enamoré de él. Casi no pude apartar la mirada de él. No lo cambiaría por nada del mundo. Me encanta, como tú." Una impresionante sonrisa se expandió en su rostro, al que yo tanto amaba. Su rostro se iluminó como la cara de un niño en la mañana de Navidad. Olvidé hasta cómo respirar.
"Respira, mi Bella" Susurró en mi oído. Respiré hondo, tembloroso, inhalando su dulce aroma. "¿Realmente te gusta?" Me preguntó. Asentí con la cabeza.
"Me encanta". Dije y me sonrió.
"Era de mi madre. Mi padre se lo dio cuando él le propuso matrimonio. Carlisle me lo dio después de que él me cambió, con una gran cantidad de joyas de mi familia. Él los recogió por mí en mi casa mientras yo estaba cambiando." Murmuró en voz baja. Un escalofrío recorrió su cuerpo.
Me quedé sin palabras. Me había enamorado del anillo apenas había puesto mis ojos en él, pero ahora que sabía que en el pasado había pertenecido a Elizabeth Masen lo amaba. Realmente no podía ser más perfecto.
"Gracias." Le susurre, sentí una lágrima escapar de mis ojos. Edward la secó con sus fríos dedos y apretó sus labios con los míos suavemente.
Traté de empujar mi boca con fuerza suave, con ganas de sentir su dulce lengua de nuevo. Lloriqueé con impaciencia en contra de su boca. Mis manos se apoderaron de su rostro con más fuerza, mis uñas deslizándose en su piel de mármol, perdía mis dedos a lo largo de su mandíbula, sus mejillas, su sien y al final enterrándolas en su pelo. Sus labios se abrieron mientras él gemía suavemente. Sus manos se deslizaron por mi espalda lentamente, sus dedos bailaban a lo largo de la nuca de mi cuello, aumentándolo la piel de gallina en mi cuerpo, y luego las enterró en mi pelo, tirando de mi cabeza más cerca de él, empujando nuestros labios con más firmeza.
Nunca habíamos compartido un beso como este antes. Nunca había dejado sus guardias tan abajo. Sus temores de que me haría daño en un momento de descuido, que el monstruo en él saldrían con toda su fuerza y recibiría lo que siempre había anhelado. Pero no ahora.
Él chupó mi labio inferior en su boca y lo mordisqueó suavemente. Su lengua lo acarició sensualmente, suspiré con fuerza en el sentimiento. Gimió, luego empujó su lengua en mi boca y la enredó con la mía. Fue la cosa más dulce que había probado nunca. Era frío y caliente al mismo tiempo, y envió una sacudida eléctrica a través de mi cuerpo. Gemí en voz alta, mis dedos apretados en torno a su pelo, tirando de el con brusquedad.
"Bella". Jadeó, dejando un poco de distancia. Sus labios se arrastraban por mi mandíbula, mi cuello, besando, chupando y probando mi piel. Incliné mi cabeza, dándole un mejor acceso, mientras trataba de recordar cómo respirar. Sus manos se perdían por mi espalda, sus dedos pulgares acariciaron suavemente mis costados. Sentí la frescura de su piel emanar fuera de él a través de la fina tela de mi camisa. Lloriquee de nuevo, deseando que no hubiese nada entre nuestras pieles, prefería estar en contacto con su piel desnuda sin nada que nos separara. Cuando llegó a mi cintura, sus manos me agarraron con más fuerza, pero aún con cuidado y llevó mi mitad inferior más cerca de él, frotando nuestras caderas juntas de nuevo. Lancé mi cabeza hacia atrás y gemi en voz alta al mismo tiempo que un deseo salvaje recorrió mi cuerpo. Quería más, ansiaba más. Edward gruñó. Sentí su pecho vibrar, sus labios se movieron a mi garganta, su lengua se burlaba de mí, mientras sus manos encontraban el dobladillo de mi camisa y deslizaba sus dedos debajo de la tela. Di un grito ahogado y me mecí contra él lentamente a medida que sus helados dedos tocaron mi piel ardiente. Mis manos todavía cerradas en su pelo, mis dedos pasaban a través de sus suaves rizos. Mis dedos bajaron por su cuello luego hasta su rostro, siguiendo la línea de su fuerte mandíbula y acaricie su mejilla, sus párpados y su frente con suavidad. Besó mi cuello haciendo un camino hacia arriba y apretó sus labios contra los míos otra vez. Sus manos se perdían en mi espalda, tirando de mi camisa muy lentamente, con los dedos índice acarició suavemente mi espalda, me hizo temblar. Mi corazón latía violentamente con fuerza en mi pecho y en voz alta. Sentía que mi cuerpo estaba en fuego caliente, ardiente.
"Edward". Di un grito ahogado cuando sus pulgares tocaron el costado de mis pechos y acarició la suave piel temblorosa.
Él se alejó un poco y trabó su mirada en la mía. Los dos jadeando, nuestros pechos subían y bajaban con la misma intensidad. Sus ojos negros como el carbón tenían hambre, pero vacilante, pedían mi permiso. Asentí con la cabeza, ruborizándome un poco. Él sonrió y apretó un suave beso en mi ardiente mejilla, a continuación, sus manos temblorosas quitaron mi camisa muy lentamente. El tejido suave acarició mi espalda, mi estómago, mi pecho. Mi cabello cayó sobre mi espalda desnuda, mientras lanzaba la pequeña pieza de tela al suelo y se congeló. Me senté en silencio, conteniendo la respiración mientras miraba mi pecho desnudo. No llevaba sujetador. Sentí mis pezones endurecerse cuando el frío aire golpeó mi piel sobrecalentada, y vi sus ojos volverse ónix en un segundo. Mi corazón latía en mi garganta, mi sangre corriendo por mis venas. Él apoyó las manos en mis muslos con suavidad, sus labios ligeramente abiertos.
Nos sentamos allí, inmóviles. Pasaban los minutos y solo se me quedó mirando en silencio, poniéndome más y más ansiosa. Busqué en su rostro, pero su expresión era inescrutable. Mordí mi labio inferior, tratando de no gemir, una horrible sensación comenzó a extenderse dentro de mi pecho, apretando con fuerza.
"Lo siento, Edward. Lo siento si te decepcioné" –Susurré con tristeza y levanté mis manos para envolverlas a mi alrededor, para esconderme de él. Me sentía tan avergonzada.
¿Cómo pude pensar, aunque sea por un segundo, que a una criatura tan perfecta como él, podría gustarle, que mi simple cuerpo sería suficiente para él?
Se movió tan rápido que ni siquiera lo noté. Me quedé sin aliento cuando sentí sus manos en mi brazo, sus dedos fríos apretados alrededor de mis muñecas, encerradas en un agarre suave pero firme.
"Por favor, no lo hagas." –susurró, mirándome, trabo sus ojos con los míos. No vi nada más que amor y adoración en esos magníficos ojos. Sólo para mí. Su sonrisa era tan inhumanamente bella, que hizo doler mi corazón.
"Edward". Respiré y me sonrojé en un tono más profundo de rojo.
"Eres absolutamente hermosa, mi amor. Por favor, no te escondas de mí y no te atreves a pensar que me decepcionas con nada. Eres tan perfecta, Bella. Te amo tanto". Dijo suavemente, se inclinó para besarme. Sólo un suave beso lleno de amor.
"¿Sabes a cuántos adolescentes les gustaría estar en mi lugar en este momento?" –preguntó con voz ronca.
Se alejó y me miró de nuevo. Su intensa mirada quemaba mi piel. Me estremecí.
"¿En la mente de cuantos he tenido que ver imágenes, así, de mi novia?"
Levantó las manos de mis muslos y las pasó a lo largo de mis costados, mi vientre plano, mis senos, tan cerca de mí, pero nunca tocando mi piel, sólo burlándose de mí.
"Nunca te subestimes amor. Eres la mujer más hermosa que he visto."
Lloriquee un poco y me incline hacia delante, presionando mis pechos en sus manos. Gemimos al unísono a la sensibilidad. No podía creer que esto estaba sucediendo. Tiré su boca de nuevo a la mía y lo besé apasionadamente.
"Tan suave…" murmuró contra mis labios cuando sintió mis pechos y rozó con sus dedos pulgares mis pezones duros, ganando un gemido gutural de mí.
En el momento siguiente, estaba de espaldas en la cama, mi cabeza apoyada en la suave almohada. Edward se sentó a horcajadas entre mis piernas, mirando hacia mí con avidez. Se inclinó para besarme y perdió sus labios sobre mi cuello hasta mi clavícula, presionando dulces besos, con la boca abierta en mi piel. Mis manos se apoyaban en su cintura, mis dedos crispados en la tela de su camisa.
"¿Edward?" Gemí suavemente.
"¿Sí, amor?" sopló a mi oído con voz ronca. Su hermosa voz aterciopelada era mucho más profunda de lo habitual.
"Estas demasiado abrigado."
Me miró, su ardiente y penetrante mirada me dejó sin aliento.
"Respira, mi Bella". –susurró y capturó mis labios en otro ardiente beso.
Cerré los ojos, perdida en la sensación. Su toque, su sabor, su olor tan embriagador.
Yo perdía, vacilante mis manos en sus costados hacia su pecho y alcancé los botones de su camisa con manos temblorosas. Todo mi cuerpo temblaba debajo de su forma de piedra. Anhelaba verlo completamente desnudo y expuesto a mí. Anhelaba la sensación de su pecho desnudo presionado contra el mío. Movi los pequeños botones con torpeza, tratando de abrirlos tan pronto como pude, gemi frustrada porque no era lo suficientemente rápida para mi gusto. Sentí a Edward sonriendo en nuestro beso. Levante un poco la cabeza, probando sus deliciosos labios con los míos, se rió suavemente de mí. Encontró mi torpeza muy divertida. Sus hermosos ojos, me miraban fijamente sólo haciéndome más torpe. Era difícil concentrarme cuando me miraba así.
"¿Necesitas algo de ayuda, amor?" sopló en contra de mi piel, besando mi nariz a lo largo de mi barbilla, labios, mejillas, acariciando mi piel con suavidad. Aún sonaba divertido.
"Sí". Gemí. "¿Puedes ayudarme, por favor?" Le susurre al oído tan sensual como pude, envolviendo mis piernas alrededor de su cintura y mis caderas presionando con fuerza la suya, ellas se frotaron.
"Bella". Mi nombre salía de sus magníficos labios, mientras el gruñido más erótico surgió de su pecho. Toda burla y diversión desapareciendo de su voz.
Apretó sus labios contra mi cuello y chupó mis arterias. Mi vena latía, mi sangre se agolpó en su lengua, lamió a lo largo de mi cuello y hasta mis labios. Apretó un suave beso en mi boca antes de que se apartara y se sentara lentamente. Tomó mis manos con cuidado y se las llevo a la boca. Besó mis manos con amor antes de guiarlas de vuelta a su pecho. Miré fijamente todos sus movimientos con curiosidad. Tenía sus ojos en mi cara, mirándome con tanto amor. Entonces empezamos a desabrocharle la camisa, juntos, lentamente. Él controló nuestros movimientos, guiando mis dedos de botón a otro, moviéndose más y más en su cuerpo. Mis labios se abrieron ligeramente a medida que deslizó los botones a través de los ojales con facilidad, dejando cada vez más de su pecho y estómago desnudo. Cuando termino, dejó caer sus manos a los lados. Lo miré congelada por un segundo, mis manos se apoyaban en su cinturón. Entonces arrastré mis dedos debajo de su camisa, arareábam aún más, las pase a lo largo de su musculoso abdomen, a través de su ombligo hasta sus costados. Su piel era fría y dura. Era hermoso. Vi con asombro como sus músculos temblaban bajo mi tacto y gemí suavemente al verlo.
"En este momento yo daría cualquier cosa con tal de escuchar tus pensamientos, sólo esta vez". –murmuró. Levante las manos y acaricié suavemente sus brazos.
Mis ojos se posaron de nuevo en lossuyoss. El fuego que vi en ellos sólo alimentó la llama de fuego en la boca mi estómago.
"Ven aquí".
Se subió sobre mí.
Sus labios encuentraron los mios de inmediato. Su beso fue suave, pero con hambre, frotó sus labios contra los míos con amor, subí mis manos de su pecho a sus hombros y le quité su camisa, arareába al suelo junto a la mía. Mis dedos bailaban arriba y abajo en su espalda, mis uñas se deslizaron en su piel de mármol suavemente. Se quejó en mi boca y se apretó más a mí. Descansó la mayor parte de su peso sobre los codos y las rodillas, sin querer aplastarme. Sus dedos acariciaron mi pelo, luego mi cara suavemente. Gemí de placer como nuestros pechos desnudos se presionaron con fuerza. Subían y bajaban al mismo ritmo. Un deseo salvaje recorrió mi cuerpo. La sensación fue tan abrumadora. Me quejaba en voz alta en su boca y él levantó la cabeza, clavó su mirada en la mía. Vi el mismo fuerte deseo en ellos.
"Te quiero. Te necesito." Lloriquee.
Dejó caer la cabeza en la vasija de mi cuello. Sus labios se arrastraban hacia mi clavícula, besando y chupando mi piel allí. Los dos arareábamos en voz baja por el placer. Sentía como si estuviera en el cielo. Él murmuró mi nombre una y otra vez como una oración.
"Edward". Suspiré.
"Bella Bella … mi … mi ángel." Respiraba. "Me gustaría que supieras cuánto Te amo, lo mucho que significas para mí."
Besó su camino hacia abajo en mi pecho lentamente. Sentía como sus labios tocaban cada centímetro de mi piel.
"Edward". Me quedé sin aliento cuando besó mi pezón izquierdo. Mi corazón latió en sus labios salvajemente y mi espalda se arqueo en la cama, como los dientes rozó siempre tan cuidadosamente el pico duro y su lengua pálida, helada salió de su boca para lamer. Yo arrastraba una de mis manos sobre su espalda y agarré su trasero a través de la gruesa tela de sus pantalones, mientras la otra se apoderó de un puñado de su cabello bronce y traté de presionar su cara más cerca de mí. Mis muslos se apretaron más fuerte, mis caderas se restregó contra la de él sin mi permiso. Él gruñó salvajemente en respuesta y se trasladó a repetir sus acciones en mi otro pecho.
Sentía que iba a explotar en cualquier momento. La palpitación entre mis piernas poco a poco se hizo insoportable al sentir la erección de Edward presionando contra mi centro.
Yo arrastraba mis manos hacia su cintura, acariciando su perfecta espalda y estomago en mi camino. Empujó sus caderas más lejos de mí, dándome un mejor acceso. Sus labios todavía jugaba con mis pezones y yo gemía en voz alta como las olas de placer recorrieron mi cuerpo, directamente hasta mi centro. Desabroché su cinturón con las manos temblando, lo saqué de sus pantalones, luego lo dejé caer al suelo. La hebilla se golpeo con el piso de madera con un ruido sordo. Entonces tomé el botón de sus pantalones vaqueros, orando en silencio para que no cambiara de opinión ahora, porque no sabía de dónde había venido todo, donde estaban todos sus límites cuidadosamente establecidos, habían desaparecido, pero sabía una cosa con seguridad, no quería que terminara.
Me las arreglé para desabrochar su botón, alcanzado su cierre, pero sentí sus manos frías junto a la mías y me congelé.
Me sentí muy decepcionada y la sensación de lágrimas de rabia se reunió en mis ojos. Traté de aceptar que era demasiado para él y que teníamos que parar aquí. No quería empujar y poner a prueba su autocontrol y hacerlo mas difícil para él. Los acontecimientos de la última hora fueron más allá de todos mis sueños. Pero no podía dejar de anhelar más.
Pero sus helados dedos no me detuvieron. Se deslizaron bajo la cinturilla de mis viejos pantalones de chándal y comenzó a empujar hacia abajo lentamente, vacilante. Sentí sus dedos temblar contra mi piel cuando levanté mis caderas de la cama para ayudarle. Mis propios dedos alcanzaron su cremallera de nuevo y la empujé con cuidado, accidentalmente rocé su erección.
"Bella". Jadeó y gimió sin aliento. Sus dedos tomaron mis pantalones con más firmeza y oí un crack como el tejido débil se rindió bajo su control.
Colé mis propios dedos en la pretina de sus pantalones y lo empujé hacia abajo por su perfecto trasero, sus muslos y cuando no pude llegar a ellos con las manos los empujé más abajo con los pies. Los dedos de miss pies acariciaron lo largo de sus piernas hasta llegar a los tobillos. Se incorporó lentamente y deslizó sus manos sobre mis muslos desnudos, aumentando la piel de gallina en mi. Sus dedos se colaron en mis rodillas y acariciaron mis pantorrillas, tirando más y más de mis pantalones. Luego, en un abrir y cerrar de ojos me quitó las pieza innecesaria de ropa y las dejó caer al suelo.
Luego miró hacia mí, el ardor en sus ojos ónix mientras deslizaba su mirada a través de mi cuerpo. Sentí el rubor llenar mis mejillas, mi piel se estremeció.
"Una belleza impresionante." –susurró con asombro y se inclinó hacia mí, apoyando su codo izquierdo en mi almohada, al lado de mi cabeza, apoyándose en él. Sus dedos enterrados en mi pelo. Apoyó la otra mano en mi mejilla, acariciando mi piel suavemente. Sus dedos bailaban a lo largo de mi pómulo y abajo de la mandíbula. Acarició mi cuello y mi clavícula arrastrando su mano hacia mi pecho, dibujando patrones perezosos en mi piel, y luego descansando justo por encima de mi corazón que latía con fuerza.
Levantó la cabeza y me miró. Traté de recordar cómo respirar.
"Te amo". –susurró-.
"Te amo." Respiré, hipnotizada por sus ojos.
Puse mis manos sobre su estómago, sus músculos tensos bajo mi toque luego se relajaron. Su aliento enganchado como la punta de mis dedos se perdían abajo en su abdomen, acariciando el bello suave que daba a su ropa interior. Sus ojos se agrandaron y se llenaron de leve pánico.
En ese momento él no era un vampiro del un siglo de edad, que podía leer la mente de todos y sabía las respuestas para todo. Era sólo un chico de diecisiete años de edad, que era tan inexperto en este campo que yo. Sí, había pasado por la escuela de medicina dos veces y probablemente ha visto más imágenes y pensamientos sobre esto en mente de la gente mas de lo que nadie se pueda imaginar. Él lo sabía todo sobre el amor físico, en teoría, pero nunca lo había experimentado él mismo. Nunca había sentido el fuerte deseo ondear a través de su cuerpo y la necesidad salvaje apretar su pecho, a escondidas lentamente más y más.
Le sonreí y besé cada centímetro de su inhumanamente hermoso rostro. Cerró los ojos y acarició su rostro contra el mío.
"Bella … Bella … Bella". Sopló en contra de mis labios, su voz se quebró cuando mis dedos se deslizaron bajo sus bóxer y acaricié su hueso púbico, evitando cuidadosamente no tocar su erección, aun no estaba preparada para eso, y luego remontar a su trasero perfectamente redondo, tomando las mejillas desnudas, tirando de él más cerca de mí.
Gimió con fuerza y apretó su frente contra la mía con suavidad, con la mirada en la mía. Sus labios estaban a sólo una pulgada de los míos. Se separaron un poco por el jadeo, su aliento fresco y dulce rozó mi cara. Pude probarlo en mis labios y en la punta de mi lengua. Movió la mano de mi pecho y rozó a lo largo de mi seno, apretando con suavidad pero con firmeza. Era mi turno de gemir esta vez. Mi pequeño pecho cupo de forma perfecta en la palma de su mano.
"Oh, Edward." Me quejaba en voz alta, con la respiración jadeante como él me pellizcó el pezón duro. Sonrió.
Mis manos apretaron su trasero con más fuerza, mis caderas se resistió en su contra. La sonrisa de Edward se desvaneció de inmediato y el gruñido más sexy escapó de su boca, como mi palpitante y caliente centro se frotó contra su ya dura erección. Era como si el fuego líquido se uniera con el frio acero. Sentía la humedad en mis bragas, empapando la delgada y pequeña tela. Edward inhaló bruscamente y vi algo intermitente en sus oscuros ojos, pero antes de que pudiera reconocer lo que era capturó mis labios en un salvaje beso.
Él pasó sus dedos a través de mi cuero, como fantasmas a través de mi cadera y se apoderó de mi muslo. Levantó la pierna lentamente y la envolvió alrededor de su cintura, meciéndose suavemente en mi contra, restregándose contra mí lentamente, sensualmente. Mi cuerpo se congeló, mi aliento enganchado en mi garganta.
"Respira, mi Bella". Murmuró, alejándose un poco. Su voz era baja y ronca, dejó de moverse un instante, pero no retiró. "No tienes idea de lo que me estás haciendo, amor. Eres tan hermosa. Una diosa. Cada centímetro de tu cuerpo perfecto me llama." Gemí suavemente, mirándolo con mis ojos muy abiertos. Sus ojos estaban nublados mientras continuaba. "Eres tan suave y caliente. Y tu olor … tu olor, simplemente me vuelve loco. Tu sangre canta para mí mil veces más fuerte que antes, con esa mezcla sensual y dulce." Él nuevamente omó una respiración profunda, la mirada fija en mí, llena de lujuria. "Puedo oler lo mucho que me quieres."
Sus helados dedos serpenteaban alrededor de mi tobillo y trazó mi pierna muy lentamente. Sus ojos trabados con los míos, bebiendo incluso mi más pequeña reacción con avidez. Nuestra respiración desigual. Acarició suavemente mi pantorrilla y rozó los dedos a lo largo de la parte posterior de mi rodilla. Gemí otra vez, rozando mis labios temblorosos contra los suyos. Mis manos se amasaron su trasero más duro, mis uñas excavando la carne de piedra, empujando a bajar sus bóxer en el proceso. El trazó la parte posterior de mi muslo hacia mi trasero, su mano rozó a lo largo de la cara interna de mi muslo y la deslizó bajo el borde de mi ropa interior.
"Edward". Me quedé sin aliento, mi corazón latiendo con fuerza contra mi pecho salvajemente.
"¿Me quieres, Bella?" –susurró seductoramente.
"Sí. Sí, te quiero. Te quiero tanto, tanto". Yo jadeaba y traté de frotarme contra él, pero él levantó sus caderas ligeramente, mientras que su pecho y manos me inmovilizaban sobre la cama con firmeza, así que no podía llegar a él. Yo no podía dejar de sollozar en silencio.
Entonces oí algo que se desgarró. Era un sonido bajo, débil en el fondo de mi mente nublada por la lujuria. Su mano agarró la mía con suavidad, separándola de su trasero, luego la pasó entre nuestros cuerpos, haciendo una pausa en su abdomen.
"Bella". Respiró, cerrando los ojos por un breve momento. "Oh, Bella. He paseado por la faz de la tierra por un tiempo muy largo. Siempre solo. He conocido a miles de mujeres, pero nunca estuve interesado en alguna de ellas. No cuando era un ser humano, no desde que me convertí en un vampiro. Nunca he querido a nadie de la forma en que un hombre quiere a una mujer. Nunca he deseado a nadie antes. Nunca. Pero tú, mi niña hermosa, has puesto mi mundo al revés. Soy tuyo. Completamente tuyo. Mi cuerpo, mi alma ha esperado un siglo… por ti. "
Sentí que mi pecho se apretaba y las lágrimas se reunían en mis ojos. Todo mi cuerpo temblaba bajo su forma de piedra.
"Tócame, Bella. Tócame, mi amor." Respiro, presionando un suave beso en mis labios y guiando mi mano más abajo en su cuerpo, muy lentamente.
Mis dedos se perdieron por su abdomen, a través de su ombligo. Los músculos de su estómago temblaban ligeramente bajo mi toque de nuevo, igual que antes. Sentí su suave vello púbico haciéndome cosquillas en las yemas de mis dedos a medida que avanzábamos más y más. En el fondo de mi mente registré que sus bóxers se habían ido, así como mi propia ropa interior. Edward debía haberlos quitado de nuestros cuerpos. Se mordió el labio inferior y frunció el ceño en concentración, sus ojos se clavaron en los míos, tan profundamente. Un suave gemido escapó de su boca como mis temblorosos dedos rozaron la base de su erección, y luego a lo largo de su eje. Él era tan duro y frío, su piel era tan tersa y suave, más suave que en cualquier otra parte de su cuerpo perfectamente esculpido. Gemimos al unísono una y otra vez. Nuestra respiración se hizo más y más desigual. Sentí que mi cabeza daba vueltas.
"¿Puedes sentir lo mucho que te deseo? ¿Puedes sentir lo que provocas en mí?" –preguntó y apretó su mano alrededor de las mía con cuidado, cerrando los dedos alrededor de su erección.
"Sí. Oh, Dios. Sí". Cerré los ojos y murmuré sin aliento.
Apretó sus labios con los míos y gruñó en mi boca.
"Me has hecho siempre sentir de esta manera." Jadeaba.
Me agarró la espalda firmemente mientras guió nuestras manos suavemente hacia arriba y hacia abajo en su pene. Sus labios se perdían abajo en mi cuello y mientras yo inclinaba la cabeza para darle un mejor acceso. Apreté la mano a su alrededor y empezó a mecerse lentamente en mi contra. Sentí que se endurecía aún más. Desenredó su mano de mi pelo, acariciando mi rostro suavemente, y luego cogió la almohada al lado de mi cabeza con fuerza.
"Edward … Edward …" Gemí su nombre una y otra vez. Sentía el latido crecer entre mis piernas, mis muslos se hallaban mojados.
"Dios, Bella. Te sientes tan bien. Tu mano es tan increíblemente caliente." Gruñó y besó sobre mi pecho.
Levanté mi mano de su espalda y la enterraron en su suave pelo cuando sus labios se envolvieron alrededor de uno de mis duros pezones. Su aliento fresco rozó mi piel recalentada. Su mano alcanzó la mía, entonces sentí sus dedos fríos moverse entre mis piernas, tocando mi zona más privada, donde nadie me había tocado antes. Abrí la boca y gemí fuertemente. Mi espalda arqueada en la cama ligeramente, presionándome más cerca de él.
"Edward …" Jadee.
"Bella …" mi nombre salía de sus labios como una oración. "Dios, eres tan suave y húmeda, niña hermosa."
Se burlaban de mi tierna carne con sus talentosos dedos, su pulgar rozó mi clítoris, voló en círculos alrededor de ella en el mismo ritmo que mi mano se movía en él, su dedo índice acarició suavemente mi entrada, y luego se deslizó dentro de mí fácilmente.
"Para ti. Sólo para ti." Gemí, meciéndose suavemente en su contra.
Todo mi cuerpo temblaba bajo sus pies mientras ondas de placer me recorrían. Mi estómago comenzó a apretarse lentamente. Yo anhelaba su liberación, para aliviar las llamas. Sentí su polla latiendo en mi mano.
"Por favor, Edward … Por favor …" Gemí, enterrando mi cara en la almohada, mis labios rozando sus puños cerrados a mi lado.
Soltó mi pezón y presionó un pequeño beso en el antes de besar un camino en mi pecho hasta mi cuello. Sus dientes deslizándose a lo largo de mi arteria. Gemí su nombre una y otra vez y gruñó. Luego sacó su mano lejos de mí. Lloriquee ante la pérdida y moví mis caderas contra él, deseando más, siempre más. Él cubrió su mano sobre la mía de nuevo y la quito de su miembro con suave fuerza. Apretó mi mano contra su mejilla.
"Abre los ojos, Bella. Mírame". –susurró-.
Volví la cabeza un poco y lo miré. La intensidad de su mirada me dejó sin aliento. Apretó un suave beso en mis labios.
"Yo no quería que nuestra primera … yo no quería eso … de esta manera." Balbuceó. Si pudiera sonrojarse parecería tomate.
"Te amo, Edward." –Susurré, y le sonrí. "Por favor, hazme el amor. Hazme tuya."
"¿Estás segura de que esto es lo que quieres?"
"Estoy segura de ti."Le acaricie la mejilla con suavidad.
Él sonrió y asintió con la cabeza. Sentí la punta de su polla rozar mi clítoris mientras se acercó más a mí. Los dos gemimos al unísono.
"Bella". Me miró suplicante. "Tu eres lo más importante para mí. Te quiero más que a mi propia vida. No podría vivir conmigo mismo si te hiciera daño. Por favor, prométeme que me dirás si te duele en lo más mínimo. Promete que me vas a detener. "
"Te lo prometo, Edward." Respiró y pasé mis dedos por su frente, tratando de suavizar los surcos en ella y aliviar su tensión. "Confío en ti. No tengas miedo. Pertenecemos juntos".
Él asintió con la cabeza lentamente.
"Te amo, Isabella". –susurró y se inclinó para besarme. Era el beso más tierno que habíamos compartido nunca.
Su mano estaba sobre mi brazo, entonces tomó mis caderas. Su pulgar señaló patrones calmantes en mi piel. Se inclinó más cerca de mí, nuestros cuerpos apretados firmemente. Sus muslos separaron más mis piernas, abriéndome más para él. Entonces me penetró. Él se movió muy lentamente y con cuidado, con cuidado. Empujó su lengua en mi boca y la enredó con la mía. Nuestras lenguas bailaron juntas mientras se empujaba a sí mismo más y más profundo dentro de mí.
Cuando llegó a mi barrera, se detuvo, tirando de mí un poco. Su cuerpo se estremeció por encima del mío por el esfuerzo de permanecer inmóvil. Él me miró, su mirada trabada en la mía, sus ojos ardientes, ónix me encadenaron a él.
"Esto dolerá, amor." Dijo.
Asentí con la cabeza.
"Te amo". Respiré y le acaricié la mejilla. Movió un poco la cabeza y besó mi muñeca, sin apartar su mirada de la mía.
Movió sus caderas contra las mías de nuevo y con un movimiento rápido empujó dentro de mí por completo, luego se quedó completamente inmóvil. Sentí un dolor agudo y cerré los ojos con fuerza. Mis músculos tensos, mis dedos se clavaron en su espalda, mis uñas rascaron su piel. Mi otra mano agarró su pelo, mis dedos cerrados alrededor de el, tirando de el con brusquedad. Un pequeño grito se escapó de mi garganta y algunas lágrimas rodaron por mi rostro. Edward me besó amorosamente. Sus labios acariciaban mi piel con dulzura.
"Shh, por favor, no llores, mi amor. Por favor, perdóname, amor. Te amo tanto". –susurró y me acarició la cara contra la suya. Mis labios apretados contra su mentón, sus pestañas me hacían cosquillas en la mejilla suavemente mientras me quejaba en voz baja. "Te he amado desde el momento en que puse mis ojos en ti. Eras tan hermosa. La chica más mágica que he conocido. No sé por qué he luchado contra ello durante tanto tiempo. Te quiero, Bella. Te amo. Eres mi vida. "
Edward siguió hablándome, me distrae del dolor hasta que se desvaneció. Entonces empujé mis caderas contra él. Los dos gemimos de placer.
"Muévete conmigo, Edward. Muévete en mí. Está bien ahora. Te lo prometo." –Susurré sin aliento.
Se retiró casi en su totalidad a continuación, entró dentro de mí. Se movía en un ritmo suave y lento. El dolor no desapareció por completo, pero había algo más a su lado, un nuevo sentimiento, una sensación maravillosa, increíble, dominando todo lo demás. Algo que nunca había sentido antes, recorrió mi cuerpo. Edward empujó dentro y fuera de mi lentamente, nunca despegando sus los ojos de los míos, en busca de cualquier signo de malestar o dolor. Pero no había más dolor y la manera en que me llenaba, la manera de moverse dentro de mí, de acariciarme suavemente, era sensación indescriptible. Sentí que mi alma había estado en la oprimida, hasta ese momento y ahora finalmente libre. Sentía como si estuviera volando, como si estuviéramos volando juntos. Apretó su boca a la mía y me besó. Nuestros labios y lenguas acariciándose entre sí, bailando juntas. Estábamos suspirando, gimiendo y jadeando. Encajábamos perfectamente, como dos piezas de un rompecabezas. Nunca me había sentido tan completa antes.
"Edward … ¡Oh, Dios … Por favor, más duro, más rápido." Gemí en su oído como él enterró su cabeza en mi cuello y dejó besos húmedos, su boca abierta en mi piel caliente.
Él obedeció en silencio y tomó su ritmo. Sus movimientos se hicieron más fuertes.
"Oh, Bella. Tan perfecto … yo no sabía … yo no …" –gruñó contra mi piel. "Mi hermosa Bella. Eres mía … Sólo mía …"
"Tuya… solo tuya, Edward."
Mi espalda se arqueo como una onda de placer se disparó por mi columna vertebral, presionándome más cerca de él. Su mano se apoderó de la almohada con más fuerza, sus dedos rasgaron el débil tejido, pero no podría importarme menos. Su otra mano se deslizó más abaja por mis caderas y agarró mi trasero con firmeza. Él me levantó de la cama, presionando nuestras caderas increíblemente cerca. Envolví mis piernas alrededor de su cintura con fuerza, mis talones clavados en la parte posterior de sus muslos. Mi sexo estaba en llamas, en torno a él latía dolorosamente. Mi cuerpo entero gritó por su liberación.
Él empujó dentro de mi más profundo, más duro, gruñendo en voz alta. Grité su nombre cuando alcanzó un nuevo lugar dentro de mí y hundí mi cara en su hombro. Vi las estrellas en frente de mis ojos cerrados y sentía que mi cuerpo entero hormigueo en el placer. Yo estaba tan cerca.
"Edward … Edward, yo voy a … oh Dios … me voy a …" Gemí, empujando mis caderas hacia arriba.
Sentí que levantó su cabeza de mi cuello mientras se movia cada vez más rápido.
"Abre tus hermosos ojos … Déjame ver, amor … Déjame ver …" Él gimió con cada respiración.
Soltó mi almohada y coló un brazo bajo mi cuerpo, su otra mano aún descansaba sobre mi trasero. Él me levantó de la cama un poco y me aferré a su forma de piedra con fuerza. Abrí los ojos y lo mire, clavando mi mirada con la suya en el momento exacto en que el ardiente placer explotó dentro de mí. Mis labios se movieron mientras yo gritaba por él. Los dedos de mis pies se cerrados mientras mis paredes lo sujetaban a su alrededor con tanta fuerza.
-Sí, Bella … oh Dios, sí … " gemía como lo sentí vibrar dentro de mí.
Él empujó dentro de mí una … dos … tres veces más. Su espalda arqueada, con sus brazos apretados alrededor de mí y un gruñido pasado, salió de su boca impecable mientras sentía algo frío pulsar dentro de mí, enviando una nueva ola de placer a través de mi cuerpo llevándome al clímax por segunda vez esa noche.
Nos quedamos así durante un tiempo, hasta las últimas olas de nuestra euforia pasaron, mirándonos fijamente el uno al otro. Luego me acomodó lentamente y se inclinó para presionar un suave beso en mis labios. Nuestros pechos subiendo y bajando con rapidez, ambos jadeando. Se desplomó sobre la cama tirando de mí con él. Me aferré a él con fuerza, incapaz de dejarlo ir, en lo más mínimo, una de mis piernas alrededor de su torso, mientras que sus brazos me acunaban amorosamente, sosteniéndome cerca de él. Mi cabeza descansaba sobre su pecho desnudo, justo por encima de su silencioso corazón.
"Te amo tanto, mi Bella". –murmuró, rozando sus fríos labios contra mi frente con ternura.
"Hmmm …" Aun zumbaba en el placer, aún no podía formar una frase coherente.
Él se rió suavemente y me besó en la frente de nuevo, hundiendo la nariz en mi cabello húmedo. Sus dedos acariciaban mi brazo y espalda con suavidad, enviando escalofríos por mi espina dorsal.
Después de unos minutos de silencio, levanté la cabeza y lo miró. Sus ojos eran de color topacio de nuevo, su rostro era tan tranquilo y apacible como nunca lo había visto antes, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. Estaba tan inhumanamente bello. Apoyé mi barbilla en su pecho y lo miré fijamente. Mis dedos dibujaron patrones perezosos en su pecho y un círculo alrededor de su pezón. Acarició mi cara suavemente, quitando el pelo de mis ojos.
"¿Edward?" Respire, mientras sentía una emoción ir a través de mí cuando dije su nombre. Trajo a mi memoria viejos momentos de nosotros, cuando él no había hablado conmigo por un mes y de repente me pidió que fuera con él a Seattle. Sonreí por lo enojado que había estado en ese entonces, ¿cómo había querido mantenerse alejado de mí, pero no había sido capaz de hacerlo? ¡Qué tonto había sido entonces!
"¿Quisieras explicar el por que de tu sonrisa, amor?" –preguntó, sonriendo y acariciando mis labios con el pulgar. Lo besé suavemente.
"No". Negué con la cabeza y le sonreí ampliamente.
"Hmmm … no es justo." Él hizo un mohín.
Me reí y me incliné para besarlo.
"¿Qué quieras decir?" –preguntó él, jugando con un mechón de mi cabello.
"¿Por qué lo hiciste …"Empecé no supe cómo decirlo.
Él sonrió suavemente y llevó mi mano a sus labios. Besó mis nudillos suavemente y por último, mi anillo de compromiso. Sus ojos se detuvieron en la delicada joya en mi tercer dedo durante unos segundos antes de mirarme de nuevo.
"¿Por qué tiré todos los límites, que había creado con tanto cuidado desde el principio, por la ventana y he hecho el amor con la mujer más hermosa que jamás haya caminado sobre la faz de la tierra?" –preguntó, sonriendo mi sonrisa torcida.
Mi corazón, que acababa de encontrar su ritmo normal de nuevo, empezó a correr.
"Mhmm". Murmuré débilmente. Me deslumbró por completo.
"Bella". Suspiró, una pequeña sonrisa se dibujó en sus labios. La mitad de él era seria, mientras que la otra le hacia gracia claramente su efecto en mí. "Desde el primer momento en que olí tu dulce sangre yo anhelaba por ella. Lo anhelaba más que cualquier otra cosa antes. Y pensé que nunca querría otra cosa más que tornar de ella. Pero yo estaba tan equivocado. Debido a que hay es algo que quiero más. Mucho más. A medida que fui conociéndote y acercándome a ti, enamorándome, sin saber siquiera que sucedería, y de pronto tu cuerpo, tu alma se convirtieron en otra cosa igual de importante para mí. Pronto quería tu cuerpo y tu alma tanto como quería tu sangre. Luché conmigo mismo con tanta fuerza. Eras tan tentadora en muchas maneras para mí. Pero después de nuestra separación "se estremeció ligeramente por el recuerdo. "La necesidad de tu sangre desapareció, porque sabía cómo se sentía al perderte, el pensar que habías muerto…"
Cerró los ojos y respiró hondo. Puse mi mano sobre su mejilla y la acaricie suavemente. Abrió los ojos lentamente y sonrió.
"Siempre te he deseado, amor." Dijo en voz baja. "Cada vez que te excitabas podía olerte y me volvía loco. Porque es tan deliciosa como tu sangre. Dulce y floral y solo tu. Fue muy duro para mi resistir. Y, la idea de que sucediera por mi culpa porque me deseabas mucho, hacía todo aún más difícil. "
Me sonrojé en una profunda sombra de rojo y él me dedicó una sonrisa radiante, con los brazos apretados alrededor de mí, tirando de mí más cerca.
"Yo no soy un tonto, tonta. Tal vez soy un vampiro, pero también un hombre. Te deseo a ti tanto como tú a mí. No tienes idea de lo mucho…" sus ojos se oscurecieron de nuevo mientras me miraba. "Pero temía hacerte daño. Y yo no podría vivir conmigo mismo si hiciera eso. Eres tan, tan hermosa, pero tan delicada y frágil, mi amor."
Acarició mi mejilla y me besó tiernamente. Sus labios se movían suavemente contra los míos, sus dedos enterrados en mi pelo, tirando de mi cabeza más cerca.
"Entonces, ¿qué cambió?" Le pregunté sin aliento después de que él se apartara, para que pudiera respirar.
"Todo lo que me has dicho hoy me tocó el corazón. Me elegiste. Aceptaste mi propuesta. Quieres ser mi esposa, quieres entregarte a mí por una eternidad. No tienes idea de lo que esto significa para mí. Eres lo más importante para mí Bella, y yo no haría nada que te haga daño. En ese momento sentí que me podía controlar y quería darte todo lo que quieres. Debido a que acababas de hacer mi mayor sueño realidad. Te amo, mi Bella. "
No me di cuenta estaba llorando hasta que limpió mis lágrimas con suavidad y luego me besó suavemente. Apoyé la cabeza hacia abajo sobre su pecho, abrazándolo cerca de mí. Yo quería estar con él así para siempre, pero el estrés de los últimos tres días me superó lentamente. Me sentí muy cansado y no pude ocultar mi bostezo. Sentí que cerraba los ojos lentamente y traté de luchar contra ello. Era muy tarde ya. Afortunadamente Charlie había salido a pescar y no volvía a casa hasta la mañana. Edward se rió suavemente y me besó en la frente.
"Duerme, mi amor. Te prometo que no voy a dejar tu lado ni por un segundo. Voy a estar aquí cuando abras tus magníficos ojos de nuevo en la mañana. Buenas noches y dulce sueños, niña hermosa."
Cogió la manta y la envolvió alrededor de nosotros con fuerza. Me acurruqué más cerca de él, cada vez más cómodo y lo abracé con fuerza. Una de sus manos acariciaban mi espalda mientras que la otra se perdía arriba y hacia por mi muslo con dulzura. Cerré los ojos y gemí de placer con suavidad.
"Te amo". Murmuré medio dormida y presione un suave beso en su pecho. Sentí que enterró su cara en mi pelo y respiro mi esencia profundamente.
"Como yo te amo, mi Bella". –susurró, y tocó con sus labios fríos mi frente y comenzó a tararear mi nana. Luego me quedé dormida.
Por favor si ven algún error háganmelo saber, son 19 paginas de Word y es normal que algo se me pase…
¿Quién esta apunto de salir a la calle a buscar su propio Edward?
.
.
.
.
¿Review?
